CAPÍTULO 6. NACIONES

—Estoy bien, sabes que odio estar sentada o acostada en esa cama todo el día.

—Eso no implica que estés bien, Milena dijo que debías descansar.

—También dijo que podía levantarme y salir, no puedo estar encerrada todo el tiempo aquí Alejandro.

—Yo no creo que esté mal que salga, solo que debe de tener cuidado.

—Pero igualmente no puede ir conmigo allá abajo —Rezongó el chico de brazos cruzados..

—Voy a estar afuera.

—Es un peligro amor, voy a hablar con Brad, todo lo que él implica es un peligro.

—Por lo que tu crees Brad podría salir de esa habitación tan rápido que nadie lo notaría, y matarnos de un modo tan simple. Es ilógico entonces que aquí esté más segura que allá.

—No niego haberlo dicho, es solo que… — No encontró la expresión y con un mal genio salió de la habitación con un portazo. Era imposible discutir con ella, igualmente haría lo que le diera la gana, era temperamental y testaruda. Aun podía escucharlas hablar dentro de la habitación, diciendo que irían a la sala de filmación y verían todo desde allí.

Tampoco deseaba discutir, estaba feliz por verlas, más por Karla cuando pensó podía perderla. Pero su temor era obvio, recordaba la conversación con Armando el día anterior al arribar a la nación Armonia. Un lugar increíble y raro conformado por cuatro enormes plataformas marítimas y barcos anclados como bases, sobre los cuales una inmensa estructura de metal semejante a una ciudad se erigía. Donde casas y los caminos ascendían, pilares hechos de contenedores funcionaban como hogares de colores variopintos. Al fondo, un par de plataformas cercadas dispuestas para ganado y agricultura y pequeñas embarcaciones a los lados. 
Claudia fue la mas encantada de ver el lugar, estaba extasiada al llegar, en ver como podían vivir y en la cantidad de personas que subían y bajaban escaleras o deambulaban por allí, como si el mundo fuese normal y la tranquilidad se hubiera asentado en sus corazones.

Alejandro recordaba sus palabras “es maravilloso” y estaba de acuerdo, lo era, el lugar era apacible con un olor a salitre que le recordaba a casa y un oxido perenne que lucía como polvo rojo disperso por todos lados. Pero lo mejor de aquella escena fue ver a los niños correr y jugar fútbol. La vida de alguna forma había encontrado la manera de continuar y seguir su camino, él era quien se apartó de todo aquello, para bien o mal, pero allí estaba, tan natural como lo recordaba de años atrás.

La conversación que ocuparon en cierta manera opacó todo aquello, la realidad era inminente en un comunicado habían especificado que en quince días enviarían a un grupo para reclutar a todos los hombres capaces de luchar y enviar a la guerra, No había oportunidad ni forma de negarse, la orden era absoluta, la paz llegaba a su fin, casi tan rápido como ocho años atrás, o quizás mas decisiva.

La noticia lejanamente era una sorpresa, la fecha si, conversar con Brad se convertía en una prioridad, una amenazante prioridad de la cual no podía escapar, lo segundo, era preparar a todos para lo inevitable e indescriptible. Preparar a todos los que dispuestos o no sacrificarían sus vidas para explorar la posibilidad de salvar las del resto.

Un pequeño grupo militar estaba en las manos de su antiguo amigo perrobravo, o tal vez usaba ahora su nombre real Miguel, Milena insistió en que él les diera algunas clases. “Clases del único que ha sobrevivido ocho años allí afuera, del único que se ha enfrentado a los inteligentes y las ciudades y ha sobrevivido”. Comprendía el punto, era lógico e incluso racional la respuesta, la cuestión se hallaba en su percepción propia. Aquello era el fin de los tiempos, todos morirían, no había mucho que hacer, y ese mismo pensamiento le atormentaba y hacía odiarse, pues por sobre todo deseaba el bienestar de su hijo, Xander.

Con ese pensamiento bajó a los compartimientos más bajos del Armonia, para entablar conversación con el muerto. Armando le observó desde la puerta de la habitación de filmación con una leve sonrisa oculta por su barba pero notoria en sus cejas.

CONVERSACION 1

Alejandro descendió por las escaleras de metal, entrando en una habitación iluminada y sorprendentemente limpia, al fondo se hallaba un retrete blanco y una cama, sentado sobre esta el muerto Brad, del cual todos hablaban, entre él y Alejandro se hallaba una barrera de rejas grandes y robustas. Aunque ello no le daba ninguna seguridad, tampoco importaba de mucho, si aquel ser intentaba algo… estaba preparado y decidido.

El chico entró lentamente, el muerto reaccionó ante su presencia, levantándose, alzando su cabeza en la cual apenas conservaba un par de cabellos.

—Ummm ¿qué es lo que huelo?—Su voz era pastosa, grave y realizaba un sonido gutural antes y después de cada palabra— Ni una pizca de temor, piel que ha visto el sol, ropa gruesa, huelo sangre joven, sin grasa en ella, un hombre ejercitado… Tú has de ser el famoso Alejandro.

—¿Me conoces?—Alejandro no mostró reacción alguna, pero se hallaba impresionado por la fluidez en su voz.

—No, nunca antes nos habíamos visto, pero incluso entre los muertos eres famoso…

—¿Qué quieres Brad?— Alejandro tomó asiento en una silla de madera que se hallaba frente a las rejas observando al zombi, su rostro era serio, no había pestañas ni cejas, sus gestos eran claros, la zona izquierda tenía una tonalidad algo purpura, mientras la derecha algo más rojiza.

—¿Qué quiero? Es curioso que esa sea tu primera pregunta, y no preguntar sobre cómo sé de tu persona— El muerto deambulo por la sala— La inteligencia humana siempre ha sido algo para mi asombro, no obstante es básica, simple y muy fácil de leer en algunas ocasiones, por ejemplo, tu presencia aquí me dice que la colonia Europea debió de ser atacada hace mucho, quizás hace ya un mes, y fuiste convocado para hablar conmigo.

—En parte Brad, en otra sentí curiosidad por ti.

—¿Sabes que puedo oler una mentira? Afortunadamente sé que acabas de decir la verdad, tampoco reaccionaste cuando dije sobre el ataque, así que tengo razón en ello… Ahora Alejandro, ¿Quieres saber qué quiero? ¿Por qué no me preguntas cómo puedo saber sobre el ataque si me encuentro aquí encerrado desde hace dos meses?

—No me importa el ataque Brad, era algo obvio que sucedería, de hecho pienso que tardaron mucho en efectuarlo, tampoco me intrigan las formas, conozco más de una en la cual ustedes se pueden comunicar o invadir una plataforma continental, te haré otra pregunta ¿Qué buscas aquí Brad?

—Quizás— La lengua y toda la boca de aquel ser era negra, su voz lúgubre— Quizás esté aquí solo para poder hablar contigo, digo, ¿Cómo sabes que no estoy aquí para matarte?

—Es una posibilidad, lo tengo muy presente, y quizás los demás aquí no lo sepan, pero yo sé bien que esas rejas no te detendrían, podrías cruzarla ahora mismo si lo desearas, también sé que pudiste olerme desde que puse un pie en esta embarcación.

—Hace dos días exactamente, se que has comido en las ultimas horas, cuando fue la ultima vez que tuviste sexo con tu chica, se cuantas balas hay en el fusil del guardia detrás de esa puerta, y cuantas personas a bordo de esta nave y donde se encuentran actualmente.

—Un oído y un olfato súper desarrollado en conjunto con una mente capaz de desentrañar y analizar hasta lo más mínimo.

—Has abierto nuestros cuerpos ¿cierto? Haz estudiado el rango del alcance de nuestros sentidos ¿Verdad que si Alejandro? Es la única forma en la cual alguien podría llevar años viviendo en un mundo plagado de muertos sin que se descubra donde se encuentra su hogar.

—Me reservaré esa información Brad, así como tu te reservas tus intenciones.

—Estoy aquí Alejandro, para ayudarte… Y para ayudarme a mi mismo, yo deseo volver a ser humano, a estar vivo, comer, degustar y la vida social que conlleva — Alejandro se quedó observando, sus facciones, sus gestos, era más humano que cualquier otro ser que hubiese visto, pero había algo de despiadado y tranquilizante en él que resultaba en algo perturbador. Producía una sensación de amistad y enemistad al mismo tiempo, una sensación que ya había vivido antes con una persona. Yoshua.

—Sabes muy bien que eso no es posible, no hay forma de volver a un muerto a la vida…

—¡A mi no me mientas Alejandro!— Su expresión cambio, golpeó las rejas y una de estas se dobló— ¿Cuántas posibilidades tendrías si salgo y te mato aquí mismo?

—Podrías intentarlo…

—Se bien que es posible, y los latidos de tu corazón y tus pupilas me lo confirman, sabes que es posible hacerlo Alejandro, si hay alguien capaz de haber descubierto a fondo todo, has sido tu, y yo deseo la verdad.

Alejandro se levantó con tranquilidad de la silla y dirigió hasta la puerta para mandar al guardia a descansar a otro lugar, especificándole que no le necesitaba en la puerta; al otro extremo del pasillo estaba Claudia con una pistola automática en su mano, relajada y con una sonrisa, luego entró y subiendo sobre la misma silla quitó la cámara y el micrófono de la sala y volvió a sentarse, mientras el muerto le observaba de manera curiosa, Alejandro se hallaba demasiado calmado, Brad se encontraba intrigado por ello, era la primera vez que un humano se mostraba tan calmado frente a él. No era una actuación, podía sentir los latidos de su corazón, tan firmes y pausados como siempre.

—¿Hablarás conmigo Alejandro?

—No veo razones para decirte lo que he hecho o no Brad, y de hecho, si llegas a decir una palabra más de lo que yo deseo digas, me encargaré de eliminarte, quieras o no trabajar con la humanidad, seas o no un beneficio, te eliminaré como a cualquier otro muerto.

