V

 

Mi querida hermana tuvo toda la razón, esa misma noche hubo un momento incómodo cuando Carol y Gina discutieron por un cargador para las pcs que se quedaban sin energía. Al final ganó Carol, quien era dueña de varios cargadores y se preparó mucho mejor en ese sentido antes de descender al refugio. 

Yo me ocupé en otras cosas. Revisé y encontré que, si había un filtro para el agua, pero este no funcionaba bien, debía destaparlo y limpiarlo en otro momento. Por otra parte, la planta eléctrica no funcionaba, pero no sabía la razón y se hallaba empotrada en la pared. La solución era romper aquella pared hecha en hormigón, lo cual me llevaría mucho tiempo, luego tendría que revisar o cambiarla por nuestra planta moderna y posteriormente verificar que el humo tuviese una salida al exterior y que el cableado funcionase. Aunque recordaba que nosotros podíamos encender la luz al bajar allí, por tanto, el cableado debía funcionar. 

No tenía tiempo para aquello, así que busqué entre las decenas de cajas de cosas que mi familia bajaba al refugio mientras lo usábamos como depósito, y hallé las baterías que mi hermana quería, sin embargo, no se las entregué de inmediato. Las guardé en mi bolsillo y el siguiente paso fue dirigirme con mi tía Mónica, quien lucía bastante decaída en la cocina cuando mi madre tomaba una ducha. 

—No intentes venir a darme ánimos muchacho, estoy bien. 

—No venía a eso tía. Siempre he pensado que las personas se recuperan solas de esos estados decaídos, o lo afrontan. Tengo un favor que pedirte. 

—¿Favor?— Cambió su semblante, se irguió en la silla, me lanzó una mirada de arriba abajo, torció la boca y continuó— ¿Qué favor necesitas? 

—Tú trabajaste en costurería un tiempo. 

—Poco tiempo, pero sí, trabajé en la confección de vestidos para una modista. 

—¿Crees que sea posible hacerme un traje sellado en la parte interna?

—¿Un traje cómo? 

—Un traje sellado, que el aire interno no salga y viceversa, que el exterior no entre— Sonreí. Con eso podría salir al exterior y ver qué ha pasado— Expliqué. Mi tía Mónica frunció el seño y se me quedó mirando. 

—El problema es el material, no tenemos plástico para trabajar con el, tendría que hacerlo de tela. 

—Y cuero, tenemos los muebles viejos que son de cuero. 

—¿Piensas destruir los muebles viejos? descuida nunca me gustaron— Abrió los ojos y movió la boca, luego los brazos, como si sacase cuentas en su cabeza— Si, podría funcionar, pero no sería totalmente hermético. 

—¿Y si te pidiera tres trajes así?

—¿Tres?— preguntó Monica. 

—Mi tío Sergio, Samantha y yo. Somos las mejores opciones para salir, ver que sucede y traer lo que necesitemos. Además de que debo revisar y arreglar lo de la electricidad. 

—¿Es para arreglar la electricidad? Quizás podría apresurarme y ocuparme toda la noche en eso. Pero no va a estar listo para mañana. 

—Descuida tía, imagino que te llevará algo de tiempo. 

—¿Tres días? quizás menos si pongo a tu madre a que me ayude a coser— Sonrió Mónica— ¿ya le dijiste a Samantha y tu tío para que salgan contigo? 

—Samantha no va a negarse, y sobre mi tío, hablaré con él luego— Monica posó su mano en mi rostro y me dirigió una mirada que no me había dado antes ¿acaso yo era tan poco confiable antes?. Se retiró y yo busqué de prepararme algo de comer y tomar.  Mi madre había dejado un poco de carne en salsa y arroz, aquello sería suficiente. 

Mi madre salió de la ducha en carrera hasta la habitación. Yo descansé antes de pasarme a mi siguiente tarea. Romper la pared de hormigón donde se hallaba la vieja fuente de poder. 

