CAPÍTULO 5. LAS TRES LEYENDAS

—Dime que va a estar bien —Se notaba la angustia en sus labios y el ligero temblor en las manos de Claudia.

—Eso creo.

—¿Crees? ¿Crees Ale?

—Tiene una costilla rota y acabo de coser la herida, podría haber sangrado interno, pero no se, no soy experto en medicina, solo sé lo más básico, lo único que podemos hacer es llevarla al Armonia y esperar que todo salga bien.

—Apúrate entonces —Claudia apretaba a Xander contra su pecho, mientras este se molestaba e intentaba escapar. Alejandro encendió nuevamente la embarcación y dirigió curso al Armonia, luego de haberse detenido en el mar para atender a la chica.

—¿Qué fue lo que paso?

—No tengo idea, habían demasiados muertos, apenas pudimos salir del bosque, y eso porque caímos por la pendiente y el gato recibió los impactos, pero la ciudad estaba igual de infestada, Karla viró un par de veces intentando esquivarles. Recuerdo que tomé a Xander, pero después me golpee y no recuerdo nada mas.

—El vehículo estaba aplastado de cabeza.

—Debimos volcarnos.

—Y un bestial debió pasar por encima de ustedes, el lo único con la fuerza suficiente para haber hundido el metal así.

—¿Un bestial?

—Lo más seguro.

—Odio a los bestiales, no juegan limpio, es demasiado… —Se quejó Claudia soltando a Xander.

—Dudo mucho que les importe jugar limpio.

—¿Cómo llegaron a la casa Ale? ¿Cómo sabían donde encontrarnos? Eran demasiados.

—No tengo idea, pero sabían que estábamos allí, fue muy premeditado, algo muy inteligente.

—Me dio miedo, hace mucho que…

—Que no tenías que enfrentarlos así…

—Bueno, yo en realidad nunca los enfrenté como tal, solo te seguía, fui más un estorbo que ayuda siempre, tu me salvaste siempre —Aclaró la chica.

—Pero sabes que no podré hacerlo siempre Claudia.

—Lo sé Ale, lo sé, y sabes que he estado trabajando en ello, te dije para acompañarte la otra vez, estoy lista.

—¿Lo estás?

—Bueno, tanto como alguien puede estar listo, supongo.

—¿Anoche sentiste estar lista?

—No, en realidad solo sentí miedo, y necesidad de salvarme a como diera lugar, y de salvar a Xander, y de que todos estuviésemos bien —Expresó ella con cierto pesar.

—Bueno, quizás si estés lista.

—¿Si?

—Nunca se está listo del todo Clau, esa es la realidad, pero la necesidad de proteger a alguien más, eso nos da fuerza. Además sé que has trabajado duro.

—Gracias —Sonrió complacida de recibir el halago —¿qué tan lejos está el Armonia?

—A todo un día de camino.

—Estoy preocupada por Karla —Comentó mientras tomaba a Xander por el brazo pues quería correr cerca de la baranda.

—Despertará, solo hay que dejarla descansar, que se reponga.

—¿Y si es algo grave?

—Lo único que puedo hacer por ahora es acelerar Clau… —Respondió algo cortante, se hallaba nervioso, con mayor tensión de lo normal, y ya estaba con el bote al máximo de su capacidad —Lo siento, estoy algo…

—Esta bien Ale —La chica se acercó a darle un beso en la mejilla —Yo también estoy al borde.

—Intentaré comunicarme con el Armonia a ver si pueden enviar una embarcación más rápida a buscarnos.

—Que venga algún médico con ellos.

—Si, eso también —Tomó el comunicador al tiempo que la chica salía de la cabina y salteaban una gran ola. Alejandro se hallaba más que preocupado, temía por la vida de Karla, su pecho era un vacío enorme y doliente y su cerebro un cúmulo de pensamientos sobre posible sangrado y métodos para saberlo y tratarlo.

Había estudiado, pero la realidad es que la teoría no bastaba, y la mayoría de sus conocimientos se remitían a los muertos, de los vivos era un ignorante. Nadie respondió al llamado y la tensión creció.

