CAPÍTULO 6. AVANCE NOCTURNO

 

    —¡Chicos tenemos un trabajo que hacer!— La voz de mando resonó al salir del cuarto. Alejandro salió tras Armando, Alicia le observó inquieta.

    —Te dije que todo estaría bien, nos ayudarán.

    —Ya lo escucharon chicos, tenemos reunión en cinco minutos, así que alístense — Víctor como siempre secundaba.

    Alejandro repasó los rostros, algunos conocidos, sin embargo, aquel llamado Miguel, el cual en un pasado fue causante de la muerte de Pandora no estaba entre ellos. El ambiente cambiaba, sintió una brisa fría, y observó que más allá de las montañas todo estaba nublado, eso le hizo preguntarse si llovería en la noche, aún más, si aquello era algo que pudiese usar a su favor.

—Alejandro, ellos son pocas personas, no creo que a ellas les agrade verles partir— Alicia señaló a las mujeres, las cuales les miraban de reojo y cuchicheaban. Sus rostros fruncidos hablaban más que cualquier palabra. 

—Es normal. Todas las salidas son un peligro, cualquiera de ellos puede no regresar— No dijo nada más, pensó que cualquier otra palabra posiblemente sería una imprudencia de su parte.

—Alejandro tu vienes con nosotros a esta reunión— El tono de Víctor era decidido. Alicia se aferró a la mano del chico, a lo cual el hombre argumentó— Déjala venir, no está mal que entienda qué sucede. Que vea un poco de acción.

Caminaron por el fuerte hasta una de las antiguas barracas, Alejandro había visitado aquel sitio años atrás, ahora parecía ser el sitio de reuniones del equipo. En el interior de la habitación se comenzaban a reunir los participantes, se notaban sus barbas y poca grasa corporal. Pese a todo se erguían firmes y enormes a la vista, con una mirada trémula que helaba el ánimo. Armando extendió un mapa sobre el único escritorio de la sala, colocó un tintero y un pisapapeles como apoyo, miró a los presentes hasta llegar a Alejandro — ¡Acércate chico! Necesito que indiques el lugar donde está tu casa.

    El chico pasó adelante, arrastrando su dedo por el papel viejo y amarillo, pensando en lo poco prudente de darles a ellos también su dirección exacta— Yo vivo en esta zona, esta hilera compuesta por casas frente a este estacionamiento. Solo hay tres entradas a este estacionamiento— Señaló los caminos de acceso por vehículo— Las dos primeras las brinda la avenida principal, la cual ya conocen pues una de ellas se conecta con el paso donde nos encontramos, el cual cruza la montaña. La tercera entrada es esta, la cual forma un ángulo recto con la principal, normalmente era una ruta inter-urbanística. Si piden mi opinión, diría que es el mejor lugar para atraerlos y formar una emboscada, especialmente porque no los van a ver desde allí y el sitio se encuentra bastante despejado. 

    —Te adelantas a los hechos chico, aun los presentes no saben a qué estamos lidiando— Armando tenía razón, el resto de los hombres escuchaban pero con rostros confusos— ¡Chicos, tendremos una misión de rescate! En este caso protegeremos la casa de nuestro compañero aquí presente, el cual nos ha ofrecido un pago con comida — Alejandro entendió la intención en aquella última palabra. Las miradas se cruzaban casi como una conversación silenciosa— Por lo cual, estamos frente a un trabajo el cual debemos ejecutar perfectamente. 

    —Supongo que no nos enfrentaremos a muertos— Uno de los hombres, uno llamado Federico sonreía desde la parte de atrás.

    —Sería muy sencillo de ser solamente contra muertos chicos. Hablamos de proteger a Alejandro de otros dos grupos de sobrevivientes los cuales planean atacar esta noche ¿Dentro de cuánto tiempo?

    —Cuatro horas a lo máximo— contestó Alejandro.

    —Cuatro horas las cuales se nos agotan, escucharé ideas y armaremos un plan defensivo.

    Alejandro intervino— El grupo de Verónica es pequeño, se mueven en dos vehículos grandes reforzados, nunca salen más de diez hombres a rondar. No es posible volcar los vehículos, sin embargo, la conozco bien, y jamás ha tomado las rutas principales. Será de noche, así que su única entrada al sector será por esta calle, la que queda en ángulo recto con la avenida, la misma que recomiendo tomemos nosotros. El otro grupo nunca le he conocido líder, así que por los momentos les podríamos llamar grupo X, pero se mueven constantemente. Es un grupo mixto y grande, normalmente salen de veinte a treinta personas a cazar, así que es nuestro mayor problema. Se mueven organizadamente y mantienen un pacto con el grupo de Verónica, pero ellos sí son capaces de entrar por la avenida principal. Conozco a una persona de ese grupo, es peligrosa en extremo, capaz de sacrificar a todos los hombres y hacer volar el lugar de ser necesario. 

    —Sabemos entonces que nadie usará la tercera vía, porque es la nuestra, y por aquí no podrían pasar. Lo cual nos dejaría con un escenario en forma de “L”, el cual además estará infestado de muertos— opinó Víctor señalando el mapa, los hombres asintieron con la cabeza observando las líneas y el terreno.

    —La intersección de las calles es el punto crítico, y el lugar más obvio para colocar alguna trampa, por lo cual podrían adivinar algo así del mismo Alejandro— comentó Armando— Debido a eso nos podemos adelantar y colocar trampas metros antes de este punto, aquí y aquí—  Armando señaló la pieza de papel en secciones de las calles.

    —Nos debemos dividir en dos o cuatro grupos que cuiden desde los tejados ambas secciones de las calles— Mencionó Víctor mientras el resto escuchaba y asentía.

    —El principal problema es que por mucho que nos escondamos de la vista de los otros dos grupos, estaremos muy indefensos contra los muertos que nos rodeen— comentó uno de los hombres. 

—Pero— Alicia intervino y todos le miraron— Alejandro suele ahuyentarlos usando tinner o cloro, y ustedes les confundieron con bombas lacrimógenas para poder salvarnos ¿Eso no funciona para protegernos?

    —Nunca hemos probado con cloro o tinner, pero si aquí nuestro amigo los usa creo que puede servir como escudo. Aunque no tenemos suficiente ahorita como para poder cubrirnos— comentó Armando. 

    —Yo tengo suficiente, incluso si hacemos tres grupos puedo darle a cada grupo una garrafa entera de cloro para cubrirnos, aunque después de gastarlo estaríamos a nuestra cuenta. Tendremos que tener cuidado, no es una zona roja, pero si nos descuidamos o delatamos nuestra posición con un fuerte ruido. Ya saben el final de esa historia— señaló Alejandro y todos asintieron con la cabeza. 

