XX

—¡Oye! ¿Es en serio? —Pregunté mientras levantaba con la espalda un bloque de concreto. La chica que se hallaba debajo no estaba tan mal como pensábamos. Una mujer se hallaba sobre ella, notablemente muerta debido a un fuerte golpe contra su cráneo. Una masa gelatinosa de blanco, amarillo y rojo se hallaba esparcida sobre la espalda de la primera. La escena era suficiente para hacer vomitar a cualquiera. 

—¡Si! ¿Acaso piensas dejarla aquí?

—Pues no salí a buscar una niña moribunda. 

—¡Shun! — Se quejó mi hermana. 

—¡Bien! Solo sácala rápido, esto pesa bastante. 

—Eso intento, pero parece sujeta a esa caja. 

—¡Haz que suelte la caja!

—¡No! — La niña abrió la boca y abrazó con mayor fuerza una pequeña caja de madera semi enterrada juntos al brazo derecho de la chica.

—¿Te quieres morir sujetando eso, niña? — Pregunté. 

—Mamá, me dio la caja, yo debo…— No dijo nada más perdió las fuerzas. 

—Solo toma a la mocosa y la caja Sam, ya veré que hacer. 

—La madre está muerta— Comentó mi hermana. 

—Ya sé, tampoco soy un asilo de personas heridas. No voy a recoger a nadie más en el camino Sam— Fui muy claro mientras mi hermana arrastraba a la pequeña fuera de los escombros. Yo me moví y dejé caer la pared nuevamente con estrépito y miré en dirección a la explosión. Deseaba acercarme hasta la zona para descubrir qué sucedía con exactitud, pero la chica a mis pies se hallaba inconsciente y bastante malherida— Móntala en mi espalda para llevarla, regresemos. 

—¿Y la caja? — Preguntó Samantha. 

—Tráela, ya veremos que tiene para que se aferrase a ella con su vida.

Si caminar hasta las cercanías del puerto de la ciudad fue difícil, regresar era el infierno. La niña no pesaba mucho, de hecho, podía decir que estaba muy desnutrida con solo ver sus piernas. Sin embargo, el calor del día comenzó a dar contra mí y dentro del traje se convirtió en un horno. Sentía como me deshidrataba rápidamente mientras que la niña permanecía inconsciente. 

—¿Sigue viva? — Preguntó Samantha. Yo debí verificar colocando mi mano cerca de su boca, al notar cierta humedad reposar contra mi dedo, asentí. 

—Solo está demasiado débil ¿Crees que la agarró alguna explosión? — Pregunté. 

—Creo que esas quemaduras son de radiación Shun. 

Observé su brazo derecho que colgaba por encima de mi hombro— También llevo un rato pensando lo mismo. 

—¿Cómo la vamos a tratar?

¿A tratar? Samantha tenía intenciones de salvar a la niña. No podía juzgarla, no era extraño que ella se mostrase de esa forma. Al contrario, fue extraño que, al salir un par de veces junto a ella, no tuviésemos el bunker lleno de heridos para ser cuidados. Probablemente porque no nos encontramos con demasiadas personas, o al menos no vivas; pensé pasando al lado de un cuerpo carbonizado— No tengo ni la menor idea sobre cómo podemos tratarla ¿Queda jabón yodado en la casa? 

—Muy poco. 

—¿Te acuerdas de la farmacia del viejo Juan? Pasemos por allí a ver si encontramos un poco. 

—La revisé el primer día junto a Sergio, cayó y está pisada como por dos pisos de escombros. 

—Pues necesitaremos medicina— Comenté acercándome con cada paso a ese lugar. 

Aquella farmacia era el negocio de un viejo refunfuñón que en algún momento decidió construir en un sótano una farmacia como medio para sobrevivir. Juan no era un experto en farmacología, pero se preocupaba por tener todo bien surtido para siempre poder atraer a una clientela de la urbanización vecina. Al llegar noté que Samantha tuvo razón. Los dos pisos superiores cayeron aplanando la edificación. DE hecho, de la tienda no se vía nada, salvo el armatoste de metal que en algún momento fuese un portón. 

Dejé a la niña en el suelo para ponerme a trabajar en alguna forma de quitar los escombros y acceder hasta los medicamentos. Podía parecer difícil, pero muchos escombros tenían vigas de metal doblado salientes, ello siempre facilitaba moverlas. Sin nadie vivo debajo de aquellas ruinas, no había que preocuparse por causar estragos o movimientos indebidos. 

