CAPÍTULO 5. ESTRATEGIA 2

       —¡Chicos tenemos un trabajo que hacer! — La voz de mando resonó al salir del cuarto, Alejandro salió tras Armando, Alicia le observaba intranquila.

—Tranquila, te dije que todo estaría bien, nos ayudarán…

—Ya lo escucharon chicos, tenemos reunión en cinco minutos, así que alístense — Víctor como siempre secundaba.

Alejandro contó a las personas, en esta ocasión había siete combatientes incluyendo a Víctor y Armando además de otros seis civiles, tres mujeres y tres niños. Repasó los rostros, algunos conocidos, sin embargo, aquel llamado Miguel, el cual en un pasado fue causante de la muerte de Pandora no se encontraba entre ellos. El ambiente cambiaba, sintió una brisa fría, y observó que más allá de las montañas todo estaba nublado, eso le hizo preguntarse si llovería en la noche, aún más, si aquello era algo que pudiese usar a su favor.

—Alejandro, ellos son pocas personas, no creo que a ellas les agrade verles partir — Alicia señalaba a las mujeres, las cuales les miraban de reojo, vistazos de desesperanza y temor.

—Es lo normal — No dijo nada más, pues pensó que cualquier otra palabra posiblemente sería una imprudencia de su parte.

—Alejandro tu vienes con nosotros — El tono de Víctor era decidido, aunque él ya lo sabía. Ese hombre podía jugar con un pequeño usando el mismo tono de voz áspero y serio. Alicia se aferraba a la mano del chico, a lo cual el hombre argumentó — Déjala venir, no está mal que entienda qué sucede. Que vea un poco de acción.

Adentro de la habitación se comenzaban a reunir los participantes, todos toscos, se notaban sus barbas y poca grasa corporal. Pese a todo se erguían firmes y enormes a la vista, con una mirada trémula que helaba el ánimo. Armando extendió un mapa sobre el único escritorio de la sala, colocó un tintero y un pisapapeles como apoyo, miró a los presentes hasta llegar a Alejandro — ¡Acércate chico! Necesito indiques el lugar donde está tu casa.

El chico pasó adelante, arrastrando su dedo por el papel viejo y amarillo, pensando en lo poco prudente de darles a ellos también su dirección exacta — Yo vivo en esta zona, esta hilera compuesta por dos casas frente a este estacionamiento, tiene tres entradas — Señalaba los caminos de acceso por vehículo — Las dos primeras las brinda la avenida principal, la cual ya conocen pues una de ellas se conecta con el paso donde nos encontramos, el cual cruza la montaña. La tercera entrada es esta, la cual forma un ángulo recto con la principal, normalmente era una ruta inter-urbanística, pero si piden mi opinión es la más conveniente, ya he cruzado el otro extremo de la avenida principal y está muy bloqueado por automóviles.

—Te adelantas a los hechos chico, aun los presentes no saben a qué estamos lidiando — Y Armando tenía razón, el resto de los hombres escuchaban pero con rostros confusos — ¡Chicos, tendremos una misión de rescate! En este caso protegeremos la casa de nuestro compañero aquí presente, el cual nos ha ofrecido un pago con comida — Alejandro entendió la intención en aquella última palabra. Las miradas se cruzaban casi como una conversación silenciosa — Por lo cual, estamos frente a un trabajo el cual debemos ejecutar perfectamente.

—Supongo que no nos enfrentaremos a muertos — Uno de los hombres, uno llamado Federico sonreía desde la parte de atrás.

—Sería muy sencillo de ser solamente contra muertos chicos. Hablo de proteger a Alejandro, de los otros dos grupos de sobrevivientes los cuales planean atacarle esta noche ¿Dentro de cuánto tiempo?

—Cuatro horas a lo máximo — Contestó el chico.

—Cuatro horas las cuales se nos agotan, escucharé ideas y armaremos un plan de defensivo.

Alejandro se adelantó nuevamente — El grupo de Verónica es pequeño, se mueven en dos vehículos grandes reforzados, nunca salen más de diez hombres a rondar. No es posible volcar los vehículos, sin embargo, la conozco bien, y jamás ha tomado las rutas principales. Será de noche, así que su única entrada al sector será por esta calle, la que queda en ángulo recto con la avenida. El otro grupo nunca le he conocido líder, así que por los momentos les podríamos llamar grupo X, pero se mueven constantemente. Es un grupo mixto y grande, normalmente salen de veinte a treinta personas a cazar, así que es nuestro mayor problema. Se mueven organizadamente y mantienen un pacto con el grupo de Verónica, pero ellos si son capaces de entrar por la avenida principal. Conozco a una persona de ese grupo, es peligrosa en extremo, capaz de sacrificar a todos los hombres y hacer volar el lugar de ser necesario.

—Sabemos entonces que nadie usará la tercera vía, porque es la nuestra, y por aquí no podrían pasar. Lo cual nos dejaría con un escenario en forma de “L”, el cual además estará infestado de muertos — Opinaba Víctor.

—La intersección de las calles es el punto crítico, y el lugar más obvio para colocar alguna trampa, por lo cual podrían adivinar algo así del mismo Alejandro. Debido a eso nos podemos adelantar y colocar trampas metros antes de este punto, aquí y aquí— Armando señalaba la pieza de papel en secciones de las calles.

—Nos deberíamos dividir en dos o cuatro grupos que cuiden desde los tejados ambas secciones de las calles — Mencionaba Víctor mientras el resto escuchaba y asentía.

—El principal problema es que por mucho que nos escondamos de la vista de los otros dos grupos, estaremos muy indefensos contra los muertos que nos ronden.

—Pero — Alicia intervino y todos le miraron — Alejandro suele ahuyentarlos usando tinner o cloro, y ustedes les confundieron con bombas lacrimógenas para poder salvarnos ¿Eso no funcionaría para protegernos?

