CAPÍTULO 8. INESPERADA VISITA

—Alicia— Hablaba por el intercomunicador — ¿Estás…?

—Si Alejandro —Contestó la chica con tono alarmado.

—Tranquila, sigo bien, solo quería avisarte que… lo más probable es que no regrese hoy, sino hasta mañana, cambio.

—¿Qué? ¿Por qué?

—Sucedió algo inesperado, cambio.

—Pero tu dijiste que…

—De verdad tengo ganas de regresar, verte, conversar. Pero lo que sucedió es urgente, cambio.

—¿No te han mordido verdad?

—No, te dije estaba bien — Alejandro respiró profundo — Es solo que iré adonde se esconde el grupo de Yoshua, cambio.

—¿Por qué? Tú lo viste, ese chico fue el que guio a Verónica hasta nosotros anoche — Hubo un silencio corto — ¿Dónde estás? Yo iré contigo.

—Déjame explicarte, y escucha claramente, fui a ver al grupo de Veronica. Esta se encuentra desaparecida, así que su grupo quedó sin ayuda. Luego recibí una noticia sobre un grupo de sobrevivientes que se acercan a nosotros, pero temo que Yoshua planea algo macabro. Creo tener un plan, pero debo cerciorarme de sus intenciones primero, así que iré hasta él.

—¿Crees tener un plan Alejandro?

—Es una expresión.

—Olvida todo eso y regresa ¿Qué importa esa gente?

El chico se quedó pensativo — ¿Y si los matan Alicia?

—Dios mío, pero entonces significa que te estás colocando en peligro…¿Y si te sucede algo a ti? cambio.

Alejandro se mantenía encerrado en la edificación, la bicicleta pegada a la pared, y afuera una decena de jadeantes y olfateadores buscándole — Se podría decir que sí, pero es algo necesario, tranquila. Creo saber cómo actuará Yoshua, por eso tomo el riesgo, de no fallar mis cálculos estaré contigo al amanecer, cambio.

—¿Seguro? ¿Y si te dispara?

Escuchó el silbar de las balas cortando el aire, por lo cual se lanzó al suelo — Totalmente, espérame ¿sí? Cambio y fuera.

(UNA HORA ANTES)

—Entonces según su historia señor Alejandro ¿Yoshua nos ha preparado una trampa?

—En efecto.

—¿Y cómo saber que usted no planea lo mismo?

Todos estaban cerca de él, era casi como sentir la presión del resto sobre su espalda, razonó rápidamente ante la expresión de Sara exasperada ante su silencio — Creo que deberá confiar, ciertamente no hay forma en que pueda estar seguro de ello.

—No soy persona de brindar confianza Alejandro.

—No creo que tenga opción Milena — Alejandro se cruzó de brazos.

—No soy persona de juegos Alejandro, en este barco se encuentran cuatrocientos supervivientes. Hay suficientes armas a bordo como para armarlos a todos y tomar la ciudad.

—Le diré algo Milena, en su relato hay varias cosas que he notado. Ciertamente usted me contó que la embarcación también se vio sometida a la infección pero que sus tripulantes lograron enfrentar a los infectados matándoles y lanzándoles al mar, pero el hecho de que usted no llegase directamente a este puerto bajando a sus cuatrocientos hombres y arrasando la ciudad me dice que sus cuatrocientas personas no están preparadas para ello. También me indica que usted tampoco tiene esas intenciones, además sabrá que, a la hora de un enfrentamiento en tierra, cualquiera que conozca la zona tendría ventaja estratégica. Lo segundo es que, aunque menciono a su amigo Vladimir, y ambos están capitaneando el barco no creo que ustedes fuesen los primeros dirigentes. Lo cual me hace pensar llegaron allí mucho después de la infección, por ultimo tampoco me ha llegado a decir que necesita exactamente de la ciudad, y porqué está interesada en saber si algún médico ha experimentado biopsias con los cuerpos infectados.

—No creo deber explicaciones…

—Pues yo creo que sí, porque si alguien te puede ayudar en este momento soy yo.

—¿Cómo podrías ayudarme? Por tu voz se nota que no eres más que un niño.

—Tengo los planos de la ciudad. La conozco de arriba abajo, he caminado por ella todos estos días de infección. Sé dónde podrías caminar sin ser vista y por donde te matarían al primer intento. Además, he diseccionado a un muerto — Mintió, pero mantuvo el mismo tono de voz de cuando dijo las demás cosas que eran ciertas. Por otra parte, había dejado unas cuantas cuadras atrás los cuadernos del padre de Alicia. No era del todo una mentira.

—Eres listo muchacho — Hubo un silencio y un par de voces discutiendo, una de ellas muy ronca — ¿Qué sucedería si te dijese existe una manera de acabar con esta pandemia? Pero para ello necesito que alguien separase ciertas cepas de muestreo en los primeros estadios de la infección — Alejandro se quedó paralizado ante tales palabras, Sara estuvo a punto de hablar pero le recomendó hacer silencio — Pero hay muchos inconvenientes, y necesito implementos que solo puedo conseguir en tu puerto, así como usar la refinería petrolera de tu ciudad, allí podríamos procesar combustible.

—Comprendo, para la embarcación.

—No Alejandro, usted no entiende. Yo necesito combustible para un cohete espacial…

Alejandro estaba impactado, guardó silencio razonando toda la información — Creo que me caes bien Milena, diré desear creer en tus palabras, aunque me suena a sueño demasiado esperanzador. Pero la información que me das me hace pensar mucho más sobre Yoshua — Soltó el botón comunicador y miró a Tomás así como a su nieta que le acompañaban — Yo la verdad no creo que Yoshua vaya a darle el uso de la refinería, lo más seguro es que montará una trampa, y luego se apoderará de la embarcación.

—Miau los gatos maúllan — Claudia se acercaba al chico. Este le acarició el cabello, le caía bien aquella niña inocente.

—Investigaré un poco el día de hoy ¿Te parece Milena si nos vemos mañana al mediodía? Creo que hay un par de puntos para conversar en persona.

—Suena como algo más confiable, aunque no me subestimes, iré armada.

—Está bien, pero ¿Podría ser en la bahía que está al este de la ciudad? En un bote pequeño, que nuestro amigo no pueda verte.

—Está bien Alejandro allí estaré — Soltó el intercomunicador, Sara saltaba de alegría y el viejo le veía complacido.

—Parece que algunas mentes jóvenes son muy valiosas, me parece has manejado muy bien la situación, aunque he quedado con muchas dudas — Tomás buscaba de sentarse.

