VI

El día siguiente pasó sin mayor contratiempos o algo que mencionar, desperté tarde y toda mi habitación se hallaba desocupada. Sin energía ni carga en los dispositivos la mayoría ocupó su tiempo en jugar monopolio, ludo, sospecha, cartas y otros juegos de mesa. 

Yo por mi parte tenía otro asunto que resolver. Tardé medio día más en poder abrir toda la pared para revisar el mecanismo que era la fuente de energía. Era más grande de lo que imaginé en un principio y funcionaba distinto a la planta movible que tenía allí abajo, en especial en el sistema activador. En uno funcionaba con electricidad misma, y en la segunda necesitaba ser activada por medio de una perilla que debía jalar repetidas veces, al igual que un motor de bote. Me tomó casi todo ese día poder abrir el mecanismo y revisar en qué estado se hallaba esa máquina, es especial con tuercas y tornillos casi pegados entre el metal circundante debido al tiempo y óxido. 

Lo siguiente fue hablar con mi tío Sergio. Para ello usé la treta de acercarme con una lata de cerveza mientras este se hallaba sentado en el sofá observando a Carol, Marta y Gina jugar monopolio. 

—Necesitamos hablar tío. 

—Supuse que tendríamos esta conversación muchacho, mira, tengo cierta edad, no creo tener que dar explicaciones sobre Jessica o yo, y la verdad…

—No es sobre usted y Jessica— Respondí de inmediato cortando ese tema. También noté que tanto Marta como Carol alzaron un poco la cabeza para buscar escuchar mejor nuestra conversación. Gina en cambio compraba un conjunto de edificios y solo se concentraba en ser dueña de la calle entera. 

—¿No? — Mi tío tomó un poco de cerveza. 

—Sé que lo de usted y Jessica puede tener sus razones— Observé a las chicas— Diversas, y no creo ser el apropiado para opinar al respecto. 

—Bien— expresó este sin decir más. 

—Mi tema es que necesito salir al exterior, le pedí a mi tía que preparase unos trajes para Samantha, usted y yo. 

—¿Podremos salir? — Preguntó él— ¿no es peligroso por lo de la radiación? 

—Sí, pero no podemos quedarnos bajo tierra toda la vida. No hay siquiera comida suficiente. 

—Sí, bueno, supongo que eso no se puede cambiar, en algún momento tocaría hacerlo. ¿Cuándo sería? 

—Dos o tres días, depende de la velocidad a la que hagan los trajes. 

—Bien, bien… — Contestó mi tío y yo me levanté al notar que Jessica se acercaba hasta el lugar. No deseaba otro intercambio de palabras, la situación ya era tensa como para empeorar todo. 

—¿Cómo vas con la energía Shun? — Natalie me trajo un vaso de agua y señaló con la mirada a mi tío. 

—Todo bien, todo está bajo control— Noté que se hallaba preocupada en su mirada— Puedes estar tranquila— Nos movimos hasta la cocina— Le pedí me acompañase a la salida al exterior, me dijo que está bien con eso. 

—Qué bueno— Mi madre se paseó tarareando por la cocina— Le dije a tu tía lo que me dijiste del papel aluminio para mejorar los trajes. 

—¿Le dijiste que debe ir en el medio?

—Sí, incluso comenzamos con eso, pero la luz lo hace difícil. 

—Lo entiendo, ya acomodaré eso, ahorita mismo pienso…

—¡No! Nada más de trabajo por hoy, ve a ducharte y a descansar, deja que Mónica te de un masaje y te me relajas. 

—¿Te dijo sobre el masaje? 

—Sí, es bueno para que los moretones bajen. Por cierto, tu hermana está muy insistente con lo de la electricidad. 

—¿Nicole? — Pregunté. 

—No, Samantha— Respondió Natalie. 

Hice caso a mi madre, tomé una ducha y me dirigí a la habitación de mi tía a recibir un masaje. Casi al entrar pude observar que nuevamente Mónica no usaba ropa interior, de hecho, esta vez siquiera llevaba en su zona inferior. Solo le cubría una bata que aparentemente usaba para dormir. Mónica y Carol eran quienes más ropa para cambiarse tenían, aunque esta no fuese más de una muda.

Me entretuve viendo a Mónica moverse de un lado a otro, y aún más notar como cruzaba las piernas al sentarse para aplicarme la crema. MI tía se hallaba muy consciente de mi mirada fija en ella, aún así no se inmuto en lo absoluto e incluso empinó su trasero al agacharse para recoger la botella de crema bajo la cama. La bata no era suficientemente corta, pero la vista de sus piernas fue espectacular sin importar ese detalle. 

