XL

—No podemos— Me negué con la mano sobre el rostro. Todo el asunto me daba mucha pena, Natalie me miraba con las manos juntas a su pecho. 

Amalia acababa de explicarnos la situación precaria en la cual su grupo se hallaba. Luego de la desaparición de Carlos, y las muertes de Destin y compañía, solo quedó un puñado pequeño de personas. A eso se le unió que la noche anterior fueron atacados a la salida de su sitio y debieron abandonar la guarida del banco. Aparentemente el tercer grupo de la zona. 

—Shun ¿podemos hablar aparte?— Me interrumpió Sam cuando Franchesca rompía en llanto. 

—Sé lo que vas a decir— Expresé colocandome aparte en la cocina. 

—¿Entonces por qué no podemos dejarlas quedarse? 

—¿En serio tenemos que discutir esto?— Expresé. 

—Shun, creo que esta vez estoy de acuerdo con Samantha— Llegó Nicole a un lado.

—Genial. Dos votos contra uno. 

—No puedes decir que la situación es semejante a la del grupo de nuestra tía— Comentó Samantha— Estas mujeres están indefensas, incluso sin armas, y el niño parece tener problemas. 

—Si, parece que sufre de algo de retraso— Admití viendo al chiquillo, debía tener cerca de once o quizás más, difícil de determinar con la mirada perdida y el aspecto encorvado que mantenía. 

—¿Entonces por qué negarnos?— Preguntó Nicole. 

—Comida, nuestras raciones no son tantas. He revisado la alacena, tenemos algo de comida, y quizás preparando sopa y salsas llegamos a las dos semanas de comida. Y nuestro huerto apenas empezará a producir algo próximamente. Serían cinco personas más. 

—Franchesca sabe cómo pescar, ella y Maria son, eran parte del equipo de waterpolo, nadan desde que tienen uso de razón— Explicó Nicole. 

—¿Las conoces? 

—No exactamente, pero conversé con ellas mientras ustedes discutían y Amalia explicaba su situación— Expuso Nicole. 

—Por otra parte, podemos usarlas como mano de obra. Están desesperadas Shun. 

Guardé silencio sin atreverme a ver sus miradas llenas de lástima. El grupo de Amalia en mi parecer era más una carga que una oportunidad, sin embargo, era difícil ir en contra de las opiniones de todo mi grupo. Sin contar que ciertamente podríamos darle uso a un par de manos más en la superficie en el proceso de construcción o recolección. 

Quizás ninguna de ellas pensaba en los riesgos, podrían ser un grupo de reconocimiento y penetración por parte de cualquier enemigo. Más si en algún momento tuvieron contacto con un tercer grupo. Nuestro bunker aparentemente era único en la región. Algo comprensible teniendo en cuenta nuestra ubicación continental. 

Me mantuve en silencio a pesar de la expresión del resto. Repasé mentalmente los pros y contras unas tres veces antes de darme por rendido. Si existían contras y peligros, tendría que afrontarlos con tiempo. Era mejor enfrentar a un tercer grupo o a los lobos  con las paredes exteriores construidas y los debidos sensores en el perímetro. En vez de negarme y luchar sin aquello— Necesitarán trajes, y tendrán que trabajar, al menos Maria y Franchesca— Comenté— Y tendremos que tenerlas bajo vigilancia. Amalia por otra parte podría ayudar con los niños.  

—¿Se los dirás tú, o quieres que yo lo haga?— Preguntó Sam con un poco de burla en la mirada. 

—Yo lo hago— suspiré temiendo las implicaciones de aquella decisión. 

Solo un par de pasos adelante y las miradas se centraron en mí. Fue curioso notar que luego de algunos meses, el destino y bienestar de algunas personas, incluso desconocidas, se hallaban en mis manos. personas que no me interesaban lo más mínimo, pero debía ver más allá del corto plazo y ver los beneficios a posterior— Podrán quedarse. 

Se escuchó de inmediato un par de risas y suspiros llenos de alivio, Franchesca y Maria se abrazaban entre ellas, mientras que Maria se acercó a Natalie con lágrimas en los ojos— Sin embargo, habrá reglas, primero deben entender que deberán trabajar con nosotros en varios proyectos. Necesitamos un par de manos para construir arriba. 

—¿Vale la pena? digo por la radiación— Preguntó Franchesca quitando las lágrimas del rostro para tomar al niño en sus piernas. La niña en cambio parecía haberse integrado con Daniel y Leyla. 

