CAPÍTULO 4. ESTRATEGIA

Tosió fuerte, un sabor ácido se hallaba en la garganta, un ardor quemaba su nariz, sin mencionar el fuerte escozor quemando sus parpados. Las latas debieron ser bombas lacrimógenas.

Avanzaron durante un par de minutos por la montaña hasta llegar a un viejo fuerte, el camino estaba custodiado por otros tres hombres armados los cuales les escoltaron. Al entrar había otras siete personas, por lo cual Alejandro razonó que antes no había estado tan equivocado en sus conjeturas, a menos que hubiesen conseguido algún otro superviviente. En todo caso ahora una mujer les daba un poco de té caliente.

Todos parecían muy corteses, un par de personas cuchicheaban a la vista de Alejandro, observándole, por lo cual supuso conocían algo de él. Los hombres armados se quitaron sus máscaras y conversaban sobre lo ocurrido, un par de ellos inclusive le dieron palmaditas en las espaldas a los chicos. Armando por su parte se encontraba en una habitación de la cual solo se observaba una puerta de madera antigua, fuerte y resistente, el chico se imaginó que ni cuatro jadeantes habrían podido derrumbarla. Tomó un sorbo de té, percatándose que Alicia le había sujetado de la mano durante todo el camino, aun lo hacía fuertemente. Él la miró, quería animarla, estaba distraída pero sus pensamientos aun rondaban lo acontecido, podía saberlo con solo observarla. La chica era bastante fácil de adivinar en pensamientos, él no tenía palabras que decirle, la culpa era suya, no fue lo suficientemente cuidadoso. Por un instante pensó en que era un camino demasiado largo y lleno de escoria, que una buena opción serían los tejados, pero luego de que la atacaron, él perdió el control, disparó con el arma sin silenciador. El ruido atrajo y conllevo a todo lo demás. Por poco moría, lo entendía bien, Armando le salvó tal cual él en una ocasión el hizo, ahora no tenía ningún voto a favor para pedir la ayuda necesaria.

Observó su alrededor, aquel fuerte era una posición privilegiada. Sus murallas eran fuertes y gruesas. Se hallaban en la cúspide de la montaña. Resultaba un lugar amplio, alejado de las casas donde pululaban mayormente los muertos. Con una vista perfecta para eliminar desde lejos cualquier intruso, se decepcionó de sí mismo al no haber llegado a pensar en ese lugar. Habría colocado la AR en un costado, otro rifle en el otro, mejores trampas en el camino, que se hallaba oculto entre los árboles y una muy densa y rústica vegetación que impedía el paso normalmente.

Alejandro dejó de lamentarse por no disponer de tal fuerte y dando un pequeño sorbo de té se dispuso a esperar que Armando saliera de aquella habitación para conversar.

(DIA 39 DESPUES DE LA INFECCION)

—¡La encontraremos Armando!

Él observó a su compañero sin emitir opinión, sujetaba su rifle de asalto fuertemente. Se encontraba agachado recargando, sus compañeros le cubrían. Entrarían a una vieja oficina de lo que fue la estación policial, pero que desde un mes atrás se encontraba abandonada. Federico golpeó la puerta derribándola, Víctor un camarada también retirado y aficionado a las armas disparó al entrar, tres disparos y tres muertos que se derrumbaban. Armando cubría la retaguardia, entraron en la habitación los cuatro hombres, revisando todo lo que encontraban. Papeles, revistas, escritorios, gavetas, teléfonos.

Federico, un hombre de veintisiete años de edad, cubría la entrada mientras los demás registraban. Desde el punto de vista de Armando, Federico y Carlos no eran más que un par de jóvenes, novatos, con menos de treinta años cada uno, poco entrenamiento y prácticamente ningún adiestramiento táctico estratégico. Víctor, un hombre ya finalizando sus cuarenta rompía el vidrio de un cuadro en la pared, sacando de él un mapa de la estación, extendiéndolo sobre la mesa.

—Armando acércate — En cambio Víctor aunque no fuese la cabecilla tenía tanta experiencia como él, a primera vista el plano de la estación era muy simple, un edificio de cinco plantas en las cuales las cuatro superiores eran semejantes.

—Ellos dijeron se encontraban en el depósito de armas y objetos decomisados, por lo cual presumo deben encontrarse en el último piso, solo hay dos entradas aquí y aquí— Víctor señalaba la hoja de papel. El mapa era especial para indicar rutas de escape en caso de incendio, pero en instantes como ese resultaba de mucha ayuda.

—Está debemos chequearla primero, usar las escaleras siempre es peligroso, deberíamos verificar primero el ascensor, luego en este pasillo colocar un centinela aquí — Señaló el final de un corredor, miró a su compañero y ambos asintieron con la cabeza — ¡Nos vamos chicos, será un entrar y salir, si hay armas en el camino, tomaremos las que no representen un riesgo! — Su tono fue decidido a pesar de no levantar la voz. Los cuatro personajes salieron de la habitación en su formación usual, cada uno custodiaba un flanco, avanzaban rápido y silenciosamente. Avanzaron por el pasillo principal, hasta llegar al ascensor, no intentaban abrir ninguna puerta, aquello era un riesgo innecesario. La habitación se hallaba a oscuras, pero su vista se acostumbró al ambiente, sin embargo, en ocasiones chequeaban los sensores térmicos y la vista nocturna de sus armas. El ascensor no servía, al igual que el resto de la instalación estaba sin energía. Avanzaron por la escalera cuidadosamente. Federico divisó a un muerto en una esquina, obviamente este no les vio. Se encontraba contra la pared de la escalera, con la respiración acelerada. Estaba parado y su cuerpo se movía al ritmo de sus expiraciones, inclusive entre la penumbra su observaban los pedazos de carne colgando de sí. Armando les hizo señas a sus compañeros de cubrirle, se acercó por detrás propinándole un golpe secó en la cabeza el cual lo derrumbaba al suelo. Más aquello no era suficiente, el hombre colocó su bota militar sobre el cráneo de aquel ser, golpeando nuevamente tres veces, hasta dejarle sin ritmo y signo alguno.

