XIII

Existen situaciones nada agradables que proporcionan o brindan oportunidades únicas a las cuales sacar provecho. Yo me encontraba en una de esas.

Eran las ocho de la noche y el ambiente caldeado se amenizó bastante con la permanencia de Sergio y compañía en su habitación. Marta y Daniel se quedaron afuera y nadie se sintió molesto por eso, nadie les culpaba o veía como un estorbo dentro del bunker. 

—No puedo creer que fuese semejante idiota. 

Natalie se quejaba en voz alta mientras Mónica se colocaba a mi lado en el mesón. Me encontraba allí debido a que jugué una partida en un videojuego de carreras y Gina restregó el suelo conmigo y mi dignidad. Samantha por su parte preparaba un coctel con jugo, sirope de fresa y vodka. 

Noté el trasero de Mónica moverse de forma suntuosa. Había cambiado su ropa por un pequeño short de mezclilla que apenas escondía la mitad de sus nalgas y en la parte inferior dejaba ver de forma descarada su ropa interior negra que apenas escondía su intimidad. No me contuve y palpé su trasero allí frente a Samantha y Natalie, fue obviamente esta última quien se escandalizó. 

—¡Shun! — Me miró y luego a su hermana, quien no prestaba atención al tacto y ahora giraba su cabeza para verme bien. Natalie me recriminó el acto con la mirada. 

—¿Qué? 

—¿Le continuarás agarrando el trasero a Mónica? 

—No veo el problema. Se ve bien y apretable— Comenté con una ligera sonrisa. Si disfrutaba de la sensación, pero mi finalidad del atrevimiento era desafiar a Natalie e imponerme. 

—Shun tiene permiso de tocar mi trasero todo lo que quiera Nat. ¿No viste como me defendió? Además, no puedo negar que se siente rico como va rozándome. 

—¡Mónica!

—Tampoco te hagas la santa Natalie. Cuando algo se siente bien ¿Qué importa? — Replicó Mónica empinando más su trasero para que mis dedos llegasen más profundo. Natalie mantenía la mirada fija en mi mano. 

—No te preocupes mamá, Shun solo está jugando con su trasero ¿Qué mal hace? Y si Mónica se lo está disfrutando, no veo el problema— Expresó Samantha apagando la licuadora donde mezclaba el coctel. 

—¿De verdad? ¿Soy yo la exagerada? — Natalie resopló, vio mi mano, luego me observó al rostro y sonrió tímidamente. Su rostro estaba rojo ante la escena, pero buscó de calmarse— Pásame un poco de ese coctel, el día ha sido fuerte. 

Yo paseé mis dedos por aquel frondoso trasero palpando toda su extensión hasta que pasé por debajo del pequeño short de mezclilla y la ropa interior y deslicé mis dedos hasta su zona. Todo para sentir su humedad y enterrar mi dedo medio en su vulva. Mónica apretó las piernas mirándome. Samantha sonreía ante la escena mientras Natalie tragaba hasta el fondo aquel vaso de coctel. 

Probé un poco de la mezcla de Samantha posterior a divertirme con la intimidad de mi tía Mónica, quien se relamía y observaba de reojo. Me contuve debido a que los demás se hallaban a pocos metros jugando videojuegos, eso y mi fin había sido establecido. Natalie había cedido ante el hecho de tomar el trasero de Mónica como una normalidad. Si eso era así ¿Qué me impedía tomar el de ella? 

Entré a competir por tres rondas seguidas en el videojuego junto a Marta, quien perdió contra mí, luego contra Carol, quien también sucumbió, aunque con menos diferencia, y finalmente fue Gina quien nuevamente me derrotó y sacó de competencia. 

Posterior a eso se escuchó a Jessica gemir muy fuerte mientras la respiración entrecortada de mi tío se colaba. Nadie dijo nada sobre aquellos ruidos que se escapaban de aquel cuarto. Tanto mi madre como Mónica continuaron bebiendo de aquel coctel que en mi humilde opinión se hallaba bastante fuerte. Claro está que yo no era el mayor experto en alcohol de la casa, ese puesto le quedaba a Samantha. 

—Cuando termine la noche y vayas a la habitación, voy a esperar para darte tu regalo. 

—Lo espero— Le contesté a Samantha con lujuria. Deseaba comerme a Mónica, quien no solo estaba dispuesta, parecía desearlo y pedírmelo a gritos. Pero esta se encontraba bebiendo con mi madre y sus ojos pequeños me decían que ya no faltaba mucho para que cayese dormida. Aparentemente su límite era un par de cocteles de los que preparaba Samantha. 

Me dirigí a ducharme para estar fresco y limpiar de vello toda mi zona. Gozaba de un buen miembro, veinte centímetros erguido y casi cinco de grosor era suficiente para hacer gozar a cualquier mujer, pero la experiencia me había demostrado que todas preferían un miembro limpio antes que uno sudado. 

