XXII

Los siguientes días fueron ocupados por diversas tareas, mi principal relajo era llegar a casa donde podía tocar a Samantha y Mónica cuanto quisiera. El resto del tiempo se hallaba ocupado por cosas que debía hacer de forma inmediata, o tareas que tenía pendiente.

 Natalie, Mónica y Nicole se dedicaban de forma seria en el cuidado y atención de la pequeña niña quien todavía permanecía dormida. Sus quemaduras alrededor del cuerpo eran bastante serias y poseía daños en diversos tejidos. Nicole me solicitó un pequeño equipo de laboratorio, una máquina que hacía que las muestras de sangre giraran y un par de probetas y otros implementos. Debí viajar recorriendo media ciudad devastada, buscando entre los antiguos laboratorios para hallar lo que esta necesitaba. 

No entendí el uso de aquellos implementos, pero después de hallarlos Nicole se dedicó a realizar test de sangre a todos los integrantes del bunker. Aparentemente nos hallábamos sanos, pero la niña sufría de una seria desnutrición y daño a nivel del estómago. Mónica necesitó dar sangre a la pequeña y quedamos a la espera de su despertar. 

Así descubrí diversos lugares, incluyendo una reserva de carne que no se hallaba totalmente perdida, obviamente esta necesitó ser limpiada con vinagre y cortada para separar secciones que se hallaban en descomposición. 

Yo comencé a salir por casi todo el día junto con Samantha. La actividad a nuestro alrededor se redujo bastante. Logramos llegar hasta el puerto, este se hallaba destruido casi por completo, sin embargo, a pesar de aquello pudimos apreciar pedazos de metal y armas destrozadas en todos los alrededores. La cantidad de balas fue suficiente para llenar nuestras arcas, al igual que un fusil que samantha halló entre los escombros. No supe identificar el arma como tal, pero lucía bastante intimidante, aún más en la espalda de mi hermana. 

Había sobrevivientes, pero la mayoría se encontraba en estado deplorable y resultaban violentos. En la desesperación por comida o medicinas se lanzaban contra nosotros. Así el tercer día de nuestras salidas Samanhta debió arrojar un par de bombas irritantes que fabriqué mezclando cloro con alcohol, esto creaba cloroformo, que, al ser arrojado un área con una frasco de vidrio causaba mareos, vómitos, dificultad para respirar y daño en el sistema nervioso. 

También poseiamos algunas más leves con cloro y vinagre que formaban gas cloro y ácido peracético. Esto causaba irritación en los ojos y dificultad para respirar; era bueno para escapar. Y por último, un par de bombillos con una simple mezcla de bicarbonato de sodio y vinagre, que mezclados y colocados en un espacio cerrado causaba una leve explosión. Perfecto para aturdir y causar daño en un área, sin contar que era extremadamente peligroso llevarlas en frascos de vidrio, por lo cual optamos por botellas gruesas del mismo material, mismas que antes usaban para gaseosas. 

Posterior a eso los grupos de personas se acercaban a nosotros pero con precaución. No se veía bien la situación, algunos de ellos tenían heridas tan graves que probablemente no durarían, todo era cuestión de tiempo. Si, hubo niños entre ellos y los cuerpos que conseguimos los días posteriores. Samantha los observaba con pesar, pero no era viable llevarlos y salvarles a todos, ya que dentro del bunker teníamos bastantes problemas. 

Aquella tarde en particular nos hallamos buscando pólvora en grandes cantidades, lo cual era en extremo difícil, puesto que esta debía hallarse seca y los almacenes de fuegos artificiales de mi ciudad eran escasos. Ninguno dentro del bunker sabía cómo preparar un explosivo, pero la pólvora arreglaba todo el asunto. 

Los fuegos artificiales generalmente al abrirlos están compuestos de una carátula de cartón o plástico muy fino, seguido de una zona superior donde puede haber distintos tipos de químicos y aditamentos. El aluminio, azufre y otros brindan colores al momento de estallar y esto era la parte bonita del explosivo. Sin embargo, en la parte inferior de todo fuego piroténico hay una gran cantidad de polvo negro. La pólvora. 

Hasta ese punto todo se encontraba bien. La siguiente interrogante era ¿cuánta pólvora necesitaba para estallar una roca enorme? No tenía la menor idea. Solo había perforado agujeros en su superficie y pensaba llenarlos del polvo, presionado para compactar y colocar una delgada línea, o cordón bañado en gasolina para activar la explosión desde lejos. 

—¿Y qué dice? 

—Sigue viajando al sur, pero ahora su grupo es mucho menor, aparentemente murieron algunos por radiación y otros fueron tomados por los militares— Respondí dando el estatus de los mensajes que compartí minutos atrás con mi tía Juliette.

  —¿Por qué crees que los militares están tomando gente? 

—No sé, siquiera creo que se trate de los militares, podría ser casi cualquier grupo armado. 

—La pregunta es la misma, esto no parece ser una batalla donde necesiten gran cantidad de personas luchando. me parece más una guerra bastante rápida donde todo se fue a la mierda.

—Pues si todo se fue a la mierda, tiene sentido que formen grupos fuertes y armados grandes. Es como se fundaron las primeras ciudades y dinastías— Respondí al tiempo que enviaba otro mensaje a mi tía. 

—¿Crees que no queda gobiernos en pie?— Samantha tomó otras veinte bengalas y las arrojó a la carretilla donde apilamos los materiales.