—Tenemos formas de evitar la radiación allá arriba, aunque no habrá ventanas allí y entrar y salir será algo fastidioso— Expresó Samantha. 

—Ayudaremos, como dije, haremos lo que quieran. Incluso si quieres…— Maria se dirigió a mi entrepierna al tiempo que abrió sus piernas, eso a pesar de que su mirada mostraba que no se hallaba realmente interesada en ello. Yo tampoco tenía interés en ella a decir verdad. Ambas mujeres, Franchesca y Maria eran jóvenes, y muy probablemente fértiles, pero por alguna causa no me atraían directamente. 

—Hay más— hablé pausadamente— Franchesca, tengo entendido sabes pescar. Samantha y yo te acompañaremos una vez por semana a ello, siempre es bueno tener comida en la nevera. 

—Soy buena, tuve hace un tiempo mi propia caña y arpón— Expresó asintiendo. 

—Bien, pero nosotros no tenemos ni caña ni arpón— Comenté. 

—Puedo pescar con un anzuelo e hilo nylon. 

—Genial, supongo entonces que funcionará— me encogí de hombros— También deberán participar en la sesión de entrenamiento que tendremos. Lamentablemente, a pesar de tener un bunker, nuestra fuerza de lucha y defensa se ha visto bastante comprometida, y si tenemos lobos gigantes en la calle. Bueno, no creo tener que explicar que necesitamos cuantas manos puedan sujetar un arma. 

—Yo no estoy de acuerdo con las armas— Expuso Maria, pero de inmediato fue interrumpida por Franchesca

.

—Tú misma dijiste que estabas dispuesta a todo. ¿Estabas dispuesta a dar el culo, pero no a usar un arma?

—Creo que son buenos términos— Amalia torció la mirada en dirección a las otras dos mujeres— No dijeron ni colocaron ningún método medieval como requisito. Lo cual me parece más que bueno. Les recuerdo que ayer estábamos en la lluvía bajo un puente intentando soportar el frío de la noche, luego de no poder dormir por disparos contra nuestra puerta. Si anoche nos hubiesen pedido un brazo a cambio de un techo, yo misma habría preguntado si izquierdo o derecho. 

—Lo siento— Contestó Maria luego de las palabras de Amalia. 

—Bien— Luego se dirigió a mi— Tu eres el cabeza de este grupo. Por favor ten un poco de paciencia, podrán parecer mujeres, y una de ellas ya tener un hijo, pero no significa que madurasen mucho. Han pasado penurias, pero no tantas como otras personas allí afuera. No saben bien lo que es morir de hambre. 

Asentí con la cabeza ante la mujer— Habrá que hacerles un par de trajes— Comenté viendo a Mónica. 

—Necesitamos un par de cosas, pero se puede. 

Aquella tarde nos movimos hasta el puerto y recogimos tantas armas como pudimos sobre la parte trasera de una camioneta, al igual que munición y partimos rumbo a casa. Armar sesiones de entrenamiento no era muy difícil, quizás un par de latas o dibujos de cabezas para mejorar en la puntería. En cambio requería mucha cantidad de munición. 

—¿Crees lo del ataque?— Preguntó Celia junto a Sam en la camioneta justo antes de llegar a casa. 

—Si no están mintiendo, son muy buenas actrices— Contesté. 

—Sí creo. Bien podríamos pasar por la zona del banco, pero no lo veo prudente— Alegó Samantha. 

—Probablemente tengamos una sorpresa de movernos por allí— Comenté sin apartar la mirada del camino. 

—¿Crees que el otro grupo, los del centro comercial se mudaron?— Siguió Sam. 

—Pienso— Suspiré— Que el grupo del centro comercial debió ser exterminado o se encuentra bien escondido. No hemos visto siquiera indicios de sus movimientos— Sam asintió con la cabeza, pero Celia no pareció entender y se quedó mirándome. 

—Esa gente pescaba en la tarde, en el muelle que se ve desde la base a la que fuimos. No estaban hoy. Sabemos que lo hacían en la tarde porque los seguimos. Trataban de no tener confrontación con la gente del banco— Explicó mi hermana. 

—Probablemente encontremos personas instaladas en el banco, pero no me agradará verlas allí. 

—Te refieras a…

—Al grupo de tía Juliette— Afirmé— No creo que sea casualidad que llegue un nuevo grupo a la ciudad y de inmediato un grupo sea despojado de su lugar y lo poco que tenían. 

