XV

 

Eran las siete con cuarenta minutos de la mañana cuando terminé de limpiar luego de haber regado polvo de carbón activo por todo el hogar. El mismo que planeaba usar para un nuevo par de filtros los esparcí en el suelo, mesón, paredes y puertas antes de proceder a regar agua, y secar todo. 

Me encontraba en extremo agotado de restregar y revisar de forma constante con el medidor Geiger. El peligro disminuyó en gran medida, pero continuaba marcando quince MiliSieverts. Lo cual en mi opinión era mucho. Claro está que no era algo que pudiera solventar fácilmente. Debía esperar que los filtros de aire actuasen. 

A esa hora Natalie despertó y se asomó en el pasillo que daba con las habitaciones— ¿Regresó? — Preguntó. Yo me limité a negar con la cabeza. 

En casi nueve horas de limpieza de mi parte, Sergio no regresó en ningún instante, no hubo toque alguno de aquella compuerta. Y estaba seguro. Estuve más de la mitad del tiempo lavando el traje y el pasillo que se hallaba más contaminado que nada en el bunker. Sencillamente no hubo comunicación alguna. 

—¿Qué harás? ¿saldrás a buscarlo? — Preguntó en tono serio. Yo dudé un instante ante aquello. Como integrante de la familia quizás debía salir a buscarle, sin embargo, allí afuera existía un peligro y prometí a Samantha que primero tendría listas las armas químicas antes de volver a pisar la superficie. 

—Déjame conversar con Samantha. Incluso si salgo, ella debería quedarse en la entrada vigilando— Me resigné. Sería un problema interno no revisar su paradero. Podía estar vivo y escondido mientras amanecía, o capturado y revelar nuestra ubicación. Sin contar que la zozobra reinaría si el paradero era solo desconocido. 

Esperé a que Samantha se levantase para conversar sobre el tema. Fue obvio que no tomó bien la necesidad de salir a buscar a alguien que salió sin permiso y por su cuenta al exterior. Aún más luego de la pelea del día anterior, pero comprendió el hecho de que Carol no se quedaría tranquila sin una respuesta. Ninguno de nosotros prestó atención a Jessica que bramaba cada cierto tiempo. 

Dormí solo un par de horas antes de prepararme colocando mi traje. Cada miembro de la familia salía cada cierto tiempo y por algunos minutos al área común en búsqueda de respuestas, comida u otras necesidades. Samantha me esperaba en la entrada de la escalinata ya vestida. 

—¿Qué deberíamos hacer? 

—Jessica no ha querido decir qué fue lo que salió Sergio a buscar a la superficie, asi que creo que deberíamos revisar solo el vecindario y ver si le hallamos. Siempre está la posibilidad que se durmiera o esperase a que amaneciera. 

—Ya amaneció hace bastante rato— Informó Samantha. 

—Lo sé, solo trato de no pensar en lo otro que pudo suceder— Pude ver que Samantha ladeaba la cabeza— No estoy preocupado por él, pero si lo hallaron, supongo que pueden encontrar nuestra entrada, eso sería lo peor. 

—Desearía tener con nosotros esas armas de las cuales hablaste. 

—Lo siento, no hubo tiempo de un carajo— Respondí también frustrado. Samantha tenía razón al temer, Yo sentía una mala vibra recorriendo mi espalda, a pesar de eso ambos iniciamos nuestro ascenso hasta la superficie. La tensión se acumuló en nuestros cuerpos rápidamente

La trampilla que funcionaba como entrada y salida secundaria de aquel bunker, era circular hecha de un metal que pesaba mucho, probablemente hierro puro. Costaba de levantar para salir. En la zona interna poseía una rueda que se debía girar, este mecanismo es el que resguardaba la entrada. No era posible abrir o cerrar desde la zona exterior si la interna se hallaba cerrada. En caso contrario era posible pasar un pequeño seguro en la zona superior. 

—¿Hay algo que debamos buscar mientras estamos afuera? — Preguntó mi hermana. 

—Pues sería genial conseguir más carbón activo, pero la última vez lo conseguí fue en la veterinaria. 

