CAPÍTULO 9. IGNICIÓN

—¿Dios realmente existes? Llevo todo un día preguntándomelo, Alejandro dijo algo el primer día en voz muy baja, y es que tú nunca respondías, no sé qué pensar… quisiera tener claras mis ideas y creer fielmente en que tienes un plan para cada ser, que hay una explicación detrás de todo esto… — Alicia observaba el mar, el ambiente se tornaba frio de improviso, algo contrastante con el gran calor que sintió un rato atrás, ella llevaba una chaqueta negra en la cual metió una de las bitácoras de Alejandro, planeando leerla ese día, y como medida después de las palabras de Alejandro esa mañana — Bueno, la última vez que pedí una señal, que me salvases, Alejandro apareció frente a mí, justo cuando pensaba que todo estaba perdido, que moriría devorada o de calor adentro del contenedor — Observó al chico frente a ella. Alejandro conversaba con la mujer de cabellos rojos, Karla iba sentada en la parte trasera del bote mirando de mala gana, el cielo estaba parcialmente nublado, aunque no daba impresión de llover — Quiero…No, decidí creer en ti porque debe haber un orden en las cosas, porque debe existir algo hermoso detrás de todo lo que amo, solo estoy dudando un poco. No parece normal todo esto que ha sucedido, no puedo creer que tu permitieses algo así, siempre pensé que tu como ser todopoderoso hallarías la manera de cuidar a los indefensos, o al menos quería creer en algo así porque es lo correcto — Se quedó pensativa un instante al frente de la embarcación iba una chica un poco menor a ella con sus brazos extendidos como si se tratase de una película, luego estaba Armando hablando con Vladimir, y la chiquilla pequeña ahora estaba en su regazo señalando la costa con una de las cámaras de Alejandro mientras se movían a gran velocidad en el bote.

Ella portaba la espada a su lado, aunque no tenía ninguna intención de usarla. Pese a todo observaba al chico pensando en que, con ella lo había salvado. Era el día setenta y cinco después de la infección, la mañana había sido agitada, pero daba la impresión de que estando a pleno mediodía las cosas tan solo comenzaban a ponerse movidas y ello le daba temor.

—Alejandro habla mucho con Milena — Habló ella por lo bajo.

—Le gustan las pelirrojas ¿No lo sabías? — Inquirió Karla mirándole también — Recuérdame patearle apenas bajemos del bote.

Tan solo habían pasado seis horas desde que despertó, lo primero que escuchó fue la discusión entre Alejandro y Karla a través de la puerta del cuarto.

(DIA 75 DE LA INFECCIÓN 6:OO AM)

—No puedo.

—Alejandro, resulta ridículo que me digas que ahora vives con una chica que llevas tres días de conocerla.

—Y yo no entiendo el punto al cual deseas llegar…

—¿Acaso no es obvio?

—No sabía que debía pedir permiso para tener una chica en mi casa.

—¿La conoces?

—Un poco supongo, no sé si deba hablar… si deba responder eso.

—Explícate Alejandro.

—Estoy consciente que somos distintos, en ciertos momentos en realidad Alicia pude resultar algo inocente, que pensamos muy diferente que tenemos ideologías contrastadas, y normalmente yo perdería la paciencia escuchando a alguien así. Pero con ella es distinto… No sé, además, los últimos días estuve solo, y cuando la conocí, es difícil de explicar Karla. Yo tenía semanas sin hablar con nadie, solo, colocaba videos para escuchar a personas conversando.

—No eras el único solo.

—Fue fuerte supongo.

—Fuerte es quedarse corto, había días, al menos al principio en los que me perdía por completo. Repasaba nuestras conversaciones en la mente, me servía de cierto modo. A veces Yoshua se acercaba a la celda, pero yo me negaba a hablarle, esos días no me daban comida

—Lo siento, no sé qué decirte.

—No hace falta. Pero si me duele un poco verla aquí, ¿Por qué estás con alguien así?

—Yo… — Hizo una pausa en la cual suspiró — Lo que me impactó más de ella, es que tienes unas convicciones muy firmes. Es muy recta, estaba decidida a no matar bajo ninguna circunstancia, y aunque la conozco de hace tan solo dos días, estoy seguro de que, si un zombi le atacase, ella habría preferido morir antes de pensar en quitarle la vida uno de esos muertos. Sin embargo, hace dos días, yo estaba a punto de morir, y esa chica hizo lo que jamás habría hecho por ella misma solo para salvarme.

—No es justo ¿Sabes? Cuando pensé habías muerto lloré mucho, luego de eso me di cuenta de que me gustabas, de que no lo veía porque siempre te tenía allí conmigo, no hacía falta pedirte fueses mi novio, o conocernos, porque ya nos teníamos confianza — La chica rompió a llorar sentándose en el mueble de la sala.

—Yo la verdad, no sé qué decirte, no soy bueno para esta clase de situaciones — Se sentaba al lado de la chica — Quizás — ¿Debía decirlo? — Quizás habría sido diferente si hubiésemos hablado de esto antes.

—Aunque la verdad lloro porque sé bien que estoy siendo egoísta. Tu no estabas al cabo de saber de mí, también tardé demasiado en comprenderme a mí misma. Pero me sigue pareciendo injusto, yo también estuve sola en esa celda, sabía cuándo era de día y de noche solo por los platos de comida que me daban — La chica le miró — ¡Vaya y pensar que soy mayor que tú…! Te diré lo siguiente y no me interrumpas, me gustas y estoy consciente de que bueno, sientes… bueno de que te gusta Alicia por lo que me dijiste, y ahora yo decido quedarme a tu lado. Pero no quiero que me veas de un modo distinto al que siempre lo has hecho… ¡Y si llego a notar que dañas a esa niñita Alejandro, te puedo jurar que yo…! — Karla alzaba la voz — Estoy feliz de verte, pero enojada contigo, idiota.

—Ya volviste a ser tu misma — Alejandro sonrió — Tranquila, no tengo intención de tratarte distinto, para mí siempre serás Karla.

Alicia se despegó de la puerta y sentó en la cama un par de minutos antes de que Alejandro volviese a la habitación. Al verle al rostro enrojeció, era vergonzoso mirarle a los ojos, al igual de incomodo, la sola idea de haber escuchado todo aquello le hacía sentir culpable consigo misma. Probablemente ella se interpuso en el camino de aquél chico, en el camino de Karla, como un estorbo. Su cabeza retrocedió, en los tres últimos días habían pasado toda clase de cosas, y ella tan solo salvó al chico una vez, se sentía tan inútil allí.

—Deja de pensar tonterías — Comentó el chico — Se te nota en el rostro, estás pensando alguna tontería sobre ti misma, es lo malo de que seas tan expresiva facialmente — Una lágrima resbalo del rostro de Alicia, la cual secó con premura — Cámbiate, y prepárate, primero iremos a ver a Armando, colócate la chaqueta y un par de gafas, hoy no quiero que te quedes aquí en la casa.

—Por lo que me dijiste sucedió ayer.

—Exacto, es mejor estar preparados para lo que hoy ocurra, además si saldremos a la calle, no quiero que se vean contaminadas por algún rasguño.

—Pero cuando me contaste lo sucedido, nunca me dijiste que es lo que crees que Yoshua planea.

—No creo que te guste escucharlo.

—Creo que ya he escuchado bastantes cosas fuertes como para ser sensibles en este punto.

—Está bien — El chico se cambiaba de camisa — Creo que Yoshua planea explotar la ciudad entera.

—Pero ¿Y él?

—Se quedaría en el barco, en el Armonia, el cual tiene suficiente espacio y suministros. Sería la manera más sencilla de limpiar la ciudad — Vio el miedo en los ojos de Alicia, era fascinante ver lo sencilla e inocente que resultaba, algo que se podría considerar un diamante en medio de la escoria — Cálmate, si podemos lo evitaremos, aún está la opción de la cual habla Milena, debemos ver que tan cierta es y evaluarla.

—Pero y…

—Asegúrate de recoger todo, me llevaré mis cámaras y diarios, no dejes nada aquí, toma una mochila y lleva tu ropa — Notó el miedo en el rostro de la chica — Hay que ser precavidos, solo eso… — Alicia y Karla salieron de la casa primero, Alejandro se tardó un minuto en salir, cerró la puerta fuertemente y la aseguró.

—Estás sudando… — Comentó Karla al verle salir, su rostro denotaba algo de preocupación.

—¿Te sientes bien? — Inquirió Alicia.

—Bastante bien — Se secó el sudor con la manga de la camisa — Solo, creo que algo nervioso — Rio un poco, algo que ni a Karla ni Alicia les gustó, pues lo hizo de manera inusual.

   En cuestión de minutos los tres se encontraban caminado por los tejados nuevamente, esta vez sin cometer el descuido de dos días antes. Alicia se mantenía alerta, se movieron rápido, el sol se comenzaba a alzar sobre sus cabezas y los muertos buscaban refugio ante el calor.

—Quiero una pistola, la correa de esta cosa me va a matar, pesa mucho — Se quejó Karla del rifle.

—Sostenlo con fuerza contra el abdomen y habla más bajo — Contestó él, Karla mientras tanto le hizo muecas por la espalda y Alicia no pudo evitar reir.

No fue sorpresa ver el rostro de Federico al llegar al pie de la montaña, parecía estar esperando, para luego escoltarles hasta la base, aquél fuerte español de antaño en la cima de la montaña. Armando, Víctor y Alejandro se sentaron a conversar de inmediato como si hubiesen tenido planeada la reunión.

—Creo que estarás encantada de conocer a un tipo como yo, un placer me llamo Federico — Extendía su mano ante Karla.

—En realidad no estoy interesada en conocerte.

