XXV

 

—¿Y cual es tu nombre?

—Leyla— Respondió la pequeña mientras devoraba todo lo que tenía al frente, comía desesperada, como si pensara que de pronto todo lo que se hallaba frente a ella desaparecería y tendría que sobrevivir sin comer durante días enteros sin bocado. Había salido llevando consigo la caja de madera para colocarla bajo la mesa a sus pies. aquello me era bastante particular, parecía apreciar el contenido más que nada. Algo que probablemente las chicas defenderían diciendo que su madre había muerto por aquello. 

—¿Qué edad tienes?— Pregunté. 

—Diez— Respondió esta. El hermano menor de Marta salía de la habitación de la pequeña y corrió para sentarse junto a esta a comer. 

—Yo… iré al baño— Comentó Gina antes de levantarse con piernas de gelatina de la mesa. Marta a mi lado tenía sus dedos hundidos en su entrepierna y Marta por su parte se había calmado y sacado su mano de mis pantalones. Mi atención se hallaba centrada en la pequeña niña que era un misterio para nosotros. Incluso cuando desde el cuarto de Nicole, se podía escuchar movimientos bruscos de parte de Samantha y Carol, algo que me daba intriga ver alguna vez. 

—Buen día— Expresó el pequeño Daniel. 

Yo comí tranquilo pensando cómo abordar la situación, hasta que simplemente me percaté de que no habría forma sutil de preguntar— Eso que tienes allí abajo, ¿son vacunas para la radiación?— La chiquilla de inmediato apartó el plato, rodó la silla bruscamente, se lanzó al suelo, levantó la caja y estaba a poco de correr cuando hablé— No quiero las vacunas, no me interesan. 

Se detuvo y giró su cabeza para mirarme— ¿No las quieres? ¡Mientes!

—No las quiero, tenemos trajes, y creo que son mejores que esas vacunas— Alegué cruzándome de brazos. 

—¿Trajes?— Luego pareció recordar cuando la trajimos hasta el refugio y se calmó un poco— ¿Los trajes los protegen por fuera? ¿Y por dentro? 

—¿Por dentro?— Pregunté. 

—La doctora nos explicó a mi mamá y a mi, que la radiación afectaba por dentro y por fuera. La vacuna quita los efectos de afuera, impide que entre más radiación. Pero por dentro hay esa cosa, y te mata. 

—Ah, eso. Pero eso sucede porque han estado expuestos mucho tiempo. La radiación invade el organismo, y aunque se protejan con una vacuna por fuera, pues todavía tienen radiación dentro— Me expliqué. 

—¿Eso no es peligroso Shun— Preguntó Natalie. 

—No aquí adentro, los valores se han mantenido muy por debajo de lo mortal. Si fuese así, ya habríamos visto secuelas en todos— Expresé. 

—¡Es peligroso!— Intervino la niña— ¡Las personas mueren escupiendo sangre!— Me miró como si pensara que yo mentía. 

—Si se protegían por fuera con la vacuna ¿Cómo eliminaban los rastros de radiación de adentro?— Pregunté. 

—Algunos comíamos carbón— Comentó la niña como si fuese algo normal— Pero…

 —Pero no sirve— Definí rápido. Probablemente las partículas radiactivas se hallaban en su organismo a nivel de sangre y tejidos. EL carbón solo llegaba a su tracto digestivo, donde no sería deglutido fácilmente. Si había rastros de radiación en las cercanías, lo absorbería. Pero el resto del organismo seguía siendo agujereado por las partículas. La supervivencia se debía a la cantidad a la cual se hallaban expuestos y si el cuerpo tenía formas de luchar. Hice silencio mientras la chica tomó nuevamente asiento en el comedor con su caja bajo sus pies. Razoné que todos los de afuera debían estar muriendo en diferentes etapas, el cuerpo podría luchar contra la exposición anterior si tenían una vacuna que protegiese de la exposición posterior. Pero para ello debían tener una dieta balanceada y descanso, cosa que probablemente no poseían debido a la situación— Deberías colocar esas vacunas en el refrigerador. No creo que se mantengan bien a temperatura ambiente, podrían estar dañadas ya— Expresé levantándome. Leyla pareció temer nuevamente por sus vacunas, así que agregué— En serio, nadie aquí tiene intención de tomar tus preciadas vacunas.

Pasé por la puerta del cuarto de Nicole para escuchar unos ricos gemidos que no supe adivinar si provenían de Samantha o de Carol. Tuve un fuerte impulso de averiguarlo, pero me moví a mi habitación para cambiarme y luego a la entrada para colocarme el traje antes de salir. 