—¿Crees que se molesten porque llevamos a una niña herida? — Preguntó Samantha. 

—Ni Natalie, ni Mónica se opondrán, de hecho, estarán gustosas de ayudar— Comenté mientras pensaba en que nadie más tenía derecho a opinar a quien llevaba al bunker.  

Dos cadáveres, media hora y varios escombros después llegamos hasta un agujero donde accedimos a los armarios metálicos llenos de medicamentos. No teníamos idea de que era todo aquello, muchas cayas se hallaban húmedas y otras simplemente no comprendíamos que medicamento era. Pese a ello cargamos cuanto pudimos en un par de cajas, eso incluía varios frascos de jabón yodado, y nos dirigimos rumbo a casa. 

Descender con una niña a cuestas, es difícil, el pequeño cuerpo debió ser amarrado primero a mi espalda antes de poder bajar veinte metros bajo tierra. 

—¡Oh dios mío! ¡Está muy mal! — Comentó mi madre de solo verla. El ambiente en el bunker fue de total alboroto. 

—Ayúdenme a bañarla— Comentó Samantha tomándola de mi espalda para llevarla rumbo al baño. Yo debí esperar casi una hora después de que todo el alboroto pasara para poder ducharme y revisar con el contador de radiación la situación en diferentes lugares de nuestro refugio. Los valores oscilaban entre cinco a diez MiliSieverts. Aquello significaba que el bunker entero necesitaba ser desinfectado, nuevamente. 

—Ponte un brasier Jessica— Repliqué al ver a la mujer con sus grandes senos y pezones puntiagudos moviéndose de un lado a otro mientras me ayudaba a limpiar. 

—¿No te gusta imbécil? Pensé que me deseabas ver desnuda todo el día para alimentar tu morbo, niño. Imaginé que luego me ibas a pedir que limpiara tu pene ¿O eso se lo pedirás a la golfa de tu tía?

 Observé a Jessica y a mi alrededor. Daniel, Gina, Marta y Carol me miraban y luego a la mujer, el resto se encontraba en una de las habitaciones atendiendo a la niña recién llegada. Me pregunté si Jessica pensaba que yo no era capaz realmente de hacer nada en su contra. Se equivocaba. 

Con mucho fastidio me coloqué nuevamente el traje, agarré una de las armas y tomé a Jessica de un brazo para dirigirla hasta la entrada de nuestro bunker. 

—¡Suéltame pedazo de imbécil! ¿Qué piensas que haces? ¿Crees que voy a salir por mi cuenta allí afuera sin un traje?

—¿No es eso lo que querías? ¿salir? ¿O fuiste tan pendeja para pensar que te iba a dar un traje? — Le apunté con el arma para obligarla a subir. Podía escuchar los gritos de Daniel, pero este era detenido por Marta y Carol. 

—¡No me voy a mover de aquí! — Sentenció la mujer plantándose frente a las escaleras. 

—Vas a moverte— Me acerqué y coloqué el cañón justo contra su cara— O voy a agujerearte aquí mismo, y me voy a librar de tu cara y tus mierdas— Dudó la mujer, lo vi en su mirada— Toma el contador, lo vas a llevar contigo— Jessica tomó el aparato, comenzó a murmurar algo y a subir las escaleras a regañadientes. La estática y el movimiento de aguja comenzó a sonar cada vez más, Jessica se detuvo a mitad de camino en ascenso cuando observó ciento cincuenta MiliSievert sin siquiera salir de nuestro refugio.

Abrió la compuerta y salió justo frente a mí a la intemperie. Noté como su voz enmudeció ante el sonido loco de nuestro contador con su aguja clavada en el número doscientos. Sus ojos estaban abiertos como platos ante la escena a nuestro alrededor, la desolación, los escombros regados por toda la extensión a nuestra vista. La espesa capa de cenizas sobre todo lo que nos rodeaba. 

—¿Qué es esto? ¿Qué sucedió? — Preguntó al ver el caos y la montaña destrozada, los edificios caídos, la humareda producto de la estación de servicio que todavía ardía y a lo lejos una cortina de humo de donde fue bombardeado el puerto.

—Lo que querías, el exterior— Respondí en tono cortante mirando su expresión estupefacta. 

