XVIII

 

Al salir de la habitación a pasear por nuestro pequeño bunker me hallé a Nicole detenida casi al frente de mi puerta. Caminaba a pesar de mi dolor en el abdomen y en la pierna debido a que Jessica transportaba la cama a mi habitación y era incómodo. Samantha por su parte también desalojó llevándose consigo el par de armas. Aseguró las mantendría en su gaveta de noche (en la habitación que cambió con Mónica). Nicole me mi´ró de arriba abajo— Que mal gusto tienes hermano. 

—¿Por lo de Jessica? Es un castigo, nada de placer personal. Por otra parte, quería darte las gracias por lo que hiciste— Fue ella junto a Samantha quienes se encargaron de brindarme auxilio médico, en especial Nicole, quien estudiaba medicina. 

—No fue nada, si te morías tendría a mamá llorando como loca todo el día. 

—Me dijeron que tú también llorabas por mí— Alegué con una ligera sonrisa. 

—No te imagines tonterías Shun— Volvió a mirarme de arriba abajo y se fue a su habitación. 

Yo me paseé por el lugar e intenté ayudar un poco a Natalie secando los platos y guardando los mismos. No debía hacer movimientos brucos y la pierna me dolía si afincaba todo mi peso sobre ella. Natalie se mostraba bastante feliz con mi ayuda y terminamos tan rápido que no lo noté. Por otra parte, era en extremo sexy tener a una mujer como Natalie, de trasero enorme y bien formado con una minifalda mientras me acompañaba. Sentía el impulso de tomar aquel trasero entre mis dedos, de apretarlo y tomarla para mi allí mismo en la cocina. Pero me contuve, Natalie no estaba preparada para ello, lo podía notar en sus reacciones sumisas y sonrisas cubiertas de miedos. 

No sabía que sucedió en su vida, pero definitivamente ella tenía miedo a explorar su sensualidad y por alguna causa pensaba que no era tan atractiva para los hombres a como era realmente. Algo inaudito de pensar para mí, ya que Natalie era sencillamente una bomba del deseo. De cabello castaño liso y largo, pecho prominente copa ha, acompañado de una cintura ancha, pero que, en comparación a la proporción delantera, sus cadera y trasero, dejaba en evidencia curvas muy marcadas. 

Una mujer con semejante figura no debía dudar de sus atributos, al contrario, debería haberse percatado de lo irresistible que resultaba y usado a su favor. 

—¿Qué haces levantado y limpiando? — Preguntó Mónica acercándose a mi espalda para darme un abrazo y un tierno beso en el cuello. 

—Me aburro estando todo el día en el cuarto, además Jessica está arreglando la otra cama en aquella habitación— Repuse. 

—Sí, me dijo necesitaba colocar el armario en el otro cuarto, pero allí está Samantha acostada. No me meteré en ese asunto, pensé que yo era la única que podía estar molesta con Jessica, pero aparentemente no. 

—No la va a dejar ir tan fácil, Samantha puede ser muy buena persona, tiene un corazón muy dulce, pero no perdona tan a la ligera— Comentó Natalie. 

—¿Y esa falda Nat?

—¿Esta? — Noté la coloración en el rostro de Natalie ante la pregunta de su hermana— Shun la trajo y me dijo que se me vería bien. 

—¡Por fin dejas ver ese atributo! — Comentó la otra. 

—Enseña mucho— Se lamentó Natalie. 

—De algo que me gusta ver, así que relájate por eso— La miré para que se tranquilizara, aparentemente seguía sintiéndose nerviosa con usar aquella prenda. 

—¿Cómo siguen las heridas Shun? — Preguntó Mónica, y sin darme tiempo a descansar me quitó la camisa y comenzó a palpar mi cuerpo. Mi piel parecía pintura de Picasso, era un desastre de manchas con colores variopintos por toda su extensión. 

—Duele, pero allí voy recuperándome. Pero no puedo afincar bien la pierna derecha, si lo hago duele bastante. 

—Te puedo ayudar con un masaje si así lo quieres— Posó su mano sobre mi pecho y me dirigió una mirada cómplice llena de picardía. Comprendí sus intenciones y no deseaba negarme a tan merecido festín, aún más cuando me lo ofrecían de tan buena gana. 

—Sí, pero déjame tomar una pequeña ducha primero, me siento pegajoso— Me retiré a bañarme, para luego pasar a la otra habitación. Tenía la impresión que una mujer respondía mejor a una situación sexual si el cuerpo del hombre se hallaba limpio y fresco. 

