CAPÍTULO 6. EL CASTILLO

 

—¡Primer año! ¡Los de primer año por aquí! ¿Todo bien por ahí Harry?— El chico reconoció la voz del semi gigante Hagrid al bajar del vagón junto a su equipaje— ¡Dejen allí su equipaje, debe tener sus nombres. Estará en el castillo cuando lleguemos!— El hombre parecía bastante feliz, o quizás se debía a su rostro bonachón, Harry no supo adivinarlo— Venid conmigo, seguidme… ¿Hay más de primer año? ¡Vean donde pisan! ¡Los de primer año, vengan conmigo!

Harry sintió un enorme frío, se alegró de haber traído su abrigo consigo por sugerencia de Hermione. El piso era algo fangoso, dejó su baúl identificado a un lado y caminó junto al resto de los estudiantes por un sendero sinuoso y estrecho. Los árboles a los lados eran enormes y de troncos muy gruesos. Andaban en silencio, todos notaban que se alejaban bastante del resto de alumnos de otros años. 

—¿Es este tu sapo?— Hagrid sacó al animal de su chaqueta y lo entregó a un Neville que lloriqueaba todavía— No deberías perder a tus mascotas. Más cuidado. 

—Si, gracias— Respondió en un sonido apenas audible el otro. 

—¡En unos segundos tendrán la primera visión de Hogwarts!— Comentó Hagrid en un grito, no tuvieron que esperar nada los casi cincuenta chicos que llegaban nuevos. Tan solo doblar la esquina fue visible y la mayoría ahogó exhalaciones. Frente a ellos se observaba un enorme lago totalmente negro y calmo. Parecía un espejo reflejando el cielo nocturno a la perfección, y al fondo, sobre un risco ascendente un enorme castillo negro con cientos de ventanas amarillas y decenas de torres. Era impresionante. 

Harry sintió que veía alguna película sobre el castillo de Drácula. Solo que en este podían vivir perfectamente unos tres mil vampiros con todas las comodidades. Se sintió absorto y pequeño ante tal inmensidad. Ese lugar enorme sería su próximo hogar de estudios por siete años, siete años donde podría conocer amistades, amor, enemigos y crecer como mago para ser alguien increíble, o quizás alguien muy tranquilo como Sirius, todo estaba allí, en sus decisiones de los próximos años. 

—¡No más de cuatro por bote!— Expresó Hagrid indicando una docena de botes pequeños a las orillas del lago. Harry no los había visualizado previamente. Su atención se hallaba en las paredes de piedra al fondo. Allí era donde su padre y madre estudiaron, donde su padrino se hizo mejor amigo de su padre. Respiró profundo y tomó un botecito al cual se unieron Hermione, Ron y Neville, el chico del sapo aún sujetando fuertemente este. 

Los botes comenzaron a moverse de pronto por si solos. Hagrid por su parte tenía uno para él y lideraba la compañía mientras se movían lentamente por el agua. Harry se preguntó si aquello era magia o algo les arrastraba por el lago. 

—¡No se caigan al agua!— Repuso Hagrid— No voy a lanzarme a buscarles y está helada.  

—¿Creen que existan criaturas allí abajo?— Preguntó Neville tragando saliva. 

—Mis hermanos dicen que hay un calamar gigante, no pensé que tendríamos que entrar por botes, me suena peligroso— Expresó Ron. 

—En el libro historia de la magia mencionan al calamar gigante. Creo que es una especie domesticada, pero no cuenta mucho más— Expresó la chica del grupo.

Harry deseó haber leído mejor sobre Hogwarts y no haberse subido a botes tan pequeños e inseguros. Sentía que si se movían un poco se mecerían y caerían, y apenas tocasen el agua algo los jalaría hasta las negras profundidades. 

Avanzaron por varios minutos. Se acercaron al otro extremo del inmenso lago justo a una zona rocosa donde un peñasco se erigía. Pasaron los botes por debajo de la roca y llegaron a un pequeño muelle a los pies del castillo. El lugar se hallaba iluminado por pequeñas lámparas. Debieron subir por rocas empinadas y resbaladizas. Harry pensó que era peligroso en extremo, Neville estuvo a poco de caer, pero luego de algunos minutos subieron por unos escalones y se movieron por un camino mohoso hasta unas enormes puertas de piedra, madera y acero que daban la bienvenida al enorme castillo de Hogwarts. 

La puerta se abrió al instante. Una bruja altiva de cabello negro, ojos agudos y túnica verde les esperaba. Les examinó con la mirada, repasó los rostros con expresión severa sin mostrar señal alguna de agrado o lo contrario. Luego miró a Hagrid con aire de suficiencia— Yo los llevaré a partir de aquí. 