—¿Y la casa?

—No hay nada, no hay casas, no hay vida como la conoces. 

Cayó de rodillas al suelo, me miró con los ojos abiertos— ¿Todo está así?

—No todo, hay zonas donde hay casas todavía en pie, pero la radiación es mucha igualmente. Eso está marcando doscientos MiliSieverts, pero de seguro hay mucho más que eso. 

—¿Qué me sucederá si me quedo aquí afuera? ¡estoy sin traje!

—Te estás exponiendo mucho, tu piel se pondrá roja y se quemará. En estos momentos un millar de partículas más pequeñas que un átomo están atravesando tu piel, dañando tus tejidos. Pero eso no es lo peor. Si fuese solo tu piel quemada, muchos lo superarían. Las partículas atravesarán tu piel y llegarán a tus órganos, allí destruirán el tejido y los órganos comenzarán a fallar sangrando a nivel interno. Allí ya no podrás pararte de una cama, si es que estás en una, te desangrarás por dentro. Con tratamiento podrías durar algunas semanas, sin tratamiento en un par de días morirás así. 

—¡Entremos, entremos! — Su rostro estaba lleno de lágrimas y reflejaba un nivel de miedo que no pensé ver en ella.

—¿Entrar? Tu querías salir, si alguien entra seré yo, tu te quedas aquí afuera. ¿Lo olvidaste? Pensaste que estaba bien buscar un arma para enfrentarme, por eso mi tío Sergio salió aquí, y lo mataron. 

—Yo lo siento, Shun. Lo siento. 

—No puedo creer en ti Jessica— Pese a mis palabras Jessica se arrastró arrodillada hacía mí. 

—Yo no sabía Shun, no tenía idea de que el mundo estuviese así, yo, por favor, haré lo que sea. 

—¿Seguirás cualquier orden que yo de?

—Cualquiera Shun, lo que sea que digas. 

—¿Y dejarás de hacer comentarios tontos sobre salir del bunker y otros de ese tipo?

—No diré nada, no quiero morir Shun. Tengo demasiado miedo a morir, por eso me uní a tu tío, lo siento, lo siento mucho. Esto aquí afuera— Me miró a los ojos— Es el infierno. No sabía que el mundo había acabado de este modo, por favor, déjame entrar. 

—¿Prometes dejar de pelear y mantenerte tranquila allí abajo?

—Lo que sea, limpiaré, cocinaré, te daré mi cuerpo, no responderé, estaré callada, pero déjame entrar. No me dejes aquí afuera en este infierno.

—Entra, confiaré en ti una última vez— Respondí abriendo la compuerta del bunker para permitir que Jessica entrase. Descendió a la velocidad del rayo por las escaleras y se bañó por un largo rato. 

—Vístete, quiero que cuides en todo momento a la chica nueva, si le pasa algo, sales y nos informas. 

—Entiendo— Respondió Jessica alejándose envuelta en paño. 

—¿Domesticando a la bestia? — Preguntó Samantha al ver a Jessica salir.

—Debo presionar a ver si comprende la situación. 

—¿Crees sea de confiar en algún momento?

—Creo que necesita mucha presión todavía para entender mejor la situación. Pensé en la posibilidad de que saliera con nosotros, como carnada. 

—Parece que aprendes bastante rápido Shun. Maquiavélico, pero me gusta. 

—¿Cómo está la niña? 

—Se despertó solo para preguntar por su caja. La revisé y estaba llena de jeringas. Ni idea de lo que sea, Nicole tampoco tiene idea, pero dice que la chica puede que sobreviva si descansa. Le dimos agua con carbón activo, según Nicole, no hay problema con eso. 

—Pensé que se moría. 

—Aparentemente tiene anemia, además de estar expuesta. Aunque supongo debió de hallarse antes escondida, no la veo tan mal para llevar dos semanas expuesta. 

—¿Está dormida? 

—Profundamente ¿Qué piensas hacer ahora?

—Descansar lo más seguro, quería salir a buscar un par de cosas. Pero, creo que es mejor descansar por ahora y ver si la niña despierta. 

—Estoy de acuerdo, no es hora de salir—  Samanta me tomó de la camisa y guió al baño junto a ella, cerró la puerta y atrapó contra la pared— Natalie está concentrada en la niña en este momento, y yo tengo demasiadas ganas. Tendrás que saber satisfacerme, Shun.

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