CAPÍTULO 5. OCULUS REPARO



No pudo dormir bien en toda la noche, de hecho, no fue sino hasta horas de la mañana cuando logró descansar un poco, ello debido a que recitó tantas veces un par de hechizos que el agotamiento mágico le obligó a caer en la cama casi desmayado.

No podía dejar de pensar en todo lo sucedido, el hecho de ser un mago famoso lo dejaba perturbado, pero por otra parte había tanto por aprender y oportunidades frente a él. Sin contar que el ir a Hogwarts representaba poder salir del 12 de Grimmauld place sin supervisión de Sirius o los elfos. Conocería a otros chicos magos, y podría jugar en escoba cuanto quisiera. 

No podía esperar, sentía que la alegría le iba a explotar en el pecho. Este proceso se repitió de forma cíclica durante todo el mes. A veces solo lo drenaba entrenando o jugando junto a Gali. En otros momentos se tiraba sobre la cama a dar vueltas pensando qué debería hacer apenas llegara, y sobre todo en qué casa del colegio quería entrar.

—Amo Harry— La elfina saltó sobre la cama para tomarlo por los hombros. Tendía a dormir profundo algunas veces— Amo Harry, despierte, el amo Sirius le está llamando. Se le hará tarde.

—¿Llamando? ¿A quien? Los magos no llaman por teléfono Gali— Y se dio media vuelta aún dormido. 

—¡Amo Harry! ¡El amo Sirius le está llamando, debe dirigirse al comedor!— Chilló la elfina. Harry despertó de pronto y buscó las gafas al lado de la cama tratando de analizar las palabras y su acción a tomar. Se lavó la cara en carrera y bajó las escaleras casi olvidándose los pantalones, retrocedió sobre sus pasos y salió nuevamente para encontrar a Sirius de pie en el comedor. 

—Si sigues durmiendo llegarás tarde muchacho— Expresó Sirius tomando otra rebanada de pan tostado para comer— Pensé que querías ir a Hogwarts, no imaginé deseabas aún más quedarte aquí encerrado otro año entero. 

—¿Qué hora es?

—Nueve y media. Apenas te dará tiempo de comer, lavarte y vestirte antes de que salgamos. Espero tengas todo empacado, de otra forma se te quedará. ¿Llevas calzoncillos en el baúl? sería divertido un alumno sin calzoncillos en todo su año escolar.

—Tengo todo empacado— Respondió Harry, aunque Sirius ya lo sabía. Gali había informado que el amo Harry tenía todo empacado desde aproximadamente una semana atrás. 

—Bien. Sé que hace un mes no te di tu regalo de cumpleaños. La verdad es que planeaba regalarte una nimbus, se que la deseabas más que nada Harry. Pero también consideré que sería injusto comprarla, cuando estarías todo el año en el colegio y allí no podrías usarla. Si, lo sé, no me coloques esa cara inexpresiva, comprendo que la quieres, y si, es muy bonita. Yo también considero podría comprarme una. Ahora, el punto creo sería poder dartela apenas regreses del colegio y en base a las notas que tengas. 

Harry asintió sonriendo. Además de ir al colegio, al regresar su flamante y nueva escoba voladora le esperaría. 

—Pero, aún así no puedo dejar pasar tu cumpleaños sin darte nada. 

—No es necesario Sirius. 

—Quizás. Pero considera que es mi placer poder darle algo a mi ahijado— Sirius sacó un pequeño anillo negro de su bolsillo y lo entregó a su ahijado en la mano— Esto es algo que es muy preciado en la familia. Normalmente los anillos sirven para mostrar un linaje, ósea que alguien es miembro de la familia. Pero un lord de una casa tiene otro tipo de anillo que puede entregar a alguien. Este anillo no solo te identifica como parte de la familia Black. Si susurras Vox contra él, podrás dejarme un mensaje grabado. Yo cuando tenga oportunidad lo revisaré, es una forma de comunicarnos que pasa por encima de las cartas. 

—Parece bastante útil. 

—Lo es. Normalmente esto era algo que se usaba en tiempos de guerra, pero me parece que dárselo a mi ahijado cuando inicia su colegio también es importante— Sirius tomó un poco de comida y otro tanto de jugo— Me costó bastante pensarlo. La mitad de las cosas que se me ocurrieron están prohibidas en Hogwarts. 

—¿Cosas como cuales?

—Un mapa, una lámpara, una dotación de poción embellecedora. 

—No necesito poción embellecedora— Se quejó Harry. Reconocía que su cabello rebelde era un problema. Jamás podía cortarlo o peinarlo pues parecía gozar de actitud propia, sin embargo él no pensaba necesitase de una poción embellecedora. Mientras tanto Sirius levantaba un pequeño frasco sonriendo— ¡No necesito eso Sirius!

—Gustarle a Gali no es la mejor referencia Harry. 

—¡Amo!— Gali salió corriendo de la cocina con las manos sobre el rostro, el hombre continuaba agitando la botellita en el aire. 

—Aunque quizás me la quede yo— Repuso luego Sirius— Estoy pensando salir y conquistar a tantas chicas como pueda. Quien sabe y cuando regreses ya exista una nueva señora Black. No creo que sea mala idea hacer a la casa Black numerosa nuevamente, podría sacrificarme y tomarme esta tarea en serio. 

—Sirius… 

—¿Qué? James y yo antes competiamos a ver quien conquistaba más chicas— Sirius notó dijo algo que podía poner en entredicho la reputación de su viejo amigo ante su hijo y buscó remediar las cosas— Claro, eso fue antes de Lily, tu sabes que…

—Ajá. Procura que la próxima señora Black al menos le guste la música y el quidditch, de otra forma no habrá nada que conversar— Harry devoró el emparedado frente a él. Estaba apresurado y emocionado por su próximo viaje al colegio y no podía esperar.

