CAPÍTULO 4. ADVERTENCIA

Alejandro despertó sobresaltado al sentir el vibrar del celular contra su mesa de noche. El sueño le hizo vivir el octavo día de la infección con todo detalle, aquel día regresó sin su tío Guillermo, no le vería vivo nuevamente. Pasó su mirada hasta la AR y pensó que aquella era su mejor arma, se sentía un poco indefenso sin ella, era la más precisa también, o eso consideraba él. No deseaba recordar aquellos días, se sentía impotente ante su yo de aquel tiempo. 

El frío se colaba por la ventana de la habitación cubierta de plástico y pequeñas gotas se escurrían al suelo del cuarto. Afortunadamente no había gritos en ese momento a las afueras. El sitio se hallaba en penumbras, al punto de que un muerto pegado a la ventana no habría visto a Alejandro en el interior.

Observó la calle, había un jadeante muy cerca de la casa, pero nada fuera de lo normal, un disparo del rifle bastaría para encargarse de aquel ser si era necesario. 

Afuera reinaba un silencio extraño, el amanecer caería en pocos minutos y los muertos empezarían a ocultarse. Pensó en despertar a la chica en un par de horas, después de todo ella no estaba acostumbrada a su ritmo. Tomó un cambio de ropa para una ducha, probablemente con agua caliente. Luego  prepararía comida y saldría a explorar algunas zonas, pero al abrir la puerta de su habitación halló algo no esperado. Alicia estaba dormida, sentada en el suelo apoyada contra la puerta de madera. 

Daba la impresión de ser tan débil que al chico le daba miedo incluso despertarla. Se imaginó que debió tener miedo y levantarse en medio de la madrugada, lo cual él no sintió. No debió tocar la puerta, lo habría escuchado. 

—Alicia…— Tocó su hombro suavemente, le daba pena, pudo haber sido un tanto tosco la noche anterior— Alicia, levántate, acuéstate un rato en la cama, quedarás cansada así…— La chica abrió los ojos mirándole con somnolencia—. Ve, duerme un poco en la cama— Sin embargo, la chica mirándole negó con la cabeza.

—Tendré pesadillas— expresó ella— Cuando me acuesto siento que estoy en el contenedor y hay muertos alrededor. Anoche sentía que el aroma de los muertos estaba a mi lado, fue extraño.

—Yo creo que ya me acostumbré al hedor, a veces no me doy cuenta hasta que veo las moscas alrededor, ¿lograste descansar?

—Un poco, logré quedarme dormida, y la cobija me ayudó— señaló ella alzando la colcha. 

—Es buena, son de las gruesas, no importa donde estés te dan calor— Alejandro la ayudó a levantarse. 

—Yo tomaré una ducha, encenderé un momento el calentador, quizás cinco minutos para cada uno, no debería ser peligroso, pero tendrás que bañarte rápido. 

—Eso es lo de menos, no te preocupes. ¿Puedo preparar algo de café caliente? 

—No me molesta para despertar un poco— Alejandro tomó sus cosas y se movió por la casa. La ducha estuvo encendida a los tres minutos y la regadera empezó a sonar. Él no llegó a notar el rubor en el rostro de la chica cerca de la puerta del baño. 

—¿Vas a salir hoy? 

—Si, suelo salir en horas de la mañana si es posible, no hay tanta actividad. 

—Hay algunos muertos que parecen se esconden con el sol ¿verdad?— preguntó ella. 

—Si, aunque no, no los mata ni nada. Solo se ocultan un poco. No entiendo el porqué.

—Mi papá una vez mencionó algo de eso, los estuvo observando, trataba de entender los patrones de comportamiento. Si se escondían, cuando se movían por ruido. ¿Cómo supiste que algunos dejan de seguirte usando cloro? 

—Me percaté que algunos aprecian olfatear ciertas zonas, se pegaban a los escombros o paredes, como los perros tratando de sentir un aroma. La otra pista fue que, los muertos parecen perder el rastro de las personas cuando pasan cerca de los canales fluviales sucios. 

—¿Qué?

—Las alcantarillas, el mal olor les impide reconocer el aroma de las personas. Entonces era algo que produjera un olor fuerte, cloro o gasolina, eso o tener que llenarse de aguas negras, y no me gustó esa última opción. 

—Si, prefiero el cloro— ratificó ella sonriendo— aunque casi morí de asfixia.

—Ya me disculpé por eso— expresó cerrando la llave del agua. 

