XVII

Desperté sobre la suavidad de la cama. Natalie se hallaba recostada con la mitad de su cuerpo sobre la cama y la otra mitad sobre una silla. Gina dormía a mi lado sin percatarse de mis movimientos. Mis brazos estaban vendados en distintas secciones, al igual que mi pierna derecha, mi hombro izquierdo y la mitad de mi cabeza. Me sentí entumecido y mareado antes de desmayarme nuevamente. 

Mi próximo punto de lucidez llegó sobre la misma cama de mi habitación. Nicole estaba sentada sobre una silla a mis pies, dormida con la cabeza recostada contra la pared, mientras que Natalie estaba despierta mirándome. 

—Todo está bien, calma— Me indicó cuando giré mi cabeza hacia ella. 

—¿Cuánto dormí? — Pregunté. 

—Como treinta horas, creo, no he visto la hora amor. 

Me quedé en silencio viendo el techo, repasando lo sucedido. Maté a cinco personas y las llevé hasta las llamas del infierno para que no hubiese rastro en nuestra dirección— ¿Y Samantha? 

—Está bien— Respondió mi madre tomándome de la mano— Lloró demasiado cuando caíste y te fuiste de pronto. Mónica tuvo que forcejear con ella para poder bañarla, tenía la piel enrojecida en la espalda. Tuvimos que lavarla muy fuerte y aplicamos del jabón yodado para que pudiera sanar mejor. 

—¿Despertó? — Nicole alzó la cabeza totalmente despeinada. Era un look que nunca había visto previamente. 

—Tu hermano favorito despertó— Le comenté con un tono burlón. Nicole alzó una ceja y se irguió en la silla. 

—Nunca dije que favorito— Replicó levantándose— Aunque tampoco me agrada la idea de perder al único hermano que tengo— Luego volteó a ver a Natalie— Iré a avisar al resto, que el imbécil psicópata ya despertó.

—Tan linda como siempre— La observé marcharse. 

—Fue ella quien te sacó del baño cuando te desmayaste. 

—¿De verdad? — Natalie solo asintió a mis palabras. Nicole era un caso extraño, le había visto llorar por mí, pero casi siempre respondía con alguna tontería despectiva cuando me dirigía a ella. Quizás era ese tipo de chicas, pero yo no estaba acostumbrado a tratar con personas que no expresaban de forma directas sus ideas y pensamientos. Dejé eso de lado para ver a Natalie— ¿Qué tan mal estoy? — Podía sentir mi cuerpo. La pierna me estaba matando de dolor y el hombro entumecido en gran medida. 

—Perdiste mucha sangre, no sé cómo llegaste vivo hasta el baño. Te hice una transfusión de la mía. Sacamos la bala que estaba cerca del hombro, cerramos la herida, aunque no somos las mejores suturando debo admitir, lo más seguro es que quede una cicatriz— asentí sin preocuparme por ello— Muchos moretones por todo el cuerpo, aparentemente te dislocaste un tobillo, fractura leve en la pierna y algo más seria en una costilla. 

—¿Algo más?

—Afortunadamente no. Creo que de verdad tuviste demasiada suerte en todo momento. 

—Tal vez— Contesté. 

—¿Tal vez? ¡Te lanzaste por un agujero estrecho a casi veinte metro de altura!

—Había dos idiotas sobre los cuales caer— Repliqué. 

—Igualmente, no sabes lo horrible que se escuchó cuando dieron contra el suelo. Fue un sonido que no quiero escuchar nunca más en mi vida Shun. 

—Sí, esa parte si la recuerdo. 

—Casi me matas del susto, pensé que te perdía, pensé que todo se desmoronaba— Noté las lágrimas formarse en los ojos de Natalie, sus ojos estaban rojos e hinchados en gran medida, era obvio que lloró en varias ocasiones antes de que yo despertase. 

—Pero sigo aquí. 

—¿Qué hubiese hecho yo si te perdía Shun? ¿Si entiendes cómo me llegué a sentir? Yo, no quiero que te suceda nada malo. Sentí que se me iba el alma cuando te vi todo lleno de sangre, o cuando Nicole te sacó del baño desmayado. Shun, no quiero, de verdad no quiero, me sentí impotente y dispuesta a darte mi vida. Yo…

—No necesitas llorar Natalie. También entiendo cómo te sientes— Guardé silencio un instante recordando un poco— Cuando estaba en la parte de arriba de las escaleras y aquellos hombres bajaban. Lo único que podía pensar era en ustedes, no podía perderlos, debía detenerlos de alguna manera, incluso si eso significaba sacrificarme. Por eso me solté y dejé caer. 

