XLII

—¡No puedes! van a vernos Shun— expresó cuando nuestras bocas se encontraban y enlazaban en un beso húmedo lleno de pasión. A pesar de sus palabras, su trasero se hallaba contoneándose de un lado a otro contra mi dureza. 

—No me importa que lo noten, es difícil mantenerse tranquilo cuando te mueves así contra mí— Alcé  su vestido. Sus hermosas piernas se abrieron un poco al tiempo que sus nalgas quedaban expuestas al aire. No había ropa interior alguna, por lo cual pude ver el líquido que resbalaba por uno de sus muslos y su sexo húmedo esperando un poco de ataención. 

Me hundí lento dentro de ella, gozando de la sensación apretada y el calor que envolvía mi miembro en cada centímetro. Inició el bombeo de mi pelvis contra su zona erógena. Natalie por su parte agachó la cabeza con la vista situada en el suelo, sus manos se aferraron al mesón, su espalda se curcó dejando su trasero tan expuesto que resultaba erótico y provocativo en diversas formas. 

Claro que teníamos público, pero no era nada extraño, todos se hallaban conscientes de la relación cada vez más carnal que ambos gozamos.

—¡Estás llegando al fondo! ¡Si!

—¿Te gusta hasta el fondo? si gritas todos en el búnker se van a enterar. 

—¡Solo mételo hasta el fondo, no soporto más!

—Eso suena como una orden que no puedo rechazar— Tomé su cintura y me hundí con todas mis fuerzas en su interior. Su excitación era perceptible, sus dedos se trataban de hundir en el cemento del mesón, su espalda se curvaba, los pies estiraban y los poros de su cuerpo se hallaban abiertos. Aunque quizás la cantidad de líquido en su interior era la mejor prueba, mismo que hacía sonidos lascivos cada vez que me movía contra ella. 

—No puedo creer que mamá sea asi de sucia— La voz de Gina acercándose al mesón de la cocina llegó a sus oidos, su sexo reaccionó apretando mi hombría en un estímulo muy placentero. 

—Es una puta que ansiaba ser penetrada— respondió Samantha  sonriendo. No hubo objeciones a sus palabras. 

Terminé de quitar su ropa y disfruté de la majestuosidad de sus senos rebotando contra mis dedos y el calor de su boca besándome cuando el clímax le alcanzaba. 

—Tan adentro…— Su voz apenas se lograba escuchar entre los constantes jadeos. 

—Yo siempre supe que Natalie debía de ser así, creo que es algo de las mujeres de la familia— alegó Mónica observándonos con hambre y expectativas.

—Estoy muy sensible, las piernas no me resisten— Yo sonreí ante su mención y la mirada lasciva que me dirigía una de las testigos del evento. Aún así continué y percibí como sus ojos se alzaban notando la audiencia y un nuevo orgasmo le alcanzaba junto a la expulsión de líquido contra mi entrepierna. Yo llegué poco después en todo su interior. 

—Podría acostumbrarme a este tipo de espectáculos— declaré antes de brindarle un beso tierno y ayudarla a levantarse. 

Pero eso sucedió días atrás. Y nada más. La realidad dentro de nuestro búnker se vió alterada de forma brusca y muy cruda. 

El sexo era fantástico, pero la realidad es que el ánimo en el lugar disminuyó en gran medida, la razón. Se hallaba en una de las habitaciones totalmente clausurada. 

Amalia se hallaba muy enferma, obviamente debido a absorber grandes cantidades de radiación en algún instante. Ahora se hallaba postrada sin comer casi, su piel se hinchó y luego empezó a mostrar inmensas áreas heridas, mientras que todo lo demás tomaba un tono pálido espectral. Luego, días atrás empezó a escupir grandes cantidades de sangre, y todos los presentes esperábamos que su hora llegase. 

El mayor miedo no se trataba únicamente de su muerte. Era un recordatorio sobre lo que podía ocurrir con cualquiera de nosotros, en especial luego de que Maria y Samantha empezaron a sufrir de tos ocasional. 