El día afuera era tranquilo y poco nublado, el sol apenas salía y el tiempo era fresco. Ideal para ir a la playa o disfrutar de un día en familia en un parque. Eso si no estuviese todo resumido a escombros debido a las explosiones previas. Revisé el perímetro a ver si alguien había estado cerca de nuestra casa, hallé un par de pisadas, pero nada alarmante. Sin contar que esa no era mi labor ese día. 

Tenía las cargas de pólvora y una de gasolina lista. Los agujeros en la piedra estaban hechos y solo debía rellenar, presionar y colocar una línea guía. Algo que no demoré en lo absoluto. Mientras trabajaba me preguntaba si aquello era suficiente carga explosiva, y agregaba más como medida de seguridad. 

Había dos sentidos en hacer estallar aquella enorme roca. La primera y más obvia era abrir la entrada principal al refugio. La segunda era causar un impacto psicológico en nuestros contrincantes cercanos. Tenemos explosivos. Un disuasivo bastante bueno. 

Avisé con un grito al interior del refugio que realizaría la detonación. Por lo cual todos debían prepararse y esconderse en la habitación principal, mientras que Jessica colocaría una pared improvisada con papel aluminio y cartón para evitar que entrase demasiada radiación. No era algo perfecto, luego tocaría limpiar, pero no podíamos hacer nada más que esperar funcionase lo mejor posible. 

Coloqué la línea guía y me aparté lo suficiente detrás de una pared esperando que todo saliera bien. Encendí un yesquero y pasé el rastro de fuego a la delgada cuerda humedecida con gasolina antes de correr aún más atrás y esperar.

No fue suficiente precaución ni lo suficientemente lejos. El estallido fue enorme, hizo la tierra misma vibar y caí al suelo impactado. Giré mi rostro para ver como trozos de piedra de gran tamaño volaban en todas direcciones. Una de cerca de una tonelada voló hasta los restos de una casa cercana y barrió con todas las paredes que habían quedado en pie y se detuvo cerca de cien metros más allá. Luego vino una lluvia de piedras más pequeñas y polvo. Debí esconderme y permanecer allí protegiéndome un par de minutos hasta que todo pasó.      

Para mi sorpresa Jessica se hallaba afuera ya con el traje puesto y la pared de cartón y aluminio se hallaba puesta para reducir el peligro de exposición. La mujer no mintió realmente sabía soldar y manejar esas herramientas. Mi labor fue más de fuerza y ayuda. Ella cortó las bisagras bastante rápido y reparó las puertas para cuando eran cerca de las siete de la tarde.        

Jessica entró nuevamente al refugio con gran apresuro. Había trabajado pensando que moriría en cualquier instante a pesar de tener la protección sobre su piel todo el rato. No se detuvo siquiera a comer o a beber agua, solo terminó todo tan rápido como pudo durante unas casi nueve horas de trabajo. El cielo ya se hallaba oscuro y no había luz a nuestro alrededor, a excepción de unos cables que expulsaban chispas a media cuadra.

La puerta quedaba expuesta y no había nada que hacer respecto a eso en la proximidad del tiempo. Mi labor más urgente entonces era meter las cosas que esperé tanto tiempo por meter. Muchas de ellas las había acercado en días anteriores, otras las dejé donde estaban a la espera de abrir la compuerta principal. Había visualizado un pequeño carrito de carga volteado como a ocho cuadras. Nadie tomaba ninguna de esas cosas, no eran de valor, pero yo tenía planes gigantes para aquello.                                              

A las diez de la noche terminé de meter un enorme refrigerador, tablas, palas y un taladro eléctrico. Todo ello luego tocó lavarlo de forma intensiva con una mezcla de jabón y carbón. A cerca de las doce de la noche me hallaba extenuado, mi mente y cuerpo no daba para más, sin embargo estaba satisfecho. La entrada principal permitiría comenzar a derrumbar la pared que se dirigía por el pasillo al tanque en dirección a la derecha, allí debía hacer dos habitaciones gigantes, una para convertirla en invernadero, y la otra en un criadero de pequeños animales. Conejos preferiblemente. 

Con estos pensamientos y fantasías entré al baño a ducharme. Tenía serios moretones en los brazos luego de que una plancha de hierro me golpease. Coloqué el agua caliente y disfruté de relajarme con el agua sobre mi cuello y espalda. 

La vista de Marta entrando al baño, cerrando la puerta detrás de ella y quitándose la ropa no fue una sorpresa. Era algo que sabía sucedería, solo no me lo esperaba en ese instante y no tenía idea de cómo podía ocurrir. 

