CAPÍTULO 7. DÍAS PASADOS

( DÍA 15 DESPUÉS DE LA INFECCIÓN)

Alejandro apuntó el arma, respiró hondo y jaló el gatillo. El disparo resonó y el impacto del arma golpeó su hombro con fuerza, se resintió apretando los dientes. Al abrir los ojos notó que el jadeante no había muerto, en cambio, había delatado su posición y dos muertos se dirigían donde él estaba. 

Se levantó del suelo con la mirada desesperada. No conocía la zona bien. Corrió por el callejón tirando un bote de basura para girar a la derecha. Los gritos de los muertos comenzaron a seguirle. Tenía miedo. 

—Mierda— Corría desesperado. Lo que pensó eran dos jadeantes de pronto eran cuatro y un olfateador saltando por las paredes a cuatro patas, estaba seguro le alcanzarían. Su ventaja y por lo cual todavía no había muerto era la distancia que tomaba en cada enfrentamiento, y que la mayoría del tiempo se cubrió con bolsas plásticas o cualquier cosa lo suficientemente grande. 

Llevaba veinticuatro horas en la calle, deambulando de un sitio a otro. La noche la había pasado en un parque entre unos matorrales. El frío había entumecido sus músculos y el levantarse fue un infierno. El no poder dormir dejaba el cuerpo convertido en un severo desastre. 

Intentó entrar a un par de casas para buscar refugio ahora que era de día, pero sintió ruidos en el interior y el temor le hizo retroceder. 

Su casa ya no era segura, y en su escape no tuvo mucho cuidado. Sin contar que su posición geográfica no era la mejor, se hallaba muy cerca del centro de la ciudad. debía alejarse a zonas menos urbanas, pero para ello debía atravesar cientos de calles repletas de muertos. Llevaba casi todo el día escondiéndose, pero cuando finalmente estaba casi al borde y podía ver la grama asomándose, observó a un jadeante bloqueando el camino. Por eso usó el arma que días atrás le quitó a Verónica. 

Corrió tan rápido como sus piernas se lo permitían, pero no podía seguir, los muertos estaban tan cerca que casi podía sentir su respiración en el cuello. Sin aviso pasó en perpendicular a un callejón y sintió como una mano le tomó del cuello de la remera sin previo aviso. Algo estalló frente a él y una radio salió volando desde el callejón en dirección a la calle. 

Volteó asustado, listo para defenderse cuando observó a un hombre de unos veintitantos frente a él. El sujeto tenía rostro amigable y bonachón a pesar de la desordenada barba en su rostro.

—Tienes un arma hermosa y no sabes usarla, eso sí que es un desperdicio— Señaló la AR— Es una modificación de una AR-15, siempre y cuando tengas balas deberías estar a salvo con esa cosa— Tenía una barriga prominente, se hallaba vestido con unos pantalones jeans algo raídos y una camiseta de videojuegos.

—Perdón, yo.

—Sube, estarán distraídos un rato con la radio— El hombre señaló las escaleras de emergencia de metal a un costado del edificio— Te vi desde el otro lado apuntando. Pensé que darías un tiro perfecto, con semejante hermosura. Supongo que no todo el mundo sabe usar las armas. 

—La tengo desde hace poco, nunca he…

—Nunca has practicado, se nota. Debiste desviar la mirada a la izquierda— Subían lento, un par de muertos ahora buscaban en el callejón a sus pies. Finalmente llegaron a una ventana abierta del piso sexto. El hombre se metió y cayó rodando por el otro lado. Era de todo menos alguien pulcro y cuidadoso en sus pasos.

—¿Vives aquí?

—Sí, bienvenido a la Raulcueva— La voz de aquel hombre era una mezcla entre dulce con grave. El lugar por otra parte era un apartaestudio amplio convertido en un verdadero desastre. En una esquina había un armario con cientos de libros, mangas y figuras de acción, al lado de este, dos computadores, uno más viejo que el otro. Un par de consolas y un televisor enorme. La cama se hallaba en todo el centro del lugar y estaba cubierta por ropa y algunas otras cosas. 

—Soy Alejandro. 

—Yo Raul. Siéntate, no sientas pena. 

—Gracias por lo de hace un momento. Me salvaste. 

—Descuida, aunque me gustaría probar esa arma a cambio— Comentó el hombre sentándose en la cama para tomar un paquete de papas fritas de este y devorar un par. Alejandro reaccionó tomando con mayor fuerza el arma, acto que Raul debió notar pues continuó— No te la voy a quitar, tengo bastantes armas— Se levantó y abrió un armario en la pared del otro extremo. En el interior había tantas armas que Alejandro no supo qué decir— Soy aficionado a las armas, he entrenado con ellas desde que tengo memoria. 

—¿Sabes usar esta? 

—No es difícil, es una modificación bastante sencilla, aunque muy elegante. Nunca he visto una como esta, debió ser personalizada por alguien, o alguna compañía— Se acercó para verla mejor, agachándose con mirada concentrada.

—Quiero aprender a usar armas— Soltó Alejandro sintiendo una alegría por dentro. 

—Podría enseñarte, pero quiero algo a cambio— El hombre sonrió— No salgo mucho de la casa y hay ciertas cosas que necesitaré si quiero seguir viviendo aquí cómodamente—. Sin contar que me aburriré bastante rápido si las cosas siguen como van, probablemente tenga solo que leer o jugar. No hay internet desde hace unas dos horas, por las bombas— explicó. 

—¿Las bombas? 

—Usaron bombas atómicas hace un par de horas. 

—¿Qué? ¿Quién? ¿Dónde? 

—Militares, ¿o algunos que quedan? aparentemente están moviendo sus operaciones a varias islas, Kiska, Diego Garcia. No sé donde cayeron las bombas, pero después del pum, nada de internet. 

—¿Está relacionado?— inquirió Alejandro.

—Supongo, no lo sé a ciencia cierta, quizás se arregle después, quizás dañaron algo muy grande, o solo es electromagnetismo en el aire. No tengo idea, tocará esperar a ver qué sucede. Estamos ahora, oficialmente, por nuestra cuenta. 

—Pensé que estábamos por nuestra cuenta hace rato. 

—Bueno, comunicarse ayuda. Ejemplo, pudiste buscar un tutorial sobre como usar bien esa arma. 

—No se me ocurrió— admitió Alejandro. 

—No importa de mucho ahora— Raul se lanzó en la cama.

Alejandro observó el lugar con mayor detenimiento. Se podría decir que tenía para él solo todo el piso, sin embargo, desde su punto de vista no parecía el lugar más seguro— ¿No hay problemas con quedarse aquí? 

—Destruyeron las escaleras internas con un martillo el primer día que sucedió el incidente. Siempre y cuando no pongamos música a full volumen nada sube hasta acá por la escalera de incendios— Razonó Raul— No tendrás puesto algún perfume ¿verdad? 

—No, llevo casi un día en la calle, estoy sucio. 

—Mejor así, aunque quizás puedas usar el baño de allá. Hay informes que dicen que esos muertos no solo pueden ver y oír, sino que tienen muy buen olfato— Raul se colocó a organizar municiones sobre la cama. 

—Mi tío también lo creía ¿lo has verificado? Nosotros solíamos usar cloro para rociarnos. 

—El truco con la radio funciona bastante bien. No veo razón para no creerles, sin contar que no pienso averiguarlo. 

—Pensé que era peligroso quedarse en una sola casa. Mi tío le sugirió a mi madre movernos, ir cambiando de casa cada cierto tiempo.

—En eso te equivocas. Toda persona que sepa sobre muertos vivientes sabe que la mejor forma de mantenerse es encerrarse, tener suficientes suministros y esperar a que la ayuda llegue— Raul mostró orgulloso la habitación— Yo he buscado de tener todo lo necesario. Aunque salir siempre es peligroso, ese fue el tercer radio que perdí esta semana. Si no está roto quizás lo podamos bajar a buscar en un rato. 

—¿Crees que habrá ayuda? 

—Eventualmente. No creo que vayan a ayudar en los próximos quince días. Lo más probable es que primero se agrupen y empiezen a formar escuadrones para ir limpiando por sectores. Latinoamérica debe estar en el último lugar, junto a África y la Antártida. 

—¿Hay muertos en la Antártida? Digo, con todo y frio, pensaría que no sobrevivirían. 

—Son muertos ¿Quieres aplicarles la lógica? Ve y grita por la ventana que deberían caer sin moverse cuando les dispares en el pecho. Si no les revientas la cabeza siguen los muy condenados— suspiró llenó de impotencia mientras negaba con la cabeza— ¿Sabes algo sobre virus? 

—Lo básico. 

—¿Te has preguntado, cómo un virus aparece en Asia en este momento, y dentro de un par de horas ya está en América y Europa? Digo, las personas mueren muy rápido, la tasa de infección debería ser pequeña. Si se infectaba toda una ciudad, pues cuarentena a toda la ciudad y listo, contendrían el virus un buen rato. Pero no fue así con este. Un día los muertos no estaban y al siguiente, pum, los teníamos hasta en el culo. 

—Tendría que ser un virus que sea muy contagioso, probablemente en agua o aire— expresó Alejandro. 

—No solo eso, para que cruzara el océano tan rápido, tendría que haber sido liberado hace mucho tiempo. Días, semanas, meses atrás— Raul le observó alzando una ceja— ¿Te imaginas? de seguro algunos lo sabían incluso, pero no hicieron nada, o pensaron que no tendría éxito, quién sabe. Leí toda una noche sobre eso, casi muero de ceguera y sueño. 

—Pero no se convirtió mucha gente. Si fuese tan libre, casi todos nos habríamos convertido en muertos ¿no?— indagó Alejandro. 

—Quien sabe, cuando alguien estudie esas cosas lo sabremos— lanzó un cartucho al otro y se levantó de la cama buscando también para sí un arma—. Mejor salgamos y te enseñamos a usar esa hermosura. 

—¿Ya?

—Mejor ahora que en la noche— comentó Raúl con una risa. Alejandro por su parte arrugó el rostro. No deseaba tener que vivir nuevamente la experiencia de pasar una noche afuera— ¿Pasaste la noche afuera? ¿Cómo sobreviviste? 

—Me escondí al lado de un basurero, pero el lugar estaba repleto de muertos. Me cubrí con un par de bolsas de basura y me quedé quieto, sin moverme.

—Estás loco, suena suicida. Increible que sobrevivieras. Conocí a alguien que era así de loco, pero murió el segundo día. 

—¿Qué pasó?— interrogó Alejandro. 

—Salió a la calle vestido completamente en cuero gritando que se llamaba zeta que podía controlar a los muertos. Pobre imbécil. Se llamaba facundo, era un idiota, pero ese día se superó a sí mismo— Raul observó al otro —. Pero basta de historias, salgamos y matemos a unos cuantos zombies. 

Subieron las escaleras y desde allí maniobraron por encima de los tejados de un par de edificios. Raul indicó que era prudente no dar la ubicación de su escondite con olores o sonidos. Avanzaron en silencio y luego se colocaron sobre una cornisa. Por las bolsas de papas y casquillos de bala podía adivinar que Raul había usado ese mismo para disparar veces anteriores. 

—Primero debes visualizar a quien vas a cazar, esto lo haces con tu vista normal, luego lo divisas en la mira. Normalmente debes calcular la distancia que hay entre tu y el objetivo, pero yo tengo este pequeño telescopio que me dice eso— Sonrió mostrando el lente. 

—Listo, iré por aquella que está allá, la de camisa raída y seno al descubierto. 

—Sencillo, normalmente debes apuntar marcando la cruz en su cabeza, pero tienes un arma que posee un retroceso, eso significa que el cañón al momento del disparo irá hacia arriba, sin importar cuán fuerte lo agarres. Por eso debes bajar la cruz un poco más. Luego calculas ligeramente el viento. El viento no desvía una bala por quinientos metros, solo ligeramente, pero cuando estás a cierta distancia, pues eso puede significar un metro de diferencia— Raul se hallaba sentado a su lado observando las calles mientras hablaba. Era la primera vez que Alejandro conocía a un experto en armas. El sujeto no parecía peligroso, al contrario, daba impresión de ser bastante amigable. 

Aprender a disparar y manipular un arma parecía vital en ese momento, por tanto aprender de Raul era relevante. Aquel hombre no daba la impresión de perder sueño o hambre por culpa de una ciudad repleta de muertos vivientes. Él sencillamente deambulaba de un lado a otro, disparaba, pensaba, comía algo, volvía a disparar alguna de sus armas y se tendía a dormir boca arriba sobre el desastre de cama. 

No obstante Alejandro en los siguientes días descubrió que debajo de la grasa y tranquilidad, se escondía un personaje meticuloso y que pensaba las opciones muchas veces antes de actuar. Alguien de quien él podía aprender. 

 

( DÍA 74 DESPUÉS DE LA INFECCIÓN)

 

Alejandro se despertó sobresaltado, Raúl en su opinión era una persona que murió muy pronto y en circunstancias poco favorables. No le gustaba recordar tal suceso, se sentía incluso responsable de aquella muerte. 

 La lluvia había cesado, y un frío entraba por la ventana de la habitación. La cama estaba desordenada, pero ambos bajo se cubrían bajo las sábanas desnudos. La mano y la cabeza de ella descansaba sobre su pecho, sus cabellos reposaban sobre su rostro. 

Lucía tierna, allí reposando plácidamente. Le miró sin comprender todos los sentimientos involucrados, ni siquiera se atrevía a moverse o respirar fuerte para no despertarle.

