VII

Necesité moverme hasta la habitación de mi tía. La hallé llorando en brazos de mi madre, quien no dudó en mirarme en reproche— Dame un momento con mi tía— Comenté ante aquello. No podía permitir que continuasen peleando, pero tampoco demostrar un favoritismo, incluso si se trataba de Mónica. 

—Soluciona las cosas con ella, se sintió ofendida— Mi madre tocó mi hombro antes de retirarse. Yo asentí con la cabeza y procedí a sentarme en la cama junto a ella. 

—Mónica. 

—¿Qué? ¿Acaso ahora me ves como dijo ella, una arrastrada a la que le gritas frente a todos? 

Respiré profundo— Mi intención no era gritarte, pero la pelea que mantenías no tiene sentido. 

—¿Qué? — Ella abrió los ojos y ser acercó a mí con todo el rostro contraído, abiertamente enfadada— ¿Acaso no has visto como se le ha lanzado a tu tío? ¿Tengo yo que soportar todas sus idioteces a cada rato? 

—No dije eso. Pero debes comprender que tampoco puedo botarla del bunker, y pelear no va a solucionar nada. 

—¿No puedes botarla? 

—No ¿Qué piensas que haré con Marta y Daniel, Mónica? Marte tiene trece, pero Daniel apenas tiene nueve años ¿los debo sacar del refugio también? No puedo, y lo sabes— Mónica abrió la boca, pero luego la cerró y guardó silencio— Sé que tienes mucha rabia. 

—No sabes cuánto tiempo yo mantuve ese matrimonio para que Carol tuviese un padre, para que ahora venga y en un par de días lo tiren todo por la borda. 

—Carol ya está grande, parece haberlo aceptado bastante bien— Mi prima que siempre se sumía dentro de su celular o consolas, no parecía haberle dado mucha importancia a aquello, o esa era mi impresión. No había conversado con ella al respecto, podía estar equivocado. 

—¿Y qué hago yo? ¿debo dormir junto a Sergio todas las noches como si nada? 

—Podemos cuadrar para que cambien de habitación, tú y Carol, eso o que mi tío duerma con Jessica. 

—¡Eso! A mí que no se me acerque a hablarme, y ella tampoco.

—Pero no puede haber peleas aquí adentro. 

—¿Qué? ¡Shun, pero…!

—Sin peros Mónica. ¿Tú comprendes que aquí debe haber un orden? Si comenzamos a pelear esto va a ser un infierno en menos de una semana. Como dije antes, no quiero que seas amiga de Jessica. 

—Nunca. 

—Pero sí que aprendas a controlar un poco ese impulso a gritarle. 

—Ella comenzó Shun. 

—Y tú la seguiste frente a todos. Mira, no sé si vamos a estar aquí dos días más o medio año. ¿Te imaginas esto todas las mañanas durante medio año?

—¿Y qué quieres que haga? 

—Que hagas de vista gorda. Eres una mujer muy bella, espera a que todo pase y consigues otro hombre, si ese es el problema— Mi tía se quedó callada durante un instante, como si pensara al respecto— Ahora respecto a tu castigo. 

—¿Es en serio? 

—Jessica va a lavar los baños el día de hoy, quizás haga que lo limpie toda la semana. 

—¿Si lo va a hacer? 

—Me aseguraré de ello, es eso o la saco. 

—Pero dijiste que no podías botarla por los niños. 

—No debo hacerlo Mónica, pero si esto va a ser una pelea constante por ese motivo, pues estoy dispuesto a dejarla afuera— Expliqué. 

—¿Y tú tío? 

—No se va a meter, y si lo hace, pues también deberé sacarlo. 

—¿Harías eso Shun? — Preguntó Mónica observándome fijamente. No comprendía bien su relación con Sergio, pero no imaginé estaría intrigada y emocionada por la posibilidad de que este fuese echado. 

—Si— respondí de forma absoluta ante su mirada. Mónica soltó un suspiro lleno de alivio y relajó su expresión. 

—Bueno, mi labor es hacer los trajes ¿no? — Parecía más feliz al levantarse de la cama, como si un peso se fuese de sus hombros. 

—Si, necesito esos trajes, pero ese no es tu castigo. 

—¿Qué? — Giró a verme. 

—Necesito los trajes para poder salir, pero eso fue algo que conversamos mucho antes de la discusión de hoy. Obviamente no es un castigo. 

