CAPÍTULO 9. EL FINAL

Antonio abandonó la lectura el día anterior al sentir a Felipe cerca, la ausencia de su madre les afectaba. Sara quizás no fue la más atenta nunca pero era estricta y ponía orden cuando su padre no.

La noche anterior habían visto a un par de muertos por la zona, nadie hizo nada, solo se quedaron tranquilos y en silencio, eso le daba escalofríos. Después de verlos en persona, después de haber visto a Brad no deseaba volver a estar en presencia de esas cosas. Borrarlas de su mente de ser preciso. Ahora era ya de día y a pesar de no deber alejarse mucho el antiguo laboratorio era un buen lugar de lectura, alejado y reservado, protegido casi por completo por la puerta y lo oculto, además de que el interior se hallaba derrumbado y lucía más como un hueco en la tierra. Uno donde ni un muerto le buscaría

Tal vez antes aquello habría funcionado como bunker, si le hubieran reforzado por dentro. Antonio observó su alrededor antes de buscar el resplandor del sol y tomar de nuevo la bitácora, pronto no podría leerla, lo notarían y la reclamarían.

Karla había mencionado deseaba escribir algo en ella, de seguro pronto la extrañaría en su mochila. Probablemente ya la buscaban, si era así debía apresurarse en la lectura.

Del primer día había aprendido sobre las armas de vacío. Peligrosas pero efectivas. También sobre lo sucedido en la ciudad Americana,pero no pudo ver nada sobre Vladimir.

Empezó a hojear el cuaderno para llegar donde lo dejó. Había una foto vieja de la ciudad Americana con la firma de Rebecca en la zona inferior, debajo de esta continuaba el escrito.

Antepenúltimodía.

Rebecca sintió el piso temblar bajo sus pies, las bombas debían hacer pedazos los cimientos. Se desplomaría en un momento a otro, eso era seguro, un par de muertos entraron en la sala, al primero le disparó y al segundo le empujó lanzándole por la ventana rota. Por las escaleras se podía sentir personas corriendo a toda velocidad, habían vidrios por el suelo y polvo producto de los disparos.

La estructura entera se movía como gelatina, por un instante las paredes se movieron como una ola y el suelo se sacudió de un lado a otro. Debía llegar al elevador.

Dos pisos arriba Milena abrió la puerta y halló a un temeroso y sudado Vladimir sentado con una botella de whisky en la mano y un vaso de cristal desparramado sobre la alfombra vinotinto.

—Me esperabas.

—Esperé equivocarme — Vladimir sacó un revolver de la espalda y apuntó a la mujer, pero Milena siquiera se inmuto ante ello, desde hace rato que le apuntaba con el arma de vacío en la cabeza.

—Huiste como un cobarde apenas tuviste la oportunidad hace ocho años.

—¿Tu no habrías hecho lo mismo Milena?

—Me habría disparado, ensucias el nombre de nuestra madre tierra.

—Me dejó de importar la madre tierra. Basura que le venden a los niños desde hace medio siglo, a nosotros nos usan, o bueno, nos usaron como les dio la gana y luego podían prescindir de nosotros.

—Tu lo hiciste, tu liberaste el agente ARE.

—Fui uno de los que lo hicieron Milena, no hay un único culpable, no hubo una única zona cero, por eso tu plan falló. El agente además mutó demasiado rápido.

—Tu sabías el peligro Vladimir ¿Cómo?

—Se me encargó arrojarlo sobre nuestros enemigos, sin saber que había alguien de ellos dispersándolo en nuestro territorio. Simple, fui un idiota.

—Un idiota que estaba consciente de todo y aun así lo hiciste —Milena disparó pero el tiro lo realizó desviado, la mitad del mueble donde Vladimir se hallaba sentado desapareció junto con su brazo derecho y la pistola, y en cambio quedó un hilo de polvo en consecuencia.

—¡AAAAAAAAAAAAAAAHHHHGGGGGRRR!— El grito del hombre se confundió con el de las bestias que rondaban el lugar. Vladimir se revolcó el el suelo apretando la carne viva donde antes tenía un miembro.

—¿Por qué lo hiciste? El suelo tembló y Milena afincó los pies para mantenerse firme.

—¡Fue una misión! ¡Otra más! ¡Lo juro! ¡Lo hice apenas llegamos a orbita, luego de eso estudiamos los componentes y las tres cepas que teníamos arriba y los ratones mutaron muy rápido, el agente se adaptaba a los tejidos. Pero el mal ya estaba hecho.

—¿Quién? ¿Quién liberó el agente activador?

—¡No fui yo lo juro… ! — Chilló apretando la herida —No sé, aunque era obvio lo harían. Creo que fue alguien en tierra.

—Te creo —Disparó nuevamente, en esta ocasión barrió con ambas piernas del hombro y un pedazo de suelo que de inmediato empezó a resquebrajarse.

—¡Debemos irnos! —Rebecca apareció desde atrás. Era obvio que la estructura colapsaba. Milena tan solo desataba aquella ira que sentía desde hace mucho.

—En cierto modo lo sospeché, pero me hice la ciega. El desastre provino de la misión en la cual me encontraba, me lo certificaste el día que huiste del Armonia hace ocho años.

—Eres una tonta — Milena se detuvo a pesar de que Rebecca le tomaba por el brazo para salir del lugar. Un fuerte estruendo resonó y un metal crujió a lo lejos —Viniste a matarme cuando de igual forma todos aquí morirían —Expresó él soltando un gargajo de sangre por la boca.

—Quería ser la que tuviese el honor de hacerlo — El último disparo barrió con la existencia de Vladimir.

—¡Hay que irnos!

—¡Si!— Las mujeres partieron en carrera sin percatarse de la visión que había más allá de las paredes y el cristal del cuarto siguiente. La ciudad era devastada por muertos a sus pies y por encima de estos unos cuatro gigantes arrasaban con todo a su paso.

Un ser de veinte metros gordo y ancho en extremo golpeaba la zona inferior del edificio donde ellas se encontraban, metiendo sus manos para buscar presas humanas las cuales luego llevar a la boca que tenía a un costado de la cabeza. Cada vez que hundía su brazo para conseguir víctimas destrozaba el interior de los pisos quince, catorce, trece y dieciséis y la estructura se balanceaba girando sobre el eje principal.

Cada piso del enorme edificio había sido preconstruido y colocado sobre el anterior pasándole previamente por cilindro principal como si fuesen argollas.

Uno de los gigantes saltó con todas sus fuerzas y atrapó con uno de sus brazos un helicóptero que bombardeaba, y lo lanzó a un lado de la isla. La explosión resultante fue fuerte y estruendosa. Una bola de fuego ascendió por los cielos mientras las personas en las calles huían de los muertos que se hallaban en todo lugar. Tres de los cuatro gigantes cayeron al suelo a causa del impacto y lo siguiente que las personas supieron es que un terremoto sacudió todo lo existente.

La nación americana, la cual había sido creada usando pequeñas islas de metal ensambladas se resquebrajó. Las uniones entre las distintas islas se rompieron en cadena, una tras otra. El metal chirrió, crujiendo mientras se desplazaba chocando con sus iguales.

Los que se hallaban en los helicópteros dejaron de atacar, sorprendidos al ver lo que sucedía a sus pies. Una sección que tenía a un gigante caído sobre ella se empezó al volcar pasando de horizontal a vertical. Dos kilómetros de diámetro en metal, acero y concreto ascendía ahora, al tiempo que el muerto gigante luchaba por sujetarse de este como si fuese un bloque de hielo en el mar. La estructura giró sobre si misma hundiendo y desapareciendo de la vista al muerto gigante y a las cientos de personas, muertos, casas y edificaciones que en ella habían.

Al minuto siguiente la nación americana no era más que un centenar de pequeñas islas que empezaban a naufragar. Un muerto gigante se hallaba de pie intentando mantenerse entre dos estructuras hasta que estas se rompieron y cayó estrepitosamente al agua.

Milena y Rebecca bajaban por el ascensor cuando este se trabó en el piso veinticinco, las luces se apagaron y todo fue solamente oscuridad.

—¡Por arriba! —Rebecca se subió en los hombros de Milena para abrir la escotilla en la parte superior que daba con el ventilador. Se escuchaba un estruendo horrible.

Afuera la isla que contenía al edificio se separó del resto, y sobre esta, sujeto como una araña se hallaba el enorme gigante gordo. La bestia de veinte metros intentaba escalar por la parte exterior para escapar del líquido.