Se dejó llevar la noche anterior, no estaba decepcionado ni arrepentido. La experiencia fue divina, y ella era encantadora en más de un sentido. No la conocía bien, pero indudablemente ya tendría tiempo para aquello, para descubrirla. Podría ser incluso la mejor de las compañías. Sonrió alejando aquellos pensamientos tontos de su cabeza. 

Después de media hora se levantó, vistió, colocó a cargar su celular, encendió la planta eléctrica y cargó la computadora. Se sentía satisfecho consigo mismo, el sol no salía por completo, pero consideraba que el tiempo no podía estar mejor. 

Buscó en su refrigerador una caja envuelta en aluminio la cual guardaba desde hace más de una semana, en su interior había huevos, una joya culinaria después del desastre. Fue rompiendo uno a uno antes de cocerlos, cuatro de siete estaban en buen estado, cocinó, preparó tocino, algo de jugo a partir de zumo congelado, comió y llevó una porción a la habitación dejándola sobre la mesita de noche. Tomó una fotografía de la escena y fue a la computadora, había varias ideas en su cabeza que deseaba repasar. 

En el resto de la casa aún se podía percibir en el ambiente el aroma chamuscado y remojado.

Había muchas preguntas revoloteando en su cabeza, y usaría un medio el cual ya le resultó efectivo en un pasado contra la infección, el internet. 

Fue Yoshua quien encendió esa chispa en él ¿Por qué devoran carne humana? ¿Por qué se les elimina en el cerebro? ¿Cómo era posible que algunos corriesen si se encontraban en descomposición? ¿Podían desarrollar inteligencia? ¿Por qué se diferenciaban en tres clases? ¿Evolucionarían? ¿Se comportaban como una manada? ¿Por qué no se devoraban entre ellos? Y aún más importante ¿Quedaba alguien vivo luchando contra todo eso?

Ciertamente el internet ya no era lo de antes, pocas páginas continuaban en funcionamiento. La mayoría de los servidores cayeron en los primeros cinco días, el único buscador que continuaba en pie era google, y aquello no le extrañaba, quién sabe qué tecnología usaron, pero aquella cosa era sustentable, o lo seguía siendo después de setenta y cuatro días. 

—Hay blogs activos, y estos parecen estar montados con servidores caseros, significa que quedan personas vivas— repasó un par de páginas leyendo un poco con temor. La mayoría de las entradas relataban tragedia, como el caso donde un grupo de niños quedó encerrado en una iglesia luego de que sus padres se dispusieron a luchar, y los muertos lograron entrar por una zona trasera. Cuando los padres entraron a verificar, todos se hallaban convertidos. 

—Bendito seas Google, quién imaginaría que tu acaparamiento de información fuese realmente útil al final.

Comenzó escribiendo “zombi inteligencia”, deseaba ver discusiones en los blogs recientes sobre ello, al apenas dar clic encontró al menos una decena opciones, algunas antes del holocausto. Pero bien conocía el flujo de información en la red, su mayor problema es que todos accedían a ella, por lo tanto, cualquier podía colocar información errónea. Aquellos que ya eran expertos navegando sabían que primero debían filtrar las informaciones, prestando atención a los sucesos raros, creíbles, la repetición de casos entre otras. La información era variada, así que fue tomando nota de ciertos artículos en su libreta de notas. El primer artículo en llamar su atención era de quienes sugerían un parecido con el virus ébola debido a la sintomatología, pero en ese instante Alicia despertó llamándole. Se limitó a apagar el computador, tomar los apuntes y recoger la laptop dirigiéndose a la habitación.

—Alejandro, yo creo que…

—Procura comer y descansar, yo me quedaré aquí contigo— Se sentó en la cama entregando la bandeja a la chica, la cual la recibió sorprendida.

—¿No nos iremos de aquí? ¿No vendrán a buscarnos?

—No creo, solo el grupo de Armando y Yoshua saben de nuestra ubicación exacta. Armando no está interesado en hacernos daño, al menos no por el momento, y Yoshua es un tema aparte. Temo que tendré que hablar con él, pero descuida, de momento no creo que alguien venga a atacarnos.

—Él fue quién avisó a los demás sobre tu ubicación— repuso la chica sentándose mientras cubría con la sábana su pecho y buscaba su ropa. 

—Probablemente pensó en eliminar al grupo de Verónica y a mi al mismo tiempo, por eso me avisó previamente. Aunque supongo que anoche su grupo debió notar cuántos muertos hay en esta zona. Probablemente no está tan repleto como el centro, pero la urbanización es cosa seria. 

—¿Podrías pasarme la ropa?

—Ahh— Se levantó ante la mención un poco apenado, aunque bien sin saber el porqué de aquella pena ajena— Está dijiste te había gustado, supongo que estará bien— Traía consigo un conjunto verde pálido encontrado el día anterior en su excursión.

—Y ¿Te darías vuelta?

—Claro— Mirando la pared de su habitación — ¿Por qué nunca la he decorado? Claro, cierto, siempre hay otras prioridades, además no planeabas tener a una chica en la habitación de tu nueva casa cuando te mudaste aquí por el accidente, y ¿Por qué tengo que estar de espaldas? Ayer no nos dio pena a ninguno de los dos. Bueno las circunstancias eran distintas. Pero ella es linda, no tendría por qué sentirse apenada, al contrario, sería yo quien debería, ¡Me siento idiota aquí parado viendo esta pared! ¿Recordará lo de ayer? ¡Diablos, claro que debe recordarlo! habría preguntado el por qué despertaba desnuda en mi cama de no ser así ¿Le habrá gustado? ¿O solo fue cosa del instante? ¿Debería voltear ya? ¿Cuánto puede tardar? ¡Estúpida pared, si tuviese algo de pintura te cambiaria ya mismo, me pones nervioso! También es posible que ella se esté dando su tiempo, quizás está pensando sobre lo sucedido, creo que en situaciones como está el pensar es algo que está en tu contra ¿Y si volteo ahora? Es posible que grite, y se moleste conmigo, aunque en verdad me gustaría volverle a ver sin ropa— Sonrió para sí mismo lleno de pensamientos pervertidos— ¡Alejandro contrólate! Ella es Alicia, y conociéndola por lo poco que la conoces lo más seguro es que no quiera hablar de ello, mucho menos repetirlo, evitará toda mención. De seguro me sale con algún pensamiento sobre Dios y el pecado carnal que lleva consigo nuestras acciones. Quizás fue el alcohol que probó de Armando ¡Diablos! Y si hice algo que no debí, la verdad es linda, y aunque en un pasado me prometiese no entablar relación con nadie y mucho menos alojarle ¿Qué puedo hacer? es linda, me gusta su mirada—. Pensó cuando sintió los brazos de la chica envolverle en un abrazo.

—Gracias por la comida, es un lindo detalle.

—Tranquila.

—Prométeme una cosa— escuchó la voz suave de la chica a sus espaldas mientras aún sus brazos le rodeaban. 

—Dime qué— Expresó Alejandro contrariado.

—Que estarás a mi lado, y que suceda lo que suceda me abrazarás, o permitirás que yo te abrace a ti. 

Aquellas palabras le sorprendieron, era algo tierno, simple, sencillo, pero que implicaba mucho consigo— Puedes darlo por hecho— Se apresuró a decir, convencido.

Se sentaron juntos en la cama, ella a comer, y él a revisar la información en la computadora. El ébola resultaba ser un virus elegante, por así decirlo, de la familia de los filoviridae. El link de la página le dirigía también al virus de Marburgo, ambos presentaban un cuadro sintomatológico similar a lo que él buscaba, fiebre, mialgia o un dolor muscular, cefalea. Además leía una artículo sobre el Marburgvirus en el cual explicaba como este ocasiona la necrosis de los órganos del individuo, por otra parte también coincidía el brote de sangre por parte de los infectados, así como el método de infección a través de toda clase de fluidos corporales.

 Lo único que no tenía sentido en aquel esquema era la velocidad y tasa de muerte, sin contar el hecho de que los muertos no permanecían muertos después de ello. Descargó algunas páginas, las guardó, pues sabía que, aunque hoy estuviesen en funcionamiento probablemente mañana no. También poseía su biblioteca virtual, aquello le era de mucha ayuda.

—¿Cómo te puede funcionar el internet? Yo probé el wifi. 

—El wifi no funciona desde hace tiempo, pero el cableado funciona bien— levantó un cable para que la chica viese. 

—¿Qué lees? 

—Investigo un poco, quiero saber como pueden andar luego de morir, o sin comer durante tanto tiempo. 

—¿Cómo investigas eso? 

—Reviso los comentarios e historias de otras personas, probablemente alguien notase algo. Eso y veo la descripción de algunas enfermedades que parecen semejantes— explicó él. 

—Mi padre me habló algo sobre eso— comentó la chica allí a su lado atrayendo toda su atención, ciertamente había olvidado que se encontraba con la hija de un bioanalista. 

—¿Qué dijo?

—Al principio hablaba sobre el método de contagio, era típico de un virus, pero su propagación era muy rápida, incluso más que ciertas cepas de la gripe— La escuchó, aunque aquella información fue obvia para él en el primer instante en que tuvo conocimiento sobre las infecciones— Pero luego un día llegó la casa con una muestra de tejido que había recogido, teníamos un pequeño laboratorio, o al menos él se lo había montado en lo que alguna vez fue el cuarto de estudio. Eran pocas las máquinas que mantenía allí. Luego de pasarse un rato encerrado con su muestra salió dando pitidos, diciendo que jamás había visto algo igual, hablaba de un parásito, algo que parecía haber salido de otro planeta, supongo que debí prestar más atención, pero yo en cambio le decía que dejara de hacer ruido. Se acercaba la noche y como siempre me daba miedo. Los últimos días terminaba durmiendo a mi lado, esa misma noche le escuché hablar “es increíble, pero si es así no hay manera de revertirlo, tampoco de vacunar a los no infectados, simplemente queda esperar el morir”

Alejandro observó la expresión de pesar en la chica, quizás habría sido peor la del padre— ¿Un parásito? No me lo había planteado, sin embargo, no estoy de acuerdo con tu padre. El ingenio humano es una máquina imparable, y así como nosotros, hay personas allí afuera, resistiendo, y las más inteligentes, buscarán una solución tan arduamente como yo. deben haber personas investigando, descubriendo, creando un suero, o algo. 

La chica le miró complacida— Por eso sigo creyendo que eres un ángel que Dios envió para mí, me haces sentir que todo está bien— Con estas palabras le abrazó más fuerte mientras el cielo afuera aclaraba. Se sentían a lo lejos algunos gritos y gemidos, pero no tenía intención alguna de averiguar lo que fuese— ¿Nos quedaremos aquí?

—Por los momentos, luego, eventualmente deberemos mudarnos, si las cosas se dan como pienso sucederán, la parte difícil no ha comenzado todavía.

—¿A qué te refieres?

—La escasez de comida apenas comienza. Ahora Armando podrá estar de nuestro lado, pero cuando su gente esté al borde del hambre querrá tocar nuevamente mi puerta, pero yo no puedo suplir a una gran población. Discutiremos, y es muy probable que quiera tomar las cosas a la fuerza. Será cada vez más difícil encontrar algo de sustento, además si hay personas vivas aún en las grandes ciudades en definitiva viajaran si ya no lo están haciendo hacia zonas como la nuestra. Donde la población no llega a millones. Por otro lado hay mucha población que de seguro vio como posibilidad el irse a la mar, el problema con ello es que de un momento a otro deberán buscar suministros en tierra, y este es uno de los principales puertos del país. Yoshua también representa un peligro en sí mismo, ya es obvio que sabe valerse, es inteligente, pero es la clase de personas que no tiene escrúpulos, y piensa que cualquier método es bueno para llegar a sus objetivos. También tengo algo de miedo de que ese virus o parásito pueda mutar, es algo latente, y de ser así sería un factor desconocido en mi ecuación.

—Ese diario, donde siempre anotas lo sucedido cada día ¿Anotaste lo de ayer?

Él la miró, un poco complacido ante la sola mención del asunto— No, la verdad no, siempre anoto las cosas que quiero recordar, pero te puedo asegurar que suceda lo que suceda, lo que ayer sucedió no se me podrá salir de la cabeza, además es algo personal, prefiero reservarlo— Notó una ligera sonrisa en la chica.

—Ayer leí un poco, a trazos, hablabas de muertos, incluso había fotografías, y tenías una especie de crónica sobre el primer día.

—Algo así, es información valiosa, puedo ver paso a paso lo sucedido, por si se me escapa algo.

—¿Me contarías lo sucedido?

—Yo— Buscó la bitácora por la habitación para entregársela a la chica, por alguna causa contar las cosas no le era sencillo, pero no le importaba si eran leídas— Si quieres saber cómo fue ese día, leelo, creo que está mejor explicado allí que cualquier cosa que pueda decirte. 



(DIA 0 DE LA INFECCIÓN)

12:35 a.m.

 

—Deberías acostarte temprano— La mujer apagó la televisión y las luces de la casa al tiempo que se dirigía a su dormitorio.

—Sabes que no me da sueño temprano— Alejandro revisó los foros que frecuentaba a diario por la red, la costumbre le ganaba.

—No te dará sueño estando frente a la computadora, solo procura no trasnochar. 

—Está bien mamá, de seguro me acuesto en un rato— Alejandro respondió colocando los audífonos para escuchar algo de música. No buscaba nada en específico, tan solo hurgaba en los sites leyendo algunos artículos interesantes. Así había visto la lluvia de estrellas fugaces, aprendido ciertas palabras desconocidas de origen extranjero o comprendido las razones de guerra en ciertos lugares. 

