CAPÍTULO 7. MUERTE

Karla podía recordar a la perfección el momento en el cual observó a Alejandro salir del centro comercial, la alegría que invadió su cuerpo al observarle abrir la puerta de la casucha metálica, con su suéter roto y un pedazo del jean en llamas, su rostro ensangrentado y el costado derecho abierto nuevamente, pero vivo. Después de ello los tres corrieron hasta el edificio contiguo, un aparcamiento de autos hecho por niveles. Y metiéndose dentro de un auto esperaron a que el mar de muertos en llamas se dispersara y calmara. Sin embargo el rio de muertos parecía ir en aumento y llegaban cada vez más, y de pronto la estructura del centro comercial comenzó a desplomarse.

Fue ella quien unió los cables y encendió el auto para largarse de allí, arrollando a varios mutilados en el proceso y a un muerto en llamas que se atravesó. El estrepito en el centro comercial, los gritos, el calor, y el resplandor intenso abrumaba los sentidos se los muertos, quienes se dirigían en aquella dirección desde todas los rincones de la ciudad en un rio interminable.

Alejandro permaneció callado durante un rato, Claudia le abrazó y se sentó en sus piernas limpiándole la sangre que no paraba de brotar de su cabeza y el costado. Incluso se quitó su blusa quedando semi desnuda para tapar la herida en su abdomen.

Salir de la ciudad, siquiera del estacionamiento no fue sencillo, los muertos se atravesaban y comenzaban a seguirles rápidamente, corriendo con mucha fuerza mientras ella debía manejar y disparar al mismo tiempo. O al menos así fue hasta que hubo una fuerte explosión, que dejó a los muertos como paralizados, haciéndoles voltear y permitiendo que el auto tomara cierta ventaja y se alejara un par de segundos.

El muchacho se hallaba en estado de shock, ella lo sabía muy bien, Claudia la miraba pidiendo auxilio, pero ella se concentraba en manejar y alejarse lo más rápido posible. Además no sabía qué hacer, la primera y ultima vez que observó al chico así que después de que Alicia se aliara con Yoshua, y el por sí mismo había salido de tal estado.

-Calma, has presión sobre la herida- Le indicó mientras aceleraba tomando la autopista pasando por encima de un mutilado, haciendo que el carro saltase con ellas adentro. Para su infortunio el auto se averió unos cuatro kilómetros más adelante, en un lugar donde solo habían arboles enormes alrededor y rocas el tamaño de camiones. Por ello debieron bajar del vehículo y comenzar a caminar a un costado de la autopista, mientras Karla observaba en todas direcciones ante cualquier ruido, y resultaba frustrante, después de todo parecía como si el mismo viento quisiera volverla loca. Apenas escuchaba el crujir de una hoja ella giraba sobre sus piernas apuntando con el arma, mientras Claudia y Alejandro caminaban, la primera tomándole de la mano, y el segundo sin expresar palabra alguna.

-¿Qué había sucedido para que él estuviese así? – No podía siquiera imaginarlo- Quizás el muerto dijo algo, o hizo algo que él no esperaba- La cabeza le daba vueltas, y mientras más le observaba más se preocupaba. Claudia parecía hallarse igual que ella, sostenía la mano del chico y constantemente le miraba a la cara, y luego a ella.

-¡La naturaleza me odia!- Concluyó, al sentir como un par de ramas se movían producto de la brisa y ella daba una vuelta y apuntaba con su arma, esperando que apareciera algo en medio de la oscuridad, que además no le permitía ver más allá de cinco metros entre la espesa maleza y los arboles.

-Debo regresar- Fueron las palabras que Alejandro pronunció en medio de la oscuridad, y de pronto, como si la energía hubiese vuelto a su cuerpo revisó el rifle que aun mantenía en su espalda observando el cargador.

-¿Qué acabas de decir Ale?

-Debo regresar a la ciudad.

-¿Por qué?- Preguntó Claudia.

-¿Te volviste loco?

-No, de verdad necesito regresar.

-¡¿Y qué esperas encontrar allá atrás?!- Karla se salió de sus cabales y comenzó a gritar sin comprender al chico.

