XXIV

Probablemente era trampa. Había jugado edge desde la consola portátil los últimos días por la noche, especialmente porque llegaba muy cansado y deseaba despejar la mente de las incursiones en el exterior. Eso y por el alto contenido de gore que llamaba mi atención. 

Por esa causa cuando llegaron al tercer stage, donde la recàmara circular se cerraba dejándote enjaulado con una criatura monstruosa y quince veces más grande que el protagonista. Yo tuve ventaja para ganar la batalla, en especial porque lo ideal era no luchar y solo resolver un puzle mientras esquivaba los ataques del enemigo. Gina fue la mejor justo después de mi, a pesar de que poseía mejor capacidad motriz y de coordinación, yo había permitido que muriese gran cantidad de veces antes de demostrar la solución a dicha encrucijada. La ventaja fue muy grande para acortarse

Me senté sobre el sofá con suficiencia observando a las chicas. Gina trataba de superar mi score aunque la cantidad de vidas gastadas era bastante superior a la que yo utilicé. Marta se sentò a mi lado, mientras que Carol me miraba indignada desde el otro extremo del sofá. 

—¡Es trampa, ya habías jugado este juego!— Se cruzó de brazos Carol.

—No lo había jugado, pero sí sabía sobre el juego— Comenté mintiendo. 

—¡Es mentira! Sabías exactamente donde estaba la gema azul para poder moverte por ese nivel. 

—Solo vi cuando jugabas que caíste en ese agujero, y cuando Gina jugaba que necesitaba girar tres veces antes de poder descender, solo junté todo. 

—Estás mintiendo, está mintiendo Gina— Carol se dirigió a mi hermana. 

—¿Vas a querer que me bañe contigo?— Me susurró Marta al oído. 

—Quizás, pero sabes que habrá peligro de que nos vean— Le contesté al oído de regreso. 

—No pienso usar lencería por toda una semana, veinticuatro horas, no más Shun. Además que estoy segura hiciste trampa en este juego. 

—Yo no dije que era lenceria lo que debían usar. 

—¿Qué? ¿qué planeas hacerme usar?— Preguntó Gina— No me voy a poner nada estúpido ni vergonzoso. 

—¿Prefieres usar algo de lencería antes que algo vergonzoso?— Preguntó Carol. 

—¿Qué? ¿No te gustaría verme en una linda lencería negra?— Preguntó Gina levantándose para llevarse las manos al pecho como si modelase, Carol se colocó de varios colores y quedó callada. 

Me levanté y busqué en la habitación lo que deseaba. Lo tenía guardado en la gaveta junto a las armas, tres dildos de diferentes formas y una jeringa. Mismo escritorio al cual solo teníamos acceso Samantha y yo. 

Mónica se hallaba leyendo su novela sobre la cama, me provocó lanzarme sobre ella y tomarla para mí por un breve momento. Pero había disfrutado de un delicioso oral de su parte en horas de la mañana. 

—¿Cómo va el libro?

—Mataron a Charles, pero el asesino debe estar entre Jolie, o su hija. Está confuso, no he podido parar. Luego de que hicieron el salto de tiempo, todo ha sido mucha acción, básicamente no han parado. 

—¡Oh! supuse que Charles no iba a morir. 

—¡Lloré al verle morir, es muy joven!

—Claro— Me retiré de la habitación alegre de verla tan animada. Mónica había sufrido un cambio que no solo se podía observar en aquella ropa tan provocativa, con los shorts extremadamente cortos y las blusas sin ropa interior por debajo. Su ser completo era mucho más alegre, cambió su hábito de encerrarse a llorar por leer novelas y preparar dulces de limón (que a mí no me gustaban, pero las chicas parecían disfrutar). 

—¿Y bien? ¿Qué tienes allí?— Preguntó Carol. Yo miré a las tres y entregué a cada una un pequeño huevo de plástico. Un vibrador a control remoto, cuyo mando obviamente se encontraba en mi posesión. Carol observó la pieza de color rosado con los ojos abiertos de par en par. Gina en cambio lo guardó rápidamente en su blusa mientras que Marta lo examinó lentamente y me sonrió con picardía. 

—Sabía que sería algo pervertido. Solo en eso ocupa su mente Shun— Carol detalló el objeto arrugando la boca— Supongo se supone va allí. 

—¿De verdad esto servirá? se podrá— Marta bajó su mirada hasta su entrepierna— Sentir…

—Es la idea, les dará algo con qué jugar— Expliqué. 

—Pero el control remoto lo mantuviste tú— Observó Gina. 

—Es mi cuota de diversión, las torturaré cuanto quiera por veinticuatro horas. Es mi ganancia. 

—Suena como algo muy bueno— Comentó Marta. 

—Suena como algo enfermo— Rectificó Carol— Aunque puede ser divertido, un poco, quizás— Se retiró con el pequeño juguete en la mano. me pregunté si lo probaría al instante, pero no llegó a salir en los siguientes minutos. 

—No pienses en activar esta cosa mientras dormimos— Comentó Gina. 