Salí de la ducha y encontré a Samantha afuera esperándome— Más te vale luego dejarme disfrutar a mí, tanto de ti, como de Mónica— Yo asentí ante su solicitud. Yo también deseaba poder disfrutarla, incluso me pregunté si mi hermana estaba dispuesta a un trío, pero comprendí que por alguna razón decidió salir de la habitación y permanecer en la sala junto al resto. 

Me pasé al lado de Jessica, quien me miró como una liebre ve a un lobo, palideció y tembló cuando me acerqué— Voy a estar en un masaje con Mónica, que nadie entre a molestar— Fui muy preciso con mi mensaje. Pensé que esa era una forma de usar a Jessica, aún más si mi vida sexual con mi tía Mónica y con Samantha parecía iniciar en algo bastante salvaje. Jessica tan solo asintió con la cabeza y se detuvo al lado de la puerta, por la cual yo entré y vi a mi tía sentada sobre la cama. 

—Fue rápido. Usualmente tardas más en bañarte. 

—Quería quitarme el sudor, pero tampoco estoy vuelto un asco, otras veces estaba ocupado con la planta de energía. 

—Cierto— Mónica me indicó me dirigiera a la cama y me acostase, sin embargo, mi mirada se clavó en ella. Llevaba una blusa marrón de las que traje del exterior y un jean ajustado — ¿Sucede algo? 

—El trato es que cada vez que me dieras un masaje, tendrías que estar solo con una toalla sobre tu cuerpo. 

Ella bajó la mirada— No me lo arruines, me puse algo especial para ti— La observé cuidadoso cuando fue despojándose de la blusa y posterior de su jean ajustado. Debajo de aquello aguardaba una lencería casi transparente que no solo dejaba ver toda su figura, sino unos pezones erectos y deseosos de ser mimados y una zona íntima que ya se encontraba húmeda y jugosa— ¿Qué crees? Lo compré hace mucho tiempo, lo tenía junto a la ropa interior que bajé al bunker. Nunca la usé, y sé que debería bajar un poco de peso, tengo un par  kilos demás a cuando…

Me acerqué y la besé en los labios, envolví su cuerpo con mis brazos y la sujeté en un beso hambriento, su boca se abrió casi al instante para recibir el cariño de mi lengua. Jugué con su boca y mordí su labio inferior al retirarme— Me hace feliz verte así, luces increíble Mónica. 

—Shun. 

—¿Si?

—¿Sería demasiado pedirte que me llames tía? La idea me pone…

—No me molesta, tía Mónica— Repuse sonriente. Mónica se estaba rindiendo ante mí de una forma suave y sin mayor complicación. Lo decía la prenda, sus acciones y su voz. Todo su cuerpo y ser se rendía ante mí y esperaba que yo le cumpliera en diferentes términos. 

Mónica era una mujer suculenta. De cabello corto, oscuro y liso, ojos iguales a los de mi madre, un poco menos de estatura y senos de copa g, sus aureolas eran enorme y los pezones se erguían y extendían un buen par de centímetros. Su cuerpo tenía curvas bien delimitadas, su trasero era tan grande como el de mi madre, con una forma redonda que solo una mujer que realiza cientos de sentadillas logra conseguir. 

—¿Todavía quieres el masaje o nos vamos al plato principal? — Inquirió. 

—No me molesta un masaje, creo que voy a disfrutar este momento por completo— La besé nuevamente y acosté en la cama para sentir el tacto de sus manos recorriendo mi cuerpo. Colocó especial atención en mi espalda, donde además de tener serios hematomas, los músculos se hallaban tensos y duros debido al esfuerzo en días pasados. 

—¿Te gusta?

—Me encanta tía— Podía notar que su rostro brillaba en excitación ante mi última palabra. Luego me giré para verla de frente y sentir sus manos sobre mi pecho— Allí un poco más fuerte tía, pero cuidado con el abdomen que todavía duele. 

—Tendré cuidado sobrino— Dijo pasando su mano por mis piernas muy cerca de mi miembro que comenzaba a endurecerse debido a la vista de aquel par enormes de senos frente a mí. Yo deseaba hacer un esfuerzo y contenerme, a ver qué tanto podía prolongarse aquel juego y hasta qué punto ella soportaría. Pero me rendí ante mi propio deseo y un leve roce de su mano contra mi virilidad dura. 