Eran las doce con treinta de la madrugada cuando su amigo, “perrobravo”, un chico de España le pasaba una entrada interesante. Normalmente no prestaba atención a los links de aquel chico, ya que podía ser inteligente, pero era un fanático arduo de las conspiraciones y resultaba ser intransigente ante cualquiera que dijese lo contrario sobre la existencia de cosas como pie grande.

Incidente Roswell, Proyecto HAARP, Proyecto MKULTRA, el lado oscuro de la luna, el pasado de Marte, eran sus tópicos favoritos. Pero en esta ocasión “perrrobravo” le enviaba un video que acababan de subir a un servidor por un grupo de aficionados. La página resultaba tosca, y algo lenta para cargar, luego de algunos segundos de espera comenzó. El registro del video decía que llevaba tan solo diez minutos de haber sido subido a la red, sin embargo, ya tenía treinta y cuatro mil visitas, algo ciertamente impresionante para ser una secuencia de tan solo cincuenta segundos. 

Al presionar el botón de play la pantalla negra dio paso un par de chicos de aspecto germano conversando, corriendo y acercándose a un edificio parecido a un invernadero colosal con una inscripción en el centro “Frankfurt Airport” en azul eléctrico. Más allá, un Boeing 747 cercano. 

El sitio en general se hallaba en penumbras, algo atípico teniendo en cuenta que se trataba de un aeropuerto. El video parecía grabado en horas de la madrugada en aquel sitio, se podía observar presencia policial y militar acordonando la zona donde había ventanas rotas— ¡Espera un segundo!— Alejandro retrocedió un poco, en verdad había algo extraño en el video, decenas de equipos militares en el lugar, los chicos corrían mientras grababan. En primera instancia parecía el sitio de un atentado terrorista.

 Se escuchó un grito abrumador, probablemente los chicos se encontraban a escasos cincuenta metros de la acción, pero el grito grave era tan alto que daba la impresión de ser algo justo al lado de ellos. Entonces apareció, una figura humana saltaba del segundo piso del edificio, rompiendo una ventana, dando contra el suelo, y levantándose como si nada. Arremetiendo contra las personas presentes. 

Alejandro retrocedió para ver mejor las escenas. El video fue grabado con un celular, pero la oscuridad desmejoró la calidad de imagen. 

Los chicos que grababan se asombraron diciendo palabras incomprensibles, pero la respuesta de la milicia fue abrumadora, abrieron fuego contra aquel ser humano sin dar previo aviso, se sentían los vidrios romperse. La cámara perdía el enfoque, grababa el cielo oscuro abruptamente y se cortaba el video. Dando a entender que los chicos decidieron escapar del lugar. 

Debajo del video estaba la leyenda dejada por los muchachos. Pero como el escrito era alemán Alejandro no entendió nada de aquello, abrió otra pestaña en el navegador y buscó un traductor. Copió y pegó el texto, su amigo le hablaba por la ventana del chat. Sin embargo, entender estaba primero “Grabar esta de 15 minutos de, un montón de sirenas, Boeing fue al parecer de Japón, los terroristas eran, o al menos eso es lo que escuchamos, ahora no puede venir atrapados en cuestión de minutos toda la zona cerrada…” — Ciertamente el traductor no es la mejor opción— Pensó.

—Alejandro, Vio el video? Qué opina ud? Se da cuenta de la seriedad del asunto? 

—No entendí la leyenda del video ¿Quién te lo pasó?— preguntó Alejandro tipeando a su compañero. 

—Un amigo de Alemania, están asustaos, en cuestión de minutos las fuerzas armadas salieron a la calle y prohibieron el paso de las principales vías.

—Pero si actuaron tan rápido deben tener conocimiento de lo que sucede. Digo, no abres fuego contra la población sin saber qué pasa.

—Obviamente, el gobierno debe estar implicado en ello.

—No sé, suena a fake. Osea te admito que el video es raro, y los gritos de los chicos parecen bastante reales. Pero, he visto muchas cosas así por internet, alguien viene y edita.

—La mayoría de las cosas reales suenan a fake en un principio. Yo te lo aseguro, es real. Mi amigo en Alemania no es de pasar ningún video, o cosas así— aseguró perrobravo. 

—¿Qué buscaban de grabar ellos al inicio? ¿Qué hacían allí?— Texteó Alejandro revisando otras páginas web. Solía distraerse un rato y regresar, cuando se acordaba, a la conversación.

—Pues no tengo idea hombre, pero que ha sido una pasada de video, a mí me parece real— Alejandro observó la respuesta. No era de extrañar, a perrobravo todo le sonaba a real. Si lanzaban un video hablando sobre la tierra plana, esta era evidentemente real hasta que otro video lo contradijera.

—Si hubiera sucedido un incidente grande en Frankfurt, lo habrían informado. Twitter estaría full con noticias de eso.

—No claro, y también nos darían una versión impresa de los hechos, no me jodas Alejandro. Tu sabes como son los medios, lo van a ocultar hasta tener una versión oficial. Y las personas, bueno, no es como si hubieran muchos allí para ver el incidente ¿no? 

—Es un aeropuerto, tienen que haber más personas, testigos, videos. 

—Ya te avisaré si veo algo, pero te lo digo hombre, es serio, un ataque en el aeropuerto alemán, joder. 

—Bueno, mantenme informado, yo encenderé la televisión, de seguro dicen algo— Cerró la conversación con “perrobravo”, encendiendo el televisor de la sala de estar al mínimo de volumen, de inmediato sintonizó el canal de noticias, el cual en ese instante pasaba el informe económico.

 

3:15 a.m

 

—¿Continuas despierto? ¿Tienes encendida la televisión y la computadora?— Su madre se levantaba, Alejandro se hallaba frente al televisor— Te he dicho que no enciendas las dos al mismo tiempo. 

—Está sucediendo algo en Alemania, bueno, en Europa— Subió un poco el volumen de la televisión— ¡Mira!— La pantalla brillaba en la oscuridad, colocaban un reporte sobre una situación anormal en Alemania, las autoridades habían tomado las calles principales cerrando la mayoría a los civiles. El llamado que realizaban era a una cuarentena obligatoria. Se esperaba el pronunciamiento del gobierno para promulgar una Ley Marcial, los rumores hablaban de un atentado terrorista, probablemente bacteriológico, el cual los mantenía en estado de alerta. Las líneas de comunicación vía teléfono e internet fueron suspendidas minutos atrás. 

—Bueno, es obvio que respondiesen rápido, hace poco se encontraban bajo alerta por un posible atentado terrorista, y bueno, allí está. Aunque es bastante sorprendente que tengan un atentado terrorista  en un aeropuerto. Desde ese incidente hace años están más protegidos. 

—Lo sé mamá, pero de todas maneras no es algo que se pueda denominar como normal. Es interesante.

—Ya lo veré en la mañana, de seguro será la noticia del día, recuerda que debo despertarme temprano, tengo guardia.

—No es solo Alemania, no se sabe nada de Japón, pero el avión venia de allí, y en Francia, España, Inglaterra y Estados Unidos están en estado de alerta ante posibles infecciones, dicen que se pudo haber colado. Lo más extraño del asunto es que aceptan el punto de un arma terrorista, pero no dicen qué es. 

—Debes acostarte. Además de seguro es algo como la gripe porcina, para mí solo implica que mañana será el doble de trabajo. Siempre hay personas paranoicas, aunque estén a kilómetros de distancia. Ya verás, lo leerán en el periódico y nos llegarán decenas diciendo que tienen el virus porque el amigo del amigo de su hijo que estudia en otra escuela, viajó a estados unidos recientemente y eso los contagió.

    —Lo sé mamá.

    —Tengo guardia temprano, no subas el volumen. 

    —¡Está al mínimo!— Se quejó él.

    —Y procura dormir, después pasas todo el día con sueño. 

    —Lo sé, y lo más posible es que mañana haga las compras. 

    —Bien— La mujer se retiró a su habitación 

 

    4.30 a.m

 

    —Alejandro! Se encuentra allí?— Un mensaje de chat de “perrobravo”

    —Sí, aún.

    —Ha visto las noticias? Ya está confirmado acaban de cancelar todos los vuelos aéreos de Europa y norte America, han cerrado sus fronteras tio, joder. Esto se ha prendido, que si no se ponen las pilas tenemos un antrax a rienda suelta como alma que lleva el diablo por medio planeta.

    —Espera un instante, tengo puesta la televisión con las noticias, y hay por lo visto algo sobre Japón.

    La imagen de la pantalla quedaba en azul y se leía un enunciado en la parte de abajo “comunicación vía satélite con nuestro corresponsal Yui Takashi” Se escuchó una voz la cual Alejandro no supo diferenciar si era de chico o chica debido a su tono agudo, y gracias al nombre le quedaría la duda igualmente. 

    —Buenas noches, me encuentro en el Aeropuerto Internacional de Kansai el cual se ha tomado como punto estratégico por parte de los militares de la zona. Luego de que se presentara una situación irregular, los efectivos de las fuerzas armadas niponas tomaron el control. Por lo visto podemos estar hablando de un arma bacteriológica la cual afecta a los humanos matándoles en cuestión de minutos. Aquí las autoridades han quemado los cuerpos, previniendo cualquier foco de infección. Sin embargo hay información de que en la ciudades de Osaka, Kioto, Tokio, Seto y Nagoya la contaminación ha llegado a la población, en cuestión de pocas horas las ciudades han colapsado así como las vías terrestres. El gobierno hizo un pronunciamiento corto por medio de una televisora, anunciando estado de emergencia en toda la nación, colocando lugares estratégicos para la evacuación de las zonas urbanísticas, entre las cuales contamos a los principales puertos de Japón, Kaunakai, Kobe, y Yokohama y la isla de Odaiba.

    —Yui— Hablaba la periodista desde el estudio de televisión del famoso canal de noticias— Tenemos entendido han colapsado los medios de comunicación del país ¿Es eso cierto?

    —Si, en efecto, las autoridades han dicho que no se quiere crear pánico, tan solo necesitan de la cooperación de la población, que ya existen planes estratégicos para esta índole. Las fuerzas de autodefensa se encuentran en la calle, custodiando principalmente las vías de escape, se recomienda el uso de mascarillas, pues se desconoce si el virus se propaga por vía aérea o por medio del contacto directo. Las televisoras han dejado de pasar su programación regular para pasar las noticias, pero luego de un par de minutos se dictó el estado de emergencia, con lo cual solo se encuentran informando acerca de las vías de escape y el plan de evacuación a la población— En el fondo de la transmisión se escuchaba un ruido semejante a un helicóptero, fuerte y dificultando entender la conversación.

    —Otra pregunta Yui, acerca de las personas infectadas, ¿se conoce el número de víctimas?

    —No, actualmente las… — Se escuchó un fuerte golpe y se cortó la comunicación, la escena cambió de nuevo a la periodista, la cual se notaba tensa y asustada.

    —Bueno, ese ha sido nuestro corresponsal Yui desde el aeropuerto internacional de Kansai en Japón—. Alejandro bajó el volumen del equipo y observó nuevamente la computadora

    —Tío esto está jodido, hace rato que no me puedo comunicar con mi amigo de Alemania, y las noticias sobre Japón solo dicen cosas peores!!! Yo creo que la situación se les escapó de las manos.

    —Bueno acabamos de tener confirmación de que Japón se encuentra jodida, pero eso no quiere decir que los demás países también.

    —Joder tio!!!!  Que no entiendes? La situación en Alemania debe estar igual!! Solo que si no se encontraban preparaos, todo se fue al carajo. El gobierno no va a dar información al público sobre eso, se armaría el caos, y después del caos… Se cae la moneda, el euro se iría al suelo. La bolsa de valores y todo se convertiría en una mierda en un abrir y cerrar de ojos. Yo que te lo digo chaval, esto se fue a la mierda.

    —La población con miedo causaría el desastre, tienes razón en eso. La moneda caería y eso no es fácil teniendo en cuenta la posición crítica que tienen ahora con Asia. 

    —Ha sido cuestión de horas compadre para que dos de las naciones más poderosas del mundo cayeran por alguna clase de virus    — comentó perrobravo en la conversación. 

    —Tiene que ser un ataque.

    —De a tiro, un ataque en conjunto, una mierda mega planificada. 

    —Alguna nación atacando a otra?— Preguntó Alejandro por el ordenador.

    —Pero cual tio? Cual nación? Rusia? Si la mayoría están infectados.

    —No conozco ningún virus que se propague tan rápido, aunque ya sabes que no soy experto— escribió Alejandro.

    —Y el antrax?

    —Ni idea, no se mucho de virus, ¿qué te puedo decir? En el último curso de virología que hice no decían mucho al respecto.

    —Ya la cacho, pero la cosa esta regada. Imagínate un virus que se disperse tan rápido que infecte a  cientos de humanos en cuestión de horas, y que lo diseminaran en varios países al mismo tiempo.

    —Entonces estamos hablando de que esta infección ya podría estar regada y no dirán nada a la población para poder mantener la calma.

—Exacto compadre, y es lo más lógico. Aquí en mi casa mis padrinos fueron a buscar suministros, técnicamente estamos muy cerca de Alemania, y si Francia ya cerró sus comunicaciones, pues que la cosa no pinta bien. 

    —¿Qué hora es allá?

    —Las nueve con cuarenta de la mañana…

    —Aquí ni siquiera ha amanecido. Hay algo que me tiene pensando

    —Que?

