XXXIII



Dormir junto a tres mujeres fácilmente puede ser el sueño más grande de todo hombre, sin embargo, cuando te dejan atado toda la noche, tus muñecas terminan entumecidas y el cuerpo te pica debido al sudor, puede resultar todo un calvario. Cuando me desperté había recuperado el aliento, y allí quedé varias horas de sufrimiento en silencio, en la penumbra y sin posibilidad de llamar a nadie o desatarme. Aquello me dio tiempo de pensar ¿Acaso todo aquello sucedía porque había una gran cantidad de hormonas en el aire? ¿Serían ciertas las palabras de Susan? No lo creía del todo, pero era indudable que había grandes posibilidades de ser ciertas. estaba seguro que yo no era Brad Pitt o Jhonny Deep para llamar la atención de todas quienes me rodeaban. Aunque, también era cierto que tampoco tenían muchas opciones, no había hombres a nuestro alrededor, ni muestras de integrar alguno a nuestro bunker. 

¿Qué pasaría si conocieran a un hombre? ¿me abandonarían? ¿Quién de ellas? ¿todas? Algo me decía que podía confiar en Samantha, y quizás en Mónica en ese ámbito. Me sentía muy unido a ellas desde el aspecto de ser hombre y ellas mujeres. Pero para las demás, probablemente yo dejé de ser parte de su familia para pasar a ser el hombre cabecilla, y nada más. Cuando hubiese una mejor opción… No, debía apartar aquellos pensamientos, me hacían dudar de todos y ver sombras donde no estaban. Lo sabía por experiencia, las peores sospechas e intrigas son aquellas mismas que la mente podía crear. Me sucedió alguna vez con una chica, no fue grato. 

No supe cuanto tiempo estuve observando la oscuridad, mientras me concentré en la misión del día siguiente, y repasé mentalmente los lugares que debía recorrer. A fin de cuentas era una ruta que antes usé para trotar, cosa que hice algunos meses. 

Una sensación tibia muy particular fue lo que me sacó del sueño que me costó tomar. 

—¿Quién?— Era difícil incluso el moverme dada mi situación. Estaba disfrutando mucho el ser despertado con una boca devorando mi pene, pero la curiosidad me ganaba. Aún más al no sentir ningún cuerpo a mi alrededor. Básicamente estaba atado, cegado y podría ser cualquiera de las chicas.

El calor envolvió mi dureza y yo me sentí en la gloria. Podía notar que mi miembro se hallaba muy lubricado y el glande fue tratado con gran atención durante cierto rato. Me hallaba muy sensible, aquella lengua me trataba con dulzura en cada lamida. 

Sea quien fuese hundió su cabeza y volvió a chupar la punta con avidez— Si, se siente muy bien. La punta, se siente, genial. Tu boca, está muy caliente. ¿Que haces con tu len…? Olvídalo, se siente genial— Costaba hablar. Mi cuerpo temblaba fácilmente debido a la provocación y el cúmulo de sensaciones.

 Fue entonces que noté que el cuerpo sobre la cama se movía, y sus manos se posaron en mi falo. Lo tomaron con fuerza, pero no fue mucha. Esto ocasionó un corto circuito en mis sentidos— ¿Quién eres? ¿Marta acaso?— Me aventuré a preguntar consciente que aquellas manos eran pequeñas. Mientras más disfrutaba del sexo oral que recibía, más consciente me hallaba que aquel cuerpo y boca no eran los de una mujer. Eran los de una chica en plena adolescencia. 

No hubo respuesta de mi acompañante. Solo un par de arcadas y gemidos suaves mientras mi pene era succionado y lamido suavemente. No tardé en llegar al orgasmo yo también, en especial debido a que imaginaba a las tres chicas allí abajo contra mi miembro, y a pesar de hallarme consciente de que aquello no era debido, tampoco tenía muchas opciones. Había intentado zafarme de mis amarres varias veces durante la noche. Todo infructuoso. 

—Estuvo delicioso, debo admitir— Buscaba que mi acompañante emitiera algún sonido por el cual poder identificarla, pero ella se quedó pasando su lengua por mi miembro extremadamente sensible que soltaba líquido. Cuando rozaba mi glande incluso podía sentir que mis piernas fallaban y temblaban en contra de mi voluntad. Ella por su parte parecía disfrutar de aquella reacción. 

Luego, en silencio, se retiró. Solo lo supe debido a que la puerta sonó y todo a mi alrededor quedó en silencio. 

Quedé extendido nuevamente en la tranquilidad de la habitación y mis pensamientos, y creo dormité un rato, hasta sentir a Samantha a mi lado quitándome los amarres. 

—¿Qué tal la noche? ¿dormiste bien?