    —Me parece entonces un plan viable ¡No tenemos tiempo que perder, alístense para salir en cinco minutos! ¡Quiero el armamento pesado listo para colocar en los puntos estratégicos, partiremos en dos vehículos!— Todos acataron la orden con rapidez, se les notaba entusiasmados con la idea de la comida.

    —Tienes dotes de líder natural Alejandro ¿En verdad no te quieres unir a nosotros? Creo que serías un muy buen aliado— Víctor se movió a su lado dando un golpe en la espalda.

    —No creo ser del tipo de hacer equipos, aunque aprecio la oferta— Los hombres salían del lugar dejando solo a Alicia, Armando, Victor y Alejandro.

    —La oferta estará en pie para cuando lo desees Alejandro— Armando doblaba el mapa hasta introducirlo en su cartera, de la cual sacó un dinero y lo botó al suelo sin preocuparse— ¿Por qué no colocar un par de trampas para los otros grupos por ti mismo? Supongo algún plan se te debió ocurrir. 

    —Pues sí, se me ocurrió un plan, el cual consistía en hacer una trampa de muertos— Los otros tres presentes se quedaron callados— Es simple, atraer a los muertos a un lugar y encerrarlos, cualquier sebo funcionaria. Luego actuar frente a los otros dos grupos como indefenso, y dejarlos caer en la intersección de las calles, donde se verían rodeados. Pero estamos hablando de una masacre, y de algo que se podría volver en contra de quien la realice, aunque bien podríamos jugarla como última carta. 

—Puede jugar en contra, quedar encerrados por muertos. 

—Esa táctica la he visto antes, el grupo de Verónica lo suele emplear— comentó Armando. 

—Destruyeron y canibalizaron varios grupos, les enviaban muertos muertos activando sonidos o luces en sus refugios. 

—¿Crees que hagan eso hoy con el tuyo?— preguntó Victor. 

—Podrían, pero sería un desperdicio, solo soy yo. Sin contar que Verónica quiere recuperar una de sus armas— respondió Alejandro. 

—No es la mejor táctica, pero podría funcionar— comentó Armando tomando un arma para revisar antes de guardarla. 

    —¡Suena a algo completamente inhumano, están hablando de matar a los que allí se encuentren!— sentenció Alicia. Alejandro y Armando callaron viéndole. Alicia abrió los ojos como platos, percatandose les gritó. Se tapó la boca con las manos y agachó la cabeza. 

    —La verdad chiquilla es que sí… estamos hablando de matar personas, pero esto es semejante a la guerra, significa matar, o ser eliminado. No puedes interponer la moral en estas situaciones. Aunque parezca crudo, debemos tener en cuenta de que, así como la guerra, todos los que vamos a ella, iremos a jugarnos la vida. Yo por mi parte deseo ganar este juego— Víctor se retiró cerrando la puerta detrás de sí, Armando les miró y Alejandro tomó a Alicia por la mano para sacarla del lugar.

    —Armando una última cosa, deje mis armas a pleno camino cuando venía para acá, espero que podamos ir y tomarlas de regreso— El hombre tan solo asintió con la cabeza al tiempo que sacaba un habano y lo encendía en la soledad de la habitación.

    —Eres como estar viendo a Pandora chiquilla, eres como estar viendo a Pandora…— Y continuó fumando observando la ventana—. Ella habría dicho la misma tontería. 

    Afuera se sentía el murmullo de los presentes. Las mujeres observaban a los hombres con preocupación. Alicia no subió la mirada hasta hallarse frente a los carros. Alejandro se preguntaba cómo harían allí para sobrevivir normalmente. Tener un grupo grande implicaba grandes cantidades de alimentos. Era una situación que él siquiera se imaginaba. La complejidad de tal logística le sobrepasaba

    Alejandro se incorporó a uno de los dos vehículos blindados, para su sorpresa aquel automóvil avanzaba sin hacer ruido alguno. Alicia le acompañaba. En la parte superior del vehículo había una parrilla abierta en la cual se hallaba Carlos, uno de los hombres a cargo de Armando. El hombre en la zona de arriba liberaba el camino de los “escombros” vivientes que se presentaran. Portaba un rifle modificado con silenciador, un Dragunov. Pese a ello Carlos se quejaba de que aquella arma solo les servía a los rusos pues solía calentarse demasiado y solo ellos en su clima gélido podían con aquello.

—Deja de quejarte, cada vez que salimos es el mismo cuento. Los rusos pueden con estas armas porque el frío compensa el calor, pero aquí ¿Quién fue el idiota que se le ocurrió comprar estas armas para el ejercito en América latina?— Federico gritó con sorna. 

—¿Has intentado disparar un arma que se recalienta mientras vas sobre un auto?— preguntó el otro. 

—No, solo te cubro el culo cuando estamos en tierra, cuando vamos en carro es tu turno.

—¿Fuí muy grosera con lo que dije?— preguntó Alicia 

—Fuiste tú misma— contestó el chico. 

—Eso no me ayuda mucho. 

—Descuida niña, si Armando o Victor se sintieran mal por cada palabrota que alguno de nosotros decimos, o alguna idiotez…— comentó Federico, para que Carlos continuase y terminase. 

—Vivirían en psiquiatría o con psicólogos por depresión. 

    El camino fue corto. La noche caía suavemente, solo hicieron una parada para permitir que el chico recogiese sus armas del techo de una casa. Encontró sus rifles y municiones junto a la espada que ahora pertenecía a Alicia, sin embargo, su M75 Champion no se encontraba por allí. Luego de eso solo tuvieron que avanzar un minuto para llegar al lugar deseado. Habían rodeado la zona bordeando la montaña, una ruta que Alejandro no se conocía pues no era rural y se hallaba cubierta por matorrales. Debía trazar la ruta luego en sus mapas.

    Descendieron después de eliminar algunos zombis que les seguían por el camino. Alicia se mantuvo callada todo el recorrido y él pensaba sobre aquellas palabras sobre “ser inhumano” al planear una trampa como aquella. 

Llegaron pronto a la zona donde se hallaba su casa. La carrera previa con Alicia había despejado en gran medida la zona, al menos de jadeantes y olfateadores. Los hombres de Armando entonces se alejaron un poco y colocaron una cerca de púas y amontonaron algunos cadáveres de los que eliminaron con anterioridad. 

    Armando se dirigió a Alejandro— Allí están los vehículos, podríamos cargar la comida y…

—Mi mamá siempre solía decir que “música paga no suena”

—Comprendo ¿Qué te parece si me das algo y mañana en la mañana busco las piernas de cerdo? Es para tranquilizar a los chicos, están algo “entusiasmados” con la idea. 

Alejandro buscó la pierna de jamón ahumado que tenía guardado, la sacó y luego fue llevando al exterior los sacos de arroz. Carlos fue el primero en tomar los productos y llevarlos al vehículo blindado.

—Jamón ahumado ¿Hace cuánto no pruebas jamón ahumado?— comentó un hombre de nombre Ricardo.