—¿Conversar? ¿Es necesario que sea conversadora?— Inquirió Sirius al ver al chico marcharse de la mesa— Kreacher ¿Qué opinas? ¿La próxima señora Black necesita ser conversadora? 

—Ninguna podrá llegar a los talones de la ama Walburga, serán como meras sabandijas, insectos ante su sola imagen. Si mi pobre ama supiera lo que su hijo…

—¡Si, sí, claro! Ya puedes irte Kreacher, ve a preparar vino, que aparentemente es lo único en lo cual eres bueno— El elfo se retiró y Sirius gritó al chico que subía por las escaleras— ¿Vas a llevarte la consola? 

—¡Si!

—¿Y los libros del sótano?

—¡También!

—¡Solo cinco!

—¿Seis?

—Cinco nada más. Si te los encuentras te los decomisan.

—Bien, pero el de defensa contra maleficios, y el de rituales me los llevo— Respondió el chico. 

—El de rituales vale por dos— Sirius recordaba que la serie de libros sobre rituales, que consistía en siete libros eran muy gruesos y uno de los más cuidados por la familia. Incluso más que el de runas pérdidas y magia de serpiente cornuda.

Harry no necesitó buscar los libros, los tenía metidos desde dos días atrás en el baúl, solo a la espera del momento de partir. Buscó la ropa, el regalo de Gali, el reloj, la fotografía que mantenía al lado de la cama y un afiche de su equipo favorito. Todavía sentía pena al ver la escoba y pensar que no podría llevarsela ni jugar con ella ese año. Era su actividad favorita. Pensó que debía preguntarle a Sirius si practicaban algún otro deporte, él nunca había jugado bolas explosivas. 

Metió el segundo par de gafas, que por alguna razón siempre terminaban rotas y las medias para volar, aunque no las usaría. En ese momento se abrió la puerta, Gali entró llorando con los mocos colgando del rostro. 

—El amo, se va…

—Ya hablamos de esto, te dije que podrías visitarme, además vendré en navidad a pasarla con ustedes— Comentó Harry, pero la elfina se lanzó al suelo boca abajo mientras dramatizaba tocando su pecho con ambas manos. 

—El amo, no va a estar durante un par de meses, que voy a hacer yo— Alzaba un brazo y giraba en el suelo.

—Probablemente atender a Sirius— Comentó el chico divirtiéndose con el espectáculo.

—Estaré totalmente sola en esta enorme casa. 

—Junto a Sirius y Kreacher— Añadió Harry. 

—¿Me va a escribir amo Harry?

—Cada vez que la tierra gire trescientas veces Gali— El chico cerró el baúl examinando la habitación. Aquel era su hogar, el lugar que había visto todos los días durante diez años. Al menos desde que sucedió lo de sus padres… 

—Gali necesitará una carta al menos cada tres giros de la tierra. 

—Cada cien giros y es mi última oferta— Respondió Harry.

—¡Hecho!— La elfina se levantó dejando una marca de humedad en el suelo de madera. Se limpió las lágrimas con el brazo y salió corriendo de la habitación. Abajo Sirius caminó por el pasillo, era fácil escucharle. 

—¡Hora de irnos!

Gali regresó hasta donde estaba Harry y sin previo aviso apareció a mitad de una estación de trenes. Sirius tardó medio segundo en aparecer a su lado. Ni Gali ni Kreacher se hallaban allí, solos los dos hombres y un enorme baúl tan pesado que cualquier muggle habría imaginado que medio elefante fue metido allí a la fuerza. 

Las personas se movían en todas direcciones, algunas señoras caminaban con apariencia tranquila hasta donde se hallaba un guarda de seguridad dando direcciones. Un enorme tren llegaba a su derecha dejando que un torrencial de personas bajaran. Sirius por su parte se mantuvo ocupado buscando un carrito de metal para llevar el pesado baúl. 

—Necesitamos entrar al anden nueve y tres cuartos— Sirius le entregó a Harry un boleto de color dorado donde, en efecto, y para sorpresa del chico, expresaba en números que el anden se trataba del noveno y tres cuartos. 

—¿Qué clase de broma es esta?— Inquirió Harry mirando el ticket. 

—¿No lo descifras?— Preguntó Sirius, y Harry observó todo su alrededor. Podía ver con claridad el andén nueve y el diez. Revisó entonces el piso. Pensando que posiblemente se tratase de un tren subterráneo escondido mágicamente. 

—Es aburrido que seas tan inteligente. Yo casi lloré la primera vez, me trajo fue mi madre y no se dignó a explicarme nada, solo me dejó aquí a mi suerte. No, no está bajo el suelo— Repuso Sirius. 

Harry no prestó atención, notó a una familia que reconoció a primera vista no se trataban de muggles. Actuaban tan fuera de lugar que incluso era impresionante que todas las miradas no se hallaran centradas en ellos.

—¡Ya detente Fred, te dije que no hicieras esa tontería!— Expresó una mujer regordeta de cabello rojizo envuelta por varios chicos con cabellos del mismo color. Un par de ellos vestían túnicas negras, y al lado del resto de las personas cualquiera habría pensado se dirigían a una convención de la edad media. 

—No creo que la mujer note que su cabello en la parte de atrás ahora se ha vuelto amarillo— Expresó un chico largirucho sonriente. A su lado se hallaba su hermano gemelo riendo. 

—O que en la otra mitad ahora es verde. 