—Tía…

—¿Si?

—Quiero probar tus senos. 

—Shun— Sonrió mordiéndose los labios al tiempo que reveló su seno izquierdo que se hallaba técnicamente contra mi cara— Un sobrino no puedo chuparle las tetas a su tía. 

Tomé su seno con mis dedos y acerqué mi boca hasta aquel manjar. El contacto y la textura de su pezón duro y sensible contra mi lengua fue exquisito. Chupé y succioné su pezón al tiempo que ella liberaba un ligero gemido prolongado. Retiré su delicado brasier para devorar ambos senos, sus picos me agradecieron el gesto y su cuerpo fue reaccionando de forma más intensa a cada masaje que con mis manos proporcionaba a su pecho— Mi sobrino me está chupando, Shun, devóralas, déjame mordiscos por todo el cuerpo Shun.

Sentí de pronto como se alejó un poco y tomó mi miembro duro y expuesto con ambas manos— Diablos, es tan caliente esto ¿Cómo la puede tener así de grande? Presiento que si la meto me va a reventar, mira esa circunferencia Shun. 

—¿Deseas mi miembro tía?

—Me estoy muriendo por sentirla sobrino— Sin previo aviso rozó la punta de mi glande con su lengua y luego envolvió toda mi circunferencia para chuparlo de forma agresiva. La observé con lujuria, me dio la impresión que hacía mucho que Mónica no se daba un festín así, lo devoraba en toda su extensión dejando que tocase su garganta y más allá, para que luego saliera envuelto en su saliva.

En su movimiento para alcanzar mi pene, se colocó en cuatro exponiéndome su trasero. Sus nalgas se hallaban descubiertas y su ropa interior era apenas una excusa de tela transparente. Por ello no se me fue difícil ver toda su vulva rezumando jugos por sus piernas.

Acaricié sus muslos desde la parte interna y ascendí hasta hallar su entrepierna. Mónica respondió con los poros de su piel abiertos, su respiración cortándose y sus piernas abriéndose para recibir mi afecto. Sus labios eran grandes, esponjados y calientes en extremo. Por ellos goteaba el néctar que emergía de su vagina. Deslicé mis dedos por debajo de aquella delgada tela y los hundí para sentir el calor que emergía de su ser. 

—¡Shuuun! — Casi grita. 

—Nos van a escuchar afuera, y todos se van a  enterar que tu sobrino tiene sus dedos metidos dentro de ti. 

—¡Que se enteren! Que mi sobrino se va a comer a su tía. 

—Me encanta que seas así de pervertida, pero Natalie va a dar el grito al cielo si se entera, así que por ahora necesito que contengas los gritos al máximo, tía. Necesito que mantengas tus gemidos mientras te cojo— Expresé de forma firme moviendo mis dedos dentro de ella, rozando la pared interna de su vulva mientras mi pulgar rozaba su clítoris que no solo se hallaba expuesto, sino duro y envuelto en sus propios líquidos. 

—¿Me vas a coger Shun?

—¿No es eso lo que quieres?

—No debo Shun, no debo dejar que tu cosa enorme— Pasó la lengua por toda la extensión de mi miembro— me penetre, pero, siento que si me detengo me voy a consumir por dentro de la lujuria. Estoy deseándolo. Me estoy convirtiendo en una pervertida que solo quiere tu cosa enorme sobrino. 

Tomé sus caderas atrayéndola hasta mi boca. Aparté su ropa interior con mis dedos y devoré su sexo y probé sus jugos. Mi lengua recorrió los pliegues de su intimidad hasta palpar con mi lengua su clítoris, el centro neurálgico de todo su placer. Su cuerpo reaccionó soltando mi erección para gemir gentilmente. Quité la última prenda que tenerla completamente desnuda ante mí, expuesta con su trasero y su vulva ante mi vista. Hundí mi rostro en ella y lamí su clítoris a diferentes ritmos, eso mientras mis dedos se hundían en ella presionando sus paredes frontales— Siiiiiiii— Los dedos de sus pies se retorcieron cuando el placer le inundó. Mónica cayó con su cabeza justo al lado de mi miembro aun erguido, su cuerpo comenzó a temblar de forma descontrolada mientras que las gotas de su sexo caían sobre sobre mi pecho. 

