XXIII

A pesar de lo tarde que se tornaba, preferí trabajar en el interior de la casa, ello mientras podía pensar sobre lo sucedido y el mensaje de texto enviado desde el teléfono de Susan. Por una parte me hallaba un poco feliz de pensar que Susan estaba viva, era alguien que me gustaba y a quien le tenía mucha estima, y quizás también una gran cantidad de deseo sexual. Pero por otra parte era obvio que se hallaba con otro grupo, y fuese cooperando o no con este otro grupo, pues yo no deseaba mezclarme. 

Me hallaba además consciente de que si hablaba con Samantha o Natalie, las opiniones iban a ser muy semejantes, mantenernos en cautela y procurar no mezclarnos con algún grupo como ese. Y no podía negar que tenía sentido y mi instinto me decía que ese era el mejor plan a seguir. Era ya afortunado que el primer grupo, que se hallaba en el puerto, fuese desalojado de la zona por una tercera parte que les bombardeó, pero no podía esperar que eso sucediese siempre. Debía resguardar a los míos y centrarme en las cosas que podía hacer desde mi espacio. 

La limpieza del bunker y otros detalles menores eran llevados a cabo por Natalie, Jessica y Mónica. Mi labor en cambio era buscar mejoras para el bunker y opciones sobre cómo alimentarlos a todos. Esto último era mi mayor preocupación. Tenía un plan en mente que podía ejecutar incluso desde el bunker, pero llevaba mucho trabajo y en especial tiempo. Y el tiempo era de lo que yo menos disponía en ese momento. Las reservas de comida se agotarían tarde o temprano, y mis opciones eran desarrollar y pescar, mudarnos, o morir. Así de drástica era la situación. 

Natalie era quien me acompañaba esa noche viéndome desde cerca mientras yo instalaba el calentador de agua eléctrico en la parte de afuera del baño. El proceso era simple, instalar el aparato en la pared, tener una toma de corriente cercana donde conectar la energía y un lugar por donde pasarán las tuberías de agua. Rompí la pared en una sección donde corté la tubería y conecté para que el agua corriese por el calentador, algo simple en teoría, pero difícil de hacer para que el agua no escape por cualquier lugar. Para ello se debe usar teflón, que es una especie de cinta de goma que funciona como aislante, o goma de cualquier tipo, incluso líquida. Esto para evitar que el agua escape. 

Yo en mi poca experiencia hice un desastre de goma y cubrí la tubería en tanta goma como pude, al menos hasta que el agua dejó de brotar y regarse por todo el suelo. 

—¿No te cansas? Siento que nosotras solo exigimos y exigimos cosas hun— Me comentó Natalie en un tono suave desde atrás. Yo sabía que ella tenía esta preocupación desde hace días. Lo había mencionado a Mónica y Samantha. 

—Pues físicamente si me canso, pero…— Pensé en lo que diría, debía colocar mis emociones y deseos de lado y expresarme lo mejor que pudiera para que ella no sintiera presión— tampoco tengo mucho más que hacer. Todos estamos poniendo de nuestra parte. 

—Pero tú más que nadie, siento que somos una carga. 

—Deja de pensar en eso, yo no creo que sean una carga. Hay cosas que yo no hago, ejemplo tengo semanas enteras sin cocinar, y apenas he ayudado barriendo un par de veces, o fregando los platos. Incluso Samantha es quien se ha encargado de sacar la basura del bunker. 

—Pero arreglaste el baño, has traído comida, nos defendiste de aquellos hombres, arreglaste la electricidad, revisaste y desinfectaste de radiación el agua y el búnker, trajiste a la niña, y ahora el calentador de agua.

—¿Cómo está la niña? ¿Ha dicho algo?— Busqué cambiar el tema de la conversación. No podía decirle que hacía las cosas con obvias intenciones de sobrevivir e imponer mi dominio. Aunque esto fuese algo obvio e iba sucediendo de forma gradual, Natalie se habría quejado si lo exponía de forma evidente.

—No ha dicho nada, no quiere hablar con nadie, solo preguntó por su madre como treinta veces y luego pidió la caja que trajo, la agarró y no la ha soltado. 

—¿Le dijiste algo? 