Las siguiente cinco horas fueron silenciosas salvo por el llanto de Xander molesto por no poder correr a sus anchas, Claudia permaneció la mayoría del tiempo pegada a la cama de Karla, dejándole al chico la tarea de manejar; después de más de treinta intentos el Armonia respondió y aseguró enviarles ayuda inmediata.

—¡Despertó! —Fue el grito que le hizo correr hasta el camarote para encontrar a Claudia llorando besando la frente de la otra.

—Hola —La observó hablar, por alguna razón sonreía calmada, él por su parte estaba hecho trizas, deseando llorar, o sentirse agradecido y bendecido por tenerla de nuevo.

—Hola —Contestó Alejandro acercándose.

—Siento como si un autobús me pasó por encima.

—Probablemente así fue.

—Gracias, gracias, gracias —Sollozaba Claudia besándole la frente.

—Calma, ¿Xander?

—Se quedó dormido luego de llorar un buen rato —Contestó la más joven —Se molestó porque lo acosté…

—Entiendo.

—Nos asustaste —Alejandro se sentó a un costado de la cama para acariciar su cabello.

—Perdón.

—No nos vuelvas a hacer eso Karla, jamás, estaba… —Claudia rompió a llorar sin control —Me dio miedo que te fueras, de verdad.

—¿Adonde me voy a ir? A los muertos no les gustan las morenas sexys, te lo he dicho.

—No bromees con eso, estoy feliz de que estés bien.

—Deja de hablar y descansa —Fueron las palabras del chico.

—Pero si acaba de…

—Precisamente Clau, acaba de despertar, déjala descansar, perdió bastante sangre y aun tiene esa herida a medio coser por mi, necesita descansar, reposar —Y con esto brindó un beso a Karla y sacó a la otra de la habitación.

—No es justo.

—No puede estar hablando ahora, tampoco moviéndose, aun no sabemos como está del todo.

—Pero ya despertó, eso es algo —Expresó la chica.

—No sé, no me quiero confiar, quiero que esté bien, quiero llegar al Armonia de inmediato.

Milena llegó junto a un grupo a la embarcación pasada media hora. No hubo comentarios innecesarios ni parloteó, se acercó de inmediato al camarote y dando un par de ordenes abordaron la otra embarcación siendo atendidos por un grupo.

—Sus valores son muy erráticos Alejandro —Notó la preocupación en el rostro serio de la mujer, y este se contagió a él; el silencio reinó durante el trayecto, en el cual un par de hombres conducían y Milena se encerró con Karla en la recamara.

La llegada al Armonia tardo media hora más, momentos en lo cuales debió aguantar la angustia y mantener silencio para no mortificar más a Claudia.

Arriba, esperándoles se hallaba Armando, las primeras en subir fueron Karla y Milena a borde de una trampilla especial. Alejandro cargó a Xander para subir por las escaleras, era de noche, el viento era gélido y lleno de humedad, pero lo más impresionante al llegar fue la cantidad de gente que esperaba de pie.

Una muchedumbre era contenida por un grupo de hombres para brindarles paso hasta las cabinas principales. Las miradas iban dirigidas directamente a ellos y los chuchicheos pulularon de inmediato, la exaltación llegó a punto en el cual Claudia le tomó la mano mientras avanzaban.

—¿Y Karla? —Fue la pregunta de Alejandro al llegar y cerrar la cabina tras de sí, Armando mientras tanto observaba por la ventanilla del casco vigilando la cubierta.

—Milena dijo que necesita operación, y sangre, perdió demasiada.

—Lo sé —La traje lo más rápido que pude.

—¿Qué sucedió chico? —Preguntó Armando sentándose, no sin antes despedir de la cabina al par de hombres que cuidaban la misma.

—Nos atacaron anoche, fue…

—Fue una multitud de muertos, cientos de miles Armando —Contestó Claudia.

—¿Cómo dieron con ustedes? ¿Cómo salieron de allí?

—Apenas pudimos escapar, el vehículo donde estábamos se volteó y nos aplastaron, y…

—Fue algo premeditado Armando, fue un ataque muy grande, dudo que supieran donde estábamos exactamente, pero se decidieron a arrasar y peinar toda la zona —Se explicó Alejandro.