—¿Como la ciudad del norte hace unos cinco meses Alejandro?

—Exactamente igual Brad —Sabía de la ciudad, a pesar de él no haber dicho nada, siquiera a Armando, solo Karla y Claudia podían estar enteradas, pero tampoco era algo para alarmarse, menos para sentir miedo. De hecho, lo esperaba, era justamente lo que esperaba, que lo supiera.

—Me parece apropiado, son de cierta forma tus términos.

—Una parte.

—¿Qué deseas saber Alejandro?

—Todo Brad, como de costumbre mi deseo es saberlo y comprenderlo todo, y si cumples ese termino, tendrás lo que deseas, pero solo y bajo mis condiciones.

—Básicamente me estás diciendo, que para conseguir algo, deberé ser tu esclavo, la persona que te dirá todo.

—Es lo más cercano a un trato justo que te puedo dar Brad, es lo más cercano.

—Bien, pero necesitaremos — Brad se movió con finura —Un momento más largo y apropiado, me temo que tus compañeros están afuera bastante alarmados porque apagaste las cámaras.

—Mañana Brad, a esta misma hora.

—Solo esperemos que mañana no sea tarde Alejandro, las horas cuentan, el tiempo no eeeeespera por nadie —Brad dio media vuelta y Alejandro se retiró en silencio, pensativo. Afuera Armando, Karla y Claudia se halaban esperándole en la puerta, estaba agradecido por la preocupación, pero ahora su mente intentaba sacar conclusiones y analizar toda la cantidad de datos que tenía. Primero, la seguridad de aquel viejo bolso que sacó de su laboratorio. Segundo, la probabilidad de que la guerra estuviese encima de ellos antes de lo previsto. Quizás quince días era un plazo que ninguno tenía.

Alejandro se agachó en el suelo a pensar… Brad era… Debía organizar sus pensamientos, y rápido, pero era difícil con las miradas y preguntas de todos a la vez, Armando, Karla y Claudia estaba preocupados en el pasillo.

—Necesito… —¿Por qué no habló antes con el muerto? Ahora todo empezaba a ser mas claro el panorama se ampliaba. Intentó recordar palabra por palabra, era obvio que Brad se reservaba información, pero aun así, aun cuando una persona lo hacía, habían gestos, palabras que denotaban sus intenciones —Necesito algo de silencio y un momento —Estallaría, su cabeza daba vueltas. Fijó la vista en la pared gris “Incluso entre los muertos eres famoso…” “mañana no sea tarde…” Necesitaba entrar y hablar de nuevo, pero eso no bastaba. Él era algo nuevo, era superior en más de un sentido, se notaba en su voz, en sus expresiones corporales.

—¿Por qué quitaste el vídeo chico?

—¿Todo bien? ¡Di algo, nos pones nerviosos!

—¿Te infectó? —Preguntó Claudia.

—No, yo —Los miró — Necesito entrar de nuevo, pero…

—Es peligroso con las cámaras apagadas chicos, no sabemos…

—La guerra Armando ya está sobre nosotros, no será en quince días, será ahora, hoy, mañana, no sé, pero él lo sabe de alguna manera lo sabe.

—Podemos torturarlo de alguna forma hasta que lo suelte.

—Los muertos no sienten dolor, tampoco creo que le importe morir por una idea, digo está aquí. 

—Puede ser, igualmente quiero esas cámaras encendidas y entraré contigo esta vez.

—No, tu ve con Karla, necesito que graben todo lo que allí se diga. Amor tu sube a la habitación, busca la vieja bitácora, necesitaré que anotes todo lo posible que escuches, estarás con Armando en la sala de filmación. Armando si no entiendes algo de lo que hablemos allí adentro, descuida al salir conversaremos, de todas formas hay algo que creo necesitaré de tu ayuda.

—Yo entraré contigo —Señaló Claudia.

—Bien, pero te quedarás atrás y te recomiendo no decir nada frente a él, puede leer las emociones en las personas.

—Necesitamos saber cómo, cuando y donde atacarán muchacho —Puntualizó Armando, Alejandro se remitió asintiendo con la cabeza.

—Voy a buscar la libreta —Karla se retiró del pasillo.

—El problema es que querrá algo a cambio de la información. Él está aquí para intercambiar data, nos usará. Ahora mismo nos está escuchando, estas paredes son como papel para él.

—¿Sabe…? —Claudia se hallaba algo nerviosa.

—Sabe que estamos aquí, lo que decimos y cuando respiramos, sabe que estamos en desventaja incluso cuando hablamos con él.

—¿Estás seguro de esto muchacho?

—Lo seguro es que estamos muertos si no entro —Alejandro dio media vuelta y abrió la compuerta nuevamente. Claudia siguió de cerca sus pasos pasando por detrás. La visión de Brad era escalofriante, se hallaba sentado tranquilo, con las manos juntas frente a su rostro, observándoles y esperándolos con cierta nota de confianza.

—Fue una linda discusión, tu has de ser una de las dos chicas deee Alejandroooo.

El chico hizo un ademán a Claudia para que conectara de nuevo la cámara y se mantuviese atrás.

—Es lindaaa, dime Alejandro ¿sabe ella lo que es la muerte?

—¿Lo sabes tu?

—Mejor que nadie podría decir, ya lo he vivido, recuerdo muy bien la sensación de morir, la desesperación en todo mi ser, incluso nublaba el dolor —Brad tocó su pecho y observó fijamente al chico.

—¿Tienes recuerdos de cuando estabas vivo Brad?

—Podría decirse que no estoy del todo muerto ¿Veeerdad? Pero respondiendoteee, no, no tengo recuerdos, pero si ligeras imagenes y una sensación profunda de amor a una mujer, pero no contaree mas, ¿Me darás lo que quiero Alejandro?

—Te diré lo que sé, solo eso, y tu me dirás lo que quiero saber.

—Te diré también lo que sé Alejandro, espero eso coincida con lo que tú deseas saber.

—¿Por qué atacan ahora?

—No me tomes a mal Aleeejandrooo no tomo partido en ninguno de los dos bandos, pero ¿sabes lo que le pasó al Neandertal cuando apareció el Crogmañoooon u hombre moderno, como prefieras llamarlo? Había mucho frío, competían por comida, quizás intentaron convivir, pero la lucha fue inminente. El Crogmañon eliminó y extinguió a su adversario, era mas inteligente, usaba armas y un lenguaje, podía planificar ataques, el otro no tuvo alternativa maaaas que apartarse a lugares menos cálidos y murió. Luego vino otra evolución, no aceptada por la ciencia como tal, pero existente. Vino la llegada del hombre negro, oh si, esta fue una evolución natural, el hombre negro estaba más adaptado a un ambiente que se hacía cada vez más cálido, podía soportar temperaturas maaaas altas. Mayor resistencia, mejor desempeño sexual y mayor tendencia a la violencia, lo cual era esencial para sobrevivir. Su error, fue no eliminar a su contrincante, decidió convivir, se convirtió en esclavo, y durante ese proceso las dos razas se fueron mezclando. En la actualidad la sangre humana es una mezcla de ellos, no hay nadie totalmente puro. Ahora Alejandro, respondiendo tu pregunta, esto que ves ahora es evolución, nosotros somos una nueva escala. Siguen el ejemplo del Crogmañon.

—¿Por qué deseas ser humano nuevamente? Ya eres mejor.

—Nuestro cerebro no procesa emociones, sentimientos, aun así la recuerdo a ella, quiero eso de nuevo.

—Podría estar muerta.

—Auuun así quiero sentirlo Alejandro. Ellas dos pueden morir mañana ¿Para que estás con ellas? ¿Para qué amarlas? Vengo a preguntar ¿Qué sabes del agente ARE?

—Conoces su nombre… Bien, esa pregunta es bastante general, por ahora se que infecta como un virus pero se convierte en una especie de parásito dentro del huesped, en el proceso los sujetos mueren, pero el parásito les obliga a reanimarse haciendo que el cerebro envíe un gran impulso eléctrico que mantiene la sangre circulando, el resto de los órganos mueren a los pocos días. Apenas quedan el sistema motriz, cerebro y corazón, lo demás se convierte en una gelatina putrefacta. El parásito además produce una inmensa cantidad de leptina, la hormona del hambre.

—Si, apenas despertamos solo tenemos un hambre que enceguece, hambre pura, y el ser humano posee mucha grasa proteínas y un olor en particular, reconocible a mucha distancia. El hambre, esa es la que nos hace andar la que nos hace seguir, ese hambre atroz.

—Luego de eso el agente va regenerando ciertas partes del cuerpo dependiendo del ambiente y los requisitos del huesped, si consigue gran cantidad de proteínas, si esta escasea, si su dieta se basa en algo bajo tierra.

—Y entre ellos, algunos que no hemos sido descuartizados y reservamos fuerzas, algunos que resolvemos cosas peeeequeñas como abrir una puerta terminamos desarrollando algo de inteligencia.

—Pero es imposible revivirlos, se puede suprimir el impulso de la leptina, pero sus órganos…

—Basura Alejandrooo, se puede, el cuerpo es capaz de regenerar cualquier clase de tejido. Incluso crear nuevo si es necesario.

—Lo has intentado Brad ¿No es así? Has experimentado con muertos.

—Se hace lo que se puede.

—Mi turno, ¿Cuando y donde atacarán?

—No tiene relevancia este ataque muchacho, no puedes hacer nada.

—¿Cómo lo sabes?

—Solo pienso con más lógica y preveo los movimientos de mis iguales. Dime, ¿Cuantas grandes naciones hay en el océano Atlantico ahora?

—Pues cinco, la española portuguesa, el armonia, la Norteamericana, la europea y la turca.

—¿Cuantas de ellas tienen poder militar?

—Solo cuatro, la española portuguesa está en los azores y es más un fuerte de defensa.