—Una idiotez. No vuelvas a ponerte así en peligro. 

—Natalie— Hice un esfuerzo por moverme y tomar su rostro donde las lágrimas caían de forma copiosa. El cuerpo me dolía en gran medida— Si puedo mantenerte segura, haré lo que sea necesario, incluso saltar de cuarenta metros si ello te va a salvar a ti. No puedo prometerte que estaré bien, puedo prometerte es que velaré por ti y por los demás con todo lo que tengo. 

La mujer rompió a llorar y se lanzó a abrazarme. Su perfume me embriagó, pero fue mayor la carga emocional que recibí cuando sus lágrimas tocaron mi hombro. Se desahogó contra mí. La sentí frágil y temerosa de perderme, a esto solo supe reaccionar abrazándola fuerte, yo tampoco deseaba perderla a ella. Así me hallaron Mónica, Samantha y Gina, recostado a la cama sujetando a Natalie contra mi mientras mi cuerpo sufría. 

Gina corrió y se lanzó sobre la cama para alcanzarme y aferrarse a mi cuello. Sentí como mi abdomen se quejaba, pero la dejé. Samantha y Mónica me dedicaban miradas llenas de alivio mientras algunas lágrimas eran derramadas en silencio ¿de verdad pensaban que yo me iba a morir?  Bueno, quizás yo mismo me lo plantee un par de veces el día anterior, pero allí soporté mis dolores y seguí avanzando. 

—Mónica— La mujer alzó la vista para encontrarse con la mía. Gina me llenaba de besos la mejilla, el calor contra mi cara me ruborizaba un poco— ¿Cómo están tú y Carol? Por lo sucedido— Pregunté refiriéndome a la muerte de Sergio. Si alguien debía sentirse afectado, eran ellas dos. 

—Yo estoy bien. No quiero pensar sobre aquello, quizás fue alguien con quien compartí alguna parte de mi vida, quizás egoístamente, pero me sentí aliviada cuando se fue, o cuando lo apartaste de mí. Carol por su parte lo lloró un poco, me senté con ella y me dijo que temía que eso sucediese cuando le vio subir las escaleras en la noche. Estaba ebrio— Mónica se cruzó de brazos y Samantha la envolvió en un abrazo— Me dijo que se sintió impotente por no poder detenerlo cuando lo vio partir. Daniel también lloró un rato, dijo que Sergio jugaba con él. Jessica se encerró en el baño y luego en la habitación, Marta y Samantha lograron hablar con ella.

—El par de imbéciles pensaron que era una buena idea salir a buscar un arma. A eso fue que salió nuestro querido tío Sergio antes de que lo mataran. A buscar un arma para enfrentar a Shun— Samantha era obvio que guardaba rencor. Incluso después de que aquel hombre se hallaba muerto. O quizás era con Jessica— La abofeteé y estuve a pocos segundos de botarla de aquí. Pero eso es tu responsabilidad hermano— Me mostró que de verdad estaba molesta con aquello, y lo comprendía. Ambos estuvimos a pocos segundos de morir en búsqueda de un hombre que planeaba asesinarme si tenía la oportunidad.

—Me encargaré de ella luego— Respondí sintiendo las manos de Gina girar mi rostro para enseñarme un pequeño huevo verde en su mano. Se trataba del tamagochi. 

—Lo cuidé mientras estaba aquí contigo— Se trataba de una pequeña figura pixelada con forma de gato. 

—Se ve sano. 

—No quiero que te mueras Shun, no te mueras— Gina comenzó a llorar contra mi desesperadamente— Todo era sangre Shun— De pronto todas lloraban y yo solo no supe que hacer. Sujeté a Gina besando su cabellera mientras mi madre se limpiaba la cara. 

Me sentí responsable por aquello, sin embargo, mis fuerzas se iban— Lo siento chicas, creo que necesito dormir otro rato. 

