XXVI

Todas las demás tareas que hice semanas atrás fueron un juego de niños en comparación a intentar cavar y construir bajo tierra para ampliar nuestro refugio. Quitar la sección de concreto y hormigón sólo fue posible con el uso de cincel y el taladro, aunque a duras penas debido a que era bastante incómodo. Pero, excavar la tierra allí abajo fue un suplicio en todos los sentidos. 

El trabajo consistía en abrir el espacio superior poco a poco, luego colocar secciones de acero que se soldaban al techo ya existente, retirar la tierra húmeda del suelo y luego colocar soportes de madera para finalmente verter cemento en varias capas mientras evitaba que toda la mezcla cayera al suelo. 

La titánica tarea me tomó dos semanas enteras, para entonces ya nuestros suministros se habían visto mermados y me tocó optar por pescar en los muelles para evitar una hambruna en casa. En las calles, la cantidad de personas se redujo drásticamente. Si antes lograba observar un par de personas a medida que me movía en dirección norte, luego fue raro ver a alguien vivo. La razón, la hambruna. Esto sacaba a las personas de sus escondites y les obligaba a irse de la ciudad a nuevos parajes, o morir por inanición. 

La información de la niña recién llegada a nuestro hogar e información que Samantha logró obtener por algo de comida de los lugareños nos dio la ubicación de dos bases de supervivientes que continuaban por la zona incluso después de cierto tiempo. 

Las actividades comenzaban a centrarse en la búsqueda de alimentos y riñas internas entre ambos, en especial porque la cantidad de suministros y personas en sus grupos. Pero yo decidí junto a Samantha que lo mejor era dejarles sin intervenciones, esperar a que se destruyesen entre ellos y nosotros permanecer escondidos. 

Esto lo hacía con conocimientos sobre el panorama de la guerra en general, mi tía Juliette continuaba descendiendo, esta vez se hallaba cerca de una zona selvática y su grupo pensaba tomar algunos botes para rodear aquella zona casi impenetrable. Por los mensajes y nuestras pláticas que se tornaban más regulares sabía que en el norte la lucha se encrudeció pues había una invasión desde el país del oriente rojo. 

La guerra comenzó debido a la lucha por el posicionamiento y abastecimiento de gas a la sección central del mundo. La potencia de oriente contra la de occidente, donde nos hallábamos nosotros. Aparentemente unos gasoductos fueron estallados sin conocerse el origen de tal ataque, aunque todos estaban conscientes que fue la nación de occidente quien ordenó el ataque por conveniencia, ellos necesitan el ingreso de divisas por la venta de gas licuado, sin la cual la nación se vendría abajo. 

La respuesta fue severa, oriente no atacó directamente al país del norte de occidente, en cambio dirigió ataques nucleares a los puntos donde existía reservas de gas en países aledaños y que eran un enclave estratégico para la otra nación. Nosotros nos encontramos en dicha posición, nuestro puerto en las zonas cercanas tenía reservas de gas submarinas y plantas de extracción cercanas. 

Con respecto al porqué hicieron uso de armas nucleares y no misiles convencionales. Mi tía comentaba que probablemente se hizo con el fin de dificultar aún más las extracciones a posterior, pero yo no estaba tan seguro. Era sacar una conclusión a posterior, y si en algún momento pensaban invadir, como sucedía en ese instante, pues no era lógico. 

Tampoco importaba razonarlo en ese instante, lo hecho, hecho estaba, y sin importar el cómo o por qué debíamos vivir con aquello.

Aquella mañana recibí la boca de mi tía Mónica contra mi virilidad en el cuarto principal. Envolvía y humedecía mi miembro con su saliva mientras su lengua y mano recorrían la circunferencia erguida de mi sexo. 

—Hoy quiero que te corras dentro de mí— Expresó ella en tono claro— Aunque también me gusta cuando me llenas la boca con tu sabor. 

—Me gusta cuando comienzas a hablar obsceno— Sonreí— Aunque lo haces ver como si se tratase de leche tibia antes de dormir. 

—Me pone caliente que mi sobrino me rellene con su leche caliente— Chupó con bastante fuerza haciendo que mis piernas temblaran y una descarga se aproximase. No dudó en levantarse y colocarse contra la pared abriendo sus piernas. Llevaba una pequeña blusa, pero toda su zona inferior estaba desnuda, su tanga se hallaba a escasos metros de distancia, húmeda.  

Había tenido tanta intimidad con Mónica que ambos conocíamos nuestros ritmos, En ese momento reconoció que de no parar, yo me vendría en su boca. Y esa mañana no estaba para turno doble. Había trabajado la noche anterior hasta caer dormido. 