—Ni idea, pero se me hace agua la boca de solo olerlo— Comentaba Carlos con una sonrisa abierta ante el resto.

—Yo me pienso atragantar de comida.

—Yo estoy pensando es en cerdo, si mañana como cerdo, moriré en paz. 

—¿Y si luego hay más cerdo?— preguntó Federico dando un codazo a otro de los hombres. 

—Bueno, como todo el cerdo que pueda y allí si muero en paz— Bromeaban relajados. Era notorio lo que la comida debía representar para ellos. Esperanza de seguir con vida.

—¿Sabes con qué sería bueno este cerdo? Con algo de cerveza. 

—¡Oye chico! ¿No tendrás cerveza por allí? El precio lo arreglamos— La sonrisa era amplia. 

—No. 

—Una lástima— Contestó el otro—. Habrías tenido un sirviente a cambio de cerveza. 

—No jodas, que habríamos sido dos los sirvientes por una buena caja de cerveza ¿Alguna vez probaste la cerveza alemana? Tiene doce grados de alcohol. Unas seis latas y ya estás con la cabeza dando vueltas y tirado sobre el mueble. 

—Un poco, un día. Acabé vomitando en una pista de baile y luego con la cuñada de mi esposa. Horrible lo primero, muy bueno lo segundo, pero casi me matan al día siguiente— bromeó Ricardo.

—Podríamos buscar alguna. Acabarás bailando con algunos muertos y quizás hasta tengas acción— Federico soltó una enorme carcajada. 

—Solo el que ha pasado hambre y desesperación sabe lo que el ser humano es capaz de hacer— razonó Alejandro en silencio.

 Pasados algunos minutos subieron a los tejados en tres grupos. Federico, Carlos y Ricardo se encontraban en el primer equipo, y el más cercano a la entrada principal. 

Luego Víctor, Augusto y José en el segundo justo frente a los primeros, ambos grupos protegidos con un par de escudos antimotines que solían usar en sus operaciones. 

Por último, estaban Alicia, Armando y Alejandro. No contaban con escudo, pues no tenían otro a la mano. Se encontraban al otro lado de la “L” en el balcón de una casa de tres pisos. Esperaban y monitoreaban la situación desde lo que consideraban una posición de ventaja. 

Mientras que el resto del equipo usaban Colt M4A1 el cual era un rifle de asalto al cual le integraban un silenciador y se volvía un arma sencilla pero eficaz. Armando por su parte portaba una Artic Warfare Magnum, un arma que emanaba respeto al solo verla. Magnífica en su acabado, el cual daba la impresión de ser nuevo, negro opaco. Alejandro la conocía solo por sus investigaciones, aquella arma era un clásico, una veterana en el campo de las armas. De hecho, algunos confirmaban que podías asegurar la muerte del objetivo desde el momento en que apretabas el gatillo. Sin embargo, aquel arma era ruidosa y Alejandro pensaba en aquel contra. Él en cambio se limitaba a su AR de ATL. Un arma increíble, pues era una modificación de un AR-15 la cual le hacía más estable, manejable y con un silenciador integrado, algo lindo y eficaz. 

    El tiempo transcurría lento, la espera nocturna se hacía eterna, por medio de intercomunicadores podían estar al tanto de la situación. Cada cierto tiempo regaban algo de cloro a su alrededor y disparaban algún que otro zombi que deambulaba por el lugar, la temperatura bajaba mientras la noche caía apaciblemente haciendo que la oscuridad reinara, solo quedaba la luz de la luna sobre ellos.

Armando tuvo oportunidad de enseñarle a Alejandro su técnica con cuchillo para eliminar a muertos de los lentos, se trataba de un corte rápido con un movimiento del brazo semejante a un uppercut de boxeo. El filo entraba por la garganta y con suficiente potencia destruía hueso y llegaba al cerebro. 

    —En este momento me caería bien algo de té caliente— Comentó Armando moviendo los hombros que se acalambraron.

    —Yo soy partidaria de algo de chocolate, este frío cala.

    —Me hace recordar los viejos tiempos, cuando teníamos que montar guardia en medio de la maleza en la frontera, un territorio hostil sin duda, pero recuerdo que mis compañeros y yo siempre hallábamos de que hablar en las estadías nocturnas. La mayoría de las noches no había acción alguna, uno incluso se relajaba muchas veces, pero para eso éramos un grupo de vigilancia, de otra forma cualquiera se dormiría. 

    —¿Usted siempre fue militar? — La chica se frotaba las manos.

    —Toda mi vida,  teniente coronel, ese es mi título. Desde los diecisiete sirviendo, uno aprende a disciplinarse. Claro está que siempre hay los que entran solo por querer tener un arma en las manos, otros solo por dinero, pero de esa clase los encuentras en todo lugar. Hay otros que lo hacíamos por fe, convencidos de que salvaríamos vidas de ese modo.

    —Suena como algo noble.

    —Lo era, solo que luego te percatas que la realidad es un poco diferente— Armando observaba a los chicos— ¿Tú no tienes nada que decir?— Refiriéndose a Alejandro.

    —Siento que pierdo la concentración cuando hablo. Me relajo. 

    —Alejandro normalmente es de poco conversar— corroboró Alicia.

    —¡Vamos Alejandro que la ansiedad vence a muchos!— Armando sacaba de su bolsillo una pequeña cantimplora de la cual tomó un sorbo—. ¿Quieres un poco? Es vodka, sirve de mucho cuando quieres mantenerte caliente— A lo cual el chico se limitó a negar con la cabeza.

    —Yo sí tomaré un poco— comentó la chica tomando un trago, Alejandro le observó sin decir nada— ¿Qué? Hace frío, en verdad.

    —Bueno, tal vez si hay algo que ronda mi cabeza— Alejandro volteó— ¿Qué sucedió con Miguel?

    Armando se le quedó observando, el muchacho pudo sentir la oscuridad en aquella mirada— Muchacho, en estos tiempos suceden muchos accidentes. Un hombre debe hacerse cargo de sus acciones, sin importar el peso que ellas representan.

    —Comprendo— Se limitó a decir, Alicia les miraba sin entender a qué se referían.

    —¿Te quemó?— Preguntó el hombre mayor viendo como Alicia arrugaba el rostro cuando el líquido atravesaba su garganta.

    —Es fuerte.

    —No estás acostumbrada al licor.

    —Mi mamá, era un poco.

    —¡Señor!— El intercomunicador sonó.

    —Dime Federico…

    —Parece que tenemos algo de compañía— Sonaba por el intercomunicador al tiempo que Alejandro señalaba la vía la cual ellos cubrían, se acercaban un par de vehículos lentamente, acompañados de un par de jadeantes.

    —Parece el grupo de Verónica— opinó Alejandro.

    —¿Estás seguro chico?

    —En un noventa por ciento.