—Yo también tengo las mías, toda esta situación suena muy rara, pero no creo que Milena esté mintiendo. Sería un cuento muy elaborado para ser mentira, además tiene sentido el intentar procesar combustible aquí ya que a las afueras de la ciudad tenemos la refinería…— Alejandro reaccionó a sus propias palabras — Señor Tomás, usted sabe si Yoshua sabía de este plan, según lo que me cuenta él y Verónica salieron ese mismo día a las afueras de la ciudad, no creo que hubiese sido una coincidencia ¡Se dirigieron a la refinería! O al menos eso pienso yo ahorita.

—Pareces que conoces muy bien a Yoshua —Inquirió Sara.

—Lo suficiente, me he topado con él un par de veces, de las cuales nunca he salido muy bien parado. Pero estoy seguro de que no planea seguir el plan de Milena, tiene el suyo propio, y no nos incluye a ninguno de los presentes ni tampoco a los supervivientes de ese barco.

Claudia se levantaba del suelo y miraba al chico fijamente— Tu eres alguien raro… — Lo miraba con ojos desorbitados — Me agradas…

—¿Qué se puede hacer? De todas formas, mañana hablarás con Milena, yo iré contigo y me aseguraré de que no nos times — Sara daba un paso adelante.

—No tengo intenciones de llevarte conmigo — Alejandro la miró de soslayo, en ese instante un ave aterrizó en una ventana aledaña picoteando la misma fuertemente, parecía observarles. Se movía un poco y alzaba el vuelo nuevamente devolviéndole la respiración al chico — Por poco pensé que entraría.

—Lo han intentado muchas veces — Tomás entrelazó sus dedos a la altura de su mentón — La verdad me entristece que digas no te llevarás a mi nieta, en realidad pensaba pedirte te las llevases a ambas, temo por su seguridad aquí adentro.

—¡Abuelo!

—¡Miau!

—Entiéndanme chicas, estoy consciente de que no puedo cuidarlas, por esa razón vine donde Verónica— Hizo una pausa — Comprendo que sería mucho pedir el que cuidaras de ellas, representarían una carga. Pero ve las cosas desde mi punto, son niñas, deben vivir. Yo no puedo llevarlas a ese barco, no tengo las fuerzas para ello.

—No es solo eso señor Tomás, ahorita mismo dudo poder salir a la calle con ellas dos, no creo ser capaz de protegerlas, por otra parte, estoy pensando no dirigirme a mi casa, sino a confrontar a Yoshua a fin de averiguar qué trama.

—¿Abuelo cómo puedes confiar en este extraño?

—Cuando tienes mi edad, te das cuenta de que Dios siempre nos envía señales de qué camino tomar, solo que, muchas veces no tomamos ese camino. Este muchacho es digno ejemplo, no creo que esté aquí por casualidad, algo le impulsó a venir, y apareció frente a nosotros en el momento más apropiado, y como has visto ha logrado algo que yo pensaba imposible, acaba de hacernos ver un rayo de esperanza.

—Usted me recuerda a Alicia, ella habría dicho algo así también.

—Pues entonces escúchala, escucharla podría ser beneficioso — El viejo paso su vista de Alejandro a su nieta mayor — Hija mírame, mírame bien. No es fácil, pero un hombre como yo, a mi edad aprende a ver cuáles son sus limitaciones. Haré lo que sea para que ustedes dos estén bien.

—¿Entonces nosotros nos quedamos aquí cruzados de brazos confiando en este chico?

—No puedo decirles que vendré mañana — Observó su reloj, marcaba las seis — Pero, podría enviar a alguien y después, según lo que pactemos mañana veremos si necesitan movilizarse o no. Conozco al grupo que vive en la montaña. Armando es un militar que perdió su hija recientemente mordida por un muerto. Las cuidaría — Tomás asentía a sus palabras— Por ahora necesitaré su colaboración en dos cosas, la primera, necesito municiones para poder salir de aquí.

—Tenemos suficientes abajo, despreocúpate por ello.

—Lo segundo es que deberán hacer una trampa. Deberán protegerse y sobrevivir unas horas. Si pudieran, incluso actuar como un equipo. Yo les explicaré cómo…

Media hora después salía del lugar montado en una bicicleta, con ropa cambiada y solo su par de Berettas, debido a la hora cruzaría la ciudad a toda velocidad, no podía permitirse un exceso de equipaje, y su rifle no le ayudaría en tal situación. Sería algo arriesgado, los jadeantes le perseguirían, pero si lograba esquivarles y llegar a la zona de Yoshua estaría salvado — De preferencia me querrías matar frente a tus ojos cierto, temes a la competencia — Razonó a sus adentros riendo un poco descendiendo por la colina, observado desde lejos por Sara y Claudia, rumbo a la base de aquél chico. Aunque ya tenía una buena idea de dónde estaría dada la actual situación.

—¿Por qué se va el gatito? — Preguntó Claudia a su hermana viendo al chico desde lo lejos.

—Porque es un idiota, pero tranquila regresará pronto y podrás jugar con él…

—¿Vendrá?

—Espero… siento que todos vamos a morir aquí adentro — Respondió desesperanzada la hermana mayor. Apretaba su puño mirando a lo lejos.

Pasada una hora, cerró la comunicación con Alicia, pero le preocupaba ver cómo le rodeaban aquella cantidad de muertos. Al bajar de la planta de tratamiento la pendiente le dio suficiente velocidad. La bicicleta efectivamente no hacia ruido evitando la atención de muchos de los seres, pero luego de un par de cuadras comenzó a sentir las pisadas detrás de sí, por lo cual decidió tomar rutas alternas. Cruzando el puente, bajando por un barranco, y cruzando la ciudad sin llegar a desacelerar en ningún instante. Sentía la presión, sus piernas querían desmoronarse, pero algunos jadeantes le seguían a la par, lanzándole zarpazos a cada instante, para su sorpresa era posible evadirles. La situación se comenzó a tornar insostenible a los cinco minutos de andada, sus piernas comenzaban a ceder en velocidad, y la cantidad de muertos aumentaba. Observaba como un humano olfateador increíblemente corría a su par en cuatro patas, arrastrándose, superándole y rodeándole. Sin embargo, ya se encontraba cerca, y la compañía de Yoshua debía cuidar su territorio.

Cruzó una última esquina buscando algún refugio, se encontraba en la zona del muelle de la ciudad, en la calle aledaña quedaba el malecón, y en una esquina, un edificio abandonado desde muchos años atrás. Paredes gigantes, gruesas blancas y azules. Tomó el callejón cercano, llegando a una puerta metálica abierta, por la cual entró, lanzando la bicicleta y trabándole detrás de sí. De inmediato observó el interior sacando su par de pistolas, afortunadamente la estancia se hallaba clara. La luz del atardecer entraba por una abertura gigante en el techo, el chico tomó nuevamente la bici y subió dos pisos hasta el ventanal más cercano, temía por aquella abertura superior, si alguno llegaba hasta allí, no habría vuelta atrás. Buscó alguna señal de puerta trasera ante aquél temor, más no le halló con la mirada. Por alguna razón ante aquel temor, los jadeantes golpeando la puerta metálica, las pisadas a su alrededor, y la poca munición a su disposición, le sorprendió ver que pensaba en Alicia, así que accionó el intercomunicador.