—Esto es lo más peligroso que has hecho— Comenté sin despegar los ojos de su cuerpo mientras retiraba la blusa exponiendo un pecho casi plano, apenas con un par de monturas ligeras y pezones rozados ya muy excitados. Demás está decir que, a pesar de mis palabras, no hice el menor esfuerzo en detenerla. 

—Son las doce con treinta minutos de la noche, todos duermen, incluso no podrán escucharme— Respondió esta bajando una pequeña falda por sus piernas, su ropa íntima era pequeña y de algodón.  Sus piernas delgadas y bien torneadas, su trasero curvo, redondo y delicado. Al momento de bajar la última prenda de su cuerpo aprecié una vulva rosada y de apariencia suave. 

—¿Estás segura de esto?— pregunté al verle avanzar hasta mi y meterse a la regadera dejando que su cuerpo y el mio rozaran ligeramente en cada movimiento.

—Llevo todo el día deseando esto, no he podido pensar en nada más. Por eso esperé y esperé hasta esta hora. Me toqué como tres veces y no fue suficiente— Giró su cuerpo tomando con su mano mi virilidad que ya se hallaba dura, punzante y caliente. 

Marta apenas llegaba con su tamaño a mi pecho, allí se recostó mientras su mano derecha movía mi falo proporcionando un masaje placentero que enviaba señales eléctricas a todo mi cuerpo. Yo, me había rendido a discutir el asunto cuando la chica entró al baño, o quizás mucho antes. Noches atrás cuando la vi tocarse frente a mi miembro por primera vez. Le había deseado varias veces en silencio, así que esa noche solo me dispuse a gozar el instante sin importarme demasiado las consecuencias, que estaba seguro podrían ser muchas y diversas. 

Tomé su rostro y me incliné para besarle. sus labios eran finos y suaves al roce. Su boca húmeda se envolvía con la mía y pronto el jugueteo de nuestras lenguas comenzó a ser más intenso, más y más. Parecía que Marta tenía sed de aquello. 

Soltó mi dureza y envolvió sus brazos en mi cuello, sujetandose con fuerza, aferrandose a un beso pasional que gritaba el deseo de nuestros cuerpos. 

Al sentarme sobre el muro que en algún instante se construyó pensando hacer una bañera que nunca se terminó, en la ducha. Pude besarla con más fuerza y sujetar su cuerpo. Marta era muy linda, ojos de color casi miel con tonos que no lograba descifrar. Tez clara y rasgos faciales muy bien delineados heredados de una madre que gozaba de un muy buen aspecto. 

Al primer mordisco que perpetré en su boca, Marta reaccionó abriendo sus piernas para sentarse sobre las mías. Se apoyó y descansó suavemente, para luego comenzar a moverse y frotar su pecho contra el mío. Mis manos se movieron desde su cabello, por su delgada espalda hasta su trasero, el cual abarqué en gran medida con mis dedos. No fue difícil ni extraño llegar hasta su zona. La humedad allí era viscosa y resbaladiza. Marta comenzó a jadear entre besos y a mover la cintura de forma frenética ante mi tacto. 

—Siiii, es divino, quiero más Shun. ¿Me darás más?

No pude adivinar siquiera cuántas veces llegó a su clímax antes de que yo despertase de mi ensueño. Se retorcía y detenía para recostarse sobre mi hombro una y otra vez, luego se levantaba y continuaba besandome como si se tratase de un manjar. 

—Esto era lo que yo quería, es distinto, no es igual, ni cercano a solo tocarme. 

Besé su cuello y descendí hasta su pecho, sus senos, aunque sin desarrollar eran suaves y esto era evidente cuando mi lengua acarició su pezón. su clítoris estaba duro y sensible, mi dedo le acariciaba jugando en círculos, o al menos así fue hasta que su respiración se hizo más pesada y comencé a moverles de forma desesperada hasta que su cuerpo se arqueó y sus manos apretaron mi espalda. 

Me levanté y agaché abriendo sus piernas. La besé tiernamente mientras subía. Ella se mostró mucho más sexual que antes. Tomo mi cabello mostrandome una sonrisa maliciosa antes de empujar mi boca contra su sexo desnudo. 

—Me voy a volver loca, esto es muy intenso. diez, no, cien veces más intenso que con mis dedos.

