XIX

—Terminé de pasar la cama, pero deberé trastear mañana el armario y otras cosas a esta habitación. Los demás se fueron a dormir. 

—Bien, puedes dormir en el sillón— Comenté antes de dirigirme a mi habitación y hallar el cuarto lleno de mujeres y Daniel dormido sobre las dos camas. Solo Nicole y Gina faltaban allí, ellas dos y Mónica que obviamente estaba dormida en la cama de la otra habitación. Decidí no molestar a nadie y me acosté junto a Mónica hasta el día siguiente. 

Desperté por la mano de Samantha que se sentó en la cama a mi lado— Lo hiciste de la forma más ruidosa posible ¿no? 

Me encogí de hombros—  Te lo aseguro, si era por Mónica lo habría escuchado hasta en la superficie. Traté de mantenerlo bajo. 

—Mamá se molestó. 

—¿Si? No me sorprende. 

—O al menos anoche se acostó molesta, ya hoy en la mañana Mónica salió reluciente, con una sonrisa de oreja a oreja a hablar con ella. La calmó bastante. 

—¿Si? ¿Cómo? — Pregunté. 

—Le dijo que ella quería, que tenía tiempo sin sentirse así y que lo disfrutó bastante y cosas así, te podrás imaginar. 

—Yo me estaba preparando para una conversación incómoda— Repuse. 

—Estoy seguro que la tendrás, pero más que con mamá, con Nicole. Ella sí que está furiosa. 

—¿Nicole? 

—No comprendes a las mujeres hermano. 

—Tú no estás molesta— Le respondí a Samantha. 

—Claro que no, yo estoy buscando la cúspide de la perversión para tomarte, a ti o a Mónica, incluso ambos es una opción, pero para ello debo buscar el momento más álgido. La cumbre de la perversión. 

—Ya me imaginaba yo que tus necesidades eran del tipo sexual. 

—¿No lo dedujiste desde el inicio? Te pedí baterías para mi consolador, pero primero lograste conseguir energía eléctrica y pude usar mis baterías recargables. 

—Dos cosas ¿Tienes un vibrador? Y segundo y más importante ¿fue prioridad bajarlo al bunker?

—Era eso o morir de inanición. Lo siento Shun, no puedo decir que pensara tenías un buen material allí abajo antes. No tienes la apariencia del mayor semental, quizás un par de músculos, pero nada más. Y no, no estaba dispuesta a desahogarme con cualquier hombre. Es algo que mantengo conmigo desde hace bastante tiempo. Que no te extrañe, la mayoría de mujeres solteras en algún momento buscan una forma de “jugar”. 

—No me extraña, lo interesante es como elegiste un vibrador como prioridad en vez de ropa. 

—Sexualidad 1, pudor 0. Dije que tomé mis prioridades, no que fuesen buenas o sensatas. 

—Eres un caso sin remedio— Respondí riendo junto a ella. 

—Me lo dice el señorito que se acaba de coger a su tía, y mira con ojos lujuriosos a su hermana mayor. 

—Culpable— Me declaré sin siquiera luchar. No valía de nada, sin contar que ambos estábamos de buen humor y riendo sobre el asunto. Era extraño que un proceso de guerra fuese necesario para acercarme tanto a Samantha, al punto en que ambos empezábamos a entender nuestra mentalidad lasciva y la aceptábamos de buena gana, sin rechazar ningún punto del otro. 

—Vamos, debes vestirte y salir a comer. No puedes permanecer todo el día aquí encerrado. 

—Lo sé, solo quiero…—Me colocaba el pantalón cuando hubo un temblor que sacudió todo el bunker seguido de un rugido que llenó la estancia. Natalie gritó casi tan fuerte como Marta y Carol. El lugar entero se sacudió de un lugar a otro y quedó vibrando algunos segundos después. 