—Se comportan como animales.

—Da gracias que se comportan como animales, así sabemos cómo actuar ante ellos —Señaló Armando a Víctor en una voz apenas audible.

—Odio cuando puedes verles el rostro.

—Te sigues fijando en detalles.

—Es repugnante, solo digo.

—Un disparo, un buen golpe, ya lo he dicho. No puedes verles el rostro ni pensar en ellos como humanos del todo. Te afectará tarde o temprano.

—No digo que no sea necesario — Víctor apartó un cuerpo que se hallaba en el suelo con su pie — Pero no me gustan las expresiones, los gritos en especial. Cuando estaba en la frontera recuerdo a un par de niños gritando de esa manera.

—A mí me desagrada es cuando llaman a otros — Armando hablaba bajo y despacio, su voz áspera era como la brisa, apenas perceptible — Tampoco necesitas recordar las pesadillas. Lo peor que puedes hacer es dejar que te afecte, no podrás dormir y morirás. Será tu culpa después de eso.

—Eso en especial, cuando llaman a otros — Víctor guardó silencio de pronto aguzando el oído, pero nada más se movió.

Armando sacó un pañuelo de su bolsillo para limpiar la culata de su arma antes de continuar. Siguieron su marcha lenta, observaron el primer pasillo. Allí se encontraban al menos cuatro muertos, uno de ellos se arrastraba por el suelo muy cerca de las escaleras dejando tras de sí una larga mancha rojiza y marrón nauseabunda. Continuaron sin prestar atención, avanzaron hasta la última planta, había siete muertos, cuatro de los mismos golpeaban una puerta suavemente, obviamente pertenecían al grupo de los lentos, pero aquello no era motivo para relajarse. Armando y Víctor avanzaron al frente, sacaron sus pistolas con silenciador y se acercaron hasta el punto de tener muy poca distancia contra sus objetivos, un solo disparo a la cabeza. Un tiro certero para cada uno provocando el escurrir espeso detrás de sí, al tiempo que los otros dos les cubrían.

—¡Pandora abre! — Armando tocó suavemente la puerta de metal, al tiempo que continuaban vigilantes por cualquier eventualidad. Se escuchó un cerrojo y el rodar de un mueble contra el suelo, la puerta se abrió lentamente. Miguel abrió asomando la cabeza paulatinamente — ¡Puedes abrir idiota, los muertos no hablan, y si estuviesen aquí de seguro escucharías gritos o jadeo!

¡Perdone mi señor! — El hombre abría la puerta colocándose firme.

—¡Tampoco es momento para esas pendejadas, dame un informe de lo conseguido y nos vamos! ¿Dónde está Pandora? — Su vista revisaba entre la oscuridad concentrada.

—Allí atrás señor… Pandora está…

—¿Papá? — La chica se acercó y Armando sintió que su mundo temblaba, guardó silencio y observó su cuerpo con atención. La sangre, los ojos, boca y sobre todo la herida.

—Tranquila mi amor estarás bien — Se arrodilló al ver su silueta entre la penumbra, indudablemente mentía, pero se esforzaba por hacerlo creíble. Ya había visto la sintomatología previamente. Aquella sudoración extrema, su cuerpo tembloroso, el ennegrecimiento de la lengua y mucosidades, los párpados sacudiéndose como epilépticos, y los vasos sanguíneos de los ojos brotándose, enrojeciendo la zona blanca — Estarás bien… — Repitió cuando Victor posaba su mano sobre su hombro en un pesar compartido ante la irrefutable evidencia.

—A mí no me mientas papá…— Un hilo de sangre espesa se escurría por su nariz, aun con fuerzas se limpiaba ella misma.

—Solo hay cuatro armas incautadas, y municiones de escopeta, rifle, 9 milímetros, son más de 30 cajas, ya todas las he guardado — Miguel tenía un gran bolso negro en su espalda.

 —¿Cómo sucedió? — Armando tomó por el cuello a Miguel en un arrebato separándole del suelo con una sola mano, alzándolo hasta tenerlo muy cerca — ¡¿Cómo carajo sucedió?! — El aludido se balanceaba sin saber que decir.

—¡Debemos irnos Armando! — Víctor se alarmaba por el tono de su compañero, aunque ciertamente le entendía, aquello no había sido una misión de riesgo, solo buscar implementos en una zona segura. Todo se desbocó cuando Miguel soltó un disparo accidental llamando la atención hacia ellos, así terminaron corriendo hasta esconderse. Un error tonto que solo un novato o un miedoso cometía. Alfredo quien les acompañaba resultó muerto en el incidente, y ahora Pandora, la hija de su amigo estaba infectada.