—Duerme mi Shun, duerme amor— Escuché la voz de Natalie. 

—Yo me quedaré aquí Shun— Gina se acomodó contra mi pecho y yo cerré los ojos para descansar. 

 

Desperté nuevamente con Mónica a mi lado derecho y un ligero olor a sopa, que de hecho ella sostenía cerca de mi rostro— Iba a darte algo de sopa— Yo sentí un hambre atroz contra mi ser, pero no quería solo comer una suave sopa. 

—Tengo hambre ¿hay algo de carne? — Pregunté.

—¡Hay carne congelada y hay una carne en salsa! — Mónica se levantó de un salto— ¡Ya vuelvo, ya te traigo comida! — Sentí su carrera hasta la cocina y como Natalie de pronto se colocaba a cocinar moviendo diversas ollas. Calculé al menos unos cinco minutos para que un plato de carne en salsa con arroz caliente llegase a mis piernas. Devoré la comida como si fuese un preso, luego me tragué la sopa y volví a caer dormido por varias horas. 

 

—Tuviste fiebre un par de horas— Comentó Natalie, Gina por su parte dormía en un par de sillas al lado de la cama.

—Deberías dormir Natalie. 

—No puedo dejarte solo Shun, debo ver que…

—No te voy a dejar Natalie, ven aquí a mi lado y acuéstate conmigo. Me hará bien sentirte a mi lado— La interrumpí y jalé de la mano. 

—Te lavé todo el cuerpo y di un antipirético y un antibiótico, pero no hallé ninguna infección en ninguna herida Shun. 

—¡Natalie! — Fui más serio y ella abrió los ojos de verdad— Ven y acuéstate conmigo, deja de luchar— La mujer se acostó a mi lado y allí reposamos juntos. 

 

Al día siguiente descansé todo el día en cama a pesar de que mis fuerzas se sentían recuperadas en gran medida. La razón de ello es que el dolor en mi costado derecho y la pierna del mismo lado eran bastante fuertes. Respirar mientras me hallaba de lado era una pesadilla. El día anterior llovió mojando las tuberías, por ello todo permaneció a oscuras ese día, había un serio peligro de cortocircuito tanto fuera como dentro del hogar. Los ánimos también se calmaron, me vieron despierto casi todo el día disfrutando de un juego en una de las consolas portátiles y eso deshizo los aires de muerte que todas mantenían sobre mi cabeza. 

Al séptimo día de mi descanso desperté con una sensación extraña desde mi entrepierna. Extraña pero satisfactoria. Abrí mis ojos comprendiendo que alguien se hallaba bajo las sábanas, mi miembro se encontraba expuesto y masajeado por dos manos que subían y bajaban. La luz de la habitación se hallaba encendida sobre mi cabeza, no había nadie ni a mi izquierda ni a mi derecha, solo la figura de una cabeza en mi entrepierna, de pronto sentí como una lengua recorrió mi falo en toda su extensión y unos pequeños labios envolvieron mi glande. Fue en ese instante que comprendí que quien se hallaba allí no podía ser ni Samantha ni Mónica. 

Levanté la sábana un poco impactado, Marta tenía una cara llena de satisfacción al chupar la punta de mi virilidad. Yo me recosté producto de una corriente que recorrió toda mi espalda y piernas— ¿Qué haces Marta? — Pregunté sin contener mi excitación. La chica lucía erótica, sus delicados labios se hundieron y yo sentí el calor de aquella pequeña boca y la posterior succión al sacarlo.

—Quería probarlo. Le dije a Gina que tú no te molestarías. 

—Marta— Reprimí mi instinto de querer hundir su cara para que mi miembro llegase hasta su garganta— Si te ven acá, vamos a estar muertos. Tu no deberías…— Era difícil hablar cuando ella de forma tan natural bañó mi miembro en su saliva y comenzó a bajar y subir con ambas manos y su boca en la punta. Desde mi visión solo observaba su cabello a un lado, sus ojos clavados en mi pene y su pequeña boca extendiéndose para saborear toda la circunferencia.

Me recosté, estiré mis piernas y posé una mano sobre su cabeza — Si, chupa la punta, me vas a hacer llegar. 

—Es salado, parece una chupeta de carne. 

—¿Te gusta?