La base se tambaleó antes de irse a un lado lista para volcarse en el agua, hasta que el cilindro principal del edificio crujió rompiéndose al no poder soportar el peso inclinado. Cuarenta y tres pisos se separaron de la estructura principal como discos que salen al romperse la argolla. La mayoría de ellos se precipitaron al mar salpicando todo, otros giraron un poco sobre la superficie de la isla antes de terminar con el mismo fin.

Adentro del ascensor Rebecca terminó sentada sobre el rostro de Milena cuando todo se puso de lado. Afuera la falta del peso extra hizo que la isla retrocediera su caída para volver a su posición original. Junto con el ser gigante sobre esta.

Milena y Rebecca sintieron el impacto de unos treinta a cuarenta G en un segundo. El ascensor se salió de sus goznes y el cilindro metálico rodó expelido por el piso veintitrés y veintidós para luego volar por un costado y caer directo al mar hundiéndose como proyectil en este.

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—Repite conmigo, sois unos forros.

—Sois unos forros.

—Me valen una docena de huevos forros del orto, me vais a tener que chupar la pija si me quieren matar.

—Demasiado, yo les digo que sois unos malditos cabrones y que me cago en la hostia con todos ellos —Expresó Miguel al lado de Ricardo.

—Bueno, eso también es valido pibe — Ambos observaban desde el barco donde se hallaba toda una manada de monos como las luces de las bombas iluminaban el cielo y marcaban estelas circulares en las nubes. Era como un espectáculo de fuegos artificiales.

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—Hay mucho silencio —Las palabras de Claudia era algo obvias pero ciertas, desde hace más de dos horas que no escuchaban absolutamente nada. Eso solo daba dos posibilidades, o la guerra había acabado, o todos estaban muertos. La primera opción no era una posibilidad real.

Ninguno de ellos decía nada al respecto, tan solo atravesaban el bosque y eliminaban a los muertos que se acercaban al tiempo que esquivaban la gran cantidad de árboles caídos. Brad y Alejandro encabezaban la comitiva, llevaban cierto rato algo libre, los muertos no deambulaban tanto por aquél extinto bosque.

Ahora se acercaban a un claro, comenzaba a anochecer y el frío se escurría por el lugar.

—¡AHHH!—Claudia dio un salto y todos voltearon alertas ante aquello —¡Allí! —La chica señaló el lugar de donde acababa de saltar.Una mano roja se observaba brotar del suelo entre las hojas. Claudia se preparó para disparar el arma de vacío pero Alejandro y Brad le detuvieron.

El muerto se acercó al suelo para limpiar las hojas, los presentes observaron con atención como debajo de la tierra la mano se fundía con una masa rojiza.

—¿Qué es eso? —Claudia preguntó lo que Armando estaba a punto de decir.

—Estamoos sobre una granjaaa —Brad los miró levantándose —Debemos movernos a un lado.

—¿Por qué? ¿Qué significa eso Alejandro? —Inquirió Armando detrás.

—Eso que viste allá abajo es como una piel que recubre las granjas rojas, lo que ves rojo es un líquido que no es sangre exactamente.

—Una capa protectora de la intemperie —Explicó Brad.

—No entiendo ¿Y qué era esa mano? —Replicó Claudia.

—Las granjas rojas de las cuales hablamos, abarcan cientos de metros, no son más que muertos gigantes que descansan semisepultados —Alejandro habló avanzando por la izquierda, Brad le seguía, luego Claudia y Armando al final.

—Exacto.

—¿Qué? ¿Eso quiere decir que esa cosa puede levantarse en cualquier momento? ¿Por qué no la matamos? Con el arma de Claudia podríamos dispararle varias veces.

—Hay muertos por debajo de ella, túneles, deben haber miles de muertos por allí —Alejandro continuó saltando un tronco.

—¿Y por qué la mano? —Insistió Claudia.

—Se necesita grandes fuentes humanas para poder crearlos, después de esto los especímenes haaaan mostrado desarrollar miembros, y partes restantes humanas, vestigios. No son un producto acabado, pero tiene su función.

—Alimentan a otros muertos con estas partes sobrantes.

—Una de las funciones —Intervino Brad —A veces los productos se desarrollan internamente, lo que surge entonces es otro muerto. ¿Usted ya lo había visto antes? Cuando quemó toda una ciudad de muertos Alejandro.

—No fue… —Hubo un sonido fuerte debajo de sus pies y todos se quedaron en silencio —¡Corran! —La tierra se desprendió en terrones enormes y un centenar de pies se sintió bajo ellos moverse como serpiente. El suelo estaba vivo y debajo de este habían zombis, centenares, miles de ellos.

Unos veinte seres salieron de la tierra , quizás más de ellos. Brad y Alejandro comenzaron a atacar mientras los otros dos huían un par de metros entre el follaje.

Alejandro disparó a tres de ellos mientras se movía escapando de un cuarto cortando su brazo con un movimiento de la espada. Brad rebanó a siete en un instante, Armando dio media vuelta junto a Claudia para brindar fuego de apoyo, pero la realidad se hizo evidente, eran demasiados. Un saltador pasó volando al lado de ellos y Armando no tuvo más opción que enfrentar a un jadeante frente a frente con el cuchillo en mano. A pocos segundos habían mas de trescientos muertos rodeándoles. Claudia disparó a un bestial dividiéndolo en dos secciones.

Alejandro vio cuando Brad alargaba su mano para perforar a un olfateador pero un bestial que acababa de salir lanzó un zarpazo que arrancó la mitad del cuerpo del cuerpo del muerto. Brad y Alejandro intercambiaron miradas sombrías —La cuuuraaaa Alejandroooo — El bestial tomó a Brad en sus manos y lo partió en dos pedazos.

—¡Dispara Claudia!

—¡Estoy esperando la carga! —Había disparado siete veces y el arma restaba siete segundos para la siguiente carga.

—¡No hay tiempo! —Alejandro vio como la parte superior del cuerpo de Brad fue pisoteado por el bestial que se dirigió a él. Se lanzó aun costado para apenas esquivarlo — ¡Dispara al suelo! ¡Dispara al suelo!

—¿Qué?

—¡Al suelo varias veces! —Claudia obedeció la orden de Alejandro, cuatro disparos al suelo crearon una abertura enorme de relativa profundidad por donde los tres se lanzaron. Al caer ocho metros hasta un fondo de tierra el chico tomó el arma de vacío y disparo un par de veces a las paredes, creando un torrente de tierra que tapeó la entrada dejándoles encerrados en aquel lugar completamente oscuro. Estaban bajo tierra los tres miembros restantes de la compañía.



PENULTIMODÍA PARA EL FIN

Alejandro despertó con dolor de espalda, se quedó dormido con una roca contra su columna, Claudia se hallaba recostada sobre él y Armando a un metro de distancia, debía ser de día a pesar de no poder observar nada donde se hallaba su ritmo diario era un buen indicio. Golpeó con la bota a Armando para que despertara y movió un poco a Claudia; se hallaban en un agujero de cuatro por cuatro, el aire era tan escaso que podrían haber muerto en tal lugar, afortunadamente pasaron solo dos horas allí. La noche anterior habían corrido sin descanso por los túneles infestados de muertos y restos humanos.

El hedor era tan fuerte que impregnaba su nariz y al rato dejaba sinsentido del olfato. El calor les estaba deshidratando, sudaban demasiado en ese agujero, necesitaban salir y buscar algo de comida y agua, de cualquier forma.

Debían subir de nuevo.

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El amanecer fue calmo quizás en exceso, no había noticia alguna de tierra firme donde se libraba la lucha o de la nación americana donde Milena se hallaba, los radiotransmisores se hallaban en un silencio total que a Karla le ponía en un punto enferma. Trasnochó pensando en Alejandro y Claudia, Xander había preguntado toda la tarde por ellos y llorado al no poder verlos.

—¿Cómo se le dice a un niño que dejaste ir a su padre a una guerra que no se puede ganar? —La pregunta le rondaba una y otra vez, el dolor era fuerte, les extrañaba a pesar de ser solo un día, les extrañaba con la sensación de haberles visto por última vez. Reprimió sus lágrimas para no despertar al pequeño que durmió a su lado, pero se hallaban allí, invisibles a simple vista, un llanto que llevaba consigo todo el día.