—Nunca habíamos probado con el cloro o tinner, pero si aquí nuestro amigo los usa creo que podría funcionarnos como escudo. Aunque no tenemos suficiente ahorita como para poder cubrirnos…

—Yo tengo suficiente… inclusive si hacemos tres grupos puedo darle a cada grupo una garrafa entera de cloro, parar cubrirnos, aunque después de gastarlo estaríamos a nuestra cuenta.

—Me parece entonces un plan viable ¡No tenemos tiempo que perder, alístense para salir en cinco minutos! ¡Quiero el armamento pesado listo para colocar en los puntos estratégicos, partiremos en los vehículos! — Todos acataron la orden con rapidez, se les notaba entusiasmados con la idea de la comida.

—Tienes dotes de líder natural Alejandro ¿En verdad no te quieres unir a nosotros? Creo que serías un muy buen aliado

—No creo ser del tipo de hacer equipos, aunque aprecio la oferta.

—La oferta estará en pie para cuando lo desees Alejandro — Armando doblaba el mapa hasta introducirlo en su cartera, de la cual sacó un dinero y lo botó al suelo sin preocuparse — Y pensar que antes le dábamos tanto valor a este papel moneda, y ahora se ve remplazado por este mapa viejo.

—Sí, resulta algo satírico ver lo inservible que puede ser ahora.

—Alejandro, habías dicho poseer un plan desde antes, algo me dice que tu bien podrías haber manejado la situación de ambos grupos, y que estás aquí es para cubrir las probabilidades de que algo salga mal — Armando fue muy firme en estas palabras y Alicia quien aún estaba presente miró al chico.

—Pues sí, se me había ocurrido un plan, el cual consistía en hacer una trampa de muertos — Los otros tres presentes se quedaron callados — Es simple, atraer a los muertos a un lugar y encerrarlos, cualquier sebo funcionaria. Luego actuar frente a los otros dos grupos como indefenso, y dejarlos caer en la intersección de las calles, donde se verían rodeados… Pero estaríamos hablando de una masacre, y de algo que se podría volver en contra de quien la realice, aunque bien podríamos jugárnosla como última carta…

—Interesante, podría funcionar…

—Podríamos usarla ciertamente…

—¡Suena a algo completamente inhumano, están hablando de matar a los que allí se encuentren! — Sentenció Alicia, a lo cual Alejandro y Armando callaron viéndole. Aicia abrió los ojos como platos y se percató había gritado frente al resto. Se tapó la boca con las manos y agachó la cabeza.

—La verdad chiquilla es que sí… estamos hablando de matar personas, pero esto es semejante a la guerra, significa matar, o ser eliminado. No puedes interponer la moral en estas situaciones. Aunque parezca crudo, debemos tener en cuenta de que, así como la guerra, todos los que vamos a ella, o en este caso, todos los que nos encontremos en ese lugar, debemos estar conscientes de que iremos a jugarnos la vida, y yo por mi parte deseo ganar este juego — Víctor se retiró cerrando la puerta detrás de sí, Armando les miró y Alejandro tomó a Alicia por la mano para sacarla del lugar.

—Armando una última cosa, deje mis armas a pleno camino cuando venía para acá, espero que podamos ir y tomarlas de regreso — El hombre tan solo asintió con la cabeza al tiempo que sacaba un habano y lo encendía en la soledad de la habitación.

—Eres como estar viendo a Pandora chiquilla… eres como estar viendo a Pandora…— Y continuó fumando observando la ventana.

Afuera se sentía el murmullo de los presentes. Muchas mujeres observaban a los hombres con preocupación. Alicia no subió la mirada hasta hallarse frente a los carros. Alejandro se preguntaba cómo harían allí para sobrevivir normalmente. Tener un grupo grande implicaba grandes cantidades de alimentos. Era una situación que el siquiera se imaginaba. La complejidad de tal logística le sobrepasaba.

Alejandro se incorporó a uno de los dos vehículos blindados, para su sorpresa aquel automóvil avanzaba sin hacer ruido alguno. Alicia le acompañaba, en la parte de arriba había una parrilla abierta en la cual se hallaba Carlos uno de los hombres a cargo de Armando. El hombre en la zona superior liberaba el camino de los “escombros” vivientes que se presentaran. Aquel hombre portaba un rifle modificado para portar silenciador, un Dragunov, sin embargo, Carlos se quejaba de que aquella arma solo les servía a los rusos pues solía recalentarse demasiado y solo ellos en su clima gélido podían con aquello.

El camino fue corto, la noche caía suavemente, solo hicieron una parada para permitir que el chico recogiese sus armas del techo de una casa. Encontró sus rifles y municiones junto a la espada que ahora pertenecía a Alicia, sin embargo, su M75 Champion no se encontraba por allí, luego de eso solo tuvieron que avanzar un minuto para llegar al lugar deseado. Habían rodeado la zona bordeando la montaña, una ruta que Alejandro no se conocía pues no era rural y se hallaba cubierta por matorrales, pero era necesaria trazarla luego en sus mapas.

Descendieron después de eliminar algunos zombis que les seguían por el camino. Alicia se mantuvo callada todo el recorrido y él pensaba sobre aquellas palabras sobre “ser inhumano” al planear una trampa como aquella, un escalofrió recorrió su cuerpo al pensar como reaccionaria ella de saber todo lo que él había hecho hasta entonces para poder sobrevivir, pero no era tiempo para pensar aquellas cosas, así que fue a buscar el cloro que les sería necesario.

Al regresar el resto colocaba un par de alambres de púas en plena calle y despejaban algunos cadáveres amontonándolos en el centro, Armando se dirigía hasta él — Allí están los vehículos, podríamos cargar la comida y…

—Mi mama siempre solía decir que “música paga no suena…”

—Comprendo… ¿Qué te parece si me das algo y mañana en la mañana busco la pierna de cerdo? Es para tranquilizar a los chicos, están algo “entusiasmados” con la idea.

Alejandro buscó media pierna de jamón ahumado que tenía guardado junto con un saco de arroz. Carlos fue el primero en tomar los productos y llevarlos al vehículo blindado.

—Jamón ahumado… ¿Hace cuánto no pruebas jamón ahumado?

