XXXV

—¡Eso siquiera es un lobo normal, Carlos!— Reclamó Samantha mientras regaba junto a mi nuestras bombas de gas en el área cercana a nuestro hogar. Lo estuvimos haciendo por varias partes del camino. La intención es que ninguna de las bestias nos siguiera, pero ninguno estaba muy seguro de que aquello funcionase, nuestro único parámetro fue que ellos se detuvieron un par de segundos de atacarnos cuando un par de estas se rompieron con la caída. 

—Esta vez eran muchos más, cuando nos atacaron la última vez eran solo dos, y Destin creía haber visto un tercero, pero nadie lo creyó de verdad, osea, ya de por sí no era normal el asunto. 

—¿Crees que debamos entrar así?— Me preguntó Celia, refiriéndose a nuestro estado alterado. 

—No creo que las cosas cambien si entramos en media hora. Además, no es bueno estar aquí afuera con esas cosas por allí— Respondí. Todos nos hallábamos afectados, las lágrimas bajaban solas por el rostro sin siquiera planearlo. Yo no era fanático ni amigo de Jessica, pero la verdad nunca imaginé ni desee ver su rostro partido en dos por la mandíbula de un lobo enorme. Tampoco tenía idea de cómo dar la noticia a los demás, en especial a Marta. 

Marta podía ser independiente y adolescente, aún así se trataba de su madre quien había muerto. Y lo peor, yo tenía directamente la responsabilidad sobre el asunto, había dado la orden de ayudar en la incursión a la planta, y le indiqué claramente que fuese detrás de nosotros y nos cubriera. 

—¿Cómo le voy a decir a mi grupo que huí y Destin, Mariana y Juliana están muertas? Dios mio, todo se acabó. El grupo, moriremos de hambre…

—Primero entremos al bunker, luego decidiremos qué hacer— Comenté sin ánimos en el cuerpo. La realidad es que solo deseaba entrar al refugio y tomarme una ducha para lidiar con todo lo sucedido. probablemente llorar un poco en la ducha y calmar mis nervios y pensamientos. 

A pesar de mis pensamientos, al entrar en el bunker las cosas no fueron mejor. Natalie y Nicole se hallaban en la entrada, las chicas llegaron justo después para recibirnos. Obviamente se mostraron bastante contrariadas ante la llegada de un desconocido, Carlos. Aunque la verdad es que no podíamos darnos el lujo de permitirle llegar y moverse por todo el bunker, solo hasta la entrada era riesgoso. 

—¿Qué pasó?— Preguntó de inmediato Natalie al ver nuestro rostro al entrar y quitar nuestros cascos. ¿Acaso era tan obvio?

—¿Ya llegaron?— Mónica se acercaba desde una de las habitaciones.

—Tuvimos un percance, los lobos llegaron y…— Sentí que mi voz se quebraba. 

—Nos atacaron— Expresó Samantha antes de que las lágrimas bajaran por su rostro— Nos atacaron los lobos, no pudimos hacer nada. 

—¿Tan malo fue?— Preguntó Nicole viéndonos con ojos abiertos. 

—¿Y mi mamá?— La pregunta vino de la última persona a quien deseaba ver. Mi corazón se derrumbó y esquivé la mirada de Marta. No tenía fuerzas para enfrentarla, aún más cuando su voz se escuchaba tan quebrada— Shun ¿Qué le pasó a mi mamá?

—Nosotros…— Celia intentó hablar, pero tuvo arcadas y vomitó en una esquina del largo pasillo. 

—¿Jessica?— Preguntó Natalie. Yo me limité a negar con la cabeza. Los gritos y el llanto de Marta y el resto cayó sobre mis hombros. Sentí los puñetazos de la primera contra mi pecho. Estaban tan vacios como mi pecho. No había sentido aquello siquiera con mi tío Sergio. De hecho la reacción de Carol fue tan distinta que mi corazón se preguntó si todo aquel proceso cicatrizó o había una herida abierta. Como fuese, en ese momento me sentía terriblemente mal. 