—¡Vamos, mírame! Estamos en pleno fin de mundo, estoy seguro que podrías conseguir un hueco en tu agenda para que nosotros…

—Tu conseguirás un nuevo hueco hecho por este rifle si no me dejas tranquila — Su expresión y su tono fue cortante.

—¡Te vale dejar quieta a la señorita Federico, yo que tú la tomaría en serio! — Víctor gritaba desde un par de metros de distancia. Federico caminaba alejándose mal encarado hasta encontrarse con Carlos frente a frente.

—No entiendo como ese crio consigue a ese par de dulzuras que yo no he conseguido en treinta años — Expresó en un susurro ante su compañero el cual reía.

—Pero estás basando tus argumentos en suposiciones, no tienes una base firme para decir que Yoshua detonará la ciudad entera — Armando colocaba sus manos juntas en su quijada al tiempo que planteaba su pensar con el chico.

—Pero le conozco, sé muy bien de lo que es capaz, y ya en el pasado ha usado esa misma estrategia. Por otra parte, desde mi punto de vista deberíamos enfocarnos en los sobrevivientes del grupo de Verónica y los del barco Armonia, inclusive pensar que podrían tratarse de enemigos.

—Por los del grupo de Verónica que quedó no te preocupes, podríamos hacernos cargo de ellos aunarlos a nuestras filas — Soltó Víctor.

—Es mejor unirlos a nosotros a tenerlos de enemigos — Armando razonaba — Insisto en lo de Yoshua, Todo lo que sabemos es basándome en tu propia información de que ayer soltaste a la jadeante Verónica…

—Me habría encantado verla en ese estado — Interrumpió Victor.

—A la jadeante Verónica y ella infectó a las tropas de Yoshua dentro de la base. Eso me parece a mí un jaque a sus movimientos, entonces no sé por qué deberíamos preocuparnos por la amenaza de la detonación. No veo como habiendo destruido su base puede significar un peligro. Cuando un enemigo se encuentra en tal posición suele retroceder para reagruparse.

—El no hablaría conmigo de no tener ya todo planeado y listo para ejecutarse, y aunque solo dijo que “barrer la ciudad” era lo más adecuado, la malicia denotó que ese sería su siguiente movimiento. Por otra parte, eso explicaría la incursión a las afueras de la ciudad, se dirigían a la refinería de petróleo, y como bien saben esta ciudad está rodeada de tuberías desde la misma, hablamos de una trampa infalible.

—Yo creo que deberíamos preguntarnos lo siguiente Armando, ciertamente es muy posible que el chico se equivoque, pero, de tener razón, nosotros estaríamos perdidos al igual que los muertos dentro de la ciudad.

—Lo sé, además también deseo averiguar sobre el plan de Milena. Ese barco también es una buena oportunidad, y cuatrocientas personas — Se detuvo — Es una pequeña ciudad.

—¿Qué piensas? — Preguntó Victor.

—El fuerte es un lugar bastante seguro y donde podemos brindar algo de estabilidad a quienes están aquí. Hablamos de arriesgarnos y salir todos, evacuar y esperar que nadie muera. Mal que bien si el barco existe o no, nos enfrentamos a que se detone la refinería y todas las tuberías ardan. Tenemos incluso tres que atraviesa parte de esta montaña.

—Eso quiere decir…

—Que tenemos trabajo que hacer, dile a los chicos que nos moveremos en dos grupos, el primero partirá de inmediato, llegaremos hasta el grupo de sobrevivientes y luego a la cita con Milena. El otro grupo deberá hacer el plan de mudanza para partir, yo les daría confirmación sobre la información, de ser positiva tendremos que dejar este lugar para estar a salvo, sino, se quedarán obviamente.

—Aprecio la ayuda Armando— Agregó Alejandro.

—Al contrario, creo que somos nosotros quienes apreciamos la tuya, tienes el don del liderazgo, y aunque no lo notes creo que te acabas de hacer líder del ex grupo de Verónica y del mío inclusive por encima de mí — Armando le miró y el chico negó con la cabeza — No te preocupes, la verdad no lo veo de mala manera, tan solo me refiero a que eres alguien a quienes mis chicos seguirían — Hubo una pausa incomoda, en la cual Víctor se fue caminando — ¡Es hora de irnos!

Alejandro montaba por segunda vez uno de los camiones blindados, ya no resultaba tan inquietante como la vez anterior. Bajaban por el camino a pie de la montaña, escondidos entre la maleza, aunque en un instante arrollaron a un mutilado la vía resultaba tranquila. Karla revisaba el rifle con minuciosa inspección, Alicia descansaba en el hombro de Alejandro mientras Federico narraba una historia sobre un viaje a un campo de arroz. Armando era quien manejaba.

Tan pronto tomaron la ruta de la ciudad debieron avanzar más lento, Federico y Alejandro se colocaron en la torreta superior para despejar el camino de los indeseados. Se detuvieron dos veces para esquivar un grupo de jadeantes, pero finalmente llegaron a la zona donde se encontraba la planta de tratamiento. Descendieron del vehículo gracias a un camión que bloqueaba el camino, el mismo se hallaba quemado y a su alrededor abundaban los cuerpos, el aroma que emanaba resultaba nauseabundo, alzó la vista para encontrar una segunda humareda proveniente de la pendiente ascendente donde se encontraba la planta.

—¡Lo quemaron! — Alejandro corrió en dirección a la colina. Un jadeante salió al paso y fue recibido por una bala en su pecho la cual le dejó tendido en el suelo, mientras Federico llegaba sonriendo a terminar el trabajo en él. El chico veía el lugar horrorizado, esperaba ver a todos a salvo y a cambio llegaba la ceniza hasta donde él se hallaba. Subió la pendiente a zancadas, detrás le seguía el resto, la escena al subir le sacó lágrimas, su espíritu se derrumbó al observar como detrás del muro el humo negro ascendía en el cielo, las llamas aun crepitaban — ¡Maldito seas Yoshua! — Gritó ante la impotencia, afuera no había cuerpos, pero si se podían observar orificios de balas en las paredes. Del interior de la edificación saltó un muerto envuelto en llamas gritando. Armando le disparó sin reparo, luego él y Federico intentaron abrir las puertas del lugar, pero era imposible, se hallaban hirvientes ante el fervor del fuego.

Karla y Alicia lloraban — ¿Cuántos eran? — Preguntó la primera.

—Casi treinta personas.

—Calma chico esas cosas suceden — Intentó animarlo Armando.

—¡Esas personas confiaron en mí!

—No quiere decir que les hayas defraudado.

—Mataré a Yoshua.

Alicia le tomó en un abrazo — Tranquilízate, no había…

—Miauuuu — Alejandro levantó la vista y soltando a Alicia corrió en dirección al sonido.

—¿Qué haces? — Inquirió Karla ante su expresión.

—Busco al único gato que conozco después de la infección — Corrió a su derecha, pasando sobre la maleza creciente. Un pequeño camino rural ascendía llegando a la cúspide de la montaña. Ascendió apartando pedazos de matorrales y ramas secas del camino como loco. No se había imaginado aquel maullido. Aceleró el paso cruzando algunos árboles hasta dar con una casucha vieja.

—Miauu — Abrió la puerta de un empujón, y abrazó a Claudia fuertemente, era increíble la simple satisfacción que podía sentir al verla allí llena de tierra y hollín. A su lado Sara se encontraba parada cruzada de brazos mirando en otra dirección. Lloró abrazando a la pequeña sin saber explicar sus razones.

—También me alegro de verte Sara, por favor dime ¿Qué sucedió? — La chica se dio vuelta y le propinó una fuerte cachetada. El resto del grupo se acercaba y miraban en silencio, Claudia continuaba abrazada al chico.

—¡Eres un idiota!

—Me gusta el instinto que tiene esta chiquilla — Opinó Karla ante las palabras de Sara.

—¡Te lo dije! ¡Llegarían y no sabrían defenderse! — La chica cayó de bruces al suelo llorando fuertemente. Claudia se volteó a secarle las lágrimas — Llegó un primer grupo, y la trampa funcionó, pero luego se presentó un segundo grupo. Algunos hombres de nuestro grupo se armaron, mi abuelo mientras tanto nos trajo a nosotras hasta acá, en el camino las aves nos atacaron. Mientras tanto los disparos comenzaron a resonar en el aire, y entre los gritos y nosotras corriendo mi abuelo resbaló, y las aves le atacaron, yo me escondí con Claudia, mientras observaba como mi abuelo se transformaba en una de esas cosas, y luego salía en dirección a la batalla. Se escuchó una gran explosión y comenzó a sentirse el humo, yo aparté a Claudia hasta el fondo de la casita para que no respirara el humo, pero terminamos dormidas allí y… ahora….

—El señor Tomás… Lo siento, sé que fue mi culpa…

—Ambos se detienen allí — Alicia abrazaba a la chica, pero era Karla quien hablaba con autoridad ahora — Nadie tiene la culpa de nada, ahora les agradeceré a ambos se levanten, no es momento para andar llorando. Tú más que nadie Alejandro, levántate, sabes que esto no es algo que hubieses podido controlar — Alejandro se calmó retomando su semblante.

—Debemos irnos, ya no hay nada que hacer aquí, y tenemos una cita con Milena — Volteó a sus espaldas — Sara, Claudia, ustedes vengan con nosotros.

—¿Y por…

—¡Gato! — Claudia corrió tomándole de la mano, Armando le hizo señas a Federico para marcharse. El resto del camino representaba un peligro mayor, la zona de encuentro era un lugar al cual ni Alejandro ni Armando habían explorado previamente. Tal cual hicieron antes, se encaminaron por una ruta no urbana, a baja velocidad y con los chicos en la parte superior, el blindado con un aroma a cloro, a fin de encontrar pocos obstáculos, no llamar la atención, y eliminar a los muertos que se interpusieran.