    —Una incongruencia en la información que dio el japonés. Dicen no saber si el virus se propaga por vía aérea o directa, y que por ello usan mascarillas, pero, colocar como sitio seguro un aeropuerto, aunque sea el de Kansai que es una isla artificial no suena como algo lógico. En cambio, si fuese por aire tomarían como prevención el trasladarse a un bunker, a un lugar donde pudiesen controlar el flujo de aire, suena a que se contagia por contacto directo y ellos no dirán nada.

    —Y dices que el fanático de las conspiraciones soy yo Alejandro!

    —Solo señalo algo que parece obvio, pero ¿por qué ocultarían que el medio de transmisión es solo por contacto?

 

    6:50 a.m.

 

    —¿Sigues despierto a esta hora? ¡No dormiste…!— Alejandro observaba a la mujer levantarse. Su madre se dirigía al baño a tomar su ducha matutina.

    —Yo ahorita te explico, mejor ve a bañarte.

    —¿Aún sigue la situación en Alemania?— La mujer volteó a verle— Si, presté atención antes, y pensé un poco en ello, pero no creo que sea como para perder el sueño.

    —Alemania, Japón, Polonia, Austria, Francia, Republica Checa, Holanda, Bélgica, Dinamarca y Estados Unidos. Todos han dado reportes de tener infectados. La unión Europea hace un rato dio un informe, todas las vías, terrestres, aéreas y marítimas están siendo monitoreadas. La milicia está en las calles, se han colocado puntos estratégicos para salvaguardar a la población, pero la verdad, por la velocidad de la expansión y por la poca información que dan al respecto no suena a que tengan controlado nada.

    —Es grave— La mujer se sentó en el sofá a ver las noticias, mientras tanto se escuchaba el aviso de otro mensaje de “perrobravo” en el computador, a lo cual el chico fue a verificar.

    —Joder tio!!! Me tiemblan las manos. Ha sido feo, ¡joder joder JODER!! Esta vaina se fue a la mierda. Lo ví…

    —¿Pero qué viste?!!! Asustas a cualquiera…

—Cabrón he visto a un zombie… un puto zombie corriendo como si fuese un jodido atleta y tragándose a un oficial…!!!!

    —¿Estás seguro de lo que viste?

    —Tío te estoy diciendo que paso frente a mi casa¡¡¡¡ había oficiales disparando, y nos asomamos, abatieron a un individuo, era un mar de sangre. Después el cabronazo se ha parao campante y como alma del diablo ha corrido y de un salto se le ha incrustado en la cabeza a uno de los oficiales, se lo comió a bocanazas¡¡¡

    —¿Antropofagia? ¿En serio? ¿Entonces ya el virus llegó a tu zona?

    —De la cagada eso está claro. Ha sido un puto zombie, como en una película de Romero, pero el condenado ha corrio y ha saltao como si llevase la condenada antorcha olímpica consigo.

    Alejandro se quedó callado durante un par de minutos antes de colocar— Procura tener cuidado, suerte amigo— Observó a su madre sentada a su lado— Mamá… España está infectada— Era lo más probable, aunque no creía del todo en las palabras de Miguel. Perrobravo era alguien muy supersticioso y la idea de un muerto viviente era tonta. El virus debía ser algo más, algo que hiciera a las personas escupir sangre y morir a los pocos minutos en el suelo. O quizás aún más siniestro, como sangrar por los poros o que la carne se cayera a pedazos por el cuerpo. Las opciones eran muchas, pero zombies no, descartó la idea con una sonrisa burlona ante el comentario de su amigo. 

    Se dirigió a la nevera a tomar un poco de té frío. El cuerpo le pesaba producto del sueño. Al tomar la puerta y abrirla notó el temblor en las manos que se escurría por todo el cuerpo. El temblor del temor a lo desconocido, a la incertidumbre y el peligro inminente. Sonrió intranquilo y cerró la puerta de sopetón. Se recostó en el mesón de la cocina para calmar las emociones. Observó por la ventana al patio trasero como llovía ligeramente.

   

    7:20 a.m.

 

    —A continuación— La entrevistadora se vio súbitamente interrumpida, se notaron señas y la confirmación por algún micrófono entre su cabello— Tenemos noticias de que el presidente de los Estados Unidos dará unas declaraciones en vivo desde la Casa Blanca— Se observó un escudo blanco en un fondo azul en un pódium con al menos cuatro micrófonos instalados, al fondo la bandera de los Estados Unidos colgada de una asta. El presidente caminando con su traje negro hasta el centro, por primera vez, sin sonreír ante las cámaras ni realizar saludos. No llevaba consigo papel en mano, ni anotación visible, solo él, ante la vista de todos.

    —Gracias a todos los presentes, normalmente inicio mis discursos diciendo que es maravilloso encontrarme frente a ustedes, el día de hoy me temo no es así— Realizó una breve pausa, el silencio era sentencioso— Desde hace unas horas se me informó sobre un incidente extraño en un aeropuerto europeo. Luego de ello, se registraron irregularidades en diferentes países. Recuerdo que llegué y prometí ser la voz de la nación, pues ahora regreso temiendo malas noticias. Nos estamos enfrentando a algo completamente desconocido, que desafía nuestros conocimientos biológicos, estamos hablando de un virus que afecta a las personas matándoles a los pocos minutos. Su tasa de muerte es lamentablemente del cien por ciento. Desconocemos si lo presente se debe a algún arma bacteriológica, o un acto terrorista. Le pido a la población norteamericana, y a la población mundial paciencia y tranquilidad, como nación desarrollada hemos realizado planes estratégicos para contención de virus, pero se necesita de la colaboración de cada individuo para que un plan sea efectivo. Es necesario no crear un ambiente de pánico, será mejor el prestar atención y actuar diligentemente, no apresurarse y hacer las cosas mal. Hace instantes hablaba con los delegados de cada país, llegamos a la resolución de que tomaríamos medidas drásticas ante un peligro tan inminente. Se colocarán inmediatamente puntos estratégicos a lo largo de todas las ciudades en cada país— Realizó pausas cortas, leía, veía a las cámaras y continuaba— La población civil debe dirigirse a estos puntos de control y saneamiento para un chequeo próximo. Mientras las unidades de defensa de cada nación irán erradicando cualquier vector posible de contaminación en las calles, así mismo, es obvio que necesitaremos toda la colaboración de los entes de salud y defensa pública con carácter de obligatoriedad. Muchas gracias por su atención— Terminó el discurso retirándose sin dejar tiempo para preguntas, la imagen en la pantalla cambiaba a la locutora. 

—Bueno, estas han sido las palabras del presidente de los Estados…

    Alejandro y su mamá se miraron perplejos ante aquel discurso, corto pero paralizante. Era escalofriante pensar el estado de la situación como para hablar de un plan a nivel mundial, de un pronunciamiento del presidente de los Estados Unidos admitiendo la existencia y efectividad de un virus. Aquello tenía un carácter alarmante que erizaba inclusive el pensamiento.

    —¿Eso fue en serio?— Se atrevió a decir el chico luego de un minuto de silencio inquietante.

    —Temo que sí.

    —Pero ¿qué vamos a hacer?

    —Bueno, no hay noticias de que el virus esté propagado por Suramérica, así que hasta ahora supongo estaremos bien.

    —Pero será cuestión de tiempo mamá, vivir lejos no implica que seamos inmunes.

    —Ya lo sé, por eso dije por ahora. Cuando llegue aquí será un desastre. La gente aquí no pude escuchar gripe porque todos la tienen. Recuerdo cuando tuvimos el H1N1, o el coronavirus, la gente hasta con dolor de estómago querían que les descartáramos el virus. 

    —Además tu como enfermera, te pedirán vayas a prestar servicio, eso es obvio.

    —Y tú mientras tanto te quedarás en casa, lo más apropiado es que nos atrincheremos— sentenció la mujer con rostro serio—. Sería bueno que fueses al supermercado ahorita en la mañana, antes de que las cosas se pongan feas. Todo el mundo querrá comprar comida al enterarse de esto ¡Vamos vístete!. Aprovecha que yo saldré a trabajar.

 

(ACTUALIDAD. DÍA 74 DE LA INFECCIÓN)

 

    —Así que tú te dirigías a un supermercado cuando yo iba con mi papá en el carro.

    —Teniendo en cuenta las horas, diría que después, probablemente ya estabas en el instituto.

    —Pero ya tú sabías de lo sucedido a nivel mundial, nosotros no teníamos ni idea, y creo que mucha gente tampoco, pues el día comenzó

    —Como cualquier otro día normal, es cierto. Aunque tu padre tenía una idea de lo que sucedía— contestó Alejandro—. Hubo noticias toda la madrugada, pero muy poca gente las vio, y quienes lo hicieron, no creo que se imaginasen llegaría tan rápido aquí a nuestro país, mucho menos a esta ciudad. Como era de esperarse, aquí no hubo planes de rescate, de saneamiento, la milicia se organizó muy tarde. Esa misma mañana ya teníamos la infección causando estragos en las calles, y no hubo sirenas de alarma, patrullas alertando a las personas, simplemente nada. 

    —Una noche ¿Cómo se propagó tan rápido?

    —La verdad no tengo una idea clara, lo que si vino a mi mente fue que se tratase de un arma o un virus encapsulado por así decirlo, que ya estuviese presente, distribuyéndose por el mundo desde días antes, hasta que algo o alguien lo activase remotamente. Lo otro que se me ha ocurrido es que un infectado viajase de Japón a Alemania, donde infectó a otras personas, entre alguna de ellas, una que venía a América, mucho antes de que se suspendieran los viajes, y así en Estados Unidos para llegar a aquí. Pero esa segunda opción me suena improbable, es más factible de que fuese un arma o experimento fuera de control, pero el cómo llegó a expandirse tan rápido continúa siendo una incógnita— Respondió Alejandro.

    —¿Tu amigo de España?

    —¿Perrobravo? Supe de él por los próximos días, al tercer día cortaban la energía en España, pero ellos tenían paneles solares. Recuerdo que me mencionó hallarse en una embarcación, tuvo que huir de su hogar el primer día. Luego seguimos en contacto, hasta al menos una semana después. Luego nada. En ese momento no gastaba mucho tiempo en internet, me desesperaba escuchando las historias, no supe filtrar la información. Leías o veías videos horribles. 

    —¡Pero cuéntame más! Tú tuviste noticias del mundo mientras yo técnicamente estuve encerrada con mi papá, nosotros no teníamos conocimiento de nada— Argumentó la chica sentándose a su lado mientras le miraba, Alejandro revisó el reloj en su celular en la mesita de noche, eran las diez y media.

—¿No usaste tu celular?

—Te dije, el wifi se perdió bastante rápido, y mi padre, bueno, él buscó cerrar gran parte de esa información. Decía que yo era sensible. 

    —Bueno, no puedo decir que esté de acuerdo con eso, pero tampoco es como que hiciera mucha diferencia. Supongo se centró más en tratar de hacer algo él mismo con los equipos de su casa— suspiró— Saldré dentro de un rato, a eso de la una de la tarde, si quieres puedes seguir leyendo — Observó las líneas de la bitácora levantandose de la cama. 

 

(DÍA 0 DE LA INFECCIÓN)

 

—Esto de comprar comida puede que sea una verdadera odisea si mucha gente se ha enterado de la noticia— Pensó el chico mientras se dirigían en taxi, su madre lo dejó a mitad de camino, a menos de una cuadra del sitio. Caminaba con andar lento, el cielo estaba nublado y el ambiente resultaba frío, él por vestirse apresurado salió con una franela y ahora sus manos se entumecían, ciertamente era poco tolerante al frío.

—Un día de locos ¿verdad? Han cerrado la autopista principal, aparentemente por una manifestación. Y entrar al centro es horrible, tienen suerte que vivo cerca de donde los recogí— comentó el hombre barbudo del taxi. 

—Si, parece que todo está agitado. ¿Ha puesto las noticias? 

—Si, pero en la radio solo hablan de esa cosa que está atacando a Estados Unidos. Se lo merecen los malnacidos oligarcas que nos ven hacia abajo siempre. 

—Si claro, los oligarcas— Alejandro se limitó a observar por la ventana mientras se movía por aquel sector de la ciudad. Llegó al supermercado en el cual solía realizar compras, era uno de esos abiertos veinticuatro horas. Medida que la pequeña familia adoptó debido a las exigencias en guardias de enfermería. 

—¡Me desperté por los gritos de la vieja loca que pasaba por el frente de mi casa! la condenada— A un par de estantes de distancia un hombre corpulento conversaba con un amigo.

—Una mierda, la gente hoy despertó vuelta loca. Mi esposa estaba gritando cuando vine, la muy condenada quería que no llevara al niño al colegio. 

Alejandro trató de despejar sus pensamientos, la simple idea era algo ilógico— ¡Aún no han llegado a Suramérica, recuérdalo!— Se repitió a sus adentros, su plan de compras se resumía ahora a tomar toda clase de enlatados, secos, y carnes. Mientras tomaba los productos sus pensamientos fluían en una dirección distinta, había amanecido viendo, e investigando sobre la misma noticia, en ese punto era casi imposible sacarla de su mente— Él dijo claramente que cada nación se encargaría de controlar la situación, y que se colocarían puntos estratégicos de chequeo. Resulta un poco superficial, de todas formas, alguien que chequeaste previamente ¿no podría regresar y resultar infectado?. Entonces deberían mantenernos en el punto de chequeo, pero de tan solo pensarlo aquello resultaría desastroso, estamos hablando de una evacuación masiva. Se saldría de las manos rápidamente, necesitan una logística tremenda— Observó el enlatado que mantenía en la mano, jamón cocido. Tenía tanto tiempo que no comía una de esas que revisó con precaución la fecha de expiración— La comida para alimentar a una población de miles, no, quizás millones de personas, y un punto donde concentrarlos y monitorearlos mientras se limpian las ciudades. Esto huele mal, hay un hueco en esa información.