—¡No deberían estar haciendo… Nada aquí! ¡Lo saben muy bien!— Expresó la mujer mientras uno de sus hijos corría hasta el muro que dividía los andenes. Fue necesario que Harry centrara su vista en el suceso, en especial porque un grupo de turistas se atravesaron pasando justo en ese momento. Al instante siguiente el chico había desaparecido junto a su carrito lleno de cosas. 

—¿Lo atravesó? — Se inclinó Harry para dirigirse en silencio a su padrino. 

—Si, y esos que ves allí son los Weasley, son primos, segundos o terceros, no recuerdo. 

—¿Son primos?

—La abuela de los niños era Black. No es algo que debas pensar mucho, antes con las cuestiones de la sangre casi todas las familias tenían relaciones entre sí. Tú sabes, para preservar la sangre— Respondió el hombre y Harry se limitó a asentir con la cabeza. 

—Fred, eres el siguiente— Expresó la mujer  a uno de los gemelos. 

—No soy Fred, soy George, ¿De veras, mujer, puedes llamarte nuestra madre? ¿No te das cuenta que soy George?

—Lo siento George, cariño. 

—Estaba bromeando, soy Fred— El chico sonrió y corrió directo a la pared, luego desapareció contra la misma. Harry imaginó que la pared debía tratarse de alguna especie de espejismo o imagen ilusoria, y no un muro sólido. O quizás había algún encantamiento que transportase a algún otro lugar. El hermano gemelo corrió también en dirección a la pared y se desvaneció al atravesarla. 

Sirius entonces comenzó a caminar y acercarse al pequeño grupo restante— Molly Prewett. 

La mujer reaccionó volteando con mal semblante— Soy Molly Weasley —Luego sonrió —¿Sirius? ¿Sirius Black? ¿eres tú?— De pronto alzó los brazos y se acercó para dar un breve abrazo y beso en la mejilla— ¡Cuanto tiempo! ¡Tenía años que siquiera sabía de tu existencia! como desde… 

—Hace unos diez años— Sirius se separó viendo como un niño de aproximadamente la misma edad que Harry se acercaba, al igual que una niña pelirroja. Ninguno de los dos los reconocía, pero conociendo a la familia, no era extraño. 

—¿Tanto tiempo? ¿Qué estuviste haciendo?— Luego durante un instante miró a Harry y expresó— ¿Un niño Sirius?

—Es Harry, el hijo de James. Harry Potter. 

—¡Por Merlín! ¿Harry? ¿de verdad es Harry? — Molly Weasley se llevó las manos al rostro y se acercó al muchacho— Es un placer. Estos dos que ves aquí son mis hijos, Ron y Ginny. Ron tiene la misma edad que tú, será su primer año en Hogwarts— El aludido alzó el brazo en señal de saludo mientras que la niña se escondió detrás de la madre. 

—¿Qué hay de Arthur?— Preguntó Sirius. 

—Ocupado, anoche a alguien se le ocurrió hechizar una bañera, supongo que para calentar agua, y en la mañana la misma estaba persiguiendo a unos muggles por la calle lanzando agua— La mujer parecía bastante molesta, mientras que Sirius reaccionó riendo sobre el asunto. 

—O quizás lo hizo por broma, parece una buena, dile a Arthur que si tiene fotos del asunto las quiero ver— Sirius le guiñó un ojo a Harry e indicó para que se moviera hasta la pared.

—¡No es broma, Sirius!

—¡Díselo a los muggles corriendo por la calle!— Expresó el hombre moviéndose junto a su ahijado por el pasillo hasta que ambos chocaron con la pared. 

Harry sintió un frío recorrer su cuerpo, como si algo de agua le bañase. Luego se encontró frente a sus ojos una enorme locomotora rojo escarlata con negro. Arriba y al frente un rótulo decía “Expreso de Hogwarts” a un lado continuaba “11h”. Se trataba de un andén repleto de gente, gran cantidad de niños, chicos jóvenes junto a familiares y cientos de maletas. Todos se movían a su propio ritmo, apresurados por entrar al tren, despedirse y llevar su equipaje. En los primeros vagones se observaba una enorme cantidad de estudiantes agrupados en las ventanillas. 

Algunos obviamente ya se conocían, pues se arremolinaban conversando, mientras que otros hablaban con sus padres antes de que el tren partiera. 

—Hasta aquí llega mi parte Harry, de ese tren hacía allá estarás solo. 

—Gracias Sirius— Nunca pudo decirle padre o semejante, pero era una figura tan importante, que no podía imaginarse la vida sin él. Abrazó a su padrino antes de mirar nuevamente la locomotora y recibir una mano que alborotaba su cabello. 

—Ve, yo estaré por allá, parece que Molly tiene mucho por decir, y no está mal ver gente luego de tanto tiempo— Harry sonrió sabiendo que su encierro por protección no fue algo que soportó solo él. Sirius había estado en la misma situación durante diez años, sin rechistar o quejarse. 

Se movió y entró al tren, pero su baúl quedó atascado en la entrada. Trató de levantarlo, pero se hallaba bastante pesado. Pensó en quizás llamar a Gali para que le diese una ayuda mágica, pero era demasiado, veía a otros alumnos cargar sus baúles a duras penas para meterlos a sus respectivos vagones. Volvió a intentarlo y falló en afincar el pie, su pierna cedió pasando del escalón y su frente golpeó el baúl. Los lentes se rompieron de pronto. Harry los acomodó y guardó silencio,  miró a los lados deseando que nadie viese su torpeza. Era una mezcla de personas en sus propios asuntos y figuras borrosas. Se colocó los lentes, el de la izquierda se rompió en la parte superior y una fina ranura surcó todo el centro. Se dañaría tarde o temprano. 

—¿Necesitas ayuda? Podemos echarte una mano— Uno de los gemelos que había visto previamente se ofreció a su lado. 