Me mostró la extensión de su trasero, desde mi posición podía ver su vulva abultada y chorreante de un líquido incoloro y viscoso. Era divina en más de un sentido, con toda la sensualidad de su cuerpo empezó a mover las caderas y a deslizar los dedos por su intimidad llamándome entre ligeros gemidos de placer— Ven y rellenale el coño a tu tía Shun. Quiero sentir una enorme polla dentro de mi. 

No dudé ante su petición. Me levanté tomando su trasero con firmeza para luego colocar la punta de mi pene contra su sexo y penetrarla con fuerza. Fui succionado hasta su interior lubricado, y así comencé a mover mis caderas frenéticamente— Te gusta que sea tu sobrino quien te está cojiendo. 

—¡Me encanta! ¡Me destrozas Shun! Abreme el culo mientras me lo metes— NO hizo falta que yo hiciera nada, ella misma abrió sus nalgas mientras yo empujaba con todas mis fuerzas en su interior— Cogeme— Aquella era la verdadera personalidad de Mónica, y nuestro ritual matutino los últimos días. El mayor problema es que a ella le encantaba hacer ruidos y gritar mientras era penetrada por mi, y todos en la familia se enteraban de tal acto. 

Habría dicho algo al respecto, pero luego de un par de conversaciones con ella, y con Samantha, descubrí que Mónica vivió una vida sexual frustrada los últimos años. Aparentemente mi tío fue bastante viril en sus años más jóvenes, pero dicho ímpetu decayó considerablemente a medida que se inició en el mundo del alcohol y se dejó llevar por este. Mientras más bebía, menos podía durar en la cama y la relación entre  ambos se deterioraba. 

Fue por entonces cuando Mónica tuvo una aventura, misma que coincidió con otra por parte de mi tío. La situación acabó cuando un par de fotos de Mónica acabaron en algunos celulares demás y ella, avergonzada, finalizó todo. 

La culpa y los señalamientos en la vecindad no se hicieron esperar, por ello fue encerrándose cada vez más en su propio ser y labores como madre. Un par de años después no pensaba en sexo de forma usual más que con una sonrisa ligera y soportaba los eventos de pareja algo violentos con la mejor de sus sonrisas. A fin de cuentas, su hallaba bien, con salud, y el hombre se encargaba de ellas. Sus intentos de trabajo tampoco eran muy fructíferos, y dicha realidad fue amenazando su autoestima. 

Pensaba que no debía quejarse. Sergio era un patán, y sabía muy bien que la engañaba los días viernes por la noche, pero a su hija nunca le faltó nada. Carol tenía todo lo necesario, desde alimentación, hasta educación, y eso ella lo valoraba. 

En el bunker todo aquello cambió, y ahora gritaba mientras mi miembros recorría su interior hasta que un potente chorro de semen caliente se virtió en su interior y ella cayó de rodillas al suelo perdida en el placer— Casi no aguanto. 

—Ven— Le ayudé a levantarse para que se sentase en la cama— No tienes que sobreesfozarte. 

—Es que en ese momento no siento el esfuerzo, la debilidad viene justo después del clímax. Incluso luego siento dolor en las caderas o espalda. 

—No entiendo como las mujeres soportan el dolor solo por algo de placer— Expresé buscando mi ropa interior. 

—Es un mal que viene de la mano con tener muchos orgasmos Shun, no me puedo quejar, se levantó para darme un suave beso en los labios y recoger su ropa interior, y así, sin nada más que una tanga y una blusa sudada se dirigió a la puerta— iré al baño primero— Me guiñó un ojo al salir y cerrar. Desde afuera escuché a mi madre reclamarle por el ruido del asunto. 

Al salir de la habitación ya vestido me encontré con Nicole— ¿Sabes? El hecho de que perdieras la virginidad en el apocalipsis no es mala, pero no significa que tengo que enterarme cada mañana. 

—¿Quién te dijo que era virgen antes de esto? ¿Estás loca? 

—Sin contar que dejas la habitación apestando a sexo— Expuso ella y yo reconocí que se hallaba en lo cierto, debía ventilar las habitaciones mejor. 

—Ya lo arreglaré. 

—¿Por qué mejor no tienen sexo en el baño? Sería menos incómodo, tarado.

—Te aseguro que fue bastante cómodo para mí— Respondí con el mismo tono altanero que ella me dedicó. 

—¿Qué pasaría si le dijera a nuestra madre que además de Mónica también estás teniendo sexo con Marta?— Nicole sonrió maliciosamente cruzándose de brazos frente a mi. 

—¿Qué podría pasar si te enemistas con el único que caza y creó el huerto del cual te alimentas?— Respondí sin dar pie a su chantaje, aunque si me preguntaba cómo sabía lo de Marta, con quien solo tuve intimidad aquella noche, después de aquello los juegos eran mínimos más infantiles que lascivos. 