—Ya preparo el café— La chica corrió hasta la cocina para colocar al fuego un poco de leche antes de aplicar el café en polvo. 

—¿Solías levantarte tan temprano antes del fin del mundo?— preguntó Alejandro terminando de secar su cuerpo. 

—Para ir a estudiar, si. Aunque los fines de semana me quedaba hasta tarde, excepto si era día de ir a la playa. Me encanta la playa. 

—A mi me gusta nadar, siempre me llamó la atención, pero hace unos meses Tomás, un pescador de la zona me enseñó a hacer inmersión, claro que es poca profundidad— alejandro bajó el tono en las últimas palabras— tenía tiempo sin recordar al señor Tomás, no sé qué habrá pasado con él. 

—¿No le escribiste? 

—No, no era tan cercano, sólo alguien que me enseñó algo, pero es curioso que cuando todo está tan jodido olvides a muchos. ¿Tú solías hacer algo? ¿Algún deporte previo a todo esto?— Salió del baño mientras ella servía el líquido en un par de tazas. 

—No, iba a la iglesia unas dos veces por semana. 

—Eso es demasiada iglesia para cualquiera— Bromeó él, luego se percató que a ella el chiste no le hizo gracia y permaneció en silencio— ven, te mostraré algo. 

Se movieron por la casa con el par de tazas humeantes en mano. Alejandro llegó hasta la sala y movió hasta la ventana principal, allí al lado del mueble se hallaba una mesa y sobre esta un rifle francotirador. 

—¿Qué me vas a enseñar? 

—Este es un XM2010, es potente, muy potente, y afortunadamente bastante silencioso, gracias a este supresor de aquí. No quiere decir que un muerto no lo escuchará, pero al menos no hará un ruido enorme que atraiga a toda una horda— Sonrió él. 

—Parece, sofisticada. 

—Lo es, ven, siéntate aquí. Te enseñaré a disparar una de estas, así no necesitas estar delante del desastre. Con esta arma puedes disparar desde una distancia bastante segura. 

—Yo no disparo— Respondió la chica volteando el rostro. Su tono era cortante y serio.

—Podrías probar, no es tan difícil. 

—Dios no acepta a las personas que quitan la vida de otras— Contestó ella, a lo cual Alejandro soltó una risita y volvió a colocarse frente al arma al tiempo que pensaba “¿Por qué no me extraña que lo diga?”

—Eso quiere decir que yo no seré aceptado en el cielo ni con un pase vip ¿verdad? La verdad aun no me hago la idea de que alguien lograse sobrevivir setenta y tres días sin llegar a disparar un arma.

—No quiero hablar más de eso, yo creo que Dios debe tener un plan para cada ser vivo, incluyéndoles.

—¿Incluso para los muertos?

—Debe existir una buena razón, solo que nosotros no podemos verla— expresó ella en un suspiro antes de tomar un poco de café.

—La extinción de la raza humana a mordiscos. El mejor motivo de un Dios que antes envió un diluvio y luego eliminó Sodoma y Gomorra.

—¡Dios no es cosa de juego Alejandro!

Alejandro se limitó a no responder ante aquello o terminaría perdiendo la razón. Prefirió limitarse a visualizar la cabeza de su objetivo y jalar el gatillo, hubo un sonido amortiguado que resonó en el lugar, aunque no tan fuerte con el golpe en su hombro. 

—Las religiones a veces pueden ser peligrosas.

—¿Qué quieres decir? 

—Está bien tener fe en la existencia de un ser superior, sin embargo, la fe ciega mata más que un arma de fuego— La chica se mostró molesta ante el comentario de Alejandro—. Hoy iré de nuevo al centro comercial—. Cambió de tema.

—¡No! ¡No de nuevo! ¿Cómo puedes pensar en regresar allí? casi morimos los dos ayer en ese lugar.

—Necesito ir, allí había carne de cerdo y algunas otras cosas.debo revisar para verificar si algo no se dañó con el incendio, o si las explosiones atrajeron a más que solo muertos. No sé, el punto es que sea como fuere, debo verificar la situación. Sin contar que necesitamos algunas cosas, cloro por ejemplo— Un segundo jadeante llegó corriendo a la zona al frente de la casa, Alejandro guardó silencio y disparó— También es posible que todo el desastre de ayer llamase la atención de algún grupo. A veces estos dejan municiones y armas, es una lotería—. Se separó del arma, acomodándose sobre un mueble de la sala— ¿Sabes algo que siempre me he preguntado? ¿Será posible que el ganado vacuno sobreviviese? ¿Se habrá infectado? ¿O le sucedió como a los gatos y ratas? No se si tu padre se percató, pero no hay ratas o gatos en este fin de mundo. No sé si se murieron por la infección, o es que los muertos los persiguieron y comieron. No tengo tampoco ánimos de averiguar ese tipo de cosas. ¿Tú qué opinas?