—Ahora visualízalas mentalmente, ya atacaron a la europea, la razón es que era la segunda más fuerte y quizás la mas poblada, el factor sorpresa fue crucial, por lo tanto atacar ahora a la norteamericana no es una opción…

—La turca… ¿Cómo sabes que será pronto?

—Tu no puedes olerlo, pero yo si, hay tormenta lejos de aquí, el aire rebosa de humedad y la presión está cambiando.

—Usaron el clima para camuflarse, hay que alertar a la nación…

—Pero como te dije Alejandro, no importa ir en esa dirección, la nación turca es una de las más alejadas, yo que tú me preguntaría ¿Cómo llega un grupo grande de muertos al océano para atacar a la nación europea, que pasó allí?

—En barco, debieron ir en barcos un par de grupos lo más probable.

—Aun estando en barcos, un par de embarcaciones son fáciles de divisar en la lejanía. ¿cómo llega un grupo a la nación? —Brad dejó la pregunta en el aire y con aire de superioridad se acostó en la cama —Visítame de nuevo apenas lo descubras, eso armará el rompecabezas que necesitas, yo tengo más preguntas qué hacer.

Claudia y el chico salieron de la habitación, ella le miraba con cierto aire de pavor, no hubo palabra alguna hasta llegar a la cámara de filmación. Alejandro abrió la puerta.

—Necesito un par de respuestas eso es más que obvio —Expresó Armando.

—No hay tiempo, necesito ir a la nación europea e investigar lo que sucedió allí —Expresó esto en voz alta, pero sin decir algo más tomó la bitácora de las manos de Karla y escribió.

Necesito que envíes a alguien, alguien en quien confíes a buscar al tal hombre invisible, la leyenda.

Armando leyó y sin expresar palabra contestó escribiendo —¿Por qué?

—Debe de tener un antígeno natural al agente ARE, no es que sea invisible, lo más probable es que no pueda ser infectado.

Armando leyó e intentó mostrarse calmado, luego respondió en voz alta —Eso de ir a la nación europea, suena demasiado forzado, podría ser una trampa Alejandro, es posible que sea una trampa.

—Ten por seguro que lo es Armando, es una trampa en la que debo caer, él muerto tiene razón, debo averiguar qué sucedió allí si queremos sobrevivir.

—Pues entonces iré contigo —Expresó Karla.

—Y yo —Le siguió Claudia.

Armando tomó el papel para escribir nuevamente —Enviaré a Miguel.

Bien, pero escribe lo importante siempre —Especificó Alejandro.

-¿Tengo qué?

-No, pero tampoco te cuesta nada, hazlo por los niños al menos -respondió Miguel tomando de la mano a Sara para que entrara a la pequeña embarcación.

-No me agrada esto, no le veo el sentido.

-Me voy en un par de horas, yo también creo que una cena entre todos es una buena manera de despedirnos, mañana quizás muchos estemos muertos.

-Tampoco le veo el sentido a que tu te vayas -La mujer abordó el bote, se hallaban a cierta distancia del Armonia, aunque desde allí podían ver la cúspide de las plataformas.

-Ya te lo dije, es necesario, te enterarás mejor.

-¿Son nuestros tíos papá? -Preguntó Antonio por segunda vez.

-Claudia es mi hermana menor -Señaló Sara.

-Alejandro y Karla son también sus tíos niños -Intervino Miguel.

-¿Por qué no viven en el Armonia? -Preguntó el mayor de los tres, Felipe.

-Estaban en tierra, en su casa.

-¿Con los muertos? -Inquirió Antonio.

-No, no con los muertos exactamente, ellos se cuidaban de los muertos.

-¿No están enfermos? -Volvió a preguntar.

-No hijo, no lo están. También van a conocer a su primo, se llama Xander.

-¿Es un bebe? -Preguntó Arianna.

-Si, es un bebé.

-¡Por fin llegan! ¿Se habían perdido en el montón de caminos? -Aurora se hallaba de pie contra la baranda para darles la bienvenida.

-La hija del capitán siempre tan animada y sincera -Señaló Bill, uno de los miembros de la armada del Armonia a sus compañeros.

-A mi me cae bien-Agregó Henry masticando un pedazo de palo.

-Muevan el culo par de mierdas que me hacen esperar -Marina era delgada, piel blanca y temperamento algo gruñón.

-Yo he escuchado que el tal Alejandro es bastante alto, fornido -Comentó Adrian.

-Mi hermana dijo haberlo visto cuando llegó al Armonia, dijo que era delgado y casi como un chico adolescente, pero que era sexy -Ben botaba el cigarrillo por la borda.

-Hola Aurora -Saludo Felipe con la mano a la chica, Antonio le siguió desde atrás mientras que Arianna le realizó un guiño de ojo.

-Mi papá hizo la carne de la comida, parece bastante emocionado. Todos están atrás -La chiquilla corrió hasta el frente, Miguel le dio un permiso sonriendo.

-Yo diría nervioso hasta los cojones, pero emocionado suena bien -Agregó este en voz baja para que solo su mujer le escuchara.

En la zona trasera se hallaba arreglado una mesa amplia y alargada, Armando lucía un delantal e iba sirviendo en distintos platos. Al primero que logró saludar Miguel fue Alejandro, quien se acercó a ellos.

-¡Que tiempo!

-¡Es bueno verte a ti también! -Contestó Miguel antes de abrazarle -Karla, Claudia.

-Hola Sara.

-Hola -La respuesta de la chica fue cortante, pero Alejandro no esperaba menos.

-Estos que están aquí son Felipe, Antonio y Arianna.

-¿Ellos son? -Claudia se hallaba de rodillas observándoles de cerca momentos antes de abrazarles.

-Si, ellos son – Contestó Miguel observando a Karla y Alejandro – ¿Cómo ha ido todo?

-Bueno ha pasado de todo – Contestó Karla.

-Bendición -Se escuchaba la voz de los niños.

-Ese es Xander ¿Cierto?

-El mismo.

-Pensé estaría más pequeño, no hace mucho nos enteramos de que habían tenido un niño y míralo ya…

-Los tuyos ya son todos unos muchachos.

-El mayor tiene siete -Alegó Miguel con cierto aire de orgullo.

-Pasen y siéntense a comer algo, es lo menos que se puede hacer frente a lo que tenemos encima.

-¿Podemos hablar un instante Sara? -Alejandro intervino a mitad de la caminata. La mujer le miró de arriba abajo pero a su lado Miguel inclinaba la cabeza indicando debería seguirle. Accedió con un movimiento de cabeza y media vuelta a la zona delantera de la embarcación.

-¿Qué quieres?

-Hablar.

-¿Sobre qué?

-Sara, yo… Claudia esta algo emocionada por volver a verte, sé que aun tienes mucho en mi contra, pero por favor…

-¿Mucho en tu contra? ¡Eres una maldita bestia! ¡No es que tenga algo en tu contra, es que me falta algo por tu culpa!

-Tu brazo, fue un accidente Sara, sabes que yo…

-¡Un accidente un carajo Alejandro! ¡Fue tu culpa! ¡Tu maldita culpa gran cabron! ¡Nosotras estábamos allí por tu culpa joder!

-Ustedes sabían que era un peligro.

-No jodas con esa mierda, estábamos ciegas, creíamos que de alguna manera podíamos sobrevivir, que tu nos mantendrías a salvo, que las cosas no se pondrían…

-Tan feas para todos.

-No debiste dejarnos en un principio, no debiste dejar que ninguna bajara a Brasil, que manejáramos armas. Dime Alejandro ¡Cómo puedes dormir sabiendo que Alicia murió por tu causa? Ella… Yo perdí mi brazo, pero ella, ella te amaba más que nadie y tu la mataste -Con estas palabras se marchó con paso decidido hasta la zona trasera. Él se quedó observando el mar, oscuro y tranquilo, Milena se acercó colocándose a unos dos metros de distancia para observar el agua de igual forma.

-¿Todo bien?

-Algo así.

-Te dejaste llevar por sus palabras.

-Solo pienso que quizás tenga razón, quizás todo ha sido por mi culpa y lo de ella, Alicia… y ahora está por suceder lo mismo.

-¿Importa? -Intervino la mujer -Digo, no hay forma de saberlo. Y si, es muy factible que terminemos muertos, pero habremos hecho algo, lo que podíamos hacer.

-No pueden irse y dejar a los demás en la espectativa -Armando llegaba con compañía -Aquí están los cinco hombres que pediste -Los cinco de la armada dieron un paso adelante colocándose en fila con sus cosas aun en las manos, mochilas y armas.

Alejandro dio una vuelta y se quedó observándoles, Milena caminó rumbo a la zona trasera depositando un generoso beso en los labios del mayor y un guiño de ojo que Armando respondió de igual manera -¿Qué les dijo Armando cuando les reclutó hoy?

-Nos dijo que necesitaba cinco personas y que era una misión suicida, que probablemente nadie saldría vivo de ella, pero que iríamos con el mejor en el campo -Respondió la única mujer del grupo.

-Acostúmbrense, todas las misiones que tengamos en los próximos días serán suicidas. La razón de que estemos aquí ahora es que en dos horas partiremos a lo que era la nación europea. Será un viaje de dieciocho horas, comerán poco, llevaran solo su armamento, agua, chaquetas, los trajes debajo de estas y el combustible -Señaló Alejandro.

-Y el coraje, les hará falta todo un cargamento de coraje para lo que verán allí -Armando recorrió la zona hasta la punta dando la espalda.

-¿han visto acción? -Preguntó Alejandro a su compañero.

-Poca, incursiones para buscar metal, comida, ya sabes, lo normal, Miguel les comandaba, nada muy peligroso, siempre zonas conocidas y casi despobladas -Respondió.

-¿Buscaremos sobrevivientes señor? -Preguntó el que se llamaba Bill.

-Buscaremos un lugar donde guardaban cintas de seguridad. Sabemos que se encuentra en una de las tres islas delanteras, justo antes de llegar a la central.