Su trasero expuesto y empinado contra mi rostro me llenó de vigor, por esa causa me levanté y de rodillas posé mi dureza contra la humedad de su zona— Mi sobrino…— Podía escuchar un susurro de su voz. Mi lívido estaba al límite, así que empujé mi glande y hundí mi falo en su vulva lentamente. Escuché sus fluidos y un gemir reprimido. Mónica tomó una almohada para morderla cuando mi miembro fue envuelto por toda su vagina. Me sorprendió que a pesar de su edad y lo enorme que era su trasero, su agujero de placer era bastante estrecho y arropaba con su calidez toda mi extensión. Me dejé llevar y lo hundí hasta el fondo. Sus uñas se hundieron contra las sábanas— Cógeme sobrino, quiero que me rompas toda Shun. 

—Como quieras tía, voy a metértela entera y a correrme todo dentro de ti— Noté como abrió los ojos, pero la primera embestida le impidió hablar o quejarse, moví mi cadera para chocar contra sus nalgas expuestas hundiendo mi dureza palpitante contra su vagina y hasta el fondo. 

Mónica se entregó al placer y a la lujuria. A pesar de reprimir sus gritos con la almohada se podía sentir su gemir y los jugos escurriendo, cada clavada resonaba en humedad y aquello me excitaba más. Mi tía dejó de pensar en preocupaciones o control de la situación, su mente quedó en blanco muy rápido y se dejó llevar por el placer que inundaba su cuerpo. Su segundo orgasmo llegó bastante rápido mientras la penetraba desde atrás. 

Yo no me detuve, continué bombeando su interior con fuerza al tiempo que separaba sus nalgas para ver su ano expuesto y expectante de algo de cariño. Mi dedo húmedo pasó por allí presionando suavemente contra el agujero que abría y cerraba, aquello provocó que Mónica apretara su vulva y lubricara mi falo en toda su extensión. Entrar y salir era sencillo y mi glande chocaba contra una zona interna de ella cuando llegaba hasta el fondo. Mónica me observó con la boca abierta y los ojos llorosos— Me vas a partir. 

—¿Quieres que te parta tía? — Afinqué mi voz en la última palabra. No hubo dudas en su rostro después de eso solo extendió sus brazos en la cama y empinó más su trasero, con lo cual choqué aún más fuerte. 

—Rómpeme toda. 

La tomé del cabello para erguirla hasta mi posición, Probé sus labios y apreté sus pezones entre mis dedos al tiempo que mi miembro devastaba su interior. 

La giré y alcé sus piernas para chocar mi virilidad contra su entrada. Mónica por si misma abrió su vulva para dejar que la penetrase. Me hundí hasta el fondo y lancé sobre su pecho para comerlo al tiempo que mis caderas bombeaban su interior. Mónica posó sus brazos alrededor de mi espalda, hundiendo sus uñas en mí. 

Mi abdomen dolía, pero me importaba muy poco en ese preciso instante. Nuestros labios se encontraron en un intercambio lleno de deseo del otro. En ese instante me corrí dentro de ella, sentí su interior apretarse ante mi líquido que la llenaba. Nuestras lenguas jugaron en nuestras bocas. 

—Ven— Me hizo moverme para chupar mi miembro aun mientras mi semen brotaba. Mis ojos se fueron al techo, no solo impactado, sino que una corriente sin igual atravesó mi espalda y piernas. Aquello obligó a mi miembro a permanecer erecto y deseoso del sexo de Mónica. Aun con mi leche escurriéndose decidí penetrarla nuevamente. No colocó resistencia ante mi falo hundiéndose en ella. Chupé sus senos erectos y mordí aquellos pezones con suavidad. Mónica ya no miraba en mi dirección, su cabeza se retorcía hacía atrás, sus bracos dejaron de aferrarse a mí y rasgaban la cama en búsqueda de algún punto firme mientras todo su cuerpo volaba. Su tercer orgasmo fue muy fuerte, lo supe porque un chorro chocó contra mi miembro y pecho al tiempo que apretó mi miembro dentro de ella con las paredes de su vagina— Ummmm siiiiiiiiiiiiiiiiii— Sus ojos se voltearon hacía arriba y tensó el cuerpo durante un instante largo. Estaba seguro que toda la casa debió escuchar aquel gemido lleno de placer. Necesité severas embestidas más para derramar sobre ella mi segunda carga y recostarme a su lado. 

Mónica se recostó contra mi costado, me besó y quedó dormida allí desnuda en cuerpo y alma. 

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