    —Señor— De nuevo el comunicador—. Llegan por su zona, pero les tenemos en la mira ¿Qué hacemos?

    —¡Díles que no hagan nada!— Soltó Alejandro, a lo cual Armando le miró de tal manera que le decía— Yo sé lo que debo decir chico.

    —Guarden sus posiciones, esperemos a ver qué sucede— Armando revisó por la mira de su arma—. Creo que tienes razón, esa es una Vitara modificada y la de atrás una Wangler doble cabina, he leído informes de mis chicos sobre ambos vehículos usados por el grupo de Verónica en sus escapadas nocturnas— afirmó Armando, pero aquella información el chico ya la conocía. No era la primera vez que observaba estos autos rondar, y aunque no supiese identificar sus modelos era imposible confundirlos.

    Los dos carros se acercaron silenciosamente hasta cierta distancia, la penumbra les cubría, escondiéndoles de las miradas. Alejandro desde su lugar no lograba ver los rostros de los ocupantes. Pasados dos minutos se acercó un tercer automóvil, esta vez por la entrada vigilada por el grupo de Federico y el de Víctor, acompañado de tres ciclistas y un par de hombres a pie. Disparaban librando el paso, la noche estaba tranquila para lo usual, o quizás aquellos seres lograban aplacar a las multitudes— Disparan como si contaran con municiones infinitas— Pensó Alejandro ante el gatillo alegre de aquellos hombres.

 Los motores se apagaron y varias figuras descendieron del interior del par de autos cercanos a su posición. Una figura casi redonda con un sombrero adornado con plumas se bajó de la parte trasera del Jeep Wangler, no podía ser otra más que ella. Miraba al resto con asco y escupía al suelo cada dos pasos. 

    —Allí está Verónica— Alejandro colocó su arma en posición de tiro, pero Armando le señaló se calmase.

    —Yo también estoy tentado chico, pero no creo que sea el momento, aunque muy bien nos estaríamos librando de la mayor plaga en estos días. esa mujer ha matado a más personas que cualquier zombie. Sin embargo, mantén la calma. No sabemos bien qué planean y si eso nos juega en contra. 

    —¡¿Dónde está el chico?!— Gritó la mujer— ¡Si no sé cuál es su casa quemaré todas las que vea hasta que salga!

    —Finalmente bajaste del auto ¿Nunca has pensado en tomar un baño Verónica? Te vendría bien, tienes un aroma que…

    —¿Dónde está el chico Yoshua? ¡Dijiste que vivía en esta zona más no dijiste cuál era su casa exacta!— Le preguntaba la mujer al chico que se bajaba detrás de ella. Alejandro lo reconoció cerrándole la boca a Alicia, quien emitía un grito ahogado ante la sorpresa.

    —¿Podrías bajar la voz? Se te escucha a un kilómetro de distancia ¿Y cómo quieres que sepa el lugar exacto? Yo te dije lo que sabía, y tú decidiste venir, hasta allí llega mi parte del trato.

    —¿Y cómo sabré que el chico realmente se encuentra aquí?— preguntó ella alzando una ceja y moviendo un rifle como si de un bastón se tratara. 

    —Lo sabrás vieja, estoy seguro que lo notarás— Yoshua se montaba nuevamente en el Jeep— Ahora si me disculpas, yo me quedaré un rato aquí adentro, tengo algo de sueño. Necesito descansar, ya sabes, el desarrollo tardío, necesito reponer fuerzas del día, tú mientras tanto puedes hacer lo que quieras.

    —No tientes a la suerte chiquillo— Rechistó la mujer en un grito, pero Yoshua ya se hallaba en el interior y no supo qué más decir— Pásame esa botella— Se refería a uno de sus hombres, el cual le brindaba una botella con un pedazo de trapo colgando en un extremo— Ya veremos si no sale ese maldito imbécil. 

    —¿Revisaremos casa por casa?— Preguntó un hombre cercano a la mujer.

    —Las quemaremos si es necesario, todas y cada una, quiero a ese malnacido hijo de puta muerto esta noche.

    —¿Y las provisiones y las armas? 

    —¿Acaso no me escuchaste? ¡Me importa un carajo! ¡Lo quiero muerto ya!— Bramó escupiendo.

    Alejandro se mantuvo en su posición, la situación resultaba bastante tensa. Entraron a un hogar del fondo, pero aún se hallaban lejos de su casa. Le preocupó otra cosa, una oscuridad penetrante se difundió rápido junto a una brisa gélida ocultando la luz lunar. Miró al cielo y observó como una nube densa cubría la bóveda celeste— Armando, debes sacar a tus hombres de aquí— El hombre volteó sorprendido ante las palabras del chico — Olvídate del plan diles que se vayan.

    —No te comprendo chico ¿A qué te refieres? Los tenemos donde queríamos— preguntó Armando sin despegar la vista de su arma, apuntando constantemente.

    —Allí están todos Alejandro ¿Qué vas a hacer?— Se escuchó el susurro de Alicia.

    —Esto será un desastre, diles que regresen a casa de inmediato, diles que dispersen el gas lacrimógeno como planeamos y aprovechen para irse. Viene la lluvia.No tendrán más que cinco minutos.

—¿Estás seguro chico?— Armando direccionó la mirilla al horizonte, y en efecto se veía una cortina blanca aproximándose— ¡Chicos aborten la misión! Repito ¡Aborten la misión, dispersen el gas lacrimógeno y retírense! ¡Dispersen el gas y retírense!

    —Armando ¿Estás hablando en serio?— La voz de Víctor resonó por el intercomunicador.

    —Completamente, es una orden.

    —Entendido.

    —Roger that— Se escuchó la voz de Federico confirmando el haberle escuchado.

    Se sintió el crujir del vidrio contra una pared cercana, Alejandro se había concentrado en la lluvia que se acercaba y descuidó a la mujer de abajo que había lanzado una bomba molotov casera contra la casa a su derecha. Al instante la puerta del inmueble ardía gracias al líquido desparramado— ¡Dame otra y pónganse en acción! Ese chico aparecerá pronto, o lo haremos salir entre cenizas.

    —Tranquilo chico, aún falta para que lleguen a tu estacionamiento— expresó en un susurro Armando.

    —Esa mujer da miedo— Alicia se hallaba al lado de Alejandro, acostada en el suelo al igual que los otros dos quienes apuntaban con sus armas observando la situación. 

—No la has visto disparando a diestra y siniestra— contestó Armando. 

Tres botellas encendidas estallaron contra los pórticos aledaños, llenando el aire de un olor fuerte y espeso que difícilmente era respirable. Por suerte la brisa fría previa a la lluvia les favorecía alejando el denso humo. 

Lo siguiente fueron unas latas rodando por las calles, y un humo blanco rodeando la zona. Los hombres de Verónica se dieron vuelta impactados por aquello, y a lo lejos se escucharon disparos por parte del grupo de Armando, quienes en la huida hallaron resistencia por parte de un grupo de mutilados. 