—No sé. Si noté que no hay gatos desde hace rato, pero pensé que probablemente huyeron. 

—Los gatos no migran de esa manera. 

—Una vez pensé en estudiar bioanálisis, como mi padre. Desistí de eso bastante rápido. 

—Supongo te diste cuenta que el creacionismo no va de la mano con la teoría darwiniana. 

—No tienes que burlarte de mis creencias— espetó ella cruzándose de brazos. 

—No queda ninguna iglesia para defender a sus fieles seguidores y decirle a los demás, oye no los ofendas expresando opiniones lógicas que no podrán refutar. 

—Me molesta. 

—Perdón, no busco molestarte realmente, pero no soy muy creyente. Lo siento. 

—Lo pude notar— comentó ella. 

—Mira, no sé qué has pensado hacer en un futuro. Pero la verdad es que incluso si sobrevivimos a los muertos, lo cual no suena muy probable. Necesitaremos suministros, muchos, desde agua potable, comida hasta cosas como baterías, gasolina. Constantemente pienso que debo salir de la ciudad y moverme a las afueras, comenzar un sembradío, buscar algo de ganado como cerdos, ya sabes. Como antes, a la antigua, cuando las personas cultivaban lo que comían. 

—No es tan alocado. A mi me gusta mucho plantar. Estaría bien alejarse de todo, en especial de los muertos. 

—Pero es complicado, más de lo que parece. hay que recorrer mucha distancia, y no es imposible, pero está el punto de la comida inmediata. Plantar algo no significa comer ese mismo día eso que plantaste. Tienes que mantener el sembradío por muchos días, mientras tanto, necesitas algo que comer, algo con qué vivir.  y eso solo para poder sembrar algo, para conseguir ganado tendríamos que ir un poco más profundo, ver si las vacas y los cerdos sobrevivieron, o si fueron convertidos o mordidos por zombies. 

—Hay lugares distantes, deben haber personas que han sobrevivido, plantaciones, personas en islas. 

—Claro que sí, han sobrevivido, miles, o cientos de miles, pero hay millones de muertos en todo lugar. Se mueven y aparentemente no mueren a menos que destruyas su cerebro. Si, como en películas, lo cual ya es bastante gracioso desde un punto muy negro. Lo poco que he logrado aprender o que vi en noticias, es que se había dispersado bastante por todos lados, había registros en casi cualquier lugar donde había actividad humana. Y aparentemente, los humanos somos muy buenos para estar en todos lados. Podemos movernos a una isla, pero tendremos que regresar cada cierto tiempo a tierra por ciertos suministros. Regresamos al mismo punto. Necesitamos la civilización, pero esta no está, y en cada rincón donde había humanos hay muertos ahora. 

—Suenas pesimista. Debe haber alguna forma, siempre hay una forma, lo aprendí de mis padres. 

—Si, que bien por tí. Pero como yo lo veo, no estamos cerca de ganar, y si logramos mudarnos a islas la tierra será territorio de muertos. Tampoco tengo idea si esto que afecta a perros, aves, gatos, ratas y humanos, afectará también a las plantas. No sé qué sea, pero suena verosímil pensar que sí. ¿Qué les hará? ¿Habrá algún cambio a nivel molecular? Digo no soy un experto en la materia, pero algo debería suceder ¿no? 

—A mi papá y mi hermano les habrías agradado, entendían esas cosas de las que hablas. 

—¿Tu papá era religioso?— Preguntó él, a lo cual la chica negó con la cabeza.

—No, la verdad casi nunca mencionó a Dios y poco iba a la iglesia con nosotros. Soy así por parte de mi mamá. Mi mamá me enseñó todo sobre Dios.

—Bien, ve a ducharte un poco, yo prepararé las cosas para salir. Tú mientras tanto te quedarás. 

—¿Aquí sola? 

—Si no sabes, ni quieres disparar ¿Qué planeas hacer afuera conmigo? Mejor quédate, limpia un poco, hay que limpiar un poco la cocina también. Puedes leer, algo o ver alguna película, todavía hay carga en la computadora. 