-¿Puedo preguntar señor, qué tiene de especial la misión? No suena nada extremo -Aclaró Marina con su rostro amargado como de costumbre.

-Pasaremos lo más inadvertidos posible de los americanos, y allá os espera una trampa, eso es lo especial -Aclaró.

-¿Trampa?

-No hay sobrevivientes en la nación, pero habrán muertos, por eso quiero que todo lo que vean moverse le disparen, no lo pensarán, no los discutirán, lo matarán. Quizás nos enfrentemos solo a cien, quizás tres mil, tal vez centenares de miles, no lo sabemos.

-Suicida -Adrian tragó saliva.

-Sin duda -Contestó Henry con cierta sonrisa confiada.

-El que no quiera venir es libre de retirarse, pero no podrá decir una palabra de lo que se hable mientras estemos comiendo. Lo que allí se diga será secreto, ni sus familiares podrán enterarse. Si aceptan, ustedes trabajarán conmigo y solo conmigo los próximos días -Podía verlo en sus rostros, un rastro de esperanza y credibilidad, el rastro de un salvador en sus miradas.

Aun recordaba la conversación de la noche anterior, se hallaban a casi diez kilómetros, pero a la velocidad que iban en un par de minutos estarían allí. Los cinco habían decidido acompañarle. Claudia se encontraba con un rifle a un costado protegida bajo el pequeño techo de la embarcación, era pequeña pero rápida. Durante la madrugada se turnaron para descansar y navegar, pero el fulgor del sol les bajó los ánimos en gran medida. Era cerca de las seis de la tarde, ya todo estaba mejor, a lo lejos se comenzaba a observar la ciudad como una sombra. Horas atrás habían sorteado un trío de embarcaciones, no estaban seguros si se trataban de piratas o defensa de los restos de la nación; tampoco les importó.

-Bien chicos, dentro de poco llegaremos -La atención se centró en él y el ánimo bajo desapareció -Apenas coloquemos un pie quiero que estén atentos a todo, pájaros, movimiento, señales, lo que sea. Responderán a mi señal, nos mantendremos compactos, nos moveremos como una unidad y lo más sigiloso posible, nos sentirán de seguro, pero no podrán vernos. Claudia es la segunda al mando, si algo me sucede regresarán de inmediato con ella.

-¿Yo estaré aquí? -Preguntó Adrian.

-Así es, solo hay un comunicador con el Armonia, nosotros nos comunicaremos contigo, quiero que mantengas informado siempre al Armonia y a nosotros de lo que sucede allá. Recuerda que eres nuestro puente.

-La unidad señor, ¿Cómo discutimos? -Preguntó Bill.

-Circular en terreno abierto, tres al frente y dos atrás en cerrado, como una punta de flecha, si nos encierran nos abrimos camino lo mas rápido posible en una sola dirección. No dejaremos que nadie caiga y no importa lo que vean, no hay permiso a retroceder, el que lo haga le dispararé. Retroceder implica que otro muere.

-Como si retroceder sirviera de algo -Comentó Bill.

-¿Cuantas cargas explosivas tenemos? -Preguntó Alejandro.

-Cinco y un par de granadas de mano -Contestó Marina como si fuesen juguetes.

-Señor, ¿Ha visto las ciudades negras? -Preguntó Henry.

-¿Las ciudades de los muertos? Si.

-¿Y los gigantes? ¿Son ciertos? -Intervino Ben.

-Los bestiales, miden cerca de cuatro metros, son muy fuertes, si hay de esos en la ciudad, no les disparen, será malgastar balas.

-¿Bestiales? Hemos escuchado de los americanos de muertos de siete, diez metros -Señaló Ben.

-Reza porque no existan o no lleguemos a conocerlos -Comentó Alejandro, Claudia se hallaba algo nerviosa pero sabía mantenerse tranquila allí donde estaba sentada a sol un metros de él.

-¿Esa es? -fue la chica más joven la que habló.

Lo primero que se notó con claridad eran las flores solares. Pilares enormes con turbinas eólicas en el medio y cúspides de paneles solares como tréboles negros.

La nación europea era la unión de siete islas hexagonales artificiales, seis alrededor y una central. Todas conectadas entre sí como si fuesen panales con fuentes de energía plantados en sus esquinas. Las islas delanteras eran una pequeña urbe compuesta en su mayoría por casas muy ajustadas la una a la otra,las traseras eran destinadas a producción y cosecha, mientras que la central se alzaba con rascacielos como toda una mega ciudad.

-¿Qué es eso? -Preguntó Ben observando el cielo, tapando un poco el reflejo del sol que dificultaba la visón.

-Parece un pájaro, siéntate idiota -Señaló Marina.

-Un pájaro muy grande ¡Mueve el barco Adrian! ¡Ahora! -Gritó Alejandro.

Como un misil, apenas pudieron observar la sombra que cruzó el aire y rasgó el techo de la embarcación convirtiéndola en añicos para terminar estrellándose en el mar.

-¿Eso fue? -Bill se levantó rifle en mano, Marina estaba paralizada con los ojos abiertos. Ben se hallaba de pie mirando a los lados, pero su brazo derecho no estaba, había desaparecido junto a su hombro y la mitad de su torax. Aun consciente y vivo, palpó el agujero que se hallaba en su cuerpo antes de caer a un lado al agua.

-Un muerto -Soltó Claudia en voz baja.

-¡Muévete en zig zag! -Gritó Alejandro a un Adrian en shock el cual asintió sin terminar de captar la orden.

Un segundo impactó contra el agua salpicando, su cabeza iba adelante, sus brazos pegados al cuerpo y piernas enormes. El tercero se estrelló delante de ellos formando una pequeña ola. Alejandro tomó el motor y viró a un lado.

-¿De donde viene? – Henry tenía su arma alzada.

-¡De la ciudad, de allí! -Se observaba un cúmulo de sombras de cuerpos.

-¡Sus armas, atentos, no gasten balas aún, no vale de nada disparar ahorita, tienen mucha velocidad, nos ahogarán! -Alejandro buscaba de hacerse oír -Ninguno debe tocar el barco y estaremos en el agua -El siguiente cayó muy cerca, después otros tres o cuatro, Alejandro ya no podía contar era como una lluvia, solo intentaba esquivarlos y verlos en el cielo, estaban muy cerca de la orilla.

-¿Cómo? Estamos como a doscientos metros aun -Expresó Claudia viéndole a los ojos.

-Están saltando… ¡Listos chicos, derribaremos a esos malditos saltadores! -Gritó Alejandro mientras saltaban una ola.

—¡Vamos a morir!

—¡Cállate Adrian y dispárale a esas mierdas! —Marina intentaba derribarlos con el rifle apuntando al cielo, pero las balas y el movimiento del bote no ayudaba.

—¡Son demasiado rápidos!

—¡Dime una mierda que no sepa carajo! —Bill procuraba apuntar, pero al tiempo se sujetaba para no caer al agua.

—¡El agua! —Balbuceó Claudia, pero Alejandro le sujetó del brazo antes de que se lanzara.

—Si caemos al agua moriremos al intentar salir —Tampoco sabía si podían nadar, pero ya nada le resultaba extraño. Un grupo de cinco muertos cruzaron el aire hasta el agua como torpedos. Una ola les hizo brincar casi un metro en el aire, una de las cargas explosivas cayó al mar.

Todos aterrizaron en la lancha, pero golpeados, incluso Alejandro quien intentó sujetarse del asiento terminó estrellándose contra el piso de frente. Nadie notó cuando Claudia tomó una de las granadas de mano y la lanzó al frente. La barca estuvo a poco de apagarse, Alejandro observó el cielo, viró bruscamente procurando evitar a un muerto cuando el agua se agitó y toda una columna del líquido ascendió de súbito. El bote subió junto con ella despedazándose en tres pedazos enormes y restos pequeños.

El agua, luego el cielo y trozos de mar, por último el suelo, la fría y dura tierra. Cayeron sobre la plataforma aún girando sobre sus cuerpos y los pedazos del bote llovían junto con ellos. Marina se hallaba de rodillas disparando cuando Alejandro entró en sí y comprendió se hallaban en la costa de la nación europea. Su brazo izquierdo dolía horriblemente, habría gritado de no ser por la desesperación que se apoderaba de su ser. No podía moverlo de hecho y ahora colgaba como materia inerte. Buscó algún arma con la vista, una pistola fue lo más cercano que halló.

Se encontraban dispersos los muertos, el grupo más grande a escasos treinta metros. Disparó dos veces a un jadeante, primero a su rodilla provocando una caída estrepitosa, luego a su cabeza.

—¿Donde está Claudia? — Henry ayudaba a Bill quien sangraba de la cabeza como una fuente roja. Buscó con la mirada le halló a unos metros a su izquierda, boca abajo con un pedazo de madera clavada en la pierna a un costado. Estaba por acercarse a ella cuando se percató de algo más, disparó a un mutilado cerca de Claudia y fijó la vista en un muerto en especial —¡Reagrupense!

Un saltador cruzó su espacio fallando su cuerpo por centímetros, el muerto rodó por el suelo detrás de él, girando varias veces hasta que uno de sus brazos se desprendió del cuerpo. Eso no impidió al muerto levantarse nuevamente, se agachara contrayendo sus piernas, los músculos se movieron de forma anormal y saltó.

Alejandro derribó a Marina quien se hallaba de espaldas, el muerto les sobrevoló estrellándose contra un jadeante y este con un olfateador que se avecinaban, rompiéndose la columna en dos de una forma muy grotesca.

Alejandro se levantó corriendo hasta Claudia, se hallaba consciente pero tomándose de la pierna con un fuerte dolor, se levantó luego de un instante. El chico tomó su rifle para ayudar en la protección —¡Atrás! ¡Atrás!

