CAPÍTULO 9. LAS DOS ESCOBAS

 

Era diez de septiembre y Harry pensaba en el regalo para Hermione mientras comía el almuerzo. Había conversado con Sirius al respecto pero lo único que se le venía a la mente eran libros, no lograba descubrir cuales podía querer la niña castaña. Realizó un par de preguntas sutiles y quedó con mayor cantidad de dudas e inquietudes, aparentemente la chica tenía una biblioteca bastante extensa. 

—¿De verdad crees que podré hacerlo Harry? es que volar me da miedo, ya he leído unos tres libros al respecto y hay personas que jamás logran volar.

—Descuida, volar no es tan difícil Hermione— Expresó Harry tomando un poco de carne asada y unas papas al horno. 

—Yo probé con una escoba de juguete hace un par de años, aunque me torcí el tobillo cuando me caí, pero no fue nada grave— Comentó Neville— Pero no deberías tener miedo, eres la mejor maga de nuestra clase. 

—Después de Harry— Comentó ella. 

—Apenas es miércoles, deje que llegue el viernes y perderé todos los puntos con Snape en pociones— Expresó Harry. 

—No deberías ser tan pesimista, yo en cambio seré la única que no despegará del suelo, estoy segura— Comentó la niña. 

—Lavender dijo que ella no ha montado escoba jamás. Y Sophie tampoco— Señaló Harry ante la chica a su lado. Sophie era una muchacha bastante tímida, delgada de cabello amarillo y apariencia sensible. No opinaba ni emitía sonidos a menos que alguien hiciera una pregunta dirigida a ella. 

—¡Harry!— se quejó Hermione y él no pudo evitar reír ante tal hecho. 

—Lo intenté una vez, pero me dio miedo. De seguro reprobaré vuelo— Se lamentó Sophie hundiendo la cabeza sobre un tazón de arroz con verduras. 

—No vas a reprobar— Comentó Harry intentando animarla, aunque viéndola era tan torpe como Neville. 

—¿Vieron lo que salió en el profeta sobre el atraco en Gringotts?— las gemelas Patil llegaban con el periodico en mano y lo colocaban frente a Neville, pero Harry trató de no prestar atención a la nota. 

—Los duendes dicen que la cámara ya se encontraba vacía al momento del robo, pero no especifican que tenía— Agregó la otra gemela Patil. 

—¿No podría haber sido mucho oro? ¿Harry, tú no estabas allí ese día?— Inquirió Neville. 

—Solo estaba en el banco cuando llegó la prensa, casualidad— Expresó Harry sin levantar la vista, no sabía si la mentira se le notaría en el rostro. 

Dean, Ron y Seamus parecían divertirse embrujando un afiche de quidditch para que soltase fuegos artificiales cuando alguien pasara al frente. Fay y Lavender observaban desde atrás, ambas hicieron una apuesta a que Seamus de alguna manera acabaría haciendo estallar el poster. Aparentemente tenía cierta afinidad por hacer explotar las cosas. 

De pronto Katie Bell, de segundo año, junto a Angelina Jhonson y Lee Jordan, ambos de tercero, coreaban a Fred y George que llegaban desde los invernaderos con bastante algarabía— ¿lo lograron?— Preguntó Lee. 

—Oficialmente Percy y Quirrell acaban de terminar con sus rostros llenos de pus— Comentó George chocando las manos de sus compañeros. Harry le observaba agradeciendo la broma, Percy podía ser muy molesto, en especial con la vestimenta y sobre el uso de hechizos en los pasillos. 

—Si alguien pregunta, nosotros hemos estado acá desde hace media hora aproximadamente— Señaló Fred. 

—Probablemente sospecharán de algún Slytherin— Comentó Katie, una chica muy linda de cabello negro, tez blanca y facciones agradables a la vista de Harry— Percy dijo que tuvo problemas con unos, cerca de los calabozos, pues no deseaban ir a la cama y los llevó con los profesores. 

—No creo que deban hacer esas cosas— Comentó Hermione un poco en alto. George no se molestó, en cambio giró su cabeza aún sonriendo. 

