XXXIV

—Tranquilas, sólo respiren. Si algo sale mal, cada una sabe qué hacer y cómo regresar— Las miré cuando cerramos la compuerta del bunker y nos dirigimos a abrir la puerta del edificio. Estaban nerviosas, y no podía culparlas. Las salidas siempre eran un peligro, y yo varias veces estuve a poco de morirme— Preparados— Alzamos las armas y abrí la puerta. 

El otro grupo se hallaba frente a una camioneta. Eran solo cuatro personas, dos mujeres y dos hombres. Dos de ellos iban armados con rifles, mientras que una tercera portaba una ballesta probablemente casera. 

—Destin. 

—Shun— Saludó mientras nos acercábamos— Me alegra que nos acompañen. Esperemos que el día de hoy todo sea más tranquilo, pero de todas formas es bueno tenerlos. 

—Ellas son Celia y Samantha, las podrás reconocer por los cascos, el amarillo es Celia, la del casco negro Samantha. 

—A Carlos ya lo conoces, a Mariana la viste ayer, es mi hermana, y ella es Juliana, la hija de Humberto. 

—Un placer. ¿Nos moveremos en la camioneta? 

—Es más rápido, podemos llegar en cinco minutos, de otra forma sería como una hora caminando— Noté que a Juliana la mano le temblaba y respiraba fuerte, intentando calmar sus nervios. Mariana no se hallaba mejor, movía su pierna de forma espasmódica y su rostro daba entender que no se hallaba muy feliz con todo el asunto.

—No las culpes por lucir un poco tensas— Destin me hizo señas para movernos un poco aparte mientras el resto se dirigía a la camioneta para movilizarnos.

—¿Nervios? 

—Tensión en casa. La mayoría no estuvo de acuerdo en conversar con ustedes y pedir ayuda. Temen que puedan atacarnos. 

—Pero aquí estás comentandome todo ¿Puedo preguntar el por qué? 

—La mente me dice que si quisieran atacarnos, lo habrían hecho hace rato, o ayer cuando les dije que Humberto murió. Tienen más armas que nosotros, pero— Alzó un dedo— En cambio creo que podemos ser buenos socios comerciales. Nosotros tenemos pescado y la carne siempre es un buen recurso para comerciar. Podrían robarla, pero ¿y después? 

Tenía un buen punto. Eran mejores pescadores que nosotros. Yo apenas logré sacar un par de veces un par de presas pequeñas de la orilla, sardinas. Ellos en cambio poseían carite, atún y jurel. Lo cual significaba que pescaban a mar abierto, donde yo no me atrevía. 

—Sin embargo, no escuchar a tu grupo. Eso puede ser, peligroso. 

—Sabes que somos un grupo donde hay muchas mujeres. No lo buscamos, pero terminó siendo así. Pero entiendo bien tu punto— Hubo un instante de silencio— ¿Conocías a todos los de tu grupo antes de todo esto? 

—Casi, pero no a todos. Y creo que no los conocía tan bien como yo creí antes. 

—Estar encerrados tiene ese efecto. Las personas parecen cambiar, o mostrar como son realmente. Su mente parece no tener filtro. Yo… me quedé en ese grupo porque me interesaba alguien, pero murió. Incluso antes de morir creo que descubrí que no la conocía tan bien como imaginé. Ha sido raro. 

—¿Cómo te hiciste líder? 

—Un arma y ganas de no morirme. Después me siguió un par y yo ayudé a los demás, ya sabes, intentando impresionar a una chica. No sirvió de mucho tampoco. 

—Lo siento. 

—Descuida, no tuviste la culpa. Además, creo que mataste a quien la perjudicó. 

—Entiendo. 

—Una pregunta por curiosidad. ¿Sabes instalar paneles solares? Creo que podríamos solventar sin necesidad de ir a la montaña, y podríamos pagarte con pescado. 

—Lo siento, no tengo ni idea. La mayoría de lo que sé, es por haber visto a mi padre o sus libros. Pero nunca vi nada de eso. Estoy totalmente en blanco, pero podríamos revisar— Repuse encogiéndome de hombros. 