—Si, por favor, esto está… pesado. 

—¡Eh, Fred! ¡Ven a ayudar! 

Los dos chicos hicieron fuerza para levantar el baúl y Harry apenas sujetó un extremo— ¿A cuantos trols muertos llevas aquí?— Preguntó uno de los gemelos, Harry se limitó a sonreir viendo como el equipaje casi se caía a un lado. Lograron subir el par de escalones y arrimarlo hasta uno de los compartimientos y colocarlo bajo los asientos ya que ninguno podía levantarlo por encima de la cintura. 

—Gracias —Expresó Harry limpiando un poco de sudor de su frente.

Un gemelo dio un codazo a otro y este reaccionó preguntando— Entonces es cierto, eres él. 

—¿Él?— Indagó Harry. 

—Harry Potter. 

—¡Ah, si, soy él!— respondió intentando sonreír y no sentirse apenado. No podía concebir todavía que fuese famoso. En especial por algo que no recordaba. 

—¿Fred? ¿George? ¿Están ahí?— Preguntó la señora Weasley, a quien reconoció desde la ventanilla. 

—¡Ya vamos mamá!

Harry tomó asiento en el vagón cerca del vidrio para ver al exterior, luego se movió por el lugar, unas enormes ganas de vomitar le atacaron por los nervios y se acercó a la puerta, pero se calmó y tomó nuevamente asiento sintiéndose aliviado que nadie le viese. 

—¡Harry!— Sirius se acercaba al tren— Recuerda tener cuidado, escribe cuando puedas y tengas tiempo. Usa el anillo solo en caso de necesidad, no para preguntar qué desayunamos. 

—Lo sé Sirius. 

—Si conoces alguna chica mantén la calma y pregunta qué hacer, yo puedo darte buenos consejos. 

—Pero no estás casado Sirius. 

—Cuestión de tiempo muchacho, solo cuestión de tiempo. Quizás cuando regreses ya esté la nueva lady Black instalada ¡No te sorprendas!. 

—¿Cuánto tiempo dura el viaje?

—Unas seis, casi siete horas, dependerá del tiempo. No te entumezcas mucho en el asiento— Sirius alzó la mano— Te extrañaremos en casa. 

Harry sintió ganas de llorar, pero en ese instante el silbato de la locomotora sonó y los chicos comenzaron a subir al tren. Él se quedó observando a su padrino despedirse, sentía que el corazón se le iba a salir, se hallaba emocionado. Oficialmente salía por primera vez sin compañía alguna. Estaba solo en el mundo mágico. El tren giró y dejó de observar a su padrino y los andenes. 

—¿Hay alguien sentado ahí?— Harry volteó para ver a un chico pelirrojo, lo reconoció como uno de los miembros de la familia Weasley, pero no recordó su nombre— Todos los demás vagones están llenos. 

—No, no hay nadie— Expresó Harry tomando asiento. En eso el par de gemelos se acercaron a la compuerta entreabierta y observaron a su hermano. 

—Eh, Ron. Nosotros vamos a la mitad del tren, porque Lee Jordan tiene una tarántula gigante y vamos a verla— Harry escuchó aquello y abrió los ojos, no sabía que permitieran ese animal, de hecho creía que la carta expresó claramente que solo se podían gatos, sapos y lechuzas. Pero no estaba seguro— ¿Quieres verla? 

—No— Respondió el menor de los hermanos— Yo me quedo aquí. 

—Harry— Expresó uno de los gemelos— ¿Te hemos dicho quienes somos? Soy Fred y él es George Weasley. Y este de acá es Ron, nuestro hermano menor. No sabíamos que eras familia de Sirius, mamá nos contó hace un momento. 

—Es mi padrino. 

—¡Ah! Eso lo explica. Bueno, nos veremos después, entonces— Con estas palabras ambos dejaron el vagón y avanzaron por el pasillo. 

—Nos vemos— Respondió Harry.

—¿Eres realmente Harry Potter?— Preguntó Ron frente a él arrugando el entrecejo, parecía examinarle con la mirada. 

—Si. 

—¿Y tienes eso, ya sabes, en la frente?— Continuó interrogando al muchacho. Harry sintió ganas de reír ante el hecho, nunca había visto a nadie interesado en su cicatriz. 

—Si— Se levantó un poco el cabello para que el otro lo viese claramente. 

—Mi mamá comentó que Dumbledore dijo que tenías esa marca ¿Te la hizo tu sabes quien? ¿Te acuerdas? 

—No, no recuerdo nada— Admitió Harry. Tampoco deseaba recordarlo, era algo de lo cual no le agradaba hablar. La muerte de sus padres. Sirius era la figura que conoció toda su vida, y era excelente en su labor de criarle, pero siempre se preguntaba cómo habría sido si sus padres vivieran. Voldemort por su parte le arrebató toda oportunidad de aquello. A veces sentía que si se ponía a pensar mucho en eso, vería la muerte de sus padres, y no lo deseaba en lo absoluto. 

—¿Nada? 

—Nada. Tu pareces tener varios hermanos, me habría gustado tener varios. 

—No es tan bueno. Nunca estreno nada, todo ya ha sido usado por mis hermanos mayores en algún momento. Bill y Charlie ya terminaron la escuela, Bill era delegado de clase y Charlie era capitán del equipo de quidditch. Ahora Percy es prefecto. Fred y George, los gemelos, son revoltosos, pero a pesar de eso sacan muy buenas notas y todos los consideran divertidos. Todos dicen que va a irme muy bien, pero nadie espera realmente nada, todos ya hicieron algunas cosas, no habría sorpresa. Me dieron la vieja túnica de Bill, la rata de Percy y la varita de Charlie. Te imaginarás. 

