XXXII

Poco llegas a notar los cambios que pueden existir en el exterior cuando lo ves constantemente. Es una ceguera que ocurre de forma progresiva, propia de la costumbre a encontrar los objetos siempre en el mismo lugar. Aún, pese a mi ceguera, el ambiente a nuestro alrededor iba cambiando de forma muy violenta. 

La maleza ganaba terreno en diversos sectores de la ciudad. Los escombros se hallaban ahora llenos de enredaderas y los charcos de agua dejaban manchas verdes mohosas  en el suelo. Un olor a putrefacción y gran cantidad de moscas ahora poblaban los lugares, la basura se hallaba dispersa por cada rincón. 

No había alimentos que recolectar, y la mayoría de los objetos estaban llenos en gran parte de óxido, gusanos y hongos. Cada pieza que recuperamos en los últimos días necesitaba además de una desinfección, una limpieza y aceitado muy exhaustivo. Era este último proceso lo que ocupaba mayor cantidad de tiempo de nuestra parte, y resultaba bastante cansino. 

Pese a todo para final de la semana teníamos construidas las paredes de la habitación nueva que requería Nicole, y la protección en la entrada de nuestro bunker. Tardamos una semana debido a que el primer día debimos tomarnos el día entero para abrir las zanjas donde luego colocamos vigas de acero entrelazadas. Luego aplicamos cemento en estos lugares, y luego de casi veinte horas fue que pudimos avanzar con las paredes necesarias. 

—Este techo no protegerá mucho— Expresó Celia colocando una de las láminas de metal sobre la rudimentaria edificación. 

—No tenemos tiempo para hacer el techo, además, necesitaremos madera— Contestó Samantha mientras yo me hallaba en la parte superior girando un alambre de metal que funcionaba como sujetador. 

—¿No es mejor buscar directamente las maderas y no colocar estas láminas?

—Pues yo creo que primero necesitamos un descanso. La espalda me va a matar a este ritmo— se quejó mi hermana. 

—Por esto o por el sexo… — Comentó celia alzando una ceja. 

—Serás desgraciada. Si no fuese por el sexo esto sería un infierno— Samantha se encogió de hombros— No creas que no he visto como tardas en la ducha. 

—¡Callate, no seas cerda!

—Te lo puedo prestar cuando quieras—  Me señaló. 

—Sería genial si no hablasen de mí como un juguete sexual mientras estoy a solo un par de metros. 

—¿Te sientes ofendido?—  se burló Samantha.

—Lo siento, pero te dije antes, Shun no es exactamente mi tipo— Aclaró Celia. 

—Auch, difícil no sentirse ofendido después de eso— Señalé mientras le pedía a Jessica que alzara una de las siguientes vigas sobre la cual colocar las láminas de metal. 

—Admito que sí está algo fornido y tiene buen cuerpo, pero me van más los asiáticos con cuerpos delgados. 

—Olvídalo, ya no me siento nada ofendido— Intervine. 

—Cada una con sus gustos ¿no? a mi me gusta que se vean imponentes y te hagan sentir segura cuando estás con ellos. 

—Pues a mi me gusta dominarlos, ¿si sabes a lo que me refiero? tenerlos así debajo, y yo con todo el poder. 

—Sumisos…

—Me gusta el término, dominables. 

Ambas rieron un instante dentro de los trajes mientras continuamos— Al menos esto nos protegerá de la lluvia un poco. No tendremos que limpiar el agua que entra por esta puerta— Comentó Celia.

A pesar de hallarse bien colocada, en las últimas dos lluvias el agua corrió dentro del bunker y necesitó ser limpiada. Obviamente aquello también implicaba riesgos de radiación que debimos solventar. Y el carbón no era una solución eficaz para todo. Ya bastantes zonas estaban negras y el búnker necesitaba pintura con urgencia. 

—¿Crees que Natalie hiciera el pescado que le diste?

—Estaba ansiosa, dijo que lo haría hoy— Mencioné. 