—Claro profesora McGonagall, son suyos los chicos de primer año— Se retiró Hagrid y los presentes avanzaron por un enorme pasillo que subía con escaleras de mármol. Era antiguo, pero lujoso, Harry podía saberlo por las pinturas enormes y un par de armaduras de hierro viejas e imponentes. 

El techo se hallaba muy alto, el lugar se encontraba iluminado por antorchas y lámparas de aceite. Caminaron en silencio durante unos cinco minutos. Primero subieron tres escaleras, luego giraron a mano derecha, nuevamente a la derecha y pasaron al lado de una enorme puerta de madera antigua de donde se podía oír un centenar de voces. Harry pensó que allí debía hallarse el resto del colegio, sin embargo, no se detuvieron en ese lugar y continuaron su caminata. 

—Es enorme— Pudo escuchar a Hermione susurrar. Se veía bastante asustada. El grupo mantenía silencio en general, pero algunos otros cuchicheaban mirando a todos lados, deseando saber qué sucedía y donde les llevaban. Finalmente la profesora se movió hasta una pequeña habitación donde todos entraron. 

—Soy la profesora McGonagall, me verán en clases de transformaciones. Es mi deber y placer darles la bienvenida al castillo de Hogwarts. Esta será su casa de estudios, y para muchos otros su hogar— Repasó entre los diferentes rostros, ante algunos entrecerró los ojos y ante otros sonrió ligeramente. Harry no supo cuál fue la reacción ante él, esto debido a que todo fue muy rápido y la mujer continuó hablando— El banquete de comienzo de año dará inició en un par de minutos, pero antes de eso, se acostumbra hacer una ceremonia para saber a qué casas pertenecerán. Su casa será otro hogar, sus compañeros serán su familia, dormirán y estudiarán junto a los compañeros de su casa. Pasarán tiempo libre en el salón común de su casa y tendrán actividades dentro de esta. 

Hubo un ligero silencio donde muchos se movieron con nerviosismo. Harry notaba el comportamiento de sus compañeros. Él por su parte comenzaba a hacerse una idea del colegio. Comenzó a fantasear con James y Sirius corriendo juntos como miembros de una misma casa y cobijados por el castillo de Hogwarts. Aquella visión le causó gracia y sonrió. 

—Las cuatro casas dentro de Hogwarts se llaman: Gryffindor, Ravenclaw, Hufflepuff y Slytherin. Cada casa tiene una noble historia, mitos y leyendas. Cada casa ha dado grandes brujas y magos. Mientras estén en Hogwarts, sus logros y éxitos brindarán de puntos a su casa, cada sanción será penalizada también con puntos que se restará a su casa. Deberán trabajar en equipo para que su casa a fin de año sea la ganadora de la copa. Es un honor ser de la casa vencedora. Espero que todos sean un orgullo para la casa que toquen. La ceremonia será un evento que todos los alumnos del colegio podrán ver, les sugiero que se acomoden y luzcan lo más presentables posible, yo volveré cuando todo esté listo para que entren al gran comedor— La mujer se retiró por una pequeña puerta desde donde entraba gran cantidad de luz y ruido. 

—¿Qué voy a hacer?— Preguntó Hermione, pero no era la única nerviosa, todos los presentes cuchicheaban y se movían ansiosos por el lugar preguntándose de qué sería la prueba para entrar a las casas. Harry comenzó entonces a repasar las historias de Sirius en la mente, buscando pistas, en algún momento debió hablar sobre la primera prueba apenas entró al castillo, a no ser que su resultado fuese humillante. 

Hermione a su lado repasaba los hechizos que se sabía en un murmullo, Harry decidió hacer lo mismo, aunque eran muy pocos los que manejaba bien. Neville al otro lado parecía a poco de desmayarse, se encontraba totalmente pálido con los ojos abiertos como platillos voladores. 

En eso alguien gritó y todos giraron las cabezas. Un grupo de fantasmas hizo  aparición atravesando la pared de atrás. 

—¡Fantasmas! ¿Hay que enfrentar fantasmas?— Preguntó alguien. Sin embargo Harry no sintió miedo, había visto un fantasma una vez, Sirius tuvo que echarlo de la casa Black, aunque ambos suponían que seguramente volvió cuando no observaron el ático. Los fantasmas eran seres blancos, semi transparentes que guardaban la consciencia de cuando estuvieron con vida. Muchos de ellos sufrieron al momento de morir o dejaron asuntos pendientes en tierra, y por ello quedaron sus almas espectrales vagando. 

Los seres etéreos se movían tranquilamente conversando entre ellos, o mejor dicho, discutiendo— ¡Mi querido fraile, a Peeves le hemos dado todas las oportunidades existentes, cientos de ellas! Nos ha dado mala fama como fantasmas, y usted lo sabe, sin contar que no es un fantasma de verdad… ¿Qué hacen ustedes aquí?— El fantasma giró su cabeza para observarlos. 

