CAPÍTULO 7. RESCATE

El pasillo era angosto y oscuro, la cámara principal era un lugar al cual casi nadie podía accesar, solo aquellos que tenían la capacidad de razonar, de pensar y liderar. Los muertos no podían pisar el lugar de las mentes pensantes, de ser así eran devorados por la matriz y se convertirían en el jugo de la vida que nutre cada organismo.

Ella no era tan especial, dejó la lanza y el arma de fuego afuera antes de pasar por el pasillo. Los mayores no toleraban ninguna palabra, ningún gesto en su contra. Ella no era quien para cuestionarles, eran superiores, esa es la ley en la ciudad de los muertos. Esa era su vida cuando volvió a la vida y su apetito voraz lo consumía todo.

No recordaba mucho sobre estar viva, solo pequeños destellos de luz, un hombre, un niño; nada importaba tampoco, su primer recuerdo cuando volvió a la vida era el rostro de aquel niño en pedazos por sus propias fauces. No hubo dolor, no había pena, fue parte del jugo vital que ahora corría en su ser. Ahora que podía pensar y ver más allá lo entendía.

Tardó meses en lograr ordenar sus pensamientos, años en lograr pronunciar una palabra. Pero tal hecho ahora le permitía dirigir a otros, no obstante habían muchos por encima de ella. La jerarquía se conformaba por aquellos que pensaban de manera superior. La manera más fácil de descubrirlo era notar su vocabulario. La mayoría de los muertos que lograban pensar apenas podían decir un par de palabras. Los que lograban decir una frase entera eran extremadamente inteligentes, y de seguro sus cuerpos podían cambiar. Pero nada se comparaba a los cinco grandes, nada como ellos. Ellos representaban el futuro de su raza, y todo su ser, todos los seres se hallaban a disposición de ellos. De ellos y el hambre voraz, eran las únicas dos cosas que se distinguía en sus mentes.

Entraba a la cámara, era algo más iluminado que el resto, el agujero que daba al cielo a través de decenas de metros de edificación brindaba resplandor. Cuatro de los cinco se hallaban allí, sentados, desde meses atrás el quinto no se hallaba con ellos, ella desconocía su paradero, no era de su incumbencia, sus planes eran superiores y su deber era solamente seguirles. Se detuvo a cierta distancia, a pesar de todo sentía miedo, aquellos cuatro seres eran distintos al resto.

-El chico humano -Hubo un silencio mientras organizaba pensamientos, ideas y formaba la nueva frase, era difícil, su ser no trabajaba tan rápido -Creemos está Europa -Se inclinó para mostrar respeto y volvió a su posición inicial.

-Odio a estas bestias insignificantes, no no no no saber hablar, me media hora para decir solo cuatro palabras -Expresó uno de los cuatro, el que se hallaba sentado más a la derecha, era bajo y de cuerpo relleno, aunque ella lo sabía, aquello era solo una forma, ellos podían ser lo que quisieran si lo deseaban.

-¿Estás segura de que se encuentra ya en la nación europea? -El segundo de la izquierda fue quien se dirigió a ella. El mas aterrador de los cuatro presentes, lucía algo extraño, un circulo como un aro incompleto en la zona trasera de su cabeza y su brazo se hallaba unido a algo metálico, como una lanza, pero con una punta redondeada y algo puntiaguda.

-Barco, tiempo -Era lo que podía decir, intentó armar una nueva oración entera, tardó unos segundos en completarla -Inteligente vio barco – Respondió.

Se hallaba orgullosa de su vista, muchos muertos no poseían este sentido, la suya era buena, le permitía ver a sus prezas y comandar mejor. Pero ahora fallaron, el ser frente a ella desapareció, sintió un frío por todo su cuerpo y por instinto volteó. Aquel ser superior se hallaba ahora observando un ventanal que un segundos antes no existió. Alzaba la pieza semejante a una lanza junto a su brazo -Quiero al chico, vivo, muerto, pero ¡YA! Es imperativo, es… Una orden de la raza.

No lo comprendió, aquello era totalmente abrumador, aquel ser estuvo frente al ventanal, y al siguiente sujetaba su cuello con tal fuerza que le asfixiaba y al otro estaba frente a ella, detenido de pie, tan altivo e imponente que todas las huestes de los muertos se habrían inclinado con solo sentir su aura. No había nada que se le acercara, en velocidad o fuerza, no había nada semejante. Cayó de rodillas y sintió la necesidad ciega de atrapar al chico, era vital, su existencia dependía de ello. Por último alzó de nuevo la vista, detalló la mano de aquel ser, cambiaba de forma, antes parecía estar fusionada con el pedazo de metal. Ahora mostraba forma de mano, pero oscura y con garras.

Alzó aun más la vista temiendo ser sacrificada por tal acto, incluso entre los muertos era raro ver manos tan negras cuando aquel rostro era tan blanco. Fue entonces cuando se percató. Su cara era más larga de lo usual, la piel se hallaba lisa, perfecta, no había ojos, no había una nariz, y la boca era apenas una raja en aquella perfección. Como si hubiera leído sus pensamientos un par de ojos emergieron de dos rajaduras extras, aun así era extraña y aterradora su expresión. Se retiró sintiendo el deseo imponente de su ser superior, tan fuerte en sus adentros que el hambre voraz de carne quedaba en segundo plano.

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De haber podido habría escrito lineas como la siguiente ” este día debemos rescatar a un grupo varado en la extinta nación europea, será difícil, probablemente imposible.” Un escalofrío recorría su columna vertebral, producto del frío y de el miedo, un miedo que ya era constante y común, la sensación era desgarradora en su pecho, pero tan familiar que terminaba dándole la bienvenida como una vieja amiga.

La parte más difícil de todo no era lo que tenía en frente, sino lo que dejaba atrás. Claudia marchaba con Henry y el alemán buscando una embarcación en la cual salir, Marina y Bill debían ir por tierra en búsqueda de los sobrevivientes. Y él… Era la primera vez que actuaría como señuelo, acto el cual sabía como terminaba. Era imposible no pensar en Claudia, Karla y Xander en ese momento, incluso en Alicia, ¿Qué habría dicho ella en un momento como este?

-Dios siempre tiene un plan superior para todos Alejandro, si es tu momento, así será -Expresó el chico en voz alta pensando en ella. Había momentos en los cuales extrañaba esa voz inocente llena de una esperanza arraigada en la fe ciega.

En ocasiones la lógica era una desgraciada que te arrancaba todos los ánimos de seguir adelante. Este era uno de esos momentos.

De seguro el resto esperaba su señal, era descabellado, sus piernas temblaban como gelatina a punto de desfallecer -Solo tienes que correr… -Se repitió. Abrió la ventanilla, desde allí se escuchaban los sonidos, quejidos y pequeños gritos de muertos. Lo único bueno allí afuera era la ausencia del hedor a pescado podrido.

Salió por el hueco superior y observó la ciudad, la luz de la luna daba cierto resplandor pálido a la ciudad, los techos estaban muy juntos unos a otros. Afortunadamente. Solo contaba con aquella linterna, el rifle en la espalda y la pequeña carga explosiva en el ancho bolsillo.