—Ni idea, pero se me hace agua la boca de solo olerlo — Comentaba Carlos con una sonrisa abierta ante el resto.

—Yo me pienso atragantar de comida.

—Yo estoy pensando es en el cerdo, si mañana como cerdo, moriré en paz.

—¿Y si luego hay más cerdo?

—Bueno, como todo el cerdo que pueda y allí si muero en paz — Bromeaban relajados. Era notorio lo que la comida debía representar para ellos. Esperanzas de seguir con vida.

—¿Sabes con qué sería bueno este cerdo? Con algo de cerveza.

—¡Oye chico! ¿No tendrás cerveza por allí? El precio lo arreglamos — La sonrisa era amplia.

—No.

—Una lástima — Contestó el otro — Habrías tenido un sirviente a cambio de cerveza.

—No jodas, que habríamos sido dos los sirvientes pues una buena caja de cerveza ¿Alguna vez probaste la cerveza alemana?

—Un poco, un día…

Solo el que ha pasado hambre y desesperación sabe lo que el ser humano es capaz de hacer. Razonó Alejandro en silencio.

Pasados algunos minutos subieron a los tejados en tres grupos. Federico, Carlos y un tercero que solía ser muy callado se encontraban en el primero, y el más cercano a la entrada principal. Luego Víctor, Augusto y José en el segundo justo frente a los primeros, ambos grupos protegidos con escudos antimotines que solían usar en sus operaciones. Por último, estaban Alicia, Armando y Alejandro, no contaban con escudo, pues no tenían otro a la mano, se encontraban al otro lado de la “L” en el balcón de una casa de dos pisos. Mientras que el resto del equipo usaban Colt M4A1 el cual era un rifle de asalto al cual le integraban un silenciador y se volvía un arma sencilla pero eficaz.

Armando por su parte portaba una Artic Warfare Magnum un arma que emanaba respeto al solo verla. Magnifica en su acabado, el cual daba la impresión de ser nuevo, negro opaco. Alejandro la conocía solo por sus investigaciones, aquella arma era un clásico, una veterana en el campo de las armas. De hecho, algunos confirmaban que podías asegurar la muerte del objetivo desde el momento en que halabas el gatillo… sin embargo aquel arma era ruidosa y Alejandro pensaba en aquel contra, él en cambio se limitaba a sacar su AR de ATL. Un arma increíble, pues era una modificación de un AR-15 la cual le hacía más estable, manejable y con un silenciador integrado, algo lindo y eficaz, dejando dentro del bolso negro su otro rifle.

El tiempo transcurría lento, la espera nocturna se hacía eterna, por medio de intercomunicadores podían estar al tanto de la situación. Cada cierto tiempo regaban algo de cloro a su alrededor y disparaban algún que otro zombi que deambulaba por el lugar, la temperatura bajaba mientras la noche caía apaciblemente haciendo que la oscuridad reinara, solo quedaba la luz de la luna sobre ellos.

—En este momento me caería bien algo de té caliente — Comentó Armando.

—Yo soy partidaria de algo de chocolate, este frío cala.

—Me hace recordar los viejos tiempos, cuando teníamos que montar guardia en medio de la maleza en la frontera, un territorio hostil sin duda, pero recuerdo mis compañeros y yo siempre hallábamos de que hablar en las estadías nocturnas.

—¿Usted siempre fue militar? — La chica se frotaba las manos.

—Toda mi vida, coronel, ese fue mi título… desde los diecisiete sirviendo, uno aprende a disciplinarse. Claro está que siempre hay los que entran solo por querer tener un arma en las manos, otros solo por dinero, pero de esa clase los encuentras en todo lugar. Hay otros que lo hacíamos por fe, convencidos de que salvaríamos vidas de ese modo.

—Suena como algo noble.

—Lo era, solo que luego te percatas que la realidad es un poco diferente — Armando observaba a los chicos — ¿Tú no tienes nada que decir? — Refiriéndose a Alejandro.

—Siento que pierdo la concentración cuando hablo…

—Alejandro normalmente es de poco conversar… — Corroboró Alicia.

—¡Vamos Alejandro que la ansiedad vence a muchos! — Armando sacaba de su bolsillo una pequeña cantimplora de la cual tomó un sorbo — ¿Quieres un poco? Es vodka, sirve de mucho cuando quieres mantenerte caliente — A lo cual el chico se limitó a negar con la cabeza.

—Yo si tomaré un poco — Alegó la chica tomando un trago, Alejandro le observó sin decir nada — ¿Qué? Hace frío, en verdad…

—Bueno, tal vez si hay algo que ronda mi cabeza — Alejandro volteó — ¿Qué sucedió con Miguel?

Armando se le quedó observando, el muchacho pudo sentir la oscuridad en aquella mirada — Muchacho, en estos tiempos suceden muchos accidentes… Un hombre debe hacerse cargo de sus acciones, sin importar el peso que ellas representen.

—Comprendo… — Se limitó a decir, Alicia les miraba sin entender a que se referían.

—¿Te quemó? — Preguntó el hombre mayor viendo como Alicia arrugaba el rostro cuando el líquido atravesaba su garganta.

—Es fuerte.

—No estás acostumbrada al licor.

—Mi mamá, era un poco…

—¡Señor! — El intercomunicador sonaba.

—Dime Federico…

—Parece que tenemos algo de compañía — Sonaba por el intercomunicador al tiempo que Alejandro señalaba la vía la cual ellos cubrían, se acercaban un par de vehículos lentamente, acompañados de un par de jadeantes.

—Parece el grupo de Verónica — Opinó Alejandro.

—¿Estás seguro chico?

—En un noventa por ciento.

—Señor — De nuevo el comunicador — Llegan por su zona, pero les tenemos en la mira ¿Qué hacemos?

—¡Dígales que no hagan nada! — Soltó Alejandro, a lo cual Armando le miró de tal manera que le decía — Yo sé lo que debo decir chico…

—Guarden sus posiciones, esperemos a ver qué sucede… — Armando revisaba por la mira de su arma — Creo que tienes razón, esa es una Vitara modificada y la de atrás una Wangler doble cabina, he leído informes de mis chicos sobre ambos vehículos usados por el grupo de Verónica en sus escapadas nocturnas — Afirmó Armando, pero aquella información el chico ya la conocía. No era la primera vez que observaba estos autos rondar, y aunque no supiese identificar sus modelos era imposible confundirlos.

