XXX

Después del segundo día comencé a sentirme inutil desde mi lugar en la cama. Nicole prohibió de forma terminante que me moviese de allí a excepción de ir al baño. La verdad era que mis heridas eran serias, supuraba y dolían ante los movimientos y limpiezas. Era extenuante ver como Samantha se encargaba de las cosas mientras yo me hallaba sentado en la cama y solo daba órdenes. 

    El cumpleaños de Gina llegó cuando me hallaba de pésimo estado de humor. Pese a todo traté de disimular mi frustración y dar un rostro feliz para mi hermana. Afortunadamente, teníamos los ingredientes para hacer una pequeña torta, punto que no solo alegró el día, sino que causó revuelo en el bunker. Todas querían un pedazo grande de torta y melaza, al punto de estar dispuestas a competir de todas las formas por ello. Desde partidas de videojuegos, juegos de mesa, como trivias sobre películas y cultura general fueron los métodos para repartir los pedazos. 

    Nunca pensé que el dulce fuese un factor tan esencial en nuestra vida. No me lo había planteado hasta entonces. Nuestra vida se había  transformado desde el incidente en la superficie. Y yo siempre me preocupé por brindarles alimentos, proteínas, hortalizas y carbohidratos. No me plantee el asunto de los azúcares y dulces. Aunque era algo bastante serio, por debajo de las risas y competencias, podía notar sus miradas tensas por lamer el platón de melaza, la paleta, o tomar una porción mayor de ponqué. 

Samantha no me especificó nada sobre el regalo de mi parte a Carol y Gina. Aunque poco importó, debido a que halló un juego de zapatillas y un par de guitarras eléctricas que fueron la sensación. Sencillamente no había punto de comparación con ambos regalos. Carol y Gina jugaban a las poses con las guitarras que obviamente no sabían manejar. Marta por otro lado se hallaba un poco disgustada, pues todavía faltaba casi medio mes para su cumpleaños. Tampoco ayudó perder en la partida de videojuegos por una porción más grande de pastel. 

Celia se mantenía al margen del alboroto. Daba la impresión de ser una mujer bastante seria y poco abierta a conversar con el resto. Sin contar que muchas veces dedicó miradas de desprecio a Samantha; la causante directa de su pómulo hinchado y el labio roto de la mujer. 

Leyla por su parte se estaba integrando mucho al grupo gracias a Daniel. Con quien jugaba a las carreras, quien saltaba por encima de los muebles, o el piso es de lava. Aquello me hacía feliz, por un momento pensé que la niña no lograría vivir con nosotros. 

Al día siguiente el bunker amaneció sin energía eléctrica, por más que esperamos esta no regresó en ningún instante. Tomé algo de fuerzas y un permiso para visitar al único integrante indeseado del bunker. Susan se hallaba encadenada junto al huerto. Único lugar donde había una viga de acero a la cual sujetarla sin necesidad que muriera de hipotermia o neumonía. Su espacio era una cama hecha de cartón con algunas sábanas y pequeños tazones de comida a un lado. La humedad era bastante debido a lo cercano a la tierra de cosecha. 

Samantha había golpeado a la chica, tenía un ojo hinchado y los labios partidos. Además pude ver algo que previamente no visualicé, na enorme quemadura en el brazo derecho ascendía hasta su hombro. Algo visible teniendo en cuenta que se hallaba semi desnuda, con los pequeños senos expuestos, y la piel deseando conseguir calor de alguna forma. La chica se hallaba hecha un ovillo cuando yo me acerqué hasta ella, su mirada hacía mí fue despectiva. 

—Sobreviviste. 

—No pareces muy feliz de verme con vida, Susan— Tomé una silla de la cocina y me senté a pocos metros, donde obviamente no me alcanzaba. Aún así guardaba el arma de fuego en mi cintura. Una precaución debida teniendo en cuenta con quién trataba. 

—No lo estoy. Guardaba la esperanza que murieses y tu hermana viniera y me diese un par de disparos en la cabeza para acabar con todo. 

—Si tan solo quieres morir, podías haberlo dicho hace tiempo. Estoy seguro que un par de las personas aquí con gusto te habrían concedido el deseo. 

—¿Qué quieres? ¿Deseas ver mis senos? No creo que sean mejores que los que ves a diario— se refirió a su pecho de baja proporción— ¿O vienes a ver como muero lentamente? 

—Solo tengo curiosidad por saber toda la historia. eso de que estabas en el lugar correcto y en el momento indicado, no creo que sea todo lo que tengas para contar. Y algo me dice que tu sabes mucho más que yo sobre lo que sucede allí arriba. No creo que un grupo te siguiese si así no fuese. 

—Quizás algo de ropa, y no morir de frío. 

—Suena tentador, pero no creo que un poco de ropa sea el precio por todo lo que sé. 

—Te veré en un par de días. Cuando el frío esté tan unido a tus huesos que me pidas piedad— me levanté de la silla. Noté que Samantha y Nicole se hallaban en la entrada del callejón observando. 