La mañana la gastó en su mayoría limpiando el puesto de comando donde los niños usualmente jugaban. Arianna y Xander eran una pareja de temer para regar los juguetes, peluches o botar la comida mientras corrían por doquier. Felipe compartía con otros chicos de su edad, más fanático de practicar futbol en el área libre exterior del Armonia. Sara era reservada y evitaba el contacto con ella pero se sentaba a vigilar a los chicos como águila lo cual era una gran ayuda teniendo en cuenta lo revoltosos que resultaban. El más tranquilo del grupo era Antonio, el chico gustaba de leer la mayoría del día. Caminaba con un libro entre los dedos de arriba abajo, su mayor mal era el descuido constante con su ropa, donde comía, bebía o donde iba.

Por otra parte extrañaba también su hogar, aun tenía en la mente como semanas atrás un bestial se estrelló contra ella y toda la zona se hallaba infestada de muertos. Ahora no tenía oportunidad de volver sin importar cuanto lo desease, todo era un recuerdo borroso pero feliz que guardar. Recuerdos de los momentos con Alejandro, con Claudia y los tres juntos. Se sintió mal por no tener una foto cerca. Probablemente en el bolso de Alejandro que Claudia tenía, allí podría estar alguna foto de los cuatro juntos, pero no sabía donde la chica lo ocultó, una de las ideas de él.

Cerca de veinte personas se habían acercado al puesto de comando preguntando sobre noticias de los que se fueron, no tenía ninguna,probablemente no insistían al ver sus ojos rojos y cara de preocupación. La cabeza le dolía y palpitaba, la presión de hallarse a la cabeza era fuerte, no podía ni imaginar a lo que Milena y Armando se veían sometidos a diario en tal lugar. La casa en medio de la nada donde vivió, a pesar de estar rodeada de muertos y tener que hacer rondas diarias, era un lugar pacífico donde rara vez algo sucedía. Allí en el Armonia todo el día había algo, falta de algún material, preguntas sobre la cosecha, sobre las embarcaciones que iban y venían…

Arianna y xander se hallaban dibujando sobre el suelo, ella anotaba la información sobre el suministro de agua del día en el registro cuando Sara irrumpió en la sala de control con la cara pálida y Antonio y Felipe a su lado. En un primer instante pensó se trataba de algo que los chicos habían hecho, pero los ojos fuera de órbita y el temblor en sus labios le dejaron en claro se trataba de algo más.

—¿Qué paso? —La pregunta fue pausada y tranquila, fuere lo que fuere no había alarma en ella. Karla observó por la ventana la zona exterior de la embarcación, todos caminaban normal, nadie estaba exaltado, unos hombres maniobraban unos pedazos de metal.

—Los muertos…

La pausa fue relativa, para Karla fue solo un segundo, para Sara fue una eternidad en la cual sus palabras no salían de su boca —¿Qué muertos?

—Vienen los muertos.

—¿Cómo que vienen los muertos? — Preguntó con vacilación, el rostro de Sara desvelaba pánico, aquello no era un juego obviamente.

—Vienen—Sara señaló el mar con su brazo — Dos embarcaciones negras, los pescadores acaban de informar allá abajo.

—No puede … —Corrió hasta el tablero de mando para observar el viejo radar — Ser… —Allí estaban sin duda alguna, dos enormes embarcaciones que se aproximaban y sin identificación —¡Yo! maldición… Yo me encargo de esto—Miró a Sara con el mismo rostro blanco, compartiendo el mismo temblor en las manos, no por ellas y lo que les pudiera suceder, sino por los niños. Sin importar cuanto tiempo hubiesen pasado sin hablar eran compañeras en eso —¡Lleva a los niños abajo al fondo, mételos donde antes estuvo recluido Brad, ve con ellos, llévate a Xander contigo!

—Hay que escapar Karla, hay que tomar una lancha, algo rápido…

—Van a morir todos, si quieres ve y toma una lancha con los niños. Yo pienso retrasarles cuanto pueda —Karla se dio media vuelta y buscó el comunicador principal en el panel, Sara se quedó petrificada a mitad de la sala, Arianna y Xander por alguna razón lloraban muy fuerte y Antonio jalaba de su vestido insistentemente.

—Tengo que ir al baño mamá…

—¡Nada de baño, nos vamos! ¡Arianna, Xander!

—¡Señores del Armonia! —Karla habló con voz fuerte y clara a pesar de que sus manos temblaban. Las apretó y golpeó la consola para continuar—¡Tengo que informarles que en cuestión de minutos seremos atacados! ¡repito, seremos atacados!

—¡Antonio trae a Arianna, Felipe tu trae a Xander! —Las miradas de Sara y Karla se encontraron —Me dirigiré a la casa, si sales… allí estaré —No era necesario especificar algo más, Karla comprendió muy bien a qué casa se refirió.

—¡Necesito a los delegados aquí de inmediato, todos los demás prepárense para abordar los botes, nada de pertenencias, solo ustedes, esto es una emergencia! —Volteó hacía atrás y Xander ya no estaba y lamentó no poder despedirse.

Al instante un grupo de mujeres y hombres se acercaron a la puerta del lugar, todos con caras de miedo expresas, afuera por la ventanilla ya se observaban a las personas corriendo.

—¿Qué sucede?

—¿Es cierto lo de los muertos? —La chica se limitó a asentir con la cabeza.

—¿Cómo?

—Dos barcos se están acercando a nosotros ahorita, deben estar aquí en cuestión de diez minutos — Expresó con pesar —Quiero a un grupo que evacué a todos los que se puedan en botes, se debencolocar a un lado del Armonia.

—¿De qué lado?

—Del único lado de la embarcación. Despegaremos el barco de lo que es ahora la nación.

—¿Se puede?

—Se podrá o moriremos todos —Puntualizó Karla.

—El otro grupo, debemos buscar todo lo que sea petroleo, gasolina, pólvora, cualquier cosa que pueda arder y estallar.

—¿Qué haremos?

—Dejar una estela, dejaremos que aborden, que lleguen y entren a la nación mientras nosotros nos separamos en el barco, cuando estén sobre ella. Lo estallaremos todo —Los presentes se miraron a las caras y una sonrisa invadió los rostros — Todas las armas que tengamos deberán estar en el Armonia por si tenemos que defendernos ¡Es para ya!

—¡Ya escucharon! ¡A movernos! —Una mujer grito y todo el grupo salió del lugar.

Karla comenzó a moverse, ella no podía darse el lujo de dudar, de no hacer su parte, bajó las escaleras a saltos y atravesó los pasillos estrellándose con varias personas en el camino, bajó hasta los camarotes para hallar el viejo rifle de asalto que trajo consigo. Si los muertos iban en camino ella sería la primera en darles la bienvenida.

Lo único que le preocupaba era su hijo, y este afortunadamente en los próximos minutos tomaría un bote rumbo a tierra, Sara no sería la mejor persona, pero no dejaría que nada le sucediera a alguno de los pequeños, de eso estaba totalmente segura. El AR-14 le caía bien, tenía recuerdos y exceso de horas de practicas con el, un par de las confiables Berettas como secundarias. Afuera del camarote cundía el pánico, las personas gritando y los niños llorando, corriendo de un lado a otro. Buscó los tres cartuchos de balas que tenía en el armario y salió del lugar.

—¡Diríjanse a los botes ahora! —Nadie escuchaba, reconoció a una mujer de seguridad que intentaba guiar a los demás y se compadeció de tal labor. Las escaleras se hallaban abarrotadas y algunas puertas cerradas, viró en el pasillo contiguo y siguió hasta el centro de comando. Llegó y lo que encontró le dejó perpleja un par de segundos. Sara se hallaba allí de nuevo con los niños.

—¡¿No estabas ya en un bote?!

—No hay suficientes, las personas están peleando allí abajo…

—Claro—Respondió a pesar de que el pánico comenzaba a subir por sus venas, entregó una de las Berattas a Sara y caminó por la estancia dirigiéndose al control, pensaba observar por el radar la distancia restante para con las naves, pero primero se halló con la visión por medio del cristal del puente principal. Las dos naves se hallaban a la izquierda, atravesando todo lo que era la actual plataforma del Armonia y a punto de impactar de frente con ella.

—¡Oh por Dios! —Sara se llevó la mano a la boca y retrocedió un par de pasos.