—No sé, puede ser una buena idea— La mayoría dormíamos ahora en una misma habitación en dos camas matrimoniales que se hallaban juntas entre sí. Comenzaba a resultar incómodo, pero no había mucha opción en la inmediatez de tiempo. las cosas por hacer se acumulaban y  el tiempo se reducía notablemente. 

—Si lo haces le levantaré solo a patearte las bolas Shun, me gusta dormir tranquila. 

—Claro— Repuse con algo de sorna. 

—¿Qué tan intenso es esto?— Preguntó Marta, pero yo no tuve respuesta para aquello. Notaba que la ducha continuaba abierta y Natalie tardaba bastante en salir del baño. Me dió suficiente tiempo para moverme hasta la habitación, cambiarme y colocar un paño alrededor de la cintura para esperar que ella saliera. 

Dejé que sus ojos recorrieran mi cuerpo cuando nos encontramos en la puerta del baño solo en toallas y procedí a tomar mi merecido baño. 

Nadie debería subestimar el poder de la comodidad que brinda la tecnología y la época moderna. Un simple baño con agua caliente, jabón de olor y energía eléctrica a tu alrededor para brindarte una buena visión de tu periferia hacen que el cuerpo se relaje a un punto sin igual. No es algo que yo me inventase mientras el agua recorría mi cuerpo, era algo que iba transmitido en nuestros genes desde generaciones atrás. El olor y el agua caliente diciéndole al cerebro que te encuentras en un ambiente con suficientes recursos, y la iluminación indicando que te encuentras seguro sin peligros a tu alrededor. 

Activé un par de veces los vibradores, pero no llegué a saber si surtió efecto en alguna de las tres, y me quedé dormido. 

Desperté con el calor del abrazo de Samantha recostada sobre mi, me levanté sintiendo que quizás un par de horas más de sueño no harían ningún daño. Algo que habría hecho de buen gusto, de no ser porque ese día detonaría la roca sobre la entrada principal y debía acomodar la puerta de metal. Para ello trabajaría junto a Jessica, a quien le colocaría el traje de Samantha, ello porque la mujer sabía cómo soldar, algo que según aprendió de un tío. Yo guardaba mis dudas, pero no sabía como hacerlo por mi cuenta, así que lo mejor era confiar y buscar que todo saliera lo mejor posible. 

—Despertaste temprano— Marta llegó hasta mí para abrazarme. Llevaba una pequeña bata de dormir y la forma apenas desarrollada de su cuerpo era casi visible a pesar de la tela. Se mostraba tan cercana a mi que resultaba increíble que un par de meses atrás apenas cruzamos palabras en un par de ocasiones, algo que había sido así desde mis catorce años, cuando dejé de jugar con Gina y su grupo de amistades por la diferencia de edad, intereses y mi entrada a la secundaria.

—Será un día bastante atareado— Respondí colocando mi camisa a pesar de la mano delicada de ella sobre mi abdomen. En ese momento se me ocurrió una idea, pasé la mano a mi bolsillo y active el primer nivel de siete, de los vibradores. Pude notar como las piernas de Marta temblaron, su mirada se elevó y luego me dedicó una lenta sonrisa. 

—Eso se siente bien. 

—¿Verdad? Vamos, hay que ir a comer— Comenté saliendo de la habitación mientras veía a Samantha despertar. Pasé brevemente por el baño solo a cepillarme los dientes y rociar algo de agua contra mi rostro.

Jessica se levantaba de la mesa mientras que Natalie servía un plato de emparedados sobre la mesa, Gina por su parte se retorcía sobre la silla de madera. Ya sabía yo que estaba sucediendo por su cuerpo, la corriente recorría su espalda y no permitía que sus sentidos se concentraran en lo que Natalie decía frente a ella. 

—Pensé que hoy te quedarías con nosotras, son veinticuatro horas nada más que tendrás— Comentó Marta a mi lado adelantándose un poco. 

—Tengo trabajo, tal vez no lo planee muy bien anoche— Me lamenté de mi error cuando llegué a la cocina y di un beso y un abrazo a Natalie desde la espalda. Luego pasé al estante para buscar la bolsa de cereal y la leche en polvo. 

—¿Vas a estar haciendo lo de la roca hoy Shun?— Preguntó Natalie— Encontré una buena película. 

—Podemos verla— Comenté mientras veía como Gina recostaba la cabeza contra la mesa y su mano derecha se dirigía por debajo de la mesa a su zona. Marta por su parte la veía con una amplia sonrisa, también parecía estar disfrutando, pero no se hallaba sumida en la locura. Solo por eso metí la mano en mi bolsillo y subí al tercer nivel. 

—¿Te quedará tiempo hoy? 

—No sé, hay que volar eso, quitar los escombros y ver si la puerta tiene reparación. Pero Jessica va a estarme ayudando— Quizás podamos terminar antes de que caiga la noche. 

—No deberìas dejar a una mujer esperando para ver una película— Samantha llegó para dar un beso a Natalie en la mejilla y señalarme a sus espaldas el enorme trasero, al cual dio una palmada antes de tomar un emparedado. 