—Si crees que eso es malo, espera a ver lo que tienen los de sexto. Quieren reabrir el pasaje secreto entre la sala común de gryffindor y la de Ravenclaw. 

—¿Eso se puede hacer?— Preguntó Harry. 

Hermione dio media vuelta frunciendo el ceño— Se rumorea que Gryffindor, el fundador de nuestra casa, y Rowena Ravenclaw en su juventud fueron amantes y tenían un pasadizo que conectaba ambas salas comunes. Pero es un rumor, no existe tal pasadizo, lo dice muy claro en el libro de historia de Hogwarts— Sentenció la chica cruzándose de brazos.

—Si existió o no, igual lo harán. Están cuadrando con los de quinto y sexto de ravenclaw para que de directamente en la sala común y usar magia conjunta— George picó un ojo antes de regresar con su grupo, no sin antes añadir— Imagínate las fiestas entre ambas casas. 

Hedwig, como había decidido llamar a su lechuza luego de ver el nombre en historia de la magia; descendía junto a otro montón de lechuzas en ese momento con el diario el profeta y una carta desde Gringotts. Harry abrió la carta para observar que se trataba de un status sobre su inversión. Aparentemente la tienda de quidditch marchaba de forma excelente y su valor subía un cinco por ciento. No sacó las cuentas, pero agradeció que aquello fuese de beneficio y cerró la carta. 

—¡Es una recordadora!— Neville sujetaba una esfera de cristal que vino en su correo— Mi abuela sabe que olvido cosas, se supone que si uno la sujeta con fuerza— La esfera de pronto comenzó a ponerse de un rojo brillante— Y si se pone roja significa que olvidaste algo…— Terminó apesadumbrado. 

—¡Oye Harry! ¿te quieres unir a nuestro equipo de Gobstones? Vamos a formar uno— Expresó Dean junto a Seamus y Fay. Gobstones era un juego semejante a las canicas muggles que Harry observaba desde la ventana de la mansión Black. Le llamó la atención durante mucho tiempo en su infancia, pero ahora solo tenía un amor llamado quidditch.

—No creo. Supuestamente abrirán un club de duelo, quizás entraré a ese— Repuso Harry. 

A las tres de la tarde se hallaba en los terrenos de la sección izquierda por detrás del invernadero junto al resto del primer año de Gryffindor para su primera clase de vuelo con los de Slytherin. Hermione y Sophie eran sin duda las más nerviosas por el asunto, se hallaban casi blancas y con espasmos en las piernas. Esto se notaba bastante en el traje de vuelo, el cual era distinto a las usuales túnicas y faldas que las chicas usaban. Ahora vestían trajes de educación física que se ajustaban a sus piernas. Los de los chicos eran más holgados pero frescos. 

Harry pudo notar a la chica de Slytherin que observó el día de la selección. Se hallaba con su cabello liso y recogido en una coleta separada del resto de los de su clase por alguna razón. Su expresión era seria y fría en comparación con el resto, quienes conversaban animados. Harry agradeció que no fuese amiga de Malfoy, quien estaba repartiendo caramelos junto a Crabbe y Goyle.

—Mi nombre es Rolanda Hooch, aunque ustedes me llamarán madame Hooch, seré su profesora e instructora de vuelo. Y luego, cuando alguno de ustedes esté en los equipos de quidditch seré su árbitro— La mujer llegó caminando de forma apresurada, su cabello era blanco y los ojos eran amarillos, rasgo que resaltaba bastante en su rostro— Coloquense cada uno al lado de una escoba, vamos, no tenemos todo el tiempo. Deberán ser muy firmes, eso establecerá una conexión con su escoba. Piensen en ella como una varita, pues en realidad es muy semejante a esta. Sean firmes, coloquen su mano derecha sobre la escoba y digan fuerte y claro: ¡Arriba!

—¡Arriba!— Gritaron todos. 