-Necesito… verificar algo que creo que vi… además debo arreglar algo Karla.

-¡Es una estúpida locura Alejandro! ¡En todo el tiempo que llevo conociéndote esto es la estupidez más grande que te escuchase decir!

-No lo comprenderás si no te lo explico, y de verdad no tengo ni el animo ni el tiempo para explicártelo ahora Karla- Él la miró a los ojos y ella sintió el peso de aquella mirada, la misma que siempre adoraba, seria y firme, ahora observándole, con determinación, la osadía que ella amaba ver en su mirada.

-No quiero Ale… acabamos de salir de allí y…

-Yo tampoco quiero, ese sitio da miedo, y todo está quemándose- Expresó Claudia llorando pegándose al cuerpo de Karla.

-Ustedes no van a ir, solo yo.

-Eso es una locura más grande, Alejandro.

-No puedo dejar que ustedes vengan conmigo, debo hacer esto yo solo.

-¿Y qué esperas que haya yo mientras tanto? ¿Qué esperas que haga Claudia? ¿Nos quedamos aquí esperándote? ¿Esperando a que un muerto te muerda y termines como uno de ellos? ¡Y nosotras aquí, pasaríamos hasta un mes esperándote hasta que nos demos por vencidas y caminemos hasta Pirai grandísimo idiota!

-Tres días Karla, regresaré en tres días, si no estoy aquí antes del anochecer del tercer día, vete con Claudia a Pirai y dame por muerto.

-¡No quiero que vayas!- Claudia continuaba llorando.

-Por favor chicas, tengan un poco de confianza en mí.

-¿Crees que es un problema de confianza? ¡Condenada sea Alejandro! ¡No quiero que vayas! ¡No quiero que te mueras! ¡Mírate, estás medio muerto y desangrándote!

-Voy a estar bien, descuida, estaré aquí en tres días, no más, tres días Karla.

-No digas que vas a estar bien tan a la ligera- Karla se acercó para abrazarle y besarle, sintió sus labios calientes y los apretó con fuerza, en medio de lagrimas que ella misma no podía controlar y un sentimiento de vacio que llenaba su pecho, una sensación que le indicaba estaba perdiendo lo más preciado y ninguna de sus palabras surtían efecto en él. Lo besó aun más fuerte, mordió su labio superior y lloró un instante mientras le abrazaba- Nadie muere estando preparado para ello, todos piensan que podrán seguir sus vidas, la muerte llega de improvisto, siempre Alejandro.

-Te quiero- Claudia se despidió dándole un beso en la mejilla en medio de un llanto desconsolado. Alejandro dio media vuelta y comenzó a caminar de regreso mientras que ellas se quedaron paradas allí en medio de la autopista un buen rato hasta que desapareció de la vista. Claudia lloró desconsoladamente hasta quedarse dormida sentada sobre el cuerpo de Karla debajo de un árbol.

A Karla le fue imposible pegar el ojo en toda la noche, y para cuando amaneció tenía los ojos rojos y el corazón vuelto añicos y su único pensamiento era él, y su paradero.

Ahora se hallaba en el cuarto día, la noche anterior se había cumplido el plazo sin que Alejandro llegase, y tanto ella como Claudia se hallaban amarradas sobre las ramas de un árbol enorme esperando. Claudia dormía, el primer día despertó sobresaltada y escuchar música no la animó mucho, sin embargo gastó la batería de su ipod y Karla le prestó el suyo, con esperanza de mantenerla relajada, pero su batería se terminó para cuando cayó la noche y ambas subieron a un árbol.

Después de eso, dormir era la mejor opción de gastar el tiempo mientras esperaban generalmente observando la carretera vacía- ¿Qué puede estar haciendo ese idiota? Es que si dejan que lo muerdan, ¡lo mato! Y lo…- Apretaba las manos imaginándose el cuello del chico hasta que Claudia la observaba y volvía a su serenidad. Tres días y noches eran un tiempo increíblemente largo cuando no había nada que hacer salvo dormir comer y caminar para estirar los pies e ir al baño que improvisaron del otro lado del camino.

