IX

La sesión de masajes nocturnos fue solo eso, masaje. Decidí no avanzar más hasta comprender bien el mensaje de mi hermana sobre el aspecto del peligro y las necesidades que tenía cada persona. En cuyo caso yo no sabía bien qué necesidades podía tener mi tía Mónica. Obviamente en algún punto hice las cosas bien y todo avanzó, pero lo hice solo por suerte, no porque hubiese un plan detrás de ello. Mi desconocimiento me podía llevar al fracaso, y fallar en un lugar tan pequeño podía ser fatal, en especial porque era mi familia y todos estábamos encerrados en un bunker. 

Aquella noche me acosté a pensar con detenimiento y tranquilidad, pensando también en el hecho de que los trajes estaban listos y al día siguiente saldría a la superficie. 

Tuve un sueño erótico donde decenas de mujeres desconocidas corrían desnudas por las calles, pero yo no llegaba a atrapar a ninguna, me frustraba y terminaba encerrado en casa. Entre aquellas mujeres vi a Susan danzando con su figura delgada. El no poder llegar hasta ella me hizo rabiar y desperté. 

No había nadie en la cama, Samantha como mencionó el día anterior no me brindó su grata visión de la anatomía humana. Por esa causa me levanté un poco exasperado con la visión de una Susan desnuda a la cual yo nunca alcanzaba. 

El desayuno se hallaba servido y la familia parecía hallarse a la espera del evento. Por primera vez en día abriríamos la escotilla secundaria y saldríamos al exterior. Los nervios se sentían casi a flor de piel, nuestro modo de vivir y futuro dependía de una salida al exterior. 

—Si ves que hay mucho peligro, regresen, nosotros veremos cómo sobrevivimos aquí abajo. Yo voy a estar cerca de la compuerta esperando por si sucede cualquier cosa— Mi madre se acercó a mí mientras yo me colocaba las botas y empezaba el proceso de vestirme con el traje. 

—Estaremos bien— Contesté sin saberlo en realidad. Luego me dirigí a mi tía y mi madre— Quedaron perfectos los trajes. 

No mentía, los trajes eran gruesos y pesados. Con la capa de cuero en la zona externa, de aluminio en la segunda y dos capas de telas mullidas en el interior. Caluroso en extremo, pero definitivamente treinta veces mejor que salir desnudo al exterior. 

—A mí me parece que son bastante ajustadas— Comentó mi tío Sergio, a lo cual decidí no prestar atención, y aparentemente Mónica y Natalie tampoco. Me hallaba consciente de la cantidad de horas y la dificultad que fue realizar semejantes trajes con tan poco material y en situación tan precaria. Mónica había evadido varias horas de sueño solo para poder llevar a cabo aquello que le pedí. 

—¿Qué buscaremos entonces Shun? — Preguntó Samantha. 

—Comida y gasolina, son las dos prioridades, debemos ver si existe comunicación con el exterior, y si hay posibilidad de conectar la casa al suministro eléctrico. Pero la comida y la gasolina son prioridad— Especifiqué. 

—¿Cuánto tiempo estarán afuera? — Me sorprendió que fue Nicole quien preguntó. 

—¿Creo que dos horas, quizás tres? — Observé a Samantha y mi tío. Ambos asintieron con la cabeza— No creo que debamos estar más tiempo que eso allá afuera. 

—Si consiguen algo de jabón con aroma ¿pueden traerlo? — Nos preguntó Nicole a Samantha y a mí. Ambos contestamos que sí. Jessica parecía que también le pedía algo a mi tío. Gina, Carol y Marta no decían nada, pero se mantenían cerca observando la situación. 

Mi madre Natalie pensaba quedarse cerca de la escotilla para estar pendiente de nuestra llegada o que algo sucediera. La disuadí de no hacerlo. Debíamos evitar la contaminación interna lo más posible. Por eso solo nosotros tres con los trajes puestos nos dirigimos a las escaleras de metal y con fuera abrimos la escotilla. 

—Esto se siente como si fuese un viaje a la luna— Comentó mi tío. 

—Quizás por el peligro— Comenté tratando de quitar la tensión del momento, aunque no lo logré. Yo llevaba el medidor de radiación, por eso mi tío Sergio fue el primero en salir, seguido de mí y por último Samantha. 

La visión del exterior fue sobrecogedora. El cielo azul brillaba sobre nuestras cabezas, literalmente brillaba, en el aire había algo semejante a partículas de brillantina. La mitad superior de nuestra casa no se encontraba, y una roca de unos treinta metros de ancho se hallaba estampada en lo que debía ser la entrada principal del bunker y la mitad de la casa que incluía las habitaciones. 

