XXXIX

Ciertamente podía y tenía el privilegio de poder tener sexo con varias chicas. Sin embargo, la persona con quien más disfrutaba tal placer, era sin duda Samantha. Quizás en cierto punto porque era ella con quien compartía día y noche y conversaba más sobre mis preocupaciones, deberes y expectativas. También porque sorpresivamente era alguien con el mismo nivel de lujuria que yo. Pero por otra parte, sentía que de una forma probablemente enfermiza me enamoraba de ella. De su forma de pensar, ser, expresarse con determinación, de sus ganas de proteger a los demás, su perversión, entre otras. Y aquello era algo que obviamente me preocupaba. Probablemente el mundo cambió de un instante a otro, pero yo sabía en mi interior que nuestra sangre era muy similar. 

Sin embargo allí estaba, bajo la ducha sintiendo su lengua chocar contra la mía. Nuestros cuerpos mojados y tan apasionadamente juntos que nuestros ritmos cardiacos chocaban. 

Mordí su cuello y ascendí hasta su oreja, un suave mordisco provocó que su piel se erizara y su cabeza girase de forma seductora— Ummmm, tengo toda la piel sensible. 

—Es fascinante que después de tantas veces de tener sexo siga sintiendome extasiado con tu cuerpo. Deseo morderte por cada lugar— Comenté deslizando mi dedo por su cuello, senos, abdomen y finalmente su zona íntima.

—Me vas a volver loca. Mi cuerpo, siento que hierve. 

—Pues aquí sin duda estás caliente— Deslicé tres de mis dedos por todo su sexo. Sentía que se hallaba lubricado por un líquido tibio mucho más espeso que el agua que caía sobre nuestros cuerpos desnudos. 

—Allí, juega con el clítoris… Si, eso mismo, no te atrevas a detenerte— No pensaba hacerlo, amaba ver su cuerpo estremecerse en mis brazos, sus senos además se ponian duros y perfectamente redondos, dejando que sus pezones además adoptasen una firmeza increíble y exquisita— Más, ya casi voy a llegar Shun— se aferró con fuerza a mi espalda, su respiración contra mi hombro y cuello— Ahora juega un poco como si fueses a meter tus dedos— Su interior estaba caliente, apenas dos de mis dedos se asomaron en su vagina cuando sus piernas se estiraron y un temblor inundó su cuerpo, seguido de un gemido suave pero profundo contra mi cuello— Eso se sintió muy bien. Aunque las piernas se me durmieron, no podré estar en cuatro así, tendrás que dejarme descansar. 

Se arrodillo pasando sus manos por mi pecho hasta llegar a mi virilidad. La tomó con ambas manos y comenzó a besar con suavidad. Sentí su lengua moverse por toda su extensión hasta llegar al glande, al cual envolvió en sus labios y comenzó a devorar de pronto. Tomé su cabello— Si…— Su rostro se hundió en mi falo hasta la base, luego se alejó dejando un rastro húmedo. Dejé escapar un gruñido apoyando mis dedos en su cabello. El visualizar su boca devorando mi virilidad resultaba excitante, sin contar que el roce de su lengua girando alrededor de mi glande era exquisito y llenaba mi mente de sensaciones. 

—Si sigues gruñendo así atraerás a todos los lobos de la ciudad— A pesar de sus palabras su lengua recorrió nuevamente mi miembro en toda su integridad como si disfrutara aquello. 

—Quiero mi turno de hacerte feliz, me matarás de sensibilidad— Levanté su rostro para besarla. Nunca comprendí el sentido de aquellos que sentían asco por besar a una mujer luego de que esta te brindase tanto placer. 

—¿Cómo lo quieres?

—Ven— la atraje hacia mi— palpé su cuerpo, desde su espalda hasta su trasero. Sus labios se movieron apretando los míos. Besé su cuello y oreja, pero luego de un rato pareció cansarse de el roce. Giró su cuerpo, apoyó una de sus manos contra la pared y la otra la pasó por una de sus nalgas, separándolas para dejar a la vista la humedad de su zona. Sus pliegues se juntaban escondiendo su sexo, sin embargo todo aquel líquido me dejaba saber cuan excitada se hallaba. 

Al dejar que mi glande se moviese en la entrada, sus jugos lubricaron mi punta. Un par de sonidos eróticos se escaparon de su boca antes de que mi eje se moviese por todo su interior. Su agujeró se hallaba hinchado, al punto de que apretaba mi extensión con cada centímetro que este se adentraba en Samantha. Afortunadamente sus fluidos escapaban copiosamente lubricándolo. 

—Estás muy caliente. 

—¿Te refieres a mi miembro o a mi?

—¿Ambos? pero tu pene parece una barra al rojo vivo. Se siente increíble. 

—¿Cómo lo quieres? ¿Suave o rudo?— Indagué. 

—Comienza suave, y luego follame como toda una puta. 

—A sus órdenes— respondí hundiendo nuevamente mi eje en todo su agujero. Fuí suave, pero llegando hasta lo más profundo, por alguna razón esto provocaba que chocase con mi punta contra algo en su interior. Su vulva parecía succionar, como deseando que nunca lo sacase. Pero el juego y el roce solo se lograba metiendo y sacando. 