La escoba a un lado de Harry voló de inmediato a su mano, aunque era bastante vieja y tenía los pelos en mal estado, el chico agradeció la sensación de la escoba, era algo que extrañaba. Llevaba meses enteros sin volar. Hermione a su lado seguía diciendo arriba una y otra vez, pero la escoba apenas se movía. La chica de Slytherin sujetaba la escoba a su lado con aire altivo, Malfoy era otro quien logró alzar su escoba a la primera. A Harry aquello no le extrañó, Malfoy llevaba días en el gran comedor hablando sobre sus vuelos en escoba y lo grandioso que era en esta. 

—Arriba— Continuaba diciendo Hermione, en eso todos giraron sus cabezas cuando Crabbe logró alzar su escoba y esta se estrelló contra su rostro. 

—Imagina que es tu varita ¿Cómo llamarías a tu varita? — Le comentó Harry a la niña castaña mientras la profesora revisaba el rostro del chico de Slytherin. 

—Pero la profesora dijo que debíamos decir arriba— Respondió Hermione excusándose. 

—Es solo un comando, tu llámala como quieras— respondió él. 

La chica pareció sopesar sus palabras durante un instante antes de pronunciar en voz clara— Ven a mi mano— La escoba ascendió lentamente hasta que fue sujetada por Hermione, quien de inmediato sugirió lo mismo a Sophie a su lado. 

Seamus, Dean y Ron lograron hacer subir su escoba como al tercer intento. Quien más problemas pasaba era Neville, pero se encontraba en la esquina izquierda del grupo y Harry apenas podía verlo desde su posición. Así pasaron unos cinco minutos hasta que todos lograron su cometido, Harry se hallaba absorto en la chica de Slytherin que le miraba fijamente, no había ninguna duda esta vez. 

—Lo siguiente que harán será pasar su pierna derecha por encima de la escoba. Quiero que se posicionen justo en el centro y un poco hacia atrás. Sus traseros deben hallarse casi donde inicia el cepillo. Algunas escobas incluso traen allí un asiento, aunque no verán de esas en mi clase— Sonrió la mujer tomando una escoba para ella servir de ejemplo— Sujetarán la escoba con fuerza, su cuerpo debe estar levemente inclinado para mayor firmeza, y la escoba tomada aquí, en la zona frontal. Debe sujetar más adelante señor Malfoy— le regañó— y habiendo tomado la escoba firmemente deberán dar una patada al suelo para ascender, quiero que se mantengan a uno o dos metros en el aire y…

Neville de pronto dio la patada y comenzó a ascender a gran ritmo— ¡Longbottom!— Señaló la profesora, pero era tarde, el chico continuó ascendiendo para sorpresa y susto de todos. Ocho, diez, doce metros, y entonces se soltó por completo de la escoba, cayendo en menos de un segundo al suelo, sin dar tiempo a que la profesora reaccionase de forma adecuada a pesar de tener afuera su varita mágica. 

Fue un golpe seco, Neville quedó tendido en el suelo un par de segundos, la profesora se acercó hasta él para auxiliarlo— Tienes suerte de no haberte roto las costillas, parece que tienes experiencia en caídas. Pero te fracturaste levemente la muñeca, nada grave, pero habrá que llevarte a la enfermería— repuso ella ayudándole a ponerse de pie. El pobre chico aún temblaba camino al colegio, mientras que la profesora se dirigió al resto— No quiero ninguno volando, todos permanecerán en tierra mientras llevo al señor Longbottom a la enfermería, al que se atreva a volar habrá dicho adiós a Hogwarts antes de que yo pronuncie la palabra quidditch. 

Malfoy se acercó entonces al lugar del incidente riendo a carcajadas, Harry sintió que la sangre le hervía cuando vió que el chico se burlaba de la caída del otro y tomaba del suelo la esfera de cristal. 

—¡Cierra la boca Malfoy!— Soltó Parvati Patil, pero ni Malfoy ni el resto de los de slytherin parecían hacer caso. 