—Yo creo que debo irme. Tengo noticias que dar a mi grupo— Carlos se retiró con el rostro lleno de tantas lágrimas como el resto de nosotros. Yo apenas asentí a su ida, mientras soportaba los golpes de Marta con miedo de mirarla a los ojos y ver su odio hacia mi. Ya bastante fuerte era tener que lidiar con el odio que sentía a mi mismo. 

—!No, no, no, no, no! ¿Por qué Shun, por qué?— Mónica se acercó para apartarla de mi lado. Quería abrazarla, pero con el traje aún puesto no debía. Ya era bastante que ella me golpease con este puesto. 

—Iré a bañarme. Lo siento— Me retiré entre lágrimas amargas de todos. Jessica había muerto de forma horrible, aquello era notoriamente mi culpa, y para concluir, la incursión al lugar de electricidad fue un total desastre infructuoso. No había energía eléctrica todavía. 

Golpee la pared de la ducha y me senté a llorar un rato en silencio antes de poder pensar en algo coherente. Marta lloraba de forma bastante audible desde la sala. Aparentemente Mónica y Natalie estaban enjuagando sus brazos de forma desesperada. Samantha entró a la ducha junto a mí, y por primera vez, a pesar de hallarnos ambos desnudos, no hubo sexo de intermedio. Se apoyó en mi pecho para llorar mientras el agua caía sobre nosotros. No pude expresar nada, ni siquiera comprendía bien sus pensamientos. Hasta donde imaginaba ella sentía desprecio por Jessica, pero, aparentemente le sucedió al igual que a mi. Con el tiempo, aquella arisca mujer que llegó al bunker como invitada no deseada, se convirtió en otro miembro del grupo. 

—Nos salvó Shun— Escuché a Sam balbucear— Ella podía no salir, si se quedaba en los arbustos, habría sobrevivido y nosotros probablemente muerto. Prefirió salir. ¿Qué le hizo salir Shun? No lo entiendo. 

—Yo tampoco lo entiendo Sam. Sé que nos salvó, eso solo me hace sentir peor. Fue mi culpa, no debí aceptar el viaje a la central. 

—No Shun, necesitamos electricidad. Tenías razón sobre eso, pero tampoco sabíamos que eran así de peligrosos los lobos. esas cosas eran enormes y atacaron en manada. 

—Si, parecían bien coordinados, y no murieron de inmediato a pesar de que les disparamos— Pasé la mano por los ojos — No entiendo que rayos pasó. 

—Tengo miedo Shun. 

—¿Tú? ¿de qué? 

—De morir, que nuestra familia se disuelva. Que todos terminemos muertos, que tú mueras— Lloró tan fuerte que comprendí incluso afuera podrían escucharle. 

—Estaremos bien, lo prometo— Sentí sus labios contra los míos, en un beso suave y profundo. Nos mantuvimos en silencio reconfortándonos mutuamente. 

—¿Qué sucedió?— Preguntó Nicole apenas salimos de la ducha— Cuéntame todo para poder entenderlo. Celia apenas puede hablar. 

—Yo también quiero escucharlo— se acercó Gina para sentarse a un lado. 

Marta fue llevada a ducharse junto a Celia. Samantha fue a vestirse mientras yo expliqué lo mejor que pude todo lo acontecido a Nicole. Esta se mantuvo en silencio, aunque abiertamente alarmada ante mis palabras y la descripción de los lobos. 

—Eso no es normal— Intervino Gina, cosa que me sorprendió. 

—¿Por qué?— Le siguió Nicole. 

—Los lobos no atacan humanos normalmente— Ambos la miramos, mitad sorprendido, mitad curiosos— Sé que aparecen muchas cosas sobre lobos en películas y cosas así. pero la verdad es que los lobos no atacan normalmente, de hecho la población de lobos en latinoamérica es muy baja. Es más frecuente encontrar zorros, y algunos felinos. 

—¿Desde cuando…?— Me vi interrumpido. 

—Me gustan los animales— Se encogió de hombros la menor— Los lobos no suelen atacar a los seres humanos. Y tampoco son así de enormes como mencionas. 