Los dos carros se acercaron silenciosamente hasta cierta distancia, la penumbra les cubría, escondiéndoles de las miradas. Alejandro desde su lugar no lograba ver los rostros de los ocupantes. Pasados dos minutos se acercó un tercer automóvil, esta vez por la entrada vigilada por el grupo de Federico y el de Víctor, acompañado de tres ciclistas y un par de hombres a pie. Disparaban librando el paso, la noche estaba tranquila para lo usual, o quizás aquellos seres lograban aplacar a las multitudes — Disparan como si contasen con municiones infinitas — Pensaba Alejandro ante el gatillo alegre de aquellos hombres. Los motores se apagaron y varias figuras descendieron del interior del par de autos cercanos a él, la figura casi redonda con un sombrero adornado con plumas que se bajaba en la parte de atrás del Jeep Wangler no podía ser otra más que ella.

—Allí está Verónica — Alejandro colocó su arma en posición de tiro, pero Armando le señaló se calmase.

—Yo también estoy tentado chico, pero no creo que sea el momento, aunque muy bien nos estaríamos librando de la mayor plaga en estos días…

—¡¿Dónde está el chico?! — Gritó la mujer — ¡Si no sé cuál es su casa quemaré todas las que vea hasta que salga!

—Finalmente bajaste del auto ¿Nunca has pensado en tomar un baño Verónica? Te vendría bien, tienes un aroma que…

—¿Dónde está el chico Yoshua? ¡Dijiste que vivía en esta zona más no dijiste cuál era su casa exacta! — Le preguntaba la mujer al muchacho que se bajaba detrás de ella. Alejandro lo reconoció cerrándole la boca a Alicia quien emitía un grito ahogado ante la sorpresa.

—¿Podrías bajar la voz? Se te escucha a un kilómetro de distancia ¿Y cómo quieres que sepa el lugar exacto? Yo te dije lo que sabía, y tú decidiste venir, hasta allí llega mi parte del trato…

—¿Y cómo sabré que el chico realmente se encuentra aquí? — Infería la mujer.

—Lo sabrás vieja, estoy seguro que lo notarás — Yoshua se montaba nuevamente en el Jeep — Ahora si me disculpas, yo me quedaré un rato aquí adentro, tengo algo de sueño. Necesito descansar, ya sabes, el desarrollo tardío, necesito reponer fuerzas del día, tu mientras tanto puedes hacer lo que quieras.

—No tientes a la suerte chiquillo — Rechistaba la mujer, pero Yoshua ya se hallaba en el interior y no supo que más decir — Pásame esa botella — Se refería a uno de sus hombres, el cual le brindaba una botella con un pedazo de trapo colgando en un extremo — Ya veremos si no sale ese chico…

—¿Revisaremos casa por casa? — Preguntó un hombre cercano a la mujer.

—Las quemaremos si es necesario, todas y cada una, quiero a ese malnacido hijo de puta muerto esta noche.

—¿Y las provisiones y las armas?

—¿Acaso no me escuchaste? ¡Me importa un carajo! ¡Lo quiero muerto ya! — Bramó escupiendo.

Alejandro observaba la situación, pero aún se hallaban lejos de su casa, aún más le preocupaba otra cosa, una oscuridad penetrante se difundía ocultando la luz lunar, por lo cual miró al cielo y observó como una nube densa cubría el cielo — Armando… debes sacar a tus hombres de aquí… — El hombre volteó sorprendido ante las palabras del chico — Olvídate del plan diles que se vayan…

—No te comprendo chico ¿A qué te refieres? — Preguntaba Armando sin despegar la vista de su arma, apuntando constantemente.

—Allí están todos Alejandro — Se escuchó el susurro de Alicia.

—Esto será un desastre, diles que regresen a casa de inmediato, diles que dispersen el gas lacrimógeno como planeamos y aprovechen para irse… viene la lluvia… No tendrán más que cinco minutos.

El hombre direccionó la mirilla al horizonte, y en efecto se veía una cortina blanca aproximándose — ¡Chicos aborten la misión! Repito ¡Aborten la misión, dispersen el gas lacrimógeno y retírense! ¡Dispersen el gas y retírense!

—Armando ¿Estás hablando en serio? — La voz de Víctor resonó por el intercomunicador.

—Completamente… es una orden…

—Entendido.

—Roger that — Se escuchó la voz de Federico confirmando el haberle escuchado.

Se sintió el crujir del vidrio contra una pared cercana, Alejandro se había concentrado en la lluvia que se acercaba y descuidó a la mujer de abajo que había lanzado una bomba molotov casera contra la casa a su derecha. Al instante la puerta del inmueble ardía gracias al líquido desparramado — ¡Dame otra y pónganse en acción! Ese chico aparecerá pronto, o lo haremos salir entre cenizas…

—Tranquilo chico, aún falta para que lleguen a tu estacionamiento — Expresó en un susurro Armando.

—Esa mujer da miedo — Alicia se hallaba al lado del chico, acostada en el suelo al igual que los otros dos quienes apuntaban con sus armas observando la situación. Tres botellas encendidas estallaron contra los pórticos aledaños, llenando el aire de un olor fuerte y espeso que difícilmente era respirable. Por suerte la brisa fría previa a la lluvia les favorecía alejando el denso humo. Lo siguiente fueron unas latas rodando por las calles, y un humo blanco rodeando la zona, los hombres de Verónica se dieron vuelta impactados por aquello, y a lo lejos se escucharon disparos por parte del otro grupo.

—¡Está aquí! ¡Maldito Alejandro sal y da la cara! — Gritaba la mujer en plena calle, inclusive Yoshua se asomó por la ventanilla del vehículo antes de subirla sellándose en el interior. Un par de jadeantes y un olfateador canino se acercaron en carrera y fueron sometidos entre balas.

