XLI

—Estás siendo parcial respecto a personas que no son tu familia. Preferiste a estas personas que son unos completos extraños. ¿Cómo pudiste?

Veía los cambios en el semblante de Natalie. No me hallaba feliz, en especial luego de la conversación con Marta. Me encontraba bastante deprimido y preocupado por distintas cosas en la casa. Tenía un nuevo grupo a quien entrenar y dirigir, la electricidad continuaba ausente, Marta aún reclamaba y apenas fui capaz de conversar con ella. La mujer frente a mi ahora movía la boca alzando la voz mientras fruncía el ceño. 

—¿Quieres que los eche de aquí?

—¿Qué? ¡No! solo digo que podrías aceptar a tu tía y su grupo. Son pocos y pueden trabajar. 

—No va a suceder— Busqué retirarme. 

—¡Shun! no me estás escuchando. ¿cómo puedes ser tan poco razonable?.  Yo digo que ellos deben quedarse aquí, hablaré con ellos y…

Quizás me propasé, pero ya me encontraba algo molesto por su actitud y la tomé de la blusa y la coloqué contra la pared. Su rostro estaba tan cerca del mío que pude sentir su respiración entrecortada y miedo en su mirada— No va a suceder Natalie. 

—¡Suéltame, tú no debes tenerme así!

—¿Así? ¿Por qué no?— Tenía ira fluyendo por las venas, sin embargo todo fue paralizado por la puerta de la habitación que se abrió. Nicole nos vio a los dos durante un segundo en silencio— Ah, ya veo. 

—¡Espera Nicole! ¿No le vas a reclamar? ¡Dile que me suelte!

Natalie observó a Nicole con expresión suplicante, y su semblante cambió a sorpresa cuando Nicole solo le dedicó una mirada sombría casi muerta— No tengo nada que reclamar Natalie. Necesitas que te disciplinen o te hagan entender, cualquiera de las dos son buenas— Luego dirigió su vista a mi— Encárgate, lo que menos debemos tener ahora son peleas internas porque no todos están de acuerdo. O peor, alguien que haga alguna estupidez porque no está de acuerdo o considera que todo era como antes— Expresó antes de cerrar la puerta con fuerza. 

—Ves, incluso me dan permiso. 

—No puedes Shun— Expresó ella con los ojos abiertos. Su ahínco provocó mis instintos, procedí a girar su cuerpo para sentir su abultado trasero contra mi eje. Ella era un afrodisíaco en carne, irresistible en muchos sentidos. Su cuerpo conservaba curvas pronunciadas en los lugares correctos, su aroma se hallaba cargado de hormonas. 

—¿No puedo?— Mi mano se escurrió en descenso por toda su espalda hasta la zona de su trasero. Lo roce con suavidad notando toda su circunferencia, era grande y majestuoso. 

—Hay— Su voz empezaba a perderse entre las caricias que mi mano iba propiciando. Los dedos se movían al borde de su ropa, buscando por debajo de esta el contacto directo con su piel— límites que no debes…

—¿Que no debo?— palpé su trasero, sin intermediario, su piel tersa y suave al tacto. 

—No debes Shun, hay límites que no puedes cruzar.

—¿No puedo? ¿O quizás no debo?— Descendí aún más, sentí la línea divisoria entre sus piernas y su trasero— puedes decir lo que desees, pero no llevas ropa interior, como te dije la otra vez. Lamento recordártelo, pero el mundo con reglas se acabó hace meses atrás ¿Qué no debo hacer? ¿Sentir tu entrepierna?. 

—Yoooooiiiiiiiiiiiishhh— Su palabra se entrecortó cuando un escalofrío recorrió su espalda. El origen provino de su entrepierna húmeda donde mis dedos recorrieron sus labios. Su lubricación llenó mis dedos al instante. 

—Te estás derritiendo allí abajo. 

—Déjame, no lo hagas, después de algo como esto no hay vuelta atrás. 

—Supongo que no, no lo habrá— A pesar de su reclamo verbal, la mujer no hizo el mínimo esfuerzo por moverse de donde estaba, no desvió su mano o se alejó. Al contrario, su espalda empezó a arquearse mientras su forma se ensanchó para permitir que los dedos llegasen hasta su sexo humeante. Noté que trataba de contenerse en sus movimientos, pero su ser empezaba a ansiar más. Su piel se erizaba dejando los poros abiertos y sus líquidos escapaban tan rápido como su respiración se aceleraba. 

—Yo… yo…

—Supondré que tenías mucho tiempo deseando esto, ¿queriendo algo dentro de tí quizás?

—¡No! ¡Contrólate!

—Estoy controlado— respondí apartando un poco mis dedos— Creo que eres tú quien realmente ha perdido el control ¿no? ¿Quieres seguir así de húmeda? 