—¡Shun, Shun!— Jessica prefería no hablar, aún más cuando nos hallabamos a las afueras del bunker. Por esa razón voltee algo sorprendido, solo para ver que la mujer subía de forma apresurada por la escalera mientras señalaba a uno de los laterales. Un grupo de tres personas se acercaban a lo lejos, dos de ellos armados. 

—¡Sam!

—¡Lista!— Samantha se lanzó del techo para tomar uno de los rifles, al igual que Celia. Yo mientras tanto bajé por la escalera y esperé en silencio a que el grupo se acercase un poco más. Reconocí a dos de ellos, al principal y uno de los que venían armados, el tercero era una mujer algo mayor. Se trataba de Destin, un sujeto algo ermitaño, y de color que ahora se hallaba a la cabeza del grupo que se escondía en las bóvedas de un banco. El segundo era Carlos, quien basicamente era el segundo al mando, se trataba de un hombre joven de gestos amanerados que trabajó previamente en el banco.

—¿Crees que vienen buscando problemas?— Preguntó Celia apuntando. 

—Tal vez vienen buscando otro trato de comida. Pero no me gusta que lleguen hasta nuestro bunker— Expresó Sam. 

—Mantengamos la calma y esperemos a ver que dicen, no creo que vinieran buscando problemas, pero mantengámonos alertas. 

Guardamos nuestras posiciones hasta que el otro grupo se acercó lo suficiente y nos movimos en su dirección. 

—¿Shun, cierto? es difícil reconocerlos a ustedes con los trajes— Expresó Destin. 

—Hola Destin. No esperábamos verte por aquí. 

—Lo sé. Yo tampoco esperaba venir tan pronto por estos… parajes. 

—¿Que los trae entonces por aquí?— Pregunté. Cada grupo comenzaba a relajarse ante la presencia y conversación que manteníamos los cabecillas. Las armas de cada bando comenzaron a bajar lentamente, como por mutuo acuerdo. 

—Es algo difícil. La verdad fue algo que nos planteamos bastante y bueno… Lo siento, ya me iba por las ramas. 

—¿Sucedió algo? 

—Disculpa la pregunta, pero ¿ustedes tienen energía eléctrica? 

Hubo tensión en la pregunta, ellos no podían ver nuestros rostros, pero nosotros i los de ellos. Y tanto Carlos, como la mujer que les acompañaba bajaron la cabeza al escuchar la pregunta. Samantha en cambio alzó nuevamente su arma, y yo tuve que detenerle. 

—Se fue hace un par de días— Respondí— Nos las hemos solventado como podemos. 

—Si, se fue hace un par de días. Pensamos que regresaría, pero la verdad no fue así. Y no se si lo sabes, pero estamos ahora resguardados en una bóveda del banco. Son como recámaras que tienen compuertas entre sí. Afortunadamente cuando se fue la energía era de día y la puerta principal estaba abierta, pero hay un lote de comida enlatada que estaba en una de las compuertas internas. 

—¿No pueden abrirla?— Inquirió Celia. 

—Lo hemos intentado, pero no ha sido posible. Y  confirmamos y la situación no es nada buena— Destin buscó una cubeta donde tuvimos mezcla de cemento para sentarse. 

—¿Por qué no lo detonan?— Preguntó Celia. 

—No tenemos tanta gasolina para eso, además sería peligroso, hablamos de estallar la parte interna de la bóveda. Tendríamos que abandonarla primero, y las mujeres están allí seguras la mayoría del tiempo, sin contar que podemos dañar la bóveda para iniciar. 

—No te comprometas— Comentó en un susurro Samantha en mi oido. 

—¿Quieren les ayudemos a abrir la compuerta? 

—No— Contestó Destin pasando la mano por la frente— Ayer intentamos viajar hasta la central eléctrica en la montaña, creo que el problema de la energía se encuentra allí. Pero perdimos a Humberto. 

No conocía a nadie con ese nombre, pero vagamente recordaba haber visto a otro sujeto el día que intercambiamos algo de pescado por papas— ¿Los atacó el otro grupo? 

—No creo que debamos pedir ayuda— Habló la mujer cuyo nombre desconocía. 