—¡Pásame alcohol para limpiar la herida! — Armando intentaba calmarse, debía mantenerse fuerte ante todo aquello. Mientras tanto Carlos sacaba las cosas de su bolso, pasándole una botellita llena de líquido trasparente, la cual Armando vertió al tiempo que limpiaba la herida con gasa.

—Señor se acercan…— Se escuchó el susurro de Federico quien observaba desde la puerta.

—¿De los rápidos?

—No, los lentos, pero son muchos, creo que ya saben que estamos aquí… — Entró en la habitación y colocó un mueble bloqueando la entrada. Ante la oscuridad total Victor encendió una linterna que guardaba en su cintura. En esos instantes se comenzaban a escuchar los golpes contra las paredes, el resoplar de decenas de cuerpos agolpándose contra la puerta, todos se observaron sin nada que decir. Pandora resistía el ardor entre pequeños chillidos y su padre le secaba el sudor intentando no llorar ante aquello, por su mente pasaba toda una vida, la infancia en la cual le cargaba en brazos, los primeros pasos, el cuidado constante al llegar a la secundaría para que los buitres no se la quisieran comer. Allí frente a él, pese a que Pandora ya tena veinte tres años, continuaba siendo su pequeña, aun podía sentir el sonido de su sonrisa un día de los padres en el cual ella le había preparado un desayuno muy peculiar, unas tartas de tomate y cebolla que él comió como si fuesen la gloria ante aquella mirada inocente de su hija. Toda una vida de sacrificios, lágrimas, noches en vela ante una apendicitis. Y ahora, ella estaba allí, con la misma mirada, sus ojos pardos ámbar mirándole tan plácidamente, intentando calmarle ante su desesperación al saber le perdería pronto.

—Papá calma, hay gente que te necesita, yo me quedaré aquí… — Expresó ella a lo cual Armando secándose una lágrima asintió con la cabeza.

—Esa es la única salida — Miguel tenía un tono tembloroso de voz, desde que soltaron el cuello de su camisa se derrumbó al suelo junto con la valija llena de municiones. Se notaba como temblaba y su mirada se paseaba entre los presentes. La puerta donde los golpes aumentaban, crujidos y quejidos provenientes de las paredes azotadas por el martilleo de los muertos. Pese a todo aquello el ambiente de la habitación era paradójicamente tenso y calmo. Sus compañeros se miraban con sus armas en alto, pero nadie se alarmaba más de la cuenta.

—¡Eres un bromista soldado! — Víctor tomó a Miguel por la espalda levantándole de un jalón — No conozco una situación en la cual solo exista una solución, y esta no es la excepción — Su vista dio una vuelta por el lugar — Yo por lo menos veo tres salidas en las cuales podemos salir vivos de esta situación.

Carlos sacaba un cigarrillo el cual Armando apagaba — No sabemos si nos pueden oler, no nos coloques en peligro soldado — Carlos mientras tanto hacia señas de descontento.

—Vamos niño no me digas que tienes miedo… — Federico se acercó por la espalda de Miguel tocándole, el segundo saltaba entre un respingo nervioso y le miraba con cara desagradable. Federico sin embargo no prestaba atención se reía junto a Carlos haciendo una pantomima del salto asustadizo de Miguel diciendo palabras como “mariquita”.

—Está la opción de salir arrasando con todos los muertos allí afuera, claro, eso sería la peor opción posiblemente — Víctor sonreía mientras tomaba por el hombro a Miguel como si fuese un niño pequeño al cual se le relata una historia fantástica — La segunda sería el conducto de ventilación, pero es un espacio cerrado y para esta clase de situaciones no es adecuada, por lo tanto…

—Haremos nuestra propia puerta en una pared chicos — Afirmó Armando mirando a Víctor de manera cómplice dando a entender que aquel también era la tercera opción de aquel — Creo recordar de los planos que esta habitación colinda con una escalera de emergencia.

—El jefe como siempre — Sonreía Federico tomando las municiones que debía llevar Miguel.

—Víctor necesitaré que vayas al frente esta vez, yo llevaré a Pandora — Su amigo asintió con un movimiento de la cabeza.

—¡Carlos saca el mazo! Hay una pared que debemos derribar…— El hombre no tenía necesidad de alzar la voz, Carlos sacó de su mochila un mazo pequeño. Caminó por la estancia guiado por aquella luz amarilla que se perdía entre las sombras hasta la pared, la cual golpeó fuertemente. Luego del primer golpe todos se miraron, preguntándose si era audible entre el mar de quejidos y golpes que provenían desde afuera. Pero luego del cuarto y quinto golpe se vislumbraba un rayo de claridad penetrando la habitación.

—¡Saldremos! — Se escuchó el grito desesperado de Miguel.

—¡Por supuesto que saldremos! ¡Chicos es hora de irnos! — Vociferó Víctor, al tiempo que palmeaba a Federico.

—Tomaremos la vía del teatro, es la menos peligrosa, ningún contratiempo. Todos nos conocemos esa ruta, no quiero complicaciones, al menor indicio de algún problema todos tomarán formación defensiva. Víctor estará ocupando mi lugar en la formación y yo el de él, por los siguientes minutos seguirán a Víctor ¿Entendido? — Todo el mundo asintió a las palabras de Armando sin rechistar, todos a excepción de Pandora quien le decía a su padre en un susurro — Tu único error en el plan es llevarme contigo papá…

Error sería dejarte.

