CAPÍTULO 8. UNA TAZA DE TÉ

 

Era el primer viernes en el castillo y Harry ya deseaba que fuese fin de semana, las tareas fueron extensas y Hermione era aún más estricta con las sesiones de entrenamiento que el mismo Sirius. Parecía hallarse emocionada con la capacidad de Harry de realizar diversos hechizos y cada vez traía mayor cantidad de libros a la sala común o al aula vacía del séptimo piso, para practicar todo lo que se le ocurría. Había aprendido al menos cinco nuevos hechizos y logrado transformar un centenar de cerillas en agujas para el día jueves, aunque, a final de cuentas todas las cerillas regresaron a su estado original al paso de una hora o dos. La razón según Hermione, se debía a que los hechizos no eran eternos, su duración dependía de la cantidad de magia impresa en el acto y del mago que realizaba el hechizo. Y esto se cumplía tanto en hechizos, transformaciones o creación de objetos mágicos. 

Solo magos de gran renombre o poder eran capaces de realizar encantamientos que duraban años, o incluso siglos.  

Harry se hallaba en el gran comedor tomando su desayuno sintiendo cansancio y entumecimiento en sus brazos. Aunque, no podía quejarse de aquello, el mismo había incentivado los entrenamientos luego de observar que la principal clase, defensa contra las artes oscuras, fuese un desastre e inútil.

Quirrell había sido un fiasco y las horas en su aula un tormento inimaginable. El miércoles solo tuvo clase de herbología nuevamente en horas de la mañana, debido a que las clases de vuelo de las once iniciaría la semana siguiente. Luego fue una clase casi a medianoche en la torre de astronomía. Misma que al salir casi ocasiona que Filch, el celador, les quisiera imponer un castigo por moverse por un pasillo que no era el más rápido hasta el piso siete y su sala común. Afortunadamente McGonagall escuchó el lamento de Hermione y Neville y aclaró la situación.

El jueves tocó nuevamente encantamientos y teoría de la magia. Clase que según Hermione sería fascinante luego, cuando comenzaran a explicar los principios básicos sobre la magia, y no la historia de cómo los hombres de las cavernas iniciaron sus primeros hechizos con la obtención del fuego y moldearon su magia a partir de esta. La clase era impartida por la profesora Bathsheda Babbling, misma que según Hermione daba clases de Aritmancia, pero por ahora Harry estaba más interesado en la práctica que la teoría, y los siete pergaminos de tarea que dejó, fueron horribles de realizar bajo órdenes de la capataz Hermione. Cosa que no era comprensible teniendo en cuenta que apenas era la primera semana de clases. 

Fue entonces cuando a mitad de su plato de avena sintió el picotazo de un ave contra su enmarañado cabello— ¿Qué? ¿Qué quiere esta ave? 

—Tienes correo Harry— Expresó Neville al frente. 

—¿Yo? ¿correo?— Inquirió el chico. 

—Harry, la lechuza te está picoteando porque tiene correo para tí— Apuntó Hermione riendo ante las escena. 

Por su parte el chico agarró con cuidado la pata del animal para desenrollar un pequeño pergamino, sentía que en cualquier momento sería picoteado nuevamente, pero el animal se irguió con orgullo de haber realizado con éxito su misión. 

—¿Quién me puede escribir a mi? Sirius puede hablarme por los elfos o el anillo— Comentó Harry abriendo la nota para notar una letra desigual en la misma. 

 

Querido Harry, 

Sé que tienes las tardes de los días viernes libres, quería saber si te gustaría pasar un rato conmigo en mi casa y tomar una taza de té. Además te he comprado un regalo de cumpleaños, que creo que he pasado por alto todos estos años y deseo compensarlo. ¿Te parece a eso de las tres? quiero que me cuentes sobre tu primera semana. 

Hagrid

 

—Oh, es Hagrid invitándome esta tarde a tomar algo de té— Expresó Harry ante Hermione, cuando la lechuza lanzó un ulular largo en dirección al chico y este se apartó con miedo de ser picoteado nuevamente. 