El desayuno estuvo silencioso, Alejandro se planteaba la idea de darle la M75 a la chica, pero Alicia no estaba dispuesta a disparar ¿de qué servía?. La incomodidad llenó el ambiente nuevamente. Era un desaire bastante grande el haber salvado a una chica y que esta fuese una no combatiente con ideales tan arraigados. 

—Me voy, allí hay un radiotransmisor, por si tienes algún problema— Desmontó la XM2010 de la ventana y colocó en su espalda. Tomó el par de Berettas y salió. 

El frente de la casa se hallaba despejado aquella mañana, el sol todavía no se hallaba afuera en todo su esplendor, pero la luz comenzaba a reinar. El frío dio paso a una fuerte neblina que comenzó a formarse por las calles. En el cielo las nubes eran oscuras augurando lluvia. 

La lluvía era un factor escalofriante en un apocalipsis de muertos vivientes, lo vió varias veces en el pasado. Los muertos sentían el ruido en la zona externa producto de las gotas o sirenas activas en autos. Los truenos no ayudaban, creaban estampidas de muertos en diversas direcciones sin sentido. Si estabas en una calle caminando en solitario y silenciosamente, una lluvia era lo que menos deseabas. 

Notó que la entrada al conjunto urbanístico en el cual residía se hallaba bastante lleno de muertos. No necesitó preguntarse la razón, eran los rezagados que le buscaron el día de ayer cuando estrelló la camioneta, de hecho aún se podía ver un poco del vehículo. 

—Tendré que dar la vuelta, son muchos y no vale la pena— Suspiró mirando el otro camino. La vía de la derecha se hallaba bastante despejada, y más allá había un pequeño terreno baldío que permitía la entrada más sencilla a la otra vía principal de la ciudad. Sin embargo aquello significaba acercarse peligrosamente al centro donde los muertos pululaban en cantidades superiores. No quería imaginar una incursión al centro en plena lluvia. 

Observó a un muerto cabizbajo al frente de una casa, al hallarse solo Alejandro corrió hasta este, lo tomó del brazo y con un giró lo lanzó de cara contra una pared. El zombie se estrelló con estrépito y cuando reaccionó fue recibido por una cuchilla en su cabeza. Un olfateador salió desde un callejón y se lanzó sobre él, Alejandro bajó sus goggles y lo recibió. Ambos cayeron al suelo, pero el perro fue perforado en su ojo izquierdo con el cuchillo. 

Se levantó y limpió notando que una ligera brizna comenzaba a caer. Algunos muertos parecían reaccionar, incluso allí, en una vía bastante despejada se escuchaban sus gritos. Entonces una idea cruzó su mente. Quizás en ese momento, con el sonido de la lluvía, sería prudente y buena idea usar un auto. El ruido del motor quedaría opacado por la misma lluvia y sonidos de otros muertos. Comenzó a observar autos a su alrededor. Los había de todas formas y tamaños, pasaba de los deportivos, tal vez tenía un gusto especial por las camionetas, pero le daba la impresión de que esta sería de mayor beneficio a la hora de llevar algo de equipaje del centro comercial.

Para cuando tomó una camioneta negra la lluvia comenzaba a caer fuertemente, se resguardó dentro del auto y esperó. Tal cual pensaba, los muertos comenzaban a salir de las residencias, atraídos por todo aquel alboroto en el exterior. Encendió suavemente el motor, sorprendido de no llamar la atención, aunque al frente unos veinte muertos dispersos se movían. Por poco grita del susto cuando sintió la mano seguido del cuerpo de un mutilado dar contra el vidrio, por su expresión e insistencia en dar contra el auto comprendió que él sí estaba consciente del vibrar del vehículo. Decidió arrancar y partir de inmediato, aceleró lo más que pudo al salir, y se encaminó. En cuestión de segundos tenía a un par de jadeantes incrustados en la parte trasera del vehículo, pero gracias a toda el agua, era sencillo quitárlos de encima. Resultó más estresante la cantidad de autos atravesados en la vía, golpeados, quemados, volcados. Pero por alguna razón el día de ayer aquello no le había dado problemas, quizás el factor adrenalina le ayudó en aquel instante. 

 En un par de ocasiones sintió cómo pasaba sobre cuerpos, y uno que otro jadeante se le atravesaba en el camino. Se sorprendía de haber atravesado tantas calles el día anterior sin inmutarse por los cuerpos u obstáculos.