—Shun, pero ya estoy ocupada junto a tu madre cosiendo esos trajes ¿Qué me piensas poner a hacer? — Preguntó de forma tan sumisa que mi mente maquinó de forma inmediata algo malvado pero que deseaba. 

—Pienso que de ahora en adelante me puedes dar masajes usando nada más que un paño sobre tu cuerpo— Solté esperando ver la reacción. Las cosas podían ir a muy mal si Mónica se ofendía sobre aquello. 

—¿Qué? ¿Hablas en serio Shun? Pero si solo uso un paño, me vas a ver todo. 

—Quizás, y así para mi será divertido y para ti un castigo— Hubo un silencio profundo entre ambos. 

—¿No es demasiado pervertido? ¿no puedo usar siquiera ropa interior abajo? ¿sabes el grito al cielo que dará Natalie si me ve así dándote un masaje?

—No, sin ropa interior— Contesté notando como sus ojos dudaban al respecto— Repito, ese es tu castigo. Y para evitar problemas podemos colocarle el seguro a la puerta— Fui serio y me levanté de la cama. Me hallaba sorprendido de que tal cosa funcionase. ¿Qué estaba pasando en el cerebro de Mónica para aceptar mis órdenes de tal manera? No lo sabía ni comprendía bien, pero quería usarlo a mi favor tanto como pudiese. Mis instintos más básicos estaban expuestos y deseaba obtener más de aquella mujer. Con esos pensamientos me retiré de la habitación sin decir nada más. 

Mi madre me observó, le indiqué que ya todo estaba bien, cosa que corroboró con mi tía saliendo de la habitación ya sin llorar y buscando ayuda para continuar con la tarea de los trajes.

Comí tranquilamente junto a mi hermana Nicole y Marta— ¿Para cuando terminas lo de la electricidad?

—¿Para cuándo tenga el grado en ingeniera eléctrica? — Contesté, a lo cual Marta se echó a reír botando parte del cereal que comía. 

—No sé Nicole, la verdad no sé. Hoy revisaré más a fondo y veré si arreglo esa máquina.

—Bien, esa es una mejor respuesta— Se levantó mi hermana de la mesa. No me molestó que lo hiciera, al contrario, era feliz cada vez que ella decidía alejarse. 

Luego me instalé a trabajar en la planta de energía, a ver cómo solventaba aquello. Yo no era experto en electricidad, solo esperaba que el desperfecto de aquella maquina se debiese a sucio, falta de grasa en las bobinas o algún cable que necesitase cambio. Si se trataba de un circuito quemado, no sabía cómo arreglarlo. 

Cambié los fusibles y retiré el cableado que hacía las conexiones hasta la toma de energía que se veían bastante dañados. Pasé a desengrasar algunas piezas y revisar todo el funcionamiento. Era probable que en algún punto de la explosión estuviesen expuestos al calor, o que existiese un cortocircuito, me era imposible determinar la causa, aunque esta poco o nada importase.

Aquella planta producía tres veces más energía que el generador movible, por tanto, era mejor colocar esta en funcionamiento, o al menos eso decían sus especificaciones. Además, el cableado ya se encontraba y existía una salida para el humo que esta generaba, este último era una enorme preocupación que tenía previamente y se solventaba de forma inmediata. 

—¿Cuánto te falta?— Gina se sentó cerca de mí a observar el trabajo. Yo cambiaba el cableado del lugar tomando algo de una vieja extensión que tenía bien los filamentos de cobre. 

—Espero que me falte poco— Respondí con sinceridad. 

—Eso no es específico Shun, yo quiero es saber si tendremos energía hoy, mañana o dentro de tres años. 

—Hoy, es lo más posible. Pero solo un par de horas, no tenemos tanto combustible, lo ideal sería poder encender un par de horas diariamente la planta eléctrica. 

—No importa, con un par de horas puedo poner a cargar las computadoras, las consolas, las baterías y celulares. 

—Te van a faltar conectores donde enchufar todo— Comenté burlándome debido a que ella y Carol tenían una colección de dispositivos. Mi hermana menor en cambio pareció preocuparse por mis palabras y comenzó a contar cuantas tomas de corriente había a disposición— Por ahora tengo problema para saber si ese cable que viene de la calle tiene o no electricidad, o si debo aislar las conexiones del bunker. 