—¿Sabes que arma es esta? — Le preguntó Alejandro a Federico, luego de observar como este desmontaba y rearmaba la suya.

—Es una Custom Remington.

—Extraño mi XM y La AR, esta es pesada en comparación a la AR, creo que ya me había acostumbrado a las otras— Se quejó.

—No puedes comparar tu AR era una modificación de una quince ¿Y por qué no trajiste las otras?

—Todo mi arsenal estaba en la planta de agua…

—Hombre eso sí que es tener mala suerte, la que tiene tu amiga me gusta más, es una Robinson XCR, pero el perder todas las otras armas, eso duele.

     —Ya lo creo — Alejandro miró el horizonte, las montañas verdes que rodeaban la ciudad, la brisa fresca el sol ardiente, y un puente a la espera — Dile a Armando que detenga el carro — Allí al frente a menos de cien metros, debajo del puente se encontraba un grupo de muertos.

—Son demasiados.

Armando llegaba para observar también — Tal vez treinta, y lo más probable es que corran, esos infelices.

—No será posible pasar desapercibidos con el auto, aunque podríamos hacer otro ruido para alejarlos de la vía — Agregaba Alejandro.

—Pero con el ruido del motor al arrancar, y si alguno de ellos queda atrás y grita alertando al resto, no es prudente.

—¿Ir a pie?

—Es la mejor opción — Así bajaron lentamente los siete integrantes del blindado. Claudia iba en los hombros de Karla, el sol daba contra sus rostros fuertemente, abandonar el vehículo resultaba peligroso dado la cantidad de personas que eran. Federico destapó un compartimiento del carro y sacó un par de garrafas llenas de líquido, así como un par de armas, las cuales Armando tomó.

El camino resultaba escabroso, debían dar un rodeo al puente, ello implicaba cruzar un terreno y luego saltar la pared de una compañía antigua, cruzarla para luego salir en la calle siguiente. Pero al llegar al tope del muro se encontraron con el otro inconveniente, adentro de las instalaciones también se hallaban un gran número de muertos ambulantes.

—¿Y ahora? — Preguntó Federico.

—Pues este lugar es estrecho, ir con las chicas por aquí me parece riesgoso — Alegó Alejandro.

—Pero ir por el puente también lo es.

—A menos — Observó a los presentes— Que hagamos un ruido lejano mientras cruzamos a pie por el puente, los muertos deberían verse atraídos por el sonido.

—Jugar a pasar desapercibidos, riesgoso pero la mejor opción ¿Y qué usaremos como distracción? — Los tres comenzaron a observar su alrededor, las chicas esperaban abajo en silencio, expectantes. Su alrededor resultaba pobre en posibilidades, al frente se hallaba la vía, a los lados un desnivel con terreno baldío. Al frente el puente, a la izquierda se encontraba un montículo floral de aquellos que alegraban la vista al pasar por la ruta. A la derecha la empresa de construcción, llena de maquinaria pesada y al fondo un edificio blanco. Se observaban hombres infectados dispersos entre las maquinas, aun vestidos con ropas de trabajo, indumentaria monótona azul, sucia, acartonada y maloliente.

—Podríamos lanzarle piedras al techo del edificio, parece ser de láminas de cinc, eso haría algo de ruido.

—¿Funcionará? — Preguntó Federico.

—Habrá que probar — Alejandro tomó un par de rocas que Armando le pasó del suelo — Llévate a las chicas, quédense en un lugar seguro pero listos para avanzar apenas los muertos se desvíen — Armando se encaminó, el chico esperó para lanzar la primera roca, la cual no llegó a la distancia adecuada.

—¡Déjame que yo lo hago! — Soltó Federico al ver el poco alcance del chico. La piedra surcó el cielo hasta impactar contra la zona metálica, al instante otras tres piedras caían causando gran estrepito. Los muertos que se encontraban adentro de la edificación voltearon sus cabezas y corrieron a la zona atraídos, todo resultaba ordenado hasta que uno de ellos emitió uno de sus gritos guturales al aire. La respuesta fue masiva, el estruendo de los pies contra el suelo y los gritos coreados por los muertos cercanos. Federico y Alejandro saltaron del muro, corriendo a refugiarse en una orilla del camino, mientras observaban como los muertos corrían en dirección al sonido.

El chico observaba como las piedras saltaban milímetros del suelo con el vibrar de los pasos. Los muertos saltaban la pared en su búsqueda de encontrar el sonido. Armando a varios metros de distancia les hacía señas de avanzar, la ruta no se encontraba libre, pero el numero ahora era reducido, quedando los rezagados mutilados bloqueando el camino. Federico y él se levantaron polvorientos y sudados en dirección al puente, Federico apuntaba desde lo lejos a medida que caminaba con la vista fija en los muertos. Portaba un arma con silenciador y el sonido resultaba mínimo, Alejandro por en cambio no se atrevía viendo a las chicas por delante. Armando usaba el arma de manera distinta, avanzaba propinando golpes de culata, impactando los rostros hasta hacerles retroceder, caer o incluso un par destrozándoles.

Cruzaron la zona entre gemidos. Apresurados, ante los rostros sangrientos que mostraban sus dientes y se arrastraban para alcanzarles. Claudia iba con sus ojos tapados por el camino, pasaron tres minutos en los cuales corrieron sin detenerse, llevados por el miedo y apremio en dejar de escuchar sus quejidos o sentir la podredumbre emanante de sus cuerpos.

—¿Llegaremos a tiempo caminando? — Preguntó Alicia.

—Si mantenemos el ritmo — Contestó Alejandro.

—Y si no hay otro puente colmado de muertos obviamente — Agregó Federico.

El camino resultó agotador, el sol hizo hervir el asfalto. Sus pies se quemaban dentro de los zapatos al caminar, solo Armando caminaba sin mostrar cansancio. La vía era solitaria, aquella ruta solo se usaba para ir a las playas. Las orbitas de Claudia se movían de un lugar a otro con ansias de probar el agua cuando llegaron a la costa, el paraje tranquilo, escuchando los golpes del mar contra la arena.

—Llegas aquí y olvidas que el mundo ha cambiado — Comentó Alicia.

—Olvidaste mencionar que era una creación de Dios — Alejandro rio un poco tomando su hombro — Pero es cierto, las olas no han dejado de fluir, uno por poco se olvida de eso.

—¿Me puedo meter? — Preguntaba Claudia a su hermana mayor. La cual miraba al chico y este se sorprendía ante ello, encogiéndose de hombros y asintiendo. Media hora después observaban una lancha surcar las aguas, comenzaron a agitar sus brazos llamando la atención hasta ver como la embarcación cambiaba su dirección hasta ellos. El bote era grande, sin embargo, solo iban dos pasajeros, un hombre alto de cabello negro y ojos grises. Con él una mujer de muy buena figura usando jeans y una camisa negra ceñida al cuerpo, su cabello rojizo y expresión de sorpresa al verlos.

—Así que tú eres Alejandro — Se acercó buscando estrechar la mano de Armando, con un acento que denotaba el arrastras de las letras, Armando se limitó a señalar al chico. Alejandro levantó la mano un poco, haciendo notar su presencia. Alicia le tomaba de la otra mano con medio cuerpo escondido detrás del chico, mientras Karla se erguía alzando la cabeza a su lado.

—Yo soy Alejandro.

—¡Ves Milena te lo dije! ¡Un niño! ¡Contactaste con un niño!

—Este chico ha visto suficiente acción — Alegó Armando — Puedo dar fe de ello

—Nosotros no hemos venido a jugar aquí — Expresó la mujer.

—¿Y por qué vienen con un montón de niñitas? — Las palabras de aquél hombre denotaron cierto desprecio.

—Deberé pedirle respete a las chicas en mi presencia — Alejandro había levantado su arma contra aquel hombre — Ya hemos pasado lo suficiente como para ser tratados de mala forma.

—Insolente… — El hombre levantó su pistola mientras Milena se mostraba indiferente ante aquel acto.

—Hablaremos tranquilamente, y la razón por la cual me escucharán es porque este chico “insolente” — Observó con suspicacia al hombre — Es el que les puede ayudar a conseguir lo que ustedes quieran.

—Calma Vladimir, el chico tiene razón, quizás tenga algo bueno que contar — Miró de soslayo a Alejandro, el cual bajó el arma tranquilamente y se acercó.

—Alejandro, un placer.

—Milena y él es Vladimir.

—Creo que tenemos intereses en común — Observó su alrededor — No malinterpretes el hecho del grupo que estamos aquí, sucedieron incidentes en el camino y debimos improvisar.

La mujer sonrió — Comprendo — Alzó los brazos — Realmente este parece ser un lindo lugar, no me habría molestado venir aquí unas vacaciones — Armando estaba cerca, Alicia, Karla, Vladimir, Federico y Sara estaban atentos, Claudia continuaba jugando en el agua, esta vez tocando el bote — Seré directa, necesito combustible para un cohete, no es cualquier combustible y lo necesito en cantidades industriales.

—¿Crees que en la refinería habrá?

—Estoy bastante segura de que deben procesarlo, y si es así tengo un carguero entero esperando para llenar un compartimiento.

—¿Con que fin quieres el combustible? Hablaste de tener una solución a todo esto — El grupo entero avanzaba por la arena mientras conversaban. Se acercaron hasta una pequeña cabaña con mellas y sillas para hablar mejor.

La mujer sonrió — Y así es, pero necesito combustible para despegar el transbordador y colocarnos en órbita nuevamente.

Alejandro se lanzó súbitamente en la arena, se sentó tranquilamente, cruzando los dedos de sus manos tapando parte de su rostro — No lo entiendes Milena, no puedo confiar en ti, ni podemos actuar en conjunto a menos de que me expliques todo a fondo.