—¡No puede ser! —Karla corrió donde Xander para abrazarlo cuando el primer barco chocó contra la enorme plataforma de frente, el metal crujió con un sonido que retumbó en todo el lugar. La embarcación penetró y levantó un par de metros quedando empotrada en la ciudad. El temblor sacudió de arriba abajo a todos los habitantes.

El segundo barco encalló justo al lado del primero elevando este un par de metros más. La estructura resonó para luego quedarse todo en silencio, Karla y Sara ya habían vivido ese silencio antes en Brasil. Era el preludio al desastre.

—Hay que ir abajo —Repuso Karla, pero un sonido peculiar hizo vibrar a cada persona que se hallaba en el Armonia. El grito peculiar de los muertos.

Un centenar de seres brotaron de ambos barcos y el grito de desesperación cundió por doquier.

—¡Hay que irnos!

Karla observó a Sara un par de segundos y comprendió que ella tenía razón, debían irse, todos. Corrió hasta el panel y subió la palanca de los motores seguida de la velocidad, accionó los botones uno tras otro y esperó un par de segundos.

El antiguo trasatlantico tembló en los cimientos y las secciones unidas a la plataforma se comenzaron a desprender. Empezaban a moverse, de alguna forma el Armonia aun podía andar. Sara rió con nervios sujetando a los cuatro chicos a su cintura. Los muertos abajo corrían por la plataforma a gran velocidad, pero aun les dividía unos trescientos metros de terreno y el Armonia iba zafándose del yugo del metal tramo a tramo.

Karla no despegaba los ojos de la ventanilla, pero algo extraño aconteció, el mar de muertos que se movía como agua de a miles se detuvo de la nada, como si el tiempo se paralizara frente a sus ojos y todos quedaran congelados en sus posiciones. La chica se acercó aun más a la ventana para ver mejor, aun en la distancia reconocía aquello.

Un muerto caminaba entre los demás quienes le daban paso libre para andar. Brad tenía la vista fija en el centro de comando. Un escalofrío recorrió la espina dorsal de Karla. 

Aurora entró a la cabina de mando con los ojos abiertos como platos —¡Hay muertos allá afuera! 

—¿Y tú donde estabas?

—¡Durmiendo!¡Hay muertos por todos lados! ¡La gente está gritando!

—Al menos estás aquí.

—¡Nos vamos a morir todos! —Exclamó la pequeña exaltada.

—Nadie se va a morir, deja de asustar al resto —Karla habló y Aurora observó a los chicos que se amontonaban alrededor de Sara — ¡Hay que irnos!

El trasatlantico terminó de desprenderse de la plataforma y se agitó aun lado, todos en su interior rodaron por el suelo. Karla y Aurora se sujetaron de los controles cuando el primer estallido sucedió en la plataforma. Una bola de fuego ascendió ante los gritos de los muertos y fue secundada por una segunda y tercera explosión.

—¡Vámonos ahora! —Fijó curso y trabó la palanca Karla sujetó a Aurora del cuello y tomó a Xander para cargarle, abrió la puerta y caminó tan deprisa por el pasillo como sus piernas y los temblores le permitían.

—¡El ala oeste estaba repleta de gente! —Expresó Sara.

—Abajo está peor, corren como locos por todos lados —Aclaró Aurora en carrerilla.

—Están asustados —Habló Felipe —No deberían estarlo.

—Debiste enseñarle más respeto por los muertos —Karla se dirigió a Sara avanzando por el pasillo de carga para bajar dos niveles hasta la sección donde se hallaban los botes.

—¡No se separen de nosotras! —Le regañó la aludida —Si ven algún muerto lo mejor es que se escondan —Saltaban las escaleras y a lo lejos se escuchaba un estallido muy potente, la nave se fue de lado al instante. Chocaron contra la pared y unos contra otros, Karla se hizo un ovillo con Xander aprestado a su pecho y rodaron escaleras abajo. Se levantaron, Arianna y Xander lloraban con gritos agudos yla carrera continuaba.

El sonido de los disparos llegó a sus oídos al instante en el cual dejaron los pasillos de carga y pasaron a los principales. Al abrirla puerta a la zona exterior lograron percibir el desastre, los muertos habían abordado y algunos hombres y mujeres luchaban disparando en todas direcciones. Una bala se clavó en el metal del pórtico a centímetros de Karla, la mujer miró el desastre y retrocedió.

—Kaaaarlaaaa— La voz se escuchó desde afuera, pero fue tan clara y audible que estremeció el cuerpo de ambas mujeres al instante. Brad estaba afuera.

—¡Llévate a Xander contigo! —El niño lloraba y pataleaba, Aun así Sara lo agarró con su único brazo y apretó a su cuerpo —Bajen, deben llegar a la recamara donde tenían a Brad prisionero, es la más segura del barco.

—Señora Karla —Aurora la vio con los ojos grandes y llenos de admiración.

—Muévete con ellos Aurora, que ninguno se pierda, te encargo a todos esos locos —Karla tomó el rifle de su espalda, quitó la correa y esperó en el pasillo.

—Puedooo escuchaaar tu voz, pueeedooo escuchaaar tu respiración Kaaarla,puedo oler tu mieeeedo lateeeente, pueeedooo escuchar los latidos de tu corazón Karla.

—¿Y qué esperas? —Gritó con todas sus fuerzas.

—¡Dios sálveme! —Un hombre extraño y mayor entró por la puerta que ella acababa de cerrar y era atravesado en su vientre por un enorme pedazo de metal unido a un brazo. Brad tiró el cuerpo a un lado antes de entrar al pasillo con parsimonía.

—Kaaarla.

—Brad.

—Es un placer volver a verte.

—El gusto no es mutuo.

—Tengo una pregunta qué hacerte — El barco vibró con fuerza, o algo estallaba o chocaban con algo, era imposible saberlo desde donde se hallaban. Afuera, donde ninguno de los dos podían ver, lo que antes era la plataforma que funcionaba como nación Armonia se caía a pedazos en el mar con cientos de muertos y hombres en llamas.

—Pensé que estabas con Armando, Alejandro y Claudia.

—Estaaaba.

—¿Cómo están ellos? ¿Qué sucedió?

—Te respondereee si me ayudas a encontrar cierto bolso que Alejandro trajo consigo a esteee barco.

—No se donde está el bolso.

—Siempre admiree que entre los que acompañaban a Alejandro, tuuu eras quien maas semejanza tenías con él, tu capacidad para caaalmarte en lo adverso, ahoritaaa mismo estás respirando lentamente y tu pulso no se altera demasiado.

—¿Gracias?

—¡Quiero el bolsoo! ¡Quiero sus anotaciones, quiero sus fórmulas!

—Es una pena.

—Podría matarte pero no me lo diriíaaas, pero… —Karla observó la sonrisa macabra y apuntó directo a su cabeza — Hay una manera, algo por lo cual diraaaas tooodo lo que sabes y lo que no —Karla abrió fuego directo a su rostro, cuatro, ocho agujeros perforaron la cara de Brad, la sonrisa se desfiguró pero el monstruo tan solo preparó sus piernas para saltar. Karla viró sobre su cuerpo y avanzó por la puerta contigua siguiente —¡Tu hijooo!

El impacto de Brad contra la pared fue estridente, Karla cerró la puerta y observó como el muerto cortaba la pared metálica con el brazo y el enorme pedazo de acero incrustado en él. Disparó nuevamente, la puerta cedió y Brad, o un ser enorme con su apariencia entró al pasillo contiguo mucho más amplio que el anterior.

—Puedo olerlooo —No reparó en ella y se lanzó en carrera a cuatro patas pasillo abajo. La chica corrió detrás de él disparando cuanto podía. La nave continuaba moviéndose de forma brusca y ahora encontraba cuerpos esparcidos y personas asustadas, probablemente por la visión de Brad. El suelo se inclinaba de un lado a otro a pesar de hallarse en un trasatlántico, las explosiones ya no se sentían y Brad se alejaba a zancadas enormes por los pasillos.

Corría a más no poder mientras pensaba en alguna manera de poder detenerle,pero la mente no le funcionaba, no hallaba manera de matar a un ser que podía regenerarse rápidamente a sí mismo —¿Qué haría Alejandro? —Lo que más temía era por la vida de Xander, ello la obligaba a avanzar a golpes por el lugar. Chocaba contra las paredes,puertas, cayó una vez gracias al cuerpo de una mujer pisoteada en el camino.