Samantha me observó con los ojos abiertos mientras que yo me levantaba del suelo para salir despedido por la puerta de la habitación. Mi hermana abrió el cajón de su cómoda con fuerza y sacaba del interior un par de pistolas. Una para ella y otra para mí. No eran un escudo, ni una forma infalible de sobrevivir. De hecho, en cada pistola había apenas un par de balas, pero era mejor tenerlas que salir sin ellas. 

—¿Nos atacan?

—No, habrían volado la trampilla o la roca enorme sobre nosotros, ese vibrar y ese estruendo. No fue algo contra nosotros— Corrí por la sala observando que mi madre y los más pequeños del grupo se escondían entre los muebles aterrorizados. Sus rostros con los ojos abiertos, sus manos sobre sus cabezas, sus cuerpos juntos contra el suelo. 

—¡AHHHHHHHHH!

—¡NOOOOOOOO!

Hubo otro estallido, esta vez mucho más ligero. El bunker resonó vibrando suavemente. Todos gritaron en su interior mientras que yo trataba de colocarme el traje y caí nuevamente al suelo. Samantha me siguió de cerca buscando el traje también. 

—¿Piensas salir? 

—¡Claro!

—¡Pero si están bombardeando!

—¡Tenemos que saber qué están bombardeando, si bombardean, significa que hay algo importante aquí! ¡No dejarán de hacerlo hasta destrozar la zona, y a nosotros con el lugar! — Giré por el suelo colocando mi pierna en el traje y subiendo la cremallera de la parte trasera. Ascendí cuando sentía un tercer golpe en el aire— Se alejan…

—¿Y si regresan? — A pesar de sus palabras Samantha me seguía en el ascenso hasta la superficie. Abrí la compuerta para ser azotado por un fuerte viento y una gran cantidad de polvo que llenaba el aire por completo nublando cualquier intento de ver en toda dirección. Cerré nuevamente y esperé junto a la compuerta teniendo a Samantha justo detrás de mí. 

—¿Qué sucede? — Preguntó Gina desde lejos. 

—¡No sabemos todavía! ¡Hay mucho polvo afuera! — Respondió mi hermana mayor. 

Guardé silencio y me esperé unos quince minutos más. Se escucharon un par de aviones desde nuestro lugar, era la primera vez que escuchaba algo volar desde el incidente. El polvo se mezcló con la ceniza llenando cada rincón de nuestro alrededor. Del resto la visión en el exterior era bastante semejante a días anteriores, grandes cantidades de escombros en toda la extensión que pudieras observar, una montaña truncada de forma diagonal a nuestras espaldas y un conjunto de edificios derrumbados a la derecha. 

—¿Aquello es humo Shun? No veo a los aviones— El cielo aún tenía gran cantidad de polvo amarillento que impedía la visión. Sin embargo, justo al frente de nuestra posición como en cinco  o más kilómetros se observaba una humareda. 

—Bombardearon, pero son bombas pequeñas, misiles quizás. 

—¿Están bombardeando a los sobrevivientes? — Preguntó Sam. 

—No creo, si dicen que los humanos son un “bien” de guerra, pero eso solo es válido cuando están luchando. No tiene sentido bombardear a personas solo por temor. 

—¿Y si tienen armas Shun, podrían bombardearlos por eso?

Me quedé pensando mientras veía nuestro destruido alrededor. La enorme roca sobre la entrada principal de nuestro refugio se hallaba intacta. Habría agradecido si la destruían o movían por mí— Podría ser, si están comerciando con armas o brindando algún tipo de insumo a los enemigos, sí. No creo que sean directamente el enemigo, no somos una nación con suficiente material bélico, pero si con recursos. Podríamos estar brindando ayuda en armas u otro material, eso explicaría los ataques. 

—Somos un punto estratégico a nivel bélico— repuso Samantha— ¿Qué haremos?

—No, no haremos nada, tú te quedarás a resguardar a los demás. 

—¿Estás loco Shun? ¿De verdad piensas que me voy a quedar allí debajo de brazos cruzados? 