—Me excita el chuparlo, me estoy sintiendo cada vez más caliente— Hundió su rostro en mi miembro otra vez y se sacudió con fuerza. Pude sentir como su lengua envolvía mi glande y comenzaba a girar a medida que subía y bajaba. 

—Voy a llegar Marta, saca la cabeza o te voy a llenar toda la boca— A pesar de mis palabras ella no se apartó, llenó mi miembro de mayos cantidad de saliva y se dejó hundir la cabeza hasta que mi pene tocó su garganta. Claro que no lo había tragado entero, pero yo solté mi chorro dentro de aquella pequeña boca que estaba seguro nadie más había probado alguna vez. 

—Es mucho— Se escapó de sus labios por los lados— Y salado, y como aceitoso— Lo trago en seco y yo sentí que otro poco salió de mi punta llenando sus manos. 

—Estuvo muy rico— Admití. 

—Es muy caliente hacer esto. No sabía que podía sentirme así— Lamió sus dedos llenos para luego pasarlos por debajo de su blusa hasta su pecho— Por eso supongo que lo hacen. No hay placer, pero me puso muy… — La puerta sonó y ella se movió entre las sábanas para posarse a un lado de la cama y salir del lugar. 

Samantha entró a la habitación y vio a Marta salir, luego me observó a mí, alzó la ceja y cerró la puerta— ¿Marta? ¿De verdad? Pensé que te gustaban los culos grandes Shun.

—Yo no hice nada, ella vino sola y bueno, me despertó con un oral. 

—¿Vino por ella misma? — Samantha abrió los ojos y cerró con seguro la puerta— ¿Qué tan bueno fue ese oral? 

—No fue el de una experta, pero me pudo mucho el morbo.

—Sí, eso puede encender a cualquiera. Supongo que acaba de entrar en esa edad donde quiere probarlo todo. 

—¿Tú fuiste así? 

—No había una guerra sucediendo veinte metros sobre mí, pero estaba Harold, un chico guapo de la secundaria— Se encogió de hombros— No vayas a tener celos de eso, Harold debe estar muerto desde hace mucho. Y ahora tu eres mi hombre— Se acercó hasta mi sentándose en la cama. 

—¿Eres mía? 

—Te lanzaste de veinte metros de altura para salvarme, si eso no te hace merecedor de mi compañía— Sus labios tocaron los míos, guardé silencio sintiendo el calor de su boca— mi amor, mi cariño, mi deseo— Me regalo otro beso, esta vez abrió la boca y yo la mía, nuestras lenguas se entrelazaron. Se separó de mí y me observó— Nunca imaginé que serías capaz de hacer algo así de loco por mí. Fue lindo y algo estúpido también. No quiero que hagas ninguna tontería como esa. Por otro lado, ahora no estamos desarmados, cumpliste tu palabra tan rápido que me impresiona que así fuera— Samantha se refirió a un par de pistolas que se hallaban sobre una mesa a mi derecha.

—No sé si deberían estar tan expuestas.  

—Por otra parte, nos van a buscar, no han dado con nuestro bunker, pero necesitamos prepararnos para poder recibirlos. 

—No. Quemé los cuerpos, hay pocas posibilidades que nos busquen así, y de hacerlo, tardarán bastante tiempo en armas las piezas— Respondí y Samantha abrió la boca, luego la cerró y analizó la situación. Cuando estuvo conforme con ese punto, continuó.

—Ahora, vine a verte porque tengo algo que me preocupa— El tono y semblante de Samantha cambió del usual juguetón a uno serio—Tomé el mando momentáneamente mientras estabas dormido y recuperándote, pero viendo que ya estás lo suficientemente bien como para alimentar a una chica de trece años— Alzó la ceja en ironía— Jessica dijo que se iría, está pidiendo que le abran la trampilla para salir ella con Daniel y Marta. 

—¿Qué? ¿Está loca? — Pensé las cosas un segundo— Espera, ¿tú crees que por eso Marta vino?

—No sé, ¿importa? ¿Qué piensas hacer con ella? 

—No sé, no lo he pensado, pero no puedo lanzar allá afuera a Daniel o a Marta. 

—Van a morir. 

—Exacto, van directo a morir. Y no confío en que Jessica mantenga la boca callada mientras esté afuera del bunker, prefiero tenerla aquí adentro y vigilada. 