Recordó los rostros en el armonia, a Karla, a su hijo, y el beso suave y dulce que le dio Claudia segundos antes junto a un par de lágrimas y un te amo escurridizo. Encendió la linterna colocándole en modo parpadeo, de inmediato atrajo la atención de un par de seres, pero no era suficiente.

-¡MALDITAS BESTIAS! -Corrió descendiendo por el techo de láminas de cinc para luego saltar al techo más cercano. Funcionó, la respuesta del enjambre de seres fue abrumador. Como hormigas, cientos, miles gritaron al unísono y comenzaron a escalar las paredes para llegar a los techos por los cuales Alejandro corría a toda prisa, saltando de un lado a otro. Podía verlas, las sombras cerca, incluso a sus pies, solo podía acelerar, mover las piernas lo más rápido que podía.

Siempre dependía de trucos, cloro, grasa, pero esta vez no había nada, solo estaba él, el viento, quizás el nauseabundo olor a pescado, pero indudablemente no había nadie para ayudarle. Por un instante recordó que Raul le había enseñado esa clase de trucos, Yoshua también influyó en su forma de actuar. Saltó una calle, con todo el esfuerzo de su propio cuerpo, se olvidó incluso sobre como aterrizar y alzó los brazos y la cabeza adelante, el espacio era demasiado amplio, ¿Cuanto era? Quizás cinco metros, era inaudito, pero acababa de pasarlo, tropezó, el techo donde cayó parecía querer desplomarse pero continuó.

Observó a un muerto que iba extremadamente rápido y a su par, se movía como araña y humano a intervalos, los saltadores atravesaban las distancias y caían con gran estrépito por todos lados, destruyendo los techos donde aterrizaban y sacrificándose a sí mismos en el proceso.

Intentó saltar nuevamente hasta un tejado, aunque este era más alto. Quedó colgando de sus brazos y le rodeó el estruendo y el calor. Apenas pudo sujetarse cuando una gran explosión sacudió todo a su izquierda. Un pedazo de algo chocó contra un costado, gritó de dolor, algo debió romperse en su interior.

Un muerto se sujetó de su pierna, batió la misma y subió como pudo al techo, un muerto se hallaba al frente, cayó junto a este y ambos rodaron un par de metros, una segunda y tercera explosión llenaron el ambiente ¿Quien hacía aquello? Cruzó la mente del chico una pequeña fracción de segundo. No había mucho tiempo de pensar, solo de actuar.

Se levantó, su cuerpo ya no tenía tanta energía como al principio, aun así observó a unas cuantas casas de distancia uno de los enormes postes de los paneles solares que se hallaban en la ciudad. Corrió lo más aprisa que pudo. Un hilo de sangre entro en su vista ¿Cómo? No tenía ni idea. Se concentró más, en aquel pedazo de metal alzándose frente a lo demás.

Hubo un cuarto, y un quinto estallido, este último bastante cerca, hasta entonces no lo había notado pero habían gritos y disparos en el ambiente. Una sexta explosión y el saltó hasta el pedazo de metal, sintió como las barras de las escaleras le golpeaban y comenzó a subir. Un muerto rasgó la mitad de sus pantalones, uno de los paneles duros que le cubría cayó un par de metros, siguió escalando, era como una orden que se daba a si mismo, los muertos parecían extasiados con él.

Era justo lo que él deseaba, así los demás tendrían el camino libre para hacer lo debido, quizás habían intentado llamar la atención explotando… no, no tenían tantas cargas explosivas. Un muerto escaló hasta posarse justo al frente, Alejandro lo golpeó fuerte en el pecho, aun así no logró tirarle, forcejeó, subió un poco, le pateó y siguió. Era obvio que abajo sucedía un desastre. Intentó subir un poco más, sacó el rifle, pero este cayó de sus manos cuando otra carga explosiva se hizo sentir. Solo quedaba algo por hacer, sacó su propia carga explosiva del bolsillo, subió un poco más, marcó los segundo, veinte serían suficientes, y la dejó caer. Lo demás era subir, los muertos escalaban unos sobre otros como pilares alrededor de la columna, le alcanzaban, ni tan siquiera se hallaba seguro de que la carga llegase a la base de la estructura. Continuó escalando, un saltador se estrelló demasiado cerca de él por encima de su cabeza, Toda la estructura tambaleó un poco, se mantuvo apretándose contra ella mientras el muerto caía sobre el resto. Subió un poco más y el estallido y los gritos de los muertos en el fondo. El calor inundándolo todo seguido de un fuerte chirrido.

La estructura comenzaba a caer y él junto a ella.

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Henry disparó de nuevo, Claudia sentía el dolor aun en la pierna, aun así derribó a un muerto y disparó al siguiente que se acercaba. No habían tantos, pero eran solo ellos dos, había una embarcación bastante cerca, a pocos metros, no tenían ni la menor idea de si serviría, pero era su mejor oportunidad de lograr algo.

El alemán se movía a gachas por entre las cajas y cuerpos, parecía casi un animal, no luchaba solo se movía escapando de todos los muertos. Henry se adelantaba un poco, tenía mayor capacidad de tiro, Claudia golpeó a un jadeante con la culata para dispararle luego, habían tres mutilados pero eran esquivables.

El bote lucía bastante nuevo, tenía restos de ropa y cosas tiradas adentro, probablemente alguien también planeó escapar en él, pensaron los tres nuevos tripulantes. Años atrás habría sorprendido a Claudia, pero ahora solo deseaba salir cuanto antes del lugar y ver al chico de nuevo, se había despedido sabiendo lo que planeaba pero en su interior guardaba las esperanzas, después de todo él siempre tenía cierto don para poder escapar de las adversidades.

-El motor está bueno -Señaló Henry acercándose ahora, Claudia observaba por la ventanilla del bote a los muertos deambulando, algunos cayendo al agua para hundirse.

-Claro -Respondió sin mucho interés en aquello, no importaba tampoco, podía irse de allí asi fuese a remo, pero se iría, siempre y cuando él regresara.

-Tenemos unos minutos libres, Bill y Marina llegaran como en veinte minutos.

-Si, era cierto, probablemente Alejandro estaba aun en el techo, esperando para correr por los tejados. Era una locura, pero en ese tiempo Marina y Bill podrían escapar con el grupo, si los habían encontrado. El alemán no había sido de mucha ayuda, ahora descansaba en la cubierta boca arriba como si fuese una estrella de mar, parecía feliz de hallarse allí. Cualquiera lo estaría. Repuso ella.

-Tienes lindas piernas -Sintió la mano del hombre deslizarse por su piel subiendo. Golpeó su mano de inmediato.

-¿Qué crees que haces?

-Vamos, un poco de diversión no está mal. La adrenalina siempre es buena a la hora de hacerlo, y tu con ese cuerpo tan ric…

-No te acerques -Pero era tarde, Henry se lanzó cuerpo entero sobre ella, inmovilizándola por completo, pegando su cuerpo a la pared, pasando su sucia lengua por su cuello , metiendo su pierna entre las suyas -¡Auxilio! -Gritó.