—Quiero un par de piezas nuevas , es mi precio por mi silencio. 

—¿Precio por tu silencio en general, o solo por Marta?

—¿Tienes intenciones de más cochinadas Shun?— Interrogó mi hermana— Si es así te haré una lista de lo que quiero. 

—Lo que pueda conseguir, no incluyas estupideces imposibles. 

—Bien, pero si seguirás extendiendo el bunker querré un cuarto estéril, no me importa si tengo que dormir allí. 

—Y ese es uno de los imposibles de los cuales te hablé ¿cómo crees que podría hacerte un cuarto esteril? Siquiera tengo idea de cómo tendría que hacer algo así— Expresé, pero Nicole se interpuso en mi camino con rostro serio. Evité la mirada, conocía bien a mi hermana, no era alguien fácil de llevar, caprichosa en muchos sentidos y malvada con los chicos. Pero iba en serio con aquella petición inverosímil— Lo pensaré, pero este mes estaré ocupado con el cuarto de crianza, especifiqué. 

—Dale la prioridad que puedas, eso, y necesitaré algunos libros. 

—¿Tienes algo en mente?

—Al menos más que tú, por lo que creo— Me dejó con varias preguntas cuando se encerró en su habitación. 

—Buen día Shun ¿Cómo amaneces?— Preguntó Natalie con tono suave. 

—Buen día, bien, caí rendido anoche, pero logré plantar lo que necesitaba. 

—¿De verdad crecerán allí esas cosas?— Preguntó ella. Comprendí sus dudas, el lugar no lucía bien de ninguna forma. Primero tenía varias tablas de madera que aún sujetaban grandes porciones del techo. Ello porque no confiaba en el trabajo sin vigas que lo sostuviera. Además las líneas eléctricas que alimentan las lámparas se hallaban extendidas a los lados colgantes. 

—Son solo repollos, tomates, papas y zanahorias. No es nada difícil de hacer, igual será una solución por cierto tiempo, después tendré que ingeniarmelas de algún otro modo. 

—¿Algún otro modo?

—Estaba leyendo y aparentemente el cuerpo humano necesita de frutas o sino nos enfermamos bastante rápido. 

—Bueno, eso es cierto. Pero podremos mantenernos bien durante algún tiempo, probablemente un par de años antes de tener que preocuparnos por algo más, deberías estar más tranquilo y confiar en tu trabajo. Eres el mejor Shun— Me dedicó un ligero beso donde yo traté de no concentrar mi mirada en su prominente busto y aferrarme a la calidez de sus labios contra mi mejilla. 

Samantha hacía señas confusas desde atrás que no llegué a comprender. Me concentré en la comida y dejé de darle vuelta a mis pensamientos. Era algo que hacía los últimos días, ello debido a que las tentaciones se hallaban en todas las direcciones. Samantha había comenzado a vestir únicamente una blusa larga que apenas llegaba a la altura de sus muslos. Mónica ahora vestía su ropa interior y una camisa holgada. Natalie comenzaba a disfrutar de las minifaldas y tanto Marta como Gina se la pasaban con la intimidad húmeda de tanto jugar con sus vibradores. 

—Conseguí la película ideal ¿Crees que podamos verla hoy? Es algo romántico y no quiero… 

—Si claro— Respondí ante el pedido de Natalie sin analizar la situación mientras Nicole llegaba hasta mi lado con una lista de cosas que deseaba, la mayoría eran libros. Había un par de cosas que no conocía sus nombres, y finalmente estaba el cuarto estéril. Imaginé para qué podía querer algo así, pero era difícil, incluso mucho más fácil de construir en la superficie que en bunker. 

Mónica tomó un plato de cereal y se retiró a trabajar en los nuevos trajes. Le había encargado al menos siete trajes para nosotros. Mi tía Juliette insistía en la existencia de una brigada muy al sur donde existía un refugio y ninguna guerra. Yo no estaba seguro y no deseaba arriesgarme. 

Me hallaba comiendo muy tranquilo cuando se escuchó un fuerte golpe en el bunker, fue un estallido que resonó dejándonos a todos helados. Las niñas de pronto corrieron y tanto Samantha como yo reconocimos la procedencia y saltamos a las habitaciones en búsqueda de las armas. 

Salimos en carrera hasta la entrada principal y esperamos en ese lugar en silencio mientras Natalie y Mónica se hallaban expectantes detrás de nosotros. 

No sucedió nada más, pero aquel estallido fue indudablemente un ataque a nuestra entrada principal. Esperamos cerca de un ahora para asomarnos y notar lo chamuscado contra la lámina de hierro de la entrada.  Aquello era un ataque, o peor, era el aviso de que sabían dónde nos encontrábamos.

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