Los nervios se dispararon, incluso yo me hallaba nervioso y apretaba aún más el traje de seguridad cada vez que salía al exterior. Revisé el doble de veces el agua, aire y resto del interior. 

No tenía sentido, con la ayuda de Maria y Franchesca, del grupo recién unido, pudimos avanzar el doble de rápido en la construcción de la pared exterior y el frizado y sellado de ciertas zonas en la superficie. Nicole, Mónica y Natalie pudieron salir por primera vez en meses, aunque solo fueron a una habitación filtrada y sin ventanas. 

Samantha se hallaba tan temerosa que no quería acercarse a nadie. , apenas permitía contacto conmigo porque no podía dejar de abrazarla a pesar de golpearme una infinidad de veces por ello. 

—Voy a morir, así de horrible. 

—No vas a morir, Nicole está cerca de hallar la forma. 

—Nicole está tan cerca de hallar una vacuna eficaz, como el resto del mundo de hallar la cura al cáncer— Hicimos un silencio ambos. Yo tan solo pude besar su frente y aferrarme. No podía comprender cómo y por qué a ella, aunque de todo nuestro grupo además de mí, era la más expuesta— Se que es una tontería tener miedo. Pero veo a Amalia y… ¿Cuántos días me pueden quedar? ¿Cuántos le quedan a ella? ¿La escuchaste gritar anoche? 

El dolor aparentemente aumentaba en Amalia, no teníamos suficiente analgésico ni tan potente para poder solventar su problema— No te va a pasar nada Sam, yo…— Quería creer en mis propias palabras, pero el miedo era fuerte. El miedo se propagó tan rápido en nuestro refugio que los rostros alargados comenzaron a hacer mella. 

Yo por mi parte me detenía a pensar en cómo la radiación logró afectarnos. ¿Fueron los visitantes? ¿El grupo de chicas? ¿Las salidas? ¿Estábamos condenados todos desde hace mucho, pero no teníamos idea y nuestro organismo estaba decayendo poco a poco? 

—No tienes que mentirme Shun, solo quiero que cuides a las chicas. 

Salí de mi habitación sintiéndome tan apesadumbrado que apenas podía con mi propio cuerpo. No había mucho qué hacer excepto confiar en Nicole. Justamente era ella quien se hallaba afuera de la habitación con los brazos cruzados mirándome— ¿Qué dijo? 

—Tiene miedo, y se está resignando, como dijiste que haría. 

—No podemos dejar que le pase algo a Samantha Shun. 

—No quiero que le pase nada a Sam Nicole— respondí mirándola a los ojos. Era sincero en mis palabras. Samantha era mi ancla a la realidad, mi salud y píldora para poder lidiar con la horrible situación. Podía tener sexo con varias mujeres, pero aún así, Samantha era a la primera que expresaba mis opiniones y pensamientos, era una guía y fuente de consejos. Nicole bien podía ser racional, pero no me sentía tan apegado como para que esta me viese llorar o vulnerable en cierto instante. 

—A lo que me refiero es que, Amalia puede morir, será horrible y nos sentiremos tristes, pero no pasará nada más. Si muere Maria, será un terrible recuerdo que cualquiera puede enfermar y morir por radiación. Pero si muere Sam. No creo que sobrevivamos a tal shock. El grupo estaría muy decaído, y se desintegraría muy fácil. Con miedo varias podrían moverse a otro grupo, que, incluso si es peligroso, pueda ofrecerles un par de vacunas, sin importar su procedencia. 

—Estoy conciente de eso que dices Nico. Lo he pensando bastante desde ayer, de hecho, apenas Samantha me dijo que tenía mucha tos, yo… 

—¿Qué estás pensando? 

—Me estoy planteando salir y buscar algunas vacunas. Puedo revisar si alguien tiene una vacuna refrigerada en buen estado. 