 Al llegar al centro comercial se dio cuenta que toda la zona trasera se encontraba destruida y ennegrecida, sin embargo la zona del frente estaba en mejores condiciones, el fuego solo consumió algunas zonas y una de las verjas todavía se hallaba abajo impidiendo el acceso. Preparó su pistola y le disparó dos veces a un jadeante que escalaba azorado por el capó.

La zona en los alrededores se hallaba bastante llena, pero los muertos se hallaban corriendo confundidos por la lluvia y la alarma de un auto a lo lejos. Se acercó y eliminó primero a un jadeante que gruñía contra un hidrante que lanzaba agua en ese instante.En la parte superior del centro comercial se observaban al menos cinco muertos más, pero decidió no preocuparse demasiado por eso. Verificó el silenciador en el rifle y avanzó pasando por un estrecho de una verja apenas levantada algunos centímetros. El interior se hallaba bastante vacío, los movimientos no provenían del supermercado, sino de algunas tiendas de ropa que se hallaban al fondo.  Evitaba disparar para no crear un caos con el eco. 

    La escalera mecánica cayó al suelo, el hollín cubría las paredes, el humo aún estaba presente dejándole un escozor en la boca y nariz. Decenas de cuerpos rellenaban el suelo, sin embargo, muchos establecimientos se encontraban cerrados e intactos a excepción de las marcas negras del humo. Comenzó a forzar uno por uno, tomando todo lo que se le atravesaba, dulces, ropa, libros, y llevándolos poco a poco hasta el auto. Cada vez que salía necesitaba derribar a algunos muertos cercanos, pero ninguno que implicase una situación agobiante. Recordó los paquetes que dejó el día anterior en un salón del centro, pero ahora el lugar era irreconocible, no había señas de los alimentos del día anterior. 

    Algunos paquetes fueron derribados por muertos, algo notorio por las pisadas y marcas en el suelo. Un un pasillo a la izquierda algunas llamas continuaban ardiendo y un humo muy negro y denso se formaba por toda aaquella sección, escapando unicamente por una ventilación. 

Por último revisó el mercado, tomó un par de carritos y llenó de víveres en general. Los muertos no lograron entrar al supermercado, pero aparentemente sí a la sección de la administración en la zona superior, donde unas tres figuras se movían. 

—Fantástico, sin hacer ruido y mucho coraje, justo como me gusta— comentó a sabiendas que el vidrio no soportaria la fuerza de aquellos muertos. Afortunadamente habían persianas que impedían una visión clara a la zona inferior.

Se movió hasta la bodega en el fondo del súper, allí el calor no fue tan ligero como en otras secciones. Un ligero hedor empezó a emanar junto al olor a humo, carne quemada, humedad y plástico chamuscado. Fue revisando uno por uno los ganchos con piernas y un par enormes costillares colocados sobre paletas de madera. Se preguntó si habían usado un método de enfriado por gases, el cual era mejor que al vacío. 

Algunas piezas no sabía cómo comprobarlas, todas tenían un aspecto más oscuro que el normal dado al hecho de haberse encontrado congeladas. Decidió llevar solo las piezas que aún se hallaban frías en su interior, suponiendo una descongelación lenta y por ello conservación de las mismas.

Dejó el local, marchando con cinco carritos de supermercado llenos de mercancía, entre ellos cuatro piezas gigantes de carne y una de cerdo, víveres, cloro y alcohol. Él sonreía ante aquello, indudablemente estaba feliz, aquella era la primera vez que podía llevar tanto de un lugar hasta su casa, antes se limitaba a lo que sus bolsos y fuerza le permitiera. Esta vez había dado con un botín el cual incluso le costó subir al auto. Al terminar observó cómo la suspensión bajaba mucho, pero aquello no le importaba, no pensaba quedarse con el vehículo después de todo. 

Entonces observó entre la lluvia, en una esquina del estacionamiento un par de muertos que se movían casi al compás. Se trataba de un par de niños, probablemente entre los siete y doce años cada uno. 