-¡Cállate mocosa! -El hombre soltó uno de sus brazos y apretó su seno derecho, el dolor hizo que Claudia aullara, aun así, su mano libre palpó el revolver y disparó. Henry se separó impactado ante la herida en su abdomen. Hubo un nuevo disparo, y otro, y cuatro más, dos en su pecho, dos mas en su abdomen, uno en el rostro y otro en el hombro por error.

Henry no supo como pero murió tendido en suelo de la embarcación con Claudia sudorosa al frente con el arma en mano -Nunca, solo él -Fue lo único que la chica dijo.

El alemán alzó los brazos sorprendido observando el cuerpo de Henry cubierto de sangre y en el suelo. Claudia le apuntó durante un par de segundos, pero luego observó que el hombre temblaba y alzaba los brazos lo más que podía. Se disculpó en voz baja, de igual forma el hombre no le entendería y salió a tomar aire fresco y nauseabundo en la zona exterior de la pequeña embarcación.

—Al menos aquí no huele a pescado podrido.

—Ese olor me tenía descompuesto —Admitió Bill caminando —Aunque quizás Alejandro tenía razón, no nos han olido.

—Es repugnante, el hedor se impregnó en nosotros— Se quej{o Marina, pero debía admitir que era cierto, no les habían olfateado.

Agáchate —Expresó Bill cubriéndose con los restos de una pared caída pensando para sus adentros que aquello parecía una zona de guerra. Marina observaba por una rendija a un par de muertos pasando por la oscuridad de la calle aledaña.

Acababan de salir del escondite, habían hecho ruido al frente y dejado un par de linternas titilando. Aun se sorprendía de que algo tan simple funcionara como distractor para que ellos salieran por detrás y procuraran llegar hasta donde se hallaban los sobrevivientes. Llevaban un buen trecho de camino pasando por entre las casas.

—¿Recuerdas la vez que fuimos a buscar comida con el capitán Miguel al puerto? —La mujer respondió asintiendo con la cabeza —Recuerdo haber pensado que era muy peligroso. ¡Dios desearía estar allí ahora!

—Te comprendo.

—¿Cuantos muertos nos rodearon? Eran como treinta, cuarenta.

—Quince.

—¿Quince? ¿Solo quince? —Preguntó Bill corriendo hasta la siguiente pared.

—Solo quince y estábamos temblando.

—Nos escondimos por más de media hora.

—¿Como se llamaba el que siempre era altanero? Recuerdo se meo los pantalones.

—Si recuerdo quien era, no recuerdo el nombre, creo que murió luego en otra excursión —Marina se apoyó en la pared para observar la siguiente calle, tenían apenas un par de minutos antes de la siguiente distracción, la cual crearía Alejandro para que aprovecharan y sacaran a los sobrevivientes. Pero ella no estaba segura siquiera de hallarse cerca, y lo peor habían muchos muertos, por alguna razón se movían en dirección adonde ellos se dirigían. Quizás habían sentido a los vivos.

—Después de esta mierda no vuelvo a salir a ningún lado si llego a casa.

—¿Y la guerra?

—Me importa un bledo la guerra —hablaban muy bajo, casi en susurros, era lo único que les mantenía firmes y avanzando. Estaba agradecida de que Bill hablara, era algo en lo cual distraer la mente.

—¿Crees que sigan vivos?

—Y si no lo están yo los mato, o re mato, como sea. Esto es una basura.

Marina hizo un ademán para que guardara silencio, un muerto pasaba en carrera por el techo de aquella casa haciendo bastante ruido —Ya está.

—¿Sabes? Yo solía ver muchas películas de muertos.

—¿Si? —No le sorprendía, ella también vio algunas pero le pareció que Bill lo decía como si no fuese creíble.

—Me gustaban, era de los que creía podía matar a un centenar y ser libre.

—¿Y?

—No quiero ver ninguna mierda de película en mi vida —Avanzaban hasta la puerta y con una ligera carrera se colocaron en el callejón siguiente, Bill encontró a un mutilado al cual eliminó golpeándole la cabeza con el arma varias veces entre un par de quejidos —Eran geniales las películas, hasta que ves como en la realidad matan a todos tus seres queridos y todo se vuelve una mierda.

—Tengo ganas de vomitar —Marina recuperó el aliento por un instante. La espalda del muerto que Bill acababa de eliminar se hallaba abierta y mostraba algo viscoso colgante de color negro y verde.

—¿A ti que te hizo salir al frente? Yo me metí por idiota.

—Mataron a mi madre y a mi hijo el mismo día.

—No sabía tenías un hijo.

—Mi hijo y yo nos salvamos.

—¿Tienes un hijo? ¿Se quedó con su padre?

—Nos separamos un año antes del fin. Se quedó fue con su tío, es un marica.

—Se están reuniendo —Comentó Bill observando como los muertos se empezaban a amontonar en un lugar.

—¿Que es eso? —Marina preguntó a pesar de saber lo que estaba viendo. Colgado en una cuerda a unos cuatro metros de altura sujetado desde un techo y un madero, se hallaba un hombre inmovilizado entre amarres, gimiendo y moviéndose arritmicamente mientras manaba sangre por todo su abdomen. Sus ojos eran platos llenos de miedo ante el centenar de muertos a sus pies que se montaban unos sobre otros ahora para alcanzarle.

—Alguien lo puso… —Un zumbido y el impacto contra la pared que soltó arena frente a sus rostros. Marina tomó a Bill del brazo tirándose al suelo.

—¿Eso fue un disparo? —Marina asintió con la cabeza y toda una ráfaga de fuego se escuchó. Ambos se levantaron y colocaron contra la pared siguiente.

—¡Muéranse y díganle a Becca que la siguiente es ella! ¡Mueran! ¡Todos los gastos corren a cuenta de Cassie!—La voz que gritó aquello fue la de una chica, con un tono agudo y estridente. Lo siguiente fue el grito en coro por parte de los muertos, entusiastas por hallar mayor cantidad de Comida, y armas de fuego resonando por todos lados.

—¡Por aquí! —Bill tomó a Marina del brazo y la empujó por un ventanal para luego pasar él. Un segundo después toda la ráfaga de balas daban por donde se hallaban antes.

—¿Estás bien?

—¿Quién fue esa? —Inquirió Marina. Pero la pregunta quedó sin ser contestada cuando la mitad del cuerpo de un bestial irrumpió en la casa. La red que les escondía quedó fragmentada, la arena creó una nube de humo, los ladrillos volaron en todas direcciones, la mesa que se hallaba al frente se convirtió en astillas y el calor de una explosión en las afueras entró a la sala. Bill terminó siendo expulsado por el aire contra la siguiente pared y sobre él cayó un mueble. Marina cayó al suelo con una silla y pedazos de ladrillos encima.

Bill se desembarazó del mueble cuando ocurrió el segundo estallido, esta vez un poco más lejos, pero las paredes ya no estaban, logrando ver el brillo, pedazos de muertos por el aire, escombros y un pedazo de madera que se clavó en su pecho pero no tan profundo.