—No ¿Cómo le iba a decir algo? Debe tener como ocho o diez años ¿Cómo le digo que su madre murió salvándole? Hay que tener un poco de tacto, se dará cuenta bastante pronto, pero mientras más tiempo pase, el dolor será más fácil de llevar. Por cierto, estás seguro sobre la madre ¿Estaba muerta? 

—Muy muerta, no solo tenía la cabeza destruida, la pared le cayó encima y había una parte del cuerpo que le atravesó una línea de metal. 

—Que horrible, no sé como hay gente sin corazón que bombardea a tanta gente de ese modo. 

—Pues supongo que lo hicieron por las armas que había allí, era algo militar, no sabemos qué hacían esas personas allí en el puerto. 

—Igualmente, había personas inocentes allí. Quien sabe cuantos murieron allí. 

—Quien sabe ¿no ha dicho su nombre?— Pregunté, Natalie por su parte negó con la cabeza mirando en dirección a la habitación donde se hallaba la niña. Jessica vigilaba aquel lugar junto a Daniel, quien preguntaba por la pequeña de forma constante. Por fin había alguien en casa que era casi contemporáneo con él. 

Daniel era muy pequeño, con apenas nueve años gustaba de los videojuegos y el fútbol, pero, a pesar de poder jugar en la consola portátil o ver películas, no había nadie con quien interactuar de forma directa. Carol, Gina y Marta eran un grupo aparte de solo ellas tres, y luego estaba yo, quien a veces le saludaba o jugaba una partida de kart, pero nada más. Jessica por otra parte se preocupaba porque comiese o se duchase, pero hasta allí llegaban sus pensamientos como madre. Algo que provenía desde el hecho de que el pequeño siempre tuvo una nana que se encargaba de su bienestar. Con el incidente, la figura de nana dejó de existir y Daniel probablemente se sentía a la deriva en un mundo caótico donde podía jugar, pero no había nadie con quien compartir mucho. 

—No ha dicho nada, se lo pregunté, es muy incómodo llamarla solo niña. Al menos recibió el plato de comida, técnicamente lo devoró. Creo que de hecho quería más, pero no pidió nada. 

—Quizás debamos dejarla descansar por hoy, ya mañana nos sentamos a ver con quién desea hablar— La niña despertó un par de horas atrás. Probablemente estaba bastante confundida y en shock por tantas cosas que sucedieron. Solo me preocupaba tenerla vigilada, pero para eso estaba Jessica. Aquella era la única labor que debía realizar en ese momento. Cuidar y avisar si la niña realizaba cualquier movimiento. 

Me concentré en ajustar bien la tubería que dirigía el agua a la ducha, si tenía botes no solo el piso y la pared se llenarían de agua creando un gran desastre, sino que además el goteo podría dañar la estructura del bunker y crear daño irreparable. Una de las bases principales se hallaba muy cerca. Había estudiado un poco las paredes del lugar, algunas eran mucho más resistentes y gruesas que otras. 

—¿Mañana qué quieres comer? Queda un par de filetes de carne de lo que corté en estos días. 

Natalie buscaba consentirme últimamente, aquello me hacía sentir un poco mal. Mi cabeza se hallaba en poder hacer que la comida rindiese lo más posible— Podría ser más carne en salsa. 

—Sé lo que intentas hacer Shun, pero a veces necesitas tener un lujo, algo que te haga sentir bien y que el trabajo que haces vale la pena. Eso te hará sentir mejor y con más energía— Refunfuño ella cruzando los brazos. 

—¿Queda suficiente cerdo?

—Si, hay suficiente para algunos días. 

—Me gustaría algo de cerdo asado, con algo de arroz quizás— Comenté. 

—¡Listo!— Respondió dando un aplauso bastante animada— ¡Mañana prepararé un buen cerdo asado! espero que hagas lo que hagas allá afuera mañana, tengas tiempo de entrar y comerte tu comida mientras está caliente. Tampoco es bueno que estés dejando que tu comida se enfríe. 

—Igualmente la calientas cada vez que voy a comer.

—Eres el hombre de la casa, calentarte la comida es algo que al menos mereces, si estás ocupado todo el día haciendo cosas. 

—Bajaré a comer el cerdo— Apreté lo más que pude la tubería y luego me dirigí hasta la zona del tanque de agua para abrir la válvula de agua y regresar. Natalie me esperó bastante tranquila sentada frente al aparato. Afortunadamente, al quinto intento el bote de agua dejó de existir. Aunque el suelo era una locura de barro, agua y pedazos de la pared que rompí. 