—¡Auxilio! ¡No me dejen! —Hasta ese instante no lo habían visto, se hallaba tendido boca arriba varios metros más a la orilla, sus piernas no estaban, una de ellas se hallaba a un costado siendo sujetada por su propia mano. Marina estuvo por gritar, Alejandro reaccionó, Henry y Bill corrían a un pequeño edificio a pocos metros. Alejandro le disparó y mató antes de tomar a las dos chicas y obligarles a andar.

—¿Qué es eso? —Voltearon casi todos ante la pregunta de Bill. Un bestial se acercaba corriendo desde la lejanía enceguecido con un enorme pedazo de metal encajado en la cabeza.

—Un bestial —Contestó Alejandro avanzando a la puerta de metal que era la entrada del pequeño edificio.

—¿Cómo lo matamos?

—¿Eso? A eso no lo matas así de simple ¡Corran! Solo ¡Corran! —Gritó abriendo la puerta para que cruzaran el umbral, el bestial procuró frenar, pisó el cuerpo del mutilado y cayó bajó su propio cuerpo mientras los demás buscaban el cuerpo de Adrian.

—¡¿Que mierda fue eso?! —Preguntó Marina, pero el resto no respondió, menos Alejandro quien observaba a Claudia realizando un gesto de que algo se hallaba en la zona superior por la esquina. Se hallaban en un pequeño almacén donde alguna vez hubo pescado, ahora era materia podrida y el olor nublaba los demás sentidos. Las moscas pululaban para hacerlo peor, pegándose a sus cuerpos húmedos y sucios.

—Allí —Señaló en voz baja Henry a un par de cajas subiendo unas escaleras metálicas.

—No disparen, es una persona viva.

—¿Qué? ¿Cómo lo sabes? —Claudia también estaba sorprendida.

—No nos ha atacado —Un par de golpes se sintieron contra la puerta de metal que acababan de traspasar.

—Un sobreviviente, pensé que no habría nadie.

—Ha pasado más de una semana, se supone que no debería haber nadie —Contestó Alejandro bajando el rifle para avanzar por el lugar infestado de putrefacción.

—¿Cómo pudiste matar a Adrian? —Marina alzó el arma apuntando al chico mientras que Henry se interponía intentando calmarla.

—Estaba muerto ya, era imposible salvarle —Contestó el otro en un tono frío y sereno, como si su explicación lógica fuese suficiente para calmar a la mujer. El efecto fue el contrario, intentó esquivar al hombre para abalanzarse sobre Alejandro.

—El chico tiene razón, estaba muerto, calma.

—Estaba pidiendo ayuda.

—¿Y qué ibas a hacer, lo ibas a cargar sangrando hasta acá y durante toda la misión? —Esta vez fue Claudia quien respondió. Marina se enfureció ante el acto.

—Marina, cálmate.

—No puedes detenerte y él aceptó sabiendo a lo que nos enfrentábamos —Señaló Alejandro —Además, tal como están las cosas es muy probable que todos nos unamos a él en un par de horas.

—¿Vamos a morir? —Preguntó Henry.

—¿Sabes como salir de aquí, llegar a la estación o como vamos a irnos sin un bote? —Preguntó él.

—El vivo quizás sepa —Señaló Bill apuntando arriba.

—Debemos comunicarnos con el Armonia y decirles sobre el nuevo tipo, los saltadores —Nadie se negó ante las palabras de Alejandro al avanzar por el lugar. Y vamos por el chico detrás de las cajas, a ver si tiene respuestas a nuestras preguntas.

—Señor ¿Es cierto que la nación turca también fue atacada? —El silencio reinó en el pelotón.

—Así es, ayer en la mañana fue atacada la nación turca —Armando no terminó la frase cuando el murmullo se hizo sentir y el miedo llenó la mente de aquellos que se hallaban en el lugar. Se encontraban en la zona externa de la plataforma que era la nación, por encima de quinientos hombres y mujeres armados, nadie en fila, solo aglomerados, sentados o de pie esperando el entrenamiento del día.

—¿Cómo fue? —Se escuchó una de las preguntas, pero Armando tenía algo más importante que decir.

—Bien chicos, en ausencia de Miguel quien está realizando una delicada misión desde anoche y de acuerdo con este. Hemos decidido que necesitan una figura que tenga más experiencia en la zona de guerra, y yo no me encuentro disponible en estos momentos —Las risas se sintieron en todo el lugar ante el comentario de Armando —Pero es obvio que una persona que se enfrentase a los muertos innumerable cantidad de veces tendrá mayor información para ustedes y les dará datos que quizás otros no puedan.

—¿Nos va a enseñar la leyenda? —Se escuchó el susurró de un par de hombres entre el centenar que se hallaban al frente.

—Ella será su instructora y entrenadora durante los próximos días previo a la guerra — Armando terminó la frase y Karla entró al terreno amplio por la escalera para ser el centro de las miradas.

—¿Es una broma señor? —Preguntó uno de los que se hallaban en primera fila.

—No, en absoluto.

—¿Una chica señor? —Preguntó otro.

—¿Qué tienes en contra de las mujeres patán sin bolas? Aunque, debo admitir que no tenía en mente que nos enseñara alguna chica —Contestó Una mujer que se levantaba del suelo.

—Su nombre es Karla y será su nueva entrenadora.

—Ya veo a lo que te referías con disciplina —Karla sonrió abiertamente, iba vestida con un jean marrón de grandes bolsillos y una franelilla negra ajustada. Observó los gestos de algunos hombres lanzándole besos y picándole un ojo. Los miró a todos, eran muy pocos en realidad, apenas un puñado que se convertiría en comida de un puñado de muertos apenas tocaran suelo.

—Son muy pocos Armando, pensé serían más.

—Se han inscritos seiscientas treinta personas, no hemos obligado a nadie, la mayoría no asiste siempre, ya sabes como son las cosas.

—Y Miguel es relajado siempre.

—Es difícil ser estricto cuando convives con todos ellos, y no puedes castigar a los que plantan, crían, pescan… tu sabes.

—Nada de eso me importa a mi —Soltó Karla con un tono jovial en voz baja recordando el tiempo en que Alejandro le entrenó, él no tuvo ningún problema con ser duro frente a ella —¡Muy bien, mi nombre es Karla, pero para ustedes seré el comandante, entrenaremos cinco horas diarias, les enseñaré a manejar las armas, y los métodos para enfrentar a los zom…!

—Yo no vine aquí para aguantarme pendejadas de una niña —Un hombre de mediana edad estaba por marcharse ante la vista de todos, Armando sonrió en silencio observando como Karla sacó la Beretta de la espalda y disparó dos veces. Cada bala rozó el rostro del hombre a cada lado abriendo un surco en cada mejilla.

—¡Maldit…! —No llegó a terminar de soltar la palabra cuando una patada dio en su rodilla haciéndole caer de cabeza al suelo.

—No fallé ninguno de los dos disparos —Los miró a todos, la mayoría guardó silencio, sorprendidos o con mirada acusadora pero callados ante el miedo —Treinta segundos de vida es lo que les doy a ustedes en tierra, treinta segundos nada más. ¡Yo no soy la más rápida para disparar en mi grupo. Incluso la más rápida para disparar es muy lenta en comparación a la velocidad de los muertos! —El silencio fue general.

—Llévense al idiota a la enfermería —Señaló Armando un un par de chicos que observaban entusiasmados —¡Esta mujer que ven aquí, ha pasado ocho años en tierra junto con los muertos, y es la novia de aquél que ustedes llaman leyenda! —Guardó silencio un momento viendo el ambiente tenso y las miradas encontradas —¡Y como ella dijo, se referirán a ella como comandante!

—Bien chicos, lo primero que les enseñaré y quiero que presten atención. Les hablaré de los tipos de muertos que existen, los que hemos descubierto hasta ahora y como enfrentarse a cada uno de ellos. La clase será en la sala principal, solo pueden entrar en grupos de sesenta personas, comenzamos en cinco minutos.

Todos se miraron uno a los otros, la mayoría levantó la mano pidiendo pertenecer al primer grupo y antes de notarlo un centenar corría al lugar de la presentación para entrar primero.

Miguel fumaba un cigarro, o intentaba hacerlo, era un lujo tener un cigarrillo pero él no sabía fumar, era tonto perderlo sin probarlo. Pero el sabor ahumado en su lengua le desagradó por completo, se ahogó y estuvo por vomitar.

—Sos boludo ¿Nunca has fumado?

—Nunca tuve mucha necesidad, tampoco la veo ahora ¿Ricardo?

—Rey Ricardo suena mejor hombre —Miguel sentía que a pesar de él no fumarse ningún cigarro terminaría tan alto como lo estaba el hombre. O quizás ya lo estaba, estaban rodeados de un ejercito de muertos y poco a poco dejaba de importarle lo que vio afuera —Debiste decirme que no habías fumado nada antes. Esta, esta está fuerte, pero divinaaaaaa —El hombre alargó la última silaba de tal forma que parecía tararear con ella.

Miguel apretó el arma contra el pecho, intentaba recordar su peso y su razón de hallarse allí. Debía de sacar a aquél hombre y llevarlo al Armonia. Perdió a veinte personas para llegar allí. No fue difícil hallar al lunático, estaba quemando una casa mientras bailaba alrededor de ella y los muertos se congregaban por el ruido de la música de un enorme equipo de sonido. Sorprendentemente ninguno le atacó a pesar de haber miles en las cercanías.

—Debemos salir de aquí, debo llevarte al Armonia.

—Armonia, Armonia, Armonia, solo dices Armonia, Armonia. Calma boludo, la muerte nos llama, la muerte nos abraza, todos morirán igualmente.

—Debemos irnos tio, intento hablar muy en serio —De verdad lo estaba intentando, los pensamientos se volvían difusos y las sombras afuera de aquella tienda eran como personas en una discoteca, lejanas pero muy cool.