—Creo que deberé presentarme de nuevo — La mujer se sentó sonriendo— Me llamo Milena, bióloga, y hace tan solo tres meses era tripulante de la estación espacial Saliut 11 la cual tenía como objetivo el estudio del agente ARE, un virus mortal.

—No conozco tal virus — Comentó Federico.

—¡Oh! Me parece que si lo conocen, llevan setenta y cinco días viendo sus efectos — La reacción fue general — Tampoco se hagan la idea de que nosotros lo liberamos. Mi compañero Vladimir y yo solo pertenecíamos a un grupo secreto de estudio, nuestro único plan era el estudio de cepas para observar su comportamiento, pero en el transcurso de la misión por lo visto alguien uso el agente en la población, y bueno, aquí tenemos los resultados.

—Eso quiere decir que los gobiernos sabían del virus — Comentó Alejandro.

—Al menos el ruso y el estadounidense tenían conocimiento de él, pero, ahora la cuestión es simple, tenemos una muestra activa que nos serviría para fabricar el agente reductor. Vladimir ha estado trabajando y tenemos el transbordador listo, pero la cuestión del combustible ha sido algo muy difícil, no hemos anclado salvo en una isla cercana a Curacao, las costas se encuentran o plagadas o incendiadas, hay pocas plantas las cuales procesen lo necesario, y esta la cual se encuentra en plena costa es la opción lógica.

—Ese agente reductor ¿Qué haría?

—Pues obviamente no puede regresar a la vida a los infectados, pero estamos hablando de matar a todos los caminantes, infectarlos nuevamente, solo que esta vez, quedarían completamente muertos. También me gustaría de ser posible, muestras del agente en los primeros estadios de infección. Muestras de tejido o anotaciones del mismo.

—Eso lo tengo ¿Para qué sería?

—El agente que hemos preparado se basa en una cepa general por así decirlo — Explicó Milena.

—El virus muta muchacho, muta muy rápido, mientras hablamos unas veinte cepas podrían estarse formando. Lo mejor sería tener una cepa original de la infección. Es muy probable que la lanzada al mundo no fuese la misma que nosotros estudiábamos.

—Si no fuese la misma ¿Qué pasaría? — Preguntó Armando.

—Difícil de decir, no sabemos. Podría matarlos a todos, podría no funcionar del todo y matar a una población. Reducirlos.

—¿Puede fallar? — Inquirió Armando. La mujer le miró con franqueza antes de asentir con la cabeza

—Una última pregunta ¿Es usted rusa? — Preguntó Alejandro.

—Sí.

—Lo imaginé, por el acento en las palabras — El chico se levantó extendiendo su mano — Milena, creo que podemos actuar en conjunto, aunque temo decirte que ahora, tenemos un enemigo en común.

Se encontraban en un yate camino al Armonia, después del chico explicarle su temor decidieron hacer algo al respecto, podía sentir el rocío del mar contra su rostro. Iban a gran velocidad, aunque él no supiese calcular cuán rápido viajaban. Tres meses atrás un viaje así podría haber sido paradisiaco, el mar, las playas, el cielo azul nublado, la brisa marina fría, pero ahora con el mundo infectado las cosas eran diferentes.

—¿Qué hay del resto del mundo?

—El quinto día iniciaron con el uso de armas nucleares. Quince días después de la infección usaron las armas nucleares en muchas ciudades. Vladimir y yo aún nos encontrábamos en órbita, un día antes recibimos ordenes de probar la resistencia del agente, nosotros trabajábamos sin descansar, pensando que podría ser útil para una cura, en aquellos días ver en dirección al planeta era escalofriante — Hablaba Milena mientras la embarcación daba tumbos — Pero te puedo asegurar que las grandes capitales del mundo, están en ruinas, Moscú, Tokio, Washington, Londres, Paris, Viena, Berlin, Madrid.

—¿Madrid también? — El chico pensó en su amigo perrobravo, gracias a su conversación ahora vivía. Le habría gustado saber de él, era una pena.

—Sí, eso me temo, las únicas partes del mundo que no resultaron bombardeadas fueron la zona sur de África, parte de América central y América del sur. Obviamente ningún gobierno gastó su carta del triunfo en países subdesarrollados.

—Eso es lo que nos mantuvo con vida ¿Y la radioactividad?

—No creo que le preocupase a corto plazo. En ese instante era necesario un plan, y cuando todos los demás planes contingentes cayeron.

—Las armas nucleares resultaron una vía rápida para eliminar grandes cantidades.

—Exactamente, luego de eso, nosotros dejamos de recibir instrucciones de Moscú, pero había representantes de Inglaterra y Estados unidos que nos contactaron desde el Air Force One.

—El avión presidencial Estadounidense.

—Nos pidieron un estado de los avances. Se los dimos, pero había algo que no nos cuadraba, el agente, por sí solo, no llegaba a activarse, era necesario someterlo a la interacción con un segundo compuesto, preguntamos si el virus que se propagaba abajo no podría ser una modificación, y la respuesta fue una negativa, se trataba del mismo compuesto el cual nosotros teníamos en nuestras manos, o eso dijeron, lo cual indicaba…

—Que no fue por accidente, alguien debió lanzar el agente ARE días antes, esperó a que se dispersase a nivel mundial, y luego lanzaron el segundo compuesto, el activador.

—Yo me vine abajo con aquella noticia, no sabía si trabajaba para quienes deseaban erradicarlo o para quienes lo diseminaron- Pero continuando con tu pregunta, el día veinticinco decidimos que debíamos bajar en el transbordador Soyuz, y así lo hicimos, el día veintisiete amarizamos en el atlántico. Ya el transbordador previamente había sido modificado para su reutilización, así que al caer al mar la nave flotó, allí fue cuando nos encontramos con el Armonia, un golpe de suerte realmente, estábamos en las costas cercanas a Mexico.

La mujer tragó saliva como si recordase — La situación a bordo del Armonia no era la mejor, pero tampoco era la peor, el barco transportaba más de mil pasajeros sin contar a sus tripulantes cuando desembarcó, también se vio contaminado. El capitán de la embarcación dio una orden que resultó eficaz, todo infectado, muerto o vivo se le tiró por la borda, y se podría pensar que es algo cruel, pero así libró a la población de barco de muchos horrores. En uno de los últimos casos él mismo se vio infectado y se lanzó al mar sin mirar atrás, o al menos eso nos contaron a nosotros algunos tripulantes. Cuando Vladimir y yo llegamos al Armonia, era un total caos pues no había orden entre ellos, dos días antes habían sido atacados por un barco pequeño, y tal cual piratas les habían robado joyas, y comida a los pasajeros.

Llegamos y controlar la situación fue difícil, hicimos una revisión de la embarcación, a fin de defendernos, y efectivamente llegaron otros barcos. La mejor opción para nosotros fue hacer un canje, les dejamos quedarse entre nosotros quienes teníamos comida suficiente, a cambio de armas u otros beneficios, en cuestión de tres días ya habíamos organizado a trescientas cincuenta y algo de personas, después de ello buscamos el Soyuz y lo comenzamos a arrastrar. Terminábamos de pasar las costas Mexicanas, no nos atrevíamos a bajar pues existía el peligro de las bombas, eso sin contar que la mayoría de México se encontraba en llamas. En esos días recibimos un mensaje desde la isla de Manhattan, fue una verdadera sorpresa, porque yo daba por perdida Estados unidos, pero resultó que la isla fue evacuada apenas se supo del virus. Fue limpiada inclusive con gases, y luego allí reubicaron a las personas, inclusive recibían a extranjeros, derribaron el puente que servía como entrada y salida, y se atrincheraron en el lugar.

—¿Aún existe ese punto?

—Eso creo, fue allí cuando intenté reportarme, pero descubrimos que el presidente había muerto y estaba al mando el ministro de defensa. No podría decirte ahora, porque hace más de un mes que dejamos de recibir señales — Se comenzaba a ver desde lo lejos un par de barcos enormes — Seguimos bordeando las costas, pero Honduras, Panamá estaban en llamas, los incendios no fueron controlados y ahora arrasaban todo el lugar. Mi compañero y yo buscábamos donde emplazar el Soyuz para regresar a orbita ahora que teníamos una muestra. Pero las opciones no eran buenas hasta que llegamos aquí, armamos el Soyuz cerca de los médanos que están al oeste de esta posición, y buscamos combustible, conseguimos un carguero, pero no nos servía su contenido.

—¿Tienen el cohete ensamblado?

—Te sorprendería ver lo que doscientas personas trabajando a las órdenes de Vladimir pueden hacer.

—Y las personas del barco, sus nacionalidades…

—De toda clase, creo que los más interesantes son los franceses. Llegaron con una cantidad de armamento con la cual bien podrías formar el ejercito de una nación, los hombres se reían diciendo que en las calles más remotas de Francia las pandillas estaban mejor armadas que la marina — La mujer terminaba de explicar cuando Vladimir apagaba el motor, llegaban a su destino, frente a ellos se observaba una embarcación colosal seguida de un carguero igual de monumental. El Armonia era de un blanco inmaculado en toda su extensión, en los laterales se observaban hileras de ventanillas a varios pisos de distancia del mar, la escalera para abordar descendió por un costado, y Alejandro sintió vértigo de solo imaginar lo alto que debían subir.

Arriba el ambiente era calmo, se notaba el respeto que infundía Milena sobre los tripulantes los cuales se alineaban frente a ella, el suelo de cubierta era de un azul contrastante con el blanco, los vidrios de las ventanas oscuros e imponentes en lo alto.

—Vengan síganme — Milena les invitaba — Son mis invitados — Terminó por decir a la tripulación quien estaba armada.

Armando se acercó discretamente al chico — ¿Crees que esta es la mejor jugada?

—Temo que sea la mejor, o la única que tengamos, en todo caso, ya veremos en el transcurso.