—¿No viste las noticias? esa mierda del ataque en Europa y Estados Unidos. 

—No creo nada de esa mierda. ¿No recuerdas cómo fue la última vez? Todo para ver si implantaban esa porquería del 5G. Yo no vi a nadie muriendo, inventan esas cosas y las ponen en los medios. 

El hombre continuó quejándose junto a su amiga. Alejandro se dirigió a la zona de carnicería donde un par de empleados hablaban acerca de las noticias, al parecer él no era el único al corriente. No obstante escucharles le exasperaba por alguna razón— “Perrobravo” dijo que vio un zombie, pero eso no es posible, simplemente las leyes de la vida no lo permiten. En el informe de la Casa Blanca decía expresamente un cien por ciento de tasa de mortalidad, lo primero se enfrenta con lo segundo. Aunque dudo que mi amigo mienta, pero podríamos estar hablando de algún sujeto loco, una casualidad entre el desastre. 

Pero si el virus se expande rápidamente lo más probable es que para mañana ya existan casos aquí, el gobierno no estará preparado, y aun de estarlo, nos pedirán nos dirijamos a unos de estos centros de chequeo ¿Qué le harán a aquellos que no pasen el examen?. Y aun de pasarlo nos pedirán, no, nos exigirán quedarnos. Habrá desastre, y alimentación precaria, si no controlan la situación rápidamente no podrán mantenernos y habrá caos.

Mi amiga de Mexico me dijo que las cosas allá están muy feas, que hubo heridos y la gente no sale de sus casas.

—Yo no he oído nada de Mexico, tampoco me da buena espina. Mi esposo es el que pone las noticias todas las mañanas, a mí no me gusta, uno despertar viendo ese montón de muertos y todas esas cosas. Lo bueno es que todo eso pasa lejos—. Escuchó la conversación de dos mujeres detenidas en el pasillo con el carrito de compras.

Es raro, creo que es lo único bueno de vivir en países subdesarrollados. Los demás se están matando unos a otros y nosotros tranquilos, como si nada sucediese.

—Mi abuela me comentó que durante la segunda guerra mundial era así, y las personas viajaban para acá, buscando estar a salvo.

Alejandro respiró profundamente, por cualquier lugar que sus pensamientos le llevasen tan solo hallaba el desastre. Terminó de comprar empaquetando todo rápidamente— No, pensándolo bien, no se darán el lujo de albergar tanta gente. En una situación así, los primeros y únicos beneficiados serán los de altos recursos. Luego se hará más difícil el acceso a las zonas de control. Pasado un tiempo las cerrarán para evitar el contagio con el exterior, se tomarán las medidas necesarias para mantener a salvo los que allí se encuentren, inclusive sacrificar a unos pocos por el bien mayor.

 El chico salía con sus compras en bolsas, caminando lentamente, sintiendo el frío del ambiente. Parecía haber lloviznado un poco mientras él se hallaba comprando los víveres. Era extraño pensar que en otros lugares las personas estaban enfrentando una epidemia o arma bacteriológica. Allí todo resultaba natural. Tan natural como podía hallarse una ciudad como la suya.

 Las personas deambulaban apresuradas de un sitio a otro, algo usual debido a la creciente inseguridad. El señor de la esquina sacaba su puesto de empanadas un poco tarde por la lluvia. El supermercado se hallaba medio vacío y en silencio salvo por las discusiones de un par de personas. Al punto en que el sonido más fuerte allí dentro era el pip de la máquina registradora. 

Se encontraba intentando relajarse cuando detuvo un taxi, y rodaron de regreso. Debía calmar su mente y no ser paranoico. Recordó cómo el mundo se paralizó en el tiempo de las torres gemelas, con el H1N1, con el resurgimiento del ébola, o el coronavirus. Probablemente estaba frente a un momento similar, un instante crucial en la historia de la humanidad. Con los problemas de Corea del norte fue muy semejante, el mundo estaba expectante a que comenzara la tercera guerra mundial. Pasó una semana y nada sucedió. Pasó un mes y nada. Después de un tiempo los ánimos se calmaron y todos comprendieron que nada cambiaría. 

  Al cabo de unos minutos estaba por llegar a su casa cuando el mundo se paralizó frente a él. La sensación fue como ver un rayo cayendo justo al frente del auto en el que se movía. No, incluso un rayo era algo más normal. Era como ver un alienígena aterrizando. Es algo que nunca esperarías, y que, de ocurrir cambiaría por completo los conceptos y pensamientos que tendrías sobre toda la vida. Así de extraño fue lo siguiente.

Un automóvil rojo pasó por su lado volcándose precipitadamente contra la acera. El eje del vehículo se rompía saltando por la avenida y estrellándose estrepitosamente contra la pared de una casa al otro lado, en ese momento dos mujeres saltaron sobre el vehículo volcado. Eran ágiles, una de ellas tenía el cabello negro y lleno de sangre, las palabras de su amigo resonaron en la cabeza del chico como un altavoz— “Un puto zombie corriendo como si fuese un jodido atleta”repitió, tal vez en voz alta porque el conductor a su lado lo miraba con cara de espanto. 

El taxista frenó evitando el accidente próximo, pasando por un lado, derrapando hasta girar sobre sí mismo, ahora tenían de frente el auto rojo.

 Aquella mujer con un puñetazo rompió el vidrio del conductor y a continuación se introdujo como serpiente, después de ello un grito aterrorizante. El chico sintió la piel de gallina, sus nervios reaccionaron al sonido, sus piernas se congelaron en el lugar. Su casa estaba bastante cerca, menos de una cuadra de distancia, pero allí frente a él ocurría un asesinato de forma cruenta. 

Un chorro de sangre llenó el parabrisas, la chica de cabellos húmedos observó a su alrededor, su mirada era oscura. Si su cuerpo no estuviese como piedra Alejandro habría esquivado la mirada. 

Muy cerca, a escasos metros detenida en la acera se hallaba una mujer con algo más de treinta años y que obviamente se dirigía al trabajo debido a su uniforme; la fémina gritaba de horror ante la escena. Un hombre corrió en dirección al auto rojo con un palo en mano dispuesto a salvar al conductor del vehículo, quien ya era un amasijo de órganos y sangre mientras la muerta de cabellos ensangrentados profirió un nuevo grito. 

La segunda infectada, esta vez una morena vistiendo una bata de dormir bastante abierta, se hallaba rompiendo el resto del vidrio del auto volcado, de pronto viró la cabeza de manera extraña y observó al hombre aproximándose. Sin previo aviso saltó sobre el salvador, tomándole del cuello y dando un giro junto con él, el palo cayó al suelo, mientras el hombre aún luchaba contra su atacante. la pelea no fue larga, pronto terminaron ambos en el suelo y la sangre manó como una fuente.

La mujer cayó al suelo como si fuese un animal, en cuatro patas mientras sujetaba del cuello el cuerpo del hombre. Su mandíbula se hundió lento en aquel cuello. Aquel sujeto no debía creérselo él mismo pues intentaba de manera desesperada soltarse de su captora.

Alejandro reaccionó, el taxista a su lado daba retroceso evitando aquella pesadilla, apretaba los dientes y el volante aterrorizado. Lo observó durante unos segundos, recordó que aún tenía las bolsas sobre sus piernas y al retroceder pasaban justo frente a su hogar. Abrió la puerta saliendo despedido del vehículo, golpeándose fuertemente contra el pavimento. Rodó sin control, raspando los brazos debido al roce, y rasgando las bolsas con alimentos, que se desperdigaron por el suelo. Sin embargo, no sentía dolor, el miedo era apremiante, una gota de sangre le nublaba la visión, más no le importaba. Corrió por su vida, corrió como jamás había corrido, abrió la puerta de la casa, y la cerró tras de sí, echándose al suelo al entrar. Los gritos ahora llenaban el aire, aullidos lastimeros y un par de autos chocando.

Jadeó en el suelo, su respiración estaba entrecortada, se escuchó un nuevo rugido, él mientras tanto apretó sus puños observando el suelo mientras unas lágrimas resbalaban por su mejilla. Su cuerpo parecía gelatina. Observó sin saber por qué una flor de un jarrón que tiró sin percatarse. 

Pasaron al menos diez minutos hasta que se atrevió a secar las lágrimas y asomarse por la ventana de su sala. En ese instante no veía nada, excepto por la comida tirada por él mismo a pocos metros y una pequeña sección del vehículo rojo. Pensó entonces en recuperar la comida, pero sintió el timbre del teléfono sonar, y corrió hasta este, atendiendo un poco temeroso. Sus manos temblaban tanto como su voz.

—A… Alo…

    —¿Alejandro? Tu mamá te estuvo llamando. Soy tu tío Guillermo, ha sucedido una emergencia, bueno, se ha declarado estado de emergencia en la nación ¡quédate en la casa! ¡No te muevas de allí! Yo iré a buscar a tu mamá, la cosa está fea— No dio tiempo a réplicas, había cortado y se escuchaba el tono caído de la llamada.

—¡Mamá! ¡Está en el hospital!— Alejandro abrió los ojos y gritó. El susto y la situación le hizo olvidar. Encendió el televisor pensando en las palabras de su tío sobre el estado de emergencia.

La televisión local pasaba una película, algo anormal pues no era acorde a la programación de la mañana— Debieron abandonar las instalaciones— bramó por lo bajo saltando de canal a los internacionales.

—Treinta y dos países han confirmado la presencia del virus que esta madrugada despertó súbitamente al mundo entero. Se ha declarado estado de emergencia en la mayoría de las naciones, repetimos, se les recomienda dirigirse a los lugares de control y saneamiento de su localidad en completo orden, las autoridades pasarán por sus hogares. 

—¿Lugares de control? ¿me quieren ver la cara de pendejo? ¡Aquí no habrá una mierda de eso, siquiera hay noticias!— Apagó el equipo lanzando el control remoto al mueble con furia, aquellas palabras le sonaban falsas— ¡Calma! ¡Me pide calma después de ver como una mujer despedaza a un hombre mientras otra le rompe el cuello a otro y le lanza por los aires!— Se mordió los labios gritándole al televisor— Perrobravo quizás sepa algo, increíble, pero esta vez tuvo razón— Alejandro rió de forma casi histérica, luego vino un segundo ataque de pánico que fue interrumpido por gritos. 

—¡Auxilio! ¡Auxilioooo!— La voz le resultó familiar, era de la chica vecina, Karla, quien ahora golpeaba la pared fuertemente.

—Debió escucharme gritar— pensó en voz alta, ahora por alguna razón sentía la presión en su pecho, y unos deseos enormes de no tener contacto con el resto del planeta y aislarse por completo. Pese a que dijera eso, Karla era una amiga de la infancia, simplemente era tonto decir que no logró escucharla. Era esa persona que estaba allí aunque tú no la llamases. Su madre incluso la trataba como si fuese otra hija sirviendole comida en horas del almuerzo.

—¡Auxilio! ¡Mi mamá! ¡En serio! ¡Alguien por favor!

—¡¿Qué ocurre?!— Se le ocurrió gritar a la chica. La conocía de toda la vida, pero el miedo que le embargaba en ese momento nublaba conocimiento alguno. De ser posible no quería salir de allí. Cerrar las puertas y atrincherar la casa como fuese posible— ¿Qué pasa Karla?— Preguntó en un grito— ¿Qué más podría suceder, ah?— Pensó al tiempo que llegaba al patio trasero de su casa, un pedazo de tierra el cual aún se encontraba en construcción y que colindaba con terrenos de los vecinos— ¿Qué le sucede a tu mamá? ¿Puedes salir por el patio?— La madre de Karla, Erika, era una mujer trabajadora que hace un año fue diagnosticada con leucemia. Enfermedad que comió los ahorros, y trastornó a la familia. 

Karla, por su parte, era una chica de aproximadamente veinte años, ojos de un marrón algo oscuro, al igual que su cabello. Con un cuerpo que causaba envidia entre mujeres, y deseos entre la mayoría de los chicos que le veían andar. Atlética y decidida, un dolor de cabeza si le preguntaban a Alejandro, quien debía soportar las intrusiones y pedidos alocados de la chica. 

Karla salió corriendo de la puerta trasera de su casa, rodó por el suelo de tierra, se levantó y llegó hasta el chico trastabillando por el camino. Sudaba y sus ojos estaban fuera de sí. Podría haberse considerado una diosa en otras circunstancias, pero en ese momento hizo que el chico retrocediera asustado. Fue cuando la tuvo encima que notó ella lloraba y se encontraba bien, físicamente.

    —¿Y la señora Erika?— preguntó, más la respuesta se asomaba por la puerta trasera. Karla llevaba las manos al rostro en un sollozo. Alejandro alzó la mirada, allí se encontraba una mujer de cabello blanco, arrugas marcadas, vestida con una bata para dormir que ahora se encontraba manchada de sangre. la mujer se deslizó lentamente al exterior, alzando su brazo en un intento por alcanzar a los chicos. 

    Alejandro la reconocía, aquella mujer siempre fue muy gentil y cortés en vida, pero los últimos meses la leucemia cambió de forma drástica su manera de ser. Por deseos de los familiares decidieron darle de alta para que muriese en su hogar. 