—¡Señora es una trampa, es gas lacrimógeno!

—¡Es gas lacri — Una toz fuerte — ¡Gas lacrimógeno… nos ha rodeado!

—¡Dejen de quejarse y sean hombres! — Un cuarto muerto avanzaba y se escuchaban los estallidos por parte de los escoltas repeliendo al ser.

—Armando — Sonó el intercomunicador, era Víctor al habla — Tenemos un pequeño problema a las diez horas de tu posición — Tanto Armando como Alejandro respondieron cambiando la mira a la izquierda, y entre el humo blanco podían observarlo, un trío de zombis bloqueaban la salida de un callejón en el cual se encontraban — Si disparamos nos delataremos.

—¡Alicia espérame adentro! — Gritó Alejandro, un segundo antes de que Armando halara su gatillo y él le secundara, ambos comprendían que no había tiempo para discusiones en ese instante, era cuestión de disparar, o no hacerlo. Fueron necesarios cuatro cañonazos para derribar a los cuerpos vivientes, pero la respuesta fue inmediata, el grupo de Verónica les divisó e inició el fuego contra ellos, el silbar de las balas, el choque contra el cemento y el estuco de la edificación, el polvillo que esto producía. Alejandro se limitaba a retroceder gateando mientras cubría su cabeza con las manos pues le caían pedazos de escombro. En ese instante se sintió, un grito estremecedor, algo que todos reconocían, los estallidos cesaron, hubo un silencio trémulo. Las miradas encontradas de los presentes denotaban miedo, nuevamente aquel grito, esta vez coreado como un eco repetitivo, al menos cuatro olfateadores daban su grito de guerra, como gritándole al cielo “¡Comida!”

Alejandro se levantó a tientas, resbalando un poco, tomando su bolso con armas sobre su espalda, la AR en su mano derecha deslizándose al interior de la casa. Armando le seguía cuando tropezó con Alicia, la visión era casi nula, solo llegaba un pequeño haz de luz proveniente de las llamas que consumían una casa al frente. Soplaba un viento frío que llevaba consigo aquel grito a muerte reconocible a distancia.

—¡Quemen vivos a esos malnacidos! — La voz de la vieja se escuchaba aun entre el desastre.

—¡Vamos a morir! — Gritó la chica.

Debemos irnos — Señaló Alejandro.

—Dime algo que no sepa…

—¡Pero el fuego bloqueó la salida de abajo! — Comentó Alicia, a lo cual hombre y muchacho se miraron diciendo al unísono.

—¡Las ventanas! — Corrieron a tientas por aquel pasillo adentrándose en la habitación no sin antes llevarse por delante las butacas y paredes. Se comenzó a escuchar el ruido de las gotas de agua golpear contra el techo, la lluvia comenzaba a caer, se podían sentir desde afuera aullidos estremecedores por parte de vivos y muertos, además de los estallidos constantes de las armas accionadas intentando salvar sus vidas.

—Esto no me gusta — Armando rompió una ventana de cristal con su codo, para su sorpresa sintieron el paso apresurado de un jadeante cruzando el techo próximo sin percatarse de ellos, como un perro que sigue el aroma a miedo emanado por los que estaban en la calle disparando en todas direcciones. Los tres se miraron más no tenían otra opción que salir.

—¡Señor nos retiramos en uno de los blindados!

—Tienen permiso ¡Apresúrense en irse! — Contestó Armando al intercomunicador. Alejandro tomaba a la chica ayudándole a salir, la lluvia golpeaba su rostro y empapaba su ropa. Él no sabía que humo daba contra su rostro, si era producto del fuego o del gas lacrimógeno, pero le escocían los ojos rápidamente. No lograba ver bien al cabo de segundos, bajó a la chica a tientas en plena oscuridad mientras Armando le pasaba su maletín lleno de armas. Pasaba su mano por su rostro como reflejo involuntario intentando alejar el ardor desesperante. Por último recurso subió la mirada al cielo dejando que la lluvia le diese de lleno, las gotas grandes eran como liquido prodigioso que le aliviaba.

Hubo un chirrido de llantas arrancando, seguido de otro bramido al aire, los talones de las piernas corriendo a gran velocidad contra el asfalto se escuchaban a distancia. Luego de intentar lavarse los ojos corrieron los tres por el techo de la casa hasta llegar a la calle próxima, debían cruzarla.

—¡Debemos llegar a mi casa! La mejor opción sería tomar ese callejón allí al frente, y deberíamos rodear la cuadra y llegar por detrás — Señalaba con el dedo la ruta, soplaba un viento fuerte y se observaban zombis saliendo de todos los rincones — Será algo difícil, pero es mejor a tener que cruzar esa zona de allí — Aunque se encontraban lejos se observaba un gran tumulto de muertos agitados, unos sobre otros, parecían comer en varios puntos y un vehículo a lo lejos encendía las luces mientras una multitud de cadáveres intentaban volcarle.

—Esto me suena a misión suicida — Armando colocaba su Magnum en su espalda — Creo que me gusta el subidón de energía — Era ciertas las palabras de aquel hombre, el chico podía sentir la adrenalina fluyendo por su cuerpo, observaba aquellos cuerpos putrefactos escurriendo agua mezclada con sangre, sentía los gritos a su alrededor, la presión de llegar a casa, de no ser mordido en el transcurso.

—¡Cuidado allí! — Alejandro les alertaba de un techo podrido y peligroso.

—¡Son muchos! — Alicia se refirió a la cantidad de muertos que cruzaban la calle que dejaron atrás. Un centenar de sombras corrían entre la lluvia y el humo.

—Da gracias a dios que nosotros no seguimos allí — Expresó el mayor del grupo protegiendo el rostro del caudal de agua. 