La montaña detrás de nosotros fue rasgada casi a la mitad y las rocas viajaron por el aire estrellándose por doquier. Había rastros de cenizas en el suelo, pero ningún fuego a la vista. Solo escombros y soledad. Ningún pájaro, ningún avión, apenas si la brisa hacía mover levemente la ceniza a nuestros pies. 

—Bien, parece que todo el mundo se jodió— Sentenció mi tío. 

—¿Cuánta radiación hay? — Preguntó Samantha entrecerrando la entrada al bunker. Yo encendí el aparato y la aguja de pronto dio un salto y se posó en el máximo de medición que esta permitía, 200 MiliSieverts, aquello significaba que probablemente había mucha más radiación en el aire, pero el aparato no alcanzaba a medirla. Cuanto fuese, era un peligro sin igual. 

—Es demasiada— Comentó Samantha silbando.

Nos hallábamos técnicamente en el patio de la casa. Busqué un pedazo de tela y cubrí la entrada al bunker que no estaba totalmente sellada. Las casas a nuestro alrededor se hallaban en mismas condiciones que la nuestra, parcialmente destruidas, con rocas que arrastraron todo a su paso, y con cuerpos ennegrecidos en posiciones extrañas. 

—Creo que voy a vomitar— Expresó Samantha moviéndose por el lugar al igual que mi tío y yo. 

—No te puedes quitar el traje— Le dije— No importa que hagan, cuiden el traje, no dejen que se rompa, ustedes busquen comida y lo que vean que sea de valor en las casas cercanas. Coloquen todo en la entrada del bunker y lo bajaremos después. Yo iré a ver si consigo gasolina. 

La estación de servicio más cercana se hallaba a varias cuadras de distancia. Nosotros vivíamos en una zona urbanística, por tanto, no teníamos una bomba de gasolina en la esquina. Comencé a moverme con cuidado por el lugar, a pesar de todo verse desolado tenía un pésimo presentimiento y caminaba observando todo mi alrededor a cada rato. La sensación de temor aumento cuando hallé un cuerpo que no se encontraba quemado, al contrario, parecía tener apenas un día en descomposición a mitad de la calle. Sus vísceras amarillas se hallaban extendidas por el pavimento con un olor nauseabundo que se metió incluso dentro del traje y me provocó fuertes arcadas. 

El cuerpo se hallaba cortado y abaleado en el pecho. Aquello no era producto de una explosión.

Las calles tenían cuerpos de todos los tipos, adultos, niños, animales, centenares de pequeñas rocas de carbón que supuse eran pájaros caídos.  El aroma en el aire además era fuerte, olía a carne podrida, huevos dañados y a quemado. Nunca imaginé un panorama tan feo y caótico, no era como pintaban en las películas. No todo era arena con vestidos de cuero negro, peinados estrambóticos y arreglos en metal por doquier. Ni tampoco era una ciudad desértica llena de enredaderas. 

El conjunto de edificios que se hallaba a unas cuatro cuadras había desaparecido casi por completo, en su lugar existía un millar de escombros regados y dispersos por tres cuadras en una sola dirección. Todo fue arrasado desde este a oeste. Varios vehículos se hallaban quemados y casi derretidos en algunas zonas. Aquello me decía que la temperatura en algún momento fue muy fuerte. 

Llegué a la estación de servicio debido al humo y el calor, allí había un camión y media estación incendiada. Era imposible acercarme con tal llamarada de calor, me hallaba a una cuadra y la temperatura era casi insoportable. Además, si cargaba gasolina allí, de seguro la misma se encendería por la alta temperatura. 

Mo moví por las cercanías hallé un pequeño estacionamiento que recordaba y tomé la gasolina de los tanques de los autos. Necesité exponer durante un par de segundos media cara, pero era eso o no tener nada. Chupé y el líquido fuerte empezó a salir. Así llené dos bidones que debí comenzar a cargar de regreso. 

Casi a diez minutos de caminar hallé una pequeña tienda de videojuegos que mi hermana solía visitar. Gran cantidad de cosas se hallaban quemadas, pero entré y encontré un par de títulos que parecían en buena condición, tomé una bolsa y lo agregué, por último observé un estuche con un pequeño huevo de plástico, era un tamagochi, los recordaba bastante bien, de pequeño tuve un par de aquellos y fueron una grata experiencia. Noté que la máquina del dinero se hallaba abierta y el papel moneda regado. De nada valía en ese instante. 