—¡Son alumnos nuevos! ¿Esperan la selección?— Preguntó un muerto gordo de cabeza rapada y traje anticuado— ¡Espero verlos en Hufflepuff, fue la casa donde estudié, ya saben— Guiñó un ojo antes de seguir caminando, o flotando. 

—En mi casa hay un fantasma, no dan miedo— Comentó Ron. Un chico de nombre Dean se mostró bastante asombrado por esto y le preguntó algo a Ron que Harry no pudo comprender.

La profesora McGonagall regresó abriendo la puerta y con una lista entre sus manos— Pasarán en una fila, de forma ordenada— Les indicó con la mano mientras les observaba acomodarse— Ahora, síganme. 

Hermione permaneció justo a su espalda, mientras que él se colocó detrás de un chico más alto y delgado. Salieron del lugar y regresaron sobre sus pasos para entrar nuevamente al gran comedor por las puertas principales. El estruendo de voces de pronto se fueron apagando, los rostros de cientos de estudiantes se centraban en ellos a medida que avanzaban. Harry sentía las piernas de gelatina y su mente no dejaba de pensar en la posible prueba que tendrían que enfrentar. Sin embargo pronto se distrajo, el gran comedor era un lugar muy distinto a cualquiera que hubiese visto anteriormente, en especial por el techo, era oscuro, y mostraba nubes junto a las estrellas. Por alguna razón parecía ser el cielo mismo, debajo de este se observaba un millar de velas encendidas que flotaban en el aire llenando todo el lugar de gran cantidad de luz. 

—Es un hechizo, se supone que emula el cielo nocturno— susurró Hermiones desde atrás de él. 

—Es increíble— Comentó él sin mirar atrás, pero estaba seguro que Hermione asintió de alguna forma. 

Las mesas a los lados eran largas, y notoriamente eran cuatro de estas, Harry reconoció debía de tratarse una para cada casa. Los cubiertos y platos brillaban con intensidad en colores plateados y dorados. Más adelante, y donde se dirigían, se observaba una tarima quizás medio metro más alto que el resto del lugar, allí se hallaba otra mesa en perpendicular al resto, con los profesores sentados. Fácilmente reconocibles por sus edades, trajes y miradas. 

Harry de pronto sintió un leve dolor en la frente, la cicatriz le escoció por un instante sin razón aparente. Se rascó un poco y notó que un par de chicos a su lado derecho por donde pasaba se le quedaron mirando y comenzaron a señalarlo. Trató de no prestar atención y continuar su camino, aún más porque la chica detrás de él le dio un ligero empujón para que se moviera. 

Caminaron para detenerse en una hilera frente a los alumnos y sus mesas. Los profesores quedaron a sus espaldas. Harry volvió a sentir un ligero escozor en la frente y trató de olvidarlo. 

Por alguna razón que él no comprendió la profesora McGonagall colocaba un taburete con un sombrero puntiagudo, marrón y viejo encima. Era la clase de sombrero que esperaría ver en un indigente del mundo mágico y desentonaba bastante con el resto del colegio. 

Tragó saliva y comenzó a recitar mentalmente los hechizos nuevamente cuando el sombrero sin previo aviso comenzó a moverse, una fisura surcó su cuero y abrió lo que era semejante a una boca. Se aclaró la garganta logrando un efecto de silencio total y comenzó a cantar.

Oh, quizás pienses que no soy bonito

pero no juzgues por lo que ves.

Me comeré a mí mismo si puedes encontrar

un sombrero más inteligente que yo.

Puedes tener bombines negros, sombreros altos y elegantes. 

Pero yo soy el Sombrero Seleccionador de Hogwarts

y puedo superar a todos. 

No hay nada escondido en tu cabeza

que el Sombrero seleccionador no pueda ver.

Así que pruebame y te diré dónde debes estar.

Puedes pertenecer a Gryffindor donde habitan los valientes.

Su osadía, temple y caballerosidad ponen aparte a los de Gryffindor.

Puedes pertenecer a Hufflepuff, donde son justos y leales.

Esos perseverantes Hufflepuff no temen al trabajo pesado. 

O tal vez a la antigua sabiduría de Ravenclaw. 

Si tienes una mente dispuesta, porque los inteligencia y erudición, 

siempre encontrarán allí a sus semejantes.

O tal vez a Slytherin, una casa de prestigio,

allí harás a tus verdaderos amigos. 

Esa gente astuta usará cualquier medio para lograr sus fines.

¡Así que pruébame! ¡No tengas miedo!

Estás en buenas manos, aunque yo no las tenga. 

Porque soy, el sombrero pensante. 