—No creo que “alguien” tenga una vacuna refrigerada, y lo dijiste hace algunos días. Parece que los únicos grupos que continúan en esta zona somos nosotros y el grupo de la tía Juliette. Tú…— Frunció el ceño— Estás pensando negociar con ellos por una vacuna ¿Me equivoco? 

—¿Se te ocurren mejores ideas? 

—No estoy tan lejos de hallar lo necesario. Puedo hacerlo, de verdad. 

—Pero Samantha podría tener daño irreversible para cuando lo encuentres, tú misma lo mencionaste hoy. 

—También estoy preocupada sabes. pedir una jeringa podría darnos tiempo. ¿pero puedes imaginar cuál sería el precio? ¿Qué haces si nos piden a nosotras como moneda? 

—No aceptaría. 

—¿Y si te toman a tí como rehén, qué harás? 

—Matarme no es opción ¿si? lo sé. No necesitas verme con esa cara— expresé antes de sonreírle a Mónica que pasaba por la cocina mirando en nuestra dirección—. Podría prepararme para varias eventualidades. 

—La fiebre no está bajando, no creo que vaya a durar mucho— señaló Mónica en susurros al salir de la habitación que ahora ocupaba Amalia. Yo tan solo asentí con la cabeza ante aquello, no había mucha respuesta que dar. 

—Podrías robarles, pero sería como declarar una guerra, vendrán de inmediato a atacarnos— razonó Nicole por sí misma sin necesidad de palabra alguna de mi parte. 

—No podemos intentar una pelea frente a frente, sin contar que allí está nuestra tía— comenté. 

—Susan mencionó que había una manera ¿lo recuerdas’ 

—¿Crees que podemos confiar en alguien como Susan? 

Se encogió de hombros— No confiaba en jessica, pero se sacrificó para que ustedes sobrevivieran. Supongo que querrá mantenerse viva tanto como los demás ¿qué cuesta escuchar lo que ella piensa? 

—Podria ver qué tiene para decir, pero si me parece estúpido de alguna manera, o peligroso. 

—Comprensible que lo desechemos como plan, igualmente ella puede mentir y manipularnos para lanzarnos al otro grupo y aliarse con ellos. 

—Shun ¿podemos encender la electricidad? Queremos poner una película, tu sabes, para subir algunos ánimos— Comentó Gina llegando a mi lado junto a Carol, Daniel y Leyla, yo asentí con la cabeza. Los más pequeños se retiraron dando saltos de alegría al tiempo que yo me sumía más en la penumbra y me movía rumbo a la zona de plantación, donde Susan dormía en la entrada. 

Hallé a la chica acurrucada en su colchón, arropada completamente. Su estancia en nuestro bunker no era placentera totalmente, su mano derecha aún se hallaba aprisionada por un par de esposas y una cadena pegada a la pared. Pero su ropa y apariencia ya no era tan harapienta como al inicio, había disfrutado de comidas calientes y seguridad allí en su pequeño rincón. 

—¿Qué quieres?— preguntó. 

—Conversar. 

—No pasas por aquí a menos que sea para revisar el agua del tanque, y en semanas aquí nunca has venido a “conversar” ¿Qué quieres? 

—Necesito ayuda, necesitamos vacunas. 

—¿yo que voy a ganar? 

—¿De nuevo con eso? 

—¿Es por tu hermana no? ¿Tienes sentimientos de verdad por ella, o me equivoco? 

—¿Sabes donde puedo conseguir vacunas? 

—Lo sé. Pero— la chica se sentó en el colchón—, se me entumece la muñeca en la noche cuando hace frío, y no he visto una película como la que tu hermana pondrá, en varios meses. 

—Si intentas hacer algo, yo voy a…

—¿Dispararme? Sé que no estoy entre tus personas preferidas Shun. Pero si hay peligro de radiación aquí adentro ¿que tan segura crees que me puedo sentir? 

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