—¿En la veterinaria? 

—Se lo dan a los animales que están envenenados y también lo usan para limpiar el agua de las peceras. 

—¿Quedará todavía allí?

—Quizás, pero era puro escombros— Llegamos a la trampilla y giré con una mano aquella rueda para luego levantar y ver el mundo exterior. El cielo se hallaba nublado y el sol se encontraba cerca del punto más alto. Nuestro alrededor se hallaba desierto y sin rastros de Sergio. Chasquee la boca, era un fastidio tener que buscarlo— También debo buscar algun tipo de calentador de agua. Mamá me pidió uno para la ducha. 

—¿En serio? Bueno, si es incómodo bañarse con agua fría, pero no imaginé que te pediría eso. 

—Si bueno, pero es como algo mucho más específico y no puedo buscar una de gas, debería ser una eléctrica, pero no he visto ninguna— Ayudé a Samantha a salir del lugar y cerramos la trampilla detrás nuestro.  

—¿Una eléctrica? ¿no es peligroso? 

—No. La zona por donde pasa la electricidad está separada de donde pasa el agua, la electricidad en realidad solo caliente una resistencia y esta irradia calor a lo que sería una especie de radiador, y el agua pasa por esas zonas calientes y listo. 

—Siempre hemos usado las de gas, me siento mejor con esas. 

—Pero difícil hacer una conexión de gas allí abajo, será cuestión de ver— Observé los escombros, no noté ningún paso sobre las cenizas. Si Sergio de movió por allí, el viento debió borrar su trayectoria— Comencemos a dar vueltas por aquí, y luego en aquella dirección— Observé el desastre a nuestro alrededor. Los escombros y la ceniza seguían siendo reyes en el panorama cercano. 

—¿Sabes algo? Ayer en la noche no logré escuchar los gritos de Carol hasta que saliste como loco de la habitación. Me tocó lanzarme en la cama y aparentar que estaba acostada para que Mónica y Natalie no notasen nada. 

—Disculpa, me asusté, por un momento pensé que algo sucedía afuera y salí corriendo— Me disculpé. 

—No te preocupes, pero de verdad me asusté bastante por un instante. 

—Estaba muy bueno lo de anoche, maldije cuando me di cuenta qué era lo que ocurría— Respondí moviéndome por la calle y observando nuestro alrededor. 

—Yo voto por decir que no lo encontramos e ir a sentarnos un rato en la entrada o buscar algo que podamos usar de verdad. Estoy es una salida a perder tiempo. 

—¿Sabes dónde podamos conseguir bombillos o pólvora? — Pregunté. 

—¿Bombillos que sirvan? ¿Quizás dentro del centro comercial o dentro de algunas casas? ¿Eso lo usaríamos para mas armas?

—¿Algo así? Es que se me ocurrió una idea loca. 

—Has pensado en cómo las personas están viviendo aquí afuera ¿desarrollaron inmunidad acaso? —Preguntó Samantha revisando por debajo de una pared de concreto para cerciorarse si había algo de valor o interés.

—¿Inmunidad? Nadie desarrolla inmunidad en un par de días, siquiera en un par de meses. La inmunidad es algo que se gana con miles de muertes y el paso de algunas generaciones. Es algo que no les dijeron a las personas cuando sucedió lo del coronavirus. 

—Si vi, una propaganda ¿en Inglaterra u Holanda? Sobre la inmunidad colectiva. 

—Aja, les contaron una verdad a medias. La inmunidad colectiva si existe, la hemos desarrollado millones de veces a lo largo de la historia. Pero para ello mueren cientos de miles y no sucede en un lapso de algunos días. Generalmente son las siguientes generaciones las que van desarrollando inmunidad. Eso se da porque las madres ya han portado el virus y su sistema inmunológico se ha acostumbrado al proceso de la enfermedad, y dicha información la transmiten por medio de la leche materna en los primeros seis meses de lactancia. 

—Creo que en eso se basan los que son anti vacunas— Comentó Samantha— O los que eran, supongo. Sería una pendejada si esa clase de gente fue la que sobrevivió. 