—No, yo no— Giró su rostro para verme, su mirada estaba llena de deseo, su boca semi abierta jadeaba respondiendo a los escalofríos que la recorrían. 

—¿Lo quieres, verdad? 

—No— respondió segura. 

—Tendrás que pedirlo, o te dejaré así, húmeda y deseando más. 

—Eso es algo muy malo y egoísta de tu parte— respondió sin siquiera medir sus propias palabras. Sus ojos abiertos se apartaron de mí y se centraron en la pared. 

—Tendrás que pedir lo que quieres— La presioné. 

—Yo…

—Pide lo que tu cuerpo necesita, se clara y dí cuanto deseas esto. 

—No puedo Shun, por favor, yo no puedo.

—Entonces hasta aquí llega todo, tu castigo será tener que soportar tu propia líbido mientras los demás disfrutan. 

—¡No!— Parecía a poco de llorar, luego ocultó nuevamente su rostro— Yo lo quiero Shun, por favor, he intentado masturbarme durante días y no logro llegar, solo quiero terminar esto— se rindió. La tensión en sus hombros se relajó. 

—Quieres que tu amo, te de placer. 

—¿Mi…?— Mordió sus labios al girar a verme nuevamente, comprendió su rol y el mío. se resignó y finalizó:— Amo, quiero que me hagas llegar.

Alcé parte de su ropa dejando su trasero al aire, palpé cada una de sus nalgas. El pliegue de su piel, lo redondo de su zona trasera, y dejé que los dedos volviesen a su entrepierna para sentir lo abultado y sensible de su vulva. 

Sus sentidos se nublaron, lo supe por la forma en que fue instintivamente abriendo las piernas y arqueando su espalda para que su sexo quedase más expuesto ante mi. Hundí mis dedos y la escuché jadear. 

—¿Esto es lo que deseabas?— Pregunté moviendo dos dedos en su cavidad humectada. 

—Si, lo quería, lo quiero. 

—Amo— recalqué con malicia y excitación. Era extraño verla tan desesperada, en especial por un poco de tacto. ¿Era tan relevante en la vida de una mujer? No lo sabía, no tenía la menor idea. Pero en ese instante si comprendía que el cuerpo de Natalie deseaba ser explorado y sucumbir al placer, no le importaba nada más. 

—Amo…— jadeo sin fuerzas entre gemidos que iban aumentando de ritmo y volumen a medida que los dedos excababan la profundidad de su sexo. Era posible escuchar como su líquido chapoteaba dentro y fuera de ella con cada estímulo que le daba. Sus paredes internas se movían contrayéndose y dejó de controlar su cuerpo. Alzó los dedos de sus pies cuando un orgasmo la recorrió por completo, su gemido se convirtió en algo semejante a un chillido y dejó caer su cuerpo contra la pared para descansar mientras sus piernas flaqueaban. 

Terminó de rodillas en el suelo, mientras que yo tuve tiempo de quitarme la ropa y mover un poco mi miembro para cerciorarme se hallaba en su punto álgido. Me moví con firmeza hasta ella y lo coloqué cerca de su cara— Vamos, chupalo— Expresé cuando sus ojos hicieron contacto con mi falo. Pude ver el millar de pensamientos cuando sus ojos temblaron inconscientemente. Dudaba de su proceder, y sus manos tambaleaban a un lado de su cuerpo. 

No supe qué conflicto luchó en su mente. Sus manos lentamente subieron hasta mi dureza y la tomó con ambas. Atrapó mi eje endurecido con sus labios y lentamente fue hundiendo su rostro, primero lamiendo el glande, luego llevándolo hasta su garganta para hacer que este desapareciera en su rostro. Alzó sus ojos a mi, y yo tan solo pude asentir a su lujuria. Tomé su cabello y empecé a guiarle, aunque a decir verdad ella sola movía su cabeza de atrás hacia adelante con bastante ahínco. Me sorprendió en grata manera la succión que proporcionaba al salir, ello haciendo uso de su lengua como base para mi falo, y su paladar como techo. 

Acosada por su excitación dejó que su cabeza se moviese de forma descontrolada mientras que una de sus manos se deslizó hasta su empapado sexo para brindarse caricias y placer. Hundió sus dedos y empezó a jugar consigo misma al tiempo que me dedicaba miradas llenas de obscenidad.

Gruñí de placer cuando la descarga de semen fue depositado directo en su garganta. Noté que ella reprimió sus arcadas y sacó lentamente el falo sin dejar de lamerlo. Su cuerpo entonces tembló por tercera vez y sus ojos se perdieron en el techo de la habitación. 

Sentí que vertí mi ser dentro de su boca, no hubo rastro que terminase en el suelo. Lo había tragado y yo me dejé caer en la cama con una sensación refrescante y serena en el cuerpo. 