 

Terminó su cántico y un centenar de aplausos sacudieron el gran comedor. Algunos incluso vitorearon y el sombrero de forma muy educada comenzó a inclinar la parte puntiaguda para dar las gracias a su público. Luego hubo silencio y el objeto se mostró inmovil nuevamente, era como si fuese poseído por un cantante de manera momentánea. Harry habría prestado mayor atención al sombrero si no fuese por el picor y ligero dolor que sentía en la frente, no comprendía que lo causaba, pero deseaba que desapareciera. 

—Cuando yo los llame deberán avanzar, sentarse en el taburete y ponerse el sombrero. Cuando este les seleccione podrán moverse a la mesa de su casa— Expresó McGonagall— Muy bien, Abbott, Hanna. 

Una chiquilla rubia que se mostraba bastante nerviosa se movió mirando en todas direcciones, tomó el sombrero y lo colocó en su cabeza antes de sentarse. Hubo una pausa de apenas un par de segundos antes de que el sombrero gritase con gran alboroto. 

—¡Hufflepuff!— Una mesa a la derecha comenzó a gritar y silbar, mientras que la niña ahora sonriente corrió hasta la mesa de ellos. 

—¡Bones, Susan!— Una chica pelirroja comenzó a moverse al sombrero ante el llamado de la profesora McGonagall. 

—¡Hufflepuff!— Gritó nuevamente el sombrero. 

Luego Bott, Terry fue colocado en Ravenclaw. Mandy Brocklehurst fue a Ravenclaw, luego Lavender Brown a Gryffindor. Milicent Bulstrode fue a Slytherin y así continuaron un rato. Harry solo tragaba saliva mientras que llamaban a cada estudiante, así pasó un tal Justin, y una chica de nombres Daphne Greengrass a quien Harry le pareció se le quedó mirando antes de dirigirse al sombrero. La chica terminó en Slytherin y él la siguió con la mirada antes de que la profesora dijera el siguiente nombre. 

—¡Granger, Hermione!

La niña se movió del lado de Harry y dirigió al taburete, permaneció sentada un instante, dónde esta movía la cabeza de un lado a otro. Lo cual le hizo pensar a Harry si el sombrero mostraba imágenes de algún tipo o hacía un examen intenso. 

—¡Gryffindor!— Gritó el sombrero y Harry sintió alegría por ella. Ron, quien estaba a dos puestos de él rechistó ante el suceso con un gruñido. Solo entonces pensó que no le agradaba la actitud del pelirrojo y que deseaba poder caer en Gryffindor para hablar con la niña de cabello castaño. No conocía a más nadie, al menos no de trato. Miró al chico del sapo, este parecía a poco de desmayarse, se hallaba pálido y sudoroso. Quizás podía hablar con él, si caía en Ravenclaw o Hufflepuff. No tardó en ser llamado el muchacho de nombre Neville Longbottom, cayó de un resbalón y casi se golpea contra el taburete. El comedor entero comenzó a reírse mientras el chico se acomodaba y colocaba el sombrero seleccionador. 

Fue un momento tenso de gran silencio. Harry pensó que el sombrero no lo colocaría en ninguna casa, y se preguntó si eso sucedió alguna vez. Fue casi un minuto entero antes de que el artículo mágico gritase— ¡Gryffindor!— Neville se retiró llevando el sombrero consigo y debió devolverse a dejarlo ante más risas de parte del comedor. 

Luego Morag y otro par fueron a Slytherin, Ravenclaw y Hufflepuff respectivamente. Entonces tocó el turno de Malfoy, a quien se le colocó en Slytherin, y Harry no sintió ni la más mínima sorpresa. Una pena, porque todavía podía ver a la chica de nombre Daphne mirándole fijamente. 

Moon, Nott, Parkinson, Patil y Patil, luego Perks, una chica de nombre Ann, y otra Cherryl, y entonces pasó. 

—¡Potter, Harry!— La puntada en su frente se hizo más aguda y Harry debió aguantar el dolor mientras caminó frente a todos en dirección al pequeño asiento. Tomó el sombrero sintiéndolo bastante cálido y lo colocó sobre su cabeza. 

—¿Es Harry Potter?

—¿Ha dicho Harry Potter? ¿Ese que…?— Podía escuchar los comentarios, y habría prestado mayor atención de no ser porque una voz resonó desde dentro del sombrero y llegó directo a su cabeza. Comprendió al instante que nadie más podía escucharla, aquello sucedía en su mente, o al menos dentro del sombrero. 

—Mucho talento, ummm si, mucho talento y una gran cantidad de poder. También veo unas inmensas ganas de demostrarte a tí mismo, de superarte. Serías un muy buen Slytherin. Tu mente es buena y existe la disposición, lo puedo ver allí adentro. Además hay una unión a las artes oscuras.

Harry arrugó el entrecejo, el dolor en la frente se había ido y pudo sentir sus ideas muy claras— ¿Slytherin? No, no creo ser un Slytherin. Sirius no estaría feliz, y yo… tampoco.