La salida fue limpia, la escalera para casos de incendios estaba cerca del agujero, solo debieron saltar. Armando recibió ayuda con Pandora. Bajar fue sencillo, y desde arriba se obtenía una visión perfecta de la periferia. Justo adelante estaba el teatro, más allá una edificación militar abandonada, pero debajo de la misma un bunker el cual funcionaba como cuartel y refugio actual.

El ambiente exterior era caluroso, las vestimentas de varias capas de algodón lo hacían peor. El kevlar del tipo 49 era liviano, pero se adhería fácilmente al cuerpo en contacto al sudor, dando una sensación de asfixia para aquel que no estuviese experimentado o acostumbrado al clima cálido tropical, el pavimento despedía vapor.

Avanzaban lentamente hasta el teatro, se cubrían en la sombra del edificio, normalmente las calles estaban despejadas, pero en esta ocasión gracias al descuido de Miguel varios muertos vivientes deambulaban, expectantes a cualquier error o descuido por parte de ellos. Tuvieron cuidado al entrar por la puerta trasera la cual solo era usada por los artistas cuando todo era normal, Armando recordaba como pocos meses atrás Pandora le había invitado al teatro para pasar una noche familiar. Él se quedó dormido a mitad del espectáculo. Ahora aquello sonaba como un día perfecto en comparación a la vista actual, el sitio era un desastre total, las butacas estaban rotas y mancilladas de sangre seca, el aroma desagradable a tela húmeda y mohosa.

Llevaban la mitad de camino, pasando por el lobby cuando Pandora habló extrañamente, un sonido gutural brotó de sus labios antes de ser comprensible — Papá suéltame, déjame aquí por favor — Luego de ello soltó un grito grave que dejó a todos sin aliento. Se miraron los unos a los otros, sin saber que decir, hasta que se escuchó otro grito en respuesta, este provenía de un muerto humano que trepaba como arácnido por el techo del lugar, el equipo se agachó instintivamente.

—¡Dispárale! — Soltó Miguel jalando a Carlos, pero Armando hizo una seña negativa ante aquellas palabras, y con sus manos les indico que aún no habían sido divisados por aquel ser. Víctor en cambio observaba a su compañero y su hija, que comenzaba a perder el sentido.

Armando comprendía la seriedad de la situación, sabía que era lo debido, pero sus sentimientos se mezclaban en ese instante — ¡Adelántense chicos! — Su voz fue plausible y decidida. Federico y Carlos le miraban incrédulos, más Vítor les tomó por el hombro para que avanzaren.

—¡Pero!

—¡Ya lo escuchaste! — Susurró Víctor — Fue una orden directa de tu superior al mando.

Armando sacó su pistola instalándole el silenciador lentamente al tiempo que observaba desde las butacas mohosas al ser que escudriñaba la zona superior buscándoles. La mira del arma seguía a la criatura, y su otra mano tomaba la de su hija — No podría dejarte aunque quisiera ¿Qué me diría tu madre si me viera haciéndolo? ¿Te imaginas? No me lo perdonaría, bien sabes que tenía más carácter que yo… — Pandora reía ante las palabras de su padre.

—Sabes que debes dispararme antes de que esto me consuma, muera y sea como ellos — La voz apacible contrastaba con la tensión del instante, el muerto en la zona superior descendía lentamente por una columna olfateando a su paso.

—No me pidas cosas que no puedo darte Pandora…

—Saludaré a mamá y a mi abuelo de tu parte si te parece — Armando volteó, aguantando el dolor y las lágrimas deseosas de brotar. Sonrió, su mano se deslizó por el cabello de ella, lentamente. Había tantas cosas que quería decirle, pero ella parecía entenderlas todas inclusive sin él pronunciar palabra alguna — Al menos déjame un arma, yo lo haré, recuerdas me enseñaste a que debía ser fuerte ante toda situación…

—Yo nunca me imaginé algo así, la verdad… No puedo perderte hija, tú, eres lo único que me mantiene cuerdo. Lo único que yo…

—La verdad es que gracias a lo que me enseñaste es que sobreviví junto a ti todos estos días, pero hoy, debes dejarme ir, y no me mires así, lo disfruté y bastante. Los últimos días, aunque no lo creas, me sentí bien, me sentí más cercana a ti que nunca, bien sabes que siempre fuiste todo para mí — La chica sintió el abrazo fraternal, aunque se percataba perdía la sensibilidad en ciertas zonas de su cuerpo, pero aquello no se lo diría.

 —Sé que debería ser yo quien lo hiciera, no debería ponerte en semejante situación, pero creo que seré cobarde por esta vez en mi vida — Entregaba su arma quedándose sin nada más — Me iré y me llevaré conmigo al bicho ese — Señalaba a la bestia que se acercaba — Recuerda que me dijiste le darías saludos a tu madre, y… — Se levantó volteando la mirada, ella sabía muy bien que su padre siempre fue de esconder sus sentimientos, no era extraño verle darse vuelta para esconder una lágrima — Te amo, y si hubiese algo que yo pudiese…

—Me lo diste todo en vida papá, ahora vete por favor — Empezaba a perder control de su cuerpo, su vista se nublaba, y sus piernas tenían espasmos.

—¡Hey! ¡Tú bestia! — Gritó Armando, para su sorpresa otro par de criaturas asomaron sus cabezas lanzando sus gritos guturales al aire. Sus piernas se desprendieron del suelo en un salto audaz que llamaba la atención completa de los seres, aun con el paso de los años su cuerpo era ágil. comenzó a correr rumbo a la entrada principal del teatro, al tiempo que volteaba a ver a su hija tendida y recostada sobre una butaca roja — ¡Me dan asco! ¿Eso es todo lo que tienen? — Saltaba la última hilera de asientos al tiempo que un muerto pasaba sobre su cabeza velozmente dando de costado contra el muro. Al atravesar el pórtico hacia el exterior sintió como otro zombi le alcanzaba, con su mano la tomó por el cuello incrustándole contra la pared de ladrillos. El tercero se vio repelido por una bala entre sus ojos desparramándose en el suelo. Pedro, Víctor y Federico le miraban desde la otra esquina, Federico no paraba de disparar a un grupo de muertos que se acercaban a zancadas, Víctor recargaba un rifle de asalto y Carlos le cubría, pero la situación era complicada. Lo comprendió a primera vista, faltaban al menos cien metros para llegar a la muralla externa del fuerte, pero para ello aun debían doblar la esquina, así que el mismo edificio del teatro bloqueaba la vista, y por ende el grupo de vigilancia no les podía cubrir. Los muertos se acercaban en todas las direcciones. Sin pensar más en ello apresuró el paso, sus compañeros se movilizaban al verle moverse, corrían hasta la esquina, esperando el apoyo de sus compañeros. De inmediato se escuchaba el silbido de las balas cruzando el aire proveniente de los vigilantes de la muralla, derribando a aquellos que tapeaban el camino a casa. Armando se apresuraba, estaba a escasos metros de aquella zona de salvación cuando escuchó un disparo desde otra dirección. Provenía desde el teatro, aquella resonancia era inconfundible, su cuerpo se paralizó por completo en ese instante. Era como sentirse un hombre de plomo repentinamente, tenía ganas de derrumbarse, de llorar, podría no ser la primera vez que sentía la muerte de un ser querido en plena batalla, pero su hija era algo distinto. Los segundos anteriores había corrido solo con la esperanza de poder quitarle aquellos muertos de su alrededor, con la esperanza de buscarla minutos más tarde, o tal vez su subconsciente le hizo creer que aquella imagen donde él la dejaba atrás era solo su imaginación. Pero el escuchar el gatillo detonante era como despertarle de aquello que deseaba fuere solo una pesadilla. Sin percatarse su cuerpo se movía en dirección contraria, rumbo directo a los muertos vivientes que aullaban de alegría al verle correr en su dirección.

Su mente solo recreaba el rostro de Pandora en el teatro. sus años en la milicia no le eran en vano, aquello bien podría compararlo con un rescate de riesgo, aunque bien sabía que las probabilidades de vida eran escasas. Un perro negro putrefacto al cual le faltaba la zona del abdomen daba con él, este le golpeaba con el puño cerrado para luego pisarle el cráneo con su bota tal cual insecto fuese, salpicando sangre sobre su ropa. Recordó el viejo cuchillo de caza en su pierna, y desprendiéndole lo apretó fuerte en su mano. Observó su alrededor, preparado para asesinar a aquellos que se atreviesen a tocar a su amada hija, o su cuerpo, sentía una presión en el pecho que le oprimía hasta la desesperación. Mantenía la respiración para controlar aquel impulso destructor, avanzó decididamente hasta el ágil zombi apremiante y que bloqueaba la entrada al teatro.

Sintió el impacto veloz de aquel cuerpo, posiblemente en vida fuese un hombre atlético y muy alto, pero ahora para él no era más que la escoria que debía eliminar. Movió su mano vacía a la vista de aquel ser a escasos metros de sí y aproximándose. Le sorprendió ver una respuesta muy humana, aquello poseía reflejos, pues siguió con la vista aquella mano vacía que no era más que una treta vieja de pelea. Lo siguiente fue el cuchillo penetrando en la cabeza de aquel zombi que por ver la otra mano no se percató del verdadero peligro.

Armando sin compasión desprendió la carne viscosa de un jalón, sabía muy bien no debía salpicar su rostro, por ello procuraba mantenerse a distancia prudencial. La entrada estaba próxima y se acercaban otros dos a gran velocidad, uno de ellos se apoyó sobre la pared antes de saltarle encima. El hombre corpulento recibió a uno con una patada muy fuerte sobre su pecho, al tiempo que con su mano derecha puñal en mano impactaba al que había saltado, dando en su pecho, y con el mismo impulso le lanzó a sus espaldas.

Se acercaban aún más a varios metros de distancia, pero lo que le impactó fue ver como la puerta del teatro se abría de golpe, del interior salía un grito ensordecedor. Su hija se convirtió en algo que le pareció una posesión demoniaca de alguna película de horror. Su cuerpo se arrastraba al ras del suelo, apoyado en sus pies y manos. Tal cual arácnido la chica avanzó por la pared escurriéndose hasta el techo en dirección directa a Armando, el cual le miraba sin saber qué hacer, el resto de muertos se acercaba. Él lo comprendía, pero la imagen de verla así, a Pandora, a su niña, aquel ser que tanto amaba desplazándose de manera espantosa, abriendo su boca como si fuesen fauces en su contra. estuvo a punto de gritarle para ver si reaccionaba, pero no pudo articular voz, estaba paralizado, hasta sentir una ráfaga de balas.

Uno, dos, tres, los seres caían a su alrededor como moscas muertas ante DDT, pero fue como ver una escena de horror cuando dos disparos dieron contra el pecho y cabeza de Pandora, ella simplemente se desplomó al suelo como un bulto sin emitir sonido alguno.

—¡Bastardo! — Apretó el cuchillo en su mano, y habría corrido de no ser por otro zombi, al cual le faltaba la mitad del rostro. Se notaba era uno de los lentos así que lo golpeó fuertemente para derribarlo, observó a su izquierda. Reconocía que esa era la procedencia de los disparos, a primera vista solo observaba un par de edificaciones y un parque a lo lejos, ningún ser que no estuviese muerto. Ahora le rodeaban, notaba como los muertos eran de la clase lenta, así que podría golpearlos, llanto en su rostro dirigió su puño contra un ser, el cual doblo su cabeza de manera extraña y se desplomó. Hubo otro disparo, pero él no sintió el sonido, indudablemente el tirador usaba silenciador, pateo a otro ser desprendiéndose de él, al siguiente le dio con el codo en ascenso lanzándole hacia atrás.

Volvió a mirar a su izquierda, aún tenía el cadáver de Pandora a sus pies, pero esta vez sí le identificó. Un chico disparaba un rife del tipo AR, usaba grandes lentes amarillos e iba cubierto por una chaqueta holgada y jeans, solo su cabeza estaba descubierta, corría en su dirección al tiempo que disparaba un par Berettas. La ira por Pandora corría por sus venas, pero era consciente de que aquello no era la situación para una lucha. Usaba sus puños y toda su energía para poder librarse de los cuerpos que se lanzaban contra él.

Restaban pocos muertos cuando el chico llegó a su lado — ¡Te voy a…!

—¿Me matarás por haberle disparado a tu hija? Es cómico que aun pienses que eso era tu hija — Armando observó al chico, un casquillo dorado flotaba a la altura de sus ojos. Estaba firme, en su semblante no se percibía titubeo ni temor alguno, disparaba con tranquilidad algo que solo recordaba en militares entrenados. El último par de zombis cercanos caía al suelo — ¿Aun creías que era tu hija? — El chico recargaba sus armas — ¿Acaso llegaste a ver sus ojos?

Armando volteó, el cuerpo de Pandora yacía boca abajo, con cuidado se agachó y le dio vuelta, solo para sorprenderse. Sus ojos eran completamente negros, no era la primera vez que veía aquellas cuencas oscuras, pero en su Pandora era algo que le rompía por dentro. Volteó el cuerpo, sentía una furia inmensa por dentro, algo que le comía, pero no era a capaz de pagar aquella ira con el cuerpo de su hija, tampoco con el extraño.

—Será mejor irnos, vendrán más de ellos — El chico asintió a sus palabras — Dijiste, disparar a tu hija. Eso quiere decir que ya nos conocías ¿Nos observabas? — Caminaban de regreso, rumbo a la calle que daba al fuerte, donde la gente de Armando les protegería.

El chico bajó la cabeza — Llevo un par de días observándoles no lo niego, necesitaba saber cómo actuaban y su zona de acción, no pude evitar seguirles y observar lo que sucedió.

—Pudiste haber actuado antes y no lo hiciste…

—Debía mantenerme al margen, no lo tomes a mal, pero tú te refieres a haber actuado cuando mordieron a tu hija, ¿no?

—Bien lo sabes…

—Te diré que no podía, aunque hubiese querido. Después de que tu soldado disparó, tu hija tomó la mejor decisión, opto por irse al edificio y resguardarse entre los muros. El otro compañero le siguió, pero el asustado continuó disparando y corriendo al tiempo que gritaba, entró al edificio delatándoles, allí no les pude seguir.

—Ya me imaginaba que Miguel debió hacer alguna idiotez.

—No eran muchos, solo un par, pero se desesperó — Concluyó Alejandro.

—¿A qué grupo perteneces? ¿Quién te envió a seguirnos?

—No malinterpretes, no trabajo con ningún grupo, yo estoy por mi cuenta — Armando se detuvo sorprendido ante tales palabras.

—¿Solo? ¿Te has mantenido solo durante todo este tiempo?

—Sí.

—¿No te gustaría unírtenos?

—No lo creo, la verdad no soy la clase de persona que trabaje en equipo, mucho menos siguiendo a un líder.

—Ya veo, si, supongo que no todos actuamos igual… Un placer me llamo Armando, aunque supongo ya lo sabías.

—Yo me llamo Alejandro — El chico se detuvo drásticamente.

Armando observó los alrededores, apenas se veían dos muertos lentos a la distancia. Uno de ellos arrastrándose por el suelo, pero ya estaba a un paso de cruzar la esquina, y desde allí estarían protegidos por sus compañeros — ¿Sucede algo?

—Tus compañeros no esperan que aparezcas con compañía, si salgo a tu lado lo más posible es que disparen.

—Soy el jefe, muy bien puedo hacer una seña para que…

—No hará falta, tengo otras cosas que hacer, y me tomará la noche si no me retiro.

—Ciertamente las cosas se ponen peor en la noche — Expresó Armando estirando una mano para estrechar. El chico pareció dudar un instante, pero luego aceptó el gesto

—Así es, creo que ni con un tanque me atrevería a pasar la noche afuera — Agregó el chico ajustando la correa de su rifle.

—¿Nos seguirás el día de mañana?

—Ya no creo que sea necesario, la verdad me preocupaba que fuesen hostiles, ya investigué un grupo y bueno…

—Hay otros grupos aparte de nosotros. Yo también estoy consciente de ello, esto se ha vuelto una guerra por el terreno y la comida, tal vez no seas un militar, pero veo que lo entiendes. Déjame decirte chico que me has dejado muy sorprendido, inclusive conociéndote poco, si en un pasado te hubieses presentado a mi casa, habría permitido salieses con mi Pandora — El hombre sonrió para esconder su pesar.

—Tengo una pregunta, ¿Ustedes se mudarán cierto?

Armando le miró, pensó que podría tenerle confianza, teniendo en cuenta que si hubiese querido le pudo dejar morir — Nos movilizaremos hasta esa montaña, si alguna vez me necesitas, tan solo llega al pie de ella ¿Está bien?

—Espero no necesitarlo, pero lo tendré en cuenta — Corrió hasta adentrarse en el parque y perderse de vista, Armando por su parte avanzó un paso más, quedando a la vista de sus compañeros a quienes saludo con una mano, en la cual aún sostenía el cuchillo de caza, pensativo en lo sucedido, y con deseos de llegar a su dormitorio a llorar hasta secarse.

(ACTUALIDAD DIA 73 DE LA INFECCIÓN)

Alejandro repasaba sus opciones, ahora estaba igualado con Armando, así que la idea principal de su viaje quedaba descartada. Ya no podía pedirle ayuda en compensación al pasado, habían pasado minutos. Alicia no había soltado su mano en ningún instante, aquello le animaba. Ella aún se encontraba nerviosa, su mirada, su semblante lo expresaba.

La habitación contigua se abrió de pronto, Alejandro aun no tenía plan alguno al ver a Armando salir y mirar alrededor, pero ante la mano apretada de Alicia le dijo — Todo estará bien, confía en mí — Se levantó, se percató de que el piso estaba algo sucio y húmedo, pero aquello no era importante, Armando estaba acompañado, y con una seña de manos le indicó se acercase.

—Este es mi compañero Víctor, ya le he hablado de ti.

—Un placer — Extendió su mano ante aquel hombre tan corpulento como el otro, aunque ciertamente ya le reconocía, pues le había seguido previamente.

—El placer es mío, mi compañero ha hablado cosas muy buenas de ti.

—No es para tanto.

—Sí lo es chico, cualquiera no podría sobrevivir tanto tiempo bajo estas condiciones, aunque pensé me habías dicho estabas solo.

Alejandro volteo a verla, miraba a las personas y sonreía por cortesía, más no hablaba con nadie — Y así era, pero ayer la encontré y terminé rescatando, y por ello ahora me encuentro en esta situación, aunque la verdad no me puedo quejar — Él la observaba y ella escondía el rostro ante aquello.

—Entonces te gusta la chica — Soltó riéndose Víctor, al tiempo que lo tomaba por la espalda conduciéndolo hasta la habitación que se encontraba.

—El amor juvenil, algo de que regocijarse en estos tiempos — Comentaba Armando cerrando la habitación.

—Yo no he dicho que me guste, además ella tiene idea muy arraigadas sobre Dios que me exasperan, y pensar que solo llevo dos días con ella… No es el tema que vine a discutir, y sería algo complicado. No sé si me doy a entender.

Armando y Víctor se miraron un segundo ante aquellas palabras, y el último terminó por decir — Las miradas dicen más de una persona que sus palabras — Le interrumpió Víctor con una sonrisa cómplice.

—¿Cómo ves el panorama actual Alejandro? ¿Piensas vendrá alguien a rescatarnos? ¿Estados unidos, la fuerza aérea? — La pregunta de Armando le sacó de onda por un instante. Sonrió y respondió.

—Nadie va a venir. Si hubo cuerpos peleando contra esto, de seguro perdieron hace mucho. Algo debió fallar.

—Fallaron muchas cosas creo yo — Expresó Victor de manera calmada.

—Siempre han existido planes de contención para toda clase de eventualidades muchacho — Armando se mostró abierto a conversar — Hay rastros que podrían indicar incluso el uso de ojivas nucleares.

—Aunque estallaran todas, no podrían eliminar a toda la raza humana — Expresó Alejandro con un tono de decepción. Armando no debía de hallarse jugando en sus palabras. De ser así, siquiera había esperanza en el futuro — Si todas las armas nucleares del mundo no eran capaces de eliminar toda la humanidad, tampoco podrían haber extinguido esta plaga — Armando asintió ante las palabras del chico y un silencio les cubrió por un minuto.

—Ahora me gustaría que fuésemos al punto por el cual nos encontramos aquí — Armando se sentó detrás de un escritorio viejo con arabescos barrocos. La habitación estaba alumbrada simplemente por una ventana abierta por el cual entraba el resplandor del atardecer — Supongo nos pedirás que resguardemos a la chica. Mi compañero y yo lo discutimos, la verdad no nos oponemos a la idea de proteger a alguien, pero los insumos son bastante escasos. Ya una vez te dije que una mano extra nunca está demás en todo este desastre.

—No, el motivo no es ese. Se trata de los otros grupos Armando — Señaló Alejandro y el ambiente se volvió más tenso en la habitación. Víctor dejó de sonreír y Armando se tocó la barba. Su compañero tomó la iniciativa en la charla.

—Desde ayer casualmente los otros dos grupos han hecho mucho movimiento.

—Peculiarmente el grupo de Verónica, el cual se movilizó toda la noche, y por tus palabras, creo que el incidente que causo grandes explosiones el día de ayer fuiste tú ¿O me equivoco? Supongo ambos eventos están relacionados.

Alejandro se sonrió, ciertamente aquellos hombres sabían recabar información. No tenían sus años y experiencias solo por gusto, y la mirada de ambos, le decía que ello no era lo único que sabían, y conociéndolos, comprendía muy bien que se hallaba en situación de desventaja. Aquello no era algo que debiese demostrar, pese a comportarse ambos como compañeros ante él, debía tener en cuenta que desde la infección esto era un mundo hostil, donde nadie ayudaba al prójimo a excepción de querer algo a cambio.

—Tienen razón, el incidente del día de ayer lo ocasioné yo, un verdadero desastre, pues era algo que no tenía en mis planes y tan solo improvisé, pero fue para rescatar a esa chica que vieron allá afuera.

Hubo un silencio algo incómodo, Alejandro observaba la ventana pensando en el poco tiempo que le podría quedar, Armando le pregunto — ¿Cómo se llama la chica?

—Se llama Alicia.

—Un lindo nombre, continúa por favor…

—Lamentablemente, no pude borrar mis huellas, ahora los otros dos grupos saben del sector donde vivo, y esta noche me atacarán…

—¿Quieres te ayudemos? — Alejandro se limitó asintiendo a la interrogante de Armando. Con solo ver las miradas notaba el tono preocupante y la negativa consecuente.

—¿Acaso no sería más sencillo el mudarte a otro lugar?

—Ustedes saben lo complicado que puede resultar la logística para mudarse, para estar en un lugar adecuado, para que este funcione con buena defensa, buen punto de ataque, y que sea seguro vivir en ese punto.

—Es cierto Armando — Víctor observaba a su compañero mientras caminaba por la habitación — El irse de su lugar sin planificarlo antes significaría la muerte segura.

—A ustedes les llevó una semana entera de preparativos… — Soltó Alejandro, tales palabras dejaron atónito a Víctor.

—Tienes madera chico…

—Pero la verdad es que… — Víctor se ponía serio.

—La verdad es que debes comprender que, el simple hecho de que nosotros salgamos y te defendamos, significaría un peligro para nosotros y nuestros hombres. No estás pidiendo algo razonable. Siquiera algo posible.

—No podemos arriesgar los pocos hombres — Aclaró Victor.

Alejandro sintió el pesar de la realidad cayendo sobre él, más su rostro no lo demostraba. Miró tranquilamente a ambos hombres, recordó la promesa que le hizo a Alicia. Su mirada ambarina llena de confianza mientras sus manos temblaban y sostenían aquel té desabrido — Desabrido… ese té estaba desabrido… — Pensó e intentó recordar todo lo visto, las personas, el semblante de sus rostros, el color de su piel, qué hacían, como se comportaban, luego echó un vistazo rápido por la habitación y sonrió abiertamente — Pero la verdad Armando, es que no he venido a decirte que arriesgues la vida de tus camaradas por nada, yo tengo algo que todos ustedes necesitan — Víctor le miraba inquietado — Yo tengo comida…

El mutismo reinó en la habitación, Armando y Víctor se observaron, quizás impresionados, o conjeturando todas las implicaciones del asunto. Alejandro se limitaba a ver por la ventana, pero la verdad contaba los segundos de silencio. Aquello demostraba que su percepción no había fallado, la comida era algo que escaseaba cada vez más. Él bien lo sabía, además se notaba la preocupación de ambos cabecillas.

—No te negaré que tenemos una situación precaria, aunque verdaderamente no sé cómo estás en cuenta de la escases de comida — Armando se levantó rumbo a la ventana, observando a través de la misma — Hemos perdido personas, pero aún tengo muchas otras de las cuales cuidar, y verdaderamente la comida es una necesidad, pero cualquiera no puede venir y ofrecer alimentos…

—Te daré al menos cinco sacos de cereal seco, enlatados, jamón y una pierna de cerdo — Alejandro le interrumpió haciendo su oferta, observando su reacción.

—Que sean dos piernas de cerdo y de jamón — Habló Víctor.

—Yo nunca dije tener…

—Quien ofrece una, es porque por lo menos posee dos — Víctor le miraba fijamente, Alejandro sonrió ante aquellas palabras.

—Dos de cerdo una de jamón y tenemos un trato — Alejandro extendió su mano — Me parece justo, a cambio de su ayuda esta noche.

Armando se acercó — Espero tengas un plan Alejandro — Estrechó su mano fuertemente.

—No habría venido aquí de no ser así…

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