Tomé su cintura para que mi empuje fuese profundo en cada impulso, pronto el sudor empezó a crear una adicción en nuestros cuerpos. Los jadeos pasaron a ser gemidos largos. Sabía como hacer estremecer a Sam y reconocer los patrones de su cuerpo. Ella movía ligeramente su trasero para exigir el ritmo en que su cuerpo le pedía placer, sin embargo luego de cierto punto decidí acelerar las cosas notando como ella arqueaba su espalda y alzaba los ojos al techo— Muy adentro— Comentó ahogadamente, pero ya el siguiente envión chocaba con su trasero y mi falo llegaba hasta su profundidad. 

—Se siente muy bien Sam. 

—Empuja fuerte, y no te detengas. 

—No planeo…— No pude hablar más, penetrarla con tal intensidad tomaba todas las energías de mi cuerpo. su trasero rebotaba contra mi pelvis con cada embestida. Gruñí moviendo sin piedad mis caderas. La intensidad bloqueaba cualquier otro sentido, solo éramos un cúmulo de sensaciones y lujuria en aquel lugar. Terminé derramándome dentro de ella antes de que ambos cayéramos al suelo entre sonrisas y jadeos. 

—Parece que cada vez tienes más resistencia. 

—Y aquí me ves luchando por mantenerme con vida— Bromee. 

—Deberíamos ducharnos en vez de jugar tanto. 

Ambos estuvimos de acuerdo en el asunto, pero a mitad del baño Carol entró a la ducha interrumpiendo nuestro ritual. Debo decir además que probablemente me asusté un poco por hallarme distraído y algún grito nada masculino salió de mi boca cuando apareció a mi lado. 

—Hay movimiento afuera. 

—Diablos, podrías haber tocado— Mencioné. 

—Toqué, varias veces, pero había golpes más potentes aquí adentro— Entré en razón sobre mi desnudez y tapé un poco mi virilidad, luego me relajé del asunto. Ella actuaba bastante natural con todo el asunto. 

—¿Qué sucede?— Preguntó Samantha. 

—Gente afuera, llegaron hace como cinco minutos. 

    —¿El grupo de la tía?

    —No sé, solo veo que tuvimos movimiento. Aparentemente están en la puerta del bunker, tocando— se retiró sin decir otra palabra. 

    —Me sorprendió— Comenté saliendo de la ducha para secarme— pero fue raro, actuó toda, no sé. 

    —A Carol le gustan las chicas, creo que tuvo una experiencia desagradable con un chico en el colegio. Digamos que tiene curiosidad, la normal, pero al mismo tiempo algo de asco.

    —¿De verdad? No sabía, supongo que Mónica…

    —No sabe nada, y no le vayas a decir. 

—Ni una palabra, solo me impactó un poco. 

Quince minutos después, luego de tranquilizar a Natalie y Mónica. Samantha y yo subimos a la superficie por la puerta principal. Allí nos encontramos con una visión peculiar e inesperada. Tres mujeres, un niño y una niña se hallaban frente a nosotros. 

—¿Quienes son ustedes y qué desean?— preguntó Samantha, sin embargo yo mantuve silencio, reconocí a una de ellas. Se trataba de una mujer de aspecto recio y espalda bastante ancha, acompañada de rostro caribeño y tez morena oscura. 

—Soy Amalia, somos del grupo de Destin. Ella es Maria y ella Franchesca— La última era la morena. La primera se trataba de una mujer bastante mayor, delgada de quizás más de cincuenta o sesenta, y Maria era una mujer joven tambien algo corpulenta— Los niños…

—¿Qué sucede? ¿Por qué están aquí?— Continuó Samantha bajando un poco el rifle en su mano ya más relajada. Los rostros de las mujeres frente a ella estaban llenos de miedo. Maria parecía un manojo de nervios observando de forma continua el rifle. 

—Bueno— Respondió Amalia con temor y bastante tacto, algo natural teniendo en cuenta su edad— Esperábamos que ustedes nos respondieran eso mismo ¿qué sucedió?— Nos miró a ambos, probablemente sin comprender que bajo nuestros cascos estábamos sorprendidos. 

—¿Qué quiere decir? 

—¿Carlos no llegó con ustedes?— Pregunté. 

Franchesca y Maria abrieron la boca, Amalia por su parte comenzó a llorar bajando la mirada— Guardábamos la esperanza que se hubieran quedado aquí con ustedes o quizás hubiese algún tipo de riña entre ambos grupos. Un par de rehenes es mejor que un par de muertos. 

—Carlos nunca volvió— Intervino Franchesca. 

Fruncí el ceño de frustración tratando de comprender la situación— Será mejor que pasen, creo que tenemos de qué hablar— Suspiré viendo el pequeño grupo.

One thought on “XXXIX

  1. José Funez says:

    Que te digo, buen cao… Se pone intrigante imagino q este fue así para pensar bien lo q paso con Carlos y como introducir a la acción al grupo de Julliethe, como siempre, espero con hacías el siguiente cap, suerte, bendiciones y muchas gracias por ti trabajo…

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