—Debes enviar una respuesta, la lechuza está esperando que envíes una respuesta— Explicó la niña. 

—¿Cómo confían en estas cosas?— Preguntó Harry escribiendo una breve respuesta “Si, gracias”. El ave se retiró de inmediato y el chico pudo terminar su comida mientras escuchaba una historia de Neville y de cómo se perdió el día de navidad persiguiendo un gnomo de jardín cuando tenía cerca de cinco años. 

La primera clase de aquella mañana fue Herbología, la cual tenían tres veces a la semana. El día viernes solo era una hora, durante esta agregaron abono y limpiaron las hojas de sus árboles revitalizantes. Posterior a ello fue la clase de posiciones junto a los de Slytherin esta era impartida en el primer piso cercano a la entrada a los calabozos y catacumbas del castillo. 

El salón se hallaba iluminado y caliente, sin embargo a Harry le parecía lúgubre por alguna extraña razón. O quizás era la compañía de Malfoy, quien había bromeado nuevamente preguntando si alguien había visto a una elfina doméstica, pues a Harry se le había perdido su novia. 

Al entrar todos guardaron silencio ante la mirada de un hombre de cerca de treinta años, cabello negro algo grasiento y peinado de forma metículosa, ojos negros a la par de su túnica. Su semblante era serio en extremo y miraba con desdén a cada uno de los presentes a medida que tomaban asiento. 

—No quiero ninguna varita afuera. Ustedes son un peligro para la sociedad actualmente, no deseo hechizos involuntarios en mi clase, a no ser que deseen pasar esta noche en los calabozos del castillo— Hizo un silencio dirigiéndose al pizarrón— Mi nombre, como muchos ya sabrán es Severus Snape, profesor de pociones y jefe de la casa de Slytherin. Pasaré la lista para grabarme sus nombres, no quiero ningún ruido mientras hablo a excepción de la palabra “presente” cuando me refiera a ustedes— Extendió la última sílaba y sacó una lista de su túnica, no tardó en llegar al nombre del chico— Ah, Harry Potter, nuestra nueva celebridad— Se posicionó al frente y dirigió una mirada llena de desprecio antes de continuar con la lista. 

—Pociones es una de las materias más incomprendidas e infravaloradas que podrán ver a lo largo de sus cortas vidas. No planeo que ninguno logre entender la belleza de un caldero hirviendo a fuego lento y la sutileza existente en los brebajes. Pero puedo asegurarles que esto, aunque no lo crean, es magia antigua, una que probablemente sus cabezas huecas jamás lleguen a comprender. Si prestan aunque sea una pequeña parte de atención les enseñaré a embotellar la suerte, a hechizar a sus enemigos, poner un alto a la muerte o incluso causarla sin dejar ningún rastro— Hubo algunos murmullos en el salón y el ambiente se volvió tenso— Lamentablemente me suelen tocar alcornoques como alumnos y no hay mucha esperanza para mí en sus rostros— repasó a los presentes. 

—¡Potter!— Harry sintió un corrientazo llegar a su cuerpo cuando pronunció su nombre y alzó la vista de pronto— ¿Qué obtengo si agrego polvo de raíces de asfódelo a una infusión de ajenjo?

Harry abrió los ojos y repasó mentalmente, Kreacher preparaba aquella cosa del ajenjo, pero no sabía bien la respuesta, sabía que era algo para mejorar la ingesta, pero hasta allí llegaba su memoria. A su lado en cambio Hermione tenía la mano alzada— Algo para la digestión ¿quizás?

—No sé si intentas adivinar o tratas de ser gracioso Potter— Aquella mirada de ahora Harry si estaba seguro que fue llena de desprecio y sintió por un instante un breve ataque de ira. No le agradaban aquellos ojos— Pero vamos a darte otra oportunidad ¿Dónde buscarías si te digo que me encuentres un bezoar?

Esa si se la sabía, conocía los bezoars, en la casa Black había una pequeña caja azul con aquellas piedras extrañas— En un armario señor. 