    Semanas atrás la mujer no podía caminar ni moverse mucho, y pasaba las noches quejándose del dolor corporal. Ahora se movía toscamente, tambaleándose en su andar, sus ojos estaban completamente negros, de su boca se escapaba algo de baba mezclada con sangre mientras emitía un quejido al aire, dando una escena espeluznante y asquerosa.

—¡Allí viene! ¡Me atacó!— gritó la chica señalando a la mujer mayor.

—¿La señora Erika? ¿Tú mamá? 

—¿Qué parte de me atacó no puedes comprender Alejandro?— devolvió Karla golpeando su espalda. 

Impresionantemente, en un arrebato por llegar hasta su objetivo la vieja apresuró el paso, alcanzando al chico, el cual la tomó de los brazos. Notó una fuerza sobre humana en aquellas manos, apenas si podía contener a aquel ser que ahora acercaba su boca hasta él. En un esfuerzo lanzó el cuerpo al suelo y se apartó de un salto. Era repugnante y aterrador de solo verla, allí, en el suelo, levantándose entre gemidos.

—Mamá murió anoche. No lo entiendo ¡yo la vi!

    —¿Estás segura?

    —Sí, estuve con ella toda la noche, y en la madrugada— La chica secó sus lágrimas. 

    Alejandro observó su alrededor, no veía objeto contundente alguno, solo tierra, rocas, y maleza creciendo, pero aquel ser no esperaba. Por instinto pisó su cabeza con el pie, la mujer intentó tomarle de la pierna. Alejandro retrocedió y tomó impulso para pisar nuevamente. Una, dos, tres y así hasta que sintió la mano de Karla que le sujetaba del brazo entre sollozos.

    —¡Detente, por favor, detente! ya no se mueve— La chica sollozó viendo el cuerpo de su madre. Él observó el cuerpo ensangrentado, y ante el acto que acababa de efectuar su cuerpo no resistió y terminó vomitando. La cabeza se había quebrado en una sección y uno de los ojos parecía a poco de salir de la órbita. 

Pasaron algunos minutos para que los ánimos se calmasen. Entraron a la casa de Alejandro por la puerta trasera luego de escuchar alaridos desesperados de un hombre y probablemente un niño. 

—No lo entiendo, estaba muerta. Murió anoche— repitió Karla aceptando un vaso de agua. 

—¿La señora Erika murió anoche y no dijiste nada? 

—Sucedió de madrugada, apenas me di cuenta como a eso de las dos de la madrugada porque le tocaba una medicina. Llamé a mi hermana y dijo vendría ahora a las siete de la mañana, pero no llegó, entonces me estaba preparando para salir cuando, bueno, apareció frente a mi cuarto y se me lanzó encima. ¡Incluso se levantó de la cama! ¿Sabes desde cuando mi madre no se levanta de la cama Alejandro? 

—Igualmente pudiste avisar— respondió Alejandro—. Yo tampoco pude dormir anoche, hubo, hay una emergencia a nivel mundial. Eso que viste, lo de los muertos parándose de nuevo, está pasando en casi todas partes. Incluso decretaron emergencia a nivel mundial.

—¿Y a mí qué me importa si el mundo entero se cae a pedazos? Me preocupa es mi mamá a quien le acabas de pisar la cabeza.

—No me entiendes Karla.

—No me vengas con tonterías ahorita Alejandro. Esto ya es bastante difícil— Se sentó respirando— Supongo que de todas formas te debo las gracias, me atacó, sea como fuese ella me atacó.

—Karla— La interrumpió mirándola fijamente, era notorio que de otra forma no llegarían sus palabras hasta la zona de procesamiento de su mente— Se decretó un estado de emergencia mundial. Hay muertos por todos lados. Muertos, que no se quedan muertos.

—¿Cómo que no se quedan muertos? ¿Cómo zombies?

—Si. 

—¿Acaba de morir mi madre y a tí se te ocurre una broma? 

—Acabas de ver a un zombie por tí misma y lo primero que piensas es que estoy bromeando contigo— alegó Alejandro. 

—¿Me jurarías que no es una broma? 

—No es una broma. 

La chica mantenía sus ojos abiertos, procesando aquella información. Alejandro en cambio pensó en el hecho de que aquella mujer que antes fue su vecina no fue mordida por ningún muerto previamente. Ella simplemente murió en la tranquilidad de su hogar, y luego, despertó así, por otro lado, había otra diferencia. La mujer no era tan veloz como los muertos que había visto minutos antes— No puede ser coincidencia—. Pensó caminando hasta el frente, y observó nuevamente por la ventana, todo estaba vacío, sin embargo, se escuchaban gritos alrededor, y en el medio de la calle seguían los víveres— Debo recogerlos, serán necesarios luego— Pensó— Karla, necesitaré un favor tuyo— La chica le observó— Necesito vigiles la calle, yo saldré al frente un instante.

—¿Estás demente? Me estás diciendo que la situación está así en todos lados ¿Y tú piensas salir? Mejor encendamos la televisión, yo creo que lo mejor que podemos hacer es estar informados y ver…

—Por favor Karla, en cuanto regrese podrás ver las noticias. Solo iré a recoger unas cosas que tiré en la calle— El chico se movió por la casa hasta la puerta del frente— Te lo estoy pidiendo porque es necesario— Con estas palabras abrió la puerta y salió corriendo, llegando rápidamente a la calle. Primero buscó de ver en todas las direcciones, luego se agachó metiendo todo lo que podía en las bolsas, una de las carnes se hallaba regada en el asfalto al igual que un par de paquetes de arroz, el resto era recuperable. Así comenzó a introducir todo, hasta ver cómo tres hombres corrían como locos a menos de tres cuadras, apretó sus puños y regresó en carrera. Al llegar nuevamente podía sentir el flujo de sangre corriendo a mil por sus venas. El miedo le paralizó unos segundos en la puerta del lugar. 

—No te quedes allí con cara de susto— Replicó ella. Alejandro la observó extrañado. 

El miedo era implacable y distinto a cualquier cosa sentida antes. Nada era comparable, esto era un miedo que llegaba y llenaba cuerpo y alma en un instante, provocaba escalofríos y un estado alterado de paranoia. 

Tardó unos minutos en moverse. Ejecutó todo como un autómata, se movió por la cocina guardando la comida y otras cosas. Hasta que no hubo nada más que hacer y se sentó con todo el peso de su cuerpo en una silla. Su mente divagaba en mucha información sin saber qué hacer. Karla le observaba atentamente, su mirada estaba fija en su nuca y el silencio se colaba por los rincones del lugar dejando un ambiente tenso. 

Encendió la televisión a petición de la chica— New York así como Boston se encuentran actualmente en estricta cuarentena obligatoria, sin embargo, las autoridades se encuentran manteniendo la situación. Un grupo de manifestantes…— Él no prestaba atención, tan solo pensaba mientras andaba de un lugar a otro. No tenía noticias de su tío o su madre, y la tensión crecía. 

Las noticias hablaban de un número mayor de zonas infectadas y recalcaban a la población el dirigirse a las zonas con apoyo militar a realizarse su chequeo reglamentario. Sin embargo, en las televisoras locales no había información alguna, una de ellas dejó de transmitir, lo cual le hizo pensar que lo más probable es que la capital de la ciudad se encontrase en igual o peores condiciones, teniendo en cuenta la mayor población.

—¡Debemos ir al punto de chequeo de inmediato!— Karla movió las manos por su rostro intentando llamar su atención.

Alejandro observó a la chica negando con la cabeza— No lo creo Karla, primero, no sabemos cuál es el punto de cheque más cercano, y pensando en lo rápido que esto se ha propagado algo me dice que aquí no tenemos punto de control alguno. Lo más parecido serían los cuarteles militares, pero se encuentran muy lejos como para pensar en llegarnos hasta allá sin tener la certeza de que sea un lugar seguro.

—¿Entonces qué piensas podemos hacer chico listo ah? — La chica gritó, sus manos temblaban— ¿Nos quedamos bailando conga? ¿Nos ponemos a jugar monopolio? ¡esta gente está diciendo que hay un plan!

—¡No hay ningún plan! ¡La gente en Europa está muriendo de a centenares! ¿crees que aquí tienen un plan mejor que allá?— Señaló las noticias— Esa gente tiene planes para toda clase de situación. Latinoamérica no es así. Venezuela no es así, ¡aquí no hay plan para un carajo!.

—A mí no me grites Alejandro— La chica lo miró con furia antes de sentarse en el mueble— Entonces piensa en algo que podamos hacer. No te vuelvo a decir qué hacer, eres necio y grosero. Idiota. Me voy. 

—¿Adónde vas? 

—No sé, a cualquier lugar, con alguien que tenga un plan o escuche alguno. 

—¿Tú tienes un plan?

—No me quiero quedar esperando a que vengan y nos ataquen en la casa. Podrían llegarnos por la puerta trasera mientras estamos en la sala y no los sentiríamos. Eso me pone nerviosa. Además, te dije para ir a uno de los puestos de control que mencionan— Karla se cruzó de brazos. 

—Disculpa. Discúlpame de verdad es que…

—Piensa en algo genio— Se sentó resoplando. 

—Estoy pensando en eso, la verdad estoy preocupado. Mi tío me indicó esperar aquí, pero ahora quiero ir a buscar a mi mamá. Después de eso, lo más aconsejable sería refugiarnos, encerrarnos en algún lugar que sea más seguro que aquí. O mejorar este lugar, quizás clausurar la puerta de atrás, colocar metal en las ventanas. Es posible que esperar sea la mejor opción, con el tiempo debido de seguro consiguen retener la infección, y cuando las cosas se normalicen…— Decía, más aquellas palabras él mismo no las creía. La simple idea de salir le provocaba escalofríos, pero el quedarse era angustiante. En la lejanía se podían escuchar gritos de personas, así como también aquellos aullidos estremecedores que aquellos seres podían hacer.

—¿Entonces piensas salir?

—Sí, aunque no sé bien a qué me enfrentaré allí afuera— Fue sincero. Las piernas le temblaban, para salir debía tener un buen plan. Algo que le protegiese, como un campo de fuerza invisible o un manto de invisibilidad. Entonces una ligera idea se le vino a la mente, esconderse era la mejor opción.

—Entonces iré contigo, no me pienso quedar sola aquí— El comentario le sacó de su estado absorto. La chica se levantó, y por primera vez Alejandro reparó en su atuendo, vestía una blusa ligera para dormir la cual le quedaba ajustada, y un short muy corto, dejando todas sus piernas al aire y denotando su zona trasera de tal modo que le hizo sonrojarse.

—Pero será mejor que nos cambiemos, no creo que…

—¡Idiota!— Rugió la chica tapando sus pechos— Acompáñame a la casa, tengo que cambiarme.

Pasaron quince minutos incómodos, él se limitó a colocarse su chaqueta azul marino, una pieza que usualmente usaba para ir a estudiar. Antes de salir revisó su casa, buscando algún objeto con el cual defenderse, pensaba en las películas que había visto sobre temas similares, aunque no se le ocurría ninguna con gritos estremecedores y muertos que corrían y saltaban como profesionales. Recordaba siempre ver el clásico bate, más en su casa no había bate alguno, debido a que él, siendo hijo único nunca degustó de tal deporte. Un cuchillo le era poco apropiado, no tenía ganas de acercarse tanto como para usarlo, así terminó por tomar un madero grueso, residuo de la construcción de la casa.

—¿No sabes si el señor Anderson se encuentra en su casa? Estoy segura de que él tiene al menos un arma de fuego.

—¿Y crees que alguien con un arma nos la prestará?— Karla le miró de mala gana— No, y tampoco pienso llegarme hasta allí. Siquiera estoy de humor para aguantar a ese viejo. De hecho, estoy pensando en el camino más cercano de aquí al hospital, así como el menos concurrido.

    —Bueno, hay una manera— Agregó Karla.

    —¿Cuál?

    —Una vez salí con mi primo a caminar y caminamos por las canales fluviales, en esta época del año están casi secas.

    —¿Las canales?

    —Están vacías, si hay muertos, así como mi madre allí afuera, supongo que podremos evadirlos por allí. Generalmente están ocultas, nadie se mueve por allí.

    —Fantástico— Pensó el chico abriendo la puerta, preparado para salir— Es el mejor plan que tenemos y el mejor que tendremos probablemente— Sonrió para darle algo de confianza a la chica, el resultado fue una mueca tosca antes de partir.

 

   

(ACTUALIDAD. DÍA 74 DE LA INFECCIÓN)

 

    —Tú nunca has hablado sobre tu madre, tu tío, o Karla antes. Solo la foto, pero no dijiste nada sobre ellos. ¿Sobrevivieron el primer día?

    —Hemos hablado poco.

    —Conmigo no tienes que evitar los temas, yo te puedo escuchar— argumentó Alicia.

    —Te estoy dejando leer lo sucedido ¿Con eso no es suficiente?— Él la miró— Además, te dije no puedo estar aquí todo el día, es necesario que salga hoy, y mientras más temprano sea mejor.

    —No entiendo ¿Por qué necesitas salir hoy?

    Alejandro pensó si contarle todo lo que por su mente pasaba— Primero quiero ver de cerca la escena de anoche, y luego buscar suministros, así como algo que me parece nos servirá luego.

    —¿Puedo ir contigo?

    —Preferiría te quedes aquí. Hoy no vendrá nadie, y así podrías descansar, creo que lo necesitas después del día de ayer.

    —Contigo no puedo discutir ¿verdad?— refunfuño ella.

    —Mejor lee lo demás, el salir de la casa fue fácil, estábamos asustados, pero al cabo de media hora estábamos cerca al hospital, la parte fea estaba solo por comenzar.

