XII

La electricidad brinda beneficios que solo son notables en su ausencia. Desde cosas simples como cargar el celular para poder jugar videojuegos a cualquier hora. O tan esenciales como enfriar y mantener los alimentos congelados. 

Mi familia parecía feliz con el hecho de tener electricidad, pero debido al estado del cableado en el exterior, yo me encontraba consciente que el agua sería un problema. Uno que debía controlar llegado el instante, aunque para eso existiera la planta eléctrica. Todos parecían disfrutar, todos a excepción de una persona que se hallaba en su habitación. Me dirigí en su camino y abrí la puerta, hallé a Samantha recostada contra la cama boca abajo viendo su celular. 

—Samantha. 

—¿Qué sucede? 

—¡Eso te quiero preguntar yo a ti! Te pusiste extraña por el hecho de haber salido sin avisarte, y luego te encerraste. 

—No es nada, no le des importancia. 

—Hace tres semanas habría pensado que en efecto no tiene importancia, pero ahora es un poco diferente, si estás molesta solo hay una razón y no sé por qué te molestó tanto— Repliqué. Samantha era alguien que se preocupaba por el resto, debía existir una razón para su molestia, por esa causa me quedé allí de pie en silencio, a la espera de su respuesta. 

—Tuve un sueño ¿Si? Digamos que hay mucho peligro allí afuera. 

—¿Un sueño? — Me mantuve en mi posición. Mi hermana se quedó mirándome de forma fija hasta que decidió sentarse en la cama y me mostró su celular. 

—No fuiste el único que logró comunicarse con alguien. Esto es un mensaje de una amiga llamada Sandra. Eran varios mensajes pidiendo auxilio. Luego en algún momento envió este mensaje multimedia, un video— Deslizó el dedo por la pantalla casi hasta el fondo para llegar a un video al cual le dio play y comenzó a reproducir. Era una ejecución pública de un grupo de cuatro personas. Los gritos alrededor eran variados, desde personas llorando, hasta otros insultando a aquellos que se hallaban de rodillas. Parecían hallarse en una edificación precaria, llena de humedad e iluminada por lámparas de aceite. 

—¿Quién eres y que hiciste mariquita? — Alguien de pie le preguntó a un hombre que se hallaba de rodillas llorando mientras veía a una mujer a un lado que al igual que él soltaba lágrimas desesperadas— ¿Quién eres y qué hiciste marica? — Un grito seguido de un golpe con un bat de béisbol se dejaron escuchar. El rostro del sujeto fue cruzado de un extremo a otro y cayó al suelo. Allí era visible que sus manos estaban atadas y sujetas a una argolla en el suelo. 

—Yo, yo tomé las medicinas de la tienda— respondió mientras escupía sangre de la boca. En ese instante Samantha detuvo el video un instante para darme aclaraciones.

—Ese que ves en el suelo es Felipe, se casó con Aura, que es esta que ves allí justo al lado. Aura fue mi amiga en la secundaria— Continuó el video solo para observar como a Felipe le brindaban una paliza. Golpearon su cráneo hasta que la sangre brotó llenando el suelo. Aura gritó con toda la fuerza que tuvo en sus pulmones y los huesos cedieron deformándose la cabeza del sujeto. Felipe dejó de moverse.

—¡Tomaste! Las medicinas que nos pertenecían, tú sabías que este era nuestro territorio— El sujeto de pie golpeó el rostro de Aura con fuerza. Esta cayó sobre el cuerpo sin vida de su esposo llenándose de sangre. 

—¡Deja que la violemos primero! — Gritó alguien desde el fondo al cual no se le vio la cara. 

—¿Se quieren coger a esta morena? — El sujeto de pie giró preguntando a quienes le rodeaban. Los gritos se dejaron escuchar y El hombre dio la orden de violarla, allí al lado del cuerpo de Felipe— La mujer fue despojada de su ropa revelando grandes senos, aunque un poco caídos y una pequeña panza que a nadie le importó, Fue empinada por diversas manos y pronto un par de miembros reventaron su culo y vagina al mismo tiempo. El video se cortó allí y reinició. 

—Ambos están muertos. Sandra en otro mensaje dijo que a Aura la picaron viva con una sierra eléctrica. 

—Uf, eso es fuerte— Admití— ¿Quiénes son ese grupo? 

—No tengo idea, pero es bastante probable que sean los mismos que viste el otro día. En el video, hay alguien que pasa por detrás a quien reconozco, o eso creo, se llama Carlos, iba al gimnasio, estoy segura que es un militar. 