—Los buscaron entonces —Arqueó las cejas, se levantó y buscó algo de tomar —¿Quieren? Creo que han pasado un rato bastante amargo, también deberían darse una vuelta por la enfermería, pero antes, un trago fuerte para poner a funcionar ese cuerpo —Sin dar tiempo a respuestas sirvió tres vasos de whisky y los repartió —¡Por la vida!

Claudia arrugó el rostro al no estar acostumbrada, pocas veces antes llegó a probar alcohol, pero tampoco era desagradable.

—¿Podemos ir a verla?

—Calma chico, sabes que Milena se encargará y hará hasta lo imposible, solo dale un momento, si alguien puede, es ella. Además, estas blanco, necesitas algo de comer —Se acercó a la puerta —Que traigan comida, suficiente, y algo como para un niño de un año, puré, algo así.

—Si señor —Se escuchó la voz de un par de hombres algo nerviosos.

—¿Por qué había tanta gente cuando subimos Armando?

—¿Eso? Bueno, es algo relativamente normal.

—¿Siempre hay esa cantidad de gente en cubierta? —Inquirió sorprendida Claudia.

—No, no me refiero a que siempre esté esa cantidad de gente, me refiero a que es normal que estén así de animados y nerviosos, han habido muchos rumores, más después de que subimos a bordo al muerto Brad.

—¿Rumores? ¿A qué te refieres? —Sintió curiosidad el chico.

—A una gran guerra que se aproxima, y que una de las tres leyendas venía a bordo —Se explicó el hombre rápidamente.

—¿Una de las tres leyendas? —Esta vez fue Claudia quien preguntó.

—Pues verás, hay tres leyendas; la primera es la de una chica que incendió todo México para poder escapar de la muerte hace ocho años, según a salvado a cientos y actualmente es capitana de un grupo de navíos al norte. El segundo, es la leyenda de un hombre, algunos dicen que es Argentino, otros que es Polaco, pero el punto es que ronda las costas de lo que antes era Argentinas, y la leyenda cuenta que este hombre es invisible para los muertos, simplemente no lo pueden ver, y suele viajar a tierra a buscar suministros.

—¿Invisible? —Inquirió Alejandro, pero fue interrumpido por Armando.

—Pero la leyenda más grande, el que muchos no creen y más hablan, es la de un chico que vive aun en tierra junto a dos chicas, que salvó la vida de miles en Pirai, que ha matado a millones de muertos él solo, y el único en ver con sus propios ojos la ciudad de los muertos y escapar con vida. La leyenda de un chico llamado Alejandro — Armando tomó otro sorbo de trago ante la mirada atónita de Claudia y el bochorno del otro.

—¿Y tu sabias de esto? —Preguntó Claudia.

—Quizás algo.

—¿Por qué no dijiste nada Ale? ¡Es genial! ¿Cómo pasó?

—Eso es simple, las personas necesitan esperanza siempre, y de pronto se empezó a correr el rumor de que un chico había luchado contra un centenar de muertos en una refinería para salvar a los tripulantes de un barco; después, que ese mismo había ido a Brasil y hecho lo mismo para salvar a miles en el pueblo de Pirai. Luego, fueron apareciendo varias versiones, se regó por los grupillos que gustan de hablar, y cuando se han ido a otras naciones, el rumor ha ido con ellos…

—¿Hay grupos aquí?

—Claro chica, y antes habían otros, estaban los españoles, los argentinos, formaban sus cuadrillas, pero siempre hay grupos que viajan a otras naciones, incluso algunos que lo hacen por oferta de empleo. Cuando estemos en Armonia verán.

—Le dije a Armando que no alentara esas historias, pero él parece divertirse con ellas, ahora lo ves, preocupado porque Aurora quiere ver muertos con sus propios ojos —Expresó Alejandro.

—Si es divertido, pero además de eso chico, aquí hay muchos niños, jóvenes, que han vivido traumas con todo lo sucedido, creo que, no, estoy bastante seguro que la idea de tres personas capaces de enfrentarse a la muerte de manera tan heroica, les anima —Armando terminó su trago y fue por otro.

—Dijiste, cuando estemos en Armonia, ¿este no es el Armonia? —Inquirió Claudia.

—Este es el antiguo trasatlántico Armonia, la nación, no está aquí. Este barco lo usamos solo para acercarnos a las costas, buscar suministros, resguardarnos de los piratas, cosas así.