    —¡Está aquí! ¡Maldito Alejandro sal y da la cara!— Gritó la mujer en plena calle. Incluso Yoshua se asomó por la ventanilla del vehículo antes de subirla cerrándose en el interior. Un par de jadeantes y un olfateador canino se acercaron en carrera y fueron sometidos entre balas. 

    —¡Señora es una trampa, es gas lacrimógeno!

    —¡Es gas lacri…— Una tos fuerte— ¡Gas lacrimógeno, nos ha rodeado!— Alguien gritó mientras llevaba un brazo a sus ojos para taparlos.

—Debe tener aliados, hay muchas bombas adelante y atrás— Un pequeño grupo trató de protegerse en el pórtico de una casa abandonada. 

    —¡Dejen de quejarse y sean hombres!— Un cuarto muerto avanzaba y se escuchaban los estallidos por parte de los escoltas repeliendo al ser. Los muertos comenzaban a llegar a causa del ruido de algunas armas. El gas lacrimógeno los repelía de las calles principales, pero desde los techos la historia era distinta. 

    —Armando— Sonó el intercomunicador, era Víctor al habla— Tenemos un pequeño problema a las diez horas de tu posición— Tanto Armando como Alejandro cambiaron la mira a la izquierda. Entre el humo blanco podían observar, un trío de zombis bloqueaba la salida de un callejón en el cual se encontraban— Si disparamos nos delatamos, y estamos bastante cerca del grupo de Verónica.

    —¡Alicia, metete a la casa!— gritó Alejandro, un segundo antes de que Armando halara su gatillo y él le secundara. Ambos comprendieron que no había tiempo para discusiones en ese instante, era cuestión de disparar, o no hacerlo. Fueron necesarios cuatro cañonazos para derribar a los cuerpos vivientes.

    La respuesta fue inmediata, el grupo de Verónica los divisó e inició el fuego contra ellos. Aquello se convirtió en un campo de batalla, el silbar de las balas, el choque contra el cemento y el estuco de la edificación, el polvillo que esto producía. Todo ahora se convertía en terreno de guerra entre ambos grupos. Desde la distancia el grupo de Armando abrió fuego nuevamente, nadie supo si era para abrirse paso en su escape o para cubrirles, tampoco importó, hubo un sonido que resonó por encima del resto.

—Nos harán queso si nos quedamos— Armando retrocedió a gatas por la edificación que soportaba la infinidad de balas. 

Un grito estremecedor, algo que todos reconocían. 

Alejandro comenzó a retroceder gateando mientras cubría su cabeza con las manos pues le caían pedazos de escombro.

—¡Por fin inicia la fiesta!— Yoshua salió del vehículo, katana en mano y subió sobre el techo de este para ver mejor a su alrededor.

    Los estallidos cesaron, hubo un silencio trémulo. Las miradas encontradas de los presentes denotaban miedo. Nuevamente aquel grito, esta vez coreado como un eco repetitivo, al menos cuatro olfateadores daban su grito de guerra, como gritando al cielo “¡Comida!”

    Alejandro se levantó a tientas, resbalando un poco, tomando su bolso con armas sobre su espalda, la AR en su mano derecha deslizándose al interior de la casa. Armando le seguía cuando tropezó con Alicia, la visión era casi nula, solo llegaba un pequeño haz de luz proveniente de las llamas que consumían una casa al frente. Soplaba un viento frío que llevaba consigo aquel grito a muerte reconocible a distancia.

    —¡Quemen vivos a esos malnacidos!— La voz de Verónica se escuchaba aun entre el desastre.

    —¡Vamos a morir!— Gritó la chica.

    —Debemos irnos— Señaló Alejandro.

    —Dime algo que no sepa chico. Que desastre de operación— refunfuñó Armando.

    —¡Pero el fuego bloqueó la salida de abajo!— Comentó Alicia, a lo cual hombre y muchacho se miraron diciendo al unísono.

    —¡Las ventanas!— Corrieron a tientas por aquel pasillo adentrándose en la habitación no sin antes llevarse por delante las butacas y paredes. Se comenzó a escuchar el ruido de las gotas de agua golpeando contra el techo, la lluvia comenzaba a caer. 

Desde afuera aullidos eran estremecedores por parte de vivos y muertos, además de los estallidos constantes de las armas accionadas intentando salvar sus vidas.

Un mar de muertos se centró en la avenida donde se encontraba Verónica. El grupo se preparó para situaciones como esa, dentro de cada vehículo había una enorme cantidad de cartuchos, y cada uno de ellos disparaba a discreción. 

    —Esto no me gusta— Armando rompió una ventana de cristal con su codo. Para sorpresa de ambos, sintieron el paso apresurado de un jadeante cruzando el techo próximo sin percatarse de ellos. Como un perro que sigue el aroma a miedo emanado por los que estaban en la calle disparando en todas direcciones. Los tres se miraron pero no tenían otra opción que salir. La ventana del segundo piso de aquella casa daba directamente al techo de la edificación vecina.

    —¡Señor nos retiramos en uno de los blindados!— sonó en la radio—. ¿O quiere que mantengamos la posición? ¡Se acercan demasiados, son cientos!

    —Tienen permiso para irse ¡Apresúrense!— contestó Armando al intercomunicador. Alejandro tomaba a la chica ayudándole a salir, la lluvia golpeaba su rostro y empapaba su ropa. Él no sabía que humo daba contra su rostro, si era producto del fuego o del gas lacrimógeno, pero le escocían los ojos rápidamente, no lograba ver bien al cabo de segundos. Bajó a la chica del techo a tientas en plena oscuridad, mientras Armando le pasaba su maletín lleno de armas. Movió su mano por su rostro como reflejo involuntario intentando alejar el ardor desesperante. Por último recurso subió la mirada al cielo dejando que la lluvia le diese de lleno, las gotas grandes eran como líquido prodigioso que le aliviaba. 

    Hubo un chirrido de llantas arrancando, seguido de otro bramido al aire, los talones de las piernas corriendo a gran velocidad contra el asfalto se escuchaban a distancia. 

Luego de intentar lavarse los ojos corrieron los tres por un callejón hasta llegar a la calle próxima, debían cruzarla.

    —¡Debemos llegar a mi casa! La mejor opción sería tomar ese callejón allí al frente, y deberíamos rodear la cuadra y llegar por detrás— Señaló con el dedo la ruta, soplaba un viento fuerte y se observaban zombies saliendo de todos los rincones— Será algo difícil, pero es mejor a tener que cruzar esa zona de allí— Aunque se encontraban lejos se observaba un gran tumulto de muertos agitados, unos sobre otros, parecían comer en varios puntos y un vehículo a lo lejos encendía las luces mientras una multitud de cadáveres intentaban volcarle.