Abajo había charcos de agua, alguna filtración en el lugar le hizo resbalar, pero al caer y sentir el aroma comprendió de lo que se trataba, cambió de ruta y observó la habitación que se hallaba a su derecha. Era un pequeño almacén con varios productos de limpieza—Piensa como lo haría Alejandro —Una idea llegó a su cerebro. 

—Yo conozco este lugar — Aurora caminaba por el pasillo hasta la celda de Brad —Aquí estaba el muerto ese.

—Brad— Antonio habló solo para decirlo. Sus pantalones estaban húmedos pero a nadie le importaba ese detalle, Sara abría la puerta del lugar para que todos entraran, Arianna y Xander continuaban llorando y molestos porque no se les prestaba atención. Sara cerró la puerta tras de si y los observó a todos con cierta pesadumbre, el suelo temblaba y las paredes de metal vibraban con el movimiento del barco.

—No me gusta este lugar —Expresó Aurora mientras que Xander se zafaba del brazo de Sara y bajaba para correr con Arianna en un cambio de humor repentino. Felipe se hallaba molesto por alguna razón y Antonio extremadamente asustado como para poder expresarse.

Un golpe fuerte y cercano hizo que todos viraran sus ojos a la puerta, Sara se separó un par de centímetros y se pudo escuchar los pasos de Brad acercándose con andar lento hasta la puerta.

—Hooolaa niños — El pedazo de acero y carne atravesó la puerta por la zona superior, Sara se impactó y separó de aquello con los brazos estirados para que ninguno de los pequeños se acercase.

—¡Tú Maldito! — Karla apareció del otro lado del pasillo donde se hallaba Brad y que comunicaba con la habitación lanzando hacía él un balde llenó de gasolina. Brad Alargó su brazo pero era imposible detener el líquido en el aire y su otro miembro estaba atascado por el instante en la puerta. El baño del combustible fue seguido por una bengala en el suelo.

Un resplandor amarillo, una ola de calor y llamas que se escurrieron por suelo paredes y techo. Brad fue envuelto en un mar de llamas que crepitaban y causaban erupciones en su cuerpo. Karla se escondía en la pared siguiente mientras el calor emanaba de todo el lugar. Pronto descubrió que su blusa se incendiaba y el pantalón le seguía. Se arrastró girando por el suelo y se quitó ambas prendas mientras en el pasillo siguiente se escuchaban los gritos de Brad.

—¡Los voy a mataaaaaaaaaaaaaaaar! —La voz reflejaba furia en su forma más básica.

Sara observó como el muerto rasgó el metal de arriba hasta abajo creando una nueva puerta para si, con terror vio como los niños retrocedían y las flamas que intentaban entrar por el agujero. Brad metió la cabeza en flamas por allí y sonrió.

—Los veo a todos… Todoooos estarán muertos Kaaaarla.

—¡No a mis hijos infeliz! —Sara hizo lo que su mente le dicto, protegerles, abrió la puerta con la beretta en la mano y se lanzó sobre el cuerpo de Brad. Las llamas se extendieron por su cuerpo pero aquello no le importó. Karla se asomó ante los gritos y vio horrorizada la escena. Brad caía contra la pared con el peso de Sara sobre él, ambos envueltos en llamas —¡Muérete! —Descargó el arma bala tras bala directamente en la cabeza al tiempo que sentía su cuerpo arder.

—¡Sara!—Era tarde, ella se hallaba cubierta y su piel burbujeaba sin parar—¡Sara!

Brad dejó de moverse, las balas penetraron su cerebro y todo se apagó durante un rato, los niños gritaban alarmados al otro lado del pasillo. Karla tan solo podía observar desde allí, el fuego cubría el lugar.

Brad reaccionó casi al minuto, perforó a la mitad el cuerpo de Sara y gritó con todas sus fuerzas —¡Teeee matarreeeeeeeeee! ¡Te voy a comeeeer! — Karla corrió por instinto. El monstruo se estrelló contra la pared y le siguió por el siguiente pasillo.

La chica viró a la izquierda para tomar hacía el área de máquinas pero Brad se hallaba casi sobre ella, Giró sobre si y disparó toda una ráfaga, el cartucho se acabó y corrió otro trecho más. Brad no debía ver bien pues lanzaba cortes en todas direcciones y el brazo se incrustaba una y otra vez en la pared.

Se ocultó detrás de la puerta de una pequeña sala e intentó calmar sus latidos.

—¡Puedo escuchar tu respiración muuujeeer insoleeenteeee! ¡No puedes matarmeeee con balaaas! —La puerta cedió y ella cayó con esta sobre su cuerpo, se desembarazó de inmediato y recargó el arma arrastrandose por el lugar —No meee puedeees mataaar.

—Lo sé, no necesito hacerlo, solo esperar a que se te acaben las nueve vidas —Apuntó directo a la cabeza y disparó bala tras otra, Brad lanzó su brazo cortante hacía ella, pero no podía verla, la chica le esquivó y continuó disparando hasta que Brad cayó al suelo con el cerebro apagado. Karla se acercó y sacando la beretta la descargó entera en su cabeza y se quedó allí de pie en ropa interior y sudada viendo como se quemaba, asegurándose que estuviese más que muerto. No se movió ni un ápice y ella pudo salir en carrera para sacar alos chicos de aquella habitación.

Avanzaban a ciegas por los túneles, el día no tuvo incidentes, deseaban subir a la zona exterior pero el techo estaba compuesto por una granja roja. Al subir sus manos podían sentir la piel al contacto y una materia viscosa y roja caía de esta dejándoles envueltos. Del techo colgaban miembros, manos, piernas y cabezas sin vida.

Algunas de aquellas cosas se movían, la más perturbada con la escena era Claudia, quien intentaba esquivar y evitar el contacto con aquellas partes. Por sobre el traje estaban cubiertos de tierra y el líquido que emanaba del techo el cual era rojizo y algo amarillento.

Llevaban un rato andando sin hallar mucha actividad en los túneles, Armando sugirió dejar marcas en el camino para verificar no iban en círculos, pero en aquel lugar era difícil dejar alguna marca hasta que decidieron cercenar algunos brazos del techo para dejarles en el camino en forma de flecha.

—Tengo sed.

—Todos…

—Me acuerdo de cuando estábamos en Brasil.

—Fue fuerte entonces —Alegó Alejandro al comentario de Claudia.

—No recordaba que fuese así el estar sin agua, quizás era por estar pequeña, estaba muerta de miedo pero era distinto.

—¿Distinto cómo? —Pregunto Armando.

—Tenía la confianza de que saldríamos de allí porque Alejandro lo dijo.

—¿Y ahora no crees en él?

—Ahora se bien en qué lío estamos metidos.

—No hay salida bonita de esto ¿Cierto? Aunque odiaría morirme de sed en este lugar, sería un final bastante necio de aceptar.

—Debemos subir, pero esa cosa sobre nosotros… —Se quejó Alejandro.

—Una pregunta chico.

—¿Cuál?

—Ese muerto Brad mencionó que tu incendiaste toda una ciudad de los muertos ¡Cómo lo hiciste?

—Fue por error en realidad —Alejandro rió ante el hecho y los demás se quedaron esperando el resto.

—¿Cómo lo hiciste muchacho?

Alejandro pasó su mano por arriba para tocar el techo de piel del túnel —Esta cosa está cubierta de algo semejante a la grasa humana— Armando permaneció en silencio un rato —Hice algo de fuego cerca, cuando las brazas lo tocaron todo se incendió, se propagó muy rápido solo tuve oportunidad de correr del lugar, después de eso todo un grupo de muertos me persiguió por las montañas y al día siguiente dieron conmigo, escapé porque caí sobre un bestial que corrió como loco.

—¿Escapaste por un día de ellos?

—Así como hacemos ahorita camuflados por el olor de esto —Quitó algo de desperdicios de su traje negro.

—Por eso no hemos tenido muchos problemas, pero es repugnante y tener que llevar este casco me va a matar ­—Habló la chica.

—No nos puede caer nada en los ojos o la boca.

—Lo sé, es solo que es repugnante ¡Auch!

—¿Qué pasó?

—Choqué con la pared —Claudia se hallaba en la delantera.

—¿Y adonde va el camino?

—A ambos lados —Respondió ella.

—Hay que decidirnos.

—¿Izquierda o derecha? Tu dime Ale.

—Antes tomamos la derecha, pero esta cosa sobre nosotros es demás de grande, de hecho dudo que sea un gigante.