—¿Cuando llegamos a la nación? ¿es grande?

—Ya veras, posiblemente te lleves una sorpresa, en la mañana ya debemos de estar allí.

—¿Y Aurora? —Preguntó Alejandro.

—Debe estar por allí, hace días llegó contando que había conocido a la leyenda, y que esta no era tan alta como decían —Armando sonrió complacido ante la picardía y locura de su hija.

La comida llegó irrumpiendo en el momento, un par de chicos entraron de manera nerviosa dejando cinco platos con papas al horno, carne asada, ensalada, arroz y puré. Claudia notó las miradas, los veían con cierto temor y respeto, bajaban la mirada instintivamente y se miraban entre si mientras servían. Xander insistió en comer el puré el mismo con las manos

—Creo que los tratan mejor que a mi —Comentó Armando riendo un poco.

—No tengo hambre, solo quiero saber de Karla, yo…

—Debes comer chico, o caerás medio muerto apenas salgas de aquí, y Karla no podrá verte a ti, haznos un favor a todos y come un poco —Sentenció con su voz el mayor mientras tomaba otro trago.

—Es cierto, debes comer un poco — Expresó Claudia.

—Dices que fue un gran ataque a tu casa ¿No?

—Se por donde vienes —Contestó Alejandro a las palabras de Armando.

—¿Estaba algún inteligente entre ellos Alejandro?

—Mas de uno en realidad, asesiné a tres en la casa, vi otro cuando abandonaba la ciudad, y en el video llegué a ver a otros.

—¿Pueden hacer eso?

—Por lo visto.

—¿Y tu mataste a tres de ellos?

—Tuve, para poder escapar, ellos eran la coordinación, sin los inteligentes, los muertos son solo una masa descontrolada, igual que antes, fáciles de manipular por olores o sonido.

—Significa Alejandro, que en medio de todo, lograste encontrar una brecha, una debilidad en sus fuerzas —Armando sonrió complacido —Creo que esa es la mejor noticia de la noche.

—No es tan fácil, tienen sentidos más agudos que los nuestros, el radio de su olfato y audio son impresionantes, saben montar bestiales, los usan como medio de transporte, saben usar armamento y hacer estrategias de ataque, es casi imposible acercarse normalmente. No pienses locuras Armando — Puntualizó el chico.

—No pienso locuras Alejandro. Se ha declarado una guerra, ¿Crees que no terminaremos en el frente de batalla? ¿Crees que no vendrán a reclutarnos y tratarnos como ganado que pueden sacrificar? Ya nos pidieron una colaboración de uniformados chico — Armando lucía mayor que de costumbre, su mirada distante, era obvio que cargaba con la preocupación durante días —Pero sus palabras son solo una cortina, atacaron la nación europea, el motivo está allí, era quizás la excusa que se esperaba para poder descargar la ira acumulada contra los muertos. Será hora de arrasar con lo que queda de la tierra y decidir quien se queda con ella chico. Y nosotros, nosotros seremos llamados, lo queramos o no —terminó el trago de una vez.

—Podríamos huir —Sugirió Claudia.

—No hay adonde ir, la tierra está infestada, da igual, podríamos establecernos en un lugar, los muertos nos atacarían, y la guerra de un momento a otro llegará a nosotros.

—Armando tiene razón, no hay manera de esconderse, será un desastre, sacrificarán a quien sea necesario. Por eso te dije que no quería participar, que no confiaba en ellos —Alejandro tragó un pedazo de carne y se apoyó en la silla —Era obvio que esto sucedería de un momento a otro.

—¿Qué vamos a hacer?

—Lo único que podemos hacer por ahora pequeña, prepararnos lo mejor que podamos, los muertos nos superan en numero de diez mil a uno, quizás más —Aclaró el hombre sentándose a comer algo también, acariciando la cabeza del pequeño Xander quien tenia el brazo entero lleno de puré.

—¿Y si todo falla? —Preguntó ella.

—Eso es lo importante aquí, sea lo que sea, no importa cual sea el plan, fallará —Respondió Alejandro —Y es el detalle, como nos prepararemos para algo en lo cual fallará de todos modos.

—¿No hay salvación Ale?

—No dije eso, solo dije que los planes fallarán —Aclaró.