Sentía el silbar de las balas junto a los gemidos y gruñidos de los muertos, pero no habían señales de vida — Yoshua sabe que estoy aquí, él lo sabe, vendrá, vendrá… — Luego, el silencio, se asomó por la ventana, la noche embargaba la ciudad, y allí abajo, estaban los hombres de Yoshua. Pero antes de que pudiese reaccionar sintió el filo de una espada contra su cuello — ¡Tardaste mucho, ya comenzaba a dudar de que vinieses!

—¡Mi buen amigo! Ya decía yo que era imposible tener tanta suerte en la misma semana como para que te siguiesen sin sentido ¿verdad Alejandro?

Alejandro se levantó sonriendo, todo iba de acuerdo al plan — ¿No me darás la bienvenida amigo?

El camino estaba custodiado, el chico seguía a la comitiva de bienvenida, unos veinte hombres armados con rifles y subfusiles distintos, adelante se observaba una pared gigante y larga, al final de esta había un cerco electrificado, al fondo un gran portón verde, era la entrada al muelle y principal aduana de la ciudad.

—Una pregunta Alejandro ¿Cómo sabías que saldría a buscarte?

—No perderías la oportunidad de matarme en persona ¿verdad?

Yoshua le miró sorprendido, para luego cambiar de gesto — ¡Vamos no hagas bromas pesadas, bien sabes que yo sería incapaz de algo así! Ven, por hoy serás mi invitado de honor… — La entrada era amplia, dos torres se imponían, en las cuales habían cuatro hombres armados vigilantes del horizonte, la zona interior estaba poco iluminada, pero al fondo se observaba un edificio de dos plantas con luces encendidas en su interior — Como podrás notar tenemos una bonita estancia.

—Ya lo noto, y también tienes bastantes hombres a tu mando ¿No? ¿Qué sucedió con aquel tipo fuerte de cuando me lanzaste en el estadio?

—¿Ah? ¿En verdad no habrás creído que un papanatas como él podría manejar un grupo entero, era un musculoso sin cerebro, pero confieso que en un principio lo necesité, primero los hombres debían aprender a obedecer, y él era una imagen perfecta para ello?

—Lo usaste.

—No lo digas de esa manera, lo haces ver como algo, repulsivo — Yoshua reía.

Se acercaban al edificio central, Alejandro notaba como los contenedores gigantes estaban alineados dejando tan solo un frente, una estrategia muy buena a la hora de alguna emergencia — A mí me parece repulsivo.

—Hoy viniste muy amargado Alejandro — Avanzaron hasta el interior donde solo unos pocos de la comitiva entraron, la sala estaba iluminada, cubierta por cajas de alimentos ropa, armamento y camas alrededor — ¿Cómo está Alicia?

—Bien, con eso espero te baste.

—Y bien ¿Me explicarás a qué viniste hasta aquí? Tú, al igual que yo, no eres de hacer visitas fortuitas.

—Ayer me hablaste de un plan, quiero saber a qué te refieres, quiero unirme — No sabía a ciencia cierta cuan verosímil sonaban sus palabras, ciertamente estaba algo nervioso, esperando cualquier reacción por parte del chico, después de todo, aún tenía sus Berettas guardadas en la parte trasera del pantalón sin ser usadas — Aunque mis posibilidades de escapar son nulas… ¡Este sitio parece un hangar! — Pensó.

—Aunque seas mi buen amigo no creo que te pueda confiar mis asuntos a la primera ¡vamos debes entenderlo! ¿Por qué mejor no comemos primero? Debes tener hambre y sed después de huir de esa manera — Caminaron por un pasillo hasta una sala aparte, el piso blanco digno de una oficina les seguía. En el centro se observaba una mesa, habían aunado un plato para él, y en el medio frutas, carne de cerdo frita, papas asadas y arroz. Alejandro observó todo aquello preguntándose cuán grande sería la bodega de aquel lugar, se sentó junto a aquél chico y observó la comida dudoso de comenzar — Bien podría estar envenenada… No, Yoshua tiene algún otro plan, esta no es uno de sus métodos… — Comenzó a comer tranquilamente.

—¿Entonces dices no confiar en mí?

—¿Te extrañaría? Actualmente no se puede confiar en nadie.

—En esa parte tienes razón, pero, pensé ya me tenías confianza, como para ir a avisarme sobre la visita nocturna, y también sobre la naturaleza de los muertos.

Yoshua se exaltó de pronto — ¿Lo averiguaste? ¿Te diste cuenta por qué solo se les puede eliminar destrozándoles la cabeza? ¡Fantástico! ¡Entonces querrás ver esto! — Yoshua se levantó pronto de la mesa. Alejandro no se atrevió a contrariarle, y le siguió los pasos hasta unas escaleras que daban a un piso inferior, una especie de bodega y cuarto de máquinas quedaban allí abajo en un pasado, ahora, el chico abrió una de las puertas. El interior se encontraba completamente iluminado, en ella se hallaban tan solo tres personas, todas ellas vestidas con batas azules y mascarillas en sus bocas, se encontraban examinando una persona sobre una camilla, o al menos eso fue lo primero en pensar Alejandro.

Al acercarse paso a paso notó finalmente lo que tenía frente a él, había un cuerpo de un jadeante colocado de espaldas sobre la camilla, su espalda y cráneo estaban abiertos por la mitad de lado y lado, una escena más asquerosa de lo habitual, dejando entrever sus músculos huesos y una larga masa blanca esparcida por toda su medula espinal hasta el encéfalo y un poco más arriba.

—Señor el treceavo paciente presenta las mismas características, hemos probado todos los sueros, sin embargo, parece seguir mutando y hacerse resistente a todos ellos — Le decía uno de los hombres con batas al tiempo que Yoshua se colocaba un par de guantes en las manos y le pasaba otros al chico.

—¿Qué rayos es eso?

—Buena pregunta Alejandro, y la respuesta es un parásito, o al menos en parte — Contestó Yoshua complacido — He tenido a estos tres señores muy ocupados investigando sobre el tema, y lo que hemos deducido es que hubo una cepa infecciosa que se transmitía por aire, un virus. Infectaba a los humanos por las vías respiratorias, pero por lo visto solo afectó a los muertos, y muy probablemente a las personas con algún tejido muerto, heridas grandes, cosa por ese estilo. Infectaba todos los órganos, tejidos, se metía dentro de las células, pero lo interesante tan solo comenzaba.

Alejandro prestaba atención a cada palabra, el ambiente era aterrador y frio — Tal cual como el Ébola o el virus de Marburgo.