—¡Oh, lo veo! un vínculo muy fuerte con tu familia— Susurró el sombrero— Pero hubo personajes dentro de tu familia que fueron Slytherins también. No creas que porque algunos fueron por mal camino, tú también irás en esa misma dirección. Slytherin podría llevarte a la grandeza, el anillo que guardas en su bolsillo en este momento es una prueba de eso.

—No, en Slytherin no— Pensó Harry y casi creyó haberlo susurrado, pero entonces pensó en la chica rubia de nombre Daphne y dudó un instante. Era linda, lo notó casi al instante, podría conversar y… Alejó ese pensamiento. También estaba Hermione, e incluso el chico del sapo con quien poder hablar, aunque ambos estaban en Gryffindor. Su padre y Sirius también estuvieron allí, al igual que su madre, y ellos significaban todo lo que él deseaba. Lo quería, lo anhelaba, seguiría sus pasos.

—Dudaste un pequeño instante, veo el interés y tu disposición. Anhelas todo eso, sin contar que sientes un serio desapego por las reglas. ¿No? No puedo oponerme muchacho, tú tienes el poder después de todo, habiendo dicho eso, será entonces— El sombrero hizo silencio— ¡Gryffindor!— La voz fue fuerte, no solo en su cabeza. El sombrero lo gritó ante todo el resto del gran comedor. Harry se quitó el sombrero y corrió a la mesa donde Hermione alzaba los brazos,  el resto aplaudía y silbaba con fuerza. 

—¡Tenemos a Potter, tenemos a Potter!— La voz de los gemelos Weasley se colaba entre los vítores y silbidos. 

—Bienvenido a Gryffindor— Le estrechó la mano el hermano mayor Weasley a quien Harry no le recordaba el nombre, asunto que fue aclarado al instante por los gemelos. 

—Solo lo tocaste y lo volviste mas sonso que antes Percy— Alegó uno de los gemelos.

—Muy graciosos— Expresó el hermano mayor girando su cabeza en dirección a la mesa de los profesores.

—Hay de toda clase de personas en nuestra casa Harry, hay sonsos, divertidos, aventureros, galanes, conquistadores. Te colocarán en alguna de esas categorías muy rápido, y después será difícil salir de ellas— Explicó el otro gemelo— Nuestro hermano Percy es el presidente de los sonsos de Gryffindor, un club que lleva con mucho respeto y auge. Probablemente esté ganando al resto de las casas en ese tema. 

Harry sonrió ante los comentarios, en especial por el teatrillo con el cual lo explicaban ante la mirada indignada de Percy. 

—Bienvenido a la noble casa gryffindor— Harry sintió que alguien tocaba su espalda y una sensación como un baño de agua fría le recorrió. Se trató de uno de los fantasmas que observó previamente mientras esperaban.

Tomó asiento al lado de los gemelos Weasley, quienes hicieron un lugar para él. Desde allí observó la algarabía con la cual ahora celebraban un nuevo Ravenclaw y continuaba la lista de nombres. Ron también terminó en gryffindor, aunque como vaticinó, a ninguno de sus hermanos pareció sorprenderle. 

El dolor en la frente fue disminuyendo poco a poco mientras que todos los estudiantes terminaron en sus asientos. Harry calculó que en cada casa debieron caer unos diez a doce alumnos y se preguntó si aquello era tan aleatorio como exponían con el sombrero. El hambre comenzó a hacer mella en su ser y capacidad de entendimiento. Hermione se colocó a un lado de él y comentaba algo sobre la selección que él no llegó a procesar completamente. 

En la mesa de los profesores logró divisar al menos a un par de caras conocidas, Hagrid, la reciente profesora McGonagall y el director del colegio, quien vestía una túnica morada llamativa y su larga barba se notaba anudada y adornada. Este de pronto se levantó de su asiento cuando finalizó la ceremonia de selección e hizo señas para que todos hicieran silencio, cosa que sucedió al instante. 

—Bienvenidos, bienvenidos a todos a otro año en Hogwarts. Ahora— Se aclaró la voz— Ahora será servido el banquete y todos quedaremos satisfechos, pero antes de que sus mentes se nublen ante la comida, quiero decir un par de cosas. Primero que todo, los alumnos de primer año deben saber que los bosques del castillo se encuentran prohibidos. Algunos alumnos de cursos anteriores deberían recordarlo— Repaso la estancia mirando de soslayo— Por otra parte el celador Filch, me ha pedido recordarles que los hechizos y transformaciones están prohibidos en los recreos y pasillos. La lista de artículos prohibidos también ha sido actualizada y se encuentra disponible en la entrada del despacho del señor Filch en el primer piso. 

