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El ambiente en el bunker se convirtió en jovial, casi una celebración por la comida recién llegada y los nuevos videojuegos. La energía eléctrica se encendió un poco más temprano que lo usual para permitir que el ambiente festivo nos inundase. Era necesario, todos estuvieron bajo mucha tensión durante toda la semana, además que la realidad del mundo en el exterior no era la mejor. Solo Samantha, mi tío y yo lo habíamos visto, pero todos quedaron bastante horrorizados con nuestras descripciones del entorno y como la casa había desaparecido. 

Mónica y Natalie no paraban de hablar sobre mi tía Juliette y lo que debía estar pasando mientras viajaba rumbo al sur. Claro está que inferían cosas por su cuenta en base al fuerte temperamento del que gozaba la menor de mis tías. A ambas les mostré los mensajes intercambiados, era nuestra mayor comunicación con el exterior en varios días. Sin contar que aquella pequeña charla por mensajes nos permitió saber en qué situación se hallaba el resto del mundo más allá de nuestro hogar y vecindario destruido. 

Samantha dormía todavía, me pensé en hacerle una visita. Me acostumbraba bastante rápido a dormir a su lado y a nuestros cuerpos desnudos rozándose. 

Nicole por su parte parecía entretenida intentando pasar un mundo en un videojuego, aunque la verdad es que apestaba y tanto Marta como Carol se lo hacían saber con diferentes burlas. Daniel por otra parte sostenía una consola portátil con un juego sobre recolectar manzanas. Mi tío por su parte se hallaba sentado al lado de Jessica, en lo que podría parecer algo bastante normal, a excepción de que su mano izquierda desaparecía en la espalda de la mujer y esta apretaba sus labios obviamente muriendo por dentro por el placer de los dedos del hombre dentro de su sexo. Me sorprendí porque lo hacían casi frente a todos los demás, pero tampoco es como si los otros les prestasen atención. En eso recordé el tamagochi y decidí entregárselo a Gina. Haría eso y luego me iría a mi habitación, a descansar un poco. 

Abrí la puerta de la habitación que compartían Nicole y Gina, y me detuve en la puerta. Gina se hallaba tendida sobre la cama con sus piernas extendidas, la pequeña ropa interior bajada un poco, toda su zona íntima virgen y sin un solo vello expuesta y rosada, mientras dos de sus dedos jugaban rozando con fuerza su clítoris. Parecía a poco de convulsionar a causa del placer, sus ojos se hallaban casi en blanco, los dedos de sus pies se recogían contra la sábana, su espalda se arqueaba y retorcía contra la sábana. Se detuvo. Abrió los ojos y me vio allí, en la puerta observándola. 

No llevaba mucho tiempo, quizás apenas cinco segundos, pero para mí fueron una eternidad. Mi miembro se colocó erecto incluso sin mi intención. No veía con ojos de lujuria a Gina, la razón es que ella a sus trece años tenía un cuerpo aún muy pequeño, sin senos formados, pecho totalmente plano, piernas delgadas al igual que su cuerpo. Sin embargo, solo esa visión bastó para que mis instintos más básicos reaccionasen. Gina tocaba su flor íntima con pasión en búsqueda de autosatisfacción, y al encontrarla me halló allí frente a ella. 

Fui a cerrar la puerta de inmediato— ¡Shun! ¡Shun, Shun, Shun! — Me detuvo en mi escape. Yo no sabía que decir, pero me detuve de cerrar la puerta y observé al resto de la familia. Nadie se había percatado de aquello, todos celebraban y conversaban a voz bastante fuerte. Voltee a ver de nuevo a mi hermana menor. Se hallaba arrodillada en la cama subiéndose la ropa de algodón para cubrir su zona íntima. 

—Lo siento Gina, no toqué. 

—¡Shun! no le digas a nadie lo que viste. 

—¿Qué? 

—Por favor no le digas a nadie, haré lo que quieras, pero por favor, no le digas a nadie lo que viste. 

—¿Qué? — Entré a la habitación— No le pienso decir a nadie Gina, es normal, el error fue mío por no tocar la puerta. 

—¿Es en serio? ¿no dirás nada?