    —Esto me suena a misión suicida— Armando colocó su Magnum en su espalda— Con este subidón de energía pasaremos eso en apenas un par de segundos—. Eran ciertas las palabras de aquel hombre, el chico podía sentir la adrenalina fluyendo por su cuerpo. Observó aquellos cuerpos putrefactos escurriendo agua mezclada con sangre y un liquido negro, sentía los gritos a su alrededor, la presión de llegar a casa, de no ser mordido en el transcurso.    

Cruzaron la calle siguiente en silencio, la lluvia y otros sonidos opacaban su escabullida.

    —¡Son muchos!— Alicia se refirió a la cantidad de muertos en la calle que dejaron atrás. Un centenar de sombras corrían entre la lluvia y el humo. 

    —Da gracias a dios que nosotros no seguimos allí— expresó el mayor del grupo protegiendo el rostro del caudal de agua. 

 Al entrar al callejón se encontraron con un par de mutilados, Alejandro disparó su rifle por estar a la mano y ser silencioso, mientras se observaban pedazos de piel caer de aquellos seres. Sacó una de sus pistolas del bolso acomodada en la banda de su pantalón propinándo un último disparo aquello seres moribundos, hasta ver como dejaban de agonizar y moverse. Los chorros de agua caían y agilizaron el paso, los gritos amainaban, y aquello no parecía buena señal pues aún se sentían muchos pasos alrededor de ellos.

    A él le daba la impresión de que al menos dos olfateadores humanos, de aquellos que corrían en cuatro patas les seguían desde los techos, pero ahora no podía buscarlos. Tomó el cruce de la esquina moviendose con rapidez. 

Alicia iba adelante, la sensación crecía, y el temor de que saltasen sobre ellos le hizo detenerse abruptamente. Se replegó contra la pared, mientras los otros dos no notaban su decisión, sacó su Beretta calibre 40, y esperó un par de segundos, si estaba en lo correcto aparecerían por la esquina en pocos instantes— Tres, dos, uno— Allí estaba, lo primero en observar fue la sombra, y disparó dos veces sin parpadear, un cuerpo verde oscuro rodó cayendo estrepitosamente al suelo lleno de agua. Corrió por mero instinto, y nuevamente aquellas pisadas que le seguían le eran apremiantes. Otro olfateador bajó a por él, escurriéndose entre los charcos y paredes, era un perro sin mandíbula inferior. La criatura se movió rápidamente, sin dejarle tiempo a pensar mucho menos a disparar. Apresuró el paso al cruzar la esquina, podía escuchar el ladrido hueco y grave de aquel ser infectado. 

    Resbaló en un charco y apoyó su pierna en la pared para continuar. Alejandro apresuró aún más el paso, lo podía sentir, estaba cerca.

    Planeó darse vuelta sorpresivamente y disparar cuando observó a Alicia detenida de pie ante otro callejón, Armando forcejeaba delante de ella contra un jadeante, nuevamente el cuchillo de caza salía a relucir, más la chica observaba en otra dirección. Alejandro ya tenía el arma en la mano, alzada, y en ese instante se percató de la escena que la chica veía aterrorizada. 

Un escalofrío recorrió su cuerpo al observar a un jadeante con la que era indudablemente su pérdida M75 Champion apuntándole a la chica, una sensación de muerte próxima invadió su cuerpo, su mente borró toda lógica posible. Aquella bestia estaba parada apuntando en posición de tiro directo, aquello no era cuestión razonable, no había forma que un muerto supiera cómo blandir un arma y accionarla, sin embargo, allí estaba. 

    Sin dejar de correr se lanzó sobre ella, en un impulso desesperado de protección. Pudo sentir el disparo del arma seguido del rugido agobiante de aquel ser, pero él ya se encontraba sobre el frío suelo húmedo, observándola a ella fijamente, repasando en su mente el hecho de no sentir ninguna herida en su cuerpo. No es que deseara las heridas, pero de no ser así, aquello debió impactar en Alicia ¿verdad?. 

Sus manos recorrieron el cuerpo de la chica buscando herida alguna, sin atreverse a decir palabra y temiendo lo peor, ella lo miraba impactada, sus ojos ambarinos penetrantes.

    Sintió el peso de aquel can que le perseguía dar contra su espalda, impactando sobre el bolso lleno de armas. Luego una fuerza descomunal que le jalaba, las cuerdas del bolso negro se aferraron a él. 

Algo había le había tomado por el morral, separándole de la chica, alzándole por los aires. Tomó su pistola del suelo repleto de agua, antes de verse expulsado, sin saber cómo. De súbito era lanzado contra la pared contigua, el bolso lleno de armas dio contra el muro y contra él, sintiendo una punzada fuerte en su espalda. Disparó casi sin sentido a la sombra oscura que se posaba encima de la chica. 

    El perro cayó de bruces al suelo anegado, la lluvia daba contra él. Su respiración le faltaba, no podía ver bien con tanta agua en los ojos y aquel fuerte golpe en su lomo. Sintió unas pisadas acercándose, el peso de las armas le retenía contra el suelo, levantó la mirada y observó a aquel zombi con su arma en la mano, su piel oscura, los labios de su boca habían desaparecido dejando ver las encías directamente y aquella dentadura que ahora sonreía complacida emitiendo aquel jadeo constante. Levantaba la Champion, el chico levantó también su Beretta jalando el gatillo.

    —¡Muerete mald…— La pistola ya no tenía carga, intentó accionarla varias veces, pero nada sucedía, observaba su AR a su derecha fuera de su alcance arrojada cuando él fue expulsado contra el muro— No tendré tiempo de sacar algo del bolso— Pensó en aquel instante mientras observaba los pies de su agresor sumergidos.

    —¡No te lo permitiré!— Una voz fina resonó, el brillo del metal al aire, y el jadeo del muerto cesó. Alejandro levantó la vista con temor, su cuerpo temblaba de principio a fin. Alicia se hallaba espada alzada en mano, la cabeza y parte del hombro del muerto cayeron al suelo, mientras su cuerpo se encontraba aún de pie ante la lluvia, el brazo inerte se tambaleó hasta desplomarse junto al resto del organismo cercenado.

    —Alicia tu…

    —¡Chicos!— Armando cargaba a un muerto y lo arrojaba sobre otro en ese instante. Alejandro tomó su arma del suelo, y a la chica de la mano llevándola consigo. Alicia se hallaba en shock, sorprendida de sí misma, sus ojos vacíos miraban la cabeza que yacía en el suelo. 

    Avanzaron en carrera pasando sobre los cuerpos no sin antes Armando acuchillarlos. El chico se percató como el agua a sus pies se hallaba mezclada con aquel líquido oscuro que en algún tiempo fue sangre. 