Observó a muertos y personas correr por los techos de lasas cercanas. Y disparos en todas direcciones. La pared que se hallaba detrás de ellos, y la única en pie cedió con un sonido grave y una caída lenta. Bill observó a su compañera, no parecía mal herida.

—¡Marina! ¡Marina! —No reaccionaba, por lo cual la jaló hasta el mueble y rodó este hasta atrás ocultados por la bruma de la arena. Y sin perder tiempo empezó a disparar a los hombres armados en los tejados. Quienes fuera que fueran eran los responsables de las explosiones. Y las personas que corrían debían ser los sobrevivientes.

—¿Y si disparó a ellos? —Disparaban a su posición, se ocultó detrás de un armario y escuchó el vidrio estallar cerca de su cabeza. Se le ocurrió que quizás aquel fuese un plan de escape de los mismos sobrevivientes y él ahora les disparaba. Pero ¿Qué había sido lo de ese hombre colgado vivo?

Se tiró al suelo, eran demasiadas balas y el armario se destruía con cada una de ellas quedando en virutas de madera y vidrio volando por todos lados. Saltó hasta el mueble donde ocultó a Marina y la derribó al suelo en el proceso.

Hubo una tercera explosión esta vez fue un poco más lejana, como a cien metros por delante de ellos. Lo siguiente fue el sonido de los muertos en carrera descontrolada, aullando en la noche. El grito de hombres armados que caían víctimas de estos.

—¿Qué paso? —Marina despertó confundida con Bill debajo de ella observando por entre los escombros y la penumbra de la noche —¿Qué hacemos?

—Hay que irnos de aquí —Atajó él con un tono cortante y decidido. Marina asintió levantándose del suelo aun sin comprender, habían disparos. Muertos a los lados de la calle comiendo a un par de hombres que aún gritaban, un bestial avanzaba junto a saltadores detrás de un grupo que se alejaba entre gritos por los tejados al norte de su posición.

—Son los sobrevivientes —Chilló Bill sacando el pedazo de madera de su pecho. Sujetaba su rifle, pero ¿y el de ella? ¿Donde había quedado? De pronto se vio sin arma corriendo detrás del hombre por plena calle —Se dirigen al puerto.

Corrían lo más aprisa que podían, de pronto un jadeante les alcanzó y el hombre le disparó sin percatarse que detrás de este un segundo muerto saltaba hasta ellos, Marina sintió como le daba por un lado y ambos se estrellaban contra la pared.  Empezó a forcejear poniendo sus manos y brazos entre el ser y ella hasta que sintió el disparo y chorro viscoso de aquella cosa en sus dedos. Bill le había destruido la cabeza.

Se sorprendió sin aliento, habían muertos por doquier, pero la mayoría seguía al bestial que ahora se veía como a cien metros de distancia o mas escalando en carrera para subir a los techos que se derrumbaban con su peso.

El grito de las personas y muertos se confundían entre disparos y nuevas explosiones. Emprendieron nuevamente la carrera, habían mutilados por el camino, fáciles de esquivar, pero a la velocidad que iban, y sin casi aliento, terminaba llevándoselos por delante.

Arrolló a un muerto de una mujer y luego rodó por el suelo estrellándose contra el suelo y girando sobre si. Bill se detuvo en la carrera y le cubrió con fuego a los lados. Se levantó muy rápido pero estaban rodeados de pronto.

Bill dejó caer el arma y Marina se percató mejor, no eran muertos, eran hombres armados y con trajes oscuros.

—¡Mátalos! Son hombres de Cassie —Ordenó uno.

—¡No! ¡No somos hombres de Cassie! —Gritó Bill para hacerse escuchar mientras se arrodillaba.

—¡Somos de Alejandro! ¡Del Armonia! —Marina gritó también alzando los brazos, mitad sorprendida mitad asustada. Al parecer el nombre de Alejandro o el Armonia causó conmoción, lo siguiente que sintió fue un golpe contra su cabeza y todo se volvió oscuro. Cayó inconsciente al suelo al igual que Bill a su lado.

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Se adentraban en el bosque, Miguel pudo sentir de inmediato el sonido de las ramas mientras avanzaban. Algo se hallaba por encima de sus cabezas sin dejarse ver. Era extraño, aquel bosque daba la impresión más de ser una mini selva en medio del suburbio.

Pasaron por encima de un gran tronco caído lleno de moho y hongos. Incluso se escuchaban algunas aves, lo cual era aún más extraño, la mayoría se habían extinto los primeros años a causa de probar cuerpos descompuestos y ser víctimas de la infección.

—¿Estamos cerca? —Era horrible tener que seguir el culo de Ricardo. Pero aun peor era escucharle cantar en un mal inglés desafinado. Reconocía la canción, era Byob de System of Down, él solía escuchar esa música años atrás. Pero Ricardo la arruinaba.

—Guay du dey olgue sen de por, guay du dey olgue sen de por, de olgue sen de por de olgue sen de por.

—Es Olgueys en todo caso —Le corrigió cuando algo cayó desde el tope de los árboles. El ritmo cardíaco se le disparó de golpe y deseó tener su arma a la mano. Otras tres figuras cayeron a los lados. Ricardo se mostró tranquilo, pero el rostro de aquella cosa no le dio confianza a Miguel —¿Esos son los monos Ricardo? Esos no son monos tio.

Aquel ser debía medir dos metros de alto, su cuerpo era peludo ciertamente como el de un mono, su rostro era alargado hacía atrás pero achatado abajo, dando la impresión de tener forma triangular. Solo sus facciones eran las de un primate. El cuerpo no. Era alargado, sus piernas casi semejantes a las de un humano adulto, pero con dedos largos como una mano. La parte que causó mayor impresión en el hombre fueron sus brazos, eran cuatro. Dos inferiores largos y delgados que llegaban hasta el suelo, apenas cubiertos de pelo. Y otros dos mucho más pequeños por encima de los primeros un poco más adelante y muy cubiertos de pelo con manos negras.

—Si, ellos son los monos —Ricardo avanzó como si hubiese llegado a su hogar.

Alejandro cayó junto a toda la estructura contra un grupo de casas a sus pies. Saltó para evitar el choque pero fue a dar igualmente contra un techo de madera que se quebró haciéndole chocar contra una silla, el suelo y aun más abajó al siguiente piso cuando la estructura metálica derrumbó parte de las casas y una nube de polvo lo cubrió todo. Se sofocó y arrastró por el suelo, no podía ver nada y sin saber como estaba con la parte superior del traje hecha jirones, no tenía ningún arma a la mano y todo se resumía a imágenes blancas y negras en la oscuridad de la noche y los restos de la casa.

La pierna derecha y las costillas le dolían demasiado, gateó y apoyándose en algo se levantó con una punzada en todo su abdomen que le hizo retorcerse de dolor. Escupió algo de sangre de su boca, tenía una larga rasgadura a un lado de sus dientes y era molesta la sensación.