Sin embargo los últimos dos días habían resultado extraños, los muertos habían comenzado a aparecer con mayor frecuencia, al punto en que Karla optó por no dispararles y verles andar por la calle, todos con el rumbo de la carretera, lo cual marcaba sin duda se dirigía a Pirai. Un detalle más para preocuparle y sacarle de casillas y hacer que entrara en desesperación.

-¿Cómo te enamoraste de Ale?

-¿Ah?- Claudia se hallaba despierta en la otra rama mirándole.

-Pues no sé.

-¿Fue hace mucho?

-Si, hace algo de tiempo.

-¿Ya estaban los muertos?

-No, mucho antes de eso me gustaba, hace años, cuando estábamos más pequeños, su mamá lo sabía, y me dejaba entrar a la casa y me hacía señas sobre donde estaba él, era bastante gracioso.

-¿Cómo era su mamá?

-¿La señora Ligia? Era una mujer muy dedicada, trabajaba como enfermera, sufría de las piernas, pero nunca se quejaba, y su hijo era su adoración.

– Miabuelo era igual, siempre me consentía, le gustaba prepararme lechecaliente en las mañanas y regaba el jardín. Había un gato queentraba todas las mañanas a la casa, el día de la infección huboun desastre cerca de la casa, los muertos atacaron a un chico vecino,o él era uno de ellos. Fue un gato el que se interpuso entrenosotras y un muerto, maullando se lanzó sobre… nuestro atacante.

-Desde ese día te gustan los gatos.

-No, ya me gustaban desde pequeña, pero ese día fue el ultimo en el cual pudo ver uno.

-Si, Alejandro también me mencionó que después de eso se extinguieron, y la verdad si se le lanzaban así a cualquier muerto, pues entiendo que se extinguieran.

-¿A qué crees que fuese Alejandro a la ciudad?

-No se gatita, no tengo la menor idea, quizás vio un gato blanco y fue para traértelo- Ambas sonrieron ante la broma.

-Si, aunque me molestaría si fue solo a eso, lo extraño.

-Si, yo también, tu te has apegado bastante a él.

-Cuando estoy con Alejandro, no importa si hay muertos, parece posible vivir, y me siento bien, estoy segura, y siento como si…

-Como si estuvieras en casa.

-Si, también extraño la casa, pero quiero que estemos todos.

-La casa…- Karla la recordó pasillo por pasillo, la tranquilidad que días atrás le proporcionaba, lejos de cualquier grito, lejos de la muerte, sumidos en un espacio donde ningún muerto llegaba, donde eran felices todos juntos, comiendo y jugando, nadando o haciendo cualquier locura, incluso entrenando, el tiempo en aquel lugar lucía perfecto, y hasta ahora ella se percataba que aquella casa era la felicidad plena y todo lo que deseaba, deseaba volver a ella con todas sus fuerzas, y que el resto le acompañase, a alejarse de la inmundicia de la vida.

-¡Alejandro!- Gritó Claudia.

-¿Qué?- Karla dio un salto y de no ser por hallarse amarrada al árbol habría caído del mismo de la impresión. En efecto, a unos dos cientos metros en la autopista y acercándose se hallaba el chico. Pero…

Se movía lento, no tenía camisa, y una mancha negra se hallaba sobre su rostro, arrastraba los pies al andar y se hallaba mucho más delgado. Karla dio un grito ahogado y se tapó la boca al observarle- No puede ser, no puede ser… no puede ser… no, no, no, no ¡No!- Se quitó las amarras de la cintura y comenzó a bajar casi lanzándose al suelo, caminando en carrerilla mientras apuntaba el arma hacía él.

-¡Alejandro!- Claudia había bajado del árbol y corría hacia él.

-¡Detente Claudia!- Karla la detuvo y alzó su arma con determinación- ¡Alejandro!- Gritó con todas sus fuerzas.

-Baja el arma Karla…- La voz del chico fue débil pero audible, ella sintió que su cuerpo recobró la vida y arrancó a correr junto a la pequeña para abrazarle.