—Exacto, exacto, penetró y se comió los órganos, pero lo curioso es que luego hizo mutar algunas células y bacterias dentro del organismo. Dichas bacterias actuaron como un ente, se dirigieron en grupo al cerebro, aglomerándose, formando esta masa — El chico se acercó al muerto tocando con su dedo aquella masa blanca alojada en su cráneo, al retirarla quedaba una sustancia viscosa — Esta masa se podría decir que se convierte en un parásito, envía impulsos eléctricos al cerebro y la medula ósea, reanimando al individuo con el instinto básico de devorar cualquier ser vivo. Le hace tragar sangre y órganos que terminan siendo necrosados, y al mismo tiempo envía una hormona que mantiene los músculos y sus funciones motoras intactas, claro que sin las restricciones que el cerebro normalmente colocaría al esfuerzo humano, estas bestias logran correr y saltar inhumanamente.

—¿Cómo se dan las diferencias entre los seres?

—Suponemos que, gracias a las diferencias al momento de las infecciones. Cuando son mordidos por un infectado, ocurre el proceso que te acabo de explicar. Lo sorprendente es que toda tarda cuestión de minutos. Aquellos que son lentos es porque no han devorado lo suficiente como para mantener su ritmo biológico, o cuando fueron infectados terminaron sin extremidades, o en cambio son aquellos que ya se encontraban muertos al momento de la aparición del virus, por lo cual sus músculos ya se encontraban previamente destrozados. Los gritones, aquellos que van en cuatro patas, debieron ser infectados por medio de la sangre, al contacto directo con alguna herida, o alguna zona interna del cuerpo, el virus se activa de manera distinta, y las habilidades olfativas y vocales continúan funcionando.

—Es asqueroso…

—¿Asqueroso? Mira esto — Descubrió parte del cuello de aquel ser y descendió hasta el pecho, introdujo su mano sacando un líquido marrón, verde mezclada con sangre, con una textura semejando a un flan sin cuajar — Todo, el resto del cuerpo es esta mierda, un montón de líquido inservible y purulento donde se suponían deberían estar los órganos, pulmones, corazón ¡Todo! Es por ello que esta mierda no es algo reversible, simplemente estos cuerpos ya no sirven, inclusive su piel se va pudriendo poco a poco, solo esta baba cristalina les mantiene.

—Eso quiere decir…

—¡Quiere decir que no hay salvación para nada de esto! Estos condenados cuerpos podrían mantenerse durante meses o un par de años caminando gracias a esta masa. Lo peor es que poco a poco parece ir mutando, el virus, es como si tuviese una inteligencia propia, va buscando defenderse de distintas maneras, inclusive aprendiendo sobre su entorno.

—Por eso anoche uno de ellos llegó a apuntarme con un arma.

—¿Lo has visto? Yo he visto a algunos buscar soluciones simples, como abrir pomos de puertas y buscar salidas o entradas en lugares encerrados, pero tampoco es posible decir que poseen una inteligencia. Solo son residuos de la capacidad cerebral que se ve afectada por los impulsos eléctricos constantes de esa cosa — Se refirió a la masa blanca al tiempo que se quitaba los guantes — No hay salvación, para dentro de unos meses podríamos estar todos muertos, comidos por ellos, sin importar cuantas armas tengamos, pueden haber ya afectado a toda la fauna del planeta, o aquella que no está infectada lo estará en los próximos meses.

—Es por ello que no creíste en las palabras de Milena — Soltó Alejandro.

—¿Cómo podría creer en una cura si…? — Yoshua observó al chico fijamente recuperando su semblante alterado — Así que lo sabes ¿No? Entonces lo comprendes, eso que dice esa mujer es tan solo una mentira.

—No sé mucho sobre el tema, pero no creo que se pueda estar seguro.

—¡Lo mejor que podemos hacer Alejandro es tomar ese barco, y seguir el ejemplo de las grandes naciones, las cuales lanzaron ojivas nucleares sobre las capitales mundiales, así reducir la población de esas cosas, y esperar a que todo pase! — Yoshua se notaba alterado.

—¿Ojivas nucleares? ¿Esa es tu solución? Estás tan loco como cualquiera que les usara antes ¿Qué quedará de la tierra? ¿Qué hay de la radioactividad? Además, para ello deberías primero evacuar las zonas, porque los supervivientes — Alejandro notó una sonrisa sarcástica en la boca de Yoshua al mencionar estas palabras — podrían… Tú no estás pensando en rescatar a nadie ¿cierto?

—¿Rescatar? ¿Sabes? Las personas que están aquí, cada una de ellas están entrenadas, cada uno tiene una labor o algo en lo cual se destacan ¿Por qué habría de rescatar a alguien más? ¿Acaso no lo ves? Esta infección, esta catástrofe es la mayor bendición que pudo recibir este planeta, el exterminio casi total de la raza humana ¡El fin de una era cubierta de sangre llena de desperdicios y mal fundada! ¡Alejandro podríamos fundar nuevas ciudades, con nuevas leyes, donde el orden sea superior! Con las personas más aptas…

—¿Aptas según quién? ¿Tú? ¿Una ciudad fundada bajo escombros y muertes de inocentes?

—¿Desde cuándo eres tan humanista? Yo no maté a toda la gente de este planeta, solo digo que podemos usar esto a favor. Hacer del desastre una bendición.

—¿Desde cuándo eres tan megalómano? — Respondió Alejandro.

—Quizás… desde siempre.

—¿Por qué no me extraña?

—A mí me extraña que ahora seas tan defensor de la vida de los demás Alejandro, recuerdo que un hombre gordo, lucía muy patético, murió por ti. Y tú no te mostraste tan humanitario.

—Raul…

—¿Entonces tu planeas protegerlos a todos? ¿Te sientes preparado para cuidarlos a todos Alejandro? Porque según lo que yo creo siempre has estado solo precisamente por esa razón, el no poder cuidar a nadie — Yoshua dijo aquellas palabras y el chico sintió desprecio — Ayer mismo te viste en un gran problema por proteger solo a Alicia ¡Una persona Alejandro!

—Todo gracias a ti, tú lo planeaste, siento mucho haber arruinado tus “métodos” — Yoshua volteó el rostro.