Al sentir el contacto contra el agua recordé la petición de mi madre. Una ducha caliente, ciertamente era algo que debía buscar, pero primero debería hacer las armas químicas que le prometí a Samantha, sin eso sería un problema salir a la superficie. 

Desde la ducha pude sentir como comenzó a llover suavemente en la superficie y se les ordenó a las chicas apagar el televisor ante peligro de cortocircuito. También apagaron las luces de la cocina y pronto el ruido de la cocina se transformó en silencio. 

Quité el jabón de mi cuerpo y me probé la camisa que encontré esa mañana y que Natalie lavó y dejó secar. Me quedaba bastante bien. Coloqué debajo de eso el paño esperando mi juego con Samantha y sin ver necesidad de usar algo más salí del baño. La sorpresa fue ver a las tres chicas, Marta, Carol y Gina cuchicheando mientras miraban la pantalla de un celular. Las observé y continué mi camino en la oscuridad de aquella pequeña sala rumbo a mi habitación cuando Gina se fijó en mí y levantó del sillón solo para atraerme en silencio hasta el sofá donde las demás reían de forma cómplice. 

—Ven— Agregó mientras me guiaba hasta el grupo. Noté que Carol cambió de pronto de semblante y detuvo lo que hacía. Adiviné entonces que era lo que hacían en las noches el grupo de chicas. No necesitaba ser un genio, solo atar cabos luego de haber visto a Gina de piernas abiertas aquella tarde— No tengan miedo, él no va a decir nada ¿Verdad? 

—Nada, jamás— Alegué colocándome en la parte de atrás del sofá donde descansaban las tres. 

—¿Segura? — Preguntó Marta de forma tímida, me observó y luego a Carol y Gina. 

—Si dice algo yo lo negaré todo y Gina será la que más probablemente tenga problemas— Comentó Carol. 

—¿Yo? Te dije que él ya sabe lo de, bueno, eso… No ha dicho nada y prometió guardaría silencio. 

—¿Para qué quieres que vea? — Le pregunté a Gina. 

—Tengo preguntas obviamente. 

—De seguro encuentras las respuestas en internet— Repuse. 

—Como si tuviésemos internet ahora genio— Contestó Carol. Yo había olvidado por un instante ese detalle. Significaba que esas tres tenían videos escondidos de ese tipo en los celulares. 

—Te aseguro que todas las preguntas que tengas Samantha podría responderlas sin problema, incluso Mónica— sugerí observando a Carol. Pero esta colocó mala cara y dio reproducir al vídeo. Era una escena de un sesenta y nueve de un hentai que ya yo conocía bastante bien. Eso sucedía mientras otra chica veía la escena y se incluía a devorar un seno de la primera. La escena era buena, tanto yo como mi virilidad lo sabíamos. 

—¿Cómo no se ahoga tragando todo eso? — Preguntó Gina ante la imagen de la chica que introducía el miembro del chico hasta la garganta.

—No puede ser tan grande— Repuso Marta ante aquello. 

—Yo digo que se ahoga, pero lo está soportando, quiere que él se llegue en su boca— Replicó Carol. 

—Pues…— Respiré profundo, en especial porque mi erección comenzaba a formarse ante aquel hentai y una pequeña Marte que enfocaba sus ojos en mi entrepierna— Un pene si puede ser así de grande, aunque algunos hentais exageran, pues el tamaño de los miembros varía bastante entre cada hombre. Ahora sí creo que es demasiado grande como para que no se ahogue tragándolo todo— Respondí de forma sincera y casi riendo. El analizar de esa forma me hizo comprender que ese aspecto era bastante ridículo. Cualquier mujer habría vomitado. 

—¿Y una mujer siente algo rico cuando se traga el semen?— Preguntó Marta. 

—No, no hay orgasmo realmente en eso. 

—¿Entonces por qué lo hace? Además, coloca cara como si aquello le produjera, ya sabes… — Se sonrojó ante la mención. La pregunta era válida, el hentai mostraba que la chica hacía un ahegao mientras devoraba todo el semen que además parecía tanto que perfectamente habría servido para pintar una habitación. 

—Te lo dije excitación. Lo desea y quiere que él la tome a ella en todas las posiciones, se mostrará sumisa por eso— Contestó Carol. 

—Pues en parte Carol tiene razón, la escena de una mujer haciendo eso es excitante para un chico, y a algunas mujeres les satisface brindar placer a su pareja. Ese proceso causa morbo entre ambos, y el morbo si puede causar placer— Casi como el morbo de pensar que Marta no separaba la vista de mi miembro y este ahora se erguía de forma que la silueta se notaba de forma bastante obvia contra el paño. Eso mientras Gina paseaba sus manos por su pecho donde todavía no había desarrollo. 