—No— Respondí con total sinceridad. No porque pensara aprovecharme de aquello. Realmente estaba apenado de entrar de forma tan abrupta. Mi mirada se desviaba a aquella pequeña prenda de algodón que se hundía en su entrepierna aún húmeda, pero mis sentidos se hallaban claros. 

—¿No le dirás a mamá?

—¿Qué? ¡No! ¿Por qué le diría?

—Para chantajearme para que haga cosas por ti como Nicole. 

—¿Nicole te pilló? — Pregunté. Gina se lanzó a la cama avergonzada antes de admitirlo. 

—Sí, ella y también Marta. 

—¿Marta también? — Pensé en lo complicado del asunto y la razón para que estuviese más nerviosa de lo necesario. Que te hallasen masturbándote era vergonzoso, sin importar como lo planteases— Ok, Gina, primero que todo aprende que tocarte es normal, todos en algún momento nos tocamos ¿Si? Eso primero que todo, y segundo, hazlo con el seguro de la puerta bien colocado, o mientras estés en la ducha. 

—¿En el baño?

—Es lo más normal— Culminé de decirle— Te venía era a entregar esto— Arrojé el tamagochi hasta ella, no quería acercarme, mi vista se perdía en aquella pequeña cintura y mi razón tenía un límite, dicho límite estaba como a dos pasos de distancia— Yo antes jugaba con uno así igual a este, así que, pensé que a ti…

—Me gusta, gracias— Expresó. Yo sonreí y salí de la habitación medio excitado y medio avergonzado. Luego escuché el seguro de la puerta y decidí irme a dormir un rato, el cansancio llegaba a mis huesos y los parpados empezaban a pesarme en gran medida. Mi mente se hallaba tan agotada como mi cuerpo, el par de horas de salida y el otro par de limpieza fueron suficiente para desgastarme. Quería hacer cosas indecentes con mi hermana Samantha, pero al tocar la cama mi alma entera se derrumbó y dormí unas tres horas. 

Me desperté a apagar la planta eléctrica y regresé a la cama somnoliento. Allí encontré a mi tía Mónica conversando con mi madre al pie de la cama. Samantha leía algo en su celular mientras escuchaba atenta. 

—No quiero dormir allí hoy Natalie. Están teniendo sexo junto en la habitación de al lado. 

—¿Hacen mucho ruido? ¿Se escucha? 

—No necesita escucharse fuerte Nat— Adiviné de inmediato de quienes se trataba. Mi tío y Jessica estaban en plena acción en ese instante. Yo realmente no escuché nada cuando me moví hasta la planta eléctrica, pero tampoco era extraño, caminé más dormido que despierto. 

—Shun ¿No puedes hacer algo sobre eso? — Me preguntó Natalie tocando el hombro de Mónica. 

Yo dudé y pensé las opciones antes de contestar— Si lo están haciendo en su habitación no veo razones para decir algo. Además, dudo que duren mucho en eso. 

—Bueno, eso sí es cierto, no es como si Sergio tuviese mucha resistencia— Mónica lanzó una leve risita que se contagió a mi madre y a Samantha, y luego fue más una carcajada abierta. Me sentí mal por mi tío, pero no pude evitar sonreír como parte del contagio del momento. 

—Si quieres yo duermo por hoy allá tía— Comentó Samantha con una leve sonrisa. Mónica asintió con la cabeza. 

—Te agradezco Sam. 

Comencé a sospechar que las “necesidades” de Samantha eran de índole pervertida, y que, en ausencia de contacto con el resto del mundo, o incluso contenido pornográfico desde internet, aquello se convertía en un problema para ella, y por tal motivo se había desahogado conmigo. Si esto era así, solo debía encausar aquel ímpetu depravado en una dirección donde ambos nos beneficiáramos. 

Mónica y Natalie continuaron hablando mientras yo me acosté, luego sentí cuando Mónica buscó un par de vasos con vino rojo para tomar mientras conversaban. Era una botella vieja que se halló el día de hoy entre restos. Yo dormité varios momentos moviéndome por la cama, solo llegaron a mis oídos pequeños fragmentos de la conversación que mantenían y me era imposible discernir bien quién decía que parte. 