Las risas se extendieron por el lugar, Hermione le dedicó una mirada llena de indignación mientras que Snape frunció el ceño— Cinco puntos menos para gryffindor, por la gracia del señor Potter. Muy gracioso. 

—¡Pero en mi casa hay bezoars, en el armario. Sirius siempre los mantiene allí!— No comprendía el alboroto con el asunto, ni las risas del resto. 

—Ah, cierto que vives con Sirius. Conozco bastante bien al pulgoso de tu padrino— Comentó Snape— Puedo entender de dónde viene tu desdén hacia el resto, y las normas ¡Otros cinco puntos menos para Gryffindor, por el descaro del señor Potter!

Harry había estado a punto de sacar su varita y embrujar a aquel profesor, pero fue interrumpido por otra pregunta. 

—¿Cuál es la diferencia entre acónito y luparia, Potter?— Le interrogó. Harry notó la mano de la chica a su lado alzada. Había escuchado de la luparia, pero no prestó atención a su libro sobre hierbas y hongos, no era el que le producía interés. 

—No lo sé— Expresó intentando calmarse— Pero Hermione si lo sabe, señor, podría preguntarle a ella. 

—Arrogante, siéntese señorita Granger. Para su información, señor Potter. Asfódelo y ajenjo producen una poción para dormir llamada Filtro de Muertos en vida. Aunque si, el ajenjo se usa para mejorar la digestión. Un bezoar es una piedra que se saca del estómago de una cabra, no de un armario. Le aseguro que los armarios no producen piedras que sirven para contrarrestar toda clase de venenos. Y acónito y luparia son la misma planta. ¿Están todos apuntando mis palabras?— Dio media vuelta tomando su túnica de forma casi teatral— El día de hoy haremos una poción simple para curar el acné y forúnculos— Con esto empezó a anotar una serie de ingredientes en el pizarrón. 

La clase en sí no era una pérdida de tiempo, pero las expresiones del sujeto y la forma en la cual trataba a los alumnos de gryffindor era despreciable, algo evidente además, debido a que a los de Slytherin casi no les hacía observación alguna, a pesar de cometer los mismos errores en la elaboración de la poción. Harry se sentía frustrado por aquello, motivo por el cual trato de prestar mayor atención a las instrucciones al momento de realizar la mezcla. Al final de las dos horas tenía una solucion de color azul marino, algo bastante semejante al azul grisaseo que según debía tener la poción y que Hermione logró sin percance. 

Casi pensó que nada más saldría mal, cuando del caldero de Neville brotó un ácido humo verde con un olor alarmante que dio directamente contra su rostro. Neville se lanzó al suelo gritando de dolor mientras que el resto de la clase se subió a las mesas escapando de aquel humo. 

Llagas del tamaño de flores comenzaron a brotar del rostro del chico que se revolcaba en el suelo— Niño idiota, añadiste las puas de erizo antes de apagar el fuego de tu caldero. ¡Llévenlo a la enfermería!— tapó el caldero antes de agitar su varita y sacar aquel ácido humo por una ventilación— ¡Y tú Potter!— Harry dio un salto girando la cabeza, había estado centrado en el hecho de que Dean ayudaba a Neville a levantarse del suelo— ¿Por qué no ayudaste a Neville? ¿Pensaste que si él lo hacía mal, tu quedarías mejor, no es cierto? ¡Cinco puntos menos para gryffindor, por tu falta de consciencia!. Fue todo por la clase de hoy. Dejen sus nombres en sus calderos, los examinaré luego. 

No tuvo siquiera tiempo a objetar, algo que pensaba hacer incluso si Hermione a su lado fruncía el ceño y negaba con la cabeza. Debió limitarse a guardar sus útiles en la mochila y salir cuanto antes del salón, antes que Snape decidiera que su respirar le molestara y quitase otros cinco puntos a gryffindor.

—¿Qué rayos fue eso? ¿Qué le hice a ese profesor? ¿Le molesta que tenga una cicatriz acaso?— Preguntó Harry al salir del aula, pero recibió un par de risas de los chicos y chicas, a excepción de Hermione. 