—Yo nunca había usado una túnica hasta hace un mes que fui por primera vez al callejón Diagon a probarme una para ir al colegio. 

—¿Primera vez en el callejón? ¿Y donde compran las cosas mágicas? 

—No lo sé. Nunca he salido mucho de mi casa. Me gusta mucho jugar en la consola a aliens invasores— Comentó Harry hundiendo los hombros

—¿Una consola?— Preguntó el chico pelirrojo. 

—¿No sabes que es una consola?— El chico negó con la cabeza— Es una máquina que conectas al televisor para que haga que las imágenes se muevan mientras tú las controlas— Trató de explicarse Harry. 

—¿Qué sentido tiene controlarlas? 

—Pues…— Era difícil de explicar. En el mundo mágico las fotos se movían, mientras que para los muggles no, por eso estos últimos habían inventado cosas como los videojuegos o los videos, donde las imágenes se movían. En el primero, las personas podían manipular a ciertos personajes a fin de pasar obstáculos, pero no sabía como dar a entender todo eso.

—¿Quieres ver a mi rata? Se llama Scabbers. No sirve para nada y casi nunca se despierta. A Percy papá le regaló una lechuza, así que me la dieron a mi— El chico sacó de su chaqueta una enorme rata gris y la colocó sobre sus piernas. 

—Parece que está vieja. 

—Si, lleva muchos años en mi familia, es bastante perezosa— Admitió Ron chasqueando la lengua. 

—Yo no traje ninguna mascota, no tengo. 

—¡Oh!— El chico pareció sentirse bien por primera vez de tener algo que otros no y acarició a la vieja rata por la espalda— Mis hermanos me enseñaron un hechizo para volverla amarilla. Pero como estaba en casa, ya sabes, no podía hacer magia. 

Harry no quiso revelarle el secreto al chico, aparentemente era un acuerdo tácito que todos los adultos mantenían a los menores; el resto del mundo mágico le decía a los chicos que, no podían hacer magia hasta cierta edad. Él por su parte había practicado hasta altas horas de la noche todos los días anteriores. 

—El hechizo…

—¿Quieren algo del carrito guapos?— Una mujer quizás en sus treinta se asomó por la puerta del vagón sonriendo. Los hoyuelos se marcaron de forma pronunciada en sus mejillas. Frente a ella se hallaba un carrito repleto de golosinas, también algo de comida y bebidas en la parte inferior. 

Harry observó el carro buscando algo dulce para pasar el rato, y si era posible alguna bebida— ¿Tiene algo caliente para tomar? 

—Hay cocoa de maní y especias. También hay chocolate— repuso la mujer, por lo cual Harry se levantó del asiento buscando en su bolsillo un par de galeones y sickles. Compró un termo de chocolate caliente, notando que avanzaban mucho más rápido por un terreno verde lleno de vacas. Luego puso sus ojos en un par de golosinas que no había comido jamás y compró un par de ellas.  No le gustaban las varitas de regaliz, pero las grageas de Bertie Bott de todos los sabores eran unas de sus preferidas. Sirius mantenía de estas en la despensa. Una vez probó una con sabor a tierra, y otra tan asquerosa que debió correr a vomitar en el baño, aparentemente fue algo como huevo podrido. 

El resto del tiempo eran muy sabrosas, con sabores como piña colada, fresa, mora, mango, pasta dental, y pan de frutas con almendras. 

Pagó lo que se le antojó y se sentó en el asiento sirviendose un poco de chocolate caliente— ¿Quieres algo? 

—Mi madre me preparó emparedado, siempre olvida que no me gusta la carne en conserva. Pero como somos cinco, ya sabes, no le da tiempo de nada. 

—Puedes agarrar algo si quieres— Comentó Harry abriendo un paquete de ranas de chocolate. Había escuchado a Gali hablar de ellas, pero nunca las probó previamente. Al abrirla la rana dió un pequeño salto de su empaque y el chico se sorprendió. Quedó estampada en la ventana, de donde pudo tomarla para darle un mordisco. El sabor era el de chocolate de leche dulce y cremoso. Pero la sensación e idea de meterse una rana viva a su boca no era la mejor, por lo cual abandonó tal golosina. En cambio se fijó en un croma que había en el fondo del empaque. 

—¿Cual te salió?— Preguntó Ron. 

—Dumbledore— Comentó Harry viendo al viejo con gafas de media luna. Le reconocía bien, lo había visto un par de veces en la casa Black, aunque era muy pequeño en ese entonces, quizás con seis o siete años. 

—A mi me falta Ptolomeo y Agripa. Tengo muchos, como quinientos, Morgana y Dumbledore son de los que más salen. 

Harry leyó por su parte la parte posterior del croma de Albus Dumbledore: 

Albus Dumbledore, actualmente director de Hogwarts. Considerado por casi todo el mundo como el mago más grande del tiempo presente. Dumbledore, es particularmente famoso por derrotar al mago tenebroso Grindelwald en 1945, por el descubrimiento de las doce aplicaciones de la sangre de dragón, y por su trabajo en alquimia con su compañero Nicolas Flamel. El profesor Dumbledore es aficionado a la música de cámara y a los bolos. 

Harry sonrió y dio la vuelta al croma. La figura de Dumbledore había desaparecido. Aunque estaba seguro que ya volvería y tampoco le veía mucho valor al coleccionable. 

—Tomaré uno, quizás me toque Agripa. Dicen que es muy difícil y puede valer una fortuna— Expresó Ron— ¡Morgana de nuevo! ¿La quieres? ¿Podrías coleccionarlas?