—Sí, se basan en eso, pero como dije antes, es otra verdad a medias. La leche materna solo protege al niño los primeros seis meses, y no todo se puede transmitir. Así como hay enfermedades para las que no hemos desarrollado anticuerpos incluso en cientos de años de muertos. Para eso se vacunan— Contesté. 

—¿Cómo se haría ahora para ese tipo de cosas? ¿Quién fabricaría las vacunas? 

—Yo no— Contesté— Supongo que algún laboratorio debe existir todavía y alguien que sepa sobre ese proceso genético o de laboratorio podría replicar el proceso. No sé, solo conjeturo. 

—Pero eso no responde mi pregunta ¿Cómo sobreviven los que están afuera? ¿Se bañan en carbón a diario? 

—No creo, pero supongo que algo se han inventado, así como nosotros nos hemos inventado estos trajes. O quizás la radiación les va a afectando por a poco. Hay muchas personas que murieron en Chernobyl pasado bastantes días, incluso meses. Claro que con quemaduras muy graves. 

—Pero dependía del nivel de radiación ¿verdad? 

—Si— Alegué mientras avanzábamos revisando y moviéndonos al cuadrante vecino— Pero no sé, no sé cómo se mantendrán sin morir contaminados. 

Caminamos otro rato hasta que de la nada observamos un rastro de sangre, este se extendía un largo trecho, eran gotas bastante grandes de líquido que al secarse se tornaba de un color marrón casi negro— Se desangraba— Temí que fuese Sergio, la sangre se hallaba seca, pero no tan vieja. 

Samantha parecía pensar en algo muy semejante a mí— Si perdió tanta sangre, debió desmayarse. 

—O morir— Concluí con pesar, pero sinceridad. El cuerpo humano duraba cierto tiempo con pérdida de sangre como esa. Y si lograba avanzar, con cada segundo su situación empeoraba, hasta que había falla interna y caían inconscientes o muertos— Lo que no entiendo es que, si se hallaba herido ¿por qué corre en esa dirección? ¿Se perdió? — Giré mi cabeza y noté a Samantha, quien señalaba la calle siguiente una forma marrón fea tendida sobre un grupo de escombros. Se trataba de un traje igual al nuestro. 

Corrimos en aquella dirección. Sergió avanzó cerca de doscientos metros antes de caer contra una pared derrumbada y un grupo de bases metálicas dobladas. Hubo en algún momento un charco de sangre muy grande, ahora solo era una masa gelatinosa pegajosa al contacto contra los zapatos. 

No necesité un examen médico de aquello, se hallaba evidentemente muerto, incluso son necesidad de ver su rostro o palpar su pulso. Lo sabía bien por su rigidez, la sangre y porque parte de sus intestinos se hallaban expuestos sobre el concreto de la pared sobre la cual cayó. 

—Carol se va a derrumbar— Comentó Samantha. 

—Ni que lo digas. Pero él salió por cuenta propia ¿qué mierdas pensaba buscar afuera? — Me acerqué hasta el cuerpo para girarl. El cuerpo se hallaba rígido como una tabla. Costó mucho, pero finalmente le giré y observé un par de ojos abiertos en señal de pánico, mientras que sus dos manos sujetaban su vientre. Allí se hallaba una enorme raja que rebanó su traje y parte de su estómago. La sangre manó por todos sus brazos y piernas antes de fallecer. 

—Eso no es un corte natural— Comentó Samantha viendo el cuerpo. 

—Lo cortaron— Respondí girando mi cabeza para ver a Samantha. Allí mi sangre se heló. Cinco hombres se hallaban detrás de ella, uno de ellos con una pistola y otro con una enorme barra de metal. Este corrió en mi dirección y golpeó con la barra directo a la cabeza. 

—¡Shun! — escuché el grito se Samantha mientras caí al suelo y ella era sujetada desde atrás. 

—Tenías razón Cesar. Aparentemente hay una pequeña madriguera de ratas cerca de esta zona— Comentó el hombre alto con la pistola en su mano derecha. 

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