—¿No es lo mismo?

—No Clau, ni cercanamente.

—A lo que el chico se refiere es que es muy probable que, si llegamos a sobrevivir, o cualquiera que quede en pie, tendrá que valerse por si mismo, no habrán planes ni escondites, será sobrevivir como pueda. Aunque, lo tenemos a él Alejandro.

—No creo que sea buena idea.

—¿A qué se refieren?

—Brad, el muerto inteligente que hondeó una bandera blanca en las costas los últimos días, lo tenemos aquí mismo, en una celda especial, no se ha mostrado hostil, aunque tampoco ha sido el más cooperador, dice que no hablará con nadie de bajo rango, y…

—No pueden dejar que nadie de rango alto se encuentre en peligro, podría ser una trampa, eso lo entiendo —Aclaró Claudia —pero quieres que Ale hable con él.

—No me tomes a mal, Alejandro sabe como cuidarse, es distinto, yo mismo entré, pero me miró de arriba abajo, me preguntó por mi nombre, y no dijo nada más.

—Es peligroso —Claudia miró al mas joven.

—¿Lo harás? —Preguntó el mayor.

—Yo… Supongo que es tonto no intentarlo, ya estamos aquí de todas formas

—¡Exacto chico!

—Pero no ahora, solo deseo ver a Karla.

—No muchacho, hoy no, ahora deberías intentar comer un poco más y descansar un rato, ambos. Además hay otras cosas de las cuales quisiera que conversáramos, ideas, , algunas mejores que otras —Repuso Armando — Y tu Claudia, quizás quieras pasar un tiempo con tu hermana.

—¿Qué, está aquí?

—Si, quizás este durmiendo, o en la zona cerca de las cocinas, pero si.

—¿Por qué no se acercó a recibirnos?

—Bueno, probablemente estaba ocupada.

—No quiero verla —Contestó Claudia bajando la mirada —Aunque, tengo curiosidad por mis sobrinos — Admitió con una sonrisa leve entre los labios.

—Es normal, si ellos también deben de estar allí, perrobravo está en la plataforma, está encargado de un grupo.

—¿De qué?

—Entrenamiento más que todo, el grupo antes lo manejaba yo, pero con la logística de todo este lugar, y las naciones, resulta bastante difícil, se lo dejé a él, han realizado un par de incursiones, ya sabes lo básico.

—¿Incursiones en tierra?

—Siempre necesitamos algo, metal, vidrio que procesar, alguna pieza, computadoras, aquí no hay recursos solo agua salada — Armando se explicó, Xander gritó cuando Alejandro no le dejaba comer carne a sus anchas y le picaba el mismo un pedazo muy pequeño casi desmenuzado.

—Entiendo, necesitan estar preparados para eso —Claudia dejó de comer.

—Le iba a pedir el favor a Alejandro para que los entrenase —Comentó Armando, el chico reaccionó abriendo los ojos pero fueron interrumpidos. La puerta de la entrada sonó, Claudia y Alejandro se miraron uno al otro cuando Milena entró, tenía una ligera mancha de sangre en la parte inferior del vestido, para Alejandro fue imposible no fijarse en ello.

—No me miren así, tranquilos, ella está bien. Está fuera de peligro y estable, había perdido mucha sangre, y una costilla rota. Estaba descompensada, afortunadamente la costilla no atravesó la pleura. La presión en la caja torácica se mantuvo y todo fue más sencillo, ahora, solo necesita reposo, descansar, y dejar que la sangre que recupere algunas fuerzas. Despertará para mañana.

—¿No hay peligro?

—No podrá hacer esfuerzos innecesarios en un tiempo, además los próximos días debería permanecer acostada, su costilla sanará sola.

—¿No podemos verla? —Preguntó Claudia mientras que Alejandro se levantaba con Xander en brazos.

—Pueden, pero está dormida y sedada, les recomiendo a ustedes descansar también y que vayan temprano para cuando despierte.

—Iré a estar con ella de todas formas.

—Yo también —Señaló Claudia.

—Armando ¿Será que puedes cuidarlo? — Señaló a Xander.