—¿La pondrás a limpiar como hiciste el otro día? — Inquirió Samantha de brazos cruzados— ¿O la encerramos en una habitación?

—Podría ponerla a limpiar, y a hacer otras cosas que ninguno de nosotros querría. 

—¿Algo como una cachifa? No sé si eso sea un castigo Shun. 

—¿Qué hago? ¿Le exijo que haga todo mientras está desnuda todo el día?

—Me parece que es algo mejor, siquiera que sienta vergüenza ante las miradas ¿no? 

—Lo haría, pero es que no me agrada visualmente Jessica.

—Si, a mí tampoco me llama mucho la atención— Replicó — ¿Alguna idea? 

—Haz que pase hasta acá, quiero al menos ver cómo se va a excusar o qué va a decir. Ya veré que hacemos— Mi hermana asintió con la cabeza y se dirigió a la puerta, por donde desapareció un par de minutos, antes de traer frente a mí a la mujer. Samantha la sujetaba del cuello de su camisa, Jessica por su parte se notaba que trató de defenderse y no llegar hasta mi recámara. Al verme y notar que justo a mi lado se hallaban dos armas de fuego se colocó pálida, las manos comenzaron a temblarle y bajó la mirada de pronto. 

—Shun…— Su tono fue bajo y casi sumiso. 

—Jessica— Le hice señas a Samantha para que la soltase, la mujer casi cae de rodillas, luego trató de pararse lo más firme que sus piernas le permitieron— Me comenta mi hermana que solicitaste irte del bunker. Explícame. 

—Shun yo— Guardó silencio viendo en dirección a la puerta, pero Samantha se hallaba de brazos cruzados y rostro nada amigable— Entiendo no ser bienvenida aquí, he dicho y hecho un par de cosas que, te pusieron en peligro a ti y a Samantha. 

—No puedo dejar ir ni a Daniel ni a Marta— Fueron mis palabras, secas, precisas y sin remordimientos. Jessica por primera vez abrió los ojos y la boca para desafiarme desde que entró a la habitación. 

—¡Son mis hijos! ¡Yo los parí! ¡No me vas a quitar ni a Daniel ni a Marta, yo voy a salir por esa puerta y me los voy a llevar conmigo! ¡Considera que será una carga menos para ti y tu familia!

—No creo que Daniel o Marta sean una carga. Y la verdad no tengo problema con que te vayas del bunker, de hecho, creo que nos harías un favor, tanto a Samantha como a mí— La mujer rechistó con la boca— Pero estoy seguro que morirás allá afuera, y si te llevas a los otros dos, ellos también. Y no me apetece que Daniel o Marta mueran, así de simple, ellos no saldrán. Aquí recibirán comida y alojamiento hasta que este lugar sea seguro. 

—No puedo dejarlos con ustedes. Sé que Natalie nunca dejaría que les pasara algo malo— Bajó la mirada, pero no puedo dejarlos aquí ¡no puedo!

—Con lo cual llegamos al punto donde será necesario que tú te quedes, incluso cuando no es de mi agrado ni el de mi hermana. Ahora el punto es ver bajo qué condiciones se te permitirá vivir aquí con nosotros, teniendo en cuenta que tus beneficios ya no existen— Me expresé de forma contundente; Jessica me observó con miedo, pero, a diferencia de múltiples veces en otros instantes, no replicó— Lo primero es que serás de mi propiedad, yo tendré libre permiso para hacer contigo lo que me dé la gana. Desde enviarte a limpiar, hasta usarte como carnada si es necesario. 

Samantha me miró con curiosidad, yo solo iba armando las palabras e ideas bajo la marcha. No tenía nada planeado sobre el castigo, pero eso fue lo primero que se me ocurrió— Eso si deseas poder permanecer aquí junto a tus hijos. 

—No tengo problema, haré lo que sea necesario. 

—Esa es la actitud que me gusta— Sonreí con malicia, me gustaba la cara de miedo que me dedicaba— Ahora, tu primera tarea será desocupar tu habitación, la cama la moverás a esta habitación, el armario y lo demás lo puedes mover a la habitación de Mónica. 

—¿Dónde van a dormir Daniel y Marta? — Preguntó. 