—Eso significa que hay personas de todo tipo, y están armados. 

—Y tienen zonas, entre la cual es muy posible que nos encontremos nosotros. 

—Y te preocupa que salga solo por eso. 

—Me preocupa por muchas cosas, no solo tú. Es obvio que no vamos a poder quedarnos en esta zona eternamente. Probablemente nuestra solución sea la misma que tía Juliette, movernos a algún lugar, en ese caso ¿sabes lo que sucedería con Gina o Nicole?

Bajé la cabeza, allí estaba la Samantha que yo conocía, pensando en el resto antes que en ella misma. Preocupada por el bienestar general antes que en el propio. Tenía razón en sus palabras, pero no podía decirle que me daba miedo la idea de enfrentarme a un grupo así. En ese momento ella necesitaba era algo de tranquilidad, algo que le hiciera sentir las cosas saldrían bien. 

—Acabo de conectar la electricidad. Con eso podemos reducir en gran medida las salidas al exterior en mucho tiempo Samantha. Si son tan violentos como parecen, estoy seguro que comenzarán a matarse entre ellos mismos. 

—¿Y los que queden? 

—Me encargaré. 

—¿Te encargarás? ¿cómo piensas encargarte? Son personas peligrosas, tienen armas con ellos ¿Qué piensas que podremos hacer? 

—Samantha. No soy el mejor peleando, pero tampoco es que no sepa defenderme. Pero si se hacer algunas cosas, y soy bueno haciendo planes, solo necesito es una oportunidad y podría solucionar, ya sea para que todos salgamos o para mantenerles a salvo. 

—No veo cómo vas a poder hacer eso. 

—¿Imaginaste que solventaría lo de la electricidad? 

—No, realmente no. Vi que los cables estaban quemados en las calles. 

—Confía un poco en mí. Yo voy a poner todo mi empeño en poder mantenerlas a salvo. No voy a dejar que le suceda nada a ninguna de ustedes, no voy a dejar que te suceda nada a ti Samantha. 

—Desearía que tuviéramos aquí siquiera un arma. Y no solo esa que tienes entre las piernas. 

—Un arma…— Ciertamente eso subiría el porcentaje de posibilidades de sobrevivir. Las armas eran herramientas que a lo largo del tiempo definieron quien tenía poder o no— Pues armas si tenemos. 

—No tenemos armas de fuego. 

—Pero si químicas— Repuse convencido y un poco más confiado. 

—¿Químicas? 

—Tenemos cloro, vinagre, alcohol, agua oxigenada y amoníaco, eso es básicamente un tremendo arsenal. 

—¿Le vas a lanzar cloro a alguien a la cara? 

—No, pero si lo mezclo con alcohol puedo hacer cloroformo, o con agua oxigenada puedo hacer gas cloro. 

—¿Sabes hacer esas cosas Shun? ¿podríamos preparar algo de eso antes de salir de nuevo? 

—¿Te vas a sentir mejor si tenemos algo de eso antes de salir? — Pregunté. 

—No tienes la menor idea de cómo cambia eso las cosas Shun. Eso me relaja— Samantha se dejó caer en la cama con los brazos a los lados. Luego me miró— Natalie y Mónica conversaban sobre el hecho de que eres el nuevo hombre de la casa, y que eras de confiar. Diablos, no pensé que fuese eso tan cierto. No había pensado en algo como eso, me plantee armarlos a todos con cuchillos si en algún caso debían salir. Pensé me iba a volver loca anoche solo pensando. 

—¿Estabas preocupada anoche? ¿Por eso te cambiaste de habitación?

—No sabía si debía decirle a alguien sobre los mensajes de Sandra, o no— Samantha se levantó dando un pequeño salto de la cama y caminó hacia mí, que me hallaba en la puerta de la habitación— Gracias— Me tomó de pronto con su mano izquierda por el mentón y mordió mi labio inferior. Su mano derecha se posó en mi pecho y descendió hasta mi cintura y aún más abajo. Sentí su tacto por sobre mi ropa contra mi miembro que al instante reaccionó— Quizás deba darle una recompensa al enorme Shun que guardas aquí abajo. Últimamente me he planteado la idea del sabor que podría tener ¿sabes? 