—Deben haber algunos todavía en pie, pero ¿qué tanta respuesta pueden dar actualmente? Pueden invadir para tomar recursos, pero será difícil atender a la población de estos lugares, sin contar que la radiación ya es un problema serio. 

—¡Puta madre!— Samantha me señaló a una cabeza degollada de una mujer, llevaba algo de tiempo de descomposición, los ojos saltaban como pelotas de tenis fuera de sus cuencas— Al menos ya sabemos de dónde viene el maldito olor asqueroso. 

—Se ve asqueroso. 

—Si me muero shun, por favor que siquiera me entierren. 

—Claro, junto a tu dildo— Comenté en sorna. 

—No seas tacaño, siquiera busca un grupo de juguetes, si me voy al menos que me mantenga entretenida del otro lado. 

—Golosa, yo pensando en grupos armados y tú en cómo gozar en el más allá. 

—Hay que verle la parte buena al asunto. No me agrada la idea de morir, menos así, no debe ser lindo ser decapitada. 

Guardé silencio, tenía mucha razón en ello, quizás me estaba volviendo un poco insensible sobre el asunto. Había visto tantos muertos y vísceras esparcidas los últimos días, que no reparaba en pensar sobre aquello. Samantha y mi familia por otra parte parecía muy alarmada con el asunto, mi hermana bajó con varias fotos desde el celular, todos estaban devastados ante el desastre y las ruinas que quedaron por la ciudad. Natalie lloró un buen rato cuando se notó en una de las fotos a una persona quemada hasta la carbonización. Jessica por su parte apenas observó las fotos y tiró lejos el celular, aparentemente la visión del exterior no era de su agrado. 

—¿Pensaste en qué harás con Natalie o con Gina y Marta? 

—Tengo un plan con Gina y Marta, parecen bastante curiosas sobre el sexo, creo que es buena idea lo que sueriste de enseñarles un poco. Busqué un par de vibradores pequeños el otro día. 

—¿Cuando revisamos la sexshop? 

—Si. 

—¿Ya se los entregaste?

—No, ayer estaba cansado después de que llegamos. 

—Yo siento que gastamos demasiadas horas afuera. Cuando llego a casa estoy que me muero de cansancio, solo quiero comer y dormir.  Pero deberías pensar muy bien qué hacer con Natalie. 

—No dije que no estuviese pensando en ello Sam. 

—¿Cuando piensas instalar el calentador de agua? 

—¡Lo olvidé!— Lo hallé dos días atrás, pero ese día me encerré a preparar los químicos que ahora llevábamos —¿Quizás pasado mañana? 

—¿Piensas volar la roca mañana? ¿Harás que Jessica te ayude como dijiste?

—Lo necesitamos. Ya no puede esperar, es cuestión de hacerlo rápido o nos vamos a morir de hambre. La única opción que veo es ampliar el bunker y para eso necesito romper primero esa maldita roca gigante. 

—¿Te refieres a lo que decías sobre la comida? 

Asentí con la cabeza— Necesito poder hacer un criadero y un invernadero, aunque sea uno artificial. Si no tenemos esas dos cosas en los próximos días. Dentro de un mes estaremos muriendo de hambre, quizás un poquito más si conseguimos algunos enlatados más, pero lo veo dificil. Hay varias personas afuera, todos con hambre— Conseguí otro pequeño barril de pólvora y monté este sobre la carretilla. Con esto estábamos listos para partir.

—Si, la comida escasea— Comentó Samantha cuando mi celular volvió a vibrar. 

Observé la pantalla y noté dos mensajes, el primero era de mi tía, pero el segundo era desde el número de un remitente que no esperaba. Susan.

El primer mensaje decía— No he visto conejos, pero sí un par de cunaguaros y muchas aves, incluso gallinas. Quizás podrías intentar pescar algo de comida, ustedes se encuentran bastante cerca del mar, hace unos días nosotros pudimos pasar cerca de un río y pescamos suficiente, luego salamos la comida para poder mantenerla, pero ya sabes, es difícil. No sé si vaya a pasar cerca de ustedes, sabes que para llegar allí primero hay que pasar el estrecho, y allí está la selva. Puede que no tenga radiación, pero ninguno de nosotros quiere pasar por allí, lo más probable es que busquemos algún bote antes de atravesar aquello. Ya te diré cómo nos fue en alta mar. saludos a todos, cuida mucho de la familia Shun. 

—Tu también cuidate, Tampoco sé cómo será el tema de la radiación en el agua, pero supongo será cosa de investigarlo. Cuidense, si pasas cerca avisame con antelación, creo que haré modificaciones al bunker estos días. Cuida la herida en la pierna, no la expongas y trata de curarla, Nicole dijo que la sal también sirve para desinfectarla, si no tienes nada más a la mano, eso o zumo de limón. Cuidate Tía— Contesté luego de comentarle a Samantha. 

El siguiente mensaje venía acompañado de una foto. Al abrirla pude ver la figura mía y la de Samantha momentos antes, cuando pasamos cerca de una tienda para recoger alcohol— Interesante grupo el que has formado, Shun. Me pregunto cuántos recursos tendrás escondidos, tu querida amiga Susan te envía saludos. 

Leí el mensaje y vi a nuestro alrededor. No había ninguna figura cercana, pero aquello me sonaba amenazante. La foto significaba que estábamos siendo observados y seguidos, lo más seguro. Era peligroso— Vámonos Sam. Suficiente aventura por hoy. 

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