—Fue un grupo de lobos. Nos emboscaron mientras subíamos a la central. Son enormes, y lucen muy feroces. Se lanzaron contra nosotros  en grupo. Corrimos montaña abajo, no había manera que nos alcanzaran, pero llegaron igualmente. Nos cercaron. Humberto hirió a uno de un disparo, yo creo que herí a otro con un cuchillo, pero se lanzaron sobre Humberto. No había visto jamás nada así— Le creí de inmediato, no solo por la emoción que incluía en cada palabra, sino porque Carlos tenía los ojos casi salidos de sus órbitas. Estaba asustado de verdad— Cuando escapamos llegué a ver sus intestinos afuera, y todavía estaba vivo. No pudimos hacer nada, llegamos al banco y escuchamos como nos acecharon hasta la noche. 

—La mayoría no hemos dormido de hecho— Expresó la mujer. 

—No irás a pedir que les alojemos aquí, el espacio no es suficiente— Repuse. 

—No, no, no tendría cara para ello— Contestó el hombre— Vinimos a pedirles que nos acompañen mañana a la estación eléctrica, yo arreglaré el sistema, tengo algo de conocimientos en el asunto. Pero necesitamos alguien que nos cubra. tenemos estas dos armas con nosotros, pero dudo sea suficiente contra esas bestias. 

—Los lobos— Expresé mirándolos. No me agradaba la idea de sacar a parte de mi grupo para ayudar a otro, aún menos cuando había un grupo de lobos hambrientos— ¿Me das un momento para discutirlo con Samantha?— Nos movimos a un par de metros. 

—No me da buena espina esto Shun, lo sabes. Suena peligroso. 

—¿Lo dices por los lobos? 

—No solo por los lobos, temo más que deseen nuestro bunker y nos preparasen una trampa en esa montaña.

—No creo que mientan sobre el asunto  de los lobos ¿no viste sus caras? 

—Pueden estar actuando Shun. 

—Pero necesitamos la electricidad. 

—Pudieron ser ellos mismos quienes quitaron la electricidad, Shun. 

—Podemos llevar con nosotros nuestras bombas y encargarnos si se trata de una emboscada— No era mentira, nuestro arsenal había crecido y convertido en un repertorio mucho más variado que antes. 

—¿Jessica, Celia, tú y yo?

—Jessica es miedosa, pero se mueve mejor que Nicole. No creo que ninguna otra del grupo pueda pelear realmente. 

—Ni yo— Samantha pasó la mano por su cabeza— Di que iremos tres de nosotros, y dejamos a Jessica o a Celia detrás para cubrirnos— Expresó ella y yo asentí con la cabeza. 

—¿Estás seguro de poder solventar el problema en la planta eléctrica?— Pregunté a Destin. 

—Puedo redirigir la energía si hay algo dañado, puedo cambiar el cableado bastante rápido— Luego alzó la cabeza en mi dirección— creo que si, mi grupo depende de eso. 

—Bien, entonces será mañana ¿A las once les parece bien? nos vemos aquí— Concluí con pensamientos encontrados mientras destin se despedía asegurando nos pagaría por tal favor. 

No fue extraño que en casa explotara una discusión sobre la salida del día siguiente para arreglar el sistema eléctrico. La mayoría se hallaba abiertamente en desacuerdo de participar junto a otro grupo en aquella incursión. Opuestamente, era unánime que necesitábamos energía eléctrica. 

—Por loco que parezca conozco bien la zona, era donde trotaba a veces, Samantha también la conoce— Mencioné. 

—Nos conocemos el camino principal, pero ahora ni siquiera sabemos bien cómo está, ni qué hay por allí. Sin contar que la zona está cubierta de maleza y árboles, es fácil ser emboscado por allí. Era donde robaban a las personas antes. 

—Podemos hacer un mapa y organizar el cómo actuaremos— Alegué intentando aliviar las preocupaciones. 

—¿Los lobos son tan feroces?— Preguntó Gina. 

—Pues supongo que antes no tanto, pero cualquier animal si está hambriento, puede ser muy salvaje— Contestó Nicole. 

—¿No podemos quedarnos tranquilos con nuestro generador?— Interrogó Natalie. 