—No creo— Respondió Harry dejando las ranas de chocolate de lado, seguiría confiando en las grageas de todos los sabores, a pesar de su factor sorpresa; mientras veía el campo por la ventanilla. Los paisajes se movían muy rápido frente a sus ojos y el tiempo del mediodía comenzaba a tornarse algo frío. Definitivamente se movían rumbo al norte. Había visitado un antiguo campo de quidditch junto a Sirius cerca de Escocia una vez, reconocía el frío característico. 

—Perdón— La puerta del compartimiento se abrió para mostrar a un pequeño chico de rostro redondo— ¿Por casualidad no habrán visto un sapo?— preguntó. 

—No— Respondió Harry, mientras que Ron tan solo negó con la cabeza, se hallaba intentando recordar el hechizo para cambiar de color su rata. 

—¡Lo he perdido! ¡Se me escapa todo el tiempo!

—Ya aparecerá, es factible que corriese por los vagones— Comentó Harry. 

—Si, bueno, lo buscaré por el pasillo— Respondió el chico cerrando la compuerta. 

—No sé por qué está tan triste, si yo hubiese traído un sapo, lo habría perdido lo más rápido posible. Aunque no puedo decir nada, he traído a Scabbers— Se quejó el pelirrojo bajando la cabeza— Creo que ya me acordé del hechizo ¿Quieres ver?— Preguntó y Harry se encogió de hombros sentándose. 

El chico mostró su varita, esta era vieja. Se notaba por lo gastado astillado de la madera. En la punta se observaba un pequeño filamento blanco que Harry adivinó que debería ser cabello de unicornio. Había leído el libro de criaturas mágicas previamente. En la mayoría de Europa y otros países los ingredientes para varitas estaban reglamentados, siendo fenixs, dragones y unicornios los más usados. 

—¡Rayo de sol, margaritas, convertid en amarilla esta tonta ratita!— Expresó y agitó la varita en dirección a la rata. Un chorro de chispas salió de la varita pero apenas si rozaron a la rata que continuó dormida en sus piernas. 

Ambos voltearon, el compartimiento fue abierto nuevamente. El chico del sapo perdido se hallaba detrás de una chica de cabello castaño y dientes largos. Vestía la túnica de Hogwarts y su expresión era seria. Rápidamente examinó el compartimiento antes de hablar— ¿Han visto un sapo? Neville perdió uno. 

—¡No!— Respondió Ron— Ya le dijimos que no. 

—¿Estaban haciendo magia?— Neville detrás de la chica se movió nuevamente por el pasillo, mientras que la niña pasó dentro del compartimiento y se sentó. Harry sintió un aroma que reconocía de parte de ella. Así olía la biblioteca de su casa, o los libros viejos— ¿Puedo ver?

—Estaba intentando cambiar el color de mi rata— Comentó Ron— Pero no ha funcionado a la primera— Aclaró la garganta y volvió a recitar apuntando la varita en dirección al animal obre sus piernas— ¡Rayo de sol, margaritas, convertíd en amarilla u esta tonta ratita”— Nuevamente salieron chispas amarillas que chocaron contra la rata. Esta vez el animal reaccionó moviéndose hasta la chaqueta para ocultarse.

Harry tuvo un par de pensamientos, pero prefirió guardarlos. En cambio la chica a su lado expresó en forma clara parte de lo que él pensaba. 

—¿Estás seguro que es un hechizo? Bueno, no es muy efectivo ¿no? No conozco hechizos así de largos, aunque sí leí que las personas antes usaban cánticos. Yo probé unos pocos sencillos, solo para practicar, y funcionaron. Aunque me enviaron una lechuza a la casa— Bajó la mirada.

—¿Sabes hacer magia? ¿Qué hechizos conoces?— Preguntó Harry. 

—Muy pocos, alohomora, fermaportus, aguamenti o… — Miró a Harry directamente y con una sonrisa sacó su varita y apuntó al rostro. Harry reaccionó al instante sacando la suya, listo para defenderse, pero luego algo le hizo detenerse y esperar— ¡Oculus reparo!— Mencionó la chica, el chico notó como el cristal de los lentes se unió nuevamente y un pequeño doblez en la montura volvió a su punto original. 

—Presumida— Se escuchó el susurro de Ron.

—Eso fue muy bueno— Admitió Harry aún con la varita en la mano. Había estado a punto de hechizar a la chica, pero Sirius había dicho que nadie allí le haría daño. Además ella no parecía ir con malas intenciones, pudo percibirlo— He usado reparo un par de veces antes, pero no sabía el hechizo específico para las gafas— Se las quitó y examinó antes de colocarlas de nuevo para poder ver. 

—Gracias— La niña de pelo enmarañado sonrió y se ruborizó un poco— Nadie en mi familia es mago, hubo un día donde accidentalmente hice crecer los dientes de una señora. Fue toda una sorpresa cuando recibí mi carta. La profesora Minerva McGonagall fue hasta mi casa para poder explicarme a mí y a mis padres. Estaba muy contenta, Hogwarts es la mejor escuela de magia, o eso tengo entendido. Ya he aprendido todos los libros de memoria, aunque no sé si sea suficiente. Yo soy Hermione Granger ¿Y ustedes son?

—Soy Ron Weasley— Expresó el chico de cabello rojizo. 

—Soy Harry Potter— dijo Harry— Yo también me he leído los libros, pero no todos, solo los que me llamaron la atención.

—¿Eres Harry Potter?— dijo Hermione— Lo sé todo sobre tí, por supuesto conseguí un par de libros extras para prepararme más, tú estás en Historia de la magia moderna, Defensa contra las artes oscuras, y en Grandes eventos mágicos del siglo XX.

 —¿Estoy en todos esos? No sabía. Si vi mi nombre en defensa contra las artes oscuras. Pero solo me mencionan como…

—El único que ha sobrevivido a la maldición asesina— Recitó Hermione acordándose de las palabras— es de los mejores. 