En eso algo sonó dentro de mi ropa por debajo del traje y casi me muero del susto. Me lancé al suelo casi por instinto y revisé dentro de mi traje. El celular se activó de pronto y llegó un par de mensajes de texto. EL remitente era una de las personas a quienes escribí mientras me hallaba en el bunker, mi tía Juliette, hermana menor de Mónica y Natalie con solo treinta años de edad que vivía en el exterior. 

—Hola tía ¿cómo está todo por allá?

La respuesta fue— Qué gusto me da saber de ti sobrino, por aquí yo estoy bien, sobreviviendo, por ahora escondida en un tanque de agua con un par de personas. ¿Cómo está tu tía y tu madre? ¿cómo está toda la familia?

El corazón me dio un vuelco, casi grité de la emoción. La red de mensajes en línea no servía, pero los mensajes de texto si funcionaban bien. 

—Todos bien tía, solo mi padre no pudo sobrevivir. Nos escondimos en el viejo bunker que construyó el abuelo. ¿Cómo están las cosas por allá? ¿Qué sucedió? No tenemos noticias de nada. 

Esperé casi dos minutos por la respuesta— Si recordé hace días el bunker, pero no pensé que sirviese todavía. Quédense allí. Yo me encuentro viajando al sur. Hubo un intento de guerra, o hay una guerra, pero nuestra zona y la de ustedes fue arrasada por bombas, hay zonas con mucha radiación y otras donde no hay señal telefónica o electrónica. Cuídense, espero saber de ustedes pronto. 

—Cuídate también tía. 

—Por cierto, eviten los grupos, en especial los grupos militares. Evalúen si es viable quedarse en el bunker, o muévanse a una zona despoblada.  Cambio y fuera. 

Ese fue el último mensaje, yo debí recomponerme y movilizarme con el par de bidones de gasolina por el camino. Mi mente retumbaba con los mensajes de Juliette cuando escuché un vehículo moverse. Casi hago ruido, cuando también sentí un par de disparos. Mi cuerpo se tensó. Busqué refugio entre los escombros de una casa dejando los bidones detrás de una columna caída. 

Me acosté en el suelo y asomé ligeramente por entre los pedazos de lo que era un muerto y un viejo ventanal. Dos jeeps llenos de personas armadas transitaron por la calle, varios de ellos iban muy mal vestidos y gritaban al ritmo de una música muy estridente. Los carros se movieron rápidos por la vía, pasando incluso sobre un cadáver y algunos escombros, esquivando un carro y una roca enorme. 

Esperé un par de minutos para salir, solo cuando sentí que todo estaba en silencio y los autos se hallaban lejos, ellos y los disparos que lanzaban al aire. Me moví de mi escondite y caminé de aprisa por la calle de regreso a mi vieja casa. No era fácil guiarse con todo destruido, pero pronto me hallé cerca. Solo me detuve a descansar un par de minutos dentro de una casa, allí encontré un par de latas de atún, unos zapatos y ropa tirada en el suelo. En eso recordé las palabras de mi madre sobre requerir ropa para ella. Por eso tomé un par de minutos en encontrar algunas blusas, ropa interior femenina de diversos tamaños y algo más. Al final llevé un bidón de gasolina y una caja donde mi tío y Samantha, quienes continuaban recolectando toda la comida que podían y llevaban cuatro cajas de comida a la puerta del refugio. Regresé buscando el segundo recipiente de gasolina y volví a escuchar los disparos a lo lejos. 

—¿Qué es eso? — Preguntó Samantha mientras yo me devolvía a nuestra entrada. 

—Aparentemente hay más quienes sobrevivieron, pero están armados y parecen peligrosos. 

—¿Estás seguro que están armados? 

—Vi los fusiles que llevaban tío— Respondí— Mejor entremos, deben estar preocupados— Había transcurrido casi tres horas desde que salimos. 

Procedimos a abrir la compuerta y fuimos descendiendo las cajas despacio por las escaleras, se trataban de veinte metros de profundidad, una caída algo larga para cualquiera. Posterior a ello debimos pasar cada uno al baño a ducharnos por turnos y lavar nuestro traje. Como si fuese poco las cosas que trajimos todos se quedó en la entrada esperando a ser lavado meticulosamente por mí y mi madre. 

Mónica se hallaba dormida, aparentemente amaneció finiquitando lo necesario de los trajes. Mónica y mi tío estaban agotados. Comentaron que incluso debieron quitar una enorme roca de una alacena que encontraron con algo de enlatados y pan. 