—Déjamelo, estaremos bien por aquí —Alejandro y Claudia abandonaron la cabina, aun quedaba comida en los platos, apenas habían comido papas y algo de carne, Milena se sentó y sirvió un poco observando al pequeño que se hallaba entretenido con la comida.

—No le veo sentido a que estén con Karla en este momento.

—Son una familia, han vivido ocho años juntos, apartados de todos los demás, no puedes esperar que se queden tranquilos.

—Me hacen preguntarme muchas cosas.

—¿Cómo que?

—En mi patria, ellos serían los mejores, su forma de ser, la valentía que demuestran, la manera arriesgada de protegerse. Es el sentido de camaradas que se apreciaba más en mi tierra.

—Son chicos moldeados por la muerte, me intriga saber como será Aurora, Xander y toda esta nueva generación, me preocupa a lo que tengan que enfrentarse, nosotros ya tuvimos una vida, pero ellos…

—Lo solucionaremos —Milena se levantó para abrazarle y apoyarse en su hombro —No tendrás que preocuparte tanto.

—Quiero creer en eso, quiero de verdad amor.

La mañana llegó antes de lo previsto, el sol entraba por una ventanilla inundando la habitación con un suave calor, el resplandor llegaba hasta la puerta paralela, las sabanas, la pared y el par que se hallaba a su lado. Karla abrió los ojos, los sentía pesados, en lo único que pensó fue en Xander y su corazón dio un palpito, pero luego observó a Alejandro, recostado al lado de su cama sobre un par de sillas, y a Claudia con la cabeza apoyada en su abdomen. Si ellos dos estaban allí Xander debía de hallarse bien. Se tranquilizó y comenzó a observar su alrededor, el cuarto era pequeño, la ventanilla aun más, el olor a salitre mezclado con metal viejo —Armonia —Susurró, de alguna forma lo habían logrado, estaban allí.

No sabía bien cómo, tampoco le importaba demasiado, solo deseaba ver a su hijo y abrazarlo, la desesperación de poder perderlo la última vez fue demasiado, nunca se había sentido así, tan vacía en su pecho. Karla sonrió agradecida.

No obstante una sensación comenzó a llenarle, preocupación, las cosas estaban cambiando muy rápido en poco tiempo, la guerra se venía encima, ya no tenían un hogar al cual regresar, de seguro todo sería un desastre y les costaría adaptarse. O peor aun luchar por sus vidas.

Al fondo de la embarcación, un huésped se levantó de la silla donde se hallaba, llegaba para él una ración de comida, la que él mismo había ordenado, un hígado crudo sobre un plato, cuchillo y tenedor. En su habitación no había ventanilla, pero no le importaba, igual podía saber la hora por el sonido de las pisadas a borde del inmenso barco —Las siete con treinta de la mañana, el jefe es un hombre puntual y ceñido a uuuun estricto horario — Odiaba arrastrar las palabras, no obstante en muchas ocasiones le era imposible evitarlo.

La puerta se abrió, un hombre uniformado entraba escoltado por otros dos con sus rifles apuntándole, nada que temer, él tan solo dio un par de pasos hacía atrás, apoyándose en el fondo de la celda con sus brazos en su espalda.

—¡No te muevas! —Gritó uno de ellos.

—Calma chicos, lo único que comeré está en ese plato —Comentó él con una mueca. El plato fue dejado en el suelo por una pequeña rendija debajo de las rejas —Tengo una petición que hacer.

—¡Esa es la comida!

Se acercó con paso lento y decidido, los tres temieron por su vida, se replegaron pasos atrás pensando en la pequeña puerta, la única salida para tres hombres. Brad era alto y cada pisada e sentía como si el ambiente se volviera pesado, no obstante tan solo tomó el plato con cierta delicadeza y lo colocó sobre la mesa —No me refiero a esooo, me refiero a una petición para vuestro capitán, Armando, díganle que deseo hablar con la leyenda, díganle que deseo ver al chico, estaré esperando. De eso dependerá la supervivencia de todos, aquí y en el resto de las naciones —Y con estas palabras se dio media vuelta, los tres hombres abrieron la puerta, pasaron y cerraron, sudando frío y con las piernas hechas gelatina, un hilo de orina bajó por las piernas de uno de ellos, pero ninguno de los otros le criticó, solo deseaban alejarse cuanto más pudieran de aquel ser.

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