PRÓLOGO

Alicia amarraba un trapo a su pierna, donde el roce de una bala le abrió una pequeña herida por el cual un líquido rojizo brotaba, la lluvia nublaba la visión y aturdía la posibilidad de escuchar con atención su alrededor. La herida le escocía fieramente a pesar el frio que entumecía su cuerpo, sus ropas empapadas ajustadas a su cuerpo, y el miedo que le embargaba se podría haber tomado por mero escalofrío al sacudir todo su ser como papel.

Su respiración entrecortada y jadeante, el cansancio de haber corrido tan aprisa, volteaba hacia atrás bajo la seguridad de aquel muro sumido a escombros, sin embargo un par de vehículos le bloqueaban la visibilidad, observó el suelo, se hallaba sentada intentando mantener el calor corporal, sus pensamientos y concentración— ¿Qué haría Alejandro?— Pensó mientras mordía sus labios, su sangre se mezclaba con el agua y las cenizas negras de la ciudad.

—¡Karla, Karla! ¡Soy Alicia! Corte…— Se escuchaba el ruido estático al otro lado del intercomunicador, algo andaba extremadamente mal, aquella era una zona segura. Y lo que era una simple misión de búsqueda de suministros ahora resultaba ser una zona de ejecuciones, por su mente pasó la imagen del marino que les escoltaba siendo atravesado por una bala en su cráneo, cayendo al suelo como un saco sin vida.

—¡Karla por favor responde!… — Pero la estática reinaba, la lluvia daba contra su rostro— ¿Acaso seria un muerto el tirador?— Pensó al recordar como en una ocasión Alejandro había sido apuntado por uno con una de sus propias armas, pero lo descartó enfáticamente al saber que en aquella zona no había muerto alguno, de hecho su antigua ciudad se había convertido en un despoblado donde solo las cenizas negras reinaban, y sin embargo ahora se hallaba en aquella situación.

Hubo un ruido seguido de una voz— Alicia, no llegues a moverte ni a hacer ruido alguno…— Inconfundiblemente fue la voz de Karla la que resonó de su intercomunicador, pero aquellas palabras le infundieron de pánico, pues ahora sentía un par de pasos a lo lejos a sus espaldas.

—Alicia… Karla… ¡Vamos chicas salgan!… será más divertido… siempre me han gustado los reencuentros…— Aquella voz estremeció sus sentidos, la recordaba, era inconfundible, aquel tono lleno de cinismo. Su corazón dio un vuelco de miedo, terror, apretó la empuñadura de la espada que tenía en su cintura y buscó con la mirada la Beretta que mantenía en su pierna. Miró al cielo preguntándose que debía hacer, sin duda le encontraría, estaba allí a solo metros de ella, podía sentir como avanzaba entre la lluvia y el pavimento encharcado.

—¡Yoshua!— Alicia despertaba sobresaltada, sudando frio, se hallaba sentada en su cama, a su lado Claudia se daba vuelta entre las blancas sabanas.

—No esperaba escucharte decir ese nombre al despertar— Comentó con algo de sarcasmo Alejandro desde un metro de distancia, en la mesa de noche mientras escribía algo en su bitácora. Alicia no supo que responder y se limitó a tocar la pequeña cicatriz en su pierna donde la bala le rozó alguna vez— ¿El mismo sueño?

—Si… de nuevo.

—Está de más decirte que no te preocupes, al menos no por eso, ahora tenemos otros asuntos sobre los cuales concentrarnos.

—Lo sé, no es algo que haga con intención— La luz de la habituación era tenue, solo una lámpara en la mesa de noche se hallaba encendida con su resplandor blanco, se podía sentir el movimiento suave de la habitación— ¿Karla y Sara?

—Manejan el bote, disfrutan haciéndolo, aunque les dije debían descansar… Claudia en cambio se quedó rendida de inmediato, le agradas.

—A mi no, a ti, esa niña está muy apegada a ti— Expresó Alicia observando al chico—¿Armando y Milena? ¿Estás seguro de ir allá Alejandro?

—No han dicho nada, pero de seguro en el puente del Armonia, e iremos  a la zona afectada de la que Milena nos habló, por eso es mejor que descanses, será algo duro… y, no sé, sé bien a lo que te refieres, pero prefiero escuchar la versión de los hechos antes de tomar alguna decisión.

—Sabes muy bien lo que pienso, y Dios no perdona a los pecadores… ¿Tú crees que sea otro virus?

—No, Milena asegura que es el mismo, solo que por lo visto este mutó de diferentes formas según la región, y la muestra que ella se llevó para eliminar la infección solo tuvo éxito en cierto porcentaje de población, así que básicamente nos estaríamos enfrentando al mismo problema pero con modus operandi distinto.

—Me da miedo todo esto Alejandro, y no sé qué pensar.

—Siempre da miedo Alicia, siempre da miedo— Alejandro fijaba su vista sobre el papel anotando la fecha en la zona superior del escrito— “DIA 175 DESPUES DE LA INFECCIÓN”

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