—¿Eres novia de Longbottom? ¿Te gustan torpes y gorditos  Parvati?— Las risas no se hicieron esperar. Harry se acercó mientras era sujetado por Hermione desde atrás, más atrás llegaba Sophie, Ron, y Seamus— ¡Miren esta cosa! Se le olvidó esta pelota que le regaló su abuela— Comenzó a lanzarla al aire. Aquel fue el punto de quiebre de Harry, quien deseaba golpear al chico rubio directo en el rostro, o mejor, embrujarlo y dejarlo tendido en la grama por la siguiente hora. 

—Suelta eso Malfoy, es de Neville— Fueron las palabras que brotaron de Harry, en especial porque notó la mirada de la chica de Slytherin que hacía señas desde atrás para que se calmase. Le hizo preguntarse qué pretendía aquella chica, ¿estaba de parte de Malfoy acaso?

—Lo soltaré Potter, pero sobre algún árbol, o sobre la torre de astronomía, a ver si Longbottom va y la recupera allí—  El chico subió a la escoba frente a todos y despegó. 

—Harry, no— Comentó Hermione, pero Harry ya había pasado la pierna por sobre su escoba y pateaba el suelo despegando. 

—Debe aprender a controlarse— Expresó la chica de Slytherin de nombre Daphne, y tanto Hermione como Sophie asintieron con la cabeza. 

—¿Miedo Potter?— El chico rubio había subido al menos unos treinta metros en el aire y se alejaba rumbo al castillo. Lo que no sabía es que Harry tenía muchas horas de práctica en escoba, aquello era lo único que esperaba en sus años anteriores, momentos en los cuales poder montar. 

—¡Vas a caer Malfoy, y estás muy alto, no solo te vas a fracturar una muñeca!— Harry se posicionó al lado del rubio de Slytherin casi al instante. Malfoy palideció cuando se dio cuenta que Harry no solo sabía volar, estaba cómodo a treinta metros de altura y siquiera sentía miedo de caerse— Podría embrujarte aquí arriba, un desmaius, caerías treinta metros directo al suelo, una fractura de cuello desde aquí sería mortal, Malfoy— Comentó Harry y el otro se paralizó al instante, viró en su escoba, sin embargo Harry ya había previsto tal movimiento y rodeado para posicionarse frente a él.  

—No te la voy a dar Potter, vas a tener que atraparla— Draco colocó toda su fuerza para lanzarla cuán lejos pudo en dirección al suelo con obvias intenciones de que la recordadora se estrellase y rompiese. 

Harry entonces se lanzó en picada directa al suelo. Fue un descenso de dos segundos apenas. El chico bajó con la punta de la escoba apuntando a tierra, y en el último instante, justo cuando la recordadora se hallaba en su mano, giró bruscamente la escoba para detenerse a medio metro del suelo. 

Harry sujetó la recordadora con felicidad llenando su pecho y rostro, había sentido tanta adrenalina al descender que su cuerpo ahora temblaba de emoción. Se hallaba feliz, no solo por haber atrapado la recordadora a tiempo, sino porque acababa de hacer un truco de quidditch tan difícil como famoso, denominado el amago de Wronski. Deseo que Sirius hubiese estado para ver aquello, o que al menos alguien le hubiese sacado una fotografía, pero sabía que ninguno de los chicos llevaba consigo. 

Todo gryffindor corría en su dirección lanzando gritos de alegría, pero el grito que Harry escuchó vino desde la dirección contraria. 

—¡HARRY POTTER! ¡PODRÍAS HABER MUERTO!— La profesora McGonagall llegaba corriendo hasta el lugar, exaltada y blanca ante la impresión— ¡Por Merlín! ¡Pensé que te romperías el cuello muchacho! ¿Cómo pudiste volar de esa forma tan… tan… ?— La mujer abanicó los brazos molesta.

—No fue su culpa profesora. 

—Silencio Parvati. 

—Fue Malfoy profesora— Harry se sintió feliz de que Sophie se atreviera a hablar para tratar de defenderlo, pero McGonagall respiraba profundo, como si él hubiese estallado el castillo. Harry se lamentó pensando que se había contenido de embrujar a Malfoy, a pesar de que tuvo varias oportunidades, si le iban a castigar, o peor, expulsar, prefería que al menos fuese con la satisfacción de haber dejado a Malfoy en la enfermería. Quizás Durmstrang todavía fuese posible y guardasen una plaza para él, era una lástima debido a que había hecho un par de amistades y había un par de chicas bastante lindas en el lugar. 