   Bajaron por una verja oxidada, cruzaron la calle siguiente en silencio, la lluvia y otros sonidos opacaban su escabullida. Al entrar al callejón se encontraron con un par de mutilados, Alejandro disparaba su rifle por estar a la mano y ser silenciosa, mientras se observaban pedazos de piel caer de aquellos seres. Sacó una de sus pistolas del bolso acomodándola en la banda de su pantalón propinándoles un último disparo aquello seres moribundos hasta ver como dejaban de agonizar y moverse. Los chorros de agua caían y agilizaron el paso, los gritos amainaban y aquello no parecía buena señal pues aún se sentían muchos pasos alrededor de ellos.

A él le daba la impresión de que al menos dos olfateadores humanos, de aquellos que corrían en cuatro patas les seguían desde los techos, pero ahora no se preocupaba, tomaba el cruce de la esquina. Alicia iba adelante, la sensación crecía, y el temor de que saltasen sobre ellos le hizo detenerse abruptamente. Se replegó contra la pared, mientras los otros dos no notaban su decisión, sacó su Beretta calibre 40, y esperó un par de segundos, si estaba en lo correcto aparecerían por la esquina en pocos instantes — Tres, dos, un…— Allí estaba, lo primero en observar fue la sombra, y disparó dos veces sin parpadear, un cuerpo verde oscuro rodó cayendo estrepitosamente al suelo lleno de agua. Corrió por mero instinto, y nuevamente aquellas pisadas que le seguían le eran apremiantes, otro olfateador bajaba a por él, escurriéndose entre los charcos y paredes, era un perro sin mandíbula inferior. Corría rápidamente, sin dejarle tiempo a pensar mucho menos a disparar, apresuró el paso al cruzar la esquina. Podía escuchar el ladrido hueco y grave de aquel ser infectado.

Resbaló en un charco y apoyó su pierna en la pared para continuar. Armando sujetó a la chica para que esta no cayera. Alejandro apresuró aún más el paso, lo podía sentir, estaba cerca.

Planeó darse vuelta sorpresivamente y disparar cuando observó a Alicia detenida de pie ante otro callejón, Armando forcejeaba delante de ella contra un jadeante, nuevamente el cuchillo de caza salía a relucir, más la chica observaba en otra dirección. Alejandro ya tenía el arma en la mano, alzada, y en ese instante se percató de la escena que la chica veía aterrorizada. Un escalofrío recorrió su cuerpo al observar a un jadeante con la que era indudablemente su M75 Champion apuntándole a la chica, una sensación de muerte próxima invadió su cuerpo, su mente borró toda lógica posible. Aquella bestia estaba parada apuntando en posición de tiro directo, aquello no era cuestión razonable, un frío le invadía, una emoción inexplicable, de no querer perder algo muy preciado para él, aquella chica frente a sí.

Sin dejar de correr se lanzó sobre ella, en un impulso desesperado de protección. Pudo sentir el disparo del arma seguido del rugido agobiante de aquel ser, pero él ya se encontraba sobre el frío suelo húmedo, observándola a ella fijamente, repasando en su mente el hecho de no sentir ninguna herida, deseando ella tampoco tuviese una. Sus manos recorrieron el cuerpo de la chica buscando herida alguna, sin atreverse a decir palabra y temiendo lo peor, ella lo miraba impactada, sus ojos ambarinos penetrantes.

Sintió el peso de aquel can que le perseguía dar contra su espalda, impactando sobre el bolso lleno de armas. Luego una fuerza descomunal que le halaba, las cuerdas del bolso negro se aferraron a él. Algo había le había tomado por el morral, separándole de la chica, alzándole por los aires. Tomó su pistola del suelo repleto de agua antes de verse expulsado, sin saber cómo. De súbito era lanzado contra la pared contigua, el bolso lleno de armas dio contra el muro y estas contra él, sintiendo una punzada fuerte en su espalda. Disparó casi sin sentido a la sombra oscura que se posaba encima de la chica.

El perro cayó de bruces al suelo anegado, la lluvia daba contra él. Su respiración le faltaba, no podía ver bien con tanta agua en los ojos y aquel fuerte golpe en su lomo. Sintió unas pisadas acercándose, el peso de las armas le retenía contra el suelo, levantó la mirada y observó a aquel zombi con su arma en la mano, su piel oscura, los labios de su boca habían desaparecido dejando ver las encías directamente y aquella dentadura que ahora sonreía complacida emitiendo aquel jadeo constante. Levantaba la Champion, el chico levantó también su Beretta jalando el gatillo.

—¡Muerete mald… — La pistola ya no tenía carga, intentó accionarla varias veces, pero nada sucedía, observaba su AR a su derecha fuera de su alcance arrojada cuando él fue expulsado contra el muro — No tendré tiempo de sacar algo del bolso — Pensó en aquel instante mientras observaba los pies de su agresor sumergidos.

—¡No te lo permitiré! — Una voz fina resonó, el brillo del metal al aire, y el jadeo del muerto cesó. Alejandro levantó la vista con temor, su cuerpo temblaba de principio a fin. Alicia se hallaba espada alzada en mano, la cabeza y parte del hombro del muerto cayeron al suelo, mientras su cuerpo se encontraba aun de pie ante la lluvia, el brazo inerte se tambaleó hasta desplomarse junto al resto del organismo cercenado.

—Alicia tu…

—¡Chicos! — Armando cargaba a un muerto y lo arrojaba sobre otro en ese instante. Alejandro tomó su arma del suelo y a la chica de la mano llevándole consigo. Alicia se hallaba en shock, sorprendida de sí misma, sus ojos vacíos miraban la cabeza que yacía en el suelo.

Avanzaron en carrera pasando sobre los cuerpos no sin antes Armando acuchillarles. El chico se percataba como el agua a sus pies se hallaba mezclada con aquel líquido oscuro que en algún tiempo fue sangre. Un grupo de mutilados se les interpuso más la AR se hallaba cargada. Ya en el suelo la culata de la Warfare les aniquilaba cualquier rastro de aliento, y así fue el camino hasta la casa del chico. Llegaron por la zona trasera observando una imagen funesta. Más allá, pasando el estacionamiento se encontraban dos autos envueltos en llamas y una multitud de muertos como quienes celebran frente a una fogata. Los tres caminaron silenciosamente hasta entrar, Alejandro cerró y activó el cerco eléctrico previniendo cualquier escena.