—No lo sé Harry, si admito que fue bastante severo contigo. 

—¿Severo? La profesora McGonagall es estricta, lo de Snape fue totalmente injusto, me quitó puntos hasta por respirar. Perdí todos los puntos que hice esta semana en un solo día— Expresó Harry caminando enojado. 

—Es el jefe de Slytherin, quizás tiene algo contra los de gryffindor. No digo que deba ser así, solo me parece que puede ser una razón. ¿No viste como acosó a Neville y a las gemelas Patil?

—Pero solo a mi me lanzó las preguntas tontas esas y me quitó puntos por ellas. 

—Bueno, las preguntas no eran muy difíciles Harry, si hubieses leido el libro de poción y los de hierbas… 

—Hermione, tu levantaste la mano, lo sabías y te mandó a sentar. Creo que Snape tiene algo en mi contra, tendré que preguntarle a Sirius, lo llamó pulgoso. 

—Por la edad entendería que conozca a tu padrino— Comentó Hermione— Mejor dejemos estas cosas en la sala común y vayamos a comer. Quiero además averiguar sobre el hechizo escudo. Anoche leí que en la edad media conjuraban un escudo que les protegía de proyectiles y espadas. 

—¿Para qué quieres aprender un hechizo que conjura un escudo?— Preguntó Harry.

La niña se ruborizó— Pensé que sería una buena combinación con tu hechizo protego— admitió. 

—¿Tú cómo vas con el hechizo?— Preguntó Harry. 

—Ya lo logré, pero como te dije, es muy débil en comparación con el tuyo. 

—Yo tengo años practicando ese hechizo, puede ser la razón— No deseaba darle mayor cantidad de vueltas al asunto— Yo comeré y luego iré con Hagrid, ¿quieres venir? Te lo puedo presentar. 

—¿Es el cuidador de los terrenos del castillo, no? escuché a las chicas decir que entra al bosque prohibido, pero no sé Harry, te invitó a tí, no a mi. 

—No habrá problema, conozco a Hagrid desde hace años, es buena persona. 

Tres horas, un paseo por la biblioteca y una carta a Sirius, después, se hallaban en la puerta de la cabaña de Hagrid a las afueras del castillo. El hogar del semigigante se hallaba en los terrenos de la izquierda, justo al lado de una tierra de cultivo y frente al inicio del bosque prohibido. La zona rocosa no era la mejor para la siembra, pero el frío ayudaba a cosechar algunas plantas, además que Harry estaba seguro que siempre había ayuda mágica para mejorar las cosas. La cabaña era una sola pieza que desde el exterior lucía bastante pequeña, aún más para un semi gigante como Hagrid. 

Tocó la puerta y escuchó un par de arañazos y ladridos— ¡Fang! ¡Atrás! ¡Calma Fang!— La puerta se abrió para mostrar el rostro bonachón que iba acompañado de un cuerpo de casi tres metros de alto— Hola Harry, veo que traes compañía. 

—Ella es Hermione, va al mismo curso que yo— Comentó Harry y la niña bajó la cabeza levemente en señal de saludo. 

—Un placer Hermione. Bueno, pasen, pasen. Afuera hace bastante frío, parece que este año el invierno quiere llegar antes. 

El interior del lugar era mucho más grande. Al fondo de la estancia se visualizaba una cama llena de remiendos, casi a un lado había un armario y luego una enorme chimenea, en dirección derecha se hallaba una estufa, un pequeño estante lleno de plantas y un mueble, a la izquierda se notaba un librero y unas sillas llenas de objetos y finalmente un tapete donde dormía Fang, el perro el cual Hagrid sostenía en ese instante para permitirles la entrada. En el centro de la habitación como si fuese poco había una pequeña mesa de madera con un mantel floreado encima.

Hagrid finalmente soltó a Fang y este se lanzó sobre Harry derribándole para lamerle el rostro entero. 