—¡Sígueme Potter!— McGonagall comenzó a andar con apresuro en dirección al castillo, desde atrás se escucharon las risas de Slytherin y las quejas de los de gryffindor, pero poco importaba para Harry si le iban a expulsar— ¿Sabes que lo que hiciste fue muy imprudente, cierto?

—Si, profesora. 

Avanzaban ahora por las escaleras de mármol tan aprisa que él debía correr para poder seguirla— ¿Habías volado antes Harry? 

—Si señora, Sirius me sacó algunas veces a volar. 

—¿Fué él quién te enseñó el amago de wronski?— Preguntó ella. Harry sintió curiosidad como la profesora podía saber el nombre de aquel movimiento, pero debió continuar su carrera detrás de ella. 

—No señora. 

—¿Habías practicado ese movimiento antes,  Potter? 

—No señora. 

—Como dije antes, imprudente, totalmente imprudente. Podrías haber muerto Potter, debes aprender a tener consciencia sobre tí mismo— Se detuvo a mirarle— Y probablemente deberás tener un mejor maestro de vuelo— de pronto la profesora abrió la puerta del aula frente a ella asomando la cabeza— ¿Profesor Flitwick? ¿Puedo llevarme a Wood durante un par de minutos? 

—Claro— Chilló el profesor. 

Wood era un chico corpulento y alto de quinto año que Harry había visto previamente en los dormitorios. Su cabello era castaño y su semblante bastante serio, aunque estaba seguro de haberle visto antes junto a los gemelos Weasley, lo cual debía significar algo. 

—Siganme ambos— McGonagall les guió hasta un salón donde un par de chicos salían apresurados y sudorosos ante la mirada inquisidora de la profesora— Wood, él es Harry Potter. Harry, él es Oliver Wood, el capitán del equipo de quidditch de gryffindor. Wood, creo que encontré a tu buscador. 

Tanto el muchacho de quinto como Harry abrieron los ojos y se miraron mutuamente— ¿Está segura profesora?— Preguntó Wood. 

—¡Completamente, le acabo de ver volar en picada desde más de treinta metros de altura para atrapar un objeto del tamaño de una roca y transparente!

—Una recordadora— Agregó Harry. 

—Eso. Y como si fuese poco logró atraparla en menos de dos segundos e hizo un amago de wronski perfecto. Viró su escoba de una manera sublime y salió totalmente ileso, ni Charlie Wealey o el mismísimo James Potter lo habría hecho mejor. 

—¿Usted conoció a mi padre cuando fue buscador de gryffindor?— Harry conocía tantas historias gracias a Sirius. 

—Claro que lo conocí. James nos brindó dos copas de quidditch, tenía futuro como buscador profesional, dos equipos lo querían. Pero tu padre deseaba ser un auror, te podrás imaginar, no había nadie que le sacara ese pensamiento de la cabeza— McGonagall era otra mujer en ese instante, parecía una colegiala saltarina entusiasmada por apoyar a su equipo favorito. 

—Entonces lo llevas en la sangre, eh, Harry. Me alegra, tendré que ponerte un par de pruebas en el campo, pero por lo que dice la profesora, me vas agradando. ¿Sabes las reglas de quidditch? ¿Lo has jugado antes? 

—Nunca lo he jugado, se volar por cuenta de mi padrino, me sé todas las reglas, nacionales e internacionales. Soy seguidor de las Urracas de Montrose.

—¡Vivan las Urracas!— Lanzó un gritito la profesora— Admito que he ido a muchos partidos, este año espero que puedan llegar a la final contra las Arpias, compraré boletos en primera fila— Sonreía emocionada. 

—Le haré una prueba profesora, pero probablemente necesitará una buena escoba, una nimbus o una Cleansweep 7— Expresó Wood en tono serio. 