—¿Una mutación?— Pregunté. 

—Para saber sobre radiación, eres algo inculto en otros puntos Shun. Las mutaciones no se dan tan rápido en el tiempo. Bien la radiación podría ser la causante de la caída del pelo, pero una mutación para hacerlos más grandes podría tardar hasta un par de miles de años de forma natural, o algunos cientos bajo supervisión humana. 

—¿Qué quiere decir eso?— Pregunté. 

—No sé, no creo que alguien criase lobos gigantes.

—No están entendiendo, lo importante no es lo grande. Entiendo que los lobos eran anormalmente grandes, si, eso, no tengo idea de cómo. Pero el punto sobre atacar a los humanos, en eso deberíamos  concentrarnos. 

—¿Mutaron para atacar a los humanos?— Pregunté algo estúpido, luego hice silencio porque mi hermana menor me regaló una mirada llena de odio. 

—Los casos donde los lobos atacan humanos son raros, hay dos razones para que lo hagan, una es hambre, y otra es cuando sienten que las personas amenazan su territorio. 

—Hambre y territorio…

—Pero si me preguntas diría que se trata de territorio. Por lo que dices, los lobos mataron a uno, y continuaron con el siguiente y el otro. No creo que matar de ese modo sea por hambre. 

—También son enormes, deben necesitar más alimentación— Comentó Nicole. 

—Pero si tienen un nido, con crías, tendría sentido que eviten y ataquen a todo lo que está cerca— Se cruzó de brazos la menor. 

Quedé con aquel pensamiento rondando la mente. Si se trataba de crías, la zona era y sería en el futuro próximo un peligro increíble. Lo peor es que continuabamos sin energía eléctrica y Carlos me aseguró que el problema se hallaba allí, y era tan simple como encender el generador. Aunque siempre existía la opción de dar aquello por perdido y aprender a hacer la instalación de una placa solar. 

Pero en ese momento no valía la pena preocuparme. Sin contar que mencionar algo sobre la necesidad de energía eléctrica podría traer mucha molestia en el grupo. Acabamos de sufrir una gran pérdida. Jessica de alguna forma se integró al grupo y ahora sentimos su ausencia. Sin contar que el llanto desconsolado de Marta rompía el alma a todos los presentes. 

Aquella noche por primera vez desde el accidente me senté a ver una película con Natalie durante la noche. Siendo sincero, en un principio tenía intenciones muy lascivas sobre todo el asunto, pero en este momento no me sentí tan animado como de costumbre. El film era del genero drama sobre un perro abandonado, la vi por encima y en calma mientras mis pensamientos viajaron a otros lugares, y posibles soluciones a nuestra situación. Si mi hermana menor tenía razón, la ciudad podría convertirse en territorio de lobos en un par de meses. Y yo no sabía si estábamos preparados para tal cambio. Mi grupo era casi en su totalidad conformado por mujeres, y la mayoría eran muy útiles y educadas en ciertas áreas, pero no entrenadas para sujetar un arma o luchar. 

No hubo ánimos al día siguiente, y después no hubo más remedio que reintegrarse a las labores de arreglos externos. El techo de la pequeña cabina esterilizada que deseaba mi hermana era toda una proeza para solo tres personas. Ninguno de los presentes éramos maestros constructores, y menos con conocimientos sobre un lugar sellado con un filtro de aire, y tan pulcro como ella lo deseaba. A pesar de todo haciamos nuestro mejor esfuerzo, cubriamos todo con mezcla, apostamos bloques rojos en el techo junto con una malla metálica, un par de tubos de plástico para luego colocar cableado, y esperamos a que todo estuviese bien. El suelo necesitaba mucha limpieza de la mezcla excedente, misma que usé para esparcir a algunas paredes que necesitarían luego un frisado.

—Shun. 

—¿Si Sam?

—Creo que deberíamos entrenar nuestra puntería. Sabemos dónde encontrar más municiones, suficientes. 

—Si, estaba pensando lo mismo. No creo que sobrevivamos solo disparando como locos. 

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