—¿Irme? En esta tierra vi morir a mi hijo boludo, aquí me pienso quedar hasta que todo arda, se mueran, se cansen, vuelen que se yo…

—Comenzaré aclarándoles que muchos aquí no desean que esta información les sea dicha —Armando meció su cabeza de arriba abajo, no estaba de acuerdo, no le gustaba el desorden, el caos, la desesperanza y mucho menos el miedo en las tropas aliadas. Era una desventaja estratégica pero por alguna razón Alejandro confiaba en Karla y si ella decidía esto… Quería brindarles una oportunidad, se hallaba consciente que por su camino todos morirían prontamente, quizás ese era el final para todos de igual forma. Que lo supieran de antemano al menos les daría tiempo para rezar a algún Dios o despedirse de sus familias —Todos vamos a morir en el campo de batalla —Las palabras de Karla fueron fuertes, el silencio inundó la sala que se hallaba abarrotada con personas en el suelo y otros de pie al fondo.

—¿Habla en serio?

—Totalmente, la guerra que la humanidad libra ahora es una que no puede ganar, no importa si barre el terreno con bombas nucleares o químicas, los muertes poseen la capacidad de estar bajo tierra, sobrevivir con poca comida y evolucionar de un modo muy rápido. Los humanos no. Además se nos enviará a tierra firma a librar una batalla que es imposible ganar desde un inicio.

—¿Por qué lo hacen entonces? —Gritaron desde el fondo.

—Los gobiernos están desesperados, ya no saben qué hacer, los muertos están atacando las zonas seguras en el mar. Lo cual implica que nuestro tiempo es poco, muy poco. ¿Qué harían ustedes si ya no hay salidas?

—¿Para qué entonces vamos a pelear? —Señaló una mujer al frente.

—Llenen ese cuerpo de rabia señoras y señores, yo tengo un hijo, y las personas a quienes amo lucharán por esto… No podemos ganar, pero no estamos dispuestos a morir sin hacer nada. Lo que vengo a enseñarles aquí es como eliminar a decenas de ellos antes de que sus cuerpos caigan.

—Un hombre puede matar apenas dos o tres muertos antes de que estos nos maten.

—Yo he matado cientos, no estoy muerta aún. Alejandro a miles quizás centenares de miles.

—¡Es imposible! ¡Es un mito!

—Alejandro es la única persona que ha estado en una ciudad de los muertos —Intervino Armando.

—Explotó y quemó una ciudad de hecho —Comentó Karla, todo el mundo guardó silencio mirándose con alarma, el mismo Armando desconocía esta información —Fue hace algunos meses. Ahora lo que les diré no les permitirá sobrevivir, tampoco vencer, pero si tienen alguien a quien quieran, si hay alguien a quien aprecien y deseen verlo vivir, les juro que darán su vida por esa persona y mataran a cuantos desgraciados puedan.

—Tengo tres hijos, cuenta conmigo, si puedo llevarme a más de veinte de esos desgraciados estaré feliz —Contestó una mujer sentada en una esquina.

—Y conmigo —El clamor fue haciendo eco en la sala hasta que Armando alzó los brazos para calmarles, las luces se apagaron y se mostraron imágenes grabadas y fotografías en la pared con un retroproyector.

—Lo primero que necesitan saber son los distintos tipos de muertos que existen —Las fotografías eran obra de Alejandro y Claudia, al igual que se hallaban vídeos de las cintas de seguridad de la casa.

—¿Esos vídeos son reales?

Karla tan solo asintió con la cabeza —Primero están los mutilados, son los muertos más lentos, por lo general han sido devorados en gran medida por otros, se encuentran entre lo más comunes de hallar. Son fáciles de diferenciar, su piel es putrefacta en su mayoría, la cuenca de sus ojos quedó vacía hace mucho tiempo en la mayoría de los casos. No representan un peligro mayor a menos que los encuentren en gran cantidad. Mi grupo les llama así debido a que muchos no tienen brazos o piernas, si los ven, no disparen, no son el blanco principal, es preferible empujarles, cortarles.

—La imagen cambió —Luego están los jadeantes, son rápidos, son fuertes, se concentran en pequeños grupos de cuatro a cinco de ellos en menos de diez metros. Hay muchos de ellos, son los más peligrosos a la hora de un enfrentamiento, y los primeros que deben eliminar si se encuentran en un grupo en terreno abierto. Suelen atacar lanzando su cuerpo sobre ustedes, el peso hará que caigan. El truco se encuentra en disparar y moverse de su campo en casi el último instante. Difícil, pero no imposible. El mayor frente a ellos es intentar huir de ellos, no pueden, son mucho más rápidos que un ser humano normal, más fuertes, capaces de volcar un auto normal. Ahora, tienen puntos débiles, dependen en su mayoría del oído, no tienen buena visión, por lo cual es fácil despistarles creando sonidos aleatorios en distintos lugares. Si alguno de estos está cerca y no les ha visto, no hagan ruido, no disparen.

Ahora, si se encuentran a hurtadillas en algún territorio o escondidos, a los que más deben temer son estos. Los llamamos olfateadores, antes habían perros y aves entre ellos, ahora no existen, pero quedan los humanos.

—Esos son los que me dan más miedo, los que se mueven como en cuatro…

—Si, se mueven sobre sus manos y pies, algunos han desarrollado manos o piernas más largas de lo normal, su musculatura es muy escasa, son rápidos, ágiles, aunque débiles en cuerpo a cuerpo. Pero descuiden, los olfateadores no buscan atacar a menos que la oportunidad sea clara, lo peligroso de ellos es su capacidad de olernos. Perciben nuestro aroma aproximadamente a diez o quince metros de distancia, también pueden seguir nuestro rastro. Si nos encuentran profieren un grito muy feo que la mayoría aquí debe conocer.

—¿Esos eran los que gritaban? —Era imposible dormir cuando los escuchabas, aun a veces siento que los escucho y .. —Titiritó y una risa suave cubrió el lugar, una risa que no era feliz, sino llena de la misma sensación incomoda que esconde el miedo nato —Era horrible.

—Su punto débil es su mismo punto fuerte, su nariz, esta puede burlarse, el cloro, el tinner, la gasolina, todos estos productos son muy fuertes para su nariz, borran básicamente nuestro aroma, aunque no les recomiendo bañarse en gasolina, tontos. Si están solos, escondidos, estos son los primeros que deben eliminar de ser posible. Después de un tiempo, observamos que algunos de estos cambiaron a una forma un poco más grotesca los excavadores. Los excavadores poseen manos muy grandes y una especie de formación semejante al hueso entre los dedos, esto lo usan para excavar, son muy pocos de ellos. Son el menor de sus problemas en el campo de batalla, a excepción de si sienten que la tierra tiembla y hay un sonido grave como si un edificio se cayera.

—¿Que pasa si escuchamos eso?

—Huyan, se abriera un hueco en la tierra. Verán, los excavadores realizan estos túneles mega extensos e intrincados, por lo general son bastante consistentes y no colapsan. Pero cuando sienten la presencia humana, ellos corren, detrás de ellos van oros olfateadores, incluso jadeantes que tan solo desean comer. La estructura colapsa y como si fuese un hormiguero la tierra se cae y salen cientos de miles de ellos.

—No sabíamos de ellos, no les hemos visto.

—En Brasil vimos de primera mano como media ciudad colapsó de pronto y cientos de miles salieron de allí, eran tantos que se veía más como una marea de cuerpos —Aseguró Armando.

—Pero eso es a lo que ustedes se pueden enfrentar, es contra lo que podemos pelear, ahora les presentaré contra lo que no hay manera. Si los encuentran en el campo de batalla, no los enfrenten, solo no se interpongan en su camino, evítenlos a toda costa, eliminen al resto —Karla colocó el vídeo del día cuando irrumpieron en su casa y a la bestia enorme corriendo por las calles.

—Estos son los bestiales, miden aproximadamente cuatro metros, son enormes, no son ágiles, pero si comienzan a correr son muy rápidos y destrozan todo lo que se encuentra a su camino. Su piel es muy dura, no vale la pena dispararles, sus únicos puntos débiles son los ojos, la boca y la zona inferior de su abdomen la cual nunca deja expuesta.

—Parece un gorila con esteroides —Comentó un chico joven.

—Es lo más cercano, no se le acerquen, no se metan en su camino, este muerto no busca comer, si los agarra los destrozará en pedazos. En el mejor de los casos habrán muertos que se interpondrán en su paso y los eliminará.

—¿Es tan fuerte que puede matar a sus iguales?

—No se si pueda matar a otro bestial, pero si, puede matar casi a todo lo demás. Ahora lo siguiente es casi una suposición —Buscó una fotografía en particular tomada por Alejandro de una ciudad. Los presentes observaron la imagen de un par de edificios y una montaña.

—No se ve nada.

—Eso, esta silueta, no hay ningún edificio ni montaña allí.

—Eso es…

—Es un muerto lo más probable.

—Es un gigante —Comentó uno —El grupo español dijo haber visto uno caer cerca de la colonia de inglaterra, por allá en la isla.

—Probablemente tenga razón, no sabemos que altura tiene, aunque este probablemente ronde los quince metros de alto, no sabemos si es posible matarle ni su modo de cazar. Solo podemos esperar no encontrarnos ninguno en el camino —El silencio era perturbador, era el silencio de la muerte.

—Y lo que verán a continuación es nuestro principal objetivo, si llegan a observar uno, de lejos o cerca, es prioridad matarlo. Estos equivalen a cientos de muertos juntos —Mostró la foto de Brad —Saben lo que es, son muertos inteligentes, son capaces de hablar, de entendernos, de armar estrategias de batalla, de adelantarse a nuestros actos, para nosotros es como si pudieran leernos la mente. Su piel es débil, en algunos casos incluso más delgada que la humana, sus sentidos están muy por encima del nuestro, nos huelen y oyen a cientos de metros de distancia. Así que no es muy prudente intentar ocultarse, lo mejor es enfrentarles y eliminarles.

—Se ven fáciles.

—No lo son, van normalmente a cuestas de un bestial, saben usar monturas, saben usar armamento y ténganlo por seguro, tienen armas, comandan al resto de los muertos.