—No te preocupes por eso, yo hablaré con el profesor Dumbledore para permitirle jugar y pasar por alto lo de los de primer año. Todavía no puedo ver a Snape bien a los ojos luego de aquel partido contra Slytherin Oliver, fue un desastre. 

—Lo sé profesora, pero no contábamos con ese pésimo tiempo, técnicamente tuvimos suerte de no morir de neumonía mientras volábamos.

—Seré severa Potter, este será tu castigo, tendrás que entrenar el doble que todos los demás y ser el mejor buscador. O pensaré en un castigo diferente para tu locura de hace un momento. 

—¡Gracias profesora!— Harry saltó para darle un abrazo. No pudo evitarlo y terminó sonrojado, había deseado poder volar desde hace tanto tiempo. Y pertenecer a un equipo de quidditch era como un sueño hecho realidad. 

 

—Debe ser una broma. No deberían dejarte jugar— Comentó Hermione cruzándose de brazos en la sala común. 

—Yo pensé que me expulsarían, pero ya vez. Deberías estar más feliz por mi. 

—¡Harry, casi te matas! No puedo estar feliz cuando por poco te rompes el cuello y mueres afuera del castillo, y te dan un premio justo después. Siquiera has reflexionado sobre la estupidez que hiciste— La chica se retiró a su habitación dejando a Harry perplejo ante aquello. Esperaba que ella también estuviese feliz por él. No que se molestara, además, lo había hecho por una buena razón, recuperar la recordadora de Neville. Aunque, en realidad, planteandoselo seriamente, lo había hecho solo porque detestaba a Malfoy. 

Escribió entonces una nota a Sirius dándole la buena noticia y convocó a Gali para llevarla hasta donde su padrino. Tendría que hacer las paces con Hermione, faltaban solo ocho días para su cumpleaños y él todavía no sabía qué regalarle o cómo disculparse ante ella. Se acostó a dormir luego de que Fred y George le felicitaran por su nuevo puesto, y él paseara su mente en diez mil jugadas que había visto previamente. Se soñó a sí mismo como el jugador más joven en la liga profesional de Reino Unido, sonrió como un idiota hasta que fue la hora de ir a la clase de astronomía y Peeves logró engañarle para hacerle tomar un camino equivocado. 

Al día siguiente Hermione aún se hallaba molesta con él y sin hablarle, lo cual fue bastante malo pues tal cual como ella vaticinó, la profesora Bathsheda comenzó a explicar el funcionamiento de la magia. 

—La magia es un elemento catalizador que se encuentra en sus venas en forma de energía. La sangre mágica puede comprender los vínculos de la naturaleza y doblarla a su voluntad, obviamente con un intercambio de energía por parte de quien realiza el hechizo. La sangre como elemento mágico ha sido usado por siglos, para fines benignos y malignos. El punto es que, sabemos entonces que la magia fluye por nuestros cuerpos por medio de nuestra sangre. Con lo cual podemos interpretar que nuestras varitas son solo unos canalizadores de dicha magia, a fin de que esta se enfoque en una dirección y se ejecute con un propósito fijo. De otra forma explotariamos mágicamente como sucede con los niños. O muchos reprimirían su magia hasta convertirse en un obscurial. Si, esa criatura mágica mítica no es más que un mago que ha sido retraído y ocultado sus poderes durante tanto tiempo que sus estallidos terminan siendo desastrosos y peligrosos. Ahora existe la teoría de que el potencial mágico no es una cifra fija en cada mago, sino una variante que se modifica con el pasar de los años y aumenta en medida del uso que se le da a la magia. De otra forma los grandes magos de nuestra era y épocas pasadas habrían sido magníficos desde muy pequeños, y las evidencian apuntan a que no fue así. 