—Los generadores no son eternos, se dañan, sirven para suplir emergencias, pero no para estar encendidos siempre— Comentó Samantha— Bueno, eso me explicó Shun. 

—Si sienten que algo no va como es debido, escapen de ese lugar— Expresó Mónica muy seria, secundada por Natalie y Nicole. 

—Yo no quiero ir— Comentó Jessica. 

—Pero tendrás, eres… no, mejor tú irás con nosotros y celia nos cubrirá las espaldas. Confío más en celia, tu de seguro nos dejas botados y huyes del lugar. 

—Yo no dije que estuviese feliz de ir— Mencionó la pelirroja— pero supongo que no hay muchas opciones, hay que ganarse el pan de alguna forma. 

—Lo cual me hace recordar algo importante— Samantha se levantó de la mesa y tomó mi mano llevándome a la segunda habitación, aquella que antes usaba Mónica. Yo me dejé guiar, no sin antes notar las miradas extrañas por parte del resto del grupo. No hacía falta ser un adivino para comprender las intenciones de Sam cuando cerró la habitación tras nosotros. 

El beso fue apasionado, sus labios eran dulces y cálidos al tacto. Su lengua se enredaba fácilmente con la mía mientras nuestros cuerpos se fundían y congeniaban entre sí. 

Su mano se escurría por mi pecho al tiempo que la mía tomaba su trasero y ajustaba su cuerpo al mía. Podía sentir su aroma, esencia y sudor. 

—Estuve pensando en esto todo el día. No podía pensar en otra cosa. 

—Por eso estabas tan poco concentrada en el trabajo. 

—Lo necesito. No se si sea cierto lo de las hormonas en el aire, pero ansiaba esto, con locura Shun.

—Tienes los pezones erectos— Comenté sintiendo aquella zona sensible. Su piel se hallaba erizada y la cúspide endurecida. 

—Devoralos Shun, quiero sentir el calor de tu boca. Rápido, me estoy desesperando. 

Sus pezones oscuros se hallaban tibios y expectantes. Alivié su deseo con el roce de mi lengua girando a su alrededor. Me hundí en la suavidad de su pecho dejándome llevar mientras sentía como ella hundía sus dedos contra mi espalda. Me habría dejado llevar aún más, pero fuí empujado a la cama y samantha se colcó sobre mi cuerpo. Sus grandes piernas envolvieron mi cintura y su pelvis se instaló contra mi virilidad. 

—Ya estás duro allí. 

—Me estabas provocando con tu mano y no puedo contra tus senos. Culpable. 

—Bien, porque esto se va a poner mejor— Sam se movió por la habitación buscando un par de sogas. Yo me quedé observando con curiosidad y cierto grado de excitación subiendo por mi torrente. Comprendía muy bien lo que estaba planeando, y no me desagradaba, solo estaba un poco sorprendida. Samantha no era la clase de chica que tomaba todo el control, sin contar que jamás me comentó desease una experiencia como esa. 

—¿Atado a la cama? 

—Solo por precaución, no quiero que te quites la venda de los ojos. 

—¿Una venda en los ojos?— Pregunté. 

—¿No confías en mí? 

—No hay persona en quien confíe más— repuse momentos antes de sentir que colocaba el antifaz en mi rostro. La visión quedó totalmente a oscuras. punto que me desagradó un poco, debido a que en cierto aspecto parte de mi morbo y líbido provenía de lo que lograba ver. Pese a todo me quedé tranquilo mientras ella organizaba todo el asunto. Sus roces eran leves y causaba cosquillas por donde quiera que sus dedos se deslizaban. Sentí como fuí despojado de ropa y tragué saliva. Si deseaba dejarme en ridículo era el lugar y momento propicio para aquello. No obstante lo único que sentí luego de aquello fue una música proveniente de un celular a mi derecha. 