—Da la impresión de ser demasiado bueno…

—A mí también, pero creo que confiaré por ahora, tengo al lado a una chica que me repitió los últimos días que Dios siempre tiene un plan. No estaría mal que por una vez así fuese.

—¿Alicia?

—Si — Continuaban hablando en susurros, mientras la mujer les guiaba por el interior.

—Entonces confías en el pensamiento de Alicia.

—Si confiase solo en el mío terminaría como Yoshua — Observó la enormidad y el lujo en cada detalle mientras recorría los pasillos — Después de todo, creo saber cómo él actuaría porque a mí me parece el plan más lógico. Quiero pensar que aún tengo algo de humanidad dentro de mí, y que, si hay un futuro, no deseo arrepentirme del pasado.

—Eres un chico maduro, repetiré, habría dejado salir a Pandora contigo.

—Supongo ese es el mayor halago que tienes — Alejandro se rio, llegaban al centro de comando, tomaba la mano de Alicia a su lado, la cual apretó la suya.

—Bueno chicos ¿Qué haremos? Esa es la razón para que nos encontramos aquí— Milena pasó la mirada por los rostros — Tenemos la ciudad a poca distancia, y desde aquí podemos llegar a cualquier punto de ella rápidamente, así que pensemos, ustedes conocen al tal Yoshua y la ciudad mejor que yo.

Sara tomó a Claudia y se sentó aparte. La sala resultaba amplia, con asientos azules en su interior y un tablero con computadoras a modo de semicírculo en el centro del recinto. Federico no emitía palabra alguna se reservaba a cuidar a su jefe, Karla se mantenía a un lado de Alejandro con los brazos cruzados mientras Alicia permanecía del otro con su mano tomada.

—Armemos cuatro grupos — Expresó Armando.

—¿Cuatro? — respondieron Alejandro y Milena al unísono.

—Debemos cubrir cuatro puntos, el primero, este mismo barco, alguien se debe quedar aquí, porque si Yoshua planea quedarse con el barco, enviará gente aquí, eso sino viene el mismo. Lo segundo sería un grupo a vigilar la refinería e identificar el combustible necesario, en ese grupo deben ir uno de ustedes que son quienes saben sobre el combustible, además este grupo debe ir armado, porque el chico tendrá o buscará tener control también sobre este punto — Expresó Armando señalando a Milena y Vladimir — Un tercero que se dirija en el carguero a buscar el combustible a la refinería. El cuarto a buscar al resto de sobrevivientes, por si todo sale mal.

La mujer de cabellos rojos posó sus manos sobre el escritorio de comandos fuertemente — Bien, me parece tenemos planes, Vladimir, tu quédate en el barco, yo iré a la refinería. Enviaré a nuestros hombres a manejar el carguero y yo misma vigilaré cuando tomen el combustible, son la una de la tarde, esperemos estar aquí de vuelta a las cuatro, cinco cuando más.

—Yo iré contigo — Alejandro dio un paso adelante.

—Yo con el — Alicia apretó su mano.

—A mí no me van a dejar atrás— Inquirió Karla mirando al resto.

—No creo que sea prudente llevar alguien que pueda estorbar.

—Milena, si llego a estorbarte podrás dispararme tu misma — Karla frunció el ceño después de hablar.

—Federico se quedará aquí en el barco, yo iré a por los míos — Expresó Armando.

—¿Y nosotras? — Sara se levantó— ¿Qué hay de nosotras?

—Quédate en el barco Sara — Alejandro se dio vuelta hasta verle — Es lo más prudente, debes descansar de ayer, y cuidar a tu hermana.

—Pero yo…

—Estaré tranquilo sabiendo te quedarás aquí — Alejandro sonrió y Sara quedó con las palabras en su boca — Milena no tiene objeciones en que se queden.

—Hay habitaciones, comida y agua suficiente, la niña parece cansada. Podrían tomar una habitación y quedarse en ella. Puedo arreglar para que tengan algo bueno y propio — Repuso la rusa.

—Ves — Agregó Alejandro al tiempo que todos comenzaban a movilizarse del lugar, cuando se vio detenido por la mano de Sara.

—¡Regresa! Claudia no es de jugar con todas las personas, le caíste bien, así que procura regresar…— Expresó en voz baja sin verle a los ojos, cabizbaja, mientras Karla le examinó con la mirada sacando sus propias conclusiones. Alicia tan solo observaba la mano de la chica aferrada al brazo de Alejandro.

—¡Tranquila, todo saldrá bien! — Alejandro salió del lugar no sin antes alborotar el cabello de Claudia y su hermana.

—¡Idiota… ¡

—De conseguir el combustible ¿Cuándo despegarías? — Gritó Alejandro para hacerse escuchar con el ruido el bote en el cual se transportaban.

—De ser por mi hoy mismo — Contestó la mujer — Aunque no es tan sencillo, hay que hacer unos ajustes, ver cuán efectivo es el combustible y programar todo el sistema. Trabajando duro, en menos de un mes.

—¿Hoy? Lo de un mes me suena más factible.

—Obviamente, no necesitamos nada muy elaborado pues tenemos la máquina. Los datos son distintos — La lancha saltaba las olas dando tumbos, las nubes terminaban de cubrir el cielo brindando algo de fresco — ¿Sabías que los primeros satélites y la computadora de la nave que viajó por primera vez a la luna, tenían menor capacidad de calculo que un celular actual? Lo harán ver difícil, pero salir del planeta no es gran cosa, la parte más ruda es conseguir la condición física y en qué viajar. Además, actualmente los satélites emiten muchas señales, también está la señal GPS, ubicarse no será tan difícil luego de encontrarnos en órbita.

El camino era en línea recta, ya se comenzaban a ver las torres altas de la refinería, grises contra el cielo azul, era una zona la cual él desde la infección no se había atrevido investigar pues quedaba muy lejos de su refugio. Ahora le observaba, apagada como una ruina de antaño, sus pensamientos trabajaban aun en la tranquilidad del bote — Resulta intrigante el hecho de que los dos últimos días mi enemigo directo ha sido Yoshua y no la infección… Pero creo que ello radica en la naturaleza humana, estamos predispuestos a la entropía… Quisiera creer que el mayor enemigo del hombre no sea el mismo hombre, pero temo me equivoque…— Siete personas se encaminaban al complejo en el bote a paso tranquilo, cuando un silbido les alertó. La primera reacción general, fue voltear a su derecha observando un pequeño chapuzón en el agua.

—¡Abajo! — Milena gritó, aunque ya Alejandro tomaba tanto a Karla como Alicia por sus espaldas contra el suelo de la embarcación. Un segundo silbido le alertó, le dio la impresión aquel pasó cerca de su oreja.

—¡Acelera! ¡Muévenos en zigzag! — Le gritó al hombre que manejaba el bote, mientras tomaba su rifle y arrodillándose entre los maderos intentó apuntar a través de aquella mira.

—¿Lo ves? — Preguntó Milena buscando una posición para ella también apuntar.

—Es peligroso — Alicia tenía los ojos fuera de órbita y le tomaba de la ropa.

—Aún no — Respiró profundo, pero el tercer silbido y el impacto contra la madera del bote le impresionó. Debía primero observar de dónde provenía el disparo, pero con el movimiento era casi imposible, daba vistazos rápidos, pero hallarle entre la cantidad de tuberías y torres, hasta observar un movimiento — ¡Lo tengo! — El corazón le dio un vuelco entero, pero calcular la distancia, la velocidad, el viento, era como hacer un tiro a ciegas y de espaldas. De pronto hubo un cuarto zumbido, y un sonido raro ligado a un chisporroteo de sangre, le dieron al hombre que manejaba la embarcación y ahora se detenían. Esa era su oportunidad, apoyó mejor el arma y observó, apunto un poco a la izquierda y por encima del objetivo, hasta apretar el gatillo, esperó una fracción de segundo, no sabía si lo que bajaba por su frente era agua marina o sudor, su bala falló, pero una figura se movió en la torre retirándose de ese lugar — La bala debió dar cerca — Se apresuró en repasar con la mira el resto del lugar hasta verse sacudido por el movimiento del bote nuevamente, volteó para ver que Milena había accionado el motor.

Avanzaron raudamente, nadie hablaba, todos estaban atentos en la refinería frente a ellos, donde esperaban que algún comité les diese la bienvenida — ¿Qué piensas de lo sucedido Alejandro? — Preguntó Milena al chico.

—Que ya saben dónde estamos y adónde vamos, pero no creo que estén allí todos, de ser así nos podrían disparar a todos.

—¡Chicos! ¡Hay que eliminar a cualquiera que aquí se encuentre! Ya se dan cuenta que su plan no es preguntar y disparar luego, nos encontraremos a hostiles, y debemos asegurar este lugar para nuestros compañeros que vendrán en el carguero, recuerden ¡Todo cuenta para poder salvarnos y recuperar lo perdido!

—Lo más difícil será salir del agua, en la orilla seremos lentos y blanco fácil — Puntualizó Alejandro. Los hombres de Milena le miraron consternados, sin embargo asintieron.

Alicia volvió a tomar la mano del chico, pero esta vez más calmada, mientras en la otra rozó la espada como por instinto — Milena, tu ¿Le contaste a tu tripulación sobre tus planes? ¿Qué sucederá si fallas o fallamos? — Preguntó en un susurro Alejandro alejándose un poco de Alicia.

—Necesitan una esperanza chico, todas las personas necesitan una esperanza de la cual aferrarse — Contestó en voz baja, Alejandro asintió sonriendo. Llegaron a la costa, sintiéndose angustiados, la playa se extendía por un par de metros antes de dar con un muro hacia las instalaciones. Este se extendía a su izquierda, pero hacia la derecha estaban los tanques gigantes y redondos los cuales buscaban, rodeados de una cerca y cercanos a un muelle, se encaminaron, húmedos y temerosos, volteando en todas direcciones. Resultaba extraño no escuchar ninguna otra bala surcándoles.