—¡Tu tuviste la culpa Alejandro! Esa manera de pensar no es buena… ¡Además tomaste los suministros de aquél centro comercial el cual nosotros estábamos custodiando desde días atrás! Esa comida era nuestra, y para mejorar te llevaste contigo al lindo señuelo que habíamos plantado. Alicia resultó ser una niña muy capaz, logró sobrevivir varios días, algo que ciertamente yo no creí posible, pero me resultaba fascinante — Se separó un poco caminando por la estancia — Por otra parte, salieron muchas cosas buenas de ayer, despreocúpate, ejemplo ahora tengo una nueva mascota — Yoshua salió de la habitación en carrera. Alejandro observó a los hombres con batas quienes bajaban la cabeza sin opinión alguna, corrió tras él, siguiéndole por un pasillo aledaño hasta la cámara siguiente — ¡Observa! — Abrió la puerta del lugar, y allí en un cuarto apenas iluminado, gris y con manchas en sus paredes, se hallaba una mujer gorda con ojos negros, su piel grisácea, aquella chaqueta de jean ajustada manchada de sangre, el cabello alborotado la boca llena de sangre, mostrando sus encías al exterior y su expresión desorientada. Alejandró reprimió la respiración hasta notar como aquel ser se hallaba encadenado al suelo, Verónica convertida en un jadeante, luchando contra las cadenas, su sombrero yacía en el piso junto a ella. Se retorcía con fuertes impulsos intentando zafarse al tiempo que extendía todo su cuerpo intentando tomarles.

—¿Linda cierto? — Alejandro se limitó a observarle — No pude dejarla en el lugar, me pareció un trofeo, aunque luego deberá ser abierta para ver qué tan mutada está — Yoshua sonrió.

—Estás loco… enloqueciste Yoshua…

—La mejor parte es que todo salió tal cual lo planee, y ahora tendremos los suministros que aquel grupo guardaba, con ellos podremos disponer de mayor tiempo.

—Siento decepcionarte, pero esos suministros no los tendrás — Yoshua se detuvo bruscamente ante aquello.

—¿Cómo?

—Así de simple, no dejaré que hagas algo de esa índole.

—Realmente no creo que puedas hacer algo Alejandro — Reía lentamente — Ya envié a mis hombres, aunque preparases a aquellos pocos sobrevivientes con armas, no habría mucho por hacer, no podrán combatir con mis chicos.

—Eso lo tengo claro — Alejandro caminó un poco, Yoshua cerraba la habitación donde Verónica se sacudía — Es por ello que hice una trampa para tus hombres antes de venir, así que, estaríamos hablando de un intercambio. La vida de tus hombres a cambio de dejar a los supervivientes del grupo de Verónica tranquilos.

Yoshua desenvainó su espada apuntando al chico — ¿Por qué no podría matarte aquí mismo?

Alejandro había sacado una de sus Berettas y la mantenía firme a la altura del cráneo del chico — No creo que sea una buena opción — Alejandro disparó una vez, la bala rozó el rostro de Yoshua, quien se quedó sorprendido ante tal acto, y prontamente cuatro hombres fuertemente armados les rodeaban. Alejandro no se inmutó ante aquella presencia, su arma seguía erguida y amenazante.

—¡Chicos tranquilos! Creo que podemos salir de esta situación Alejandro, a la manera que a ti te gusta, diplomáticamente.

—Te dije cuál sería el intercambio.

—A mí me parece que mejor sería mis hombres a cambio de tu chica.

Alejandro sintió un escalofrío recorrer su cuerpo, pensó en la seguridad de Alicia, pese a todo, aquel temor por haberle dejado sola no podía demostrarlo en ese momento — No podrás hacerle daño a Alicia…

—¿Alicia? ¿Y quién mencionó a Alicia? — Hizo una seña con la mano y un par de hombres se retiraron, la situación se mantuvo unos segundos, todos se miraban, sudaban ante tal presión. Alejandro mantenía su respiración, aquella espera le ponía nervioso, pero jamás se podría haber preparado para lo siguiente, el par de hombres volvían con una chica la cual se intentaba zafar de sus captores pataleando mientras le llevaban.

Curvas pronunciadas, piel bronceada y aquellos ojos negros que se aguaron al verle allí — ¡Karla…! — Alejandro soltó un grito ahogado ante aquella visión, su mano tembló fuertemente, era algo inesperado. Uno de los hombres tapaba su boca, ella pataleaba y al verle lloraba, se notaba su expresión, aun usaba aquellos chores cortos y la misma blusa que semanas atrás le había visto. En sus brazos se notaban algunos moretones, magulladuras en la cintura, tobillos y muñecas — ¡Tú…! ¡Te mataré Yoshua! ¡Lo hare! — Perdió su tranquilidad, deseaba apretar el gatillo y eliminar la existencia de aquel chico.

—Karla… una chica muy fuerte ¿Puedes creer que en todo este tiempo nunca se ha doblegado con nosotros? Es formidable, y ahora ¿Hacemos el cambio?

Su cuerpo temblaba, ya no era capaz de controlarlo, allí frente a él se hallaba Karla, viva, llorando, y él, repasó sus opciones— ¿Qué hago? — Pensó. Aquella era por mucho la situación más difícil. No podía abandonarla, tampoco al grupo de la planta de agua, pero antes de percatarse soltaba su arma al suelo. Yoshua dio la orden y la chica corrió hasta el tirándole al suelo abrazándole fuertemente.

—¡Idiota te extrañé! ¡Te extrañé! — El llanto rodaba por sus mejillas, más de un beso se plantaba en su pómulo. Él se limitó a sostenerla fuertemente contra su ser. No podía creerlo, sin embargo, allí estaba, y todo su cuerpo se hallaba feliz de tenerla a su lado, de poder abrazarla nuevamente. Las gotas de felicidad recorrían el rostro de ella hasta caer en el rostro de él — Pensé estabas muerto…

—Yo pensé lo mismo, también me hiciste falta, demasiada quizás— Le abrazó con mayor fuerza, ciertamente le había dolido perderla, sintió la ira por su cuerpo, y con esto se levantó separando un poco a una Karla contrariada. Alzó el arma del suelo apuntando nuevamente a Yoshua, esta vez se acercó aún más, el resto del grupo volvió a apuntarle — Perdóname Karla por esto, ahora tengo mayores razones para matarte Yoshua — El aludido retrocedió un par de pasos contrariado — Perdóname Karla porque creo que nos dispararán a ambos luego de esto.

—¡Mátalo! — Karla gritó desde el suelo con su rostro humedecido, Alejandro se impactó ante aquellas palabras — Estuve encerrada en una habitación oscura durante días, pensé que me volvería loca ¡Mata a ese infeliz! ¡Quiero verlo muerto ya! No importa si nos matan luego a nosotros — La chica se levantaba secándose las lágrimas — Valdrá la pena… No te imaginas… ¡Pon una bala entre sus cejas y listo!

—La escuchaste — Alejandro sonrió — Tengo permiso de hacerlo…

—¡Espera! — Yoshua comprendía que ahora la situación cambiaba y el amenazar con matar a la chica no era opción — ¡Recuérdalo! Tú no viniste aquí con intención de matarme, mucho menos e vengar a Karla, sino con intención de salvar a los residentes de la planta de agua, y a tu amada Alicia.

—¿Alicia?