—No va a ser posible acercarse entonces, es imposible.

—No son inmunes a un tiro a distancia —Contestó Karla de manera tajante —Por último les hablaré sobre algo que apenas unas horas atrás nos hemos enterado existen. Se les ha llamado saltadores, según Alejandro tienen piernas anchas y gruesas, embisten cuerpo a cuerpo con gran potencia. Si logran dispararles antes de saltar, están a salvo. Si no … —No hubo respuesta, tampoco interrupción, el mensaje llegó claro a todos los presentes —Eso es todo por ahora, el siguiente grupo puede pasar —Comentó Karla con pesar.

—Dejá de joder y disfruuuutaaaa.

—Pero eso quiere decir que los muertos si pueden verte —Miguel se mostró sorprendido, no sabía cuanto tiempo podían soportar el vidrio que les separaba de los muertos, aún más con Ricardo provocándoles bailando… bueno, aquello no era bailar, literalmente estaba meneando el culo con los pantalones abajo contra el cristal.

—Yo nunca dije que no pudieran verme boludo, obvio que pueden verme, cualquiera puede verme, tu puedes verme.

—Pero tio la gente dice que…

—Y a mi me chupa un huevo lo que diga la gente —Ricardo se subió los pantalones, tomó el porro que dejó sobre una silla, dio una fuerte jalada alzando la cabeza hacia atrás y se acercó nuevamente al vidrio para lanzar aros de humo contra el rostro de los muertos que se amontonaban.

No es que sea invisible, es que fuma tanta hierba que los muertos lo confunden con una mata de marihuana —Pensó Miguel para sus adentros —Van a entrar por arriba dentro de nada —Señaló Miguel tomando su arma para cargarla y repasando lo poco que tenían para escapar del lugar que temía alguna vez debió ser un concesionario.

—Si, cuando entren nosotros rajamos de aquí, tu tendrás que estar muy cerca de mi, o te comerán —señaló Ricardo, Miguel escuchó molesto, aquel hombre no daba la impresión de ser ningún salvador, tampoco una leyenda ni un guerrero —Mira a este zombi, está todo rosado, pero que loco.

—¡No hay ningún zombi rosado! Por favor ponte serio y toma un arma —Señaló Miguel, Ricardo asintió levemente con la cabeza tomando una pistola y el machete que acostumbraba llevar, por último el pequeño bolso con chocolate, una soda y mas hierba —Al primero que voy a matar es al muerto rosado, me recuerda al desgraciado que mató a mi hijo — Dio un último respiro y botó el cabo del porro al suelo —Ahora abramos la puerta a estos boludos.

—¡Pero que… ! — Miguel corrió detrás del hombre el cual se dirigía a la puerta para abrirla —¿Qué mierdas estás pensando?

—Solo tienes que quedarte cerca pibe, solo quédate muy cerca de mi y dispara —Por alguna razón su voz sonó tranquila y despreocupada. Miguel asintió sin comprender, quizás era el efecto del humo sobre su rostro que nubló su razón.—¡ME VAN A HACER UN PETE, SOPLA POLLAS! —Abrió la puerta con su grito de guerra.

—Gilipollas… — La puerta se abrió de pronto, el peso de los muertos hizo que esta se estrellara de inmediato contra el suelo. El primer muerto que entró fue recibido por el pie de Ricardo, quien le empujó con mucha fuerza, empujándole contra otros dos que cayeron al suelo. Un jadeante entró, pero el machete cruzó su cráneo de un lado a otro, la pistola resonó en el pórtico y otro más era abatido —Es rápido —El pensamiento cruzó la mente de Miguel apenas pudiendo reaccionar para correr hasta el hombre que de pronto ya había salido del lugar y mataba a otro, sacudiendo el machete como si cortara enredaderas. Los muertos no se acercaban ahora, al contrario, se alejaban de él, como si le temieran, formaban un circulo de un par de metros a su alrededor, y Miguel apenas se podía mantener en él —Es jojidamente rápido este cabronazo —No disparó y tan solo buscó de correr para seguirle —¡¿Pero que mierdas está pasando?! — El circulo se mantenía mientras avanzaban, era Ricardo quien los cazaba a ellos. Corría para matarlos y reía histérico al hacerlo como si una euforia llenara su cuerpo.

—¡Mira boludo! —Gritó —¡Esta se parece a Kirchner! —Sacó el machete del pecho del muerto femenino que caía al suelo —Lastima que ya estaba muerta… —Se lamentó para continuar corriendo.

—¿Adonde vamos?

—Sos lento boludo —Gritó Ricardo, pero Miguel se hallaba consciente de la realidad, aquel hombre se movía muy rápido y raro entre los muertos. Saltaba los cuerpos, los escombros y se sujetaba de las cosas como si supiera de antemano donde se encontraban y que posición tomarían los muertos al escapar de él. Miguel debía casi correr para seguirle y hallarse en el círculo que era esa zona segura, pero entre restos de muertos, pedazos de metal, basura dejada por años y otras cosas era casi imposible.

—¿Tienes idea de adonde vamos? —Cabronazo. La última palabra la pensó más no la dijo, estaba un poco enojado por el comportamiento errático.

Ricardo de pronto se quedó tranquilo, de pie, Miguel tembló y recargó su arma. Los muertos se hallaban de pie, arremolinados pero a cierta distancia —¿Cómo? —Algo obviamente tenía ese hombre que inquietaba y alejaba a los muertos.

—Vas muy lento, hasta los pequeños irían más rápido que tu.

Miguel no supo qué decir, era obvio, el traje tenía cierto peso, llevaba también la mochila con provisiones que su compañero dejó al morir, el rifle en mano, y dos pistolas en cada pierna. Ricardo en cambio apenas llevaba aquel bolsito pequeño con hierba, la pistola en la mano y el machete en la otra; lo más pesado que tenía era aquel enjambre de pelo en su cabeza —¿Por qué nos detuvimos?

—Se calmarán, no veo a ninguno de los boludos habladores, sabes, tuve la idea de que esos muertos eran políticos antes, sabes por todo lo que hablaban. Pero luego recordé que esos viejos no tenían inteligencia y lo descarté.

—Te refieres a los inteligentes —A pesar de que los muertos se hallaran tranquilos, el solo hecho de que los rodearan era atemorizante y él mantenía su vista en alto, el rifle apuntando a la cabeza del más cercano. El gran inconveniente era no tener suficientes balas siquiera para la mitad de los presentes.

—Si los boludos no están, los otros se calman luego de un rato, se cansan cuando no pueden comer.

—¿Por qué arman el círculo a tu alrededor? —Preguntó el español.

—El olor, estas cosas huelen.

—¿La hierba?

—Sos boludo, no, la sangre.

—¿La tuya es distinta?

—Mi sangre no es nada pibe, la sangre de los monos, o bueno, lo que eran antes monos, ya sabes.

—¿Qué?

—Monos che, los que hacían uh uh ah ah, comían bananas esos.

—¡Se a lo que te refieres, pero no entiendo una mierda de lo que dices!

—Los muertos no cazan monos pibe, eso es lo que digo, los muertos no cazan monos —Ricardo se sentó sobre un pedazo de madera que antes debió ser una banca o pedazo de puerta. Los muertos estaban expectantes, el español no quiso sentarse. Se mantuvo repasando las palabras mentalmente un par de segundos antes de procesarlas.

—¿Los monos?

—¿Cómo crees que no se me acercan? Peteros estos…

—Pues no sé… —Se relajó un poco pensando las cosas, algunos de los muertos incluso se retiraban —¿Para que corriste y mataste a esos muertos?

—Hay que mantener los músculos en acción pibe y nada mejor que hacerlo después de una jalada.

—¿Monos?

—Además, tampoco es bueno alborotarlos demasiados, los más granes salen, los habladores boludos y todo es un caos y terminas muerto —Ricardo continuó hablando sin contestarle.

—¿Qué quieres decir?

—Te pueden matar de todas formas, no solo a mordiscos, este… —Terminó por reírse alzándole el dedo a uno de los muertos frente a él, luego hizo que otro dedo bailara alrededor del primero en un gesto obsceno.

—Tengo que llevarte a una barca en la costa, de allí al Armonia —Era la tercera vez que se lo decía desde conocerlo, pero el hombre no se mostraba emocionado, siquiera reaccionaba ante sus palabras —Sé que me escuchas viejo.

—Me chupa un huevo el Armonia.

—Es una nación.

—Igual me chupa.

—Pero necesitamos saber lo que tu sabes, qué te hace inmune, la guerra la tenemos encima.

—La guerra contra los muertos tiene nueve años.

—Pero lo que se viene ahora no tiene precedentes —Miguel observaba con cierto temor el cuerpo de una mujer morena muy atractiva en su figura, pero escalofriante en su rostro con una enorme abertura donde antes estuvo la boca.

—¿Crees que me importa?

—Algo tiene que importarte.

—Me importaba mi hijo —Pro primera vez Ricardo se mostraba serio —Sobrevivimos varios meses, quizás más de un año, aquí en Mar de plata, la verdad me unió mucho a él.

—¿Cómo pasó? —Se atrevió a preguntar con cierto recelo. No se imaginaba cuan doloroso podría ser aquello, pensaba en sus hijos cada día, cada hora, pero él al menos se hallaba seguro de que estaban bien, en un lugar seguro, al menos por ahora.

—Uno enorme salió de la nada, nos cayó una pared encima, quedamos atrapados.

—¿Y tú?

—Me salvaron los monos.

—¿Qué?

—Los monos, esas vainas, no quiero hablar de eso.

—¿Por qué?

—Son unos desgraciados, debieron dejarme morir, allí con mi hijo.

—Te salvaron ¿cómo?