La clase era extremadamente interesante. Pero, para Harry no era lo mismo sin Hermione con quien poder conversar o cruzar miradas. Le molestaba especialmente que ella no le apoyase y le evitase en todo momento. Salió de aquella clase y deambuló sin sentir apetito por el castillo. Luego se dirigió al gran lago a pensar un poco. Debía existir una forma de acomodar la situación con Hermione, pero no deseaba disculparse, era como admitir que él había cometido un error, y en su opinión, era Malfoy quien propició todo. Para empeorar Sirius había respondido y no era el más alentador en sus palabras. 

 

Harry, 

Estoy muy feliz porque entraste al equipo de quidditch. McGonagall me escribió pidiendo permiso y ya firme mi consentimiento, sé que esto es lo que has deseado desde siempre. Saldré un momento a comprarte un regalo, Gali está saltando de la alegría y acaba de pedirme si puede ir a ver tus partidos sin importar cuánta carga laboral le coloque. Claro está que yo también iré a verte apenas entres al campo de juego. 

Con respecto a tu amiga Hermione, te daré el mejor consejo que te podré dar alguna vez como hombre. No importa si hiciste algo o no, no importa si tienes razón o no, solo disculpate e implora a que te perdone. Te lo aseguro, es la única vía para solucionar las cosas con una mujer. 

Cuidate mucho Harry. 

Sirius. 

 

Harry se recostó en la hierba pensando en cómo tendría que disculparse con Hermione, tendría que acercarse y hablar con ella de algún modo, aunque quizás podía esperarse un par de días para aquello, y practicar algo de vuelo o los hechizos que él prefiriese. Sintió un par de pisadas y giró su cuello para ver la falda negra con verde de una chica que se sentó a su lado. 

—No sabía que ahora tienes fascinación por la naturaleza Harry— Expresó la chica de ojos grises. 

—Hola, tu eres, Daphne ¿cierto? 

—No sabes hablar con muchas chicas por lo que veo. 

—¿Por qué? ¿Qué hice mal? 

—Si, soy Daphne Greengrass, y tu eres Harry Potter. Yo me corté el problema de tener que presentarnos hablando sobre el tiempo y la naturaleza, y tú decidiste regresar al asunto de los nombres— repuso ella. 

—Perdón, solo no lo pensé— Harry se sentó buscando los anteojos en sus bolsillos para colocarlos— creí que los de Slytherin no hablan con los de gryffindor. 

—¿Crees en los signos zodiacales Harry?— Preguntó la chica de cabello dorado. 

—¿Los del horóscopo? no. 

—Exacto, ser tauro o Piscis no quiere decir que seas un torpe bueno para nada. Ser de Slytherin no implica que debo reirme de todo lo que diga Malfoy, o que no podré hablar con quien me dé la gana. 

—Entiendo— Repuso Harry. 

—¿Qué te tiene aquí tirado pensando?

—Me eligieron para ser buscador del equipo de quidditch de gryffindor, pero Hermione se enfadó algo y no ha querido hablarme. Además de eso debo ver cómo me presento mañana a la clase de Snape, estoy seguro que me quitará todos los puntos de la semana. 

—¿Con cuantos puntos te comprarás un buen traje o una casa?— preguntó ella y Harry quedó en silencio sin comprender. 

—No entiendo, los puntos de cada casa no sirven para comprar nada Daphne— Respondió Harry.  

—Exacto, no sirven para nada. No nos darán premios si alguna de nuestras casas gana, ni puntos en nuestras materias.  

—¿No te importan los puntos de las casas?— Harry no se había detenido a pensar en aquello, la chica tenía razón, los puntos de las casas eran inservibles si no podía hacer nada con aquello— Eso no significa que Snape no piense torturarme. 

—Pero puedes fingirte ofendido mientras resta puntos a diestra y siniestra y tú haces cualquier tontería. 

—Suena como una buena idea. ¿Por qué eres una Slytherin? Me das más la impresión de ser una Ravenclaw. 

—Soy muy orgullosa, y elegí slytherin cuando el sombrero me lo preguntó— Respondió la chica encogiendose de hombros— Slytherin permite hacer vínculos fuertes con algunas casas importantes, y eso me parece más relevante que acumular puntos para mi casa. Sin contar que mucha de mi familia ha pertenecido a slytherin durante generaciones. Habría sido extraño estar en otro lugar. 