—Pero no especifica cómo sucedió. Y yo no recuerdo nada— Se encogió de hombros Harry. Ron por su parte hizo una mueca que este no comprendió y continuó— Me puse a leer porque estaba nervioso, no me pude concentrar y terminé leyendo a ver que aprendía antes de llegar a la escuela. pensé que de seguro muchos chicos llegarían sabiendo un centenar de hechizos. 

—¡Yo pensé lo mismo!— Comentó la niña— Pensé que estaría muy atrasada frente a los demás. Mi papá me pidió que dejase de leer en las madrugadas, pero mamá le dijo que era normal, que se debía a los nervios. 

—Yo tampoco podía dormir, pero cuando me cansaba buscaba la consola para jugar— Se lamentó de mencionar la consola. Ron seguía sin comprender el funcionamiento de tal aparato. En eso a Hermione se le iluminaron los ojos. 

—¿Tienes una consola en tu casa? ¿Cual? he visto el nintendo un par de veces y…

—No tengo una nintendo, solo un atari, es viejo pero tengo bastantes juegos. 

—He jugado atari un par de veces. Pero nunca me quedo mucho rato, soy más de leer— Comentó Hermione. 

—Yo me traje mi consola, pero no sé si tendré tiempo para jugar, mi padrino hizo un hechizo de extensión para que todo entrase en la maleta, está bastante pesada ahora— Admitió Harry. 

—¿La trajiste contigo? ¿A Hogwarts?

—Si— Se encogió de hombros Harry. 

—Te aseguro que a ningún chico mago se le debió ocurrir eso antes. Quiero decir, no están muy acostumbrados a los videojuegos. 

—Lo sé. Pero supuse que podría pasar algo de la noche jugando. Pensando que no se nos permitirá jugar quidditch— Comentó Harry tomando el termo con chocolate. La chica se acomodó en el asiento cuando Harry le compartió a ella y a Ron un vaso de líquido caliente— Aunque siempre podría practicar algo de magia. Si en algún momento quieren jugar, solo tienen que avisarme. 

—Yo quiero ser una gran maga. Dejar mi nombre en los libros de historia como Hermione Granger— Alzó el brazo justo al frente, como si visualizara su nombre escrito en algún lugar— No hay buenos precendentes con los de mi clase. 

—¿Tu clase?— Preguntó Harry. Ron ahora se hallaba enfurruñado mirando en otra dirección. Había aceptado el vaso de chocolate, pero no parecía disfrutar de la conversación como él. 

—Tú sabes, por lo que mis padres no son mágicos. 

—Ah, muggles. Mi madre también fue hija de muggles, así que mi sangre no es exactamente pura— Expresó Harry— Además, según me explicó mi padrino. La mayoría de las familias de magos se han mezclado en algún momento con muggles. Son muy pocos los que han mantenido eso de la pureza de la sangre, algunos incluso se casaban entre hermanos y cosas así.

—Leí un poco sobre eso, pero no pude leer el libro de los sagrados veintiocho— Alegó Hermione tomando un sorbo de chocolate. Harry reconoció el libro. Lo conocía bastante bien debido a que en la casa Black este se hallaba en la repisa del cuarto de estudio. Los sagrados veintiocho era un libro con la genealogía y explicación del linaje de las veintiocho familias más importantes para el Reino Unido mágico hace muchos años atrás. 

—Yo sí lo he leído— Comentó sin sentirse muy orgulloso al respecto. 

—¿Has leído los sagrado veintiocho?— Hermione abrió los ojos— ¿Tienes el libro allí?

—No lo traje— Admitió, nunca le vio valor a tal libro— No pensé que fuese necesario. Está en mi casa.

—¿De verdad? Me gustaría leerlo alguna vez para comprender los lazos de algunas familias— Expresó la chica— Es mejor estar informada sobre lo sucedido antes—. Guardaron un rato silencio viendo el paisaje mientras que la locomotora avanzaba por diversos campos y comenzaba a ascender lentamente, con una inclinación apenas percibible— Debería ver si Neville consiguió a su sapo, le dije que debía preguntarle a todos, pero parece ser un poco retraído para hablar con otros. 

—De seguro lo consigue— Comentó Harry notando que la niña observaba un pequeño pastel de carne que había comprado. Se lo dio sin pensarlo. 

—¿En qué casa del colegio quieres estar?— Preguntó ella mordiendo el pastel, masticó y tragó antes que Harry mencionase algo— He averiguado un poco preguntando a los demás. Hufflepuff parece ser una casa tranquila, Ravenclaw es para los inteligentes, por eso no me molestaría estar en esa. Gryffindor parece ser la mejor, dicen que Dumbledore estuvo en esa. 

—Cualquiera es buena, a excepción de Slytherin— Intervino por primera vez Ron— Sé que todos los magos tenebrosos han estado en Slytherin, incluyendo a ustedes saben quien. Toda mi familia ha estado en Gryffindor, supongo que se sorprenderán si caigo en alguna otra.

—Bueno, eso lo decide, no quiero estar en Slytherin— Comentó Harry. 

—Preguntaba porque se supone que es difícil pasar tiempo con gente que no es de tu propia casa— Repuso la niña hundiéndose en el asiento— Pero no sé cómo vamos a ser elegidos, supongo que será alguna especie de prueba o algo, me pone nerviosa el solo pensarlo. Intenté averiguarlo en Historia de Hogwarts, pero no dice nada sobre la prueba, solo dice un par de cosas y menciona los sombreros, pero nada más. Supongo que es secreto.