—Eso lo podemos arreglar…

—¡¡¡Suéltame!!! ¡SHUN! — El grito llegó hasta mis oídos, despertándome de la sensación afrodisíaca de Samantha. Esta también parecía sorprendida con los ojos abiertos. Ambos salimos de la habitación para hallar la situación. Mónica se hallaba sujetada de un brazo por parte de Sergio quien se hallaba obviamente ebrio. Mientras que Natalie jaloneaba en el otro extremo. 

Caminé observando la situación un segundo. Mónica era sujetada del antebrazo y ahora dirigía su mirada hacía mí en búsqueda de auxilio. Mi madre Natalie en cambio tomaba a Sergio del otro brazo para impedir se llevara a Mónica a la habitación. Marta, Carol y Gina pausaron el videojuego en la tv y miraban atentas desde el sofá. Mientras que Jessica se hallaba parada justo al lado de Sergio con los brazos cruzados. 

—¿Qué sucede? — Pregunté con aparente calma llegando hasta la cocina. Los forcejeos aminoraron, pero las manos de él continuaban sujetas a Mónica y las de Natalie a las de Sergio. 

—¡Este idiota me quiere llevar con él y la loca a su habitación! — Expresó Mónica. Su mirada ahora era pidiendo auxilio. 

—¡No sucede nada muchacho, yo solo estoy llevando a mi mujer conmigo al cuarto, nada más! ¡No es algo en lo cual debas meterte!

—Pues opino distinto, y si, pienso meterme allí— Repuse armándome de valor. Sergio no solo era mayor a mí en términos de edad, también en contextura física, y a pesar de su panza, también era cierto que sus brazos eran del doble del tamaño que los míos. Tenía una buena idea de cómo eso afectaba a un golpe, me sabía de memoria la fórmula de fuerza es igual a masa por velocidad. No deseaba probar sus puños, me noquearía, estaba seguro de eso— Mónica dijo que no quiere ir contigo a ninguna parte— era mentira, Mónica solo gritaba “suéltame” de forma descontrolada. 

En ese instante recordé varias cosas de forma fugaz. Primero las palabras de Samantha sobre las necesidades, y segundo las palabras de la misma Mónica en la cama, que no dejase la volviera a tocar. 

Mi tío Sergio me dedicó una mirada llena de furia— ¿Qué coños te crees tú muchacho? — Comenzó a subir la voz mientras soltó el brazo de Mónica y se movió en mi dirección— ¡Una cosa es que estés tomando las decisiones! ¡Me vale mierda que así sea, no me importa un carajo! Pero no voy a dejar que vengas y te metas en mierdas que no comprendes. ¡Si yo digo que Mónica se viene conmigo y Jessica a la habitación, tú te metes la lengua en el culo y Mónica se mueve conmigo!

Mi madre desde atrás me hacía señas negativas, pero no comprendí a qué se refería. ¿No debía dejarla ir? ¿No debía oponerme? ¿No debía buscar pelea? Solo negaba, debería saber que eso no era algo claro. 

—Mónica se queda aquí afuera, donde yo pueda verla. Si te quieres llevar a Jessica es tu peo Sergio. Me- va- le – ver-ga lo que tú digas. Solo tienes derecho sobre Jessica, si se te ocurre tocar a alguna otra mujer aquí adentro…

—¿Qué mierda vas a hacer hijo de puta? — flexionó el cuerpo en mi dirección y un puño se formó en el aire. El golpe reventó en mi cara sin que yo pudiera hacer nada. No hubo tiempo de reaccionar o esquivar, no hubo movimientos lentos que con vista de águila pudieran bloquearse. Nada de eso. La simple realidad es que un puñetazo de esos duele, y duele mucho. 

Me vi expulsado contra el mesón, mi rostro además golpeó contra el concreto de este y la cabeza me dio vueltas. Sentí que mi mente se iba y mi cuerpo se inclinaba a desmayarme. Pero una ira me invadió en ese instante. Apreté los músculos de mis piernas y les negué el justo derecho a desfallecer, no podía rendirme en una pelea así de simple, debía siquiera devolver el golpe. 

Sentí algo duro en mi mano derecha que se movía tanteando el mesón de la cocina. Escuchaba los gritos de mi madre y de mi tía a lo lejos. Debía de verme muy patético en ese instante, luchando por no desmayarme. Apreté lo que fuese que estuviese en mi mano derecha y envié todo mi cuerpo de regreso abanicando con un golpe que también dio contra el rostro. La mandíbula de Sergio se movió de un extremo a otro junto a su cuerpo cuando le golpee con el borde de una tabla de madera donde se picaba carne, su rostro rebotó de la madera y dirigió a un pilar del bunker, donde dio un segundo golpe. Sin aviso el cuerpo entero se desplomó al suelo. 