—Te puedo asegurar que fue la noche mas excitante de mi vida, por múltiples razones, pero no en la durmiese mejor. No se duerme muy a gusto como cristo en la cama. 

—¿Aun teniendo los cuerpos desnudos de tres mujeres junto a tí? 

—Desátame rápido para poder rascarme una pierna, o la rasco o la corto, cualquiera de las dos opciones me parece viable. 

—Exagerado. Casi son las diez, supongo que querrás comer algo antes de salir. 

—Tenemos que ir a la central, casi lo olvidé. 

    —Es bueno saber que te hicimos olvidar algo como la salida de hoy. Trata de prepararte rápido, afuera hay algunas bastante nerviosas.

Me quitó la venda de los ojos y yo mismo me desaté el otro brazo— Gracias— Samantha iba vestida con una franela muy ancha que dejaba ver los bordes laterales de sus senos y  sus nalgas redondas era perfecta, y probablemente me habría excitado si no hubiese sido exprimido varias veces en las últimas horas.  

—¿Por quitarte la venda o por lo de anoche?

    —¿Por ambos? ¿Sabes? siempre pensé que a las mujeres no les guataba que un hombre tuviese relaciones sexuales con otra chica. Supongo que tú eres una excepción. 

—No prestas atención Shun, a las mujeres no nos importa si un hombre tiene sexo con otra mujer, lo que nos encoleriza es el engaño y la mentira. Aunque, bueno, si hay algunas que piensan que el sexo es lo mismo que el amor. Por otra parte admito que anoche tuviste buena resistencia ¿Cuantas veces llegaste? 

—¿Dos o tres? no sé, creo que lo disfruté tanto que olvidé eso de la resistencia. 

—El poder de la perversión. 

—¿Me dirás con quienes tuve sexo anoche? 

—Tuviste sexo conmigo ¿no es suficiente información? Del resto no escucharás ni una palabra de mi boca.

—Ya decía yo que ibas a mantener silencio. ¿Si comprendes que es injusto verdad? ¿Y si después soy yo quien las ata y venda los ojos a ustedes?

—Puedes averiguarlo por ti mismo. Y esa idea suena muy interesante, pero primero deberás ver cómo convences a todas. eso si averiguas quienes fuimos las de anoche.

—¿Y quien fue la que entró hoy en la mañana? 

—¿Tuviste una visita matinal? ¿Cómo estuvo? 

—Creo que fue Marta, Gina o Carol. Era una chica con manos pequeñas— repuse. 

—Te dije que no tocaras a Carol— Comentó Samantha. 

—Pues yo no tuve la oportunidad de tocar nada— señalé las muñecas magulladas mientras me colocaba el pantalón— De todas formas no tuvimos sexo propiamente. Quien fuera se dedicó a darme una buena mamada y masturbarse. 

—Deja que yo hablo con las chicas. Están un poco… 

—¿Desatadas? 

—Iba a decir ansiosas, pero quizás tengas razón. Hablaré con ellas hoy, pero será cuando regresemos de la salida.

—Sigues pensando que es mala idea ir. 

—Da igual, cada salida es un peligro. Tendremos que ir de un momento a otro. 

—Solo espero que no estén tramando una trampa. Sería un gran fastidio, sin contar que creo perderíamos un buen socio para hacer intercambios de comida. 

—El pescado del otro día estuvo bastante bueno. 

Salí de la habitación y dirigí a encender la planta, luego al baño a tomar una ducha con agua caliente que me quitase la pesadez del sueño. Finalmente me vestí y salí a comer. 

Todas a mi parecer lucían sospechosas. Todas a excepción de la pequeña Leyla, quien jugaba con David, Jessica quien se hallaba de pie en una esquina del lugar con los brazos cruzados, y Susan, quien se hallaba aún recluida en la entrada de la zona de cultivo.

Gina, Marta y Carol cuchicheaban juntas alrededor de una laptop mientras comían y jugaban. Gina y Carol usaban camisas holgadas y shorts muy cortos. Marta siquiera usaba short alguno, e iba con un blumer azul que dejaba a la vista sus encantos. 

Nicole usaba una bata larga, y nada por debajo, algo notorio por sus pezones. Celia iba con una franelilla y falda; Mónica llevaba un vestido que dejaba bastante de su prominente escote a la vista. Y Natalie provocaba con otra de las minifaldas que dejaban a la vista gran parte de sus encantos. 

—¿Todo bien Shun? has estado muy callado— Marta llegó desde mi espalda pasando sus manos por mi pecho. 

—Solo estoy cansado. 

—Shun, ¿podemos hablar un momento nosotros?— Natalie se dirigió a mí mientras yo terminaba de comer. 

—Claro— respondí levantándome de la mesa para llevar mi plato hasta el fregadero, lugar donde fui abordado. 