—Lo tenía pequeño, y cuando llegó yo todavía estaba caliente esperando a que bueno, jugara con los dedos o algo, y el muy imbécil se lanza a dormir y ya. 

—Idiota ¿Cómo lo soportaste así? 

—Tonterías, pensé que no podía obtener nada mejor. 

—…Me caí al suelo y desperté del sueño, me sentí tan frustrada…

—…No creo, al menos no lo fue en mi caso, creo más que eso, se trata de cómo se lleve ese tipo de situaciones. Yo me encontraba bastante asustada en un inicio, pero ya después… 

Desperté luego de un rato, revisé mi celular y la hora marcaba la una con treinta minutos de la madrugada. Mónica se movía por encima de mí buscando acomodarse en el otro extremo de la cama. 

—Lo siento, te desperté. 

—No te preocupes Mónica— Contesté viendo que mi madre también se preparaba para dormir. No le había visto aplicarse crema previamente en las piernas, pero era agradable a la vista ante el iluminar de una vela. La piel de mi madre era lisa, sus piernas un poco regordetas, la carne se mantenía tersa pero suave, lo podía saber solo con verle. 

—Yo tengo calor, me voy a quitar esto— Mónica señaló su blusa mientras me miraba con picardía. Natalie por su parte volteó a verla. 

—¿Estás segura? ¿Y Shun? 

—Es que voy a dejar la ropa toda llena de sudor, me sorprende que tú no tengas calor— Mónica no esperó una respuesta positiva, levantó los brazos despojándose de la blusa sobre su cuerpo. Sus enormes senos rebotaron completamente expuestos, sus aureolas eran casi marrones y anchas, su pezón era grande y suculento. Si me lanzaba en ese momento sobre ellos estaba seguro que de que Mónica gemiría como loca y me permitiría comerlos como quisiera, los apretaría entre mis dedos aunque estaba seguro que mucha de su piel escaparía entre ellos debido al tamaño. No pude evitar ver ambos con lujuria antes de que ella terminase de retirar su ropa y cubriese su pecho con un brazo. Aunque en su sonrisa me decía todo lo que yo necesitaba, aquel espectáculo momentáneo fue para mí.

—No es que no tenga calor, pero ¿Qué va a pensar Shun? 

—¿Crees que a Shun le va a molestar? — Replicó Mónica, antes de mirarme con ojos que conocía muy bien, era la misma mirada que tenía la primera vez que me ofreció un masaje y cuando usó aquel camisón sin brasier dejándome a la imaginación sus senos.  Era una mirada llena de lujuria, se hallaba jugando nuevamente— ¿Shun, te molesta si Natalie duerme sin nada que le cubra? 

—¿Molestarme? A ningún hombre le molestaría dormir con dos hermosas mujeres sin ropa. 

—¡Shun! — Mi madre se mostró escandalizada— ¿De verdad no hay problema? Entiendo que eres un hombre, y aunque ya esté vieja, bueno, tu sabes…

—¿Vieja Natalie? Tienes una figura más que deseable. No, no me molesta en lo absoluto, aunque— Me detuve— No me culpes si no quito los ojos de encima de tu pecho. 

—¡Qué atrevido! — Comentó Mónica con una sonrisa. 

—¡Me salió atrevido Shun! — Contestó Natalie con una ligera sonrisa en su rostro. Luego me observó como si se preguntase que reacción causaría y procedió a levantar su blusa. 

Primero vi su vientre, no era totalmente delgada, tenía algo de grasa en sus curvas. No importó lo más mínimo, aquello solo hacía a sus senos aún más grandes. 

Pude ver las curvas de sus gigantes senos, eran mayores que los de Mónica en tamaño, aunque las aureolas eran más pequeños y los pezones se hallaban invertidos mostrando hendiduras entre su majestuosa figura. 

Mi miembro se levantó a un punto cúspide, pude sentir a mi glande dolor bajo el bóxer que llevaba puesto, y unas enormes ganas de lanzarme sobre ella a devorarla entera. Chupar y sacar aquellos pezones a la superficie. 

Mónica debió de notar mi grado de excitación, su mano tocó mi pierna como deteniéndome que me convirtiese en una bestia que las comiese a ambas. 