Armando observaba por la ventana mientras Alicia se lanzaba sobre el mueble a llorar. La espada rodó por el piso de la habitación. Él no hallaba que hacer, sus manos temblaban, los nervios de la situación le traían malos recuerdos, como una jugarreta de mal gusto. Soltó las armas y fue a lavarse el rostro en el baño, mientras lo hacía se observaba en el espejo de la habitación oscura, recordando a aquel muerto apuntando con el arma, de tan solo recordarlo su mente desechaba esa idea, era algo imposible — Aunque fuese un mero impulso, o que lo hiciere por repetición al ver a alguien haciéndolo… Eso suena a inteligencia desde cualquier punto de vista — Pensó observándose, por un instante deseo tener la planta eléctrica encendida, quería ver su rostro y recordar su humanidad por un instante.

Intentó recuperar la cordura, pero Armando le llamaba desde la sala. Salió del baño no sin antes golpear la puerta fuertemente con su puño, sentía cierta impotencia recorrer sus venas, llegó a la sala y Armando le señalaba a la chica.

—¡Vamos Alicia! sería bueno tomaras una ducha, para que te relajes, encenderé la planta eléctrica para que tengas agua caliente… — Le acompañó hasta la puerta del baño. La chica no emitía sonido alguno, pero tampoco oponía resistencia, él se limitó a dejarla sola y bajar a encender la planta eléctrica. Después de ello subió verificando las luces que daban al exterior se hallasen apagadas, solo funcionaba la luz de la cocina, del comedor y el baño. Regresó a la sala — ¿Siguen allí?

—Se dispersan poco a poco, creo que ya no queda nadie vivo allí… — Armando podía hablar en un tono bajo pero audible a distancia.

—Veo… creo que te traeré la comida y te haré un par de sacos — Ambos asintieron. En realidad el muchacho tan solo buscaba una excusa para mantener la mente ocupada y no repasar lo sucedido. Embaló dos piernas de cerdo en papel plástico, tomó enlatados e hizo lo debido, al cabo de media hora estaba listo con cuatro sacos de cereales, las piernas y la comida en la sala. Armando decía aprovecharía para irse, la calle ya se hallaba bastante tranquila, el vehículo se encontraba a una cuadra de distancia. Aun así, por precaución salió junto con él, debió realizar cuatro viajes cargando insumos, Alejandro quedaba cubriéndole la espalda hasta verle entrar al automóvil blindado por última vez.

Estará bien, el viaje es corto — Pensó regresando, cerró todo, y se dirigió al baño. Alicia acababa de salir, así que tomó la toalla y entró él, el agua caliente dio contra su cuerpo, y sus lágrimas brotaron. Hacía tiempo no sentía esa impotencia ni aquella resignación a morir, y le dio vergüenza de sí mismo. En dos ocasiones estuvo cercano a la muerte ese día, y sentía que había dado tan poco de sí. Sus manos se apoyaban contra la pared dejando el agua correr, deseaba gritar, deseaba entender, se sintió pequeño y tonto por un instante. Aquel sentimiento creció dentro de él llenándole, aturdiendo sus sentidos por un largo rato — ¡Debo mejorar… debo calcular mejor mis jugadas… debo entenderlo todo…! — Repetía estas palabras mientras su mente se recuperaba del torbellino de ideas y memorias.

Se vistió lentamente, al salir apagó la planta eléctrica. Para su sorpresa observó a la chica arrodillada en el suelo a mitad de la sala, tapándose los ojos entre sollozos, su voluntad tembló al quererla animar, comprendía lo que pasaba por su mente. Aquella chica que repudiaba tanto el matar en un arrebato del instante cercenó a un muerto viviente.

—Alicia…— Era difícil, así que se agachó frente a ella — Alicia mírame… te debes de sentir…

Levantaba la vista — ¡Alejandro lo maté! ¡Lo maté!

—No seas tan dura contigo misma — Tomaba su mano, la chica temblaba, y aquello a él le asustaba — Esa cosa ya estaba muerta, no era un ser humano.

—¡Vi sus rostro! — Negaba con la cabeza — ¡Dios no permite esa clase de cosas! ¡Fue un error! Yo… yo… la verdad…

—No puedes ser tan dura contigo misma. Estoy vivo gracias a ti.

—Oh Dios…

Le haló de la mano, sentándola junto a él en el sofá más cercano, posó su mano en su mejilla y le hizo verle a los ojos — Yo no soy Dios y estoy consciente que tú no eres así…

—Alejandro lo que me pone peor es que cuando lo hice pensé que era lo lógico ¡Quise hacerlo! Y después al ver su cabeza caer, tampoco me sentí mal… ¡Lo maté y no me sentí mal por ello!…

No sabía cómo darse a entender — Alicia, es cierto que yo no tengo las mismas convicciones que tú, y aunque dijese te entiendo. La verdad es que nadie podría entender cómo puedes sentirte excepto tu misma, pero si me pidieses mi opinión, la verdad estoy feliz de que lo hicieras. Probablemente sea algo malo, pero no puedo evitar el sentirme feliz por ello Alicia, no por el hecho de que mataras, sino porque lo hiciste con la intención de salvarme, y eso dice mucho de ti, yo vi que lo hiciste por mi… — La chica levantaba la vista — Esa es la Alicia que me gusta ver, lo de hoy fue algo impresionante, y de no ser por ti estaría muerto…

—Tú eres mi ángel…

—Pues creo que este ángel te debe la vida por hoy así que sécate esas lágrimas y sonríe un poco… — Dijo estas palabras y al percatarse tenía el rostro de la chica a tan solo centímetros de distancia, estaban tan cerca, aun en la oscuridad podía ver sus ojos. Apartó el cabello del rostro de la chica, sentía su respiración un poco alterada, y aquella sonrisa cómplice atrayente. Al instante siguiente sintió el roce leve de sus labios finos contra los suyos. Le sorprendió un poco, pero no se apartó, depositó los suyos para sentir su suave aroma y el sabor de su boca.