—Tiene poca compañía, a cada instante quiere acercarse a los invernaderos a lamer a cuanto estudiante pudiese, debo tenerlo encerrado porque no hace caso a las órdenes— Comentó Hagrid ante la actuación del perro— ¡Fang! ¡A su cama Fang!— El can se separó de Harry y dirigió hasta su tapete, donde se echó lanzando un bufido— Es amigable, pero hay que tenerlo controlado. 

—A mi me parece genial, aunque enorme— Se levantó Harry limpiando su túnica de enormes rastros de pelo canino negro. 

—¿Té? —Preguntó Hagrid ofreciendo una taza a Hermione. 

—Si, gracias. 

—No soy el mejor preparando té, pero creo que es decente. También hay pastel sobre la mesa— Sonrió ofreciendo para moverse hasta la tetera en la chimenea a servir otra taza— ¿Cómo estuvo tu primera semana Harry? Sirius me comentó que decidiste venir a Hogwarts, me imagino que fue por que tus padres estudiaron aquí, eso y que Dumbledore es el mayor mago que existe en la actualidad. 

—Quería conocer Hogwarts desde pequeño— Respondió Harry tomando un pedazo de pastel que estaba duro— Durmstrang enseña magia oscura y me llamó la atención, pero me decanté por Hogwarts a final de cuentas. Tuve que devolver la caja del otro colegio.

—¿Te invitaron a Durmstrang? ¿Es otro colegio, cierto?— Preguntó Hermione antes de casi perder un diente tratando de morder el pastel. 

—Si, enviaron una caja bastante linda, pero mis padres estudiaron acá, y Sirius me había contado muchas historias sobre el castillo, sentí que tenía que venir.

—Puedo recordar a James y a Sirius haciendo travesuras en el castillo, yo en ese entonces estaba intentando aprender cómo cuidar los terrenos, pero siempre les podía ver. ¿Te llamó la atención la magia oscura Harry? eso es peligroso— Expresó el semi gigante— En especial por la magia de sangre y las maldiciones que suelen hacerse, sin contar que todos al ver a alguien realizar magia oscura se ponen muy nerviosos. Es la señal de todos los magos oscuros. 

—Pero tengo entendido que no toda la magia oscura se hace con sangre, o son maldiciones— Comentó Harry— Y que no todos se convierten en magos oscuros. 

—Bueno, si, obviamente depende mucho de quien ejecute la magia y de los fines para que lo haga. Pero es difícil cambiar la percepción de las personas de un momento a otro— Comentó Hagrid. 

—Reino unido ha tenido dos magos tenebrosos en menos de cien años Harry, y eso son aquellos que fueron famosos, sin contar de centenares de seguidores. Es normal que las personas sean muy reacias a ver bien a un mago que practique magia oscura— Expresó la niña dejando de lado el pastel y tomando un par de sorbos de té. Aquella clase de conversaciones eran densas e interesantes, Hagrid había mencionado incluso un término desconocido para ella que debía averiguar después en la biblioteca. 

—Sirius cree que es posible que exista otro mago oscuro ahora, o al menos es una de las teorías que especulan sobre el robo a Gringotts que hubo el día que nosotros fuimos al callejón Diagon. Atacó la cámara setecientos trece, estaba casi al lado de la nuestra— Comentó Harry— Lo pudimos ver. Sirius debió atacar para protegerme a mí y al duende a nuestro lado, luego llegó otro montón de duendes y se convirtió en una batalla. 

—¿Fue la cámara setecientos trece la que intentó robar Harry? ¿Estás seguro de eso?— Preguntó Hagrid tragando de pronto un pedazo de pastel de una sola bocanada. 

—Claro, como te dije estaba muy cerca de la de Sirius la setecientos once, casi estaba al lado de nosotros cuando pasó el robo— Aclaró Harry. 

—Que bueno que vacié ese día la cámara— Expresó el semi gigante limpiando parte de su barba llena de té. 

—¿Tu vaciaste esa cámara Hagrid? ¿Por eso te vimos ese día en el callejón? 