Natalie terminó de quitarse el camisón y mi miró con el rostro rojo. Comprendí que no estaba preparada probablemente para que yo quisiera violentar todo su cuerpo de pronto. Tragué saliva sin despegar los ojos de sus senos. 

—¿Y bien? 

—¿Perfectos? No te niego que me están tentando. 

—¿Tentando? ¿Serías capaz? — Me miró con los ojos abiertos al tiempo que tapó sus senos con un brazo. Yo preferí guardar silencio ante aquello, era obvio que sí, era capaz, y estaba manteniéndome tranquilo para evitar que gritase cuando mis labios succionaran sus senos. Sonreí de forma simple para evitar problemas y me recosté en la cama boca arriba. Mónica no dudó en acostarse justo a mi lado, incluso levantó su cabeza para que le abrazara, así pude sentir sus senos desnudos y aquellos enormes pezones contra mi costado. 

Mi mano se posó en su hombro y juguetee con su espalda. Natalie dudó en acostarse así durante un par de segundos. Yo esperé paciente a que se recostase y ofrecí mi brazo para sujetarla. No lo rechazó, se recostó contra mi cuerpo, acomodó la almohada contra de mi hombro y se dejó descansar. 

—Me gusta dormir así, se siente el aroma a hombre y el calor corporal— Expresó Mónica. Yo guardé silencio, no sabía que reacción tendría Natalie ante aquello. Pero, no hubo respuesta, la última solo se acurrucó y tímidamente colocó una mano sobre mi pecho antes de dormir. 

Me hallaba tan excitado que era imposible dormirme en tal estado. Mónica tampoco dormía, podía sentir su respiración exaltada contra mi pecho. Sus dedos jugueteaban con mi abdomen bajo las sábanas. 

Yo deseaba que descendiese más, y sabía que si se lo pedía en ese instante lo haría. Bajaría hasta mi erección y la sacaría del bóxer para masturbarme. No, incluso si en ese instante le pedía que bajase y me diera una mamada, lo habría hecho, podía percibirlo en el ambiente, Mónica sin rechistar descendería hasta mi entrepierna y con gusto devoraría mi miembro y succionaría mi semen hasta llenar su boca. Lo lamería y limpiaría con ganas. 

Pero ambos sabíamos que mi madre, Natalie era alguien que no dejaría llevar por la situación, no así. A duras penas accedió a mostrar su pecho desnudo ante mí, y se había acostado llena de vergüenza. Si de pronto veía como Mónica comía mi dureza, definitivamente daría un gran grito. 

—Shun— Su voz fue tan suave y apenas audible. Era obvio que cuidaba el tono de su voz, eso o le faltaba el aliento y lo que salió no fue más que un susurro.

—¿Si?

—Estoy demasiado caliente, y no debería estarlo por dormir contigo. No debería, lo sé, pero me está importando tan poco. Estoy sedienta… Yo, yo no debo sabes. Esto está muy mal. 

—¿Quieres? — Pregunté sin alzar la voz. Solo giré mi cabeza hasta ella con cuidado. 

—Lo deseo, me voy a volver loca. 

—¿Y si te digo que hagas lo que quieras? — Pregunté. Aquello fue como si le hubiera dado permiso a destapar sus deseos más bajos. Alzó su cabeza y estampó sus labios contra los míos. De inmediato nuestras lenguas se unieron e invadieron la boca del otro. 

Nunca imaginé que solo un beso pudiera llevarme a tal punto de excitación. Natalie se hallaba dormida a solo centímetros de donde nosotros nos besábamos con pasión. Apreté mis dedos contra la espalda de Mónica y ascendí para tomar su cabello y juntarla más contra mi cuerpo. 

Así nos besamos durante un par de minutos. La respiración de ambos se hallaba cortada, nuestras miradas se encontraban en la oscuridad. Deseaba comerla entera, pero debía contenerme, evité moverme en lo absoluto para no despertar a Natalie que se hallaba contra mi hombro izquierdo. Entonces sentí como la mano de Mónica descendió hasta mi bóxer y pasó por debajo de la ropa para tocar directamente con su mano mi virilidad. 

—Lo quiero, está hirviendo tu miembro. 

—Lo tendrás, pero no ahora— Respondí con pesar para mí mismo. 