—Shun, yo entiendo que ustedes son jóvenes, e impetuosos, y tienen necesidades. Pero esa actitud tan abierta que tienen hacia el sexo… Creo que estan influenciando a Marta, Gina y Carol. Y ellas estan apenas en su adolescencia. 

—Etapa donde casualmente estan intrigadas por el sexo. Lo sé. No ha sido intencional. 

—¿Pero se podría ser un poco más conservadores con el tono de voz, no crees? 

—¿Significa que tu problema es el ruido? 

—No quiero que las niñas se vuelvan más sexuales de lo necesario, solo por curiosidad— No me atrevía  comentarle sobre las maratones de hentai y porno que estas organizaban, las masturbaciones casi grupales, o las visitas que Marta me brindó un par de veces, de seguro se desmayaba. 

—Podría hablar con Samantha y Mónica, que son quienes más escándalo arman cuando… bueno, ya sabes. 

—Si, gracias. 

—Pero me gustaría algo a cambio. 

—¿Qué sería?

—Me gusta como te quedan las minifaldas que usas, te lucen bien. 

—Gracias, admito que fue un poco difícil al inicio, pero te pueden hacer sentir mucho más atractiva. 

—Bien, me alegra. Estaba pensando que quizás podrías comenzar a  usarlas sin nada de ropa íntima debajo— Le respondí acercándome a su oído. Noté como su piel se erizó ante sus palabras. Giró su cabeza para verme con los ojos abiertos. 

—Te dije que no debes verme de ese modo Shun, no es… 

—¿Apropiado?— Susurré mientras pasé mi mano por su espalda y descendí hasta su firme y redondo trasero. Noté como perdía lo poco de cordura que quedaba en su mente, su boca se abría lentamente dejando exhalar un aliento bastante seductor. 

—Eso  no es apropiado. 

—Lo sé, pero mientras tanto podemos disfrutar de este simple roce. Piénsalo. Me parece un trato bastante justo. 

—Pues yo no creo que… 

—¡Se acercan!— Se escuchó la voz de Carol dando aviso sobre la proximidad de nuestros invitados. Los sensores de movimiento estaban conectados a una de las laptops. Carol era la encargada de manejar y monitorear el sistema. En especial porque  fue quien averiguó qué programa de computadora se necesitaba y logró configurarlo. 

—Hora de irnos— Exclamó Samantha desde su lugar cerca de la compuerta principal, la cual podíamos abrir con mayor libertad gracias a la pequeña edificación que la cubría. 

Jessica y Celia pasaron por el frente de la cocina con paso lento. Samantha entregó un par de rifles a cada una. Las bombas las manteníamos cada uno en nuestra cintura atadas por una correa— Sabes que tu te quedas atrás, sales un par de minutos después de nosotros. Tomas un vehículo de la calle siguiente a la izquierda. La scooter, si tomas un auto te verían, también funciona la moto blanca que está tirada en el suelo. Sin sorpresas Jessica. 

—No planeo sorpresas, solo hagamos esto y regresemos lo más rápido posible. No puedo dejar de temblar. 

—Shun— Escuché la voz desde el pasillo que daba directo al suministro de agua. Me acerqué un poco por mera curiosidad. Susan no hablaba en todo el día salvo para solicitar ir al baño. 

—¿Qué quieres Susan? 

—¿Has cazado alguna vez?— Preguntó. 

—Sabes que no— Giré mi cabeza fastidiado de ella. 

—Los animales salvajes pueden rastrear muy bien el olor humano. Yo que tu no iría a esa montaña. 

—¿Qué sabes que esperaste hasta ahora para decir? 

—Hasta el momento oportuno para recibir algo a cambio— Sonrió— Quiero algo de carne. Tu hermana me da las sobras y piensa mantenerme a base de arroz. 

—Si lo que dices me ayuda…

—Si ves algún animal, no dejes que se acerque. Si piensas regresar y hay animales, asegúrate que el viento no envié tu olor hacia ellos. 

—¿Te refieres a revisar la dirección del viento?— La miré intrigado antes de marcharme, ella no dijo nada más, pero me dejó pensativo aquella información. No lo habría dicho si no pensara era valiosa y podía cambiarla por comida. Me moví por la cocina, recibí entonces un beso de Mónica en los labios, seguido de un beso de Marta en la mejilla, acto que no pasó desapercibido por su madre. Nos colocamos los cascos. 

—Están a unos veinte metros de la entrada, dejaron de moverse— Comentó Carol sobre la posición del otro grupo. 

—Tengan cuidado chicos— Expresó Natalie con rostro afligido. 

—Estaremos bien— Respondí tratando de animarnos cuando abrimos la compuerta. 

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