PRÓLOGO

      Alejandro descendió por las escaleras de metal, entrando en una habitación iluminada y sorprendentemente limpia, al fondo se hallaba un retrete blanco y una cama, sentado sobre esta el muerto Brad, del cual todos hablaban, entre él y Alejandro se hallaba una barrera de rejas grandes y robustas.

                El chico entró lentamente, el muerto reaccionó ante su presencia, levantándose, alzando su cabeza en la cual apenas conservaba un par de cabellos.

                —Ummm ¿qué es lo que huelo?—Su voz era pastosa, grave y realizaba un sonido gutural antes y después de cada palabra— Ni una pizca de temor, piel que ha visto el sol, ropa gruesa, huelo sangre joven, sin grasa en ella, un hombre ejercitado… Tú has de ser el famoso Alejandro.

                —¿Me conoces?—Alejandro no mostró reacción alguna, pero se hallaba impresionado por la fluidez en su voz.

                —No, nunca antes nos habíamos visto, pero incluso entre los muertos eres famoso…

                —¿Qué quieres Brad?— Alejandro tomó asiento en una silla de madera que se hallaba frente a las rejas observando al zombi, su rostro era serio, no había pestañas ni cejas, sus gestos eran claros, la zona izquierda tenía una tonalidad algo purpura, mientras la derecha algo más rojiza.

                —¿Qué quiero? Es curioso que esa sea tu primera pegunta, y no preguntar sobre cómo sé de tu persona— El muerto deambulo por la sala— La inteligencia humana siempre ha sido algo para mi asombro, no obstante es básica, simple y muy fácil de leer en algunas ocasiones, por ejemplo, tu presencia aquí me dice que la colonia Europea debió de ser atacada hace mucho, quizás hace ya un mes, y fuiste convocado para hablar conmigo.

                —En parte Brad, en otra sentí curiosidad por ti.

                —¿Sabes que puedo oler una mentira? Afortunadamente sé que acabas de decir la verdad, tampoco reaccionaste cuando dije sobre el ataque, así que tengo razón en ello… Ahora Alejandro, ¿Quieres saber qué quiero? ¿Por qué no me preguntas cómo puedo saber sobre el ataque si me encuentro aquí encerrado desde hace dos meses?

                —No me importa el ataque Brad, era algo obvio que sucedería, de hecho pienso que tardaron mucho en efectuarlo, tampoco me intrigan las formas, conozco más de una en la cual ustedes se pueden comunicar o invadir una plataforma continental, te haré otra pregunta ¿Qué buscas aquí Brad?

                —Quizás— La lengua y toda la boca de aquel ser era negra, su voz  lúgubre— Quizás esté aquí solo para poder hablar contigo, digo, ¿Cómo sabes que no estoy aquí para matarte?

                —Es una posibilidad, lo tengo muy presente, y quizás los demás aquí no lo sepan, pero yo sé bien que esas rejas no te detendrían, podrías cruzarla ahora mismo si lo desearas, también sé que pudiste olerme desde que puse un pie en esta embarcación.

                —Hace dos días exactamente, se que has comido en las ultimas horas, cuando fue la ultima vez que tuviste sexo con tu chica, se cuantas balas hay en el fusil del guardia detrás de esa puerta, y cuantas personas a bordo de esta nave y donde se encuentran actualmente.

                —Un oído y un olfato súper desarrollado en conjunto con una mente capaz de desentrañar  y analizar hasta lo más mínimo.

                —Has abierto nuestros cuerpos ¿cierto? Haz estudiado el rango del alcance de nuestros sentidos ¿Verdad que si Alejandro? Es la única forma en la cual alguien podría llevar años viviendo en un mundo plagado de muertos sin que se descubra donde se encuentra su hogar.

                —Me reservaré esa información Brad, así como tu te reservas tus intenciones.

                —Estoy aquí Alejandro, para ayudarte… Y para ayudarme a mi mismo, yo deseo volver a ser humano, a estar vivo, comer, degustar y la vida social que conlleva.

                —Sabes muy bien que eso no es posible, no hay forma de volver a un muerto a la vida…

                —¡A mi no me mientas Alejandro!— Su expresión cambio, golpeó las rejas y una de estas se dobló— ¿Cuántas posibilidades tendrías si salgo y te mato aquí mismo?

                —Podrías intentarlo…

                —Se bien que es posible, y los latidos de tu corazón y tus pupilas me lo confirman, sabes que es posible hacerlo Alejandro, si hay alguien capaz de haber descubierto a fondo todo, has sido tu, y yo deseo la verdad.

                Alejandro se levantó con tranquilidad de la silla y dirigió hasta la puerta para mandar al guardia a descansar a otro lugar, especificándole que no le necesitaba en la puerta, luego entró y subiendo sobre la misma silla quitó la cámara y el micrófono de la sala y volvió a sentarse, mientras el muerto le observaba de manera curiosa, Alejandro se hallaba demasiado calmado, Brad se encontraba intrigado por ello, era la primera vez que un humano se mostraba tan calmado frente a él. No era una actuación, podía sentir los latidos de su corazón, tan firmes y pausados como siempre.

                —¿Hablarás conmigo Alejandro?

                —No veo razones para decirte lo que he hecho o no Brad, y de hecho, si llegas a decir una palabra más de lo que yo deseo digas, me encargaré de eliminarte, quieras o no trabajar con la humanidad, seas o no un beneficio, te eliminaré como a cualquier otro muerto.

                —¿Como la ciudad del norte hace unos cinco meses Alejandro?

                —Exactamente igual Brad.

                —Me parece apropiado, son de cierta forma tus términos.

                —Una parte.

                —¿Qué deseas saber Alejandro?

                —Todo Brad, como de costumbre mi deseo es saberlo y comprenderlo todo, y si cumples ese termino, tendrás lo que deseas, pero solo y bajo mis condiciones.

                —Básicamente me estás diciendo, que para conseguir algo, deberé ser tu esclavo, la persona que te dirá todo.

                —Es lo más cercano a un trato justo que te puedo dar Brad, es lo más cercano.

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