—El profesor me envió y… No es un asunto que debamos conversar Harry. Si, yo vacié esa cámara, pero no puedo decirte nada más al respecto, y agradezco que no hagas ninguna pregunta. Como algo beneficioso te puedo adelantar que sin importar quien fuese, no pudo tomar nada de dicho lugar— El semi gigante fue tajante en sus palabras y Harry decidió no hacer otra pregunta— Ahora, antes de que se me olvide— Comentó Hagrid levantándose de su silla para dirigirse afuera de la cabaña. Regresó luego de un par de minutos con un paquete envuelto por una sábana— Es tu regalo de cumpleaños, atrasado y por varios que me he perdido— Repuso Hagrid frunciendo un poco el ceño— Soy un poco perdido con esas cosas. 

—¿Cumpliste año? ¿Cuándo fue?— Preguntó Hermione casi saltando de la silla, pero Harry se hallaba absorto recibiendo su regalo. Se hallaba apenado, no solía recibir nada salvo de los elfos y Sirius. 

—Fue hace casi un mes, el treinta y uno de Julio, solo que yo ese día estaba ocupado y lo pasé por alto— Respondió Hagrid entregando el paquete. 

Harry abrió los ojos al quitar la sábana, bajo esta había una jaula con una lechuza totalmente blanca como la nieve. La misma se hallaba despierta y le miraba con ojos ambarinos muy tranquilos— Gracias Hagrid, no era necesario que te molestaras. 

—Sé que no era necesario, pero quise darte algo, y los sapos son feos. En cambio las lechuzas los chicos las usan para enviar cartas, y los dragones están prohibidos. Yo habría sido feliz si alguien me hubiese regalado un dragón, aún me encantaría uno a decir verdad— Sonrió el mayor. 

—Es muy bella Harry ¿Tiene nombre?— Inquirió Hermione viendo al animal. 

—Hasta donde sé todavía no tiene uno— Comentó Hagrid— Queda de parte de su dueño colocarle un buen nombre. Algo que haga juego con su nueva lechuza. 

— Ya se me ocurrirá un nombre. Gracias de verdad Hagrid, es muy linda. 

—Bien ¿Qué tal estuvo tu primera semana?

—Pues fue ¿interesante?— No sabía cómo explicarse ante el semi gigante— Encantamientos y transformaciones son lo mejor, luego quizás estaría herbología, historia de la magia y teoría mágica. Quiero decir, no son geniales, y son algo aburridas, pero al menos no son desperdicio. Y luego está defensa contra las artes oscuras y pociones, si me lo preguntas lo peor de la semana— Comentó Harry y la niña a un lado soltó una leve risita. 

—¿Defensa y pociones? ¿Por qué crees que son tan malas Harry? entendería que los chicos se obstinasen de historia de la magia, pero defensa y pociones son, bueno, son clases prácticas. 

—Quirrell solo sabe hablar sobre sus viajes y siquiera abrimos el libro en toda la clase, y Snape parece que me odia. Se dedicó toda la clase a hacerme preguntas y a restarme todos los puntos que gané en la semana.

—¿Snape? no tiene sentido que Snape haga algo como…—  Hagrid de pronto hizo un silencio y suspiró profundamente— No tiene sentido, es un profesor, y los profesores no pueden tener preferencias o demostrar odio a sus alumnos. 

—Pues así fue, me quitó como quince puntos, ¿o fueron veinte?

—¡Tonterías! probablemente busca ser algo estricto contigo. Snape, estudió en el colegio en el tiempo de tus padres. Puede sentir que debes rendir aún más que los demás— Comentó Hagrid mirando en dirección a la ventana, pero Harry no se sintió seguro respecto a aquello. 

—No sabía que cumpliste años Harry. 

—Siquiera estábamos en el colegio todavía, no te preocupes. ¿Tú cuando cumples año?— Preguntó él. 

—El diecinueve— Comentó ella— aunque no tienes que regalarme nada, mis padres siempre suelen regalarme algo de ropa y libros todos los años. 

—¿De este mes?— La chica asintió con la cabeza mientras subían la ladera en dirección al castillo de Hogwarts. Harry sacó cuentas en su cabeza, aquello era como dentro de dos viernes. 

Leave a Reply

Your email address will not be published.