—¿Necesitas ver si eso tiene electricidad?

—Si— Contesté. 

—¿Te sirve un medidor eléctrico?

—¿Tienes un medidor eléctrico? — Pregunté. 

—Hallé dos hace un par de días, los buscaba para revisar la consola portátil dañada— No necesité pedírselo, Gina saltó a buscar el aparato en su habitación con Nicole. Al poco rato regresó mientras yo enroscaba un cable con otro para que no existiese algún cortocircuito.

Vi el par de aparatos que Gina trajo consigo, uno de ellos era claramente un medidor de electricidad, sin embargo, el otro en su mano era igualmente cuadrado, pero muy distinto en funcionamiento. Se trataba de un medidor de radiación. 

Me levanté sin saber cómo reaccionar ante aquello, lo tomé en la mano— ¿Cómo, donde lo conseguiste? 

—Entre las cosas viejas. 

—¡Gina! ¡Esto es un contador Geiger! ¡Yo no sabía que tuviésemos uno!

—¿De radiación? Pensé que no servía. 

—Sí, yo…— Lo encendí frente a ella, escuché algo de estática mientras una pequeña aguja comenzó a moverse de un lado a otro. Luego se detuvo en una cifra 0,2 MiliSieverts. No comprendía qué eran los MiliSieverts, pero había visto series, televisión y suficiente internet para saber que existía un mínimo de radiación, pero que nadie moriría por aquello. Era una cantidad relativamente inofensiva. 

El aparato constaba de algo semejante a una radio y un cable con una vara de metal en la punta, la vara era la que me medía la radiación. Con ella apunté a Gina y dio la misma cantidad de radiación que yo, con lo cual no había peligro. 

—¿Qué es eso? — preguntó Samantha al verme moverme con el aparato haciendo ruido mientras caminaba con Gina a un lado. 

—Un contador Geiger, voy a medir la radiación en el tanque de agua. 

—¿Tenemos un contador Geiger? — Preguntó mi hermana tan intrigada como yo— ¿Dónde estaba? 

—Yo lo tenía, pensé que era un contador eléctrico, es parecido— Se disculpó Gina. 

—¿MiliSieverts? pensé que esas cosas median en Rotten— Comentó Samantha.

—Supongo que algunos están en Rotten y otros en MiliSieverts

—¿Sabes leerlo? — preguntó Gina. 

—¿Cuándo es peligroso? — Le siguió Samantha. 

—No por completo, pero sé que con mil de estos la gente está muerta a los pocos días, y con doscientos quedan con problemas y se producen mutaciones. Lo demás es borroso. 

—Quiere decir que con 0,2 nadie va a morir. 

—Ninguno de nosotros, al menos no aquí adentro, pero afuera no sabemos cuanta radiación exista— Llegué hasta el fondo del pasadizo oscuro y subí para hacer medición del agua. Abrí el tanque y enseguida la aguja se movió ligeramente mostrando 5 MiliSieverts. No era mucho, pero definitivamente era más de lo debido y normal, sin contar que, con ingerir constantemente aquello y rociarla sobre nuestros cuerpos, poco a poco nos envenenaríamos sin percatarnos— Samantha, trae el carbón activo. 

—¿Tenemos aquí abajo?

—Poco, pero es mejor que nada, está debajo del fregadero de la cocina, son un par de tarros, son de los que se usan para el filtro y para envenenamiento. 

—¿El carbón activo sirve Shun? — Preguntó Gina viendo la cifra. 

—Un poco, pero lo ideal sería poder filtrar el agua apenas entrase, colocar un filtro allá al fondo, en la tubería que trae agua de afuera. 

Samantha tardó un par de minutos en traer los tarros, aparentemente conversó con mi madre y Nicole, ambas se acercaron también al tanque de agua, donde derramé el contenido negro en su totalidad. 

—Necesitaremos más de esto si subimos— Le comenté a Samantha y esta asintió con la cabeza. Nicole, mi madre parecía preocupada y se llevaba las manos al rostro, mientras que Nicole parecía indiferente ante la escena. Allí estuve casi dos horas más realizando mediciones hasta que el sensor mostro solo 1 MiliSieverts y me calmé un poco. 

Pensé que sería necesario un chequeo constante de ello a diario, probablemente en horas de la mañana. 

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