—No te pongas nerviosa. Sabes hacer hechizos bastante bien a pesar de saber que eras una maga hace tan poco, yo solo me se un par. Los he practicado durante bastante tiempo, mi padrino insistió en eso hace años— Alegó Harry. 

—Espera, se supone que no deberías…— Se iba a quejar Ron con los ojos muy abiertos, pero la puerta del compartimiento de pronto se abrió. Tres chicos se hallaban frente a esta, dos pequeños regordetes en la parte de atrás, y uno delgado de ojos agudos y cabello amarillo justo al frente. 

—Todos en el tren están diciendo que Harry Potter ha venido a Hogwarts— Repasó a los tres chicos y luego se dirigió a Harry con la vista— ¿Eres tú?

—Si, un placer soy Harry Potter— Harry se levantó y se acercó para estrechar la mano del otro chico.

—El placer es mío, soy Draco, Draco Malfoy, y ellos son Crabbe y Goyle— Las palabras de Malfoy fueron ligeramente interrumpidas por una risita proveniente de Ron. Tanto Malfoy como Harry giraron sus cabezas para ver al otro— ¿Te parece gracioso mi nombre? No necesito preguntar el tuyo. Debes ser un Weasley, mi padre me lo dijo, todos pelirrojos, tontos y distraídos, ropa vieja, con pecas y más hijos que los que pueden mantener— Harry se separó un paso de Malfoy— Verás Potter, pronto te darás cuenta que algunas familias de magos son mejores que otras, no te conviene estar junto a los equivocados— Luego observó a la chica sentada a la derecha— Y que hay algunos magos que no merecen la magia, su sangre…

—Creo poder reconocer por mi propia cuenta quien está equivocado o no, Draco— Respondió Harry. Sentía una seria aversión por aquel estigma de la sangre mágica, era algo que destruyó a la familia de su padrino.

Malfoy se detuvo a mirar a Harry, luego de nuevo a la pequeña— Debes aprender a elegir mejor Potter, o podrías terminar igual que tus padres. Si sigues con gentuza como los Weasley o…— No tuvo tiempo de expresar palabras. Harry había sacado su varita y colocado esta contra el rostro del chico de cabello amarillo. 

—Una palabras más Malfoy— Susurró. 

—¡Harry no, te expulsarán!— Gritó Hermione a su espalda, pero aquello no le importó. Sabía que Malfoy estaba a poco de llamar de forma muy repulsiva a Hermione. Quizás ella, como alguien que recién entraba en contacto con el mundo mágico no lo sabía, pero a Harry no le importó. 

—¡Crabbe, Goyle! Parece que Potter tiene más agallas que sus padres y quiere pelear desde el inicio— Repuso Draco. No tuvo tiempo a decir nada más. Crabbe que se iba a mover hacia adelante con su puño en alto, en ese instante fue apuntado por Harry. 

—¡Confundus!— El chico giró de pronto sobre su propio eje y el puño impactó directo en el rostro de Malfoy, quien cayó hacia atrás sorprendido y molesto. Trató de sacar su varita. Pero Harry estaba preparado para quello, un trío de niños no era siquiera una competencia. Había entrenado junto a Sirius para enfrentar seguidores del señor tenebroso, esto era simplemente un juego. 

—Protego— Expresó Harry moviendo la varita para desplegar una barrera que se emplazó en la entrada del compartimiento. 

—¡Desmaius!— El hechizo viajó, pero chocó contra la barrera y se disipó en el aire—¡Ya verás Potter! ¡Les diré que acabas de hacer magia!— Comentó Malfoy comprendiendo que no podía lanzar ningún hechizo que rompiera la barrera que parecía del grueso de una pared. 

—También puedes decirles que te acabo de vencer, que terminaste con la cara golpeada y que no pudiste romper siquiera mi barrera— Expresó Harry moviéndose para cerrar la puerta del compartimiento. 

—¡Eso fue increíble!— Expresó Ron, quien se hallaba contra la ventanilla con cara de susto.

—Eso fue peligroso Harry— Expresó la niña a su lado— pero gracias por defenderme. 

—No fue peligroso. De hecho, el confundus no cuenta siquiera como un ataque. Cuando el gordito se lanzó a golpearme, lo agradecí, de otra forma habría tenido que usar un desmaius, y eso si era peligroso— Comentó Harry sentándose. 

—¿Y decías que yo sé hacer buenos hechizos?— Expresó Hermione— Nunca habría podido hacer algo como eso— Observó la sección de la puerta, donde el hechizo protego continuaba en efecto. Era grueso y fue conjurado tan rápido para parecer incluso casi sólido. Miró a Harry con intriga ¿qué clase de vida había vivido él para responder así a una pelea?

—Lo siento. Probablemente tendré que acompañarte a tu compartimiento para buscar tus cosas. Malfoy podrá esperar afuera para hacer alguna tontería— Comentó Harry en dirección a Hermione. 

—¿Conocías a Malfoy?— Preguntó Ron. Harry negó con la cabeza ante la pregunta— Pensé que sí. Mi papá comentó que el papá de Malfoy fue un seguidor de tu sabes quién, pero no hubo pruebas para poder encerrarlo. 

—¡Es tarde!— Hermione de pronto se levantó del asiento— ¡Deberían cambiarse, tenemos que llegar con las túnicas puestas al colegio!

—¿Te acompaño?— Preguntó Harry deshaciendo el hechizo previo— Finite. 

—¿Te dará tiempo?— Inquirió la chica. 

—Vamos— Comentó Harry abriendo la puerta del compartimiento para acompañar a su nueva amiga. 

Estaba saliendo cuando escuchó la voz de Ron— Cualquiera que sea la casa que me toque, espero que ella no esté— Harry no respondió ante el comentario, pero no estaba de acuerdo. 

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