Un muerto le tomó de sorpresa por la espalda y debió golpearlo con ambas manos con mucha fuerza derribándolo. Corrió un par de metros sin poder ver nada, la oscuridad era absoluta cuando chocó con algo en su hombro que le hizo caer, esta vez pudo observar el rostro del muerto. Interpuso su mano contra su cuello, forcejeó un rato hasta quitárselo de encima y patearlo. Se hallaba en un pequeño pasillo oscuro de una casa. Un par de mutilados se mostraron al frente, detrás tenía un grupo creciente de cinco de ellos y un olfateador que intentaba pasar por encima de los primeros.

Caminó hacía adelante, empujó a uno de los muertos e interpuso la puerta de madera que tenía enfrente entre él y el otro muerto mientras aplastaba la cabeza de uno que tenía detrás contra la pared. Miró a su alrededor, todo se empezaba a convertir en un revoltijo de cuerpos, demasiados y muy poco espacio.

Empujó al que tenía por delante y entró a lo que era una cocina, habían al menos cinco muertos en su interior. Los observó y corrió hasta lo que era una ventana y de un salto la atravesó.

Pensó por un instante que se hallaba en en una planta baja y apenas golpearía el suelo, al contrario pegó primero contra la pared de la casa del frente y luego contra el suelo dos metros abajo. El hombro volvió a dislocarse y un arrebato de dolor le hizo girar sobre su cuerpo.

No había tiempo, su cuerpo era invadido por ira, terror, dolor y una emoción extraña que experimentaba últimamente al enfrentarse a los no vivos. Un grupo de muerto empezaron a saltar por la ventana mientras que otros cayeron del techo de la casa, unos sobre otros como una masa de brazos cabezas y manos. Corrió en sentido opuesto, pasando a un lado de un jadeante al cual apartó de un empujón. Tenía que salir de allí, eran demasiados. Su mente buscaba soluciones rápidas a lo que veía.

Sintió el jalón de una mano sobre su hombro, giró un poco y otra parte del traje se desprendió, pero logró zafarse por un instante.

Un bestial atravesó la pared contigua a la derecha, todo volvió a estallar y volverse confuso, un grupo de muertos corría en dirección al primero. Alejandro había caído al suelo, un muerto se hallaba a su lado con un ladrillo incrustado en la cabeza. A su izquierda había otro, un olfateador que ahora se le lanzaba como un perro intentándole morder.

Golpeó con su brazo y chilló de dolor ante el dolor del hombro, volvió a golpear hasta poder girar sobre su cuerpo, quedar sobre este. Tomó su cabeza y empezó a estrellarla una y otra vez al suelo, sintió un crac en sus manos y un chorro negro y algo verde se esparció por entre los escombros. Algo impactó su cuerpo desde adelante, haciéndole caer hacía atrás un par de metros, se hallaba en la calle principal de alguna forma. Lo que le embistió era un saltador, ambos cayeron girando, apenas tuvo tiempo de plantarle un pie, luego otro para levantarse y patearle lo más fuerte que podía.

El sonido de disparos a su alrededor le alertó, por alguna razón había pasado segundos en completo silencio. Sus oídos habían fallado durante un instante y ahora recuperaba su sentido. Fue cuando notó que habían personas alrededor y le apuntaban con rifles.

Alzó los brazos lentamente observando, todos llevaban trajes y cascos. Si era el Fema de seguro estaba muerto o peor. Pero ahora no había mucha opción.

—¿Está mordido?

—¡Revísenlo!

Hasta ese momento él no se había observado, su nariz sangraba y tenía una herida en la cabeza por donde manaba copiosa sangre que ahora caía sobre su pecho desnudo, lleno de tierra y liquido rojizo. Su pantalón estaba rasgado también en la zona inferior.

Un par de manos fueron pasando por todo su cuerpo escaneando cada centímetro apresuradamente. Aún se escuchaban disparos y muertos cercanos. Intentó analizar la situación lo más pronto posible.

Era un grupo armado, adiestrado y bastante grande que había llegado un tiempo después que ellos. Habían hecho detonar la zona y ahora aniquilaban. Debía ser el Fema.

—Está limpio —La voz que respondió fue el de una chica, quizás bastante joven, no podía saberlo debido al casco.

—Mata a ese desgraciado, es de su grupo —Contestó un hombre, pero una mujer llegaba desde atrás, era alta, sus caderas eran anchas y su cintura diminuta. No llevaba casco alguno, su mirada era fría y el cabello largo y negro le llegaba casi a la cintura.

—¿Tú que me dirás? ¿Que eres Alejandro?

El chico se replanteó la visión general, hubo una risa entre los de su grupo. La pregunta sugería que aquellos habían escuchado su nombre antes, lo cual le indicaba que alguien de su grupo debió ser capturado con vida. Repasó mentalmente las posibilidades.

—Casualmente… —Bajó sus manos y los del grupo levantaron sus armas, pero aquello no le detuvo de alzar una mano al frente —Si, soy Alejandro —Hubo cierto asombro e incredulidad. Pudo notar como algunos rostros miraban a sus compañeros y luego a la mujer en búsqueda de aprobación y fue precisamente eso lo que le dio la solución —Es un placer conocerte Rebecca.

—Llévenlo al barco —Fueron sus únicas palabras y lo siguiente que Alejandro supo era un fuerte golpe en su nuca que le dejó inconsciente.

Ricardo caminaba mientras realizaba gestos y sonidos como jumm jammm uh uh uh… Miguel mantuvo silencio una gran parte del trayecto, uno de aquellos seres o monos, como Ricardo gustase en llamarlos lo miraba de reojo. Portaba un rifle de alto calibre en una mano, y lo movía como un péndulo mientras caminaba dando la impresión de que aquello era un juguete que no pesaba en lo absoluto.

Hubo un instante de silencio, Miguel aprovechó para acercarse a Ricardo —¿Qué les dijiste? ¿De que hablaban?

—No tengo idea, pero a veces les gusta hacerme señas y sonidos, yo les contestó y se quedan tranquilos.

Miguel se le quedó observando de mal genio — ¿Tu no entiendes nada de lo que ellos dicen?

—¡Che! ¿Como querés que les entienda? ¡Son monos!

Era el colmo, aquel hombre lograba sacarle de cabales, además no confiaba en ese ser que caminaba a su derecha, arrugaba la vista al verle. Era más delgado y bajo que los otros que le escoltaban.

—¿No hay forma de comunicarse con ellos?

—Pues saben hacer dibujos en la tierra, eso les gusta mucho —Contestó Ricardo sin prestar demasiada atención, caminaron un rato y preguntó —¿Por que? ¿Para qué te quieres comunicar con los monos?

—Hay muchas preguntas. ¿Qué son? Si su sangre tiene algo, algún antígeno ¿nos dejarían sacarles una muestra? Después de todo por eso fue que vine hasta acá.

—Venías a buscarme porque te dijeron que yo soy el hombre invisible, no eres el primero.

—¿Alguien más vino?

—Meses atrás vino un grupo de americanos, se creían la gran cosa.

—¿Por qué vinieron?

—Querían que yo fuese con ellos.

—¿Qué pasó?

—No pienso irme, mi hijo murió muy cerca de acá, viví toda mi vida aquí, recuerdo que traje a una novia aquí a este bosque, claro antes de que todo fuese un desastre. Entonces yo era un don Juan, te imaginarás a qué vinimos hasta acá…

—¿Qué pasó con los americanos?