—¡No! Tomaré la prenda. No sabes lo horrible que es dormir con el cuerpo helado— Trató de sentarse en el suelo— Me gustaría un poco de leche caliente, la pude oler ayer temprano. No sabes como anhelo poder probarla Shun. 

—No prometo nada, así como tampoco sé que lo que salga de tu boca sea cierto. 

—Shun, el mundo no es como en las películas. En este momento daría mi culo si me prometes una manta— Hubo un silencio— ¿Qué ofreces? ¿siquiera un suéter?

—Sueter y baño con agua caliente. Pero me dirás todo lo que sucedió Susan. Quiero, necesito saber qué está pasando allí arriba. 

—Da igual, no pensé que serías mi mejor opción para sobrevivir— Suspiró— Bien, el día de la explosión me hallaba en la base militar, había ido la noche anterior y me quedé en su oficina. Al día siguiente iría a la piscina, pero bueno, no fue así. la primera explosión nos agarró de sorpresa, me quemé en el brazo, y al despertar me hallaba entre algunos escombros. Mi papá llegó a los minutos y me llevó a la armería. Era un edificio con seguridad y paredes mucho más gruesas. me hallaba en el interior cuando ocurrió la segunda oleada de bombas. 

En un principio pensé que se trataba de bombas nucleares, como todos los que allí estábamos, o cualquier otro. Era lo más normal pensarlo. No fue así, se trató de un cúmulo de bombas explotadas en sucesión rápida. Me enteré de eso un par de días después, se supone que al hacer que varias explosiones sucedan de forma intermitente crean ondas muy fuertes y el daño se extiende. Aparentemente fuimos una especie de experimento bastante efectivo, de hecho más efectivo de lo que cualquiera de ellos pensó. 

—¿A quienes te refieres? 

—Fue una nación de oriente, con eso tenemos más que suficiente, porque algunos apuntan a Rusia y otros a China y algunos otros a Corea del norte ¿A mí qué me importa? Da igual, tengo entendido que de todas formas las tres fueron bombardeadas hasta los cimientos. 

—¿Qué más sucedió? 

—Desperté al día siguiente con vida, pero bastante confundida. había radiación en el aire y otras cosas que nosotros desconocíamos. 

—¿Qué otras cosas? 

—Compuestos biológicos. Di que son armas biológicas, no lo sé. Una doctora me explicó que era más como grandes cargas hormonales en el aire. El punto es que crean patrones de comportamiento exagerados. Yo no lo habría creído de no ser porque lo vi casi desde la primera noche después de las bombas. Llegué a un pequeño albergue donde un par de doctores estaban atendiendo a los heridos de quemaduras y radiación. Todo fue bastante normal y relajado, hasta esa misma noche. Los hombres de pronto se levantaron fuera de control, no me preguntes si fue por cuestión de una hormona en el aire, o por su propio actuar. Todo se salió de control muy rápido. Las mujeres terminamos violadas por enjambres de sujetos. Los que se oponían terminaban muertos a golpes o, a cuchilladas. 

Esa noche solo en el lugar donde yo me encontraba murieron treinta y siete personas. Incluyendo a mi papá. 

—¿Fuiste violada?— Pregunté lleno de genuina curiosidad. 

—Ahorrate el tono lleno de sensibilidad y culpa— Susan mantenía la vista gacha— He visto como tus hermanas te miran. ¿A cuantas te cogiste Shun? Dudo que mantengas aquí a tu pequeño harem de gratis. 

Tuve ganas de golpearle por insolencia, pero, la verdad lo que más me molestaba es que tuviese razón. Y aún más, no tenía idea de si todo aquello sucedía por influencia de un arma biológica a base de hormonas, o solo por las circunstancias en las cuales estábamos. 

—Como decía, y pasando por alto la mirada asesina de tu hermana. Al día siguiente las cosas fueron distintas. Yo sabía donde habían armas, así que regresé al pequeño hangar, y cuando llegó la noche me defendí. Hubo tambien un grupo pequeño que se me unió en la lucha y bueno, así nació de forma muy rudimentaria nuestro grupo. 

Luego de eso las cosas fueron un poco mejor, pero la comida escaseó muy rápido. Aquel lugar resultó que solo tuvo comida para un día más. Y ese mismo día descubrimos que, al igual que nosotros, algunos otros sobrevivientes en otros lugares se armaron y organizaron. Los lugares de comida se hicieron entonces cada vez más vitales, teníamos que mandar a pequeños grupos a patrullar zonas, ver que conseguían, y a otros a resguardar algunos recursos que creíamos podrían ayudarnos. Así estuvimos un par de días, hasta que muchos comenzaron a caer terriblemente enfermos por radiación. La piel se les quemaba o comenzaban a vomitar sangre a cantaros. Todos estaban muy asustados, especialmente las mujeres que no tenían nada que ofrecer salvo sexo. Los hombres comenzaron a caer muy rápido, por día veíamos a cerca de treinta o cincuenta morir. El grupo que era de casi doscientas personas se redujo a menos de cien. 