—Samantha, casi te violan la otra vez ¿si te fijaste que salí vivo por muy poco? No puedo dejar que te toquen, no quiero. 

—¿Me quieres solo para ti Shun?

—¿Te parece extraño? Nunca he sido del tipo que comparte— respondí— ¿Cómo hacemos? ¿Al menos puedes prometerme que te mantendrás atrás y buscarás de que no te agarren?

—Si Shun, porque la última vez yo moví el culo hasta que me hallaron y me dejé agarrar— Me respondió con sorna. 

—Eso no me tranquiliza mucho. 

—Acostúmbrate. 

—¡Shun!— La observé— ¡Abajo! — Me indicó lanzándose al suelo antes de señalarme en dirección de mi derecha. Allí se observaban tres figuras corriendo por entre los escombros alejándose del lugar de la explosión y en dirección a la montaña. 

—Sígueme— Le indiqué mientras me levantaba y comenzaba a trotar rumbo al origen del estallido. 

—¿En verdad piensas ir en aquella dirección? — Preguntó mi hermana. Yo no le respondí, intentaba no caer mientras corría con el traje pesado y caliente encima. Hace un par de días corrí con este para salvarla, en ese momento no sentí que fuese tan incómodo— Esto cansa muy rápido— Se quejó luego de un par de minutos de trote y recostó sobre un grupo de escombros. No habíamos avanzado tanto, apenas salimos de nuestra urbanización y encontrábamos a mitad de un pequeño puente caído. Allí los escombros eran menos y algunas casas y edificaciones se hallaban dañadas, pero no derrumbadas hasta los cimientos. Eso me llamó la atención, debía de ser una zona rica en recursos para revisar. Por otra parte, también significaba que muchas personas pudieron sobrevivir a la gran explosión de un inicio. A pesar de ello, no veía a nadie allí en ese instante. 

A medida que corríamos en dirección al lugar, nos percatamos de algunas personas que corrían, o, mejor dicho, huían en sentido contrario. Esto hizo que tanto Samantha como yo nos pusiéramos atentos y algo ansiosos. Debía de ser algo malo lo que ocurría en ese lugar para que las personas huyeran en carrera incluso sin traje de protección y de forma desesperada. 

—¿No deberíamos descansar un rato? Me voy a morir de tanto correr ¿qué tan lejos está? 

—Creo que está en el puerto, deberíamos estar cerca— Comenté mientras me detenía. También me faltaba bastante el aire. Dentro del traje el oxígeno se acababa rápidamente creando sofocamiento, esto era igual sin importar cuanto entrenamiento tuvieras, si uno tan simple como el mío, o alguien tan entrenado como Samantha, el resultado era el mismo. 

—¿Qué deberíamos hacer cuando lleguemos?

—¿Averiguar por qué atacan un lugar de nuestra ciudad? Si tienen armas debe ser peligroso. 

—Estoy segura que son armas Shun, no creo que sea necesario acercarnos. 

Sentí una mano aferrarse contra mi pierna, mi cuerpo reaccionó dándome un escalofrío que recorrió mi cuerpo hasta mi espalda. Salté del susto hacia atrás y caí de espaldas en el suelo— ¡Ayuda, por favor!

—¿Qué?

Abrí los ojos y observé a lo que me sujeto— ¿Qué fue eso? — Pregunté viendo una figura difusa enterrada entre escombros. 

—¡Es una niña Shun!

—¿Una niña? ¿Está viva? — No se movía, apenas era visible su cabeza ensangrentada, un mechón de cabello negro y su brazo izquierdo. Se hallaba en pésimas condiciones. La mayoría de su cuerpo se hallaba aprisionado por una pared de concreto y otros escombros sobre esta. Su piel se hallaba rojiza y en el brazo tenía una sección blanca con enormes rosetones, como si hubiese sido quemada recientemente.

—Si está viva, no será por mucho— Comentó mi hermana para acercarse a ella.

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