Se trataba de una música sintética, más propicia de un momento para hacer ejercicios. me reí un poco para mis adentros pensando en cómo podría mover mi pelvis al ritmo de aquel bajo y su percusión.
    No tardé en percibir la sensación y movimiento de la cama en la parte inferior. Sus manos recorriendo mis piernas hasta llegar a mi miembro, el cual se había relajado entre los preparativos. Lo sujetó con fuerza y comenzó un movimiento suave de arriba  hacia abajo y viceversa. Una corriente eléctrica me recorrió desde mi zona íntima hasta la espalda y luego descendió a las piernas. Se sentía bastante bien aquella muestra de cariño, me iba excitando bastante rápido y en un par de segundos de movimientos mi erección estaba en todo su esplendor. Álgida, caliente y deseosa. 

Sentí entonces el calor de lengua, seguido de la humedad de toda su boca que envolvió mi falo por completo. Lo estaba devorando totalmente, punto que lograba crear un roza de mi glande contra su paladar creando una sensación de placer indescriptible. 

Mi cabeza explotó cuando de pronto sentí una mano en mi pecho y un beso caluroso y ardiente contra mis labios. respondí por mera espontaneidad, pero luego mi mente colapsó y tiré mi cabeza un poco para atrás. 

—¿Quien?— pregunté— ¿Quién más está aquí?— No hubo respuesta alguna, solo una risa que creí reconocer como la de Samantha. 

—Calla y disfruta— Su voz fue contundente. Pero estaba casi seguro que la escuché provenir de mi derecha. La persona que separé estaba a mi izquierda ¿o no? ¿Y quién era la persona que estaba…?— Ummmmmm— Ahogué mi respiración y pensamientos. La mente se me puso en blanco cuando mi miembro fue apretado y succionado con fuerza. 

Sentí una mano contra mi pecho nuevamente y el calor de un cuerpo acostándose a mi derecha. ¿Era Samantha acaso? ¿Era mónica quien ahora degustaba mi dureza con toda su boca y me provocaba la gloría con sus manos? ¿Qué rayos pretendían con aquello? 

Sus labios chocaron contra los míos y sentí su pecho abultado y suave contra el mío. Me provocó abrazarla, pero no me fue posible. Podía sentir un par de pezones contra mi pecho, y un sexo muy húmedo contra mi abdomen. Lo estaba restregando contra mi, mientras la boca se separaba de mi glande y dejaba que solo su mano me llenara de placer. 

La mujer sobre mí, a quien imaginé como Samantha se sentó entonces contra mi miembro llenándolo de jugos, y sin piedad empezó a mover su pelvis de forma suntuosa contra su dureza. Sentía que mi abdomen era un mar de jugos y mi cabeza iba a explotar. eso fue antes de sentir un movimiento a mi izquierda y que un par de piernas me cubrieran la cabeza, y un sexo húmedo se clavara contra mi boca. 

Supe de inmediato que no se trataba de Samantha ni de Mónica, sus glúteos eran más abultados. ¿Quién? 

La vulva era jugosa y fresca. No se hallaba emanando excesivo vapor. Al contrario, parecía ser alguien que acababa de tomar una ducha. Pero mi mente no pudo relacionar quién podría haber sido. la hora de las duchas fue recién y varias tomaron su turno. 

Un calor muy característico envolvió mi falo y una pelvis comenzó a rebotar contra mi. Yo me hallaba al borde de mi excitación. Un par de mujeres se me vinieron a la mente, Nicole y Celia. ¿Acaso era el sexo de alguna de ellas dos el que estaba degustando en ese instante? Podía sentir tus labios íntimos y agujero contra mi nariz, mientras mi lengua y boca trataba de brindar la mayor cantidad de amor y cariños al clítoris que se hallaba bastante abultado. 

La idea de estar saboreando los jugos de alguna de aquellas dos mujeres me inundó los sentidos. estaba seguro que Celia había dicho no sentirse atraída por mi. Nicole lo había expresado de igual forma en un par de ocasiones. No creía que mi hermana juguetease con una Jessica, a pesar de tener un cuerpo despampanante, y nadie se atrevería a desatar a Susan. ¿Qué rayos estaba pasando? 