—¿Entonces qué crees que sea?

—Un intento de uno, quizás una graja demasiado enorme como para ponerse en pie —Alegó este detenido pensando en el asunto.

—Silencio chicos —La voz de Armando fuie un susurro.

—¿Qué sucede?

—¿Escuchan eso?

—¿Escuchar qué?

—Algo viene, se puede escuchar.

—¿En qué dirección?

—No tengo idea, es muy difícil decir de donde aquí abajo pero es grande, o son muchos —Mientras Armando hablaba las paredes comenzaron a temblar.

—¿Qué camino es más angosto Claudia?

—Amm izquierda, creo.

—¡Vamos por ese! —Exclamó Alejandro.

—¡Allí vienen! —Se podía sentir la tierra vibrar bajo sus pies, el único proceder era correr. El camino de la izquierda era bastante estrecho, apenas podían ir uno detrás de otro, chocaban con rocas en el suelo y pedazos de partes humanas que colgaban del techo.

—¡Corran!

—¡No lo vamos a lograr!

—Podríamos hacia adelante y solo avanzar en esa dirección, matar a unos cuantos atrás para tapear y…

—Déjate de salidas rebuscadas chico ¡No hay tiempo ahora! —Gritó Armando.

—¡Pero hay que salir! — Exclamó desesperada Claudia.

—¡Dispara al techo!

—¡Pero si es un gigante…!

—¡Ya no importa nada de eso, dispara! —Cuatro impactos con el arma de vacío seguidos, ya se escuchaban los gritos de los muertos, un boquete se abrió y la luz penetró, después de esto un manantial de vísceras y escombros cayó de la parte superior —¡Suban! —Era fácil decirlo pero un desastre escalar por aquello, carne y escorias se mezclaban.

—¿Dónde estamos?

—Ni idea— Se hallaban en plena calle de una ciudad con edificios derrumbados por doquier, los vehículos repletos de tierra y maleza. No obstante sus miradas estaban atrás de donde los muertos llegaban y les alcanzaban.

Claudia salió al sol y se quitó el casco que le estorbaba la visión en plena carrera, los muertos salían de todas direcciones, disparó a un bestial y un grupo cercano de muertos y continuó. Alejandro le tomó del brazo y corrieron por sobre los escombros, el muchacho le guió hasta un camión grande y grueso donde los tres entraron y se encerraron.

—¿Enciende esto? —Alejandro preguntó a Armando quien se halló en el puesto de conductor.

—Solo si hacemos un poco de magia— Armando se agachó y rompió con el puño la parte inferior del tablero para buscar el cableado. Afuera un grupo de jadeantes se hallaban sobre el vehículo golpeando con fuerza.

—¡Listo! —El carro ronroneó y Armando tomo el volante.

—Esto no va a resistir mucho­— Alejandro veía como un muerto estaba contra el parabrisas estrellando sus puños con toda su fuerza.

—Resistirá un poco, y tienen algo de gasolina como para que puedan alejarse— El hombre les miró y ellos a él. Armando se limitó a sonreír de manera confiada y mostró la larga y profunda herida infectada en su pierna. Un corte largo y transversal donde faltaba un trozo de carne.

—¿Cuando? —Claudia no podía creerlo.

—Cuando cayeron los escombros, teníamos a los malnacidos ya encima de nosotros.

—Armando…

—Clama chico, todos vamos a morir— Buscó entre su ropa un viejo yesquero que pertenecía a Victor— Antes de venir me aseguré de despedirme de Milena y Aurora, les dije cuanto les amaba. 

—¿Qué piensas hacer?

—Saldré, llegaré a ese hueco de nuevo e intentaré encender esa cosa de allí abajo que dijiste es inflamable.

—¡No! —Claudia estaba por llorar, pero el miedo le ganaba. Afuera un jadeante tenía su rostro contra el vidrio de la ventana.

—¡Ustedes tendrán algo de tiempo, yo los detendré!

—Toma —Alejandro le entregó la desert Eagle que llevaba consigo.

—No la necesito muchacho, descuida, no seré uno de ellos. Tengo ansias de ver a Pandora de nuevo, la extraño— Armando tomó la puerta para salir— Y chico, asegúrate de terminar con esto a como de lugar, mi Aurora merece un mundo mejor donde crecer­— Con estas palabras salió.

Alejandro forcejeó para cerrar la puerta del camión y se quedó un instante observando antes de pisar el acelerador, Armando golpeó con su puño desnudo a uno de los muertos mientras otro buscaba de clavarse en su espalda. Lo tomó de la cabeza e hizo girar hasta el suelo, un jadeante se lanzó hacia él y este le recibió con ambos puños juntos para tirarle al suelo mientras avanzaba.

—No podemos quedarnos —Alejandro pisó el acelerador y el auto saltó y comenzó a andar algo lento a pesar de que él aceleraba a fondo. Luego la marcha fue más rápida, Claudia trataba de divisar al mayor del grupo.

El hombre se lanzó por el agujero rodando por sobre las piedras y la materia roja, ya podía sentir su respiración alterada, el corazón bombeando a un ritmo superior y un dolor intenso en el pecho, pero no iba a dejarlas cosas así. Recordó el rostro de Pandora ocho años atrás antes de morir —Fuiste valiente y fuerte hasta el final hija —Encendió el yesquero que una vez perteneció a su viejo camarada y observó como las llamas se extendieron por todo el techo de aquel largo túnel, el calor recorrió cada rincón seguido de un rugido. Los muertos caían sobre su cuerpo pero Armando ya no sentía nada, solo sonreía al ver como las llamas se mezclaron con el metano y la explosión en cadena se liberó.

Afuera se escuchó el estallido, Alejandro golpeaba a los muertos con el auto y estos corrían a su lado y por delante, golpeaban el vehículo e intentaban volcarle. El sueño se movió, la calle se agrietó y todo lo que estaba a su alrededor se vino abajo. Los edificios ya derrumbados terminaron de ceder sus cimientos y una montaña de humo se elevó por encima de ellos, el auto se inclinó y continuó su marcha.

No lo sabían pero un ser enorme intentaba levantarse de la tierra y su propio peso no le permitía colocarse de pie. El gigante de más de un kilómetro se quemaba. Cientos de brazos salieron a relucir y los muertos que sobrevivieron al estallido brotaron de la tierra cubiertos de llamas.

Alejandro sintió el abrazo de Claudia y él lo secundó, el auto ya no estaba bajo su dirección, caía por la espalda de aquella cosa , chocaba con rocas y toda clase de cosas a su paso, el vidrio a su lado se cuarteó y de pronto se hallaban ingrávidos, el camión voló varios metros volcando sobre si, en el interior todo fue confusión y golpes hasta que todo acabó.

Los vidrios estaban rotos y todo abollado, Claudia respiraba pero tenía cortadas en su rostro y de este manaba bastante sangre, el humo blanco permanecía en el aire y al fondo las llamas naranjas, pero lo curioso eran las piernas detenidas alrededor del auto.

—Claudia levántate.

—¿Qué pasó?

—Estamos rodeados—Repuso él, ella alzó la vista para observar el centenar de muertos que les rodeaban, de todas las clases y formas.

—¡El arma! Hay que mantenernos aquí y…

—No, esta vez perdimos.

—¡Pero Ale! — Lo miró y se perdió en su mirada, se recostó en él y lo besó justo en los labios, mantuvo el beso un rato antes de rendirse en sus adentros —Como quieras…

—Allí hay un inteligente, es quien les detiene de matarnos.

—¿Y ahora qué?

—Rendirnos, iremos con ellos, guarda el arma contigo y no te separes de mi.

—Nunca —El carro estaba de costado, con raspaduras y sangre en el rostro pero nada de mayor problema, afuera los muertos se hallaban impacientes y tal como Alejandro especificó; un inteligente se hallaba al frente de estos cabalgando un bestial en cuatro patas. Vidrios, tierra, metal y pedazos de materia roja se hallaban en el suelo, el camión estaba incrustado entre pedazos de pavimento y escoria de un edificio.

El bestial del frente se movió por orden del inteligente un par de pasos— Usteeeeeeeee des.

—Me llamo Alejandro y ella Claudia; tus superiores están deseosos de vernos— Exclamó el chico, ella aprestó su mano y acomodó la katana nuevamente a su cintura.