Gina, Marta, Carol y Nicole en cambio ayudaban a secar y guardar las cosas en sus respectivos lugares. Mientras que lavaba mi madre me interrogaba. 

—¿Qué más te dijo tu tía? 

—Nada más, en un rato te muestro los mensajes Natalie. Aparentemente está viajando rumbo al sur con un grupo. Pero también me advirtió no nos mezclemos con grupos y menos con grupos militares. 

—Las cosas se debieron salir de control. 

—Yo también lo creo, si hubo bombas y las leyes cayeron, pues básicamente es supervivencia del mas apto. 

—Que miedo Shun. Afortunadamente lograron regresar bien todos. Me estaba muriendo de los nervios aquí abajo, es horrible tener que esperar. 

—Lo sé, pero es más peligroso que ustedes suban. Hay más de doscientos MiliSieverts allá afuera de radiación. 

—¿Nos mataría? 

—A los días, o les causaría quemaduras en algunos casos— Expliqué. 

—¿Seguro que te lavaste bien Shun?

—Sí, y ya me escanee con el medidor. No pasa nada, ahora es cuestión de lavar todo esto bien. 

—¿Esa gasolina será suficiente? — Preguntó Nicole mirando el par de bidones recién enjabonados y lavados. 

—Esa es una semana más de electricidad como hemos hecho estos días, un par de horas. Nos dará tiempo a que salga y busque más y encuentre la forma de arreglar la electricidad. La estación de servicio estaba en llamas, no pude agarrar más— Alegué. Hasta entonces había olvidado el jabón de aroma de Nicole. Me tocaría buscarlo en la siguiente salida. En cambio, busqué la caja que estaba detrás y la entregué a Natalie— Tendrás que lavarla, pero allí hay algo de ropa, aunque no sé si toda te quede. 

Mi madre me miró casi paralizada, antes de lanzarse contra mí y darme un fuerte abrazo— Shun, gracias. No sabes cómo me siento, tan feliz de que esté saquí. Dios, gracias— Besó mi frente y yo también la abracé. No lo hice de forma lujuriosa, incluso cuando estábamos totalmente empapados y podía sentir sus senos contra mi pecho. 

—No te preocupes, como te dije, tendrás que lavarla primero. Ah y, te traje la minifalda como dije— Comenté. Ella se ruborizó y regó con agua toda la ropa y comenzó a restregarla con jabón antes de dejarla entrar al hogar. 

Yo pasé a lavar algunas papas y hortalizas que mi tío y Samantha recolectaron de las casas vecinas. Era bastante comida, suficiente para casi un mes. Lo que me preocupaba es que posterior a ello ¿dónde tendría que buscar comida? El otro punto era refrigerar y mantener toda esa comida sin que se dañase. Eran bastantes problemas a los cuales hacer frente. 

Observé una pequeña bolsa y pasé a limpiar su contenido con alcohol y agua en lo posible. Luego lo escanee con el medidor para verificar que era seguro. 0,3 era una medida bastante baja que no le causaría mayor daño. Le entregué los videojuegos a Gina. 

—¿De verdad? ¿Me buscaste estos juegos? 

—¿No los quieres? 

—No dije eso, pero ¿está bien que los tenga?

—Ya los limpié Gina. Solo trata de compartir en lo posible con Carol y Marta. No se vayan a matar de aburrimiento mutuamente ustedes tres. 

Corrió llena de entusiasmo para mostrarles a las otras el regalo. Se le iluminó el rostro casi tanto como a mi madre. Lo cual contrastó bastante con la expresión seca y cabizbaja de Nicole. Me dio pesar, ella me encomendó el jabón, lo cual era bastante simple de hallar, pero yo al salir lo olvidé por completo. 

—El jabón te lo buscaré. Lo prometo Nicole. Solo esta vez estuvimos apresurados, en especial por el grupo armado que vimos— solté sin pensar, y tanto ella como mi madre abrieron mucho los ojos. Pensé que Samantha o mi tío habían mencionado el suceso, pero aparentemente no. 

—¿Viste a la gente armada? 

—De cerca, si, pasaron en un par de jeeps. 

—¿Crees que sean de fiar? — Preguntó Nicole. 

En eso recordé las ropas y cómo un par de mujeres iban agachadas en la zona trasera del vehículo negro— Pues creo que el par de mujeres que iban atrás no iban muy a gusto. 

—¿Qué quieres decir? — preguntó mi madre. 

—¿La verdad? Si tuviese que adivinar, parecían esclavas. Como en las películas— Declaré sin mentir en lo absoluto. Hubo un silencio fuerte y nadie más habló sobre el suceso. 

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