XIV

 

Abrir la puerta de mi habitación fue como una invitación al paraíso. Uno que Samantha había preparado exclusivamente para mi embriagando a mi madre y tía, dejando que ambas cayeran producto del sueño mientras que sus cuerpos se hallaban despojados casi completamente de ropa. Solo la ropa interior cubría sus zonas. 

El plato principal esperaba en el medio de la cama y en la parte inferior de esta sentada. Samantha. Una bomba de mujer con cintura pequeña, y curvas pronunciadas. Su cabello lacio colgaba hasta su espalda. Sus prominentes senos estaban desnudos y los pezones bastante erectos, ello debido a que la mano de la chica se colaba entre sus muslos por encima de una ropa íntima de color marrón oscuro. Solo una lámpara tenue alumbraba el lugar. 

—Tardaste mucho, ya no aguantaba las ganas. Ven aquí y come mi entrepierna— Expresó de forma clara y concisa y yo no hallé ninguna forma de negarme a ello. No importaba que allí se hallaba mi madre o mi tía dormidas, la entrepierna de mi hermana mayor me llamaba y exigía darle placer. 

Me agaché besando sus piernas, palpando la textura de su piel que no solo se hallaba húmeda, sino suave y tersa al tacto. Sus poros se hallaban abiertos y exigentes de atención, una que no dudé el proporcionar con la yema de mis dedos recorriéndole hasta llegar al fondo de su entrepierna y mover a un lado la prende que truncaba mi visión de aquellos enormes labios. 

Había pequeños vellos que apenas nacían de su vulva, abultada y tan húmeda que los jugos chorreaban hasta la sábana. Lo primero que procedí a hacer fue lamer sus jugos que descendían por sus muslos y casi trasero. Luego los saboreé directamente de sus labios y quité aquel blumer de su cuerpo. Samantha se recostó tomando mi cabeza con su mano para hundirme contra toda su vagina. El calor de su zona embriagó mis sentidos a un punto más allá de mi imaginación. 

Mi lengua recorrió la raja entre sus labios y mis dedos se vieron a la tarea de separar su intimidad en dos partes para llegar hasta la dulzura de su sexo. Era rosado y exquisito, el sabor de sus jugos era dulces y con gusto los sentí en mi boca. 

Rocé con la punta de mi lengua la entrada de su vagina abierta y expuesta ante mí. Traté de hundir mi lengua dentro de ella y sentir el sabor de su interior, pero mi lengua no era tan larga, debí conformarme con subir un poco y sentir aquel punto duro de su clítoris. Samantaha apretó mi cabeza y tensó sus piernas cuando mis labios chuparon su punto más sensible y dos de mis dedos se hundieron en su vagina. 

Mi rostro se hallaba sumido en humedad total de mi hermana mayor. La perversión del asunto hacía que mi pene doliera, no recordaba haberlo sentido tan hinchado y el glande tan duro y sensible. Pero no me importó aquello. Samantha se revolcaba entre las sábanas cuando mi lengua se movía rápidamente por su sexo. Mis dedos hurgaban en su interior masajeando la pared superior a gran velocidad, aquel era un truco que aprendí con mi novia bisexual. Uno que ayudaba a estimular todo el clítoris, desde la zona externa hasta la interna. 

—Dámelo, asiii,siiiii— Subía la voz sin importarle quienes dormían a su lado. Yo no estaba dispuesto a renunciar a ello. Podía sentir aquel orgasmo de Samantha llegar, ella subía sus piernas poco a poco buscando tensarlas. Envolví su punto más sensible con mis labios y me preparé para succionar con fuerza mientras mis dedos masajeaban con mayor intensidad su interior— Siiiiii— Tensó el cuerpo, yo chupé su clítoris para exponenciar aquella sensación mientras los dedos sentían un gran flujo de líquido. Estalló contra mi rostro, dos ráfagas de líquido dieron contra mi cara y el suelo de la habitación. Samantha se dejó descansar sobre la cama con leves espasmos y una sonrisa ligera. 

Pensé que a Gina le encantaría ver esa demostración en vivo de un squirt. 

Deseaba cogerme a Samanthma en ese instante, por eso me levanté de mi posición sintiendo las rodillas un poco entumecidas pero mi falo al máximo de la excitación. Mi hermana vio mis intenciones y se sentó rápidamente a un lado de la cama tomándome de la mano— Aún no, primero hay que disfrutar paso por paso. 