—Y matándome y sacrificándote tú no solucionarás nada — Yoshua cambiaba su semblante nuevamente, dejando pasar el temor por su sonrisa manipuladora — Los planes seguirían marchando aun en mi ausencia, mis hombres tienen órdenes muy específicas.

Karla se sujetaba de su cintura, al tiempo que él bajaba poco a poco su arma, aquél chico tenía razón, pensó en Alicia, aquello le hizo reconsiderar la situación. Era poco beneficioso un sacrificio en esas instancias, ese momento, apretó sus puños ante cierta impotencia que crecía en su interior, pero respiró profundo hasta calmar sus emociones, era ya un hábito que le resultaba de provecho — Me dirás que planeas… — Su pulso se normalizó — Cambiarás la vida de tus hombres por la información y la promesa de dejar tranquilos a los demás.

—Cambiaré a mis chicos por la información, pero me temo que lo otro no te lo puedo ofrecer — Ordenó a sus hombres que bajaran sus armas y comenzó a caminar al tiempo que hablaba — Verás Alejandro, para que algunos vivan otros deben morir.

Karla observaba al chico con odio, Alejandro mientras tanto razonaba, o lo intentaba. A decir verdad, su mente era un revoltijo. Razonaba que el día seis Karla debió de ser llevada por Yoshua y su grupo mientras él se quedó llorándole todo el camino a casa. Una parte de sí sentía dolor, pero otra ira, una ira tan profunda que le escocía en el pecho. No estaba pensando con claridad, estaba dispuesto a dejarlo todo, a matar a Yoshua allí, aunque ello significase que Karla y él perecieran también — No tienes intenciones de ayudar a Milena.

—¡Por supuesto que no! Es algo absurdo, en cambio, esa mujer me acaba de dar una oportunidad única — Se dio vuelta acercándose a ambos — Ese barco, el Armonia, es perfecto para poder salir y tener un puesto de avanzada en alta mar. Un lugar seguro que podría acercarse a la costa para tomar provisiones. Nada como un botecito.

—¿A qué te refieres?

—Alejandro, los muertos no nadan — Sonrió complacido — Mañana mismo se podría barrer la ciudad entera y mientras resguardarse en aquel lindo barquito — Anduvieron hasta una sala, sobre una mesa había un radio transmisor. Alejandro imaginó que obviamente él no había sido el único en pensar en usar dichos aparatos — Ahora dime Alejandro, a qué se enfrentarán mis chicos allá sobre lo cual debo advertirles.

—No pensarás que te diré para que tus chicos simplemente pasen el obstáculo y arrasen con la planta de tratamiento, yo mismo iré…

—Detente allí ¿Y piensas que yo te dejaré irte con Karla a tus anchas?

—No la dejaré aquí contigo bajo ningún motivo.

—Comprendo ¿Entonces qué te parece esto? Te doy el comunicador, tú me dices a qué se enfrentarán mis chicos, y yo mismo iré con un pequeño grupo a buscarles.

—Me parece justo — Contestó Alejandro, al tiempo que Yoshua le arrojaba el radio transmisor — Como sabes solo hay una vía para llegar a la planta, en ella ahora hay un camión estrellado, en su interior hay algo de comida mezclada con sangre infectada, habrá muchos muertos en el lugar, y para pasar…

—Ya veo, una carnicería, me parece que tuviste una brillante idea, al igual que anoche, aunque no sé bien como lo hiciste ¡Perfecto! ¡Chicos! — Llamó a sus secuaces — Saldremos a buscar a nuestros hombres y a destruir esa planta de agua, que se preparen cinco hombres, el resto se quedará, y no me dejen salir a este par…— Señaló a Karla y Alejandro, la primera le mostró su puño y el dedo mediano levantado, pero Alejandro le bajó tranquilizándole.

Al cabo de cinco minutos el grupo de Yoshua se marchó, Karla miraba de mala gana a Alejandro — Dime que no le dijiste la verdad a ese cretino.

—Él habría notado mi mentira, por supuesto que le dije la verdad — Contestó este — Espero que el grupo que era de Verónica sea bastante astuto, además le expliqué al señor Tomás lo que debería hacer en caso de que…

—¿El señor Tomás?

—Alguien del lugar.

—¿Cómo pudiste vender a esas personas? Aunque no las conozca, es algo cruel y bajo, habría preferido morir que…

—Cálmate, el hecho de que le dijese la verdad no implica que vendiese a esas personas, Yoshua no podrá hacer nada al llegar allá.

—¿Por qué?

—Además de los muertos también hay aves infectadas, no podrá huir de ellas, ahora en cambio debemos preocuparnos por salir de aquí — Caminó por la habitación en la cual se encontraba, observando un poco el pasillo aledaño — Está vacío ¡Vamos!

—¿Y cómo saldremos de aquí? ¿Y luego? Ya he estado aquí Alejandro. Si haces algo indebido te encierran en una cámara oscura como un animal. Además, en la parte de afuera hay un montón de personas armadas.

—Lo voy planeando en el transcurso, tranquila — La observó, era imposible no reflejar semejante felicidad — No te voy a dejar aquí — Comenzaron a avanzar a hurtadillas, Alejandro sacó de nuevo una de sus pistolas, cruzó el lugar con una pequeña carrera, tan solo escondiéndose cuando vio un guardia armado pasar. Caminó recordando sus pasos anteriores, hasta dar con una puerta, la abrió lentamente, al tiempo que Karla llegaba detrás de él y pegaba un grito ahogado ante la escena de Verónica encadenada — Ella es mi plan — Y con estas palabras Alejandro disparó primero a una de sus piernas, el resto a la cadena de uno de sus brazos, hasta que esta cedió — Con esto bastará ¡Ahora vámonos!— Indicó al tiempo que dejaba la puerta abierta, adentro la jadeante con mayor libertad de movimiento comenzaba a agitarse fuertemente. La chica le miró asustada, pero él se limitó a correr por el pasillo alejándose del lugar con ella tras sí. A sus espaladas se escucharon pasos y luego un par de gritos seguidos de ráfagas de fuego.

Tomó a Karla del brazo escondiéndola en un cuarto por el cual pasaba, escuchó atentamente pegado contra la puerta, preguntándose si sería un vivo o un muerto quien corría por el pasillo, pero no lo averiguaría en aquel instante. La chica por su parte tocaba su hombro llamando la atención, al darse vuelta se encontró con una sala repleta de armas de todos los tamaños y calibres, afuera se sentían pisadas nuevamente, y despegarse de la puerta no era lo más apropiado, debía saber que sucedía afuera — Esto se pone feo, aunque es bueno encontrarme ahora con este arsenal… — Tomó un rifle y le dio un par a la chica, algunas municiones en sus bolsillos y decidió marcharse. Había muchas armas que habría deseado, pero no tenía tiempo ni lugar en el cual llevarlas, por lo cual tan solo representarían un estorbo, así mismo, los rifles que tomaba eran semiautomáticos sin supresor de sonido. Más no podía identificar que arma serían, por experiencia sabía que el conocer el arma representaba una gran ventaja.