—En las otras habitaciones, tú en cambio dormirás en el suelo, en el sofá o contra la puerta, lo que considere conveniente esa noche. 

—Seré algo así como una esclava. 

—¿Objeciones? — Pregunté. 

—No es como si pudiere hacer alguna objeción. 

—Exacto— Respondí, pero a pesar de ello la mujer no se mostraba ni un poco doblegada, si muy temerosa, paseando la mirada entre las armas, mi persona, mi hermana y la puerta. Pero para nada doblegada— Ahora, por favor desnúdate— Sentencié mirando a mi hermana. No se me ocurría nada más, me quedaba sin ideas. Samantha me hizo señas con su rostro de que tampoco tenía nada en mente. 

Jessica no rechistó retiró su blusa, luego su jean mostrando buenas piernas, esbeltas con un trasero muy bien formado. Luego procedió a soltar su brasier revelando enormes senos con pezones dorados bastante llamativos. Pero no sentí lujuria alguna, cuando estaba por quitarse la ropa íntima de color negro la detuve— Hasta allí. Quiero que realices tus tareas así. Ahora sal de la habitación. Ya veré si luego ganas el derecho a usar ropa nuevamente. 

La mujer se retiró cabizbaja. Samantha cerró la habitación detrás de ella y me miró— ¿Y qué fue eso? 

—Ni idea, ¿era eso o dispararle en una pierna? No se me venía nada a la mente. Pero no la veo nada dolida ni arrepentida. Solo la veo con miedo— Respondí. 

—Yo tampoco la veo arrepentida, es lo que me molesta más. Casi nos morimos y la muy puta sigue igual con su vida. ¿para qué mandaste a desocupar la habitación? 

—Es el cuarto más alejado, lo pienso aislar para crear las armas químicas que te mencioné antes. No quiero que todos mueran ahogados— Respondí y Samantha asintió con la cabeza. 

Natalie no tardó en entrar a la habitación luego de que Jessica saliera de allí. Samantha notó su mirada preocupada y luego salió también del cuarto— Te dejo Shun, hablamos luego. 

—Shun ¿por qué Jessica salió casi desnuda de la habitación? Las chicas se le quedaron mirando. 

—Es parte del castigo que le puse— Respondí— Mira, la verdad no se me ocurrió nada bueno con qué castigarla y la muy condenada quiere irse del bunker y llevarse a Daniel y Marta, y no puedo dejar que se los lleve. Se morirían allí afuera, ya sea por radiación o si se encuentran con algún grupo. Quizás ella y Marta pudieran sobrevivir usando sus cuerpos, pero Daniel está muy muerto— Completé. 

—Y eso se te ocurrió. 

—Eso, limpiar todo el bunker y quitarle la cama. No sé qué otra idea puedas sugerir. 

—No sugeriría nada. También ten en cuenta que ella acaba de perder a Sergio. Aunque fuese algo fugaz, puede sentirse afectada al respecto. 

—No la veo nada afectada Natalie— Repuse mirándola a la cara. Luego descendí y noté algo particular, llevaba puesta la minifalda negra que busqué para ella. La prenda le quedaba perfecta, su trasero escapaba fácilmente dejando ver el inicio de su culo, el lugar exacto donde sus contorneadas piernas finalizaban con un corte perfecto, y era sucedido por la circunferencia de las nalgas. 

Natalie notó mi mirada fija clavada en ella y sonrió colocándose de medio lado— ¿Te gusta? 

—Me fascina, te queda muy bien. 

—Me siento casi como una regalada, pero admito que es atrevido. 

—¿Te sientes atrevida Natalie? 

—Con tu mirada así, ¡pareciera que me vas a desnudar Shun!

—Quizás, quien sabe. 

—Es divertido ser así de atrevida un instante, aunque mi trasero se ve un poco, y me da miedo agacharme, se me va a ver todo. 

—Tendré que estar pendiente si te descuidas y agachas en algún momento. 

—No lo haré Shun. Pero es divertido esto. Quería preguntarte si te gustaría ver una película en la noche. Algo tranquilo. 

—¿Quieres ver una película romántica? 

—Prefiero una comedia— Respondió ella, y yo asentí tranquilo antes de verla partir con una ligera sección de su trasero a la vista— Pero no hoy, prefiero que sea luego, hoy deberías descansar. 

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