    —¿Qué hacen ustedes dos por aquí?— Sentía lástima. Alejandro abrió la puerta de la camioneta dejando que la lluvia entrara y mojase uno de los asientos. Posicionó parte del rifle en la ventana completamente abajo del auto y disparó. Falló un poco, impactando en el pecho, esto a pesar de hallarse bastante cerca, el niño de doce cayó al suelo retorciendose, su brazo tenía una posición extraña y su pierna parecía haberse roto. La niña menor dio un gran grito al aire mientras jalaba sus cabellos dorados manchados de negro y pegados al craneo. Luego se dirigió en carrera rumbo al auto con la mirada negra llena de una ira descontrolada. Alejandro la despachó pateandole al suelo, pisó su cuello y clavó el cuchillo en la sección de los ojos. Luego se movió entre la lluvia y disparó al chico en la cabeza y se encargó de un jadeante que bajó apresurado del techo del lugar sin temor a lanzarse. 

Del techo comenzaron a bajar una decena de muertos y debió correr al auto para retirarse de inmediato. Encendió el vehículo y arrancó saltando una acera para evitar tener que girar por todo el centro comercial. Un par de jadeantes le siguieron de cerca durante un par de cuadras, pero en la vía rápida logró perderles gracias al agua. 

    Alicia supo de su regreso pues escuchó los disparos a lo lejos. Al llegar el chico estaba todo mojado, sonriente, con todos los vidrios del auto destrozados, debido a que en el camino de regreso la lluvia bajó su intensidad y el ruido fue evidente.

    Terminó por meter el auto en el garaje. Alicia le traía un arma que había dejado sobre el mueble, la Champion. Alejandro disparó sin miramientos a otros tres jadeantes que se acercaban. Pese a todo el esfuerzo cuando entró a la casa estaba feliz, había olvidado cuántos muertos debió eliminar en el transcurso de la mañana, a los niños, el desastre del centro comercial, y el susto al tener que ir a baja velocidad de regreso a casa debido al peso del auto. Solo pensaba en su botín de ensueño, algo que nunca imaginó poder hacer antes. Salió a regar algo de cloro en la entrada para alejar su aroma. Los muertos lograron escuchar el sonido de los disparos y llegaban cada vez más. Aún así, entró a su morada con una enorme sonrisa en el rostro.

—¿Todo bien?

—Creo que mejor que nunca, traje suficiente carne, estaremos bien por un tiempo Alicia, estaremos bien…— El rostro de Alicia se contagió con su sonrisa, en ese instante se sentía como otro par de muertos se acercaban atraídos por el sonido, dando contra el enrejado del pórtico. Alejandro se levantó raudamente y movió el sillón que había al lado de la puerta principal, descubriendo una tres baterías de auto y un interruptor el cual accionó, se escuchó un golpeteo y una chispa proveniente de la entrada, hasta que él apagó el sistema.

—Una trampa, algo a la antigua, pero bastante efectiva— Se limitó a decir, al tiempo que se dirigía a la cochera para descargar.

—¿La electricidad los mata? 

—Mucha electricidad, y el agua ayuda bastante. Pero es lo último que recomiendo, el olor de la piel putrefacta quemada no es agradable. 

—Ya lo puedo notar— Una arcada llegó a su boca, bajó la cabeza y soportó la sensación— Pensé que la única forma de matarlos era destruyendo la cabeza ¿Sabes por qué? 

—Supongo que destruir la cabeza es una buena forma de matar cualquier cosa, eso incluye humanos. 

—No seas gracioso, me refería a que siempre decían esa cosa sobre el cerebro en las películas y cosas sobre muertos vivientes. 

—Ah, entonces si veías películas de muertos, sin importar tu creencia. 

—¡Claro que las veía! ¿Qué tiene eso que ver con mi creencia?— preguntó ella frunciendo el ceño. ¿Esos disparos, no hará que venga un centenar de ellos?

—No sé, quizás pensabas que dios dejó que esas cosas pasaran por alguna razón loca y destruirles la cabeza a los muertos estaba mal. Y no, bueno, si se acercaran muchos, pero cada uno de ellos hace ruido chocando contra cosas y los demás lo siguen, no es como un sonar ultra exacto, solo sabrán que hubo actividad por acá. Mientras no vuelva a disparar y limpiemos un poco el rastro, todo estará bien. 

—No puedes comparar una película con el mundo real. 