—Entiendo. Yo pensaba antes que todos los magos tenebrosos estaban allí— Alegó Harry. 

—Pues muchos en mi familia fueron magos algo oscuros, o al menos seguidores de quien no debe ser nombrado, así que no tengo forma de negar eso— La chica tomó una piedra para arrojarla al lago. 

—¿Crees en eso de la sangre pura?— Preguntó él y ella se encogió de hombros nuevamente. 

—No me interesa, no todos los grandes magos existen por ser sangre pura. Creo que el sin nariz lo sabía bien. 

—¿El sin nariz? 

—Voldemort, el que no debe ser nombrado— Expresó ella y Harry hizo silencio asintiendo con la cabeza. 

—¿No tiene nariz? ¿Cómo? ¿Por qué?— Repuso después de un rato de haber procesado la información. 

—No sé, pero mi tío siempre lo describió así, sin nariz. Aunque suele usar una magia de glamour para mostrar su rostro de antes, que dicen era muy apuesto. 

—¿Cómo te quedas sin nariz?— Continuó Harry negando con su cabeza imaginando escenas donde algún hechizo chocaba con la zona olfativa y la arrancaba por completo. De otra forma no le veía sentido al asunto. 

—Es bueno ver que no te molestas ni sorprendes porque diga su nombre— Expresó ella— En la sala común de Slytherin casi se desmayan al escucharme decirle así. 

—Debió ser toda una sorpresa— Comenzó a reír Harry. 

—¿Qué vas a hacer con Hermione?— Cambió ella de súbito sobre el tema de conversación. 

—No sé, ¿quizás preguntarle qué le molesta y disculparme?

—Estaba gritando como loca el día de ayer mientras tú volabas y caias en picado. En realidad parecías que te ibas a matar en aquella caída, comprendo que esté molesta— Hubo un silencio en el cual Daphne se levantó del suelo y limpió la ropa— Sientate a comer con ella o llevale algo de comida. Entenderá la disculpa. 

—¿Comida?— Se sorprendió Harry. 

—Todas las mujeres amamos comer, o dormir. Hazme caso, ella comprenderá el asunto y podrán volver a hablar— Repuso la chica antes de irse, pero fue detenida por Harry quien gritó su nombre. 

—¡Daphne, gracias!

—Me debes una Harry Potter— sonrió ella subiendo el camino al castillo, Harry no pudo evitar mirarla hasta que desapareció detrás de algunos árboles. 

 

El chico debió esperar a la hora de la cena para llevar una copa de helado hasta el dormitorio, donde esperó a la chica castaña como método de disculpa. Daphne tuvo razón, incluso no hubo preguntas al respecto. Segundos después Hermione le regañaba para que hiciera la tarea de teoría de la magia antes de que esta se acumulase, pero Harry tuvo otra preocupación. Una lechuza  y Gali llegaron en horas de la noche ambas con paquetes similares. 

 

Este es mi regalo de cumpleaños, el que antes había planeado darte, y luego nos arrepentimos, pero que ahora podrás usar sin ningún problema. Aunque, técnicamente tú eres dueño de una tienda de quidditch.

Sirius

 

No necesitó siquiera desenvolverla por completo, era una nueva y flamante escoba de carreras Nimbus 2000, con su madero pulido y cerdas en forma aerodinámica perfectas. 

La segunda carta tenía una letra carmesí muy pulcra y estilizada. 

 

Tu padre fue un excelente jugador, Harry, y tengo mucha fé en que este año nos harás campeones. No abras el paquete en la mesa, te he comprado una nueva nimbus 2000, los demás estudiantes querrán también una escoba, o inscribirse en el equipo. Tuve que hablar seriamente con Dumbledore para que te dejasen en este. Dale un buen uso y practica más la transformación de tu taza, me parece que con un par de días más de ensayo serás capaz de convertirla en el pajarillo. 

McGonagall.

 

La segunda escoba se hallaba a un lado de la primera, ambas deslumbrantes y hermosas a la vista. 

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