Llegar a la cerca resultó simple, pero la visión allí no era nada complaciente, el sitio estaba lleno de muertos, mutilados, decenas y decenas de ellos, moviéndose entre maquinarias y pequeños complejos. Uno cercano les vio, avanzó hasta la verja golpeándose contra ella e intentando tomarles sin prestar atención al impedimento, era un hombre vestido de azul, tenía un solo brazo y un tubo metálico largo incrustado en su tórax.

—¿Qué haremos? Debemos llegar allí y limpiar esa zona.

Alejandro comprendía las palabras de Milena, pero el hacerlo no resultaba tan simple. Estaban en una zona cerrada, y cualquier opción implicaba tener que movilizarse entre aquellos seres, quienes a primera vista parecían ser todos mutilados, pero no podía asegurarlo. Un solo par de jadeantes podría ser su perdición, o el verse acorralado entre mutilados sin poder recargar el arma, o peor, Karla y Alicia.

—¿Alguno de ustedes son buenos tiradores? — Preguntó él a los desconocidos, pero ninguno asintió, inclusive Milena calló ante sus palabras — Si alguien subiese a aquella torre— Señaló a su izquierda detrás del muro, muy cerca de donde el otro hombre les disparó — Podría abrirme paso, yo entraré, buscaré de encender una de las máquinas y guiaré a los muertos hasta este punto. Mientras el resto mantiene silencio y los rodean pasando desapercibidos, por ultimo dejaré la máquina y tomaré el bote para alcanzarlos.

—¿Ninguna otra idea?

—Si tienes alguna mejor dila Milena.

—No tenemos tirador — Rezongó esta.

—Yo iré por la máquina, tu podrás disparar — Karla se ofrecía.

—Estás loca, no espero que…

—Mi papá fue constructor, sé manejar esas cosas mejor que tú, así que ahora, si me disculpas — Comenzó a caminar en dirección a la verja — O vas y me ayudas desde arriba o iré yo sola — La chica continuó caminando a lo que Alejandro le miró solo un par de segundos hasta comprender su determinación, luego corrió a su izquierda y salto sobre el muro. Del otro lado también le esperaba una cantidad considerable de muertos, pero aún no se percataban de su presencia.

Comenzó a caminar entre ellos, observan una torre de luz cercana, sentía el ritmo acelerado de su corazón y las pisadas arrastradas de los mutilados, por su mente pasaban muchas imágenes, todas desalentadoras, tragó saliva fuertemente mientras continuaba. Se encontró frente a un hombre viejo, con barba cuyo cuerpo parecía haber sido medio rebanado con una sierra, ahora una abertura le surcaba desde su hombro hasta su pecho, dejando su brazo colgando al aire. Ese hombre le veía y comenzó a seguir con sus gemidos guturales. Alejandro sintió un escalofrío recorrerle y continuo su camino, tropezó por error con uno a sus espaldas y se escuchó un gemido un poco más alto de tono, su corazón dio un vuelco y del susto estuvo cerca de correr, pero recordó su objetivo. Estaba cerca de la torre, subió por una maquina hasta su techo, por alguna razón esta se encontraba estrellada contra el poste de luz, así que le sirvió para alcanzar las escaleras. Ya arriba tenía una mejor visión de la situación, Karla estaba pronta a entrar en aquel sitio lleno de mutilados. Colocó su rifle en posición y disparó, respiró profundo hasta pasar a su nuevo objetivo, una mujer de cabellos oscuros, haló del gatilló impactando sobre su pecho, el golpe de la bala derribó a la mujer. Karla abría la verja con precaución, hubo un chirrido, pero se vio mezclado entre la multitud de gemidos proveniente de los muertos.

La chica avanzaba lentamente, Alejandro sudaba a cada paso, la claridad daba contra su rostro, sentía la presión oprimiéndole. Los muertos observaban a la chica e intentaban acercarse, lo peligroso era la velocidad sumado a la cantidad que habían, luego de varios disparos debía cambiar el cargador, y se vio sorprendido por lo poco que duraron. Buscó a tientas la recarga en su bolsillo derecho, en eso se percató que el sonido del arma había llamado la atención de los muertos a sus pies, los cuales se arremolinaban alrededor de la torre, tragó saliva, su corazón palpitaba rápidamente. Colocó la munición y apuntó nuevamente adonde Karla debía encontrarse, la identificó y comenzó a disparar a los alrededores, ya sentía el calor del arma cocer su mano, pero la chica estaba cerca. Ella se montó en un vehículo no sin antes empujar a un no vivo, comenzó a encenderlo cerrando la puerta de cristal tras de sí, el carro amarillo de grandes proporciones rugió y comenzó a moverse. La retroexcavadora se movilizó entre aquellos seres. Fue entonces cuando Alejandro sintió una sucesión de disparos y un dolor punzante en su hombro izquierdo, volteó a su alrededor, había olvidado la compañía extra. Se sentó acomodándose contra la estructura de la torre de luz para no ser visto desde las aledañas, tocó su hombro y sintió el líquido caliente contra sus dedos, cerró los ojos, le daba miedo ver su propia herida. Le escocía fuertemente, palpó un poco más hasta percatarse se trataba de un roce, pero aquello era suficiente para hacerle sentir un dolor agudo que le nublaba. Aquello escocía como si estuviese al rojo vivo.

Abajo la retroexcavadora se movía mientras tocaba su bocina, atravesando la verja y la zona exterior, una nueva sucesión de disparos que daban contra el metal a su espalda le sorprendía, así como una respuesta desde abajo, más no llegó a ver al resto del grupo. Les había perdido en medio de la confusión. Se asomó un poco, observó su zona trasera, tres torres de metal se erguían, antiguas chimeneas de cuando la planta funcionaba.

Abajo se hallaba un pequeño edificio, un complejo eléctrico, tuberías de todos los tamaños iban y veían de un lugar a otro, como una extensa línea de canales amontonados y sin sentido. Una zona baldía en la cual abundaban los muertos, cajas de madera y barriles amontonados, maquinaria móvil en un extremo y tuberías en cualquier dirección. A sus pies los zombis comenzaban dispersarse, atraídos por la corneta del vehículo al otro lado de la pared. Karla se estaba arriesgando a sí misma tocando la bocina.

Los cañonazos de pistola cesaron y él decidió bajar, tomó el rifle consigo, pero el intentar descender por las escaleras con el brazo herido era un martirio. La pólvora ardía, sentía como si aún su piel se rompiese por el paso de la bala. Se preguntó si algún olfateador estaría cerca, porque ahora se encontraba indefenso, adolorido, descendiendo y con muy poca posibilidad de usar su arma. Con su brazo derecho se aferró de las espaleras e intentó deslizarse un poco, se le imposibilitaba, de pronto. Una nueva sucesión de disparos, esta vez eran tres cañones al fuego, y se escuchaba en el edificio que se hallaba frente a él, el dolor paso a segundo plano y se apresuró en bajar. Tocó el techo de la maquina la cual usó para subir y se alegró al ver que la cantidad de muertos había disminuido, ahora la mayoría intentaba traspasar el muro para llegar al exterior.

Comenzó a caminar, cuando se percató de la presencia de Alicia. La chica estaba varios metros por delante de él, justo en la entrada de un complejo, escapando de zombi manco, por alguna razón su rostro era de un marrón cartón y su cabello estaba chamuscado. Él se acercó y le dio con la culata del rifle en el pecho un par de veces hasta lograrle hacer caer.

—¿Qué haces aquí?

—Me separé del grupo, vi a Yoshua correr hacia acá.

—¿Yoshua está aquí? No sé porque no me extraña.

—El barco llegó, Milena fue a buscar el combustible, y nos comenzaron a disparar, corrimos — La chica vio el manchón rojo goteante en la mano y brazo de Alejandro — ¡Te heriste!

—¡Me hirieron! No es lo mismo.

—¡Déjame hacer algo! — La chica observó su alrededor, pero Alejandro ahora tomaba un madero y con el golpeaba a los muertos que se iban a acercando.

—Llamamos mucho la atención — Le tomó del brazo dejando el madero en el suelo — ¡Movámonos! — Forcejeó la puerta del complejo, la misma se encontraba abierta, el chico presintió por obra de quien, pero resultaba mejor el hallarse allí a encontrarse afuera donde les iban rodeando poco a poco. El interior estaba oscuro, el resplandor del exterior no le permitía ver, permaneció contra la puerta tomado de la mano de la chica, temiendo que algún muerto en el interior les encontrase sin poder defenderse. La vista fue mejorando al pasar los segundos, observaba unas paredes a su lado, cuadros polvorientos descolgados, una sala amplia que luego se estrechaba hasta terminar en pasillos con varias puertas a los lados, por el techo pasaban una serie de tubos gruesos. El ambiente era denso, el aroma interno era mohoso y concentrado, un rastro de gasolina se colaba por la nariz llegando hasta la garganta de manera desagradable, Alejandro se tapaba la herida con la mano, el dolor se agudizaba por instantes.

—Déjame tapar la herida… — La chica le observaba de cerca, pero él le mandó a hacer silencio un momento. Golpeó el suelo fuertemente con el pie, y esperó unos segundos con su rifle apuntando al frente, nada sucedió. En cambio, se sintió un golpe contra la puerta a sus espaldas producto de los muertos en el exterior. Un escalofrío recorrió su cuerpo y comenzó a avanzar, la chica le seguía, con la espada como única arma. El camino cruzaba, hasta dar con unas escalinatas, el resto de las puertas se hallaban cerradas, al fondo se escuchaban los golpes contra la puerta como tambores. Alejandro respiraba profundo a cada paso, su mente repasaba las ideas, todo le decía que aquello sería una trampa, pero volver era inútil, el único camino era adelante.