—No tengo la menor idea, como te dije, aparentemente destruir la cabeza es una buena manera de matar a cualquier cosa si tienes dudas. particularmente he visto lo que sucede cuando disparas al pecho o estómago. El agujero queda allí superando liquido verde, amarillento y negro. Pero siguen moviéndose como si fuese no sé, un rasguño. He visto también videos, de grupos armados en otros lugares, cuando todavía funcionaba bien todo el internet. Pusieron torretas, ametralladoras gigantes y grupos de hombres armados hasta los dientes contra hordas de miles de muertos. Disparaban como locos, y las balas reventaban los cuerpos, se formaban nubes rojas mientras los cuerpos se acumulaban. Eliminaron a muchos muertos lentos, mutilados, pero cuando llegaron los jadeantes, los que son capaces de correr, no hubo mucho que pudieran hacer salvo retroceder. Era horrible. Con suerte un muerto caía al suelo por toda la sangre y vísceras regadas y no lograba llegar donde estabas en menos de un segundo. la mayoría no tuvo tanta suerte, se convirtieron en menos de un minuto. Otros nunca se levantaron, fueron eliminados a mordiscos o pisadas. ¿Has visto a un grupo de militares gritar aterrorizados porque se encuentran en una tanqueta y los muertos los rodean y logran volcar el vehículo? ¿O rodear a un tanque y situarse sobre este al punto donde los ocupantes quedaban totalmente atrapados sin munición? 

—Tuvo que ser horrible, carnicerías. 

—Cuando dices eso no sé si lamentas que dispararon a tantos muertos o murieran tantos vivos. 

—¿Ambos? Una vida es una vida. 

—¿Y si esas cosas ya no calificarán como vivas?— preguntó él. 

—¿Cómo así? 

—Dudo que sus corazones funcionen, o sus mentes. Al menos dudo que funcionen como funcionan las nuestras, si tienen algo en mente debe ser más como un instinto básico, ¿como una sensación constante de atacar? ¿o hambre?

—¿Podemos dejar de hablar de eso?— La chica hizo un silencio—. No me siento bien cuando pienso tanto en eso. Trajiste muchísima comida, ¿todo está bueno?

—Si, lo que no estaba seguro lo dejé en el supermercado, aunque obviamente quedan enlatados y otras cosas, pero de carne, creo que esto es lo que servía— Señaló Alejandro bajando enormes bultos de carne de la parte trasera. Siete sacos de arroz, cuatro de pasta, litros de aceite, paquetes de galletas entre otros— Pareces tan feliz como yo. ¿Tanto te gusta la carne?

—Lo normal, es solo que después de lo que me dijiste hoy, teniendo en cuenta lo sucedido ayer, estaba preocupada. Además mientras estuve con mi papá, bueno, últimamente…                                                                                               

—No consiguieron mucho que comer… tranquila lo entiendo. Algo te puedo asegurar, mientras estés conmigo, tendrás siempre que comer, es mi principal preocupación para ser sincero— El chico sonrió—. Aunque no lo creas me gusta mucho comer.

—Pues no lo creería antes, pero luego de ver cuánta comida traes. Podría preparar algo guisado. 

—Quizás mañana, no me tomes a mal, me encantaría, pero en este preciso momento tengo pensado preparar algo de carne a la plancha. 

    —Traje ropa, de chica quiero decir, busqué que fuese más o menos de tu talla, aunque no sé bien qué gustos tienes. Está por allí en un par de cajas. Eso y dulces, sé que no son exactamente nutrientes, pero, no sé, me pareció buena idea cuando los vi, aunque tampoco sé tus gustos con respecto a dulces— La chica se levantó de la mesa hasta él, abrazándolo— Era suficiente con darme las gracias, aunque no me puedo quejar— Se sorprendió sonrojado, abrazándola a ella también— Mejor vayamos primero a guardar esto, y comamos algo, luego te puedo enseñar a usar las cámaras fotográficas y tomemos un par de fotos. 

    —¿Fotos? ¿Para qué?— Respondió Alicia.

    —Es tal vez una tontería mía. Tomo fotos todos los días, de mi alrededor, y de mi. Anoto lo que ha sucedido ese día, detalles sobre ciertos lugares, dibujo especificaciones sobre el mapa. Me permite recordar lo que he visto y donde. Dónde están ciertos suministros y la posibilidad de tomarlos o que sean saqueados por otros grupos. 

—¿Llevas mucho tiempo solo?

—Algunos días, se podría decir que si. 

—¿Puedo ver el diario?

—Bitácora, me gusta llamarla bitácora. Y si, claro, puedes verla, hay dos, están allá— Alejandro señaló a su habitación, en la mesa al lado de su cama— Aunque no creo que te gusten muchas cosas que verás allí, hay fotos bastante explícitas, muertos, y esas cosas.

—¿Por qué? 

—Yo, no he sido tan buena persona como piensas— Sonrió a duras penas y se retiró a la cocina a preparar la carne. 