—Veeen gaaan —El muerto giró sobre sus pasos y una linea se dibujó entre los muertos para dejarles pasar. Les olían y respiraban cerca de ellos, era obvio que la sangre les llamaba y el hambre les volvía locos, pero mantenían sus posiciones firmas y ninguno les tocaba mientras avanzaban.

Se hallaban en lo que antes fue la ciudad de los muertos, pero las bombas habían hecho su trabajo devastando todo lo que se hallaba sobre tierra. En ciertas partes habían llamas y a lo lejos se escuchaba un grito grave que retumbaba, el gigante de más de un kilómetro moría en llamas revolcándose contra la tierra y los cientos de brazos se alzaban al cielo.

—¿Qué sucedió con la guerra? —Preguntó Alejandro al muerto que avanzaba frente a ellos.

—Gueee rrrrrraaaa aaca boooo.

—¿Terminó?

—Huuuumaaaa nooos muer toooos.

—Entiendo — No había nada más que decir, era obvio que ese sería el final después de todo Brad lo había dicho, eran demasiados les superaban en una proporción de diez mil a uno; ante tal ventaja la lucha no era una guerra sino una carnicería de un solo bando.

El camino era largo, la horda de muertos disminuyó y Claudia amenazó con matarle pero él le detuvo —El camino más corto para llegar a ellos es este, solo espera —Le susurró, palabras que él estaba seguro el inteligente había escuchado gracias a sus super sentidos.

La noche les tomó a pleno camino, debían de llevar un par de horas andando en silencio, la comitiva que les guiaba era pequeña, menos de treinta, entre ambos podían encargarse, o eso pensaba Claudia con calma. Procuraba no pensar en la sed y el hambre, menos en el cansancio y el creciente frío que brindaba la el terreno.

Para sorpresa de ambos se alejaban de la gran ciudad y tomaban un camino rural lleno se maleza y rocas, lo único que irrumpía con la naturaleza eran los jadeos de los muertos y los resoplidos del bestial frente a ellos.

—¿Cuando lleguemos? —Claudia posó su mano sobre la katana para dar a entender su mensaje, Alejandro se limitó a asentir con la cabeza—¿Crees que Karla y Xander estén bien?

—Karla no dejará que le suceda nada, puedes estar tranquila por eso.

—Sigues creyendo que Brad…

—Si, lo más seguro; aun así.

—Está lejos y hace frío —Claudia se pegó a él y avanzó con el rostro contra su hombro. El cansancio causaba mella, era obvio que los muertos iban lentos solo a causa de ellos.

Por alguna causa empezaba a pensar en su vida en casa con las chicas años atrás, en el instante en que encontró a Alicia en un contenedor rojo y en su enemigo Yoshua, a quién decidió matar por venganza y por la simple causa de temor; debía reconocerlo, este era mucho mejor que él. Yoshua de hallarse vivo habría preparado un plan, incluso aunque este se tratase de una bomba en su interior, él no; no había plan de escape ni de acción al hallarse frente a los regentes de los muertos. Probablemente siquiera tendría fuerzas para pelear, y la parte que más le pesaba era que Claudia avanzaba a su lado rumbo a una muerte segura.

Cuando el amanecer llegó Alejandro pudo divisar el destino, un campanario abandonado a mitad de un pequeño pueblo. Habían parado la última hora para que Claudia descansara algo. La marcha se reanudó cuando el sol dio contra sus cuerpos pero ambos se hallaban mejor y dispuestos a lo que se venía.

Al igual que el día anterior todo se mantuvo en silencio hasta que llegaron al pequeño pueblo, habían inteligentes dispersos en el lugar; en la entrada un guardia con un bestial y una lanza les esperaba, por sobre las casas estaban los muertos inteligentes de pie.

—¿Quieg neg song?

—Aaaa leeee jandroo el chii cooo de la leee yendaaa —Respondió el que les escoltaba, el guardia realizó una señal a una mujer que se hallaba en un techo y esta bajó hasta ellos para examinarles. Tomó elrostro de Alejandro y Claudia con desprecio entre sus manos y giró para ver cada detalle.

—Son el.

—Puegdeng pasarg, solog ustegdeg treg.

Los muertos que vigilaban la ciudad era por mucho superiores al resto, algunos usaban ropas, correas y armas de todo tipo. Alejandro se preguntó que de ser así ellos ¿cómo serían los que les guiaban? Lo descubriría un par de minutos después.

El lugar se hallaba tranquilo y arreglado, no habían señas el apocalipsis salvo por el follaje que cubría las casas que aquellos muertos no usaban. Claudia se mantenía a su lado y vigilante ante los muertos; algunos les observaban con atención desde sus puestos,ninguno se movía de sus posiciones, se limitaban a gruñir o a respirar fuerte para sentir su aroma.

—Aaaaquiii eeeeees —El muerto les permitió el paso cuando se hallaban frente a la iglesia —Sueeeerr teee —La sonrisa fue maliciosa.

La iglesia era enorme para ser un pueblo, el pasillo era oscuro y en él abundaban algunos cuerpos y armas, tantas que no habría sido necesario llevar las de ellos; eso para Alejandro solo significaba una cosa, las armas eran inútiles contra los seres que verían ahora.

—Tengo miedo Ale.

—Yo también.

—Te amo.

—Yo te amo a ti —Avanzaron por el pasillo hasta una recamara circular enorme de varios pisos de altura y en el centro de esta se hallaba un agujero por el cual entraba luz e iluminaba cinco asientos de los cuales cuatro se hallaban ocupados.

En el primero a la derecha se hallaba un hombre gordo con rostro algo infantil, repugnante a simple vista; jugaba en ese momento con la cabeza de lo que parecía ser un niño a sus pies, su sonrisa al verles fue tan amplia que cubrió más de la mitad de su rostro. El segundo era aparentemente una mujer, salvo por el hecho de no tener rostro alguno, era alta incluso sentada y sus brazos excesivamente largos como para tocar el suelo.

El tercero era un hombre de mediana edad con el cabello corto y cuerpo musculoso. El último era el que daba miedo a simple vista, era alto y algunas partes de su cuerpo parecían fundirse con trozos de metal oscuro, sus manos eran negras y el rostro extremadamente planco, sin nariz y un par de ojos que emergieron de la nada para verles, un báculo sujeto a su derecha y un aro metálico en su espalda.

—Es es él —El gordo se inclinó hacia adelante.

—¡Buenas!— Decir esa palabra costó haber tomado aire y reunir todo el coraje que quedaba en su cuerpo.

—Una mujer, déjenme a la mujer —Esa cosa con apariencia de mujer muy alta ya se hallaba a mitad de la sala cuando el último de los inteligentes, el que sostenía un báculo le detuvo colocando su mano en su pecho. La velocidad con la cual se movieron fue tal que Alejandro apenas pudo voltear, milésimas de segundos en pasar un espacio de veinte metros.

—Alejandro, incluso entre los muertos eres famoso —La boca del sujeto se dibujó de la nada y apareció en su rostro al pronunciar las palabras.

—Eso me dijo uno de tus compañeros —Respondió el chico.

—Brad ¿Peculiar no crees? ¿Por qué no vino contigo?

—Está muerto.

—¿Estás seguro de eso muchacho? —Inquirió el ser moviéndose de lugar para estar a milímetros de ellos en la fracción de segundo siguiente.

—Totalmente.

—Puedo ver como funcionan tus sentidos, como percibes el peligro ¡Oh si querida, estás en peligro mortal en nuestra presencia! Sus mentes son tan prodigiosas.

—¿Hablarás sobre el intelecto para probarte y probarnos la razón de tu existencia como lo hizo Brad? —Repuso Alejandro.

—Fascinante— El ser del báculo se alejó a unos pocos metros —Me llamo Damian, y debo admitir que he tenido un particular interés en ti Alejandro. Si, quizás tu no me recuerdes, pero yo te vi hace ocho años en Brasil, la primera vez ustedes se hallaban viajando en un tren, fue entonces cuando me miraste y notaste que yo era distinto, no sé como lo hiciste, mi apariencia era igual a la de cualquier muerto.

—Tu…

—A partir de allí presté mayor atención, me infiltré con éxito en tu grupo y pude notar como en él habían dos mentes prodigiosas, superiores al resto, dos mentes capaces de desentrañar lo oculto en nuestra especie. No imaginas como me regodee de poder hallarles; ustedes eran distintos, no podía seguir sus pensamientos por completo, me superaban en estrategia ¿Cómo era eso posible? Pero entonces sucedió algo con lo que no contaba, tu mataste al otro, le hiciste estallar en pedazos. Fue una pérdida, llegué e intenté recolectar su sangre, su información, pero todo estaba destruido y mezclado, era imposible.