—Yo limpiaré eso con Mónica.

—Calma, igual quiero esperar un momento a que esto se seque para poder probar el agua caliente. 

—Estoy emocionada por poder bañarme con agua caliente. Se que fue egoísta de mi parte pedirlo— Comentó levantándose para darme un fuerte abrazo. Yo pude sentir su zona delantera contra mi pecho, con una sensación suave, caliente y agradable. Me relajé en su abrazo durante un instante, la rodeé en mis brazos y luego le brindé un suave y dulce beso en la mejilla, muy cerca de los labios. Natalie se separó y abrió los ojos viéndome con el rostro colorado. Se retiró sin decir ninguna palabra sobre aquello en búsqueda de la escoba, pala y trapeador para recoger el desastre. 

Esperé casi unos veinte minutos, distraído en las curvas de Natalie que limpiaba.

Posterior a ello conecte el calentador a la energía eléctrica para probarle y me dirigí a la ducha con calma. Las chicas estaban en la puerta arremolinadas esperando un veredicto y luchando por quien se bañaría primero con el agua caliente. Samantha fue la ganadora luego de vencer en siete rondas seguidas de piedra papel o tijeras, seguida de Natalie, mi persona, Marta, Mónica y el resto. 

Por tal motivo solo procedí a cambiarme de camisa y a esperar a que el resto tomase sus respectivos turnos para poder ducharme e irme a descansar. 

—Los perdedores no tienen acceso al sillón por veinticuatro horas, es la regla— Comentó Carol cuando vio que planeaba sentarme junto a ellas. 

—¿Es en serio?— Pregunté. 

—Es la regla, no tiene sentido apostar si no vas a cumplir tu penitencia— Expuso mi prima, a lo cual debí levantarme. Ciertamente el día anterior había perdido en una de las partidas mientras apostamos— No te sientas mal, dentro de una hora puedes venir de nuevo a jugar, siempre y cuando estés dispuesto a apostar nuevamente.

—Es trampa si eligen un juego donde tienen un score de noventa y nueve por ciento de perfección. En cambio si tomamos un juego que ninguno de nosotros juguemos, tendremos una mejor balanza sobre la cual estudiar quién es el rey de la consola.

—O del sofá— Comentó Marta. 

—Pero el único juego que ninguna juega sería “edge” y es bastante pesado de pasar, te matan casi que a cada paso que das— Apuntó Gina. 

—Pues entonces juguemos “edge” y veamos que tan buenos somos contra los espectros— Arreglé a decir. 

—Es muy injusto comenzar el juego apenas con una navaja, el monstruo de la hoz nos rebana sin siquiera acercarnos. ¿Qué vamos a apostar esta vez? se me ocurre dejarte sin cama durante todo un día. 

—A mi se me ocurre una apuesta mejor, quizás probar algo— Comentó Marta con picardía. Yo me quedé observándola. Poco a poco dejaba de parecerme solo una chica de trece cuyos senos comenzaban a desarrollarse. Su búsqueda de acción era intrigante y excitante en gran medida. Podía verla metiéndose a la cama en las noches para acercarse o tomando a Gina para ver porno por las noches. 

Cada paso que Marta y Gina daban en esa dirección me dejaba con curiosidad y pensamientos muy comprometedores. Hubo algún punto donde la idea de que eran solo niñas dejó de importarme o parecerme absurda. Y aparentemente con ellas sucedía algo bastante similar, en especial con Marta, quien se mostraba más interesada cada día y lanzaba indirectas a cada rato. 

—Si gano quiero que las tres usen algo.

—No voy a andar por la casa con un short tan corto como mi madre— Apuntó Carol señalando a Mónica que se movía de la cocina a una de las habitaciones con un libro de asesinatos en la mano. Llevaba un par de días en ello. 

—No me refiero a un short corto, me refiero más a algo que se supone nadie más debería saber que llevan— Comenté con una sonrisa. 

—¿Ropa interior? Puedo jugar con algo así ¿Qué ganamos nosotras si vencemos? 

—¡Oye! Solo cumpliré con la que gane, no es justo que si cualquiera de las tres gana debo cumplirle a todas— Me quejé. 

—Un favor— Expresó Gina. 

—Algo que quiero— siguió Marta. 

—Un día sin poder usar su cama— Sonrió Carol.

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