Admitiré que la devoré con ganas, su zona era limpia y libre de vello púbico, suave como sus labios superiores, rosada y tierna. Mi lengua llegó hasta el fondo de su sexo y su clítoris duro fue un manjar que no pude despreciar de chupar y acariciar con mi lengua. Comencé a tocarme mientras hacía aquello, mi excitación era tal que sentía que llegaría en cualquier momento y estaba feliz de eso, no esperaba más ni lo buscaba. El sabor del sexo de la pequeña Marta era sublime y me tenía por las nubes. Fue entonces que marta tomándome del cabello me retiró de su entrepierna luego de pasados casi diez minutos en mi labor. Se paró de donde estaba y buscó de tomar mi miembro nuevamente con sus dedos. 

—Estoy en mi límite— admití ante ella. 

—Todavía no he hecho nada, pero es bueno que estés así— Bajó su cabeza y una sensación caliente y suave cubrió mi circunferencia, primero todo mi glande palpitante e hirviente. Posterior parte de mi miembro. Su boca quedaba llena con mi pene, la sensación que me brindaba fue la gloria. Ella comenzó a bajar y a subir como una experta chupando con fuerza la punta una y otra vez. Me corrí en su boca temblando. Descargué con ímpetu en su lengua. 

—Sabe muy fuerte, igual que la otra vez. Hace que tenga ganas de más— Siquiera noté que ella se hallaba tocando su vagina con sus dedos. Se recostó un poco hacia atrás en el suelo del baño y me dejó ver como se daba placer a sí misma. Finalmente introdujo dos de sus dedos y dejó escapar un chillido leve antes de que sus piernas temblaran. 

—Fue muy rico todo esto— Admití notando que el agua caliente aún caía sobre nosotros. 

—¿Fue? Yo todavía quiero más— Abrió con sus dedos su vagina rosada que escurría un líquido cristalino lechoso. 

—Eso es…

—No creo que tenga muchas oportunidades de esto. Quiero sentirlo— Marta hundió sus dedos nuevamente y se dirigió hasta mi miembro. Yo la miré con algo de temor levantándome para sentarme en el muro. ¿Acaso era insaciable? Creía uqe esto era su primer acercamiento al sexo ¿Cómo podía ponerse así? Importaron muy poco mis pensamientos. Ella metió mi miembro aún semen en su boca y comenzó a succionar nuevamente. No tardé en ponerme erecto, ello debido a la situación y el movimiento de su trasero cada vez que movía los dedos en su interior—Lo vas a hundir en mi. Me harás tuya esta noche— Tragué saliva ante sus palabras— ¿Me deseas?

—No tienes idea de cuanto— Respondí cuando ella se sentó de espaldas a mí en mis piernas con sus piernas abiertas. La punta de mi miembro entonces tocó el agujero de su vagina, y la observé sentarse lentamente sobre este. Apretó sus manos contra mis piernas y descendió hasta que la mitad aproximadamente de mi falo se hallaba en su interior apretàdo y húmedo. Yo aguardé tranquilo sin moverme, líquido rojo bajó hasta mis piernas y se borró rápido debido al agua cayendo contra nuestros cuerpos. Esperé paciente hasta que ella estuvo cómoda con comenzar a moverse por su cuenta.

Los primeros movimientos fueron lentos. Luego giró su cabeza para besarme nuevamente y nuestras lenguas chocaron. El éxtasis llenó nuestros cuerpos y comencé a embestir su vagina con movimientos rítmicos. 

Desde mi posición observaba su trasero pequeño y mi miembro entrando en su sexo humedo una y otra vez. pasé los dedos hasta su pecho y jugué con sus pezones mientras nos besabamos. 

—Si, ahora se siente divino. No quiero pensar en nada más que esto. ¡Bésame!— Exigió y yo acaté moviendo mi cintura contra ella. se hallaba abierta y expuesta mientras la penetraba con más fuerza cada vez. 

Sentí el limité de su interior y choqué contra este varias veces con mi glande. La sensación de sacar mi miembro era exquisita pues su interior me succionaba, luego al penetrarla nuevamente chocaba contra su punto más profundo con la punta de mi glande y aquello me llenaba de placer. 

—Estás muy apretada— Comenté cuando ella tomaba mi cabello y atraía mi lengua contra la suya. 

—Dame más duro, el sexo es divino, quisiera hacer esto todo el tiempo. 

Ninguna objeción ante su petición. La rellené y embestí tantas veces como pude. Sentí el calor de su cuerpo ante nuestra lujuria y su deseo contra mi hombría. Eyaculé fuera de ella luego de verla gemir y abrir la boca de placer. 

El proceso posterior fue breve. Terminamos de ducharnos juntos en un ritual de limpieza silencioso pero juguetón. Nos reímos y besamos un par de veces antes de terminar acostándonos a descansar. No comprendí en qué instante se dieron las dos y media de la madrugada, pero poco me importó.

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