—Ah, me les perdí de vista y los muertos los rodearon, no sé si lo habrán logrado.

—¿Por qué a mi no me dejaste así como a ellos?

—Tu intentaste salvar al idiota ese que corrió cuando iban los muertos, además de que no me estás apuntando con un arma.

El bosque se volvía más espeso, semejante a una selva tropical, era casi imposible continuar y no se lograba ver el camino por el cual habían llegado, los arboles bloqueaban la vista. En más de una ocasión debieron rodear un grupo de ramas caídas envueltas en hiedra.

—¿Crees que nos dejen tomar una muestra se sangre?

—¿Traes una jeringa? —Preguntó Ricardo.

—No —Admitió el otro.

—¿Entonces para qué me lo preguntas? No tienes como sacarles sangre, además esa piel es gruesa.

—Cierto —Observó de nuevo a sus acompañantes, ciertamente los pliegues en su piel sugerían que aquello debía ser grueso, de hecho a la altura de las rodillas podía ver algo semejante a una costra en ellos.

Volvió a sentir esa mirada sobre él del mono que se hallaba a su derecha. Era un poco extraño, desconfiaban de él obviamente. Miguel intentó apresurar su paso y mantenerse cerca de Ricardo.

—Aunque quizás te dejen ir con tu nueva novia.

—¿Qué? —Miguel no entendió la referencia.

—Esa es hembra, te puso el ojo pibe, lo noté hace rato.

—Joder.

—Eso te pasa por andar desnudo —Ricardo reía y tarareaba una canción mientras avanzaba. Miguel se limitó a seguirle hasta que llegaron a un claro. El lugar estaba habitado por un grupo de monos, si era posible llamarles así. Las armas eran comunes y algunos vestían camisas de colores llamativos. A la izquierda había una especie de piscina llena de lodo donde un par de pequeños jugaban luchando entre sí rodeados por otros que gritaban y alzaban los brazos.

Notó algo que llamó su atención por completo, los pequeños eran ágiles en la lucha, , veloces y capaces de mover sus brazos a un ritmo vertiginoso, chocar los puños en el aire y embestir de tal manera que un humano sería roto en dos.

—¿Ellos pueden luchar?

—Ni que lo digas, los muertos no entran aquí es por ellos, les temen.

—¿Tanto así?

—Vi una vez a un luchar cuerpo a cuerpo contra uno enorme como de tres metros, de esos que rompen las casas corriendo.

—Un bestial.

—Esos monstruos. El mono lo tomó de la boca y lo abrió su boca en dos pedazos. A la final la bestia dejó de moverse y el mono quedo con un pedazo de cabeza en la mano y el cuerpo cayó al suelo.

—¿Qué pasaría si les dijéramos para que fueran a la guerra? —Miguel sintió cierta emoción. Ricardo no era la persona más fiable, pero si lo que contaba era cierto y no era una alucinación producto de la hierba. Entonces aquellos seres eran capaces de brindarles una mano en la batalla que se acercaba.

—Pues no tengo ni idea, esto es como una villa para ellos, muchos no se mueven mucho de aquí, pero si lograras hablar con ellos.

—Pero no sabemos hablar con ellos.

—pero podemos hacer dibujitos en la tierra —Comentó Ricardo caminando al centro del claro, donde había una especie de choza muy amplia con pedazos de ramas por techo y varios monos sentados o dormidos en ella.

Ambos se colocaron cómodos en el lugar, ninguno de los seres parecía hallarse preocupado por su presencia, continuaban tirados en el suelo de modo relajado, algunos dormitando, otros calentando sobre una plancha lo que parecían papas.

-¿Cómo terminaron así?

-¿Así cómo?

-Con cuatro brazos, así de grandes.

-¿Y como quieres tú que yo lo sepa?

-¿Ni idea?

-Ninguna, supongo que está relacionado con los muertos de alguna forma. Pero el resto son solo suposiciones -Miguel notó que el hombre tenía un buen trozo de papa asada y lo comía.

-¿Cómo? -Se refirió a la comida.

-Solo agárralo, aquí nadie sirve, esas papas las traje yo el día de ayer -Miguel se acercó hasta una de las planchas con algo de temor y tomó un par de papas, observó a todos los demás, nadie parecía perturbado por tal hecho. Dio un paso atrás, luego otro y se dirigió a comer en silencio -No tienen sentido de propiedad exactamente incluso con las crías, las hembras jóvenes son quienes los cuidan no las madres necesariamente -Señaló el hombre.

-Entonces tu les provees comida.

-¿Qué? No, son bastante capaces por si mismos. Hay varios sembradios cerca, pero lo que más comen es papa y banano, prefiero ir a recoger papas porque en los bananos hay muchas serpientes. Nunca me agradaron las serpientes, a ellos parece no hacerles nada. Además de que cuando cazan una serpiente se la comen.

-Se golpean muy fuerte -Comentó Miguel aún fascinado por la pelea de los niños.

-Es su modo de jugar, no has visto como son los adultos.

-Que bueno no son humanos.

-¿Por qué? -Preguntó Ricardo.

-Se habrían matado a la primera provocación -Terminaron de comer en silencio. Miguel sentía molestias con estar desnudo y tendido sobre el suelo, las hormigas le picaban constantemente y el frío entraba a cada parte de su cuerpo. La noche comenzaba a dominar y la oscuridad con ella. La aldea de simios empezó a cambiar con la llegada de la oscuridad. Varios grupos de monos enormes llegaron al claro cargando armas de fuego, lanzas e incluso una espada desenfundada uno de ellos.

Era como un grupo de cazadores de dos metros de alto cada uno. Miguel se sentó esperando ver algo como una celebración por otro día de labor, quizás una fogata, pero no hubo nada, siquiera palabras para los recién llegados, todo transcurrió en silencio y algunas que otras señas, cada uno tomó un poco de comida y se sentó junto al resto mientras que otros se levantaron para realizar la guardia. No hubo orden alguna, ningún líder se levantó para decir alguna palabra. Todo transcurrió como si estuviese escrito que así debía de ser.

-¿Quién los dirige?

-Nadie.

-¿Cómo se organizan?

-Cada hijo toma el turno contrario a su padre.

-¿Así nada más? ¿Cómo saben que ese es el orden adecuado? ¿Quién lo dispuso así?

-Espera un momento -Ricardo se levantó, golpeó su pecho y luego colocó las manos bajo su axila haciendo sonidos guturales -Listo, no lo sé.

-¿Era necesaria la burla? -Incluso los monos habían volteado a ver a Ricardo, un par de ellos sonreían y uno llegó a aplaudir.

-¿Son necesarias las preguntas?

-Es que todo es… extraño, no entiendo qué son, cómo están aquí. No había visto nada así.

-No quiere decir que yo tengas las respuestas pibe -Ricardo se rascó las bolas con ligereza -¿No han visto otra manada de monos así como está?

-No.

-Yo imaginé debían de haber otras, no sé, quizás perros de seis patas.. que se yo, alguna cosa loca.