—Descuida, mejor dejo de evitar todo este asunto y nos movemos hasta la montaña antes de que sea más tarde. 

Las chicas y yo abordamos la sección trasera de la camioneta junto a Juliana. El ambiente no daba para hacer chistes ni mucha conversación casual, se notaba que Juliana no nos aprobaba en lo absoluto. Esta última me preocupaba, su piel se tornaba bastante roja, en especial su rostro, y cada cierto tiempo se rascaba. ¿Acaso no se había inyectado? 

—Shun. 

—¿Si?— Celia me sacó de mi momento reflexivo notando la destrucción de la ciudad y la gran cantidad de moho y moscas. No había caminado por aquella sección, en especial porque se hallaba más cerca de la explosión de lo que yo deseaba. Samantha parecía interesada en la sección industrial. Había desaparecido casi por completo, solo quedaban en pie algunas bases de las edificaciones,, imaginé que aquel fue el lugar de descanso de nuestro padre. 

—¿Puedo preguntarte algo? bueno, no es una pregunta, de hecho quiero pedirte algo. 

—¿Qué sería?— Era extraño, Celia nunca pedía nada. 

—Quiero que me des a Susan para jugar

Me quedé un rato largo pensando en ello, por su tono podía adivinar a lo que refería— ¿Quieres tener sexo con ella? osea lo respeto, pero sabes que es, una rehén, o como una presa. No puedo simplemente liberarla para que tu tengas sexo con ella. 

—Ummm quizás no me expliqué. Quiero aprovecharme de ella, de hecho si está encadenada es mejor. 

—¿Algo al estilo sado-masoquista? No pensé que te fuesen esas cosas. 

—No, no es lo que me gusta, pero cuando estuve en su grupo, me hicieron algo así, y ella estaba allí, riendo. Entonces quiero es poder vengarme… 

—Ah, no sabía eso. Lo siento. 

—Entonces ¿qué dices? 

—Pues, supongo que tendría que estar Samantha o yo allí, por seguridad— Me dio algo de curiosidad el asunto de lo sado maso, no me iba en lo absoluto, pero causaba intriga en mi mente. 

—Preferiría a Samantha Shun, la verdad lo que planeo no será nada agradable— Comentó Celia. No me imaginé cual sería su rostro en ese momento, no podía verlo claramente. 

—Entiendo— Asentí mientras continué observando el ambiente viciado a nuestro alrededor. Entonces noté algo de movimiento a lo lejos, estaba seguro que se trataba de alguna especie de perro, solo que no tenía cabello en su cuerpo. la radiación debió hacer su trabajo en este, aún así sobrevivió al desastre, me sorprendió. Las plantas de la montaña se hallaban quemadas grandes secciones, aún así algunos brotes verdes se podían ver en varias secciones. 

Subimos por un lateral de la montaña, afortunadamente no había señales de vida en los alrededores. Solo el viento soplaba contra nosotros, aunque obviamente con nuestros trajes no lo percibimos de forma directa. 

—Llegamos. 

—Bien— La zona superior se trataba de un pequeño mirador con una enorme plaza de cemento para autos. Luego a mano izquierda se notaba un pequeño y entramado camino de tierra por el cual se accedía hasta la central. 

—Que suerte, no vimos nada en el camino— Destin bajó de la zona delantera de la camioneta— Lastima que la radiación pique tanto aquí. sería un lugar genial para hacer una buena carne asada. 

—¿No tienen vacunas?— Preguntó Samantha, parecía ver a veces a Juliana cuando se rascaba. 

—No colocamos la penúltima dosis hace casi una semana. Y mucha leche con carbón esta mañana antes de venir. Estaremos bien, aunque debemos trabajar rápido. 

—Nosotros armemos un perímetro. Revisemos los alrededores de la plaza. Y estemos alertas— Indiqué a Samantha y Celia. 

—¿Y allá arriba?— señaló Sam a la zona donde se hallaba la pequeña central. 

—Está muy rodeada de maleza, si viniera algo no lo veríamos nunca. es mejor cubrir bien el auto. Destin, nosotros estaremos aquí y cubriremos esta zona, cualquier cosa, regresen a este lugar. 