Masajeó toda mi espalda a la altura de los hombros y espalda baja con fuerza. Aquello me gustaba, aunque no tanto como el verla así, jugando a seducir con su cuerpo. 

—Parece que llevas menos ropa, tía. 

—Hace calor aquí encerrada— En eso tenía razón, a ciertas horas el calor en las habitaciones se concentraba un poco. No era la falta de aire, se trataba de las velas, el uso de la estufa y un grupo de personas todas en un mismo espacio confinado— ¿Te molesta?

—No, al contrario, me gustaría verte así más seguido, me deleita la vista. 

—¡Basta Shun! No estoy tan buena ni tan joven para esas palabras. 

La sesión de masaje finalizó y yo pasé a dormir en mi cama hasta el día siguiente. Samantha cayó rendido, había estado limpiando el polvo y escombros del agujero, y mi madre se acostó poco después. Recibí caricias en mi pecho de parte de Samantha, a quien rodee con mi brazo y dejé que durmiese en mi hombro. 

Desperté con algo de baba en mi brazo, pero poco me importó. Samantha colocó su pierna entre las mías de una forma tan sexi que mi erección golpeaba la piel de sus muslos.  Mi madre despertó, nos observó y no le dio mayor importancia aquello, probablemente porque debajo de las sábanas no se notaba tanto cuan erguido estaba yo. 

Quién si debió notar aquello fue Samantha, pero tampoco pareció darle importancia. Tapó sus senos con un brazo, me dio un beso en el cachete—Buen día hermano— Y se levantó de la cama rumbo al baño. Yo en cambio debí tomarme mi tiempo para masturbarme antes de iniciar el día. 

Estaba en mi tope, mi miembro parecía querer estallar y las venas se marcaban en mi piel. Mi miembro era grande de casi veinte centímetros, con un glande rojo, pero que en situaciones como esta se colocaba casi morado. 

Lo tomé con mi mano derecha con fuerza y sacudí con ímpetu. Fantaseaba con el culo de Mónica y el de mi hermana Samantha y sus enormes senos.

En eso la puerta se abrió y yo de un salto guardé mi miembro entre las sábanas. Samantha tenía los ojos muy abiertos— Lo siento— Pero contrario a sus palabras pasó de pronto a la habitación haciendo el menor ruido. Afortunadamente llevaba ahora ropa sobre su peco, o yo no me habría contenido y explotado ante ella— ¿Haces eso todas las mañanas Shun? 

—No me fastidies Samantha. 

—No fastidio. Solo pregunto si haces eso todas las mañanas o solo cuando tienes el trasero de tu hermana mayor cerca. 

—¡Samantha! ¿me das un momento? 

—¡Claro! Solo quería saber si te estabas imaginando mi culo mientras te tocabas. 

—¿Y qué si me estaba imaginando tu culo? 

—Pues quizás podía dejarte que lo vieses de nuevo— Contestó Samantha y yo sentí como mi erección regresó de nuevo a su cúspide. Tragué saliva y me plantee las posibilidades de que aquello fuese una trampa— Pero tienes que ser sincero conmigo y decirme si estabas pensando en mi culo. 

—Sí, pensaba en tu culo mientras me masturbaba— Lo dije lento, dudando a cada palabra de las repercusiones. Ella podía gritar y todo sería un caos, sin embargo, Samantha solo sonrió y dio media vuelta. 

—Eres un pervertido ¿querías verme el culo? — Levantó el camisón dejando ver sus dos nalgas con su ropa interior blanca. 

—Quiero ver y comerte la entrepierna— Ya no había inhibición, saque mi miembro de entre las sábanas y me masturbe viendo el trasero de Samantha. Esta lanzó una pequeña mirada y notó mi erección siendo masajeada. 

—Soy tu hermana, no me vas a poder comer la entrepierna. Pero ver…— Se agachó empinando el trasero, allí sus nalgas se separaron un poco y el blumer blanco dejó claro la forma de tu concha. Yo me masturbaba con fuerza ante aquella vista, deseaba pararme y clavárselo, poco me importaba nuestra relación, aquella vulva y sus nalgas llamaban mi atención y mi erección rugía por rellenar sus agujeros. Samantha mantenía su vista en mi pene erecto y palpitante, no la había visto tan enfocada en nada últimamente— Pero ver no me parece que sea nada malo— Pasó su mano hasta sus nalgas y movió su blumer de posición solo un par de centímetros. 