—No sé usar una de estas cosas — Expresó Karla al ver como Alejandro le entregaba aquel rifle gigante a su parecer.

—Es simple, esto de acá es un seguro — Le mostraba una tuerca con un ala pequeña — Le giras y está listo para disparar, esto es un cargador, y se coloca aquí — Le mostraba la zona inferior — Cuando vayas a disparar sostén el arma con ambas manos, una adelante y otra atrás para asegurar el agarre y apoya esta culata contra tu hombro — Enseñaba la posición — Y si necesitas apuntar tan solo observa la mirilla de acá, ajústala según cuán lejos crea se encuentra el objetivo y hala el gatillo ¿Entendiste? Directo a la cabeza siempre, recuerda eso último.

—Yo mejor agarro una de las armas pequeñas… — La chica tomó una pistola entre sus manos al tiempo que dejaba el rifle sobre su hombro. Alejandro no le dio importancia a aquello, abría la puerta un poco, el suelo estaba manchado por una hilera roja, como de quien fuese arrastrado manando sangre, pero del resto no se observaba nadie — ¡Vámonos! — Continuaron su fuga, llegaron al salón, y después al patio delantero. El muchacho se vio atrapado por una mano en su pierna sin previo aviso.

—¡Por favor sálvame! — Era un hombre delgado, probablemente en sus treinta, con una herida en su hombro — ¡No me quiero convertir en una de esas cosas! Es solo un rasguño…

—Alejandro — Exclamó Karla.

—Por favor chicos, no me dejen, estaré bien, estoy seguro de que estaré bien, estoy consciente de ello.

—Estarás bien — Contestó Alejandro, a lo cual la chica se quedó sorprendida y el hombre sonrió.

—¡Estaré bien! Si, lo sé — Temblaba y sudaba mucho, abría y cerraba los ojos constantemente denotando su miedo — No duele tanto el rasguño, estoy seguro de que podré ir con ustedes, les serviría de guía — Apretó con más fuerza la pierna de Alejandro — ¡No sería justo que yo muriese! No, no sería justo, yo he luchado bastante.

—Me imagino.

—¡Sálvenme! No quiero morir aquí…— Alejandro le escuchó, el hombre le miró con un deje desesperado y ojos fuera de su órbita. Sacó el arma y disparó directo a su cabeza con su pistola.

—Alejandro, tú…

—Lo siento Karla, no había nada que hacer. Luego de que te muerden o contagian, no hay vuelta atrás, este hombre lo sabía bien.

—No, me refería a que has cambiado — La chica observó el cuerpo — Aunque he estado encerrada en estos días, lo he comprendido bien, se trata de matar o morir, o ellos o tú. Tan solo no esperaba verte a ti así. Has cambiado de cierta forma.

—Sí, creo que a mí también me sorprende, todo esto, es moralmente ambiguo. Solo intento pensar en que valdrá la pena, en qué habrá un luego — Respondió el chico desprendiéndose de la mano de aquel hombre y siguiendo su camino, el cual estaba despejado.

—Sí, creo que no hay otra salida más que pensar así, aunque se podría decir que tuvimos la culpa por dejar salir a aquella mujer.

—Verónica — Le corrigió él.

—Ella misma, sí, pero era nuestra salida ¿No?

—Tan solo piensa en que debemos llegar a mañana y evitar que mueran más personas.

—¿Sabes? No creo que seas tan distinto a Yoshua, una vez le escuché decir eso mismo, que él estaba dispuesto a matar a cientos si ello salvaba a miles. Aunque Yoshua me cae como una patada en el culo. No sé porque lo dejaste vivo, yo si le habría disparado entre ceja y ceja.

Alejandro escuchó aquellas palabras, mientras observaba el pequeño laberinto de contenedores, intentando saber qué camino tomar — Supongo que tienes razón, solo creo que decidimos tomar lados distintos al comenzar todo esto — Avanzó guiándose por un par de torres, recordando al entrar haberlas observado.

—¿Qué crees que sucediese?

—Verónica. La dejé salir y fue infectando al resto, no esperaban un muerto devorando adentro, luego se infectaron otros, aunque ahorita a la que no me quiero encontrar es a Verónica.

—Yo tampoco tengo ánimo de ver a esa vieja gorda ahorita — Sentenció Karla, recorrían los contenedores — No sé bien el porqué, pero siempre tuve la idea de que un arma no iría bien contigo, que llorarías de solo usarla — Comentó la chica a lo cual Alejandro le miró de soslayo. Se escucharon unos gritos cercanos, no supieron identificar si provenían de muerto o vivos. Se replegaron contra la pared de un contenedor frio, un par de minutos transcurrieron y nada sucedió. Continuaron su marcha, pero a la final se vieron bloqueados por un contenedor, así que Alejandro ayudó a la chica a subir en uno de ellos para luego él también hacerlo, desde allí obtenían una mejor visión, en el edificio a sus espaldas se notaba mucho movimiento. De improviso las luces se apagaron, y Alejandro le hizo señales a la chica e que era hora de retirarse. La salida estaba a tres hileras de distancia, tan solo debieron saltar entre el metal de los contenedores para dar con la puerta. Karla apretó su brazo fuertemente al observar la oscuridad de la noche en la ciudad.

—¿Sabes? Estoy feliz de verte Alejandro.

—Yo también, no imaginas cuanto — Contestó él, a lo cual ella sonrió poniéndose como un tomate. Para él habría sido difícil expresarlo días atrás, pero cuando lloras y sientes haber perdido a un ser y de pronto le recuperas. La pena queda en un sitio aparte, pequeña e insignificante.

—¿Dónde iremos?

—Debemos llegar a mi casa lo antes posible.

—¿Con esta oscuridad? — Se observaban un mar de muertos lentos acercándose al muro del muelle, obviamente, sin los guardias en las torres y todo el ruido proveniente del lugar, aquello se convertiría en un nido prontamente — Tu di que haremos frente aquello.

—Ven — Le guio bordeando el muro — Tomemos algún canal fluvial.

—¿Cómo en los viejos tiempos?

Al llegar Alejandro encontró un par de muertos intentando escalar y subir la empinada de la canal, corrió hasta ellos tirándoles al suelo con una patada para luego decirle a la chica que se apresurase. Siguieron su camino dejándoles tirados en el suelo.

—¿Por qué no los mataste?

—Gritarían, y el arma hará ruido, y por ahora no veo ninguno por acá, deben tener toda su atención en el muelle, y yo preferiría se mantuviese así — Contestó él.