—Yoshua.

—Si, ese era su nombre, luego de pensarlo mucho me percaté que no necesitaba la mente del chico muerto, el más inteligente eras tu porque previste que debías eliminarle. Necesitaba tu mente, tu mente Alejandro, deseo que seas el quinto de los nuestros.

—No sucederá.

—Nadie dijo que tenía que ser de tu agrado —El báculo pasó como una cuchilla pero Alejandro había empujado a Claudia y agachado al instante. Claudia disparó hacía los asientos e impactó de frente al tercer de los muertos desapareciendo más de la mitad de su cuerpo al segundo siguiente.

La mujer inteligente saltó y alargó su brazo, todo lo que Claudia supo fue como su cuerpo era golpeado por algo semejante a una muralla y le lanzó por los aires contra la pared contigua, antes de caer al suelo su cuerpo fue sujeto por una mano enorme y recibió una fuerte mordida en sus muslos por parte del muerto gordo y repugnante.

—Me me la probé primero —Sonrió ante su igual dejando caer a Claudia al suelo. Alejandro disparó la desert eagle a centímetros del rostro de aquel ser, pero era imposible dar un solo disparo, se movía a un ritmo superior a todo lo visto. El chico giró sobre su cuerpo para maniobrar y de pronto sintió como todo su pecho fue atravesado por el báculo de Damian.

Alejandro cayó al suelo escupiendo sangre, todo estaba acabado, su cuerpo dejó de responder como él deseaba y solo pudo girar para ver a Claudia quien estaba sobre un charco de sangre temblaba con severos espasmos. No sentía dolor alguno, solo pensaba en Karla, Xander y en el deseo de hacer cualquier cosa que pudiera para salvarla a ella, a la chica que se hallaba frente a él, a la niña que un día conoció. Aun se hallaba pensando cuando todo fue negro y su vida se esfumó.

1 año antes

—No funcionará.

—primero debemos probar el compuesto Claudia, no puedes saltar a los resultados solo así como así.

—Pero es obvio que no va a funcionar, esto tan solo mata al parásito, no es posible hacer que vivan si ya están más que muertos —Claudia se quitó la mascarilla del rostro y los guantes con los que trabajaba en el laboratorio improvisado del chico.

—Aun tenemos las propiedades del virus original, debe existir alguna forma de activar el proceso regenerativo del agente pasivo.

—El pasivo no funcionará sin el activo.

—¿Por qué?

—¡Porque están muertos Ale, están muertos, murieron hace mucho, no hay nada para salvarles! —Claudia se retiró algo exasperada de la sala, subió la pequeña escalinata y ascendió hasta el patio aledaño de su hogar en la nación Alice —La única forma en que quizás serviría es si infectas con eso a alguien vivo… 

————————————————————————————————————–



Alejandro respiró nuevamente, el ardor que subía por su pecho era tan fuerte que le ahogaba y desesperaba, rasgó su cuello con las manos y convulsionó frente a los muertos inteligentes que le miraron sin dar crédito a sus ojos. La sensación era semejante a que lava corriese por sus venas, apretó sus dientes y giró por el suelo.

Claudia se hallaba a su lado con los dedos incrustados al suelo y el rostro alzado al techo. No podía pensar ni razonar, no habían causas para lo que estaba sucediendo, pero sucedía. Ahogó un grito grave y sintió como el fuego invadió su cabeza hasta sus ojos, estos últimos se tornaron de un negro azabache.

El dolor cesó y él se quedó en el suelo jadeando durante un instante, rasgó con los dedos el traje negro para ver la herida en su pecho. No estaba, no había dolor ni una gota de sangre que manara; a su lado Claudia se colocaba de pie antes que él. Era extraño, la sangre fluía demasiado rápido, aquello no era energía sino una furia inigualable, una que gritaba por desgarrar y despedazar a los tres seres que observaba. Podía sentir con intensidad cada músculo en su cuerpo

La mujer muerta se lanzó al ataque contra Claudia, el brazo enorme de aquel ser chocó con la mano de la chica, un ruido sordo resonó en el lugar, todos estaban inmóviles. Claudia detuvo el ataque con su mano desnuda. La última sonrió confiada y la lucha entre ambas inició. La bestia cargó con zarpazos a gran velocidad, pero Claudia le detenía y esquivaba con la misma intensidad hasta que el puño de la chica se clavó y deformó el rostro de la muerta para posteriormente lanzarla unos veinte metros contra el muro.

Alejandro caminó para tomar la katana, la desenvainó y observó a Damian y este a él, al segundo siguiente se encontraron chocando metal contra metal, báculo contra katana a tal velocidad que él mismo se quedaba sorprendido. Podía verlo, era rápido, cada golpe era más fuerte que el anterior, la furia dentro de él y la de Damian centellante en esos ojos. Pero por sobre todo estaba impresionado con sus sentidos, podía ver los músculos de Damian moviéndose y reaccionar, podía sentir el aire alrededor cambiando y saber qué ocurría en ese momento.

Rasgó el pecho de aquel ser, pero en su interior tenía pedazos de metal clavados que impidieron que la hoja penetrara. Se escuchó cuando Claudia activo el arma de vacío y detuvo la regeneración del cuarto muerto en la sala desvaneciéndole por completo. El muerto gordo abrió la boca y de ella salió una lengua de casi dos metros de largo, y de un salto con giro tiró el arma de las manos de la chica para luchar cuerpo a cuerpo contra ella.

Alejandro sintió el puño del muerto clavarse en su pecho y el impulso al ser bombeado contra la pared contigua, los huesos de su esternón rotos y la sangre llenando la cavidad pulmonar, la presión decayendo lo cual ocasionaría su ahogamiento en sangre… Pero la sangre dejó de fluir y tomando aire con fuerza sus pulmones se llenaron, la presión obligo a los huesos a regresar a su posición donde comenzaban a soldarse nuevamente. Saltó a la lucha nuevamente, esquivó la patada de aquel ser, giró sobre su cuerpo, clavó su espada pero esta no logró penetrar en el pecho y recibió otro golpe en su rostro.

Si él creía que lo que sucedía con su cuerpo era algo sorprendente, al voltear y ver a Claudia quedó sin palabras. La chica se movía al triple de su velocidad, era tan rápida que mantenía una lucha encarnizada con el muerto gordo y enorme y la mujer alta al mismo tiempo y él apenas podía seguirle con la vista. De pronto el sujeto gordo salió disparado hacia arriba y chocó con el techo a treinta metros de altura y este junto con los pedazos de concreto cayeron.

Golpeó, le golpearon, pateó, esquivó y giró sobre su mano para mantener el equilibrio y continuar la lucha, no podía entender su cuerpo pero era obvio que estaba a un nivel superior. Esquivó el brazo del muerto y golpeó su abdomen, una, tres, diecisiete veces seguidas en tres segundos. Sus puños se rompieron al chocar con el metal, pero continuó golpeando sintiendo como los huesos y órganos internos se rompían. No importaba, no servía de mucho, se repararía a sí mismo. Pateó la cabeza de Damian y le sacó de vista.

A su lado estaba el muerto gordo con un agujero que cubría la mitad de su cuerpo, partiendo su cabeza por la mitad, se sujetaba el cerebro con la mano mientras los órganos caían esparcidos de su torso rasgado. Claudia no luchaba con la mujer, estaba jugando con ella, esquivando sus garras una tras otra con una sonrisa en su boca mientras sujetaba nuevamente el arma de vacío en sus manos.

La chica pareció cansarse del baile y pateó la cabeza de la mujer sacando el hueso atlas de orbita con la columna vertebral. La carne se rasgó como tela y la cabeza cayó a un lado de su cuerpo, cuatro disparos después el gordo y la mujer no existían.

Alejandro necesitó un instante más de lucha en el cual Claudia se limitó a observar. Fue necesario observar la sucesión de los golpes de un confundido e iracundo Damian. Confundido por la presencia de ellos dos a pesar de haberles matado y por la fuerza que poseían ahora, iracundo por el miedo ante una muerte inminente. Alejandro primero cortó su brazo izquierdo, luego el derecho para frenar sus movimiento, el final se apresuró y clavó la katana en la cabeza cercenada que luego Claudia eliminó.

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