—Si, añadió las bombas fétidas y los caramelos de calvicie— Explicó sonriente uno de los gemelos al otro con un codazo. 

—Las pruebas para los equipos de quidditch se realizarán la segunda semana— Harry se irguió para escuchar mejor eso, la simple palabra quidditch fue un interruptor que se encendió en su cabeza— Los que estén interesados en jugar, deberán hablar con la profesora Hooch. Y por último, pero no menos importante. Este año, el tercer piso en la zona derecha, se encontrará completamente prohibido. Sugiero no entrar allí, a no ser que busquen una siniestra muerte. 

Hubo un enorme silencio. Harry se preguntó si aquello era una broma de mal gusto, o una forma de asustar a los alumnos, pero con semejante silencio prefirió preguntar— ¿Eso fue una broma?

—No creo. Probablemente atraparon a un dragón o Dumbledore finalmente decidió hacer su ejército de inferis y los escondió allí. Pero si lo dice de esa forma ante todo el colegio, es mejor no acercarse mucho. En el bosque hay hombres lobo y no te dice que te vas a morir— Señaló Fred Weasley y Harry giró su cabeza comprendiendo que ciertas cosas en el colegio eran bastante perturbadoras. 

—Bien, bien, bien. Dicho eso ¡Patatas fritas!— Gritó el director con fuerza y los platos dorados frente a todos se llenaron. Una montaña de pollo asado apareció frente a Harry, a su lado se hallaba una bandeja con papas fritas y cocidas con mantequilla. Un poco más a la izquierda había un bowl lleno de ensalada y un pavo horneado que impregnaba su olor desde lejos. 

—Wow— Expresó tomando una pierna de pollo para comer. 

—¿Me servirías un poco de ensalada?— Preguntó Hermione pasando su plato a Harry y este a los gemelos— ¿Cómo apareció tanta comida?— Se intrigó la chica. 

Harry pensó mientras masticaba un poco— Posiblemente elfos domésticos. 

—¿Elfos? No leí nada sobre elfos en Hogwarts, pero la comida no puede hacerse con magia, es una de los principios de la magia— Comentó la castaña. 

—Si, creo haber escuchado algo de eso. ¿Quieres pollo?

—Solo un poco— Contestó esta— Por un momento estuve asustada, pensé que nos harían alguna clase de prueba. Si se trataba de volar o algo fisico de seguro me expulsaban. 

—No creo que te expulsaran— alegó Harry— Estoy seguro que un par en Slytherin tienen sangre de troll o algo así— se burló tomando otra pierna de pollo cuando el fantasma que se hallaba cerca comentó en un tono triste. 

—Eso luce bastante bien— Harry asintió comprendiendo que los fantasmas no comían— No me he presentado, soy Sir Nicholas de Mimsy-Porpington, fantasma oficial de la casa de gryffindor a su servicio. 

—¡Yo te conozco, eres casi decapitado!— Expresó Ron desde su lugar. 

—Preferiría Sir Nicholas de Mimsy…

—¿Por qué te llaman casi decapitado?— preguntó Neville. 

—Por esto— El fantasma se indignó y sin reparos tomó su oreja y jaló su cabeza hacia arriba y a un lado. Se pudo observar el hueso de la columna desprendiéndose, los músculos expuestos y una delgada capa de piel que mantenía la cabeza aún en su lugar, sin que esta hubiese sido totalmente cercenada. Era obvio que debió de ser ejecutado, pero aquello de alguna forma no salió bien y la cabeza quedó colgando de aquel pedazo de piel. 

Sir Nicholas pareció complacido ante los rostros llenos de asombro y continuó hablando— Espero que este año nos ayuden a ganar el torneo de la casa. Slytherin lleva seis años ganando ininterrumpidamente. El barón sanguinario se ha vuelto un verdadero dolor los últimos días con eso.

Desde la posición de Harry era posible ver al barón sanguinario, se trataba del fantasma de slytherin, vestido con ropa de tono medieval y manchado de rojo carmesí en el rostro y pecho en gran medida. Se hallaba sobrevolando conversando con otro fantasma en las cercanías de Malfoy. 

—¿Qué te preguntó a ti el sombrero seleccionador Harry?— Inquirió la chica a su lado mientras comía con una finura que Harry no usaba. 

—Pues, en realidad no me preguntó nada, estaba viendo más mis habilidades, creo. ¿A tí te preguntó algo?

—Sobre qué era más importante para mi, si el valor, la amistad o el conocimiento, las demás opciones no las recuerdo.

—¿Qué contestaste?

—El conocimiento, obviamente— respondió Hermione metiendose de lleno en su plato de comida. Harry por su parte terminó bastante rápido, y para su sorpresa, posterior a eso aparecieron nuevos platos llenos con cremas dulces, pasteles de manzana, jalea de fresa y mora, al igual que una torre de helado. No dudó y agarró un poco de helado de chocolate y crema de leche para pasar. 