-Para nada, se supone solo ataca a los humanos…

-Pero los perros se convierten, y los gatos murieron los primeros días, y antes aquí habían muchas aves infestadas -Comentó Ricardo, esta vez el hombre mostraba algo de interés.

-Si, ahora que lo pienso si. En mi país fue igual, en todas partes fue bastante semejante, pero no entiendo del todo la razón. Los que saben de eso bastante son Alejandro, Milena y Armando, yo he preguntado pero no comprendo todo.

-Hay personas que si saben qué pasa aquí.

-Fueron los que me mandaron a buscar en primer lugar.

-Y si voy al Armonioso.

-Armonia.

-Es lo mismo, si voy a ese barco puedo conocerlos.

-Exacto, ellos solo quieren es una muestra de tu sangre, Milena lleva años estudiando el virus.

-Interesante.

-¿Vendrás?

-No, sigo sin intenciones de moverme de aquí -Comentó Ricardo tranquilamente.

Miguel refunfuñó, aquel hombre era incomprensible, su misión era un perfecto fracaso, y pensar que al discutir todo el tema con Alejandro y Armando en el bote aquella noche pensó que lo más difícil sería hallar al supuesto hombre invisible. Ahora estaba metido en un bosque, desnudo, rodeado de decenas de monos enormes de cuatro brazos, armados y junto al hombre invisible, con la clave de todo en la sangre de quienes le rodeaban, pero sin medios para llegar hasta el Armonia y aun menos para lograr que alguno de los monos o el terco compañero le siguieran.

-¿Qué hacen? -Notó como pasaban un cuenco pequeño entre los monos.

-La reparten.

-¿Qué reparten?

-La hierba.

-¿Fuman?

-No. La comen, la usan siempre para dormir. De hecho no logran dormir sin ella.

-¿Estos monos se drogan?

-Se relajan, durante el día y el trabajo todos están muy alertas ante cualquier ataque, además son de estar intranquilos, necesitan la hierba.

-De aquí viene tu vicio entonces…

-¿Qué? No, yo conocí la hierba en los ochenta, buenos años, no como los sesenta pero tampoco tan idiotas como los noventa. Después la dejé un tiempo por mi hijo, mi casa y todo eso.

-Eras padre ¿Por qué volviste?

-Para ti quizás parezca un vicio, una droga, fuiste educado así. Pero la Juana es una manera de relajarse por completo. Es perfecta para muchas situaciones, más cuando eres adulto.

-Estás loco.

-No pibe… al contrario, estoy más cuerdo que tu -Sus ojos estaban abiertos y la mirada era intensa -Cuando creces pierdes de vista las cosas importantes, estar en familia, vivir, dejar vivir, disfrutar de los pequeños momentos y detalles. Eso es lo que hace esta droga por ti, te permite volver a verlo todo simple. Cómo cuando se es niño y disfrutamos de la vida y nos sorprendemos cada día ante lo fascinante que es esta.

-Terminarás matándote.

-Todo en exceso es malo. Intenta comer mucha sal para que veas que mueres. Eso no hace culpable a la sal de tu estupidez -Miguel no respondió a las palabras de Ricardo, prefirió el silencio de la noche donde la brisa agitaba las ramas manteniéndole con los ojos abiertos, cavilando en formas de llevar a Ricardo al Armonia e imaginando que un muerto siempre es observaba, esperando que durmieran para salir de las penumbras y crear una masacre. Los tres días siguientes fueron iguales, llenos de noches sin sueño donde incluso se planteó la idea de probar la hierba que le ofrecían.

Pero su tiempo allí se acababa, para bien o para mal, no había cumplido su misión, pero decidió que era hora de regresar, después de todo, la guerra era cuestión de cuarenta y ocho horas si no erraba, y ya de por sí el trayecto al Armonia era largo.

———————————————————————

-¿Quién eres? -Alejandro recibió un tercer golpe en el rostro, podía sentir el sabor de la sangre en su boca, aún así sonreía con calma. Se hallaba amarrado en una habitación con un gran faro de luz sobre su rostro. No podía ver a quien le hablaba, pero reconocía perfectamente la voz, era la misma Rebecca quien le golpeaba.

-Alejandro, deberías haberlo verificado ya -Recibió un nuevo golpe en su rostro, los ojos vieron puntos de colores y un par de lágrimas brotaron de dolor. La realidad es que los golpes eran lo de menos, lo que le tenía al borde de los gritos era su hombro dislocado que junto al amarre le daba puntadas muy fuertes.

-la radio frecuencia que nos distes no pertenece al Armonia -esta vez fue un hombre quien habló con un tono grueso e imponente.

-Queremos saber donde se encuentra Cassie, eso es todo. Dínoslo y te dejaremos ir de aquí, a ti a tu grupo.

-¿Los demás están con ustedes? -Un atisbo de esperanza, si era real. Alejandro sintió que su pecho se inflaba y una emoción creció en él.

-¿Te preocupan?

-Si los tocas… -El tono del chico cambio de súbito. Rebecca se quedó de pie observando aquella mirada durante un par de segundos antes de hablar.

-¿Te preocupan todos? -Alejandro no podía verla, pero sintió las pisadas de la mujer acercarse y moverse a su izquierda -¿O solo la chica que grita desesperada por Alejandro?

-Puedes jurar Rebecca, que no me importará quien seas, cuantas personas dependan de ti, si eres una maldita leyenda o no, si la tocas a ella te mataré con mis propias manos y disfrutaré hacerlo -Ira y decisión. Rebecca comprendió que no había ni un atisbo de duda en sus palabras, tampoco le sorprendía en exceso. Pero debía aceptarlo, estando atado, casi desnudo, herido y sucio, aun así era atemorizante.

-Cassie ¿Donde?

-Si la tocas Rebecca…

Lo siguiente fue una chispa, un par de manos con cables tocaron su pecho. Fue como si un camión de treinta toneladas impactara de pronto contra él, todo su cuerpo gritó de dolor, se estremeció y cayó de espaldas con la silla aun temblando, se golpeó la cabeza y todo quedó oscuro nuevamente.

Despertó sobresaltado, observó alrededor, se hallaba en una cama pequeña al igual que la habitación, lo único bueno es que ya no se encontraba amarrado y su hombro estaba de nuevo en su lugar. Tenía sed y hambre, debió de pasar mucho rato ¿Cuando había comido por última vez? Cierto en el bote camino a la nación europea y no tenía la menor idea de cuanto tiempo pasó después de aquello.

Lo que mas deseaba ahora era poder ver a Claudia, llegar al Armonia para poder abrazar a Karla y Xander. Se levantó, las paredes eran de metal, debían de hallarse en algún barco, lo cual indicaba había salido de Europa sin saber cómo.

Deambuló un instante por el lugar pensando en lo sucedido más a fondo, era obvio que el grupo de Rebecca era quienes les habían salvado, pero no por saber que pertenecían al Armonia, no, ellos pensaban estaban cazando al grupo de Cassie.