La chica sobre mi rostro comenzó a frotarse con mayor ahínco y en menos de un minuto sentí un líquido caliente escurrir por mi boca. Se levantó y otro par de piernas cubrieron mi rostro. No pude pensar mucho en el asunto. Mi pelvis estaba siendo exprimida por un movimiento fuerte y repetitivo. Arqueé mi espalda y dí un par de empujones con fuerza a quien fuese que tenía sentada sobre mi miembro. 

me agité y quedé tendido en la cama un par de segundos antes de que la vulva en mi boca comenzara a moverse suavemente y unas lanos algo más delicadas tomasen mi falo. Esta vez lo movió al unísono  de sus manos hasta lograr que se irguiera, lo cual no tardó en suceder. No porque tuviese exceso de energía, sino porque mi líbido iba a tope con lo que estaba pasando a mi alrededor. 

La húmedad y calidez de una vulva apretada envolvió mi dureza en todo su esplendor. Pude sentir como aquella persona lo llevó hasta el fondo de su ser y colocó sus manos en mi pecho antes de comenzar a moverse suavemente. 

—Si tu vieses lo que estoy viendo yo en este momento Shun. Creo que querrías llenar toda su concha de tanto semen…— La voz de Samanta me llegó desde la derecha— Luce tan rica. Dios. 

No pude responderle por la vagina contra mis labios. Pero algo si tuvo razón, escucharle decir eso e imaginarme que era celia o Nicole a quien estaba penetrando hizo que mi pelvis se moviese casi por sí sola y mi miembro la penetrase hasta lo más profundo. Notaba voces entrecortadas a mi alrededor, pero era difícil discernir algo con la música de fondo y el exceso de estímulos. 

Alguien chupó uno de mis pezones y el movimiento contra mi pene se intensificó. No solo era más fuerte, sino mucho más rápido. La mujer sobre mi boca se separó por un momento y unos labios tocaron los míos con suavidad. 

Eran tres mujeres, presumiblemente se trataba de Mónica, Samantha y alguien más. La sola idea me llevaba al límite. ¿Acaso Natalie había querido unirse? ¿Sería esa la vagina que estaba penetrando en ese instante? ¿o quizás la pequeña marta había decidido unirse a la incursión declarando abiertamente su sed de sexo? 

La pelvis contra mi se detuvo no sin antes hundir sus dedos con mucha fuerza en mi pecho. Pensé que me iba a rasgar. Sin embargo, luego se derrumbó contra mi. 

—Eso fue intenso, de verdad que sí. ¿Quiénes son Samantha?— Inquirí. 

—Lo excitante es que no sepas Shun, si lo supieras perdería la gracia, no pienses que te lo voy a decir tan fácil. 

—No sabes como me tienes ahora. 

—Pues espero que todavía tengas energías, pues una de nosotras todavía falta por ser complacida. Tú, ven aquí, quiero tu lengua en mi entrepierna. 

Su vulva encajó en mi miembro todavía erecto. Mis ganas no iban a la par de mis energías. Mi glande se hallaba muy sensible y cada empujón contra aquellas caderas iba con fuerza, provocando un choque que daba un placer muy grato y desbordante. A pesar de ello no estaba cerca de llegar al orgasmo. Parecía que mi falo estaba disfrutando la sensación pero no estaba dispuesto a soltar todavía su carga. Yo por otra parte me iba agotando bastante. La posición no me permitía acomodarme mucho y exigía mucho de mis abdominales. 

Para mi fortuna, la mujer sobre mí, decidió completar la tarea por sí sola y darse placer sin importar si mi cuerpo colaboraba o no. Empezó a dar sentadillas intensas contra mi pene. Sentía como recorría todo su interior bastante caliente. 

Por mi mente pasaban imágenes de una vulva siendo penetrada hasta el fondo y mucho líquido saliendo. La mujer sobre mi pareció llegar un par de veces antes de que mi cuerpo decidiera explotar en un clímax. Sentí que fui vaciado y una gran cantidad de semen fue al interior de la fémina. Quien presumía debía tratarse de Mónica. 

A mi lado Samantha llegaba al orgasmo también y me propinó un beso apasionado antes de morder mis labios con fuerza. Luego terminó acurrucandose contra mí. Y allí me quedé dormido, con el calor de tres cuerpos en posiciones que no supe adivinar y sin poder moverme de mi lugar.

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