Dentro de su cuerpo hubo una explosión de sensaciones, apretaba suavemente sus labios, mientras su mano se deslizaba por la cintura de la chica sujetándole contra su cuerpo. Mientras más tiempo transcurría en ese beso suculento más extasiado se sentía. Deseaba más.

Se detuvieron por un instante, mirándose el uno al otro, impactados de lo ocurrido, él sin pensarlo volvió a besarla. La apretó aún más contra su cuerpo, ella se abalanzó sobre él, quedando ambos recostados sobre el sofá. Era inexplicable pero exquisito, sus manos rápidamente rodearon a la chica, sus piernas se entrelazaban… y sin más se volvieron a detener, Alicia se levantó del sofá contrariada, él un poco abochornado ante aquella parada abrupta, se levantó del sofá intentando sonreír. Por su mente pasó el disculparse, pero en realidad no deseaba eso… quería continuar, su pecho hervía.

Era una situación un poco incomoda, hasta que ella se dio vuelta y él denotó que tocaba sus labios con la punta de los dedos. No supo quién se volcó sobre quien, pero se encontraban besándose nuevamente, esta vez de una manera más apasionada, apretados contra la pared. Rodando como en un juego infantil, sonreían mientras se mordían y apretaban los labios, resultaba algo natural, sin planificar.

Terminaron en la puerta de la habitación de Alejandro, la cual abrió sin pensar, lanzándose abrazados a la cama, las manos de ella se extendían por toda su espalda por encima de su camisa. Él la beso una y otra vez, sus manos levantaron un poco la blusa sintiendo su delicada piel en su cintura. sus labios apretujados pasearon por su rostro, besando sus mejillas, jugueteando en su oreja, descendiendo lentamente por todo su cuello hasta sus hombros, donde le mordió tiernamente. Alicia exhaló un suspiro y sus uñas se hincaron en la espalda de él, su cuerpo se calentaba con un fulgor creciente de su cintura hasta su pecho.

La miró fijamente a los ojos, notaba su respiración entrecortada, su cuerpo bajo el suyo, y sus piernas enredadas con las de él. Se detuvo un poco dibujando su rostro con el dedo índice, ciertamente quería tener la fotografía de su rostro en su memoria por toda la eternidad. Acarició sus mejillas, se posó sobre sus labios rozándoles dócilmente, y fue bajando por el centro de su pecho, topándose con la ropa, pasando por encima de esta, descendiendo por la estreches de sus senos firmes hasta llegar a su ombligo. Subió nuevamente llevándose consigo aquella blusa, la oscuridad de la habitación se mezclaba con el sonido de la lluvia en el exterior, las sábanas envolviéndoles le servían de cómplices. Ascendió complacido dejando a la vista algo tan hermoso que no tuvo palabras para describirlo, al subir la mirada ella volteaba un poco apenada, se dirigió a quitarse la camisa besándole en los labios nuevamente.

Las manos de ella se movieron por su espalda hasta llegar a sus glúteos, la mano izquierda de él la sujetaba, mientras la derecha se posaba en su delicado seno, la punta de su dedo jugaba por la zona como con cierta inocencia. Ella habría gritado de haber podido, por en cambio le mordió en el cuello. Su pezón erecto fue víctima de un placer indescifrable al tacto. Cada vez que giraban sus dedos su mente se nublaba y su cintura se movía por sí sola, arqueando su espalda, frotándose contra él.

Los dedos invadieron el fulgor de su intimidad por debajo de la ropa interior. Él se percató de la humedad y el calor de ella, y de la reacción de su cuerpo ante cada movimiento. Al subir y descender por entre sus delicados labios su pecho se hinchaba y su boca propinaba un sonido casi inaudible pero placentero. Los dedos de ella le recorrieron de arriba abajo, rasgándole un poco. Nunca imagino que tal acto fuese placentero.

Un punto tan sensible, tan erógeno del cuerpo de Alicia fue tocado que un chillido escapó de sus labios. Tomó sus brazos para que no se detuviera, era una corriente divina que le provocaba espasmos y un cosquilleo que meneaba su cintura de arriba abajo en un ritmo frenético. Ella sabía se hallaba fuera de sí misma, aquella sensación le estaba embargando, nublando los sentidos. Deseaba todo. Su pelvis se movía con un frenesí increíble y su mente se hallaba en blanco, solo podía disfrutar de cada roce.

Podía gritar de la sensación, pero la voz se escapaba de su ser. Se aferró con las uñas a su espalda y a la sábana. Los dedos de Alejandro en su intimidad se movían ahora más rápido y con ello su mente se nublaba. Solo quería más, más… todo su cuerpo iba a estallar, cada célula, cada átomo. Le besó en un mordisco que no controló.

Bajó su mano por todo su pecho, sintió su abdomen con suavidad y descendió aún más. La chica tomo su virilidad entre los dedos con cierto placer y emoción. Era duro y caliente. Podía sentir como aquella parte palpitaba, como si tuviese vida propia y se lanzaba sobre ella. Su entrepierna escurría, quería sentirlo adentro, que la llenara y le hiciera gritar.

Abrió sus piernas por instinto y con ellas rodeó el cuerpo del chico. La oscuridad no dejó ver como sus ojos se pudieron en blanco, al instante en que aquella parte rozaba con la punta toda su zona. Alicia le sujetó del cabello y atrajo para besarlo.

El primer impulso dentro de ella fue un rayo de dolor que la recorrió de arriba hasta abajo. Le rasgó de la espalda para que se detuviera, calmó su respiración, percatándose que increíblemente su cuerpo deseaba más. Por ello empezó a moverse por sí misma para sentir como aquel miembro duro le rellenaba. Alejandro estaba allí sobre ella abrazándola, y el placer la dejaba sin fuerzas.

La noche terminó siendo olvidada, las preocupaciones, los gritos, el olor a ceniza y la lluvia quedaron en último plano. Solo quedaron ellos dos, disfrutando de aquella sinfonía que sus cuerpos ejecutaban entre telas blancas.

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