Algunos tenían tanto miedo que hicieron locuras, como orgías, matanzas. Era difícil tener el control de un grupo tan grande, sobre todo cuando todos saben que van a morir muy pronto. Fue entonces que llegaron los Yugoslavos, nos hablaron sobre las bombas, y sobre su necesidad. Llegaron en un barco en búsqueda de armas, metal, y un par de mujeres. 

Armas nos sobraban, al igual que metal, las mujeres estuvieron algunas más que felices de irse con hombres que aseguraban que en altamar la guerra no era tan cruenta. sin contar que tenían tanta comida como para intercambiar por insumos. Tantos enlatados que pensarías estaban totalmente informados de los ataques previo a que sucedieran y llenaron barcos enteros de ellos. 

La mejor parte del trato, tenían en sus manos treinta dosis de un compuesto que mantenía a raya la radiación. Tenías que comer cierto nivel de carbón en el agua, pero era mejor que morir desangrado. Lo tomé. Repartí las armas entre sus filas a granel, tomé las dosis y mandé a un par de doctores a duplicar diez de ellas. 

Se tardaron cerca de dos semanas. Pero la verdad creo que fueron bastante veloces. Entonces vinieron y explotaron el hangar y el puerto de la ciudad. Supongo que a alguien no le gustó que diera armas a los Yugoslavos. Vino de nuevo la hambruna, y mis hombres además me reportaron que un imbécil estaba deambulando por las calles con su hermana, ambos en trajes antirradiación. Que aparentemente tenían un escondite seguro y eran peligrosos. Y aquí estamos. 

—Vi como tu grupo mató a sangre fría a personas inocentes, vi con mis ojos como despedazaban partes humanas para comer. 

—¿Has intentado alimentar a poco más de cincuenta personas sin harinas, cereales, leche, granos, arroz o pasta? Los niños murieron, hubo mujeres que estaban en los huesos. Un hombre que se cortó el brazo para comérselo. No estoy orgullosa, pero no me digas que todo es fácil y sencillo cuando tú has estado aquí abajo jugando al pendejo con tu familia. Yo sí viví allí arriba, yo si he visto el hambre de las personas. Yo si he visto cómo peleaban por basura y carne podrida y la llevaban a su boca desesperados.

Tú tan solo eres alguien con mucha suerte— se encogió de hombros— Cualquiera de mis hombres habría muerto luego de perder tanta sangre como lo hiciste tú. Siquiera sé cómo te lograron salvar.

—El problema es que ustedes solo se dedicaron a debastar todo lo que estaba a su paso. No hicieron nada más salvo tratar de mantenerse con vida. 

—¿Querías que les pidiese apagasen los incendios? Esa gente se preocupaba más porque el agua llegase a sus gargantas. ¿Qué les dijera que arreglaran el sistema eléctrico en la sección sur de la ciudad? Nadie iba a poner un pie en ese lugar para arreglar la estación cuando incluso comenzaron a ver bestias por tales lugares. ¿Has visto grupos de lobos cazar entre los escombros de una ciudad? Lo dudo, creía que no salías de noche. De hecho, por eso nadie te vigilaba, se supone ustedes solo salían de día. 

—Pero ustedes nos dieron un ultimátum con un detonante, en nuestra puerta— Intervine. 

—No fue orden mía, pero da igual que te lo diga ahora. 

—¿A cuánta gente mataste Susan?

—A los necesarios y a todos los que se interpusieron. ¿Feliz? ¿Me compartes una manta y el baño que ofreciste? 

—Sam, tráele un suéter, una manta y Nicole llévala a ducharse. 

Permanecí alerta, Susan podía aparentar tranquilidad y sumisión, pero podía ver una chispa en sus ojos, estaba esperando cualquier descuido para tomarnos por sorpresa y aprovecharse de la situación. Era una persona muy distinta a aquella que conocí, sin importar lo linda y débil que aparentara ser, la Susan frente a mí era una bestia dispuesta a atacar. Comprendía que no todo era su culpa, ella fue arrastrada a la situación en la cual se hallaba y a las acciones que tomó, pero para mi y mi familia, la situación era simple, ella era un peligro. 

—No me digas que confías en ella— Esperaba esas palabras de parte de Samantha, pero fue Nicole quien las dijo cruzándose de brazos. 

—No confío en ella, pero supongo que podremos usarla de alguna forma. Incluso si debe ser una carnada. 

—No creo que sea tan inocente como dice ser.

—Ni yo ¿quieres matarla? 

—¿Qué? ¿yo?— Nicole abrió los ojos, luego dirigió la vista al baño donde se escuchaba la ducha— No creo poder hacerlo. 

—Me salvaste un par de veces, supongo que podrás hacerlo si la situación lo amerita— pensé en el delicado equilibrio dentro del bunker— y espero que no tengas necesidad de hacerlo. 

—¿Te sigue gustando?

—Me da lástima, no es la persona que yo recuerdo— Expresé con total sinceridad. 

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