Un grupo de mutilados se les interpuso más la AR se hallaba cargada. Ya en el suelo la culata de la Warfare les aniquilaba cualquier rastro de aliento, y así fue el camino hasta la casa del chico. Llegaron por la zona trasera observando una imagen funesta. Más allá, pasando el estacionamiento se encontraban dos autos envueltos en llamas y una multitud de muertos como quienes celebran frente a una fogata. Los tres caminaron silenciosamente hasta entrar, Alejandro cerró y activó el cerco eléctrico previniendo cualquier escena.

    Armando observó por la ventana mientras Alicia se lanzaba sobre el mueble a llorar. La espada rodó por el piso de la habitación. Él no hallaba que hacer, sus manos temblaban, los nervios de la situación le traían malos recuerdos, como una jugarreta de mal gusto. Soltó las armas y fue a lavarse el rostro en el baño, mientras lo hacía se observaba en el espejo de la habitación oscura, recordando a aquel muerto apuntando con el arma, de tan solo recordarlo su mente desechó esa idea, era algo imposible— ¿Qué carajos fue eso? ¿Fue un mero impulso? No creo, sujetaba el arma con firmeza, sabía cómo accionar el gatillo ¿tienen recuerdos? Suena a inteligencia desde cualquier punto de vista— Pensó en voz alta observándose, por un instante deseó tener la planta eléctrica encendida, quería ver su rostro y recordar su humanidad.

    Intentó recuperar la cordura, pero Armando le llamaba desde la sala. Salió del baño no sin antes golpear la puerta fuertemente con su puño, sentía cierta impotencia recorriendo sus venas, llegó a la sala y Armando le señaló a la chica.

    —¡Vamos Alicia! sería bueno tomarse una ducha, para que te relajes, encenderé la planta eléctrica para que tengas agua caliente— Le acompañó hasta la puerta del baño. La chica no emitía sonido alguno, pero tampoco oponía resistencia, él se limitó a dejarla sola y bajar a encender la planta eléctrica. Después de ello subió verificando las luces que daban al exterior se hallasen apagadas, solo funcionaba la luz de la cocina, y el baño. Regresó a la sala— ¿Siguen allí?

    —Se dispersan poco a poco, creo que ya no queda nadie vivo allí— Armando podía hablar en un tono bajo pero audible a distancia.

    —Veo, creo que te traeré la comida— Ambos asintieron. En realidad el muchacho tan solo buscaba una excusa para mantener la mente ocupada y no repasar lo sucedido. Embaló dos piernas de cerdo en papel plástico, tomó enlatados e hizo lo debido, al cabo de media hora estaba listo con cuatro sacos de cereales, las piernas y la comida en la sala. Armando decía que aprovecharía para irse, la calle ya se hallaba bastante tranquila, el vehículo se encontraba a una cuadra de distancia. Aun así, por precaución salió junto con él, debió realizar cuatro viajes cargando insumos. Alejandro se quedó cubriendo la retaguardia hasta verle entrar al automóvil blindado por última vez.

    —Estará bien, el viaje es corto— Pensó regresando. Cerró todo, y se dirigió al baño. Alicia acababa de salir, así que tomó la toalla y entró él, el agua caliente dio contra su cuerpo, y sus lágrimas brotaron. 

Hacía tiempo no sentía esa impotencia ni aquella resignación a morir, y le dio vergüenza de sí mismo. En dos ocasiones estuvo cercano a la muerte ese día, y sentía que había dado tan poco de sí. Sus manos se apoyaban contra la pared dejando el agua correr, deseaba gritar, deseaba entender, se sintió pequeño y tonto por un instante. Aquel sentimiento creció dentro de él llenándole, aturdiendo sus sentidos por un largo rato— ¡Debo mejorar, debo calcular mejor las jugadas, debo entenderlo todo! ¿Qué hiciste hoy Alejandro? casi sacrificas a Alicia dos veces, casi mueres tú mismo— repitió estas palabras mientras su mente se recuperaba del torbellino de ideas y memorias.

    Se colocó algo de ropa interior, una remera y la toalla, al salir apagó la planta eléctrica. Para su sorpresa observó a la chica arrodillada en el suelo a mitad de la sala, tapándose los ojos entre sollozos, su voluntad tembló al quererla animar, comprendía lo que pasaba por su mente. Aquella chica que repudiaba tanto el matar en un arrebato del instante cercenó a un muerto viviente.

    —Alicia— Era difícil, así que se agachó frente a ella— Alicia mírame, te debes de sentir…

    Levantó la vista— ¡Alejandro lo maté! ¡Lo maté!

    —No seas tan dura contigo misma— Tomó su mano, la chica temblaba, y aquello a él le asustaba— Esa cosa ya estaba muerta, no era un ser humano.

    —¡Vi su rostro!— Alicia empezó a mover la cabeza en negación— ¡Dios no permite esa clase de cosas! ¡Fue un error! ¿Qué hice? No fue intencional, solo vi la espada allí y me levanté, de pronto ya la había movido. Yo, yo, la verdad…

    —No puedes ser tan dura contigo misma. Estoy vivo gracias a ti.

    —Oh Dios.

    Le jaló de la mano, sentándola junto a él en el sofá más cercano, posó su mano en su mejilla y le hizo verle a los ojos— Yo no soy Dios y estoy consciente que tú no eres así. Fue un accidente, las cosas se salieron de control, y tu reaccionaste. Me salvaste. 

    —Alejandro lo que me pone peor es que cuando lo hice pensé que era lo lógico ¡Quise hacerlo! Y después al ver su cabeza caer, tampoco me sentí mal ¡Lo maté y no me sentí mal por ello!…

    No sabía cómo darse a entender— Alicia, es cierto que yo no tengo las mismas convicciones que tú, y aunque dijese te entiendo. La verdad es que nadie podría entender cómo puedes sentirte excepto tú misma, pero si me pidieras mi opinión, la verdad estoy feliz de que lo hicieras. Probablemente sea algo malo, pero no puedo evitar sentirme feliz por ello Alicia, no por el hecho de que mataras, sino porque lo hiciste con la intención de salvarme, y eso dice mucho de ti, yo vi que lo hiciste por mi— La chica levantaba la vista— Esa es la Alicia que me gusta ver, lo de hoy fue algo impresionante, y de no ser por ti estaría muerto.

    —Tú eres mi ángel— Alicia sonrió débilmente soltando un par de lágrimas.

    —Pues creo que este ángel te debe la vida por hoy, así que seca esas lágrimas y sonríe un poco— Dijo estas palabras y al percatarse tenía el rostro de la chica a tan solo centímetros de distancia, estaban tan cerca, aun en la oscuridad podía ver sus ojos. 

Tragó saliva, percatandose entonces del estado semidesnudo de ambos. El rubor en las mejillas de ella y esa sonrisa que le dedicó a él. 

Al instante siguiente sintió el roce leve de sus labios finos contra los suyos. Le sorprendió un poco, pero no se apartó, depositó los suyos para sentir su suave aroma y el sabor de su boca.