—No dieron esa impresión con nosotros. Aunque Julio e Ima no abrieron la boca mientras estaban allí, como si… 

—Como si tuviesen órdenes de mantenerse callados y observar todo— Me detuve cerca de nuestro refugio. Más adelante los escombros bloquearon el camino— Me gustaría equivocarme. Solo siento que un grupo como ellos no sobreviviría a menos que, supieran pelear muy bien— Me encogí de hombros. 

—Su tía, Juliette, no se atrevería a nada, ¿o sí?— Celia se bajó permitiendo que Sam también descendiera por su puerta. 

—¿Tú que harías Sam?— Le pregunté a la persona que sabía se preocupaba por el resto. Bajó la mirada aún con el casco puesto.

—¿Si de ello dependiera mi vida y la de quienes quiero, o quienes están conmigo?— resopló— Haría lo que fuese necesario, probablemente. Lo evitaría en un inicio, pero, lo haría. Si en verdad llegasen a atacarnos, o intentar algo, los eliminaría, incluyendo a mi tía. Por lo cual pienso que si es posible que ella piense igual. 

Me encogí de hombros— Pensé algo bastante similar.

—¿Creen que habrá confrontación? 

—Depende de si se quedan mucho tiempo en nuestra área, y de cuán precario sea conseguir los recursos— Contesté espantando las moscas y bichejos en el aire frente a mi— Si las cosas se ponen difíciles. Entre enfrentar una manada de lobos o un grupo de sobrevivientes…

—Rayos, el mundo es una mierda— Concluyó Celia, punto en el cual todos estuvimos en cierto modo de acuerdo. 

Aproveché la oportunidad, y que los ánimos se hallaban un poco calmados para acercarme a Marta, quien se hallaba jugando sobre una de las camas. Pedí con un gesto a Gina y Carol que se retiraran para tener un instante a solas donde hablar. Marta buscó escapar, pero la detuve un instante sosteniéndola del brazo— necesitamos hablar. 

—No quiero verte, mucho menos hablar contigo. 

—Siéntate, solo será un par de minutos— Continuó dedicándome una mirada llena de odio— Solo quiero hablar. 

Tomó asiento resoplando— Me dirás que lo sientes y perdón. 

—Si, lo siento, y también quiero pedirte perdón por todo lo sucedido. Pero pensaba empezar preguntando cómo te sientes. 

—¿Cómo crees que me puedo sentir? Mi mamá está muerta. Probablemente la única persona que estaba pendiente de mi, se fue— Las lágrimas manaron tan rápido que sentí estropearlo todo. 

—Lo siento Marta, no puedo acomodar ni hacer nada sobre eso— La abracé— de verdad haría lo que fuese si eso cambiase las cosas. 

—¿Por qué no trataste de salvarla?

—Yo…— se me atragantaron las palabras en la garganta y un peso cayó en mi pecho— Tuve miedo— Admití. 

—¿Por qué? 

—Estábamos rodeados, les disparamos a los lobos, pero fue inutil. No caían, no sé si la piel era muy gruesa y resistente, o solo aguantaron la lluvía de balas. Pero estaban a poco de matarnos a todos. 

—Iban a atacar a Samantha y preferiste sacrificar a mi mamá. 

—Yo no dí ninguna orden Marta— Suspiré— No esperé que Jessica saltara. De hecho, ni siquiera sabía que estaba allí. Sé que le dije nos siguiera y cubriese, pero era especialmente por si el otro grupo nos atacaba. Cuando empezó el ataque de los lobos, me olvidé de su presencia, escapamos. Luego caímos de la camioneta. No preví que Jessica se lanzaría, ni siquiera entiendo por qué lo hizo. 

—Y la dejaste allí. 

—Estaba muy herida, a un punto en que, incluso si hubiésemos podido matar a todos los lobos. No sé Marta, no sé qué decir, no creo pudiera salvarla, no…

—La extraño. Sé que mi mamá peleó contigo, pero ella me dijo que tu no planeabas echarme. En ese momento pensé que tampoco la echarías, que hallarías otra forma, incluso castigarla o humillarla, pero al final…

—No, no fue por eso, fue algo que sucedió sin planificar. No la habría enviado a su muerte de saberlo— Expresé separándome un poco para verla a los ojos. No estaba mintiendo. 

—No te odio— secó algunas de sus lágrimas. 

—Gracias. 

—Pero tampoco he podido perdonarte. Déjame sola, un rato, un tiempo. Déjame solo pensar, llorar, siento que no he llorado lo suficiente. O que los demás no han llorado.

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