Eso ponía a la antigua camarada cabello rosado de Yoshua en escena. Tenía mucho tiempo sin saber de ella, ya le había olvidado por completo, pero si de algo estaba seguro, es que las explosiones eran su estilo. Debió de ser una estrategia para salir del lugar.

¿Eso quería decir que el grupo que Alejandro buscaba de rescatar era el de Cassie? No… Si la chica y Rebecca se conocían y tenían dicha disputa quiere decir que Cassie pertenece a altamar y se encontraba en la nación europea buscando suministros cuando encontró al resto de supervivientes. Encontrar personas es igual a hallar mano de obra, siempre es buena para mantener el poder. Debió querer sacarlos para unirlos a su tripulación. También podría ser el caso de que Cassie se hallara allí buscando suministros, recursos valiosos que en la nación sobraban.

En medio del caos estaban ellos, quienes habían llegado sin tener idea de que se adentraban en territorio de otros, irrumpiendo y de allí surgía la confusión de Rebecca. Ni ella ni sus hombres debían tragarse que eran del grupo del Armonia, menos que él era Alejandro. Solo quedaban pocas preguntas por responder: ¿estaba Claudia bien? ¿Había logrado el grupo de Rebecca rescatar a los sobrevivientes? Y por último ¿Por qué el Armonia había cambiado de radio frecuencia?

Se acostó para descansar y relajar su cuerpo, estaba cansado y su cuerpo resentido de tanto golpe, tenía hematomas por toda la zona abdominal a su derecha y en la espalda. También a la altura de su cintura y en la pierna.

La puerta se abrió con un chirrido, la mujer con su cabello negro azabache muy largo pasó junto a un hombre, su expresión era fría -Me temo que te debo una disculpa, logramos comunicarnos con el Armonía el día de ayer, tienes razón, te identificaron de inmediato, nos dirigimos allá en estos momentos -La mujer estaba por retirarse cuando Alejandro le interrumpió.

-De mi grupo ¿A cuantos rescataste? ¿Quienes?

-Rescatamos a un alemán y a una chica de nombre Claudia en la costa, luego a un tal Bill y Marina, la mujer está bien, el hombre estaba tan herido como tú. ¡Ah! En el bote había un hombre con varios impactos de bala, estaba muerto cuando llegamos.

-¿Claudia está bien? ¿Puedo verla? -Preguntó, a lo cual Rebecca frunció el ceño y con una señal ordenó al hombre a a su lado a que fuese a buscarla -¿Y el Armonia? ¿Por qué no funcionaba la radio frecuencia?

-La cambiaron, al parecer hubo un motín interno, una especie de rebelión formada por un grupo llamado la coalición pro marítima. Pero llegó el Fema y tomó el control de la situación, hablamos con su representante y nos ordenó dirigirnos al Armonia. Debemos llegar en unas seis horas.

-¿Cuando será el ataque? -Terminó por preguntar.

-Pasado mañana.

-Es un placer conocerte… – La puerta se cerró tras la mujer -Rebecca -Expresó con un fuerte dolor en el cuerpo antes de volverse a acostar.

———————————————————————-

Brad se levantó lentamente del catre, aquello era lejanamente una sorpresa, había escuchado todo desde horas atrás. De hecho los esperaba con cierto grado de ansias. Fueron ocho personas las que entraron, siete de ellas iban fuertemente armadas con sus trajes negros a la vista. Obviamente entrenadas por su manera de colocarse y sujetar las armas directas a su cuerpo. El último hombre vestía un traje y una banda en su brazo con un símbolo peculiar y las siglas FEMA en este.

-Con que tu eres Brad -El aludido se limitó a sonreír levemente pero no respondió. Posó sus brazos detrás de su cuerpo y observó -Soy Claude, secretario segundo del Fema. Te llevaremos de inmediato a otra nave y de allí a la nación Americana donde seras “enjuiciado”.

Brad notó que la luz roja de la cámara en una esquina dejó de titilar y se quedó apagada. Sonrió de manera mas abierta y movió su cuello de un lado a otro para quitar la tensión en este -Temo teneeeerr que negarme en su oferta. Primero que todo, déjenme aclararles que nos hallamoooooos muy agradecidos con el Fema por la oportunidad que han brindado.

-No sé a que te refieres.

-Por supuesto que no lo sabe -Picó un ojo -El Fema fue creado hace más de veinte años como un plan de protección a la humanidad, subvencionado en un principio únicamente por el gobierno norteamericano. La idea era asegurar la supervivencia de los líderes y de una población selecta ante una catástrofe de índole global. Pronto otros gobiernos se vieron interesados en la idea y se presto ayuda a tan grandiosa empresa. Otorgaron grandes cantidades de dinero a ideas como la creación de un semillero internacional en el Ártico, la colocación de servidores en el mar Ártico por parte de una empresa muy lucrativa dedicada a la publicidad. Al tiempo que catalogaron especies, realizaron investigación sobre el genoma, crearon refugios subterraneos a lo largo de todo el mundo y llevaron un registro de los refugios privados. Creando incluso una ley que les permitía adueñarse de cualquier buen refugio en caso de emergencia. El problema es que dicha emergencia global no se presentabaaaaa…

-¡Llévenselo!

-Cooomo ya le dije, temo tener que negarme, estoy de hecho esperando a alguien que se encuentra en la nación europea, o ya en camino para acá.

-No fue una sugerencia -Alegó el hombre con el traje.

Brad relajó sus brazos de la espalda, se tocó la barbilla mientras los uniformados se acercaban a las rejas -Dígame Claude, ¿Con qué razón apagaron la cámara de seguridad?

-Nada de lo que usted diga puede ni debe ser escuchado por los tripulantes de este barco.

-Entiendo. Pero como dije, no pienso irmeeeee -Alzó su brazo adelante, los uniformados abrieron fuego instintivamente. Un centenar de balas dio contra su cuerpo en un parpadear, de pronto no hubo más balas.

Su brazo continuaba extendido, pero sus dedos eran de unos cinco metros de diámetro y de un color oscuro como el carbón. Ocho dedos salían de aquella mano, atravesaban la sala, pasaban por entre los barrotes y atravesaba el cráneo de todos los presentes, incluso los que tenían cascos.

La sangre manó en gran cantidad al suelo junto con los cuerpos que se desplomaron todos a la vez. Las balas salieron del cuerpo de Brad por el mismo lugar donde entraron, no había sangre en ellas, en su lugar mostraba agujeros que fueron tapados por una masa oscura que luego regresó al tono de su piel.

Por último observó al hombre del Fema, y con cierto placer volvió a alargar su mano, esta vez dos de sus dedos se movieron estirándose con el mismo aspecto oscuro. Dieron un brusco giro alrededor de la cabeza de Claude, la masa encefálica cayó regada al suelo junto a una gran cantidad de sangre.

Se tomó su tiempo, como si se tratase de sus pinchos de carne Brad ensartó los globos oculares del hombre sacándolos de lugar para llevarlos a su boca, y luego con sumo cuidado fue recolectando los sesos para saborearlos -Las dos mejores partes, mis favoritas por mucho -Sonrió con pasión y malicia pasando los pedazos a un plato con si se tratara de un sushi.

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