—A mi las piernas me tiemblan y el corazón late muy rápido cada vez que estoy afuera con los muertos— Alicia se movía constantemente hasta la cocina llevando consigo los enlatados— Empiezo a mirar en todas las direcciones y solo empiezo a ver donde puedo ocultarme. 

—No es extraño, me sucedía mucho en los primeros días, los mutilados son bastante lentos y silenciosos cuando se acercan, pueden llegar por la espalda sin que los notes. Sin contar que cuando están en grupos gigantes, las hordas, da miedo el sonido que producen, esos gemidos y quejidos multiplicados por mil. 

—¿Te has acercado a las hordas?— preguntó ella. 

—No por gusto, pero si, por error si. 

—¿Por error? 

—Moverte por una zona un poco despejada por el día es una cosa, andar afuera en la noche es un mundo distinto. Si dices que sientes miedo en el día, en la noche sólo puedes sentir pánico. Todo tu cuerpo comienza a gritar que corras, que solo escapes y te ocultes. En la noche salen la mayoría de los muertos, muchos más. Una vez quedé atrapado en una zona bastante difícil mientras anochecía. 

—¿Cómo pudiste dormir así? 

—¿Dormir? No se duerme cuando hay cientos de muertos a tu alrededor. 

—Perdón, siento que fue tonta mi pregunta. Por cierto, vi una radio ¿Por qué no la enciendes para saber cómo están las cosas?

—La radio es la peor idea— comentó él. 

—¿Por qué? ¿La gente no la usa para comunicarse y enviar señales? 

—Puedes encenderla si quieres, pero no voy a escucharla. Además, para transmitir necesitas configurarla radio, y algo que transmita lo que dices.  No soy experto en el tema, alguna vez logré conectarme a una radio por internet, pero desde esa radio no se siquiera se pueda. 

—Eres bastante negativo ¿Por qué no escuchar la radio?— Alicia comentó encendiendo el equipo para presionar un par de botones y que este buscase una frecuencia. No tardó en encontrar una. 

—…Nos encontramos en la quinta esquina de la calle Olivares, por favor, quien sea, no tenemos comida. Estoy encerrado con mis dos hijos desde hace tres días. Mi esposa salió por suministros, no regresó. Nuestra zona está plagada de muertos, si alguien me puede escuchar, quien sea, se lo pedimos.

—¿Podríamos ir?— inquirió Alicia de inmediato. 

—Podría ser una trampa. 

—¿Una trampa? Esa persona parece a punto de llorar— expuso ella. 

—¿Siquiera sabes donde es la calle Olivares? ¿Si es aquí, o en otra ciudad? 

—No. 

—Te dije que no pusieras la radio, hay cientos de mensajes como ese, algunos se repiten indefinidamente, otros entran y salen según la ocasión. 

Alicia arrugó el entrecejo y cambió de estación presionando el botón para conseguir la siguiente señal nítida— ¿Qué sentido tiene vivir si no aceptamos el mundo tal cual está? Morir es una vía honrosa y respetable en estas épocas. Cualquiera entiende la desesperación que hay en nuestros corazones…— Cambió nuevamente a la siguiente señal— Caminé por entre los muertos a toda velocidad, no sé cómo pude dejar a Alberto atrás, solo sucedió. Ese muerto le tomó desde aquel auto y lo jaló al interior. Tenía tantas ganas de gritar, pero nada salió de mi garganta, aunque sí lloré, lloré mucho por mi hermano…

—Tienes razón, no quiero escuchar más— expresó Alicia. 

—Lo más sensato, luego de un rato te deprimes y sientes que no podrás hacer nada y solo puedes esconderte. 

—Pero es lo que la mayoría hacen, se esconden. 

—Y la mayoría muere. No tengo intenciones de morir. 

Algunos minutos después ambos se hallaban en la sala revisando un par de golosinas que la chica llevó consigo para compartir— Amaba estas barras antes— Alejandro recibió una con un gesto de su rostro. 

—¿Puedo tomarte una foto? 

—¿Para tu diario?— replicó la chica.

—Es una bitácora, pero si, quiero hacer una entrada en la bitácora. 

Alicia accedió y luego tomó entre sus manos el cuaderno, Alejandro por su parte sacudía su mano para revelar bien la imagen de la polaroid— ¿Puedo preguntar algo? 

—Dime. 

—¿Ellos son tu familia?— Alicia señaló una foto al inicