CAPÍTULO 5. ESTERTOR

  —En ciertas ocasiones tienes que tomar lo bueno que la vida te ofrece y disfrutarlo— Armando le ofrecía un whisky recién preparado al chico.

        —Gracias— Alejandro recibió el vaso sentándose frente a los presentes— ¿Somos los que quedamos— Observó a todos con preocupación, había un silencio reinante en la sala, nadie emitía palabra, siquiera santo, quien siempre era de hablar demás y en voz alta.

        —Los demás se fueron con Yoshua y Jhon— Informó Armando a pesar de resultar bastante obvio para los presentes.

        —Espero que al menos tengan un plan de contingencia.

        —¿Te quedaste solo por eso santo?— Un hombre le peguntó al más gordo de la comitiva.

        —¡A tomar por culo pringao! ¡Gilipollas este!— Santo se levantó ante las palabras de aquel hombre, pero tanto Armando como Milena y Miguel se levantaron para calmarle, no sin antes mirar de reojo al otro.

        —Armando, Milena, primero preferiría hablar un instante con ustedes— Alejandro se apartó del grupo mientras sorbía un trago de alcohol, los dos señalados le siguieron mientras el resto les observaba con atención.

        —¿Qué sucede?

        —Pregunta para Milena, y espero que me contestes con sinceridad ¿tuviste o no tuviste que ver con la creación del virus ARE?

        —Lo estábamos estudiando chico, pero no fui su creadora, y antes de que lo preguntes, tampoco lo diseminé.

        —¿Confías en ella Armando?

        —Si, y Milena sabe que si me llegase a ocultar algo tan importante como eso yo mismo me encargaría— Armando sonrió tan amablemente como solía hacerlo ante cualquier situación— ¿Por qué la pregunta muchacho?

        —Se los explicaré en el camino, ahora vayamos con el grupo, debemos decidir que hacer.

        —¿Y? ¿Un plan?— Preguntó nuevamente Santos cruzándose de brazos al verles regresar y tomar asiento en la improvisada rueda que habían formado.

        —Ninguno, y creo que lo mas prudente es que entre todos decidamos que haremos a partir de ahora— Expuso Milena.

        —Pues si lo preguntas yo me iría de regreso de inmediato, esta mierda de rescate ya me parece una gilipolles.

        —Yo apoyo al patrón, no nos hablaron de bestias gigantes cuando veníamos en camino, tampoco sobre un enjambre de muertos, cuando hablaron de ir en tren sonó incluso como un plan rápido y seguro.

        —¿Podrían callarse?— Alejandro habló— ¿Cuál es la grosería que ustedes usan para decirle que son un par de imbéciles Miguel?— Preguntó, a lo cual Miguel observó de reojo a Santo, pero luego a Sara y contestó.

        —Cabronazo, cabroncete…

        —Eso mismo, dejen de serlo y cállense, regresar ahorita es una tontería pie estamos hablando de mas de cincuenta kilómetros atravesando una ciudad, si vamos en el tren nos atacarán de nuevo  y todo acabará, quedarnos tampoco es una opción, tarde o temprano nos van a encontrar, los olfateadores siempre encuentran la manera de hallar  el olor de las personas, y aquí estamos las suficientes, sin contar con el hecho de no tener suficiente cloro como para mantenernos aquí. Si te quieres regresar no cuentes conmigo para cubrirte la espalda, regresa al barco y escóndete si quieres— Alejandro se había terminado el trago y se estiraba, el licor le relajó un poco los músculos pasmados de tanto caminar entre lodo— Y si alguien desea irse junto a él será libre de hacerlo ¿No Armando?

        —Tienes razón, aquí nadie retiene a otro, y creo que todos sabíamos muy bien los peligros a los que nos enfrentaríamos, sabíamos que era una misión peligrosa y posiblemente  implicaba moriríamos en el proceso. Y todos los que bajamos de las naves y pusimos pie en tierra sabíamos sobre ese riesgo.

        —¿Qué opciones tenemos?— Preguntó un hombre con voz ronca, cabeza rapada y ropa militar.

        —Pocas— Alejandro tomó el mapa que se hallaba en la pared de aquella sala, que en algún momento alguien debió guindar allí con un par de chinches— Teníamos pensado tomar esta vía— Señaló la autopista principal la cual se hallaba a un kilómetro de distancia de su posición— pero según los datos que manejaba Sam esa vía se hallaba bloqueada y había un fuerte grupo de muertos, ahora, la otra opción es la misma que el grupo de Yoshua y Jhon acaban de tomar, y es de seguro cruzar estos tres o cuatro kilómetros en diagonal hasta esta otra autopista.

        —¡Pero eso implica atravesar un pedazo de Rio de Janeiro!

        —Si— Corroboró Alejandro— Y si les soy sincero, pienso que es el camino más peligroso que podríamos tomar.

        —Entonces obviamente no es una opción— Señaló Santo.

        —tenemos algo a nuestro favor Santo, y es que el otro grupo nos llevará una ventaja, y si hay algo allí, ellos lo enfrentarán antes que nosotros— Alejandro dejó el mapa— Según el visor satelital de Sam en esta zona no habían muchos muertos, pero cero que debe haber un gran error.

        —El chico tiene razón— El hombre  de vestimenta militar habló— De hecho casi toda la zona de Rio de Janeiro aparece casi sin presencia de muertos, pero incluso en el escuadrón pensaban que debía de existir algún error en la lectura.

        —¿Tu estabas con ellos?

        —Si

        —¿Cómo te llamas?

        —Branislav— Pronunció con su acento de origen, en algo que se escuchó como “brnsfloav”

        —¿Cómo?—  Preguntó Karla.

        —Es un nombre eslovaco, de allí es mi familia, me llamo Branislav.

        —Dejémoslo en Bran, por conveniencia, ahora Bran, ¿Hay alguna manera de alterar la lectura de esos instrumentos?

        —Placas metálicas, o que estén bajo varias capas de concreto…

        —¿Como en un edificio?

        —No cualquiera, pero algunos si… la señal va desapareciendo.

        —Comprendo, gracias, eso certifica parte de mi teoría— Expresó Alejandro.

        —¡A mi me sabe a mierda toda esta palabrería! ¡Yo no pienso poner un pie en Rio joder!— Santo se hallaba exasperado— ¡Me quedé porque la idea del oro grupo era una locura, y no iba a seguir a un gorila armado y a un criajo! ¿Y aquí se van a guiar por otro gilipollas que apenas aprendió a limpiarse? ¡Que os follen!—  Agitó sus manos, su rostro sudaba— Y tampoco cuenten con mis dos chicos— Expresó señalando a un hombre sentado cabizbajo y a Miguel.

        —Yo voy con ellos señor— Respondió Miguel intentando no mirarle.

        —¿Así me vas a pagar hijoputa?— Santo desenfundo su arma, sorprendentemente rápido, Armando fue quien reaccionó lo suficientemente rápido y cerca como para golpearle y desviar la trayectoria del disparo que iba dirigido a Perrobravo y terminó contra el techo.

        —¡Pendejo!— Armando le propinó otro puño en el rostro antes de levantarse mientras era apuntado por el hombre que antes se halló tan solo en silencio— Calma t también idiota, que cuando intente matarte a ti, también te salvaré— Armando se retiró dejando a Santo en el suelo con la boca sangrante.

        —¡Infeliz! ¡Cabronete!— Santo intentaba reponerse.

        —Descuida Pedro, esta bien, ya está soltando “tacos” de nuevo— Expresó con una sonrisa Miguel al otro hombre quien antes apuntó a Armando.

        —Yo pienso que ustedes deberían quedarse chicas— Alejandro las miró.

        —Te hice prometer tendrías que calarte mi presencia a todas partes Ale— Sentenció Karla como respuesta acomodándose más en el sofá y robándole un poco de cereal a Claudia de la caja.

        —Esto no será igual, no podemos siquiera asegurar que alguno llegue vivo a Pirai.

        —¡Con más razón iremos!— Sara se levantó— Digo, Karla es tan diestra como tu, y te acaba de salvar, yo… bueno, si algo pasa dispararé a lo que venga.

        —¡No es un juego chicas! ¿Y qué hay de Claudia?

        —¡Sabemos que no es un juego Alejandro, y decidimos estar aquí todas nosotras, por una u otra causa!— Karla se mostró molesta, mientras que el resto de los presentes los miraba en silencio, Santo se limpiaba la sangre con un pañuelo.

        —¡Bien! ¡Hagan lo que quieran! ¡Yo llevaré a Claudia conmigo!

        —¡Bien!— Respondieron  Sara y Karla a la vez.

        —Necesitamos aprovechar la luz solar, por lo cual deberíamos partir en menos de media hora, pero primero, quisiera que cada uno se presentara, aquí algunos no nos conocemos, y ya que somos tan pocos, lo mejor es que lleguemos a trabajar como un equipo, lo más unido posible— Expresó Armando.

        —Me parece una excelente idea— Milena le secundó— Por eso comenzaré yo— Me llamo Milena, tengo treinta años, era rusa, y trabajé en el estudió del agente ARE que creó este montón de muertos andantes, mi interés es volverlos a su estado de muertos, por completo.

        —Armando, no diré mucho sobre mi, excepto que pertenecí durante muchos años a la milicia, y me especializo en combate cuerpo a cuerpo, más que todo combate sambo.

        —Fernando, llevo tiempo trabajando con Armando, y gracias a él me salvé durante la infección, y mi familia también, así que donde él vaya, yo iré.

        —Miguel, me conocían como perrobravo, me rescató el señor Santo en las costas de mi ciudad en España, desde allí he viajado y ayudé a limpiar una de las islas azores, y ahora estoy aquí, y quiero seguir, creo que hay que llegar a Piraí, también conozco a Alejandro desde hace un buen tiempo, y es de confianza.

        —Branislav, soy de Eslovaquia, mi esposa era americana, serví en Irak, y ahora estoy aquí, pero preferiría estar en Irak antes que vivir esto.

        —Alejandro, soy de Venezuela, y antes de esto era simplemente un estudiante.

        —Me llamo Carl

        —¿Cómo Lenny y Carl? ¿Los de los simpsons?— Miguel le interrumpió y Alejandro lo miró indicándole no era el momento para comentarios como ese— OK, disculpen, no dije nada…

        —Me llamo Carl, soy marino desde joven, mi tierra es Honduras, pero hace mucho que no la veo.

        —Soy Karla, no me interesa ningún pretendiente— Los miró a todos seriamente— Y si lo intentan les abriré un agujero en el estomago, no para que se mueran, sino para que se ahoguen en sangre— Hubo un fuerte silencio y Milena sonrió con complicidad ante sus palabras.

        —Me llamo Sara y esta es mi hermana menor Claudia, Alejandro nos rescató y…

        —Yo no entiendo que hacen aquí ese par de niñas— Expresó el hombre llamado Pedro— ¿Y que tiene esa mocosa con los gatos?

        —Un gato fue básicamente lo que nos salvó, idiota— Contestó Sara sin decir nada más.

        —Y ellas vienen conmigo, si te molestan mantén tu distancia y boca callada, esperaba verte a tres kilómetros de aquí con tu “jefe”, yo no entiendo por qué debo llamar “Santo” a un gordo mal hablado— Le contestó Alejandro.

        —Me llamo Pedro y es todo lo que diré.

        —Santo, les guste o no así me llamarán, y en mi opinión van a morirse todos y serán mierda de muertos— Nadie realizó ningún comentario al respecto, aunque resultaba más que obvio que todos pensaban que quizás tenía mucha razón.

        —I’m Claude…

        —Ellos son Claude y Nikol, ninguno de los dos habla español, pero Claude puede comprenderlo un poco, ninguno de los dos confía del todo en Jhon— Intervino Branislav.

        —Bien, con eso somos todos, una pequeña compañía de catorce personas— Armando palmeó sus rodillas y se levantó— Alístense, en diez minutos partimos… los que quieran ir con nosotros, a sabiendas de que vamos en un rumbo suicida.

        La compañía se disgregó, cada quien fue a tomar sus posesiones  y armamento, mientras tanto Armando se acercó a Alejandro— No esperaba tampoco lo de Alicia… es fuerte sentirse traicionado, pero ahora debes mantenerte firme y concentrado, el día de hoy será duro, y no has dormido.

        —Descuida, lo estoy— Le tranquilizó— Tengo que estarlo para poder cuidar a las chicas.

        —Aun recuerdo tus palabras, y me dijiste que no había casi chance de llegar a Pirai, ¿Y ahora?

        —¿Ahora? Será un milagro si alguno de nosotros sale de Rio Armando.

        —Piensas como yo, en particular siento que vamos a morirnos todos apenas pongamos un pie en la ciudad.

        —Si queremos tener algún chance vamos a tener que recurrir a todo lo que sepamos, y a cualquier recurso para matar a los muertos.

        —Yo tengo una cuenta pendiente con los muertos Alejandro, pero tu no tienes por qué, podrías regresar o quedarte e intentar sobrevivir con las chicas y…

        —Seguiré y salvaré a las chicas, así me tenga que dejar comer en el proceso Armando, y además, tengo que ir, rescatar a Alicia y matar al pendejo de Yoshua de una vez por todas— Zanjó la conversación para ir a buscar su equipo.

        Armando revisó su vieja cartera, aun tenía en ella facturas y dinero que ya no poseía ningún valor, una lista del supermercado y las tarjetas de debito y crédito, y, a un lado se hallaba la foto de su hija Pandora, a quien debió ver morir. — Papá va acompañarte pronto hija, a pasar navidad juntos— Sonrió viendo el calendario, veintitrés de diciembre, guardó la tarjeta y besó la foto de su hija antes de guardarlo todo de nuevo en su bolsillo trasero.  

        Media hora después se hallaban en camino, todos, incluyendo Santo y Pedro quienes iban en la retaguardia, derrotados al no contar con nadie más que se quedase. La marcha era lenta, aun hacia frio e iban abandonando la seguridad del parque con sus casas para ricos, nadie hablaba a excepción de Miguel quien intentó cada tema de conversación con Sara, hasta que halló uno sobre una antigua serie de televisión que ella también acostumbraba ver  cuando el mundo era normal.

        Alejandro pudo notar que a pesar de que la mayoría portaba su rifle contra el abdomen, sus pies vagaban por el camino, dudando de avanzar hasta Rio, incluso los de él mismo, pero ya no había remedio, aquello era una jugada desesperada, una elección en la forma de morir que todos habían tomado por no haber soluciones, una salida con un margen de posibilidades muy bajo.

        Paradójicamente, la única que caminaba con animo entre el grupo era Claudia, quien poseía en su mano una cuarta caja de cereal e iba comiendo mientras avanzaban. Al frente de la comitiva se hallaban Milena, Armando y Branislav, seguidos por Alejandro, Claudia y Karla, Sara y miguel, y el resto pasos atrás.

        —¿Cómo llegaste a trabajar en el agente ARE Milena?— Alejandro rompió el silencio.

        —Recomendación de mi padre, había estudiado virología porque él lo deseaba, pero me gustaba la aviación, así que estaba practicando, cuando él me llamó un día y me pidió que trabajase en el proyecto. Y cuando estuve adentro, me percaté que era algo único, peligroso, y que si me metía en ello no podría salir, y así fue.

        —¿Y Vladimir?— Inquirió Alejandro.

        —Me lo presentaron en el laboratorio, era un recién graduado que estaría bajo mis ordenes en el estudio.

        —¿Estás segura de eso Milena?

        —Claro Alejandro, recuerdo muy bien ese día.

        —Me refiero a que, hace rato entre a un laboratorio, al cual enviaron un grupo de archivos, al parecer los enviaron a todos los lugares donde pudiesen investigar la vacuna contra el agente ARE, pero la cuestión es que mencionan que la investigación se hallaba a cargo de Vladimir, quien era un virólogo militar.

        —Eso no…                                    

        —Estoy seguro Milena, mostraban su data y su fotografía, vi la información junto a Yoshua.

        —¿Puedo ver la información, la foto?

        —No la tengo guardada, pero Yoshua si— Respondió Alejandro.

        —Vladimir no dijo pertenecer a la milicia… eso, cambiaria un poco las cosas.

        —¿Tu crees?— Armando caminaba terminando un cigarrillo para luego destapar un chicle de menta— Yo una vez te dije que no confiaba en él.

        —Lo sé, pero en el barco tan solo buscaba trabajar— Comentó Milena.

        —El Armonia quedó bajo su cargo— Soltó sin más armando masticando, y los otros guardaron silencio ente sus palabras.

        —Esa es una casa—Karla señaló un pequeño rancho hecho de madera y latón a unos cincuenta metros, y después de este habían varios más del mismo tipo.

        —Alertas todos— Milena bajó el ritmo de la marcha y todos le siguieron comenzando a apuntar en todas las direcciones, al cabo de cinco minutos encontraron el primer par de mutilados,  una pareja que se arrastraba por entre unos pedazos de madera. Decidieron no matarles y continuar sin dejar rastro para los olfateadores. A cada paso que daban hallaban más casas, afortunadamente el sitio parecía bastante solitario, las viviendas eran pobres, y se notaba que se acercaban por unos de los barrios de la ciudad, por la zona baja de una favela, y comenzaban a ascender por una montaña, la cual se hallaba llena de casas hechas de bloque al descubierto u otras pintadas de colores vistosos pero que dejaban ver la escasez viviente en tal sector cuando fue poblado.

        —Caminen en silencio— Indicó Armando, cuando comenzaron a avanzar por un callejón intrincado, más semejante a una serpiente, bordeado por paredes y puertas. Moverse por tal lugar era un peligro, y cada uno de los presentes sudaba y pisaba con miedo el escalón siguiente, observando hacia arriba, los balcones de aquellas casas maltrechas.

        —¿Por qué por esta dirección?— Preguntó Karla.

        —Necesitamos terreno elevado para tener visión de la ciudad que hay debajo, además aunque parezca el lugar más peligroso, por estarnos moviendo por este corredor angosto, la verdad es que hay puertas cada tres pasos, y bastantes callejones por los cuales tomar posiciones si algo ocurre— Señaló Alejandro siguiendo a Branislav en fila.

        Hubo una señal de hacer silencio desde adelante, y todo mundo se detuvo, Armando y Milena señalaban una casa a la derecha como fuente de movimiento, y los siguientes pasos fueron en aun mayor silencio, y se dejó un pequeño chorro de cloro en el suelo para bloquear el olor ala esencia humana.

        En la esquina siguiente se observaba una casa desde cuyo tercer piso brotaba agua bajando como manantial por las paredes, salpicando todo el camino, a los lados se podían observar un par de pisadas húmedas contra el pavimento en subida.

        —Claudia, móntate aquí en mi espalda— Señaló Alejandro, colocando sus pies entre las asas del bolso que llevaba, tomando el de la pequeña Karla, para poder movilizarse mejor. De este modo Alejandro cargaba con la chica y detrás de esta su bolso.

        —Todo esto está muy raro— Señaló Branislav.

        —Está demasiado solo y en demasiado silencio— Agregó Perrobravo cuando ya se acercaban al tope de la montaña y avanzaban por un camino cementado que terminaba en la siguiente montaña, y un poco más allá un par de edificios medianos de clase media.

        —Da más miedo el no haber disparado ante nada aun— Puntualizó Sara.

        —Debemos llegar a ese edificio y subir hasta la azotea— Señaló Armando, a pesar de que ya se observaba un pedazo de la ciudad a sus pies. El sol comenzaba a calentar las cosas y a reinar en la ciudad, mientras el grupo avanzaba en silencio, santo para sorpresa de todos se mantenía callado durante todo el trayecto, pero su rostro aun denotaba molestia.

        —¿Y si hay muertos adentro?— Preguntó Karla.

        —Podemos subir por la escalera de servicio que está afuera, e intentar hacer la menor cantidad de ruido.

        —¿Qué ruta piensas tomó Yoshua?— Armando se detuvo un instante para esperar a Alejandro y recibió un puño de cereal que Claudia le ofreció con una sonrisa.

        —No sé, pero no debe de estar muy lejos, cuando más nos ha de llevar un kilómetro de ventaja.

        —Eso lo colocaría dentro de la ciudad, te lo pregunto porque nuestra mejor opción es seguirles el paso lo mejor posible y dejar que sean ellos quienes nos abran el camino entre los muertos.

        —Suena como una buena idea, dejarles el trabajo pesado.

        —Después de todo cuentan con la mayor cantidad de armas y personas dispuestas a disparar— Armando no dijo ningún nombre pero con un gesto en el rostro Alejandro supo se refería a Santo y Pedro quienes iban en la retaguardia.

        —Lo sé, serán inservibles en mi opinión, pero yo no les conozco mucho, mi amigo Miguel si.

        —¿El galán que está detrás de Sara?— El hombre sonrió— Creo que te están quitando una de tus chicas muchacho.

        —Déjalos, no creo que hagan daño, conozco pocas personas que quieran compartir con otra en todo este caos— Comentó Alejandro.

        —Yo creo que se ven bien juntos— Karla sonrió.

        —Creo que te equivocas Alejandro, la verdad en este tipo de situaciones es más normal que las personas busquen querer a alguien, es como una fuente de apoyo, y algo por lo cual seguir— Analizó el hombre— Y mira, ya nos acercamos al edificio.

        Los alrededores estaban llenos de maleza que había crecido entre el concreto, habían varios vehículos  esparcidos, y sorprendentemente ningún indicio de que alguna vez hubo vida en aquel lugar, todo desierto por completo. Una van blanca mostraba sus compuertas abiertas y a un lado habían un par de agujeros de bala, pero no había marcas de sangre, ni allí ni en el suelo, si alguna vez lo hubo, la lluvia se lo llevó tiempo atrás.

        —El edificio se ve vacio por dentro, al menos la planta baja— Señaló Branislav cuando se acercaron, mientras Milena avanzaba observando la recepción.

        —Vayamos por fuera— señaló Armando y Alejandro asintió con la cabeza— Es mucho riesgo entrar allí, solo debemos tener vista y hacer una ruta la cual sigamos, y si podemos, ver por donde va el otro grupo de pendejos.

         Subir en silencio por la escalera metálica era difícil, y hacerlo con Claudia en la espalda, el bolso y las armas, era como una tortura a cada paso, afortunadamente el edificio solo tenía diez pisos de alto, sin embargo, para cuando Alejandro llegó a la azotea junto al resto del grupo no pudo evitar decirle a la pequeña que bajara para el poder descansar,  sentándose en el suelo  tomando media cantimplora de agua.

        —¡Bienvenidos a Rio de janeiro!— Branislav sonrió, el sol se hallaba en todo su esplendor alumbrando la ciudad entera, un sinfín de zonas edificadas bajos sus pies.

        —Me habría gustado venir en temporada de garotas— Armando rio, mientras que Miguel le dio una palmada en la espalda y asintió con el pulgar arriba ante el hombre.

        Se hallaban en un edificio al pie de la montaña, más allá se encontraba la ciudad en todo su esplendor, con sus urbanizaciones, parques, calles y centros comerciales, hermosa de concreto y metal, y completamente sola.

        —¡Alejandro!— Milena le llamó observando desde la mira de su rifle, Armando sacó su Magnum y siguió la mira en la misma dirección, y más atrás el muchacho— Es el otro grupo.

        Los encontraron a bastante distancia, era un pequeño puño de personas que avanzaban por una calle cercana a uno de los distritos comerciales más famosos de la ciudad— Son ellos— Corroboró Alejandro, observándoles mejor, encontrando al chico con la katana, a Cassie y Alicia acompañándole de cerca junto a Jhon.

        —¿Ves la ruta que toman?— Preguntó Milena.

        —Atravesarán el distrito comercial para luego llegar hasta aquella vía, allá, donde se ve aquel puente— Señaló Armando un puente varios kilómetros más allá— Ese ha de ser el camino, lo más…— Sus palabras quedaron allí y entrecerró los ojos sin comprender— ¿Qué pasa?

        —¡Está temblando!— Gritó Pedro, y así era, el suelo comenzaba a vibrar bajo sus pies, y el edificio a mecerse suavemente. Pero hubo algo que hizo que nadie se atreviese a moverse, un sonido grave horrible, como si saliera de las entrañas de la tierra, y estas gruñeran amenazando, era un estertor sin comparación.

        —¡Terremoto! ¡Bajen de inmediato!—ordenó con un grito Armando, y todos comenzaron a correr, pero Alejandro comprendió que era todo aquello.

        —No es ningún terremoto— Soltó en voz baja mientras cargaba a Claudia nuevamente y Karla le jalaba del brazo para que bajara— ¡No es un terremoto!

        —Claro que es un terremoto chico, acaso…— Branislav también cayó en cuenta al observar lo que Alejandro veía. A distancia, el grupo de se hallaba en medio de una enorme carretera, detenidos, y los edificios al lado de ellos se balanceaban como gelatina, la tierra se sacudió en un estrepito y las paredes del edificio comenzaron a crujir. El estertor creció y de pronto hubo silencio.

        Lo siguiente fue un estallido y un par de columnas de humo cuando toda una sección de la ciudad, incluido un edificio, tres secciones de calle, un centro comercial y una decena de establecimientos se hundieron desapareciendo armando un agujero enorme por el cual comenzaron a subir decenas de miles de muertos en una oleada sin precedentes.

        El estertor continuó, y a pesar de hallarse a más de un kilometro de distancia, el bramido de miles de muertos al unísono estremeció a todos.

        —¡Bajen como puedan!— Fue el grito de Branislav, quien saltó un par de escaleras por un costado cayendo en la sección de abajo.

        —¡Maldición es la puerta al infierno!— Grito Santo, y Alejandro pensó que tenía razón, ellos bajaban y a lo lejos se podía observar como continuaban saliendo, y había un segundo estallido por donde debían de salir más cadáveres en carrera. La ola de muertos era negra y gris y a distancia se podía observar como cubrían escalando edificios, como envolviendo a la ciudad cual enjambre de hormigas.

        —¡Corran!— gritó el también, a pesar de que todos lo hacían, y bajaban las escaleras entre saltos y carreras, pero ya en la zona de abajo se comenzaban a ver un par de muertos y la situación comenzaba a tornarse tan oscura como Alejandro pensó que sería desde un principio.

  Los muertos comenzaban a aparecer en todas las direcciones, y los presentes empezaban a disparar a discreción, Alejandro cargaba a Claudia y terminaba de descender por las escaleras, pudiendo notar el desastre  que se convertía la situación, todos disparando a lo primero que se les atravesaba en el camino, corriendo sin control por las escaleras y el estacionamiento, mientras que los zombies les rodeaban y se mezclaban entre ellos saltándole al primero que tenían en frente.

        Terminó de bajar y observó como Armando golpeaba a un muerto con la culata de su arma, pateaba a otro y se abría camino entre ellos, él se limitó a seguir a Karla, quien se metió en la parte de atrás de la van detrás de Sara. Alejandro metió allí a Claudia y se dio vuelta, cuando se vio empujado con fuerza por un jadeante que le estrellaba contra la puerta trasera de la van blanca. El auto rebotaba y Alejandro interponía los brazos intentando zafarse de los arrebatos y las fauces del muerto. Karla fue quien disparó a la cabeza del zombie y la situación se calmó un par de segundos.

        —¡El auto no enciende!— Fue entonces que Alejandro se percató que Miguel y Branislav se hallaban en la parte delantera del auto, el primero era quien se quejaba al volante y el segundo a un lado— ¿Porqué los autos no funcionan nunca cuando un zombie nos persigue?— gritó.

        Pero Alejandro se preocupaba por otra cosa, se subió a la parte trasera de la van junto con las chicas frente a un grupo de seis o siete jadeantes que chocaron contra la parte trasera del vehículo intentando entrar, Sara, Karla y él propinaban patadas en el rostro a los muertos y se cuidaban de no ser jalados. Comenzó a disparar, pero se hallaban demasiado cerca y la sangre salpicaba, por lo cual dejó de hacerlo.

        —¡Muevan eso! ¡Arranquen!— Gritó él, mientras sintió que alguien se montó encima del vehículo y comenzó a disparar con un rifle a todo lo que se hallaba alrededor.

        —¡No funciona!— Gritó Miguel quien intentaba no mirar al jadeante que golpeaba su puño a su lado contra el cristal.

        —¡Va a entrar!— Karla se refirió a un olfateador con rostro de mujer que saltó por encima de los demás y agitaba las piernas y brazos intentando dar con ellos. Pero entonces las ruedas chirriaron y el auto comenzó a moverse, Alejandro volteó, pero Miguel negaba con la cabeza indicando que él no era quien provocaba el movimiento, pero no importaba, avanzaban, en dirección a… el despeñadero que había justo al frente del estacionamiento.

        Alejandro sintió  como el auto se inclinó, Claudia se sujetó a su cuello y de pronto comenzaron a caer, atravesando un montón de arboles, maleza y ramas secas, las chicas gritaban y Miguel intentaba virar esquivando todo a su paso.

        —¡Enciende en segunda!— Branislav movió la palanca de velocidades y el auto dio un rugido antes de encender y continuar en descenso vertiginoso, saltando sobre roca, follaje y tierra. Arriba hubo una fuerte explosión, pero ninguno de ellos logró ver salvo escuchar el sonido.

        —¡Allí vienen!— Gritó Sara observando como los zombies se lanzaban al desfiladero en persecución.

        —¡Pero que mierda!— Miguel se impactó al ver la mitad del cuerpo de  Milena sujetándose en la parte superior del auto, resbalando por el frente del carro impidiendo la visión del camino.

        —¡Cierra la puerta!— Gritó Karla, pero todos en la zona trasera de la van saltaban sin control, chocando contra el techo y paredes. Alejandro sintió el cuerpo de Karla sobre el suyo, y las manos de ella aferrándose a su camisa, mientras que él golpeaba la cabeza contra el metal de la camioneta.

        —¿Adonde voy?— Vociferó Miguel llegando a terreno plano y la voz de Armando llegó desde el techo.

        —¡A tu izquierda muchacho! ¡Hay un camino a la izquierda!— Armando lanzó la Magnun dentro de la camioneta, la cual aterrizó en el fondo, al lado de una Claudia que no se hallaba feliz por los tumbos que daba el vehículo. Alejandro se desembarazó de Karla y procedió a cerrar las puertas de atrás, solo para observar como un grupo de muertos les comenzaba a perseguir en medio de la calle.

        —¿Y los demás?— Preguntó Sara, pero nadie respondió aquello, tampoco importaba ahora, Alejandro pensaba en qué hacer ahora, pero nada se hallaba bajo su poder, era Miguel quien manejaba, mientras Armando y Milena disparaban por encima del vehículo. Hubo un fuerte golpe a un costado y todos observaron la pared de la camioneta, comprendiendo que un jadeante se había estrellado con la misma.

        —¡There!— Branislav tomó el volante a la fuerza haciendo que el carro virara bruscamente para meterse en el estacionamiento de un centro comercial a la derecha.

        —¡Pero que…!— Miguel no pudo decir nada mientras las ruedas chirriaban y viraban bruscamente hasta dar una vuelta entera dentro del estacionamiento oscuro y lleno de agua.

        —¡Salgan todos!— El sonido de las botas y un par de golpes contra el metal fue la señal de que debían salir. Karla abrió y Alejandro salió con el arma en la mano, afuera la comitiva era grande.

        —¡Bajen, bajen!— Milena se hallaba de rodillas disparando a un lado de armando, tomando a todos los muertos que llegaban en carrera desde la entrada del estacionamiento y la única luz visible en tal lugar donde solo se percibía oscuridad.

        —¡Sara, toma a Claudia y llega a esas escaleras!— Soltó Alejandro sin más remedio que disparar.

        —Pero yo puedo dispar…

        —¡Hazlo ya!— Gritó, y cruzando la mirada con Miguel comprendió que él cubriría de ellas en el camino.

        —¡Recarga!— Soltó Armando y Branislav suplió su puesto de inmediato.

        —¡Debemos retroceder!— Karla se unía a la comitiva, y pronto sus palabras fueron un hecho, a pesar de los esfuerzos el rio de muertos era inagotable y se acercaban cada vez más, a grandes zancadas.

        —¡Chicos!— Miguel disparaba desde una esquina oscura señalándoles el camino, y de pronto todo fue simplemente unca carrera desesperada por llegar a la escalera enteros, Karla resbaló en medio del agua y Alejandro le ayudó a levantarse mientras el resto cubría. Para cuando llegaron a las escaleras un par de manos les sujetaron de las espaldas, les jalaron en la oscuridad y dos compuertas de las escaleras se apagaron, todo se sumió en oscuridad total y en silencio, un silencio en el cual todos se preguntaban que había sucedido y si estaban vivos, los demás y ellos mismos.

        —Miau— Claudia rompió el silencio en la oscuridad, y de pronto una pequeña luz se asomó y emergieron todos a un pasillo apenas iluminado por la luz del sol que entraba de vidrios reflectores a varias decenas de metros sobre sus cabezas. Se hallaban dentro del centro comercial y junto a ellos habían dos personas a las cuales desconocían, y más allá a escasos diez metros un grupo de otras cinco, todas muy curiosas ante los visitantes.

        —Hola— Armando extendió la mano al hombre de piel morena que se hallaba frente a él.

        —Oi— Respondió este estrechándola.

        —Sobreviventes— Alejandro escuchó el acento portugués inconfundible, y comprendió que aquellas personas eran legítimos sobrevivientes brasileños a la infección.

        —Somos un grupo que va rumbo a Pirai, y la verd…— Armando intentó comenzar a explicarse.

        —¿Fala Portugues?

        —¿Alguien habla español aquí?— Preguntó Branislav, su respuesta fue una mujer que levantó el brazo acercándose, en sus brazos sostenía a una niña de escasamente un año, con pollera rosada y una pulsera con su nombre grabado “Aurora”.

        —Yo… hablar… poco— Señaló la mujer.

        —Perfecto, ¿Cómo se llama usted?

        —Maria— Puntualizó ella tocándose el pecho.

        —Bien Maria, dígale a sus amigos, que nosotros somos un grupo de exploración que va rumbo a Pirai, donde hay muchos sobrevivientes, y los sacaremos de allí a salvo hasta la costa— Expresó Armando a lo cual la mujer asintió y comenzó a hablar para el resto, mientras Alejandro se preguntaba como llegarían a Pirai, y aun más rescatarían a todos a salvo hasta la costa.

        —¿Qué necesitan?

        —¿Armas? ¿Comida?— Señaló Armando y la mujer sonrió guiándoles por un pasillo, la comitiva de personas les seguían de cerca, observándoles detenidamente.

        El centro comercial era increíblemente amplio, se hallaban en el primer piso, y los lados se observaba la zona inferior, donde toda una serie de locales se abrían paso rodeados de fuentes que alguna vez funcionaron. A pesar de mucho desorden y basura el lugar se encontraba en paz, era obvio  que el grupo de sobrevivientes habían limpiado el lugar y hecho de él su hogar. La zona superior era amplia con palmeras colocadas alrededor, dando la impresión de un sitio tropical. Ahora se observaba ropa guindada de las barandas y todo se hallaba apagado, sin embargo aun se notaba el esplendor que algún tiempo debió lucir, y para Alejandro lucía enorme, pues nunca había entrado a un centro comercial tan grande. Llegaron rápido a la tienda de armas, un lugar bastante grande y amplio en el cual se mostraba casi cualquier cosa, adentro el desastre reinaba, los estantes tenían sus vidrios rotos y la mayoría de las armas no se hallaban sobre las paredes, muchas se encontraban contra la pared o en el suelo, y habían bastantes cartuchos regados por el suelo. Alejandro procedió a recargar y tomar suficientes cartuchos en sus bolsillos de inmediato, por ultimo observó una katana, y recordó haber perdido la que Yoshua le regaló en algún momento, por lo cual tomó esta y la colocó amarrándola a su cintura.

        —Mira esto— Karla sostenía un par de granadas en la mano.

        —Con cuidado, no son de juguete, y si activas una, todas las demás vuelan también de seguro— Karla asintió a las palabras de él y se metió un par en los bolsillos del pantalón.  Alejandro siguió su ejemplo y tomó un par de granadas en sus bolsillos.

        —¿Dónde ustedes son?— Preguntó la mujer aun con la niña en brazos.

        —Somos de varios lugares, Venezuela, Estados unidos, Rusia— Especificó Armando— Nuestro grupo, mucho más grande, nosotros solo somos un pequeño grupo que se dispersó— Intentó explicarse y ella tan solo asintió.

        —Pirai ¿Sobrevivientes?

        —Si, tenía entendido que Pirai pasaba la información de su puesto de control por radio ¿No escuchan radio?— La mujer negó con la cabeza de inmediato y se tapó un oído.

        —Sonido, no, sonido no, muertos, muertos escuchar sonido…

        —¿Los muertos escuchan si encienden la radio?

        —Muertos, escuchar, pisar, oler, ver no, ver no poder— La mujer negó con la cabeza.

        —Entiendo, es cierto, la mayoría de los muertos no tienen muy buena vista y se guían más por el olfato y el oído, pero no es que no puedan ver— Expresó Armando.

        —Espere, ¿caminar?— Alejandro preguntó.

        —Si, caminar, tierra, muertos, ellos,— la mujer buscaba las palabras en su mente— Ellos, saltar de tierra, escuchar caminar.

        —¿Salen de la tierra?— Aquello no le extrañaba del todo a Alejandro, minutos antes lo había presenciado a gran escala, cuando media ciudad se desplomó en un agujero enorme.

        —¿Pueden sentir las vibraciones?— Inquirió Milena— Eso implicaría el desarrollo de un órgano que no posee el ser humano, sería algo…

        —¿Evolutivo Milena?— Preguntó Branislav.

        —La palabra que buscaba no es evolutivo, aunque si da a entender el punto, es más una mutación por adaptación muy veloz, seria algo increíble.

        —Ese estertor que escuchamos antes, como si fuese un terremoto, fueron ellos, antes de abrir ese agujero enorme— Expresó con preocupación Armando.

        —Yo no quiero averiguarlo— Soltó Branislav.

        —¿Qué sucedió con los demás por cierto?— Preguntó Alejandro.

        —Yo vi como el maldito de Santo le disparó dos veces a Nikol y lo usó como escudo humano mientras corría— Soltó Branislav.

        —Al tal Pedro lo habían mordido en una pierna, yo lo dejé en el suelo, Milena y yo notamos que ustedes se habían subido al auto y corrimos en esa dirección, fue más suerte que otra cosa— Expresó Armando— No sé que será de Fernando.

        —Suerte fue, que los mismos muertos nos empujasen por el despeñadero, el auto a Miguel no le arrancaba antes de eso— Señaló Alejandro— Y descuida, Fernando estará bien, quizás escondido en algún lugar pero bien— Alejandro intentó mentir para calmarle.

        —Si, es cierto, ya yo estaba desesperado, y tampoco se me ocurrió poner la marcha en segunda— Sonrió Miguel ante el resto.

        —¿Ustedes salvar personas?— Preguntó la mujer.

        —No exactamente señora, pero si vinimos aquí con ese propósito, es solo que, las cosas se han complicado un poco, hay muchos muertos.

        —¡Alejandro!— Fueron las palabras de Karla, pero su tono de voz puso al chico en estado de alerta, la muchacha señalaba el ventanal de la tienda, y en la otra zona se veían a un par de sobrevivientes corriendo, y detrás de ellos un par de jadeantes.

        —¡Están adentro!— Alejandro gritó, pero ya todos se habían percatado y corrían hacia afuera. Se escuchó un grito, de esos desgarradores que estremecía los sentidos de todos los que le escuchaban. Alejandro luego comprendió el error, y es que al salir, todos se hallaron confundidos, nunca hubo un plan, pues todo ocurrió demasiado rápido, y para cuando se hallaron afuera corrieron en todas direcciones separándose unos de otros, disparando aleatoriamente sin concentrarse como una fuerza, pero todo ellos fue analizado por Alejandro después; en ese momento todo ocurrió muy rápido y él mismo apenas pudo reaccionar.

        Comenzaron a correr por el pasillo del centro comercial, huyendo de cientos de jadeantes, excavadores y olfateadores que se movían velozmente bramando en persecución. Alejandro volteó, observó como Branislav tenía un muerto con sus dientes clavados en su cuello, sin embargo el hombre disparaba al resto de zombies frente a él, hasta que su cuerpo no dio más y cedió ante su propio peso, aun disparando en todas las direcciones. Alejandro sintió un ligero impacto cerca de su costado derecho, pero no prestó atención ante tal pequeñez.

        Armando y Milena habían desaparecido de su vista, Miguel jalaba a Sara del brazo intentando hacer que la chica corriera más aprisa, pero era caso perdido.

        Sara cayó de espaldas cubriéndose el rostro con las manos mientras un muerto caía sobre su cuerpo, mordiendo su mano izquierda, haciendo que brotara sangre y profiriera un grito. Miguel disparó y alejó al muerto de una patada, y se quedó mirándola sin saber qué decir o hacer, Alejandro fue quien se acercó en carrera.

        —Me lo perdonarás algún día— Y Con un movimiento de la espada cortó la mano de la muchacha, la cual profirió un grito al cielo— ¡Dispara Miguel!— Alejandro se quedó allí esperando a ver si daba resultado la treta y Sara no se convertía, disparando a todo lo que se acercaba.

        Armando se hallaba por delante, corriendo junto a Milena, Maria les llevaba varios pies por delante, parecía dirigirse a algún especie de escondite conocido, cuando un muerto saltó contra su cuerpo, haciéndole caer y girar hasta estrellarse con la baranda y la pequeña Aurora caer al suelo chillando, atrayendo toda la atención de los muertos alrededor.

        —¡La niña!— Fueron las palabras de Armando, y Milena debió reaccionar rápido observándole desviarse por completo para salvar a la pequeña niña. El hombre tomó en sus manos una barra de metal y la blandió cual bate, estrellándola contra la espalda del jadeante más cercano, cuyos huesos crujieron fuertemente y se vio expulsado un par de metros, haciéndole caer al piso inferior.

        Tomó a la pequeña en brazos, notando como un hilo de sangre corría por su cabecita y en la pulsera de su brazo derecho se leía “Aurora”— ¡Malditos! ¡Los mataré a todos!— Miró a la pequeña con dulzura recordando a su hija muerta— Descuida Aurora, estarás bien…— Giró el tubo con gran fuerza arrancando a un par de muertos del suelo haciéndoles volar hasta los estantes de vidrio del otro lado, y finalmente lanzó la barra como una jabalina atravesando a un muerto de un extremo a otro contra una palmera.

        —¡Vámonos!— Fueron las palabras de Milena.

        Alejandro contó hasta quince, y Sara tan solo gritaba en el suelo mirándose el miembro cortado brotando sangre— ¡Llévatela de aquí Miguel! ¡Llévatela y véndala!

        Lo que observó entonces lo dejó sin aliento, Karla disparaba cubriéndole, pero Claudia había continuado corriendo hasta bajar al piso inferior y más de quince muertos le seguían. Karla lo miró a él en medio del desastre y él a ella, las miradas fueron fijas durante unos cuantos segundos y dijeron todo lo que debían decirse—¡ Sálvate! ¡Vete y sálvate Karla!

        Alejandro lanzó el par de granadas que antes guardó en sus bolsillos a una ola de muertos que se acercaba hasta la pequeña Claudia, y luego el muchacho saltó la baranda y se lanzó al piso inferior, cayendo estrepitosamente, para levantarse y correr rumbo hasta la pequeña con todas sus fuerzas. Cayeron al suelo y giraron, las granadas detonaron aturdiéndoles los sentidos, Alejandro disparó  hasta agotar sus balas con Claudia sujeta contra su pecho. Al notar que ya no le quedaban recursos, volteó a su alrededor, y donde una de las granadas había estallado había un agujero negro. No lo pensó y tomando a la pequeña contra su pecho se lanzó a la oscuridad total, cayendo unos ocho metros antes de dar contra tierra húmeda y despertarse encerrado en medio de la total penumbra, solo con Claudia a su lado muy asustada en el día 180 después de la infección.

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