Me quedé observando aquello impresionado. No solo soporté aquel golpazo, sino que lo devolví y ahora el viejo se hallaba en el suelo inconsciente. Jessica fue quien se agachó para ayudarle. Sergio no se movía y la mujer me gritaba algo en voz alta. Yo no le escuchaba, solo sentí la mano de Mónica y mi madre jaloneándome del lugar. A mí en cambio la ira me continuaba fluyendo y deseaba abalanzarme sobre aquel cuerpo y continuar golpeándole. 

—¡SHUN! Shun! — Natalie tomaba mi rostro y revisaba la cara— ¿Estás bien? 

—Estoy bien, solo tengo ganas de matarlo a golpes— Expresé siendo sincero. Regresé poco a poco en mí y observé a Samantha, Gina, Mónica, Natalie e increíblemente a Nicole, todas lanzadas sobre mí alrededor de la cama. 

—¿Cuántos ves Shun? — preguntó Gina alzando tres dedos frente a mí antes de moverlos fuertemente. 

—¡No juegues Gina, fue un duro golpe! — Replicó Samantha.

—Pensé que te morías— Comentó Nicole. 

—¡Oh Shun, lo siento, es mi culpa, es mi culpa! — Comentaba Mónica llorando sin parar.

—¡Cálmate por amor a Dios Mónica! ¡Míralo, soportó el golpe y está despierto! — Contestó mi madre antes de pasar un algodón con alcohol por mi cara. 

Ardió cerca de mis ojos, aguanté— ¿Qué tan malo fue? — Pregunté ante la alarma de todas. 

—Te partió aquí— Comentó Nicole señalando junto el lugar donde me ardía. 

—Tienes sangre— Argumentó Gina. 

—¡Ese hijo de puta! — Busqué de levantarme ante aquel hecho, pero tanto Natalie como Mónica se lanzaron sobre mi pecho manteniéndome acostado. Noté además que Marta y Carol se hallaban cerca de la puerta de la habitación. El único que faltaba allí era el pequeño Daniel. 

Samantha se aceró hasta mi oído y recitó unas palabras en voz baja que me calmaron al instante— Si te quedas tranquilo en este momento, luego te voy a dar una recompensa— No necesitó más. Sin contar que era agradable ver a Natalie curándome la herida y Mónica preocupada por mí. 

—No te puedes dormir Shun, he escuchado que, si tienes conmoción y te duermes, pueden morir las personas. 

—¡Cálmate Mónica! — Le regañó su hermana— Shun no va a morir, tu solo trata de relajarte, ve y busca un vaso de agua— Me rendí a sus cuidados y mimos que duraron cerca de varios minutos. Hasta que de pronto se escuchó la voz de Sergio reaccionar y levantarse del suelo sin comprender lo sucedido desde afuera de la habitación. Maldijo, gritó, y se encerró en su habitación junto a Jessica. 

Después de un largo rato de cariños y reposar cerca del pecho de mi madre. Me levanté y observé la herida. El corte era mínimo realmente, lo había imaginado enorme, en cambio solo era un centímetro a lo mucho. Pero fue bastante cerca de mi ojo izquierdo por lo cual estaba seguro que se hincharía. Salí y busqué entre la caja de medicinas y tomé un antiinflamatorio y relajé un poco. Marta, Gina y Carol jugaban nuevamente en la consola y Daniel dormía en la alfombra bajo esta. 

Había sangre en el suelo de la cocina y Mónica ahora limpiaba aquello de forma desesperada. Samantha leía algo en su celular sentada en una esquina y Natalie buscaba de ocupar su tiempo arreglando el mesón que yo desorganicé durante la pequeña pelea. 

—Gracias, vi que trajiste jabón de aroma— Nicole pasó a mi lado y expresó sus palabras sin decir nada más antes de entrar a su habitación. No me molestaba que fuese así. De hecho, le había observado preocupada por mí cuando me hallé en el cuarto, eso era mucho más que todo lo que había visto a mi hermana hacer por sus parejas. Incluso más que por ese que alguna vez le regaló un oso enorme de peluche y semanas después tuvo un accidente de auto. Nicole nunca fue a visitarlo en todo ese tiempo. 

—No fue nada— Contesté viendo cómo se encerraba en su cuarto.  

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