—Sabes bien que debo hacer eso.  Si lo retraso va a ser una locura después— Comenté de la mejor manera para no decir que nos moriríamos de hambre si me retrasaba. 

—¿Te pasa algo?— Preguntó Natalie viendo a Gina recostada sobre la mesa. 

—Tengo sueño— Respondió entrecortado la menor. Yo me senté en la mesa observándola tranquilamente dando el primer bocado a mi taza de cereal. Marta caminaba a duras penas y me pareció se mostró aliviada cuando logró llegar a la mesa para comer a mi izquierda.

Mónica por su parte llegaba a la mesa con una enorme sonrisa de oreja a oreja— Terminé el libro— Comentó antes de darme un suave y generoso beso en los labios. Yo respondí tomando su rostro y hundiendo mi lengua para que el roce nos dejase el sabor del otro. 

—¡Mónica!— Reaccionó Natalie abriendo los ojos al tiempo que se sentaba en la mesa con un plato de huevos cocidos. 

—Puedo besar a mi hombre cuanto quiera— Rezongó la otra moviéndose hasta el mesón para traer un par de tajadas de pan adicionales y sentarse a mi lado derecho. 

—¿Ahora es tu hombre? Hasta donde recordaba era mi hijo— Respondió Natalie. 

—Pues yo soy la que disfruta del “armamento” de Shun— Sonrió con picardía mientras pasó su mano izquierda por mi pecho, descendió a mi abdomen hasta mi dureza, que se hallaba bastante abultada por diferentes estímulos visuales, en especial por el rostro de éxtasis de Gina— Además no puedes ser tan santa, esta cosa enorme merece cariño y amor constante— Yo estaba a poco de decir algo, pero su mano se movió por debajo de mi pantalón y palpó directamente mi miembro. 

—¿Estás haciendo lo que creo que estás haciendo Mónica?— Mi madre casi se levanta de la mesa, alzó la voz y arrugó el entrecejo mirando con rabia a su hermana menor— ¡Shun, di algo!

—No puedo quejarme Nat…— Respondí. 

—Lo está disfrutando, sería un tonto si llegase a quejarse— Rió Samantha— Tranquilizate— Pasó la mano por el hombro de Natalie antes de sentarse a su derecha— No veo que le estén haciendo daño a nadie, sin contar que tiene razón ¿No has visto la enormidad que tiene Shun entre las piernas?

Comer mientras que Mónica rodeaba mi glande con sus dedos era imposible, una de mis piernas temblaba mientras que el placer iba subiendo por todo mi tronco e inundando los sentidos.

—¿Qué? No dije que nunca lo viese, admito que Shun nació bien dotado, pero, ¿Y las chicas?— Preguntó Natalie, pero la respuesta de Marta fue encogerse de hombros mientras que Gina no reaccionaba recostada sobre la mesa. 

—Nadie es santo aquí, te aseguro que esas dos han visto más porno, que tú pollas. 

—No es el punto, estamos en la mesa, y al menos deberían guardar algo de respeto frente a los demás. 

—Serás…— Mónica se vio interrumpida por Carol, quien salía de la habitación junto con Nicole y se quedaba detenida justo en la puerta mientras que la otra se movía rumbo al baño. 

—¡Shun!— El grito se dejó escuchar por todos, en la mesa, giramos nuestros rostros para ver lo que sucedía, aunque ya yo me hallaba bastante consciente de lo pasaba justo en su entrepierna temblorosa. Carol mordía sus labios y parecía a poco de derrumbarse, cosa que me pareció bastante divertida de ver, en especial porque nunca le observé con tal expresión previamente. Por eso pasé la mano derecha a mi bolsillo y pasé del tercer al sexto nivel de inmediato— ¡Tú….! Se derrumbó, cayendo de rodillas contra la puerta ante la vista de todos. 

Natalie se levantó de pronto de la mesa— ¡Carol! ¿Qué te pasa?— No hubo respuesta, tampoco notó como Gina arqueó su cuerpo y relajó su cuerpo para abrir sus piernas debajo de la mesa. Marta no dudó en darse ayuda con su mano mientras su vista se clavaba en mi entrepierna que todavía recibía un suave masaje de parte de Mónica. 

Samantha por su parte me dedicó una mirada inquisitiva, a lo cual yo sonreí permitiéndole comprender la situación— Sientate Nat— Samantha se levantó— Deja que sea yo quien le de una mano a Carol— Comprendí sus intenciones al ver como pasó la lengua por todos sus labios y se acercó de forma sensual hasta la chica, la tomó de la muñeca y llevó adentro de la habitación. 

Subí al último nivel. Gina entonces dejó escapar un suspiro y se derramó nuevamente sobre la mesa. Con esto me levanté de la mesa, no porque no me gustase el cariño de parte de Mónica, sino que comprendía que ella estaba a poco de sacar mi miembro allí frente a todos y yo no sabía cómo mantener esa situación bajo control. Preferí tener el control antes de dejarme llevar por la lujuria del instante y arruinar todo a la larga. 

—Hola— En la puerta de la tercera habitación se encontraba la niña desconocida de pie junto a Jessica— ¿Hay comida?— Preguntó con pena en su rostro.     

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