El martilleo constante hizo que todos se ocupasen en sus habitaciones, yo mientras tanto golpeaba una y otra vez a una pared que apenas daba indicios de ceder. El hormigón era extremadamente duro, y apenas salían pequeños pedazos de polvo y se avanzaba muy poco. Dos horas después había un pequeño agujero de tres centímetros en la pared y una gran cantidad de polvo sobre el suelo y mi persona. Procedí entonces a meter un destornillador grueso y a aplicar fuerza en forma de palanca para abrir la pared de forma más rápida. 

Me entretuve pensando en Susan ¿habría sobrevivido? era una lástima si no, ella era increíblemente hermosa y bastante alegre. También había otro grupo de personas que deseaba se hallaran con vida, aunque estaba muy consciente que el mundo no se regía por mis deseos. Existía en cambio otro grupo de gente, que, si estaban muertas, en mi opinión estaba perfecto así.  

Conocía muchas personas, aunque no tratase con todas y algunas solo mantuviese relación de saludo cordial por mantener apariencias ante la sociedad. No tenía noticias de nadie. Revisaba el celular de vez en cuando, no había respuesta. 

Eran casi las diez de la noche cuando terminé con la pared por ese día y procedí a ducharme. No había terminado, pero con un tercio del espacio abierto estaba seguro de que el día de mañana podría terminar el trabajo y revisar la planta eléctrica. Sin contar el hecho de que mis manos se hallaban magulladas y deseaba descansar un poco. Mi familia veía alguna película en grupo en una de las habitaciones. Aquello era lo último de carga en baterías que disponíamos. 

Quizás luego le prestaría a mi hermana Gina mi celular, al cual todavía le quedaba media carga. No era mucho, pero podía jugar un par de horas o leer algo más.

Fue a la salida del baño que me encontré a mi tía esperándome mientras tomaba café. De inmediato levantó la mirada y se acercó hasta mí— Necesito tus medidas, ya hice un patrón y corté algunos moldes, pero si no tengo las medidas, pues difícil. 

—Ah ¡Claro!— Comenté. A lo cual no dudó en tomarme del hombro y guiarme hasta su habitación. No mentía, allí adentro sobre la cama pude ver unos enormes pedazos de cuero de los antiguos muebles cortados, al igual que algunos papeles unidos por cinta adhesiva con formas que se asemejaban a ropa y otras que no tanto. supuse que para ella debía tener sentido todo aquello y esperé tranquilo, a pesar de hallarme cubierto solo por una toalla. 

—Déjame encuentro el metro. No es el mio, pero en la caja de herramientas que había hallé un metro de construcción, es básicamente lo mismo, las medidas no cambian— Comentó. 

—¿De verdad crees que se pueda tener esos trajes para dentro de tres días? 

—No sabes la magia que puedo hacer con mis manos Shun, no menosprecies mi habilidad— Alegó ella revisando la cama, hasta que finalmente halló el metro a un costado de la cama y se dirigió hasta mi— Necesito medida de espalda, cintura, y creo que de cabeza, cuello y pantorrilla. Nunca he hecho nada semejante a un casco, pero no hay mucho problema. 

—¿Has pensado en cómo hacer para que podamos ver? 

—Hay un casco de moto, y dos cascos de esos que usan los soldadores, debo quitar los vidrios y reemplazarlos. 

—No, no los reemplaces, los vidrios servirán para hacer soldaduras. Quizás podrías dejarlos, y nosotros veremos cómo avanzar con eso. Igual pienso salir de día, no creo que haya ningún problema, quizás un poco más difícil, pero no debe ser un problema mayor. 

—Bien, si tú lo dices— Mónica me indicó me diese la vuelta. Pasó sus brazos frente a mí y torció la cinta métrica metálica para tomar medidas de mi cuello y pecho. No fueron ideas mías cuando esta comenzó a rozar todo mi pecho con sus dedos, pero dudé de sus intenciones pues obviamente si estaba tomando nota de las medidas y las recitaba en voz baja. 

—Tienes un pecho bastante amplio. 

—Hice bastante espalda hace un tiempo— Comenté notando como ella giraba sin apartar la mano de mi pecho, esta misma luego descendió hasta mi abdomen produciendo un escalofrío por todo el cuerpo y el inicio de una erección. 