—¿Qué sucedió con Karla? — Preguntó a lo cual Alicia se resignó a negar con la cabeza — También me preocupa el pensar cuanto tiempo se puede tomar Milena en cargar el combustible, si Yoshua está aquí… — Hizo silencio ante la reacción de la chica, se acababa de llevar consigo una tubería y ambos quedaron paralizados, se miraron el uno al otro antes de continuar caminando. Ante él se extendían unas escaleras, la puerta al fondo sonaba cada vez con mayor fuerza, así que se decidió por subir, casi sin alternativa. La penumbra les rodeaba sumiéndoles en un temor profundo. Las escalinatas ascendían a manera de caracol, la tensión crecía y Alejandro continuaba ejerciendo fuerza contra la herida, ya no le parecía que sangrase tanto, pero el ardor y las punzadas continuaban, solo la preocupación y la adrenalina de querer salir de aquel lugar le aliviaban el dolor.

—¿Llevamos mucho subiendo? —Preguntó la chica, se escuchaba su respiración entrecortada. Alejandro negó sin saber la respuesta, ante la oscuridad avanzaban y se detenían por segundos, al fondo el sonido seco de los golpes contra la puerta, como un martilleo lejano que le hacía preguntar al chico cuanto podría resistir tal estructura.

—¡Alejandro! ¡Apresúrate en llegar! — La voz de Yoshua resonó en medio de la oscuridad, su corazón le dio un vuelco y corrió escaleras arriba, luego de un par de segundo logró ver una entrada de luz, cruzó el umbral.

—Deseo matarte. A veces puedes ser un dolor en el culo Alejandro. Y yo que deseaba hacerte tantas preguntas y llegar, de ser posible, a algún acuerdo contigo. Sobre todo, porque estoy seguro sabes algo sobre la sombra. Pero eres necio — La luz del día daba contra los ojos de Alejandro, sin embargo, logro ver la silueta sonriente de Yoshua — El placer de saber que verás esto en primera fila me satisface — Yoshua sonreía, se hallaba recostado de un barandal casi en la cima de una torre. Con estas palabras apretó un botón de un aparato en su mano, Alicia llegaba al lado del chico, también enceguecida por la luz contra sus pupilas.

Una nota grave resonó en sus oídos. Alejandro se impactó ante aquello, la nota se repetía, la visión se aclaraba, se hallaba en la torre más alta, una pieza de metal alzada a decenas de metros de tierra. A su lado había un grupo de megáfonos gigantes dando una melodía a un volumen excepcional, una tonada sombría que comenzaba a aumentar de intensidad.

—¡¿Te gusta?! ¡Es una obra maestra! ¡Me pareció perfecta para la ocasión!

Alejandro habiendo recuperado la vista, se percató de su alrededor completamente, había una baranda metálica que delimitaba el espacio por donde caminar, a un lado un camino férreo de comunicación con la otra torre, abajo a metros de distancia se observaba el entramado de tuberías, un blindado que se acercaba en carrera por la autopista con varios jadeantes encima, la retroexcavadora al fondo de la playa, vacía, al otro lado de la escena una embarcación y varias figurillas en ella, junto con una manguera gigante que comunicaba un tanque grisáceo con el carguero.

—¡Es de Hans Zimmer, una obra fantástica, el tema se llama “Dream is collapsing”! ¡El sueño está colapsando al español! La vi en una película una vez, era magnífica — El chico gritaba mientras caminaba — Algo muy de acuerdo con esto — Yoshua abría los brazos al aire.

—¡Apaga esa musi…! — El reclamo de Alejandro se vio ahogado, la música llenaba el aire, pero por encima de esta se escuchó una ola de gritos ensordecedores. Un aullido que le heló los sentidos, tembló al recordar la única vez que escuchó algo semejante, aquella ocasión se salvó por poco en el estadio, ahora se repetía con mayor intensidad. Era estremecedor y desgarrante el bramido al aire. Alicia se aferró a Alejandro por su espalda, el dolor del disparo había desaparecido para este, la rabia ante la presencia de Yoshua, todo, era suplantado por un miedo que le sobrecogía.

Un mar de muertos se acercaba desde lo lejos como una sombra negra que bañase la tierra, se observaban como pequeñas hormigas a gran velocidad avanzando sin tregua directo hacia ellos, atraídos por la música.

—¡Estás loco, no podremos escapar! ¿Te matarás tú también para destruir la ciudad?

—¿Yo matarme? — La música se repetía y los gritos aumentaban — Estas equivocado, yo saldré de aquí, y aunque lograste quitarme mi grupo, y mi primer refugio, así como la posibilidad de ir al barco. Aún tengo un lugar donde me podré ocultar.

Alejandro levantó su arma — ¡Te mataré si no apagas esa cosa!

—No lo harás Alejandro — Yoshua hablaba calmadamente — Has tenido oportunidades antes, y la razón por la cual nunca lo has hecho es porque no eres capaz de hacerlo. Además, comienzo a pensar que algo nos une, un vínculo de pensamiento. Esa sensación muy adentro de nosotros. Tú sabes que yo hago lo correcto, esto eliminará la amenaza de la ciudad.

—Tenemos otras vías.

—Idioteces, lo sabes bien. Lo de Milena no funcionará — Yoshua gritaba para hacerse escuchar. Alejandro se hallaba apuntándole a solo un metro.

—Te he visto Alejandro — Comentó con una sonrisa insinuante Yoshua.

—Pero yo si… — Alicia había desenfundado la espada y apuntaba directamente al cuello de Yoshua — ¡Estoy cansada de ver como matas, de saber que has hecho cosas imperdonables y no has recibido castigo alguno!

—Alicia tú no eres… — Yoshua iba a hablar, pero la espada se hundió un poco más sacando una gota de sangre de su cuello — No te conviene Alicia, de matarme no sabrás donde está el detonante que hará estallar todo esto.

Hormigas — Pensó Alejandro observando a su alrededor. Desde allí arriba tenían una vista excepcional de la ciudad. El mar y las casas y fabricas del otro extremo. De estas últimas brotaban cientos, miles de figuras y se movían deprisa contra todo obstáculo para llegar a la fuente de sonido.

La música resonaba como marcha funesta, la horda de muertos se acercaba de manera alarmante. Alejandro se quedó paralizado ante las palabras del chico, una bomba, la ciudad, el carguero, todo dio vuelta en su cabeza — Te dejaremos ir a cambio de la ubicación de la bomba — Las palabras salieron de sus labios.

—Me parece justo.

Alicia observó a Alejandro de manera alarmada — Pero…

—La ubicación Yoshua…

—Está en esta misma torre, una habitación antes Alejandro — Su mirada seria daba seguridad en sus palabras. El viento daba contra el rostro de todos, trayendo consigo la desesperación de los muertos que ya llegaban a la zona externa del complejo.

—Dejalo ir… — Alejandro se dirigió a la chica.

—Pero, el no…

—No vale la pena que tú te ensucies las manos con él Alicia — Alejandro sonrió y la chica acató. Apartó la katana lentamente, el filo bajó hasta ser enfundada nuevamente.

—Ahora con el permiso de ustedes dos… — Yoshua se retiraba con su sonrisa siniestra, tomando el camino metálico que comunicaba con la torre siguiente — Espero tengan suerte, escucharé desde lo lejos el estallido, y sabré que te he vencido Alejandro… — Se terminaba de ir ante la vista de los otros dos.

—¡Lo dejaste ir!

—¡Hay cosas más importantes Alicia! Debemos ver qué hacer con la bomba, si el planea esconderse entonces debe haber tiempo para desarmarla — Le tomó de la mano e ingresó. Avanzó notando a lo lejos en el agua, como el carguero se comenzaba a alejar del lugar. Se preguntó si habrían terminado o solo se largaban ante la presencia de los muertos quienes ahora inundaban el lugar como si se tratase de un nido. Entró nuevamente a la torre, su corazón palpitaba fuertemente.

—Me hablaste una vez sobre no temer al momento de quitar una vida siempre y cuando esto tuviese una causa.

Alejandro la miró — Pero no así, no quiero que vuelvas a ensuciar tus manos por mí, espero que cuando lo hagas sea para sobrevivir, porque sea verdaderamente necesario, no porque te veas aprisionada por el instante. Yoshua no es alguien a quien valga la pena matar — Abría la puerta de una habitación oscura, apretó el gatillo y disparó sin preguntar, el tiempo se agotaba y no sentía la necesidad de ir con cuidado y sigilo cuando aquella música aun resonaba en el aire — Además te puedo jurar él pasará un momento peor que el nuestro…

Alejandro agradeció tener el celular consigo en el pantalón de su vaquero. Encendió la pequeña linterna y se guio a tientas. La habitación estaba repleta de válvulas, el chico buscaba desesperado el detonante, hasta que vio una caja plateada en el suelo, un pequeño marcador que sugería treinta y cinco minutos para la detonación. Alicia soltó un grito ante aquello, Alejandro tan solo levantó un poco el dispositivo notando como una serie de cables se hundían por un agujero en el suelo — ¿Qué hago? — Obviamente no sabía nada sobre explosivos, salvo tal vez lo visto en películas, pero aquello no tenía solo dos cables como siempre había visto, aquello poseía mínimo diez cables la mayoría del mismo color, un blanco grisáceo — Son demasiados… — Se le escaparon las palabras en un hilillo de voz, aquello no era algo que esperase, observó a la chica con su rostro asustado. Afuera del lugar se escuchaban pisadas de alguien corriendo — Si esto es el fin, no dejaré que ningún muerto llegue a tocarte — Alejandro salió corriendo a la puerta con el rifle aferrado a la altura de su abdomen, preparado para disparar, cuando escuchó una voz familiar.