La visión fue perfecta, no solo pude ver todo su trasero, también un par de hermosos labios abultados de color casi rosa, con un ligero brillo de humedad sobre ellos. Su vulva era una raja casi perfecta que denotaba suavidad en cada milímetro. No había ningún vello sobre aquellos labios enormes.

—Samantha…—  Eyaculé de forma abundante ante su mirada. Samantha de pronto se levantó dejando que su camisón cubriese todo su cuerpo. 

—Limpia todo eso— Y se retiró de la habitación dejándome impactado, pero con lo que era mi experiencia más excitante en mucho tiempo. Procuré limpiar lo más posible con mi boxer y me coloqué el pantalón sin nada debajo. Luego lavaría aquello.

Salí apresurado debido a gritos que provenían desde afuera, de inmediato reconocí ambas voces, eran Jessica y Mónica. 

—¡Eres unas arrastrada!

—¿Me vas a llamar a mi arrastrada? — Mi tía alzó aún más la voz. Mi madre se hallaba en el fondo de la cocina con la boca abierta, mientras el resto parecía que apenas salía de las habitaciones y quedaban sorprendidos ante la calurosa discusión. Incluso Marta, Carol y Gina. 

—Te llamo como a mí me dé la gana pedazo de arrastrada. Además, bien deberías saber que el hombre es quien decide con qué mujer quedarse, si decidió quedarse conmigo será por algo— Jessica se irguió dejando muy en claro que se debía a su cuerpo. 

Ciertamente Jessica tenía un gran cuerpo, a pesar de ser delgada su trasero era redondo y sus senos no tan abundantes, pero bien formados. Era alguien que tenía todo en su exacto lugar. Probablemente yo habría volteado a ver dicho cuerpo si no estuviese acompañado de semejante cabeza y mente. Jessica no me agradaba, era algo que yo tenía desde hace tiempo contra aquella mujer. No comprendía del todo la razón, solo existía el desagrado. 

—¡Apenas entramos aquí, tú te le lanzaste encima! ¡siquiera esperaste que el cuerpo de tu esposo se descompusiera! — Respondió Mónica. 

—¡No hay cuerpo! ¿O te recuerdo que no me dejaron salir para sepultarlo?

—¡Mónica y Jessica! — grité haciéndome oír entre todos. Las miradas se centraron en mí, quien apenas tenía puesto los pantalones— ¡Es muy temprano para estar en este tipo de peleas! No me molesta si no se dirigen la palabra o están molestas, pero si van a estar gritando y peleándose, las dos van a recibir un castigo. 

—Shun…— La voz de mi madre fue apenas audible.

—Lo dije bien ¡ambas! Aquí vamos a tener que mantenernos un tiempo tratando de sobrevivir, es inaudito que no puedan convivir siquiera un pequeño tiempo. No pido que sean amigas, solo evítense la una a la otra, y ya. 

—¡Jah! ¡Yo no pienso hacer caso a un…

—¡Jessica, solo estás aquí porque Marta y Daniel son solo niños y no los voy a sacar del bunker! — Fui claro, y mi tono de voz fue tajante. Estaba cansado de su actitud altanera, no estaba ayudando en la limpieza ni nada para exigir o tener permiso de hablar— ¡Quiero que hoy limpies el baño por completo!

—¡Yo…! 

—No te estoy preguntando si quieres o no Jessica, lo vas a hacer, o al final del día te largas— Observé a mi tío y este asintió con la cabeza— ¡Mónica! — Mi tía abrió los ojos y casi se queda paralizada ante mi mención de su nombre. No deseaba ser malo ni fuerte con ella, pero tampoco se podría convivir si no había reglas allí adentro. Recordé las palabras de Samantha, sobre la tensión y las peleas que se podrían formar entre nosotros— ¿Están listos los trajes? 

—No, yo te dije que estarían listos en tres días y que…

—Pero aquí estás peleando cuando eso es más importante que nada, de esos trajes depende si salimos o nos morimos aquí adentro de hambre— Mónica rompió en llanto y se fue a su habitación seguida de mi madre. La tensión fue difícil de eliminar, pero poco a poco todos regresaron a lo que hacían previamente.   

Leave a Reply

Your email address will not be published.