—Toda mi familia es maga, pero nos llevamos muy bien con los nacidos de muggles o muggles, por eso otras familias nos han apartado un poco— Escuchó decir a Ron a tres puestos de él. 

—Yo soy mitad y mitad— Comentó un chico de nombre Seamus que se hallaba junto a Ron y Dean—Mi padre es Muggle. Mi madre es maga, y no le dijo sino hasta que se casaron, mi padre quedó en shock después de eso— Todos comenzaron a reír ante el comentario y Hermione se metió aún más en su plato de comida sin expresar palabra. 

—¿Y tú Neville?— Preguntó Ron. 

—Me crió mi abuela y ella es bruja. Mis padres también son brujos, pero están… —bajó tanto la voz que fue imposible entender qué dijo— pero en toda la familia pensaban que yo era un squib, que no llevaba magia en las venas. Mi tío abuelo Algie trató muchas veces de sorprenderme y me lanzó al agua o desde el techo. No pasó nada, siempre terminaba lastimado. Pero cuando cumplí ocho años me  tenía sujeto del tobillo en una ventana, por error me soltó y yo reboté por todo el tejado hasta el jardín. Estuvieron muy felices, ese día hicieron una fiesta en la casa. No podían creerlo cuando recibí la carta de Hogwarts. 

En ese momento el dolor en la frente regresó y Harry debió calmarse. Era extraño y no le dejaba concentrarse. Quizás se debía a los nervios del momento y con descansar se le pasaría. 

—¿Tu fuiste a alguna escuela muggle Harry?— preguntó Hermione. 

—No, siempre tuve ganas de ir, pero no podía, tuve un tutor privado que iba a mi casa, pero no era igual. 

—Oh, lo siento, no pensé que fuese un tema sensible— se disculpó la niña. 

—No, no es eso. Fueron circunstancias particulares por las cuales no podía salir de casa. 

—¿Nunca salías de casa? ¿Viviste encerrado todos estos años? 

—Bueno, sabes lo que sucedió con mis padres— Comentó él, y ella asintió— Sirius y Dumbledore piensan que Voldemort no murió realmente ese día, solo se debilitó, o quedó fuera de su cuerpo, algo así. Por otra parte estaban sus seguidores— Harry sintió más fuerte el dolor en la frente, justo en la cicatriz— Y muchos no fueron apresados, era peligroso porque siempre podían buscar de atacarme de algún modo. 

—Por eso sabes hacer magia— Respondió la niña analizando la situación. 

—Se supone que eso es secreto, no le digas a los demás por favor— repuso Harry hablando más bajo— Pero si, Sirius me entrenó bastante por esa misma razón. Y aunque se supone no podía salir. Viajamos algunas veces a distintos lugares, en especial a  montar escobas. 

—¿Sabes montar en escoba? 

—Como desde que tengo un año de edad ¿Tu nunca?— La chica negó con la cabeza— Bueno, cuando quieras te enseño ¿Cómo fue la escuela muggle? 

—Normal, no era nada del otro mundo, aunque las materias son muy distintas a las de aquí, yo acababa de terminar el sexto curso. Pero cuando recibí la carta de Hogwarts, decidí venir aquí— Comentó la niña de cabello castaño, Harry notó que no daba muchos detalles para ser seis años de curso, pero decidió no indagar más allá. El dolor en la frente se hacía un poco más tolerable, pero el sueño comenzaba a nublar sus sentidos— Ya quiero que comiencen las clases, escuché que transformaciones es una materia difícil, también pociones y defensa contra las artes oscuras. Aunque todavía no tenemos las optativas, me gustaría ver algo como runas antiguas. 

—Luego te voy a mostrar un par de libros que traje— Comentó harry cuando el profesor Dumbledore se levantó de su lugar y volvió a llenarse de silencio el gran comedor. 

—Como todos los años, es hora de cantar el himno de Hogwarts antes de que nos dirijamos a dormir— El director agitó su varita y una fina cuerda se formó en el aire y posicionó sobre su propia cabeza, en lo alto del castillo. Las luces se volvieron algo tenues dejando ver el brillo dorado de las letras. Harry casi se ríe pensando que aquello era un karaoke.— Que cada uno elija su melodía favorita: 

Hogwarts, hogwarts, hogwarts, enseñanos algo, por favor.

Aunque seamos viejos y calvos, o jóvenes con las rodillas sucias, 

nuestras mentes pueden ser llenadas con algunas materias interesantes.

Porque ahora están vacías y llenas de aire, pulgas muertas y un poco de pelusa. 

Así que enséñanos cosas que valga la pena saber, 

haz que recordemos lo olvidado, 

hazlo lo mejor que puedas, nosotros haremos el resto, 

y aprenderemos hasta que nuestros cerebros se consuman. 