    Dentro de su cuerpo hubo una explosión de sensaciones, apretó suavemente sus labios, mientras su mano se deslizaba por la cintura de la chica sujetándole contra su cuerpo. Mientras más tiempo transcurría en ese beso suculento más extasiado se sentía. Deseaba más.

    Se detuvieron por un instante, mirándose el uno al otro, impactados de lo ocurrido, él sin pensarlo volvió a besarla. La apretó aún más contra su cuerpo, ella se abalanzó sobre él, quedando ambos recostados sobre el sofá. Era inexplicable pero exquisito, sus manos rápidamente rodearon a la chica, sus piernas se entrelazaron y sin más se volvieron a detener. Alicia se levantó del sofá contrariada, él un poco abochornado ante aquella parada abrupta, se levantó del sofá intentando sonreír. Por su mente pasó el disculparse, pero en realidad no deseaba eso, quería continuar, su pecho hervía.

    Era una situación un poco incómoda, hasta que ella se dio vuelta y él notó que tocaba sus labios con la punta de los dedos. No supo quién se volcó sobre quién, pero se encontraban besándose nuevamente, esta vez de una manera más apasionada, apretados contra la pared. Rodando como en un juego infantil, sonreían mientras se mordían y apretaban los labios, resultaba algo natural, sin planificar. 

Terminaron en la puerta de la habitación de Alejandro, la cual abrió sin pensar, lanzándose abrazados a la cama, las manos de ella se extendían por toda su espalda quitando su ropa. 

Él la besó una y otra vez, sus manos se deslizaron por los hombros, pechos y abdomen, percatandose de la delicada piel en su cintura. Sus labios apretujados pasearon por su rostro, besando sus mejillas, jugueteando en su oreja, descendiendo lentamente por todo su cuello hasta sus hombros, donde le mordió tiernamente. Alicia exhaló un suspiro y sus uñas se hincaron en la espalda de él, su cuerpo se calentaba con un fulgor creciente de su cintura hasta su pecho.

—No, debería, pero esto se siente, muy bien— jadeó ella.

—Si no te detienes yo tampoco lo haré— respondió él. Sus manos en ese instante se hallaban contra el trasero de la chica. Su pelvis se hallaba sobre la de él. Sus senos se frotaban en su pecho y los labios parecían hallarse expuestos para un nuevo ataque. 

Acarició sus mejillas y fue bajando por el centro de su pecho, topándose con su ropa interior, pasando por encima de esta, descendiendo por la estrechez de sus senos firmes hasta llegar a su ombligo. Subió nuevamente llevándose consigo aquel sujetador.

En el exterior la lluvía reanudó con fuerza azotando techo y ventana por igual. El mientras tanto hundió su rostro en su firme pecho. No era una copa voluminosa, pero sin duda estaba bien formada, sus pezones se encontraban increíblemente duros en ese instante y eran exquisitos al contacto contra la lengua. 

—Si, come mis senos, se siente muy bien. 

Las manos de ella se movieron por su espalda hasta llegar a sus glúteos, la mano izquierda de él la sujetaba, mientras la derecha se posaba en su delicado seno, la punta de su dedo jugaba por la zona como con cierta inocencia. Ella habría gritado de haber podido, por en cambio le mordió en el cuello. Su pezón erecto fue víctima de un placer indescifrable al tacto. Cada vez que giraban sus dedos su mente se nublaba y su cintura se movía por sí sola, arqueando su espalda, frotándose contra él. 

—Yo nunca, yo… ¡oh Dios santo!

Los dedos invadieron el fulgor de su intimidad por debajo de la ropa interior. Él se percató de la humedad y el calor de ella, y de la reacción de su cuerpo ante cada movimiento. Al subir y descender por entre los labios de su intimidad, su pecho se hinchaba y su boca propinaba un sonido casi inaudible pero placentero. Los dedos de ella le recorrieron de arriba abajo, rasgándole un poco. 

—Sigue, no se te ocurra parar. 

—¿Dices que nunca..?

—Nunca he tenido sexo— Se detuvo abriendo los ojos y respirando. Luego parecía convulsionar nuevamente cuando los dedos del chico empezaron a frotar con intensidad el punto sensible y húmedo de su clítoris—. Siempre pensé en ello, pero no es que hubieran muchas oportunidades. Y mamá decía siempre que debía guardarme para la persona que amara. 

—Calma, se pondrá mejor. 

Un punto tan sensible, tan erógeno del cuerpo de Alicia fue tocado que un chillido escapó de sus labios. Tomó sus brazos para que no se detuviera, era una corriente divina que le provocaba espasmos y un cosquilleo que meneaba su cintura de arriba abajo en un ritmo frenético. Ella sabía que se hallaba fuera de sí misma. Aquella sensación le estaba embargando, nublando los sentidos. Deseaba todo. Su pelvis se movía con un frenesí increíble y su mente se hallaba en blanco, solo podía disfrutar de cada roce.

Podía gritar de la sensación, pero la voz se escapaba de su ser. Se aferró con las uñas a su espalda y a la sábana. Los dedos de Alejandro en su intimidad se movían ahora más rápido y con ello su mente se nublaba. Solo quería más. Todo su cuerpo iba a estallar, cada célula, cada átomo. Le besó en un mordisco que no controló.

Alicia bajó su mano por todo su pecho, sintió su abdomen con suavidad y descendió aún más. La chica tomó su virilidad entre los dedos con cierto placer y emoción. Era duro y caliente. Podía sentir como aquella parte palpitaba, como si tuviese vida propia y se lanzaba sobre ella. Su entrepierna escurría, quería sentirlo adentro, que la llenara y le hiciera gritar. 

Abrió sus piernas por instinto y con ellas rodeó el cuerpo del chico. La oscuridad no dejó ver como sus ojos se pudieron en blanco, al instante en que aquella parte rozaba con la punta toda su zona. Alicia le sujetó del cabello y atrajo para besarlo. 

El primer impulso dentro de ella fue un rayo de dolor que la recorrió de arriba hasta abajo. Le rasgó de la espalda para que se detuviera, calmó su respiración, percatándose que increíblemente su cuerpo deseaba más— Eso dolió. 

—En verdad nunca habías…

—No ¿Tan extraño es? 

—No tanto, pero sorprende viniendo de una chica tan sexi.

—Gracias. 

—¿Mejor? 

—Ya mejor, sigue. No vayas a parar— expresó ella. Empezó a moverse por sí misma para sentir como aquel miembro duro le rellenaba. Alejandro estaba allí debajo de ella, y el placer la dejaba sin fuerzas. 

Alejandro trató de mantener la compostura, pero aquella zona se hallaba húmeda, y su cuerpo le pedía aún más. Chupó aquellos senos con puntas erguidas y apretó su trasero mientras llenaba todo su interior.

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