—¡Alicia! ¡Alejandro!

—¡Víctor! — Se sorprendió — ¿Qué hacía Víctor allí?

El hombre aparecía ante su vista, agotado de subir aquellas escaleras. Alejandro aún le miraba sin saber que decir, excepto señalarle la bomba en el interior de la habitación. El hombre les miró sombríamente, apartó a la chica quien tenía sus manos contra su rostro horrorizada y sin saber qué hacer, se acercó al dispositivo y le miró de cerca.

—Es una bomba que ha plantado Yoshua, yo no…

—Hay que desactivarla rápido — Alicia casi lloraba.

—Los cables van al interior, son muchos. Quizas si… — Alejandro vio el rostro confiado de Victor, entonces recordó que el hombre perteneció al igual que Armando a la milicia.

—¡Pan comido pequeño! — El chico quedaba perplejo ante tales palabras, mirando al hombre tomar el artefacto como si se tratase de un juguete — Por suerte pertenecí al cuerpo antibombas — Sonrió de manera calmada.

—¿Cómo llegaste aquí?

—¿Qué? Pensé me habrías visto en el blindado muchacho, yo los vi desde lo lejos a ustedes dos — El hombre sonreía con la misma intensidad que siempre, como si nada sucediese a su alrededor. Luego de un instante observó a los chicos — Ustedes deben irse — Su tono de voz fue autoritario — Toma mi arma y huye por arriba chico.

—Pero y usted…

—Tengo media hora para desarmar esta cosa, déjame la linterna y cierra la puerta ¡Y más vale que me busquen cuando los muertos se dispersen! ¡Díganle a Armando que si se le ocurre dejarme aquí luego se las verá conmigo! — Sus palabras eran firmes.

El chico tomaba el arma, una escopeta algo rara desde su punto de vista — ¿Qué es esto? Podríamos bajar y…

—Unpar de mis chicos están abajo, pero no creo que puedan sostener mucho tiempoesa puerta, apresúrate de ir por arriba. Esa es una escopeta, ya sé que no tegustan, pero esa es automática llamada Frag12. Está cargada, procura apoyarlabien sobre tu hombro o sino saldrás volando junto con el arma — El hombre continuaba sonriendo.

Alejandro asintió dejándole atrás, cerrando la puerta tras tomar a la chica de la mano, subió las escaleras tan solo para encontrarse ante la vista más terrorífica posible. Jadeantes, y olfateadores ascendían por la torre trepando mientras proferían gritos que laceraban los oídos. Alejandro golpeó a uno abriéndose camino para llegar a la zona trasera de la torre, aquella que daba con el pasillo comunicándole con la torre siguiente. Empujó a Alicia delante de sí al tiempo que golpeaba fuertemente a un par de olfateadores que subían por las brandas, abajó los muertos se amontonaban por centenares.

Corrió a la par de la chica por aquel camino, intentando no ver hacía abajo pues la caída le impresionaba, la melodía de fondo se repetía. La tonada en aumento era estresante, los gritos inundando el ambiente aceleraban su ritmo cariaco, sentía miedo, terror, invadiendo sus sentidos. Se dio media vuelta para disparar, apretó el gatillo y un rugido salió del arma. Un par de muertos que les seguían estallaron en pedazos sangrientos, la estructura en la cual se hallaban rechinó. Como resultado Alejandro había caído sobre su espalda, con nuevo dolor ahora en el hombro derecho, mientras que un pedazo del puente metálico se desmoronaba destruido por el fogonazo de la escopeta. Aquella escopeta tenía un poder devastador, La sangre quedó dispersa en diversos lugares y Alejandro le ordenó a Alicia que cuando él disparase ella bajara la cabeza. Las salpicaduras de restos de muertos eran abundantes.

Terminaron de avanzar hasta la torre cercana, el camino estaba destruido y ahora no le seguían, pero a sus pies el mar de muertos crecía al ritmo de la música. Se agitaban como olas de mar, amontonaban rugían, estremeciendo todo el suelo, escalando la torre frente a ellos hasta llegar a los megáfonos, a los cuales golpeaban con enorme fuerza.

Alicia rompió un pedazo de su blusa para tapar la herida en el hombro del chico — Dame, déjame taparla, te puedes infectar…

—No pensé que esto pudiese disparar tan fuerte, gracias a Dios la música está lo suficientemente fuerte.

—Nombraste a Dios — Alicia sonrió.

—Supongo lo hice — Él la miró, en el cielo ahora se observaban las aves revoloteando, dibujando un remolino en lo más alto, y descendiendo atrozmente contra la torre de enfrente. Alejandro estaba sentado en una rejilla mientras Alicia le vendaba.

—Esta herida se ve muy fea.

—Fue solo un roce.

—Yo creo que fue una bala muy grande que entró salió y desgarró— Expresó ella con pesimismo.

—¿Y tú desde cuando sabes de heridas de balas? — Preguntó él con algo de sarcasmo, levantándose, con vista en tomar las escaleras laterales que permitían descender de la torre. Después de todo, era el único camino posible, bajar hasta la zona trasera de esa torre donde solo había decenas de muertos y no los centenares que se amontonaban al frente— ¡Vámonos!

—¿Te duele la herida?

—No tanto como al principio — Mintió.

Bajaban vertiginosamente. Alejandro intentaba ver el carguero más no llegaba a reconocer la vista, ni la embarcación, los gritos de los muertos le alteraban. Sus piernas temblaban fuertemente a cada pisada, y algo le decía que por más golpes que se diese con su puño, jamás lograría calmarse en tal situación. Al cabo de un par de minutos llegaban a la parte de abajo, donde varios muertos se arremolinaban para alcanzarles. El chico colocó el arma contra su hombro, la sujetó con fuerza, apuntó simplemente al medio de donde se hallaban aquella multitud de muertos y su zona de escapé, y haló el gatillo. Un segundo rugido del arma invadió el aire, los cuerpos se vieron repelidos y expulsados por el aire, una onda expansiva barrió con todo en un radio de seis metros a la redonda, solo quedaron los despojos sangrientos y purulentos esparcidos por el suelo.

Aquello era maravilloso, avanzó de un salto junto con Alicia, el golpe al accionar el arma le dolía enormemente, pero aquello no tenía comparación. Los muertos se acercaban en todas direcciones mientras ellos corrían rumbo al embarcadero. Alejandro tan solo disparaba de derecha a izquierda sin distinguir los cuerpos, rostros ni figuras. Terminaba pisando pedazos mutilados y malolientes. Solo se detenía de su corrida para jalar del gatillo, los segundos parecían minutos, en medio de la carrera, podía escuchar su respiración y el rostro de Alicia frente a él. Sus cabellos dorados manchados de sangre ondulando contra el viento, sumados a su expresión de pánico llamándole mientras avanzaban. En ese instante la música de fondo se detuvo, algún muerto debió dañar los megáfonos gigantes, y el siguiente estallido de la escopeta resonó entre los gritos.

La jauría volteó drásticamente en dirección a ellos. Los siguientes segundos fueron los más angustiantes de su vida. Lanzó tres disparos consecutivos y corrió con todas sus fuerzas. Al frente Karla esperaba en el bote en el cual habían ido. Aquello era como una bendición del cielo, la cual recibió sin preguntar, un último disparo le hizo trastabillar y detenerse un segundo. Un jadeante saltaba sobre él, de nuevo, por segunda vez llegó a ver tan solo el filo de la katana brillar contra el aire, el torso de aquel muerto caía como una rodaja al suelo. Ambos, tanto Alicia como él se vieron halados por Karla al interior del bote al momento que este se alejaba del embarcadero.

Alejandro estaba en shock, mientras que Alicia observaba como en medio del desastre la espada caía al agua y se hundía en el fondo del mar. Ahora avanzaban a gran velocidad, alejándose de todo aquel desastre, el chico tan solo observaba aun con su respiración entrecortada mientras en su mente se preguntaba cómo llegó a sobrevivir ante aquello. Miles de muertos se agolpaban en la refinería. Los latidos de su corazón eran fuertes, volteó a ver a Karla, sin comprender, aunque feliz de estar vivo, mientras notaba que se acercaban al Armonia.

—Gracias — Se escuchó decir en voz baja a la chica, esta lloraba y tenía su remera hecha jirones. La examinó un instante y no encontró herida alguna.

Víctor observó el marcador, restaban diez segundos de conteo, ahora el fumaba mientras descansaba tranquilamente contra una pared en medio de la penumbra. Estaba tranquilo y relajado, la pierna le escocía un poco de donde un muerto le hincó el diente. No era profundo y probablemente no moriría de aquello. No obstante, no le preocupaba en absoluto. Dio otra bocanada — Yo pertenecer a la brigada antibombas, ese ha sido el mayor chiste de tu vida Víctor… pero en ocasiones las mentiras son necesarias…— El contador llegó a cero, y un ligero resplandor cegó su vida.

—No te imaginas cuanto me alegra que nos esperases — Alejandro le agradeció a Karla, cuando un destello de luz invadió todo el espacio visible. Se dio vuelta para contemplar una explosión colosal y brillante se formaba donde antes estuvo la refinería — ¡Víctor…! — Alcanzó a decir antes de verse embestido por el mayor estruendo que hubiese escuchado en su vida, una onda de impactó contra su pecho, y volteó la embarcación en la cual se movilizaban propulsando a los tres al agua en un giro estrepitoso. Incluso el Armonia al recibir el impacto se vio sacudido fuertemente haciendo tambalear la embarcación. Alejandro salía del agua, observando a ambas chicas frente a él, nadando con la vista fija en aquella columna de humo negro que se formaba en el cielo donde antes se encontraba su ciudad.

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