—Los muertos no se acercan a los miembros de los monos, está en su sangre, me dieron un poco a mi, es todo —Ricardo habló buscando algo nuevamente en su bolsito. Había un muerto que no se daba por rendido, abría la boca con un sonido grave y gutural como si quisiera comerlos, era extremadamente delgado y de piel oscurecida, desnudo como la mayoría.

—Entonces quiero ir con ellos.

—Descuida, iremos, anochecerá, y se ponen peor cuando es de noche, como locos, es imposible estar afuera de noche.

Era imposible, ninguno de ellos entendía alemán, siquiera comprendían los gestos del hombre pelirrojo semidesnudo que hallaron detrás de los cajones. Mostraba signos claros de desnutrición y casi locura. Les tomaba de los brazos y agitaba como si fuese a gritar pero no emitía ningún sonido.

—Está loco —Concluyó Bill.

—No digas… —El tono sarcástico de Marina salió a relucir al tiempo que apuntaba al individuo, temerosa de que un sonido demasiado fuerte hiciera que los muertos forzaran la entrada del lugar.

Alejandro colocaba una venda en la pierna a Claudia y revisaba lo que tenían. Habían perdido muchas cosas con la perdida del bote, pero no se quejaba, probablemente habrían terminado muertos o como el pobre Adrian.

—Ese olor es terrible, me repugna —Se quejó Claudia. Alejandro lo sabía pero no podía hacerse nada, la putrefacción nublaba sus sentidos y creaba cierto ardor en la nariz. Las moscas pululaban y se pegaban a todo.

Apretó bastante la herida con el trozo de tela. Claudia se molestaba porque Henry veía sus piernas mientras Alejandro le trataba y se colocó de nuevo el traje lo más rápido que pudo.

—A mi me parece que intenta decir algo —Comentó Claudia.

En efecto, el hombre empezó a dibujar en el suelo sobre la mugre un montón de cuadros y puntos distintos.

—¿Eso es un mapa? — Preguntó Bill.

—¿Esos puntos juntos es una concentración de muertos?

—Están dentro de una estructura, son sobrevivientes —Señaló Alejandro.

—¿Qué?

—Pero se supone no habían sobrevivientes.

—Pues por lo visto estábamos errados, los hay —Observó Alejandro. El hombre pelirrojo hablaba algo incomprensible y dibujaba más en el suelo, lineas como si se moviera de un lado a otro.

—¿Por donde él fue?

—Si es así entonces nosotros debemos hallarnos aquí, quizás hay unos trescientos, quinientos metros hasta donde están los sobrevivientes.

—Es mucho —Observó Claudia. Aun se escuchaban golpes contra la puerta metálica desde afuera y sonidos de pisadas y gritos. Procuraba no hablar mucho pus las moscas entraban en la boca.

—No podemos rescatarlos —Marina observó fijamente a Alejandro, la mirada penetrante le decía que él pensaba lo contrario —No tenemos equipo, ni refuerzos, siquiera algo en qué escapar —Hubo silencio en el lugar, el pelirrojo lloraba explicando algo que nadie comprendió.

—Necesitamos reportar al Armonia —Le recordó Claudia tocando su hombro.

—Es cierto, Henry encárgate de eso, menciónales sobre el nuevo tipo de muertos, los saltadores, y diles que vamos a rescatar a un grupo de sobrevivientes.

—No jodas, este tipo está hablando en serio —Bill se burló abiertamente tomando asiento sobre un cajón de madera.

—Con todo el respeto señor, no es posible ir en una misión de rescate, por eso vinimos tan pocos aquí, precisamente para poder escabullirnos mejor entre los muertos, es mas …

—Hay una forma, el único problema es el escape, necesitaremos transporte, dos de nosotros tendrá que buscar algo en qué regresar —Expresó Alejandro.

—¿Que hay de nuestra misión original?

—Ya no importa, ya sabemos como llegaron a la nación, con los saltadores. Podrían haber estado en cualquier embarcación, los atacaron y bloquearon para que no llegaran a la nación, pero no era necesario, con la fuerza de esos saltos pudieron invadir aun estando a metros de tierra.

—¿No parece rebuscado? —Preguntó Claudia en su oído.

—No, fue planificado.

—¿Planificado?

—Si, todas las naciones tienen un sistema de protección bastante parecido, barcos alrededor que vigilan, un trabajo simple, muchos de esos son embarcaciones pesqueras. Pero si eres un muerto inteligente y sabes esto, podrías burlarlo, podrías llegar, enfrentarte a las embarcaciones.

—Y los saltadores pasaron las defensas hasta la ciudad.

—Es sencillo, pero escalofriante —Agregó Marina —Pero, hablando seriamente, no podemos rescatarlos.

—Lo harán, solo necesitamos aclarar cómo —Alejandro habló por sobre los demás.

—¡El secreto de la supervivencia! —Karla gritaba mientras el grupo realizaba la flexión numero sesenta, al fondo se observaba a un grupo de hombre y mujeres que no habían podido más y recibían agua —¡El secreto está en sus cabezas, esa es su mejor arma! ¡Y no me refiero a la tontería de pensar! ¡Me refiero a la capacidad de que vean todo como si fuese una oportunidad, una salida, que comprendan que todo lo que tienen a su alrededor es un arma, desde una piedra hasta una pared! —Su voz se escuchó fuerte y claro.

—Yo también quiero gritarles —Comentó Aurora desde arriba en el centro de comando observando a Milena pidiendo permiso.

—Nada de gritarles.

—Pero ella se ve tan genial.

—Hay más de una forma de ser imponentes y fuertes Aurora, ella hace lo que hace porque es necesario, en este momento ese grupo necesita eso, y eso les da —Milena tomaba el informe de la cosecha y lo estudiaba detenidamente.

—Pero igual se ve genial.

—Los trata como ganado, no hay nada de genial en eso — Felipe observaba junto a la pequeña mientras su hermana Arianna jugaba con un disfraz de zorro rojo corriendo junto con Xander por la habitación, el pequeño gritaba huyendo de la niña.

—Como si tu fueses el señor amabilidad, idiota te gustaría estar allí abajo entrenando —Aurora le empujó bajando de un salto del banco donde se hallaba.

—Yo no… —Felipe estaba por quejarse cuando se percató que Antonio también reía por aquel comentario. El último se hallaba sentado contra la mesa leyendo un libro de Verne —¿Tú de que te ríes?

—Si por ti fuera intentarías matar a un muerto con un cuchillo de madera.

—No me busques come hojas —Respondió el mayor.

—No quiero ninguna pelea de niños aquí —La voz de Milena fue tan calmada y fría que los chicos se quedaron quietos, Aurora ya reconocía esa reacción, dio un paso atrás —Si se ponen necios los bajo con el muerto a ver que hacen allí abajo.

Felipe tragó saliva, Antonio se metió nuevamente en el relato de los hijos del capitán Grant; por el otro lado Xander cayó al suelo con Arianna sobre su espalda.

Vladimir entró en la habitación, caminó lentamente por el lugar. Una lampara alumbraba de amarillo los rostros de los presentes. No estaba de humor, tenía un fuerte dolor de espalda producto de la edad, nada que el producto nuevo derivado de la morfina no pudiera solucionar; pero le llamaron para la reunión y la cita la tendría en una hora al salir de tan necia diligencia. Una musica instrumental llenaba el aire, él odiaba tal sonido, pero al jefe le pacía de tal manera.

—Son veinte —Comento Hinjuu por el intercomunicador.

—¿Será suficiente capacidad de destrucción para barrer con los infectados? —Preguntó Tommlison.

—El virus no puede ser barrido —Expresó Vladimir tomando un poco de licor de la barra —Lo creamos demasiado perfecto. Pero la presencia de las tropas hará que el ochenta por ciento de la población de los muertos salga a flote, y allí barreremos con ellos.

—¿Una semana no es demasiado tiempo? Atacaron la nación turca.

—Es necesario que sea un ataque coordinado, las tropas en Asia llegarán en cinco días. No se puede permitir el traslado de una gran población de un lugar a otro —Puntualizó Hinjuu levantándose de la silla.

—Si ya las ojivas están preparadas entonces no hay nada más que discutir, odio cuando me llaman sin sentido —Se retiró con el trago en mano.

—Si fallamos nuestro estilo de vida se acaba.

—Si fallamos la humanidad se extingue, son ellos o nosotros, es momento de enmendar el error que nosotros cometimos, la humanidad debe prevalecer —Hinjuu avanzó para abandonar la sala junto a sus dos guardaespaldas, con paso decidido y altivo de acuerdo a su uniforme militar negro.

Matheus, llama al sunny, dile a Elsa que tenemos aquí un hermoso paquete —Cassie pasaba el filo de la espada por la espalda de un hombre.

—¿Cómo vamos a salir de esta mierda de nación?

—¿Cómo? ¿Cómo? ¿Es en serio Matheus? ¿Crees que las cargas de C4 eran para qué? La única forma de salir de aquí es volarlo todo, hacer que salte en diez mil pedazos, haremos una linda antorcha en la noche.

—Yo solo quiero salvar las provisiones.

—Ok, no le quites lo divertido, preocúpate por las provisiones y yo por hacerlo estallar todo —Cassie se colocó los audífonos nuevamente y clavó la espada en la espalda del hombre. Las personas que estaban cerca comenzaron a chillar en silencio, a pesar de la oscuridad del lugar la mayoría podía ver lo que sucedía —¡Tú! Desangra a este, será nuestra carnada mientras salimos de aquí.

—¿Y por qué desnudos? —Miguel se quitaba la ropa.

—No les gusta la ropa supongo —Respondió Ricardo, quien caminaba sin ninguna prenda pasando por la última zona de la urbanización, rumbo al antiguo Peralta que se extendió como bosque.

—¿Pueden hablar?

Ricardo se detuvo a observarlo extrañado —Si claro que hablan, y también usan varitas mágicas y depositan el dinero en gringotts, que pibe… —Se burló adentrándose en los matorrales. Miguel se quitó la ropa interior dejando la dignidad al descubierto para seguir a su loco compañero.