-Pensé que tu… yo pensé que… ¡Oh dios!- Le abrazó fuerte, al punto de casi derribarlo, el chico apenas sonrió.

-¿Tienes agua? Muero de sed…

-¿Agua?- Claudia ofreció su cantimplora en la cual apenas quedaba un par de gotas.

-No he tomado agua en cuatro días…- Se quejó él intentando sonreír ante las dos chicas. Su respiración era forzada y aun tenía marcas de sangre en el pelo y una parte de su rostro, la herida a un costado él mismo se la había suturado y había quedado toda maltrecha y se observaba una parte llena de un líquido amarillento.

-Debemos llegar a la ciudad- Y tomándole del brazo comenzó a caminar junto con él.

-Me tardé más de lo que dije.

-Si, pero ya me las cobraré por eso- Contestó ella mientras caminaba, y Claudia iba adelante.

Luego de más de una hora caminando, ella comprendió que Alejandro estaba sufriendo una deshidratación grave, ni siquiera sudaba y sus labios se hallaban secos y resquebrajados, movía sus piernas lentamente, luchando por mantener su cuerpo en movimiento. Karla tomó el arma y el pequeño bolso que él llevaba a cuestas y continuó el camino, deseando que Pirai estuviese cerca, conjuntamente el camino comenzaba a empinarse y comenzaban a subir por un costado de la montaña. Claudia mientras tanto se adelantaba, disfrutando el paisaje, pero también observando a los lados por la presencia de cualquier muerto.

-¿Qué paso Alejandro? ¿Por qué regresaste?- Preguntó la chica, sin embargo hubo un silencio enorme, y él tan solo la miró a los ojos, la mirada que ella observó tardó un rato en reconocerla, la había visto una vez. Diez minutos después pudo recordar cuando había visto esa misma mirada en el chico, fue cuando eliminó los cuerpos de aquellos infantes en el hospital donde su madre trabajaba. Karla comprendió que fuese lo que fuese Alejandro había regresado a hacer, de seguro era algo que a ella no le agradaría escuchar.

Eran casi las seis de la tarde cuando observaron una muralla enorme de bloques a lo lejos, y comprendieron se hallaban en la entrada de Pirai. Karla animó al chico dándole un pequeño empujón, y el sonrió diciendo- Lo logramos, estamos aquí…

Claudia salió corriendo rumbo a la muralla, y Alejandro se quedó observándola durante un segundo, Karla también sentía ganas de correr, pero no podía dejar a Alejandro atrás. Pero entonces algo pasó.

-¡No corras Claudia!- Gritó el chico.

-¿Qué sucede?- Exclamó Karla sin comprender.

-¡Ellos no saben que Claudia no está muerta!- Y con estas palabras Alejandro se zafó de su brazo y comenzó a correr tan fuerte que ella misma se sorprendió tuviese tantas fuerzas. Le siguió casi sin comprender por qué corría, hasta que escuchó el silbido típico en el aire.

Alejandro tomó a Claudia por la blusa y de un jalón la lanzó cuatro metros a un lado del camino, al tiempo que Karla observó el impacto de tres disparos, el primero impactó en el suelo, haciendo saltar pedazos de asfalto, el segundo el la pierna del chico y el tercero en su pecho, saliendo por su espalda.

-¡NO! ¡Malditos!- Karla corrió con todas sus fuerzas para tomar el cuerpo de Alejandro que caía al suelo. Claudia se hallaba casi paralizada a un lado observando como el chico caía hacia atrás.

-¡Noooooooo!- El grito de la pequeña fue prolongado.

Karla alcanzó a lanzarse al suelo ante de que Alejandro tocara el pavimento, sosteniéndole mientras de su espalda manaba sangre como un grifo. Karla no lo podía creer, él la miraba en silencio, casi sonriéndole mientras que ella lloraba y gritaba sin parar sosteniéndole contra su pecho.

-¡A Alejandro no le disparen!- Claudia se interpuso en la mira agitando los brazos de un lado a otro al tiempo que gritaba- ¡A Alejandro no le disparen! ¡A Alejandro no le disparen! ¡Por favor a Alejandro no!

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