 

Harry se sintió muy perdido y en general miraba al resto sin comprender cómo cantarla. Los gemelos Weasley por su parte continuaron cantando a un ritmo muy lento cuando todos terminaron. Dumbledore agitó su varita y los hermanos vociferaron las últimas tres líneas en segundo y medio, en algo que no fue entendible. 

—¡Nunca olviden el poder que tiene la música, chicos!— Miró al salón entero— Ahora, a dormir. 

—Los de primer año vengan primero conmigo— señaló Percy levantándose de su asiento— Vendrán conmigo ¡Los de primer año!— El grupo entero comenzó a andar fuera del gran comedor. Nadie hizo fila como el chico mayor insistió, sólo se movieron como un pequeño grupo, además en opinión de Harry, aquello no era necesario, tan solo eran once chicos— El castillo tiene muchos pasillos y pasadizos. Las escaleras principales se mueven, como podrán ver— Llegaron hasta un hall que se extendía hacia arriba y hacia abajo. En este las escaleras se movían de un lugar a otro dando acceso a diferentes pasillos— por eso deben ver bien cada vez que abran una puerta y no correr por los pasillos. Podrían tener una dolorosa caída. Ahora, yo recomiendo que se graben los diferentes pasillos y pasadizos, ejemplo desde aquí, el segundo piso, podemos tomar este atajo— Tocó un retrato y este se movió para mostrar un pasaje iluminado por antorchas por el cual todos se movieron y subieron un grupo de largas escaleras. Salieron luego de dos minutos de ascenso por el agujero de otro retrato que se movía, en esta ocasión era un caballero con un escudo y lanza enorme— Ya nos encontramos en la torre de gryffindor, en el séptimo piso. Ahora signame— se movieron un par de pasos hasta el final del pasillo. 

Entonces unos bastones de caramelo que se hallaban flotando en el techo a mitad del camino, cayeron sobre Harry, quien se sorprendió y casi saca su varita para defenderse. 

—Peeves— Comentó Percy— Es un duende, o lo que los muggles llaman poltergeist.— levantó la voz— ¡Peeves, aparece!

Un sujeto pequeño de gran cabeza y sonrisa extrañamente alargada apareció justo sobre ellos. Era semitransparente, pero a diferencia de los demás fantasmas su color no era blanco lechozo, en cambio era de un tono gris, casi negro. Se hallaba de piernas cruzadas flotando en el aire. 

—¿Quieres que llame al barón sanguinario?— Preguntó Percy, pero el duende se limitó a sonreír maliciosamente y luego se lanzó un enorme gas desde la cola. Flotó sobre ellos como siendo impulsado por su cochinada y aterrizó en el otro extremo del pasillo para retirarse por una pared. 

—Peeves solo tiene miedo al barón sanguinario, suele hacer bromas, algunas muy pesadas. Deberán tener cuidado con él. No hace caso siquiera a los prefectos— Comentó Percy Weasley moviéndose hasta el final del pasillo. Donde un retrato mostraba a una señora gorda con un gran vestido rosado. 

—¿Santo y seña?— Preguntó el retrato de la mujer. 

—Caput draconis— Señaló Percy y el retrato se movió a un lado. 

Adentro se hallaba un enorme y caliente salón circular lleno de muebles, sillas y mesas. En una esquina se observaba un estante con un par de trofeos pequeños y abajo un librero lleno de pergaminos. La chimenea era de gran tamaño, casi tanto como la de la casa Black, pensó Harry, y al fondo dos pares de escaleras se mostraban. 

—Los dormitorios están arriba, a la derecha los chicos, a la izquierda el de las chicas. Hay un hechizo para que ningún chico entre al dormitorio de chicas, por favor tenganlo en cuenta. Las actividades lascivas están prohibidas. Del lado derecho están las habitaciones de los chicos. Son tres pisos, los prefectos tenemos el tercer piso para nosotros. Los demás usarán las camas del primer y segundo piso. Pueden elegir libremente cualquiera de ellas. Luego de tomarlas deberán identificarlas con su nombre. Hay sesenta camas y solo cuarenta alumnos de gryffindor varones, habrá camas de sobra, nada de peleas. Encontrarán que sus pertenencias ya están arriba. 

Harry subió y buscó su baúl. Lo colocó debajo de una cama y se lanzó sobre esta a dormir apenas colocando su nombre en un dosel. Cerró las cortinas con mucho sueño. Se cambió la ropa por su pijama y escuchó al resto de chicos llegar hasta los dormitorios. Entonces notó una voz femenina dentro del cuarto de chicos, se hallaba junto a alguien de sexto o séptimo año. Juntos se metieron a la cama e hicieron ruidos que dejaron perturbados al resto del curso.

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