—¿Se siente diferente si una chica es quien besa a otra chica? — Preguntó Carol. Aquella pregunta me recordó palabras de una de mis ex parejas, una chica bisexual con quien lamentablemente no estuve suficiente tiempo. 

Respondí las mismas palabras de aquella chica— El beso de una mujer siempre es más tierno y apasionado que el de un hombre. Con un hombre sientes que te dominan y te comen. Con una mujer sientes que ambas se comen mutuamente. 

—¿Qué es ese chorro de líquido que suelta la chica allí? —La escena mostraba un clímax femenino donde la chica tenía un squirt y mojaba todo su alrededor— Eso no es, pis— Gina iba descendiendo su mano hasta su entrepierna y mis sentidos comenzaban a hundirse junto a sus dedos. 

—Hay niveles de orgasmos femeninos. Cuando una mujer llega y tiene un squirt, o corrida, ese líquido que ves, sale en grandes cantidades de sus vulvas. El clímax al que llegan es demasiado fuerte. EL cuerpo secreta esos jugos, no siempre. 

—¿Cómo hago para tener uno de esos Shun? — Preguntó de nuevo Gina. 

—¿Practica? — Sugerí viendo que Marta de pronto se arrodilló en el sofá mirándome a mí sin prestar atención al video. Yo sentí su mirada sobre mi cuerpo y la travesura que en su mente se formaba. No sabía si dejarla seguir, pero la tentación estaba allí. 

—¿Practica? ¿Se puede con practica? — Inquirió Carol. 

—Pues no es solo cuestión de tocarse ustedes mismas. Los cuerpos de cada mujer son distintos y hay puntos que a veces son más sensibles que otros, es cuestión de ver qué le gusta a cada una y que las hace llegar al límite— Respondí. 

—Gina— Habló Marta. 

—¿Si?

—¿Podemos ver el miembro de tu hermano? 

—¿De Shun? — Gina volteó a verme y luego paseo los ojos a mi entrepierna. 

—¿Están locas? — Preguntó Carol notando la lascivia en el aire y de sus dos amigas menores. 

—¿Qué? Es solo ver uno de verdad— Replicó Marta. 

—Pues yo no dije que fuese a mostrarles nada— Contesté nervioso, pero con ganas. Aquello era peligroso en extremo. Las luces estaban apagadas. Pero estaba seguro que ningún truco de dominio permitiría que Natalie me perdonase por algo como eso. 

—¿Te acobardas Shun? — Preguntó Gina. 

—No es eso, y lo sabes— contesté. 

—Pues yo no quiero verlo— Protestó Carol y con estas palabras se levantó del sofá y dirigió a la habitación donde descansaba Nicole. 

—Yo sí ¿de verdad es tan grande? — Marta se acomodó contra el sillón y Gina se acercó sin decir nada más pero ahora también mantenía la vista fija en mi bulto bajo el paño. 

—Es solo ver un poco Shun. 

—¿Solo ver Gina?

—Ya tú me viste ¿Cuál es el problema? Yo no voy a decir nada ¿y tú Gina? 

—No, ni que me interroguen— Contestó la otra chica. 

Morbo y excitación, fue eso que sentí cuando desaté mi paño y noté que las manos de Gina y Marta se ocultaban en la espalda de aquel sofá para tocar sus zonas mientras que mi miembro empalmado se mostró frente a ellas. Estaba en mi tope de excitación, de la punta chorreaba un pequeño hilo de líquido preseminal, mientras que las venas se observaban palpitantes en toda su extensión. 

Gina empezó a agitarse como la observé aquella vez en su habitación. Su brazo se movía a gran velocidad, su respiración se volvió jadeante rápidamente con su vista fija en mi glande. Marta no dudó en quitar su pequeña blusa y mostrarme aquellos pequeños pechos que apenas comenzaban a formarse junto a pezones que se erguían y abultaban entre sus dedos. 

—Es grande ¿Cómo cabe eso así de grande allí abajo? — Nunca imaginé que Marta era capaz de hacer una expresión tan llena de lujuria y deseo. Mordió sus labios y continuó tocándose frente a mí. 

—Yo ni siquiera sé cómo eso puede caber en la boca— Respondió Gina antes de estremecerse y cerrar sus ojos— Si, si, es rico, yooo iiiiiiigghhh— Arqueó la espalda y se dejó caer sobre el sofá de espaldas mientras que Marta tardó algunos segundos más en poder llegar a su climax, aunque en mucho más silencio que mi pequeña hermana. 

Tapé mi virilidad que necesitaba liberar una enorme cantidad de stress. Desee masturbarme frente aquellas dos, pero mi mente se nubló en la visión de sus dedos y sus pequeñas conchas que permanecieron ocultas por sus ropas y la oscuridad. Además, me hallaba preparado para Samantha.

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