¿Eran ideas mías acaso? No, lo noté bastante bien a pesar de solo existir una vela en aquella habitación. Mi tía no llevaba ropa interior bajo su blusa. Podía notar la dureza de sus pezones apuntando contra la tela. Aquello me hizo fantasear con su forma y la posibilidad de que no tuviese nada sobre su cuerpo. 

Mi tía Mónica, al igual que mi madre Natalie, heredaron una figura corporal magistral. Con senos voluptuosos que amenazaban con dañar sus blusas, firmes y redondos. Cinturas pequeñas en contraposición a caderas muy anchas y traseros de grandes proporciones. El único contra de aquella figura tan deseable, es que podían engordar fácilmente y necesitan mantener sus cuerpos bajo control con ejercicios. Eso y una estatura no tan alta. Mónica contaba con un metro sesenta y dos de altura, mientras que mi madre un metro sesenta y cinco.

Samantha también heredó aquella figura envidiable y llena de curvas pronunciadas, pero el volumen de pecho y trasero era un poco menor al de mi tía y madre, esto debido a los ejercicios que le funcionaron para tonificar. Además, Samantha tenía un poco más de estatura con un metro setenta de altura. 

Mónica ahora se hallaba frente a mi, con la blusa y sin ropa íntima bajo ella deslizando suavemente sus dedos por mi abdomen hasta que procediço a rodearme con el metro para tomar las medidas. Asintió con la cabeza y anotó las medidas de mi cintura, bajó la mirada, sonrió y continuó. 

—¿Puedo preguntar qué buscabas ayer mirando mi trasero? 

—¿La felicidad?— Respondí casi sin pensar. Mónica alzó la vista y no pudo evitar sonreír, yo también soltó una ligera carcajada. No tenía planeada esa respuesta, solo salió de mi boca sin más. 

—Un sobrino no debería estar viendo de tal forma a su tía. 

—¿Incluso si su tía tiene un trasero provocativo?

—¿Provocativo? Tenía tiempo que alguien me decía algo como eso— Tomó las medidas de las pantorrillas, alzó la mirada y mencionó— Me halaga, solo no dejes que tu madre te atrape con tus ojos sobre mi culo ¿hecho?

—Nadie me atrapará— Comenté mientras ella se movía hasta la mesa, movía un par de papeles y patrones a otro lugar para tomar asiento.

—Ya terminamos— Me miró— Esas marcas en la espalda ¿fueron las de la caída? 

—Si— Los moretones aun dolían. Pasaron los últimos días cambiando de un color morado y negro a un tono más verde. 

—Se ven bastante dolorosos. 

—Duelen un poco, pero es solo como si hubiese peleado. 

—Si necesitas puedo darte un poco de masaje con crema. 

—¿Si?

—Ven, acuéstate aquí y deja que te aplique un poco de crema. 

Yo por mi parte había visto mucho porno en toda mi vida y yo me hallaba apenas con una toalla. Me acosté pensando en qué cosas Mónica se atrevería a hacer, sin embargo, el masaje fue bastante normal. Aplicó crema y ayudó a relajar los músculos de mis hombros cercanos al cuello y toda la espalda. Fue una sensación placentera y agradable que recorrió mi cuerpo. Me relajé a un punto donde casi quedo dormido sobre aquella cama. 

—¿Crees que esto fue algo como el fin del mundo?

—¿Qué? ¡No!— Hice silencio unos segundos mientras pensaba— Quizás sí de nuestra ciudad, pero cuando son situaciones de bombas las zonas rurales siempre están a salvo. 

—Bueno— No hubo mayor cantidad de palabras. Aparentemente toda la familia estaba preocupada por la situación exterior y la incertidumbre de si todo se había acabado, o no. Yo también tenía ese ligero pensamiento en la mente, pero me tranquilizaba pensando que en un par de días lo descubriría, fuese para bien o mal. 

Me fui a mi cama y dormí profundo casi de inmediato, solo sentí cuando mi madre y Samantha se unieron una a cada lado. El agotamiento del día y el masaje al final del día me permitió descansar hasta el día siguiente. 

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