Mónica asintió con la cabeza, pero sacó mi miembro del bóxer y empezó a juguetear con sus dedos contra el glande, que se hallaba además de hinchado escurría líquido por toda la punta. Lo recorrió un par de veces antes de iniciar a mover su mano de arriba abajo. 

Por un instante desee que se detuviese, era imposible contenerme y evitar que Natalie se despertase. Por otro lado, me excitaba demasiado la idea de aquello con ella justo allí, tan cerca, sin contar que la sensación de los dedos de Mónica contra mi verga me llevaba al límite. Me relajé a disfrutar de aquel favor que Mónica me regalaba mientras le besaba con lujuria.

—Si yo me toco con la otra mano ¿te molesta? 

—¿Molestarme? Nunca me molestaría eso, aunque preferiría hacerlo yo. 

Mónica se detuvo para verme— ¿Lo harías? ¿te atreverías?

—¿A tocarte hasta hacerte llegar o a hacerte mía? Sabes que la respuesta a ambas es que sí— Contesté sin medirme. 

Mónica se recostó en ese momento boca arriba y me permitió sacar mi brazo para juguetear con ella. Debido a la posición de ambos era difícil tocar de forma adecuada todas las zonas debidas sin dislocarnos los brazos.

Ella no dejaba de masajear mi miembro con vigor. Yo deslicé mis dedos de la mano derecha primero por su seno para palpar su pezón duro y sensible. Lo apreté entre mis dedos con gentileza, pero firme, sentía su respiración entrecortada ante mi tacto. Sin embargo, aquel no era mi fin ni meta, debí descender por todo su abdomen hasta sentir su ropa interior, la cual ignoré por completo deslizándome bajo esta para sentir una zona abultada, suave, lisa debido a la ausencia de vello púbico y extremadamente húmeda. Sus labios externos inferiores eran grandes y se hallaban hinchados ante la excitación que recorría su cuerpo. 

—Ummmmm, ahhhhh, ahhh— Sus gemidos eran en voz muy baja, pero mi oído podía percibirlo. Debí apartar sus labios internos para sentir un grano duro y sensible. Su clítoris se hallaba abultado y envuelto en sus propios jugos, pero deseoso de atención. Jugué con su punto más sensible con suavidad, la yema de mi dedo rozaba su punto por los alrededores y luego pasaba por la punta de arriba abajo con movimientos rápidos. Pude saber que se estaba volviendo loca de placer debido a como sus dedos se hundieron contra mi piel y apretó mi miembro— Me derrito Shun, voy a llegar. Me vas a hacer llegar. 

Pasé de solo jugar con su clítoris a dejar que mis dedos llegasen un poco más profundo, para sentir la entrada de su vagina, y allí rocé para que dos de mis dedos hicieran como si entrasen y saliesen, pero solo la punta de ellos en la entrada de su vulva— Allí es fuerte— Luego con los mismos dedos llenos de su placer, procedí a continuar el masaje a su clítoris con mayor intensidad de forma gradual hasta que su cuerpo me envió claras señales de su clímax— Dame , dame, ya llego, me voy a escurrir en tus manos— Primero fue tensando el cuerpo de forma progresiva mientras que su respiración se entrecortó de forma abrupta. Sus músculos se volvieron rígidos por un segundo al tiempo que una exhalación salió de su boca. Finalmente relajó todo el cuerpo y se detuvo, cayó en la cama relajada aun con mi miembro sujeto en su mano— Ummmmm. 

Debido a su placer se había detenido de su labor para conmigo. Yo no me quejé cuando reinició su masaje a todo mi miembro erecto que en el transcurso recibió varios apretones. Aumentó poco a poco el ritmo mientras mis piernas se tensaban, hasta que finalmente una gran cantidad de semen se escurrió contra la sábana y su mano. Yo me hallé con la respiración entrecortada pero satisfecho en gran medida. 

—Por favor, no dejes que él nunca más me toque— Limpió la mano y se acomodó contra mi cuerpo. Yo quizás por algo de morbo acomodé un poco más el cuerpo de Natalie contra el mío para sentir aquellos grandes senos, y conseguí rendirme ante el sueño. 

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