 

(DIA 0 DE LA INFECCIÓN)

 

El canal fluvial más cercano se hallaba a doscientos metros, cruzando la calle siguiente, tomando la vía principal y recorriendo gran parte de la avenida hasta el hospital. 

Karla y Alejandro caminaron en silencio. Escucharon gritos, sollozos y gemidos, más ninguno se asomó, siguieron su camino, intercambiando miradas sombrías ante los sonidos de su alrededor, pese a eso no fueron molestados. Llegaron a observar muertos corriendo detrás de personas y autos, más no se detuvieron en ninguna ocasión. 

—¿Desde la madrugada y no dijiste nada? ¿Qué esperabas para enviarme siquiera un mensaje?— preguntó Karla.

—¿Querías que te llamara a tu casa a las tres de la mañana para que vieras las noticias? De seguro me golpeabas antes de siquiera ver algo.

—Estaba despierta de todas formas. 

—Pero yo no lo sabía, tú tampoco te comunicaste sobre lo de tu madre— La chica abrió la boca, en sus ojos se mostró un gesto de dolor—. Lo siento Karla, no tenía idea de que tu mamá estaba tan mal.

—Descuida, no quisimos armar demasiado alboroto. Yo, estaba pensando ¿qué debía hacer? Sabes como siempre ha sido nuestra situación con la familia.

—Ahora no tienes por qué pensar en eso Karla. 

—El cuerpo de mamá ahora está allí en el patio.

—Quizás después— Mintió, no tenía intención de acercarse a ese cuerpo en el resto de su vida— Quizás después podamos enterrarla como es debido.

—¿Seguro que no habrá una cura para esto?— preguntó ella. 

—Lo dudo mucho. Vi a una mujer romperle el cuello a un hombre y sostenerlo mientras se desangraba. No sé cómo meterle la sangre de nuevo y reparar su cuello después de tres horas.

—De seguro terminamos todos muertos. 

—Eso es tan alentador Karla. 

—Solo digo ¿Sabes cuantas personas hay en esta ciudad?— Alejandro se encogió de hombros ante la pregunta de Karla— Según me dijeron, hay casi un millón.

—Y es poco, imagínate las mega ciudades, donde hay decenas de millones de personas.

—Me muerdo de solo pensarlo— Ambos rieron hasta que los gritos de los alrededores les sacaron del estado de relajación hasta dar con la realidad nuevamente— ¿Crees que existan animales zombies también?— Preguntó Karla observando un par de iguanas correr. 

—No sé. Yo no me acercaría a ninguna— Se alejaron en carrera hasta divisar la autopista principal. Los canales atravesaban por debajo una sección de esta. La misma se hallaba congestionada y llena de gritos y figuras que avanzaban en carrera. Decidieron ser precavidos y se movieron entre la maleza del medio hasta llegar al puente. Debajo de este esperaron unos minutos a que arriba dejaran de escucharse pasos para salir y atravesar el otro tramo. 

Karla se acercaba al chico con cada grito, este se hallaba rojo pero su boca no dijo nada, tampoco su cuerpo. El temor se hallaba allí perenne, expectante de cualquier error y él sentía esa presión en el aire. La espera llevó unos cuantos minutos que se hicieron eternos. 

A decir verdad, para Alejandro pudieron haber sido solo dos minutos y habría sido igual de largo. Todos los sonidos se intensificaban allí abajo, y cada grito era como un rugido terrible. Después de un rato decidieron avanzar, convencidos de que nunca dejarían de escuchar tales bramidos y que mientras más tiempo pasaran allí sería peor. 

Karla se sorprendía de sí misma, podía caminar a pesar de sentir las piernas hechas plomo y el cuerpo de gelatina. 

—Parece que todo fuese un sueño— La chica andaba lento observando en todas direcciones, luego aclaró— Claro, uno de esos sueños donde no puedes despertarte. Una pesadilla. 

—Te aseguro estamos despiertos. 

—Ya lo sé, solo digo que todo es tan, irreal, por así decirlo ¿Crees que nos viesen?— Se refirió a un par de muertos que estaban a un costado del puente cuando lo atravesaron. 

—No. De habernos visto se habrían lanzado detrás de nosotros, de eso no tengo duda. 

—Hay unos que van corriendo, y otros van como lento. 

—Sí, y hay otros que empiezan a correr en cuatro patas. Es raro— La maleza delante de ellos se movió a un par de metros y ambos se quedaron inmóviles. Una serpiente salió del lugar. Para ambos fue raro ver una serpiente enorme y sentir cierto grado de alivio— ¿Por qué no llamaste a tu novio, Mario?— Preguntó él.

—No fastidies, no somos novios. Es como si yo te preguntara ¿por qué no fuimos a buscar a Carolina? Tu ex. No la volví a ver por nuestra calle.

—Si, tienes razón— comentó él algo abochornado.

—A veces odio que tengas una respuesta para todo y no tengas filtro para hablar— La chica le miró— No en este momento, pero generalmente — Aclaró. 

—Yo ¿Qué quieres decir con eso?— indagó, pero ella corrió adelantándose. 

—Espera, creo escuchar algo— El canal era profundo por lo cual para saber por dónde iban regularmente subían a asomarse— No fue nada, pero, estamos cerca— La chica sonreía satisfecha de su idea. La cuesta era empinada, al terminar de subir se encontraban en la zona trasera del hospital. Al fondo el cielo estaba siendo consumido por una humareda negra, el resto de la zona estaba vacía. No era un sector muy poblado a excepción de algunos edificios cercanos. Alejandro salió del canal agachado y corrió hasta el frente de las instalaciones hospitalarias.

 Un auto pasó en carrera perseguido por tres muertos, ambos lo observaron un rato. En la lejanía otro zombie golpeó un costado del vehículo y este se volcó girando, saltando la división de la calle. Los muertos se abalanzaron para eliminar a los sobrevivientes. Alejandro y Karla se miraron preocupados.

La escena alrededor del hospital era devastadora. Un camión estaba empotrado dentro de un concesionario, obviamente desviado del camino. Ahora este edificio ardía en llamas junto con el edificio de la prensa, las cenizas llenaban el aire. Los zombies de la zona corrían y se reunían alrededor del fuego, esperando que los sobrevivientes salieran del edificio. A lo lejos se podían observar personas huyendo en todas direcciones.

—Parecen hormigas asustadas.

—Eso suena a burla, y la verdad por lo que se escucha allí adentro no está mejor— Comentó la chica en respuesta a los gritos provenientes del hospital.

—No era una burla, es solo que cuando pisas… olvídalo, debemos ver por donde entrar— Dijo acercándose a la entrada de emergencia, pero un hombre el cual tenía un brazo colgante se asomó con su mirada vacía asaltándole— Definitivamente por aquí no— Para su suerte, aquellos muertos lentos eran fáciles de esquivar. Los rápidos le preocupaban más en ese instante, por fortuna no observaba ninguno cerca, de ser así no sabía qué hacer, un simple madero no le parecía un arma adecuada.

La situación al entrar no fue distinta, el interior estaba plagado por muertos lentos, pero decenas de ellos eran igual de peligrosos. Varias puertas estaban caídas, la sangre regada por el pasillo, una doctora se refugiaba detrás de una mesa de urgencias. Del ascensor bajaban unos paramédicos que se miraban asombrados ante la situación, obviamente al subir no estaba todo tan grave, entre el desorden Alejandro reconoció el grito de su madre en algún piso superior. Volteó a su alrededor para encontrar los usuales carteles de ubicación con el fin de localizar la zona de pediatría, ya que su mamá sentía un apego natural por los pequeños. Así abordó el ascensor sin dudarlo, Karla le siguió.

    —Esto da miedo Alejandro.

    —No te pedí que vinieras.

    —Es cuestión de sentido común, esto está completamente mal, la ciudad es un caos ¿querías que me quedara sola en una casa? pero venir a un hospital, no creo que sea la mejor idea. Como mencioné hace un rato, buscar un arma parecía más sensato.

    —Es mi mamá— Se mantuvo un silencio intranquilo por unos segundos.

    —¿Crees que estará bien?

    —Confío en eso, mi mamá es fuerte. Además estaba al corriente de la situación al salir de casa.

    —Perdona si pregunto mucho, pero ¿Adónde vamos?

    —A pediatría, mi mamá ama esa zona, y si hay peligro, estoy seguro querrá proteger a los niños.

    —Continúo diciendo que debimos buscar primero un arma— insistió la chica.

    —Y yo que no iba a meterme a una casa a buscarla.

    —Es más confiable meternos a un hospital— refunfuñó ella— ¿Escuchaste ese sonido? 

    —No. 

    —Bueno…

    La puerta del ascensor se abrió con un traqueteo, no se observaba sangre por el pasillo como en la zona inferior, pero una lámpara fluorescente colgaba del techo, aquello no daba buenos augurios. Los dos se miraron congelados ante el parpadeo. 

Avanzaron lentamente, Alejandro abrió las puertas con temor, aferrando sus brazos en el madero, luego de tres de ellas, miró a Karla en búsqueda de aprobación— ¡Mamá!— gritó. La respuesta fue inmediata, el sonido de pies golpeando el suelo desesperadamente. 

Al fondo de los corredores una puerta cayó al suelo, los cuerpos de cuatro niños corrían en cuatro patas acercándose estrepitosamente, sus rostros estaban cubiertos de sangre, no tendrían más de cinco años cada uno. Alejandro quedó paralizado, estarían sobre él en un abrir de ojos, en ese instante sintió una mano que lo tomó del cuello, la puerta lateral se abrió, y Karla le arrastró, su madre estaba adentro.

    Un abrazo emotivo madre e hijo acompañado de lágrimas saltante de los ojos, situación que habría sido muy emotiva si no se hubiese visto cortada por los golpes contra la puerta. Los niños muertos estaban al otro lado.

    —¿Te han mordido?— Fue la primera pregunta de su madre, la cual respondió con la negativa de su cabeza— ¿Y a ti? — Refiriéndose a Karla.

    —Tampoco señora, aunque estuvimos cerca.

    —¿Les cayó sangre?

    —No.

    —Bueno, a mi si, de mi mamá.

    —¿Tienes alguna herida?— La mujer revisó a Karla— ¿Te cayó sangre en alguna herida abierta, los ojos, la boca?— Alejandro notaba como otras dos personas se encontraban en la habitación, un doctor y otra enfermera.

    —No señora, no tengo ninguna herida.

    —Gracias a Dios— Suspiró la mujer, afuera se escuchaban los pasos alejándose de la puerta, algo más debió atraer su atención— Se transmite por la sangre, o la saliva— Soltó la mujer sentándose preocupada.

    —¿Estás segura mamá?

    —Por supuesto, apenas llegaron aquí esos pacientes me percaté que tenían relación con la situación de las noticias, solo que nunca llegamos a pensar que fuese algo así de grave. Este hospital no está preparado para atender una emergencia biológica de esa índole, esos seres convulsionaron, y entraron en una especie de coma antes de morir. Fue cuestión de segundos antes de que se levantaran nuevamente, pero no tenían raciocinio alguno, vomitando sangre, y atacando a cualquiera se atravesase.

    —¿Esos niños vinieron infectados?— preguntó Karla.

    —No, fue en medio del desastre, un hombre que fue mordido intentó huir, se resguardó aquí, pero luego le sucedió lo mismo que al resto, y cuando convulsionó vomitó sangre en todas direcciones. Los pequeños fueron rociados, y…— Emitió un suspiro, aunque su cabeza estaba gacha se notaban un par de lágrimas bajando por sus mejillas. Karla observó a Alejandro buscando señas sobre lo que debían hacer, y si era prudente consolar a la mujer. El chico se encogió de hombros.

    —Ahora entiendo porque se atrincheraron en una isla los condenados japoneses— Alejandro revisó el lugar, estaba nervioso. En realidad, no buscaba nada en específico, pero su mente procesaba mucha información al mismo tiempo. Por sobre sus cabezas se escuchaba un sonido, un chirrido, aparte de los golpes contra la puerta— Debemos salir de aquí.

    —¡No!— Se escuchó una voz al fondo, un hombre de mediana edad se acercó exhibiendo su bata blanca manchada de un líquido verde.

    —Disculpa, ellos son el doctor Jaime y Rebeca, compañeros de trabajo— expresó la mujer al tiempo que se levantaba a revisar la situación desde las ventanas, pero el denso humo negro nublaba casi toda  la visión.

    —¡No saldremos! ¡Es extremadamente peligroso! ese virus se expande rápido, lo más seguro será esperar el apoyo policial, yo mismo llamé a la estación apenas se produjo el incidente— El hombre frunció el ceño mientras hablaba.

    —Pero yo no creo que nadie venga a rescatarnos, mientras veníamos hacia acá no llegamos a escuchar ninguna sirena, y la situación es la misma en toda la ciudad— agregó Alejandro—. Dudo que la gente de la policía dé prioridad al hospital antes que a sus propias familias. 

    —Es cierto, solo se escuchan los gritos de las personas y de esos seres— Karla se alejó de la puerta, a simple vista se notaba como sus piernas temblaban— Hay muertos por todos lados, en las calles, hay un incendio cerca de aquí. No hay bomberos. En la autopista está igual o peor. 

    —Siempre en casos de emergencia los militares…

    —Pero los militares no pueden ir por toda la ciudad intentando acabar con esos monstruos. Y si no hubo planes, o un aviso para ellos, probablemente se encontrarían en una situación muy similar a la nuestra, corriendo para salvarse.