—Amo— expresó de pronto Natalie sacándome de mi estado de tranquilidad— Amo, yo aún— Tragó saliva mientras se quitó la blusa larga que usaba y el resto de ropa— Necesito un poco más— Sus senos rebotaron al caer contra su propio pecho. Los signos del tiempo no se hallaban sorpresivamente, eran casi redondos y grandes, ondulantes ante el mínimo movimiento de su voluptuoso cuerpo. Pero, la mejor parte se hallaba en sus pezones, eran totalmente rosados, en algún momento aquellas puntas invertidas brotaron debido a la excitación que le embargaba,  en ese momento se hallaban tan hinchados que era exquisito de tan solo mirar. 

Sonreí sintiendo un hormigueo subir desde mis piernas a mi pene. La sensación fue seguida por una mano de Natalie que ascendió hasta mi virilidad. La envolvió con sus dedos, beso salvajemente, succionó, y luego con un débil jadeo se retiró y acomodó contra la pared nuevamente. Abrió sus piernas y con sus manos movió sus glúteos a los lados para dejar ver toda su concha húmeda. 

Estaba cansado y acababa de soltar una carga entera, a pesar de eso, la sola imagen de aquella mujer que tanto respeté deseando ser penetrada me extasió y sacó de mi estado de letargo. 

—¿Lo quieres dentro de ti?— expresé dudando un poco, el juego de ser alguien dominante no se hallaba tan arraigado dentro de mi. Sin embargo, lo estaba disfrutando, y aparentemente ella también. El temor me abandonaba con facilidad. 

—Lo deseo, mételo dentro de mi, amo— Abrió aún más su raja y gotas de su nectar cayeron al suelo, sentí que era una lástima sinceramente. Dí un par de golpes a sus nalgas con mi falo y luego apoyé la cabeza entre los pliegues de sus labios menores. Me deslicé dentro de su cavidad con suavidad hasta el fondo, sus líquidos hicieron el trabajo sencillo, a pesar de que todo su interior se hallaba muy apretado y parecía contraerse a cada instante. 

Saqué y metí mi dureza dentro de ella, la sensación llenó mis nervios enviando impulsos confusos a todo el cuerpo. Ella por su parte empezó a jadear y a morder sus labios. 

—¡Cógeme, cógeme!

—¿Lo quieres? 

—¡No se te ocurra sacarlo, ni hacerlo suave!

No lo planeaba. La verdad es que deseaba penetrarla desde un buen rato y la lujuria subió a mi cerebro nublando los límites de la cordura. Lo hundí hasta chocar en la pared del fondo de su sexo. Un grito se escuchó en toda la casa, me recosté sobre su espalda sintiendo su piel. La rodeé con los brazos y sentí los globos de sus senos contra mis dedos. Sus cúspides eran extremadamente sensibles, apenas las rocé y apreté ligeramente sentí que un chorro de líquido brotaba de su entrepierna. Continué hundiéndome dentro de ella, golpeando mi pelvis contra sus glúteos, sintiendo sus líquidos llenar toda mi extensión y salpicar en diferentes direcciones. 

—¡Llego, estoy llegando!— Alzó sus piernas, su espalda se arqueó aún más, abrió su boca mientras su cabeza se echó hacía atrás y sus manos buscaban algún lugar donde aferrarse a la pared— Siiiiiiii…— Su voz se perdió entre sus propios espasmos, su cuerpo tembló y estuvo a poco de caer al suelo. 

Aún así mi mastil se hallaba alzado, no tenía ninguna intención de detenerme. La vi abrir sus ojos cuando me enterré nuevamente contra su ser y reanudé el movimiento contra ella. 

—Se siente muy bien, me estás follando. Me voy a volver loca. 

—¿No era lo que querías?— Apenas pude pronunciar mientras me enterraba en ella, su circunferencia aumentaba la presión sobre mí. Alcé su cabeza tomando su cabello y acerqué sus labios a los míos. La besé apasionadamente, sintiendo el juego de nuestras lengua. La habitación se llenó de sus gritos desenfrenados— Siiiiii— y el golpe de nuestras carnes rebotando cuando llegaba hasta lo más profundo de su ser— Lléname de nuevo— No pude contenerme, dejé que toda mi carga saliera en su interior. Mis piernas parecieron desfallecer y ella finalmente se derrumbó al suelo mientras un rastro de líquido blanco salía de su entrepierna. 

—No voy a cambiar mi decisión— Expresé acercándome a su rostro— Supongo que tendré que entrenarte un poco más para que sepas cómo atender a tu amo— Me recosté en la cama. Ella asintió y se movió hasta el colchón para descansar a mi lado.

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