—¿Cómo sucedió? Aun no entiendo, el verte vivo ¡Estás aquí! Fue un mar de muertos lo que entró, vi como todo estalló Alejandro. Todo El fuego ascendió en una columna enorme. No me explico…

—Gracias por alegrarte, salí de la explosión aquél día, y soy yo quien no comprende, pensé…

—No me malinterpretes, por supuesto que me alegra, es solo que no lo esperaba, aquél día apenas me vi envuelta entre muertos ese chico Yoshua y su amigo me tomaron y llevaron con ellos, pero yo si vi como tú estabas en el suelo ¡Con uno de esos bichos encima!

—Bueno, ya me ves, no estoy muerto aún.

—¿Cómo está la señora…?

—Mi mamá está muerta… — Se sintió un silencio caer sobre ellos, Karla tenía sus papados muy abiertos, pero, luego regreso a su realidad calmadamente.

—Lo siento, supongo debió ser fuerte — Pero al no tener respuesta alguna decidió cambiar de tema — ¿Tienes ducha en tu casa? Porque no me he bañado desde hace mucho.

—Me di cuenta — Contestó el chico con sorna — Y llevas la misma ropa de aquel día.

—¡No me iba a duchar con aquellos hombres! No me llegué a quitar la ropa ni un solo instante.

—Está bien, si, si hay ducha en mi casa — Alejandro observaba la luna, estoica ante todo lo que allí sucedía dando su brillo cotidiano — ¡Cierto! — Tomó el radio transmisor de su bolsillo trasero — ¡Alicia!

La respuesta fue inmediata — ¿Si? Por Dios Alejandro ¿Estás bien?

—Sí, tranquila, te dije que saldría de ello, cambio.

—¡Si, pero igualmente estaba preocupada, no he parado de orar por ti! — Se sentía el sollozo de la chica a través del comunicador.

—Por favor ten mucho cuidado, si observas algún carro o movimiento extraño afuera de la casa escóndete, yo estaré allí en menos de media hora, creo, cambio y fuera — El chico observó por encima de su hombro, Karla le miraba con la cabeza de lado curiosa.

—¿Alicia?

—Bueno — Alejandro se vio Interrogado — Ahorita estoy viviendo con una chica, es difícil de explicar.

—¿Es difícil de explicar? — Preguntó ella, Alejandro se limitó a encogerse de hombros — Bueno, debió pasar mucho en estos dos meses. Me alegro de que estés vivo de todas formas — Bajó la cabeza y guardo silencio el resto del camino.

En efecto al cabo de veinte minutos se encontraban subiendo la canal llegando cerca a la casa del chico. Había encontrado tan solo unos pocos muertos de camino, ahora la visión era distinta cuatro jadeantes bloqueaban la zona — Si disparamos será un desastre, lo que haremos será lo siguiente, yo lanzaré una roca en aquella dirección, se distraerán y saldremos corriendo, mi casa ahorita queda cruzando en aquella esquina — Observó a la chica, quien parecía haber comprendido, tomó el radio transmisor — Alicia, cambio.

—¿Si?

—Abre la puerta, estoy a menos de una cuadra, pero hay un par de muertos, cambio.

—Está bien, estaré con la puerta abierta, no hagas ninguna tontería.

Lanzó la piedra al aire y de inmediato salió del lugar. Hubo un sonido metálico al caer, Alejandro se preguntó con qué habría dado, pero el efecto era perfecto los muertos corrían en dirección al ruido. Lo demás fue sencillo, correr la cuadra restante, llegar a la casa, cerrar la puerta, todo fue simple, pero la situación ya adentro fue distinta. Alejandro se quedó recostado contra la puerta, muerto de cansancio, deseando un poco de agua, mientras Karla y Alicia se miraban fijamente sin emitir ninguna palabra.

—Alicia ella es Karla, Karla ella es Alicia — Las presentó rápidamente — Necesito agua y dormir, ya son las tres de la mañana y necesito levantarme a las seis, mínimo — Rezongó al tiempo que caminaba por la sala.

—¡Espera! ¿Eso es todo, Alicia ella es Karla, Karla ella es Alicia? — Gritó Karla con enojo, La otra chica por en cambio le observaba con algo de temor.

—¿Tu eres Karla?

—Obviamente, ahora Alejandro explícame ¿Cómo es eso que estás viviendo con una chica ? ¿Desde cuándo la conoces?

—Yo no creo que…

—Dos días, aunque llevamos apenas dos días de conocernos, bueno, tres días si tienes en cuenta la hora que es…

—¿Dos días?

—¿Por qué pelean? — Preguntaba de nuevo Alicia contrariada, al tiempo que Alejandro tomaba ña mano de Karla para separarla y dirigirse a la cocina.

—¡No es una pelea! — Expresó él, a lo cual Alicia negó con la cabeza.

—Creo que tenemos que hablar Alejandro, ¡y por supuesto que es una pelea! — Soltó Karla —¿Cómo puedes confiar en ella?

—No sé, quizás porque me salvó la vida ayer.

—¡Esto es algo que se debe discutir Alejandro!

—¡Llegas y ya de inmediato das ordenes! te digo que, si hay algo que discutir será mañana, porque por ahora no tengo cabeza para una discusión como esta. En serio necesito dormir, la ducha está por allá, sírvete comida. Y también procura dormir Karla, la habitación está limpia — Le señaló la puerta contigua a la cual entraba Alicia le siguió. Se acostó cerrando los ojos casi de inmediato.

—Sé que debes estar cansado, pero — Alicia se acostaba a su lado, se notaba incomoda con toda la situación — ¿Está bien esto? Ella no parece muy feliz, yo podría dormir en otro lugar, además no creo que le guste vernos cerca.

—Odio cuando las cosas se juntan, no sé la verdad no esperaba ver a Karla hoy — Suspiró — Ayer te besé porque quise. No fue algo por estar solo, al menos eso creo. Si hay algo que discutir lo haremos mañana, con calma.

La chica estaba sonrojada — Yo ayer me desperté a mitad de la noche — Contestó — Me di cuenta de todo lo que había sucedido y rompí a llorar, me dio miedo. Yo no habría deseado… bueno, en mi mente no me había imaginado así mi primera vez con un chico, pero luego, después de llorar un rato, me percaté de que no me sentía mal por haberlo hecho. Te veía allí junto a mí, me sentía cómoda contigo, aún tenía miedo, y dolor, pero, tú estabas. Por alguna razón, aunque dormías, me abrazabas, era como si me intentases proteger inclusive durmiendo, y pensé que Dios te había enviado conmigo por alguna razón.

—Dios… ya veo… Por ello me pediste no dejase de abrazarte.

Ella asintió, luego hubo un largo silencio en el cual él pasó su mano por el rostro de la chica — Supongo hoy pasó mucho, espero me cuentes mañana, hoy estuve preocupada todo el día.

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