    —Eso es inaudito— replicó Jaime cruzándose de brazos, pero rápidamente reaccionó a unas fuertes pisadas en el piso superior, el techo resonó como si pudiese romperse, asustando al hombre quien se escondió de nuevo al final de la sala— No podemos seguir a un par de niños afuera, exponernos a la infección es una tontería. 

    —Yo no estoy segura de salir, pero la verdad estoy preocupada por mi familia— Habló la otra enfermera— He tratado de comunicarme por celular, pero no responden. 

    —Lo sé Rebeca, tranquila, estarán bien— trató de calmarla Ligia, la madre del chico. 

    —La situación solo empeorará— Alejandro miró a su madre.

    —¿Por qué lo crees?

    —¿Y por qué vamos a escuchar a un niño?— exclamó el doctor— No es la primera vez que se deben manejar situaciones de riesgo biológico. Lo más adecuado es quedarnos en este lugar y mantener la calma.

    —Él fue quien me informó de todo esto en la madrugada, tiene toda la mañana viendo las noticias, tiene más información que nosotros— La mujer se levantó y alzó la voz ante el médico— ¡Además, llegó hasta aquí!— Su madre buscó calmar su tono elevado debido a los nervios.

    —¿Y cómo sabremos cuándo es seguro salir?— Interrumpió Karla, nuevamente se escuchó un fuerte golpe en el piso superior, razón por la cual bajó el tono de voz— Ni siquiera sabemos cómo defendernos de esas cosas.

    —Tengo la sospecha de que apenas pueden vernos, pero se guían escuchándonos, y eliminarles, bueno— Observó el madero— Esto es todo lo que tengo, y no veo aquí algo que sea útil.

    —Yo me asomaré, después tú podrás salir de aquí— Su madre hablaba cuando fue interrumpida por él.

    —Déjame experimentar algo— Caminó con el madero en mano propinándole un golpe al hierro de una camilla, aquél ruido resonó en la habitación, y en la superior se escuchó una sucesión de golpes descontrolados, como si aquel ser quisiera romper el techo y llegar a la planta de abajo. De hecho, la insistencia e intensidad le hacía preguntarse a Alejandro si podría hacerlo, teniendo en cuenta que antes les vio correr y saltar de manera inhumana— Para mí es suficiente prueba, reaccionan al sonido.

    —Para mí también— afirmó Karla observando el techo preocupadamente ante la insistencia. 

    —Podemos salir, e intentar no ser vistos y escuchados, es lo único que se me ocurre— Comentó Alejandro.

    La madre de Alejandro se asomó y todos salieron de la sala, incluso Jaime, quien no se atrevió a quedarse solo. El pasillo estaba desierto y en penumbra, el foco parpadeante había caído al suelo convirtiéndose en añicos. 

    Caminaban extremadamente cautos, al menor movimiento se detenían. El ascensor continuaba abierto en el piso, subieron a bordo. Cuando el estetoscopio resbaló del bolsillo de Jaime, la expresión de miedo fue general. En respuesta al sonido metálico, los piececillos de los niños golpearon el suelo estrepitosamente, se escuchó como avanzaron apenas las puertas comenzaban a cerrarse. Alejandro desesperado salió al pasillo nuevamente sujetando fuertemente el madero, la puerta del ascensor terminaba de cerrar cuando las figuras de niños con ropas harapientas se acercaban. Tanto su madre como Karla ahogaron un grito intentando sujetarle, o eso pensó Alejandro. No podía estar seguro. 

    Ahora eran más los pequeños zombies, incluso algunos corrían, y otros se quedaban rezagados ante el resto. El miedo invadió su cuerpo, apretó el madero en sus manos y la vista intuitivamente buscó la escalera, estaba a pocos metros, así que no fue necesario un esfuerzo mayor. Se sorprendió a sí mismo bajando los escalones a saltos con los pequeños monstruos a sus espaldas. 

En un intento desesperado de escapar, saltó por la barandilla, evitando así el tener que bajar toda la escalera, lo volvió a hacer una y otra vez, hasta que sintió tener a uno de los pequeños casi entre sus pies, por reacción lo golpeó con el madero y se lanzó a correr por el pasillo más cercano, el siguiente pequeño se acercaba a zancadas detrás de él. Una mujer gorda en bata salió de pronto de una puerta a su izquierda gritando mientras jalaba su cabello. La esquivó a duras penas y continuó en carrera.

Podía sentir su corazón rugiendo estrepitosamente como un tambor que marcaba su ritmo desesperado. No detalló su alrededor, no se fijó en los cuerpos esparcidos por el suelo ni en la enfermera que golpeaba a un anciano con su cabeza contra una columna del edificio. 

Corrió por el pasillo contiguo raudo, al final se detuvo para respirar, o su cuerpo estallaría solo por mantener el ritmo. Su atención se centró entonces en aquellas figuras infantiles ensangrentadas maniáticas que le seguían. Como si de un bate de béisbol se tratase abanicó al más cercano. Una especie de furia le embargó, sintió el poder corriendo por su ser ante aquel pequeño que se veía despedido por el aire hasta chocar contra la pared con todo su rostro destrozado. El siguiente pequeño sintió el impacto en su cráneo, empujándolo al suelo, al que se arrastraba lo pisó fuertemente mientras golpeaba a otro.

    Alejandro no pensaba con claridad en aquel instante, todo su ser actuaba por el instinto animal, el deseo de sobrevivir. Golpeaba con una fuerza que él mismo desconocía. Volvió a abanicar por lo menos dos veces, hasta que solo quedó aquel que mantenía pisado boca abajo. Bajo sus pies el pequeño se estremecía moviendo todo su cuerpo, tratando de zafarse. Le golpeó fuertemente en la cabeza repetidas veces. Al acabar sus manos temblaban, soltó aquel madero, observando su alrededor, la sangre, regada incluso sobre su ropa. 

    De pronto un temor le embargo como un frío escalando hasta sus huesos. Se preocupó por algún rastro de sangre sobre su rostro, se quitó la camisa rápidamente y con una zona limpia la pasó por todo su rostro con desespero. El resultado era sucio, pero la sangre no había llegado a su cara lo cual le hizo relajarse y bajar la mirada. Allí a sus pies yacía un niño de cabellos negros al cual le faltaban dos dientes, su mirada era tranquila. Le miraba, aquellos ojos le observaban fijamente después de muerto, sintió como un frío y la noción de haber asesinado le invadía, aquello le mareó por un instante. 

Retrocedió a tientas, la imagen no se borró en su cabezaEra tan solo un niño Alejandro… ¿Y si no estaba infectado?— Aquel simple pensamiento le estremeció haciéndole voltear, simplemente no se atrevía regresar a verificarlo— Bien pudo haber estado vivo, tu tan solo golpeaste todo lo que se te acercó— Sintió nuevamente el retorcijón en su estómago y ganas de vomitar, la arcada le hizo encorvarse. Deseaba desaparecer, dejar de estar allí, cerca de esos cuerpos inmóviles.

    Una sombra le sacó de su estado de shock, un hombre robusto y con una barba se abalanzó sobre él, apenas dándole tiempo de interponer sus brazos, haciéndole irse hacia atrás. 

Su cuerpo atravesó cristales en su espalda, y por un instante no comprendió lo sucedido, aquel ser rugía muy cerca de su cara, y luego cayeron libremente.

 El empujón del zombie le hizo romper el ventanal del pasillo a sus espaldas, dándole un descenso vertiginoso desde el segundo piso. El follaje de los arbustos sin podar durante años del pórtico menguó su caída, sin embargo, rodó estrepitosamente por el jardín del frente. Se dio vuelta observando al zombie gordo a tan solo escasos metros de él, retrocedió a gachas boca arriba. Luego de eso sintió un fuerte estallido a la altura de sus oídos, el torso de aquél ser se abría como una flor, lanzando sangre por doquier, una porción de ella dio en el rostro de Rebeca, la enfermera, quien acababa de salir junto con el resto del grupo.

    Alejandro volteó. A sus espaldas estaba su tío Guillermo con una escopeta en sus manos, acompañado de otros tres hombres. Su madre, Karla, y el doctor estaban a solo metros de distancia, pero ahora Rebeca se retorcía en el suelo.

    —¡Quema! ¡La sangre me quema! ¡Auxilio!— Los presentes la miraron impactados, sus alaridos eran tan aterradores como los gritos de aquellos seres, se revolcaba entre la grama rasgándose los ojos— ¡Por Dios quema! ¡Esta…— Un segundo disparo, esta vez de uno de los hombres que acompañaban a Guillermo. 

El impacto descuartizó el cráneo de la pobre mujer, los restos se regaron por el pavimento como gelatina volcada. Los demás tan solo miraron con repugnancia mientras en el interior del hospital se escuchaba un nuevo grito humano, seguido por el siguiente estremecedor de una de aquellas bestias ensangrentadas.

 

(ACTUALIDAD. DÍA 74 DE LA INFECCIÓN)

 

—Tu estabas en la calle, era muy peligroso.

—Aun lo pienso y siento que tan solo fui muy afortunado— 

—No había escuchado ninguna historia así— expresó Alicia—. Es sorprendente que sobrevivieran. Tengo entendido la mayoría de los que sobrevivieron fue porque ese día no salieron, se escondieron como pudieron.

—Bueno, tuvimos un poco de suerte. El retorno fue sencillo. Regresamos por el mismo canal. Pero no se me sale de la cabeza que ese día muchas cosas pudieron haber salido mal, pude haber sido infectado tantas veces.

—Pero estás aquí, lo cual prueba que Dios tiene alguna misión para ti aún— argumentó Alicia, palabras a la cual el chico prefirió callar para no entrar en discusiones— ¿Y luego? Aquí no dice nada más.

—Pues nos encerramos en la casa, los primeros días no parabas de escuchar gritos y estallidos. Bueno, aunque supongo eso lo sabes. Era escalofriante y no te dejaba dormir. Luego todo fue más calmo, como por el cuarto o quinto día. Yo buscaba toda clase de noticias e información en la red, fue allí donde comprobé que el cloro y el tinner servía para borrar tu aroma de ellos, aunque ya mi tío había sugerido esa idea, y Raul luego me lo dejó bastante claro. Temíamos salir, y nos limitamos a ver los muertos desde las ventanas, se escuchaba como pasaban por los techos, e incluso un par de veces intentaron forzar las puertas. No es algo que sea lindo de recordar— Terminó por admitir bajando la cabeza—. Cuando las cosas se comenzaron a calmar, supusimos ya no quedaban tantas personas a quienes perseguir. Al sexto día los grupos de supervivientes comenzaron a agruparse en lo que son ahora, armándose y saqueando colectivamente para sobrevivir. En un inicio había unos veinte grupos por la ciudad. Fue allí cuando mi tío comenzó a salir, el plan lógico era recoger suministros y unirnos a algún otro grupo, solo que las cosas salieron mal— Alejandro se levantó dirigiéndose a buscar sus implementos para salir.

—Tenía la esperanza de que te quedaras, después de todo no necesitamos comida, podríamos pasar aquí un largo tiempo sin problemas— Alicia se sentó en la cama.

—Sí, es bueno tener comida, pero en este mundo eso no es suficiente, la información tiene un alto precio, y hay un par de cosas que debo averiguar hoy mismo— La miró, y ella le devolvió la mirada con ojos de cachorro. A pesar de que quisiera no podía quedarse. No podía darse el lujo de estar de manos atadas. Su mente y cuerpo le instaban a seguir, era como un impulso a seguir vivo. Por alguna razón sentía que estar quieto significaba la muerte. 

Los primeros días de la infección no pudo identificar y controlar esa sensación. Como un calor que sube por el cuerpo y esclarece la mente dejando solo lo que se debe realizar. En aquel tiempo le habría servido. Quizás con ello Karla o su tío Guillermo seguirían con vida. Incluso su madre. Bajó la mirada al tiempo que sentía cierto dolor en el pecho.

Los primeros días aquel dolor era fuerte y abrumador, normalmente le dejaba tendido en la cama con la vista perdida en la oscuridad. Ahora era un débil susurro, una ventisca que le sacudía. En ciertos instantes incluso parecía ajeno aquel dolor, y eso era un poco triste.

—No me dejes ir porque será peligroso, pero me voy a angustiar demasiado estando aquí ¿Cómo voy a saber estarás bien?

—Puedes estar tranquila, procuraré ir solo por lugares que ya conozco —Tomó el bolso con armas,  este se hallaba mojado, era necesario cambiarlo por otro además de recargar los cartuchos.

—No quiero, eso es mentira, en cualquier lugar, a cualquier momento pueden salir mal las cosas.

Alejandro miró a la chica, aquella sensación propia del día anterior regresó— Entonces espera aquí un instante— Salió del cuarto, hasta regresar con un par de walkie talkies negros— Toma, no creo que sean muy efectivos, esto dice que puede incluso funcionar a diez kilómetros, pero verdaderamente lo dudo, sin embargo, podemos estar comunicados así— El chico arrojaba uno de los radios— ¿Así estarás más relajada verdad?

—Genial, yo tenía uno de estos cuando pequeña— No pudo evitar sonreír ante tal reacción, pero recordaba que a cada segundo se hacía tarde. Terminó de limpiar y recargar sus armas, tomó otra mochila del armario, metió su bitácora con los mapas, alcohol, algo de comida, agua, binoculares, linterna y finalmente el radio transmisor.

Partió algo incómodo, se despidió de la chica y ambos se miraron sin saber si un beso sería adecuado. Terminó abrazándola y partió— Debo apresurarme, Yoshua trama algo.

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