Rozó mi pecho con su mano, descendió por mi abdomen y luego tomó mi dureza con fuerza para hundir su boca en ella. La devoró casi entera llenandola de tanta saliva que su mano y siguientes chupadas se sintieron magistrales. Samantha era una devoradora experta, no me importó quien le hubiera enseñado aquello, yo estaba gozando del cielo en su boca. No solo era caliente en extremo, sino que el movimiento de su lengua rozaba mi glande. 

En ese instante me percaté de algo que no vi en un primer instante. Samantha recorría el trasero de una Mónica muy dormida y con sencillez quitó el blumer de aquella mujer a un lado para manosear directamente su vulva— ¿Sabes? Me excitaría mucho ver cómo te la coges ¿Tú qué dices?

—Que no sé cómo haré para no correrme en tu boca en este instante— Respondí con sinceridad. Me hallaba en lo más alto y me era imposible aguantarlo mucho más. 

—¿Y quién dijo que debías aguantarlo? Dámelo, déjame saborear a mi hermano— Sus últimas palabras me llevaron al éxtasis y solté el chorro contra su boca. Fue intenso y en gran cantidad, alcé la cabeza al techo sintiendo una ola de placer por todo mi cuerpo. Vi como el semen llenó su boca y se escurrió algo por los lados. Era tan obsceno que me encantaba. Samantha se vio en dificultad para tragar todo aquello— Me pensabas ahogar ¿cómo iba a adivinar que tenía un semental justo acá? — Continuó masajeando mi miembro con fuerza— ¿sabes qué? Ya no me importa, lo quiero sentir hasta el fondo. 

Sin mediar palabras se levantó con su cuerpo desnudo y empinó su trasero contra la pared. Yo vi toda su entrepierna escurriendo y palpé nuevamente su sexo con mis dedos antes de prepararme para penetrarla. En ese instante un grito sacudió la tranquilidad de la casa. 

—¡Nooooo! ¡No lo hagas! — La voz fue la de Carol. 

Me asusté en extremo y un corriente pasó por todo mi cuerpo. Tomé el paño que se hallaba en el suelo, lo coloqué alrededor de mi cintura para salir como un rayo afuera de la habitación. La excitación fue cortada en seco por un sentido de urgencia y un miedo indescriptible. 

Salí con todo en completa oscuridad. Nicole también se despertó producto de aquel sonido en la oscuridad y se hallaba en la puerta de su habitación. Nuevamente se escuchó el grito— ¡No! ¿Por qué? — La voz provenía desde la cocina. Allí observé a Gina y Marta asustadas y juntas en el sofá mientras que Carol se hallaba en la entrada del extenso pasillo que daba en dirección al tanque de agua y la trampilla exterior. 

—¿Qué sucede? — Pregunté llegando hasta ella. 

—¡Se fue, salió a la superficie! — Gritó en llanto Carol. Con esas palabras entendí toda la situación y corrí por todo el pasillo para hallar mi traje. Me lo coloqué a la mayor velocidad posible y comencé a subir por las escaleras de inmediato. Arriba podía sentir el viento entrar y el agujero por donde la claridad de la noche se colaba. Subí desesperado casi saltando entre los escalones con un enorme peligro de caer en un agujero bastante estrecho y con veinte metros de altura de por medio. 

Subí hasta llegar a la superficie. No vi a nadie alrededor, cerré la compuerta y esperé un instante antes de bajar. Descendí por las escaleras temiendo lo peor, la radiación había entrado ¿por cuantos minutos? Busqué el medidor y lo encendí. La cifra de cincuenta Milisieverts se disparó de inmediato, y eso que no me hallaba en el pasillo. Abrí los ojos y grité ante mi familia que se hallaba todos de pie ante la conmoción. 

—Todos a sus habitaciones, que nadie salga en veinticuatro horas— Fue lo único que se me ocurrió. 

—¿Y mi papá? ¿Y si regresa? — Preguntó Carol. 

—Va a regresar, solo salió a buscar algo— Expuso Jessica de brazos cruzados. 

—Dejó la compuerta abierta y nos expuso a todos, que vea cómo sobrevivir afuera. 

—¿Qué? — Preguntó Carol. 

—Podemos esperarlo un rato. Si toca la compuerta podemos escucharlo, el pasillo hace eco— Replicó mi madre. 

—¡Hay radiación aquí adentro, cincuenta MiliSieverts! — Expuse mostrando el aparato— ¡A las habitaciones! — Luego miré a Carol asustada en extremo y llorando de forma descontrolada— Soy el único con traje puesto, lo esperaré a que regrese— Informé a pesar de que me hallaba en extremo molesto y pasé al pasillo a buscar agua con la cual duchar el exterior del traje y limpiar todo lo que estuviese a mi alcance. 

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