—Listo, denme media hora, máximo unos cincuenta minutos. 

Nos separamos. Su grupo comenzó a moverse rumbo a la central mientras nosotros nos repartimos en forma triangular por la zona. 

—¡Bueno, al menos no fue una trampa!— Comentó Samantha desde el extremo que daba a un risco. 

—Yo por aquí no veo nada— Me hallaba frente a la vía por la cual subimos, pensé que era el lugar principal a mantener vigilado. Giré para ver a Sam y Celia, me refería respecto a Jessica, quien debía seguirnos.

—Yo tampoco— respondió Celia. 

Mariana se hallaba a mitad de camino sujetando un rifle, los otros tres estaban en la central. Yo no tenía idea de cómo hacer funcionar el lugar. Comprendía en teoría como debía encender y mantenerse un generador, pero de allí al punto práctico había un enorme agujero de información. Tampoco tenía conocimiento sobre la configuración del cableado, ni que activar. Quizás con un par de videos podía solventar el asunto, pero tener a alguien que lo hiciera, era una gran ventaja.

—Necesitaremos algo de gasolina— Comentó Carlos caminando desde la central hasta la zona de aparcamiento donde se hallaba el auto— Tiene un motor auxiliar, pero está vacío— No terminó de abrir la esclusa  de la camioneta cuando se escuchó un grito desde la zona superior seguido de un par de gruñidos.

—¡Lobos!— El grito fue de Juliana. Por instinto todos giramos para ver el camino que daba rumbo a la central. Mariana se hallaba de espaldas a nosotros, indecisa si avanzar o retroceder. Samantha y Celia se movieron para averiguar de qué se trataba, pero las detuve con una señal de la mano, y alcé el arma. 

No tardaron, Juliana bajó en carrera seguida de cerca por Destin, quien tenía una enorme herida en el abdomen. Este último fue empujado a mitad del pedregoso camino por una bestia canina de cuatro patas. Fue difícil reaccionar. Aquello no lucía en lo absoluto como un lobo, al menos no como uno normal. Su tamaño era exagerado, debía medir algo más de un metro de altura mientras se hallaba en cuatro patas, y su pelaje se había caído en varias secciones, dando un aspecto bastante escalofriante.

Disparé al instante por reacción, Samantha me siguió al segundo siguiente. Noté cómo impactamos en el cuerpo de aquella bestia, aún así esta no se derrumbó abatida, en cambio alzó su vista en nuestra dirección mientras aún pisaba el cuerpo de Destin, quien se sujetaba un costado y movía desesperado. Sus ojos parecían a poco de salir de sus órbitas, imaginé que debía hallarse muy asustado, tanto como cualquiera de nosotros. 

Carlos se quedó petrificado, Juliana y Mariana corrían rumbo al auto, al igual que Celia, mientras que Samantha y yo abríamos fuego por segunda vez contra aquel lobo. Gruñidos y sombras nos informó que había mas de uno. 

El animal que se hallaba sobre Destin se desplomó sobre este. Pero no pudimos relajarnos, otros cuatro lobos aparecieron desde diferentes flancos. 

—¡A la camioneta!— Grité, notando que nuestra vía de acceso se veía comprometida por una bestia que se acercaba desde un lateral— ¡Rápido!

—¿Qué hay de Destin?— Preguntó Carlos. 

—¿Destin? ¡sube y maneja!— Gritó Mariana montándose en la parte trasera del camión.

Destin por su parte sentía como otro lobo llegaba y mordisqueaba su cabeza partiéndola en dos. La bestia dejó su cuerpo tendido en el suelo y se dirigió a nosotros. 

—¿Qué hacen?— Preguntó Celia viendo como se movían lento en nuestra dirección. 

—Nos están cercando, ven a quien atacar primero— Yo me había montado en la parte atrás de la camioneta, al igual que Juliana, Celia y Samantha— Saben que tenemos armas. ¡Al del frente Sam!

Inicié fuego junto a Samantha, las balas dieron contra el cuerpo y rostro del lobo que se acercaba corriendo a nuestra ubicación. La camioneta arracó, y cuando inició el avance debimos detener nuestros ataque debido al movimiento. La jauría se lanzó sobre nosotros al instante, y en menos de un segundo nos alcanzó. Uno de ellos saltó sobre la parte trasera de la camioneta. 

Me abalancé sobre Samantha  para tirarla abajo. La bestia tomó con su mandíbula parte del hombro y cuello de Mariana y con el impulso la arrastró por el lateral del auto. Ella siquiera pudo gritar, la sangre inundó su garganta y el cuerpo se vió embestido contra el metal y asfalto. 

Nosotros quedamos una fracción de segundo impactados y asustados por la visión. Celia fue quien reaccionó apoyándose por el costado del auto para disparar una rafaga, pero el retroceso del arma envió sus disparos hacia arriba. 

—¡Al de la izquierda!— Señalé para que se uniera a mí frente al siguiente lobo enorme que se acercaba en carrera mientras el auto derrapó cuando llegaba a la vuelta para descender. 

—¡Acelera! ¡Acelera maldición!— Alguien gritó. 

—¡Cuidado!— La voz de Juliana me alertó de otra bestia que se acercaba desde la izquierda, cuando no pudo agarrarme cayó por la ladera de la derecha.

—¿Qué mierdas son esas cosas?— Preguntó Samantha intentando recargar su arma, lo cual era bastante difícil debido al movimiento del auto y el traje.

—¿Lobos?— Expresó Celia cayendo al suelo al tiempo que nos movíamos. Nos perseguían desde bastante cerca, con los dientes afilados. Aceleraban y se lanzaban para tratar de cazar alguno de nosotros. 

—¡No recuerdo que esta montaña fuese tan alta!— gritó Juliana ayudando a levantarse a Celia. 

—¡Disparen!— Grité cuando me quedé sin balas y uno de los lobos se desplazaba a gran velocidad a nuestro lado lanzando mordidas en nuestra dirección. Si agarraba a cualquiera de nosotros estaba seguro nos partiría a la mitad con sus dientes. 

Entonces sucedió lo inimaginable. Un lobo se atravesó frente al auto, Carlos viró dando tumbos contra la ladera y saltando sobre una roca. La zona trasera del vehículo dio un salto, la compuerta de atrás se abrió y Samantha, Juliana y Celia cayeron al asfalto. 

—¡Shuuuuuun! 

—¡Sam!

Los lobos se detuvieron cercando a las chicas. Yo me lancé del auto cuando este caía por la ladera. Giré en el suelo y abrí fuego al primer lobo que tenía al frente. Celia disparaba entonces desesperada derrumbando al lobo que tenía al frente. este no se acercaba pues un cúmulo de bombas de gas casero se rompieron al caer. 

Fui empujado, caí al suelo hacia adelante perdiendo mi arma. Viré tomando la Samantha, que se hallaba cerca. Disparé frenético a la garganta del lobo que se lanzaba sobre mí. Gasté mi munición y vi a mi hermana con miedo en  las entrañas. No lograba ver la pupila de sus ojos, pero sabía por su forma de actuar que ella era presa del pánico. Me lancé sobre ella para evitar el ataque de una bestia que venía a nuestro encuentro. Celia fue mordida en un brazo y la mandíbula se cernía rumbo a su rostro. 

Los disparos desde la maleza nos sorprendió a todos. Jessica llegaba dando un grito alocado mientras disparaba a uno de los lobos. Pero el heroísmo duró muy poco. Un lobo apareció desde su espalda tomándola por la cintura. La sangre manó casi de inmediato. 

—¡Jessica!— Reaccioné, pero no había tiempo para mucho más. La mujer cayó al suelo, el casco del traje voló en otra dirección. Noté como sus ojos lloraban mientras uno de los lobos hincaba los dientes en su vientre y otro más se acercaba. 

Celia, Samantha y yo corrimos en huida del lugar.

—A Marta, a Martaaaaa— Fue lo último que logré escucharle mientras bajamos desesperados del lugar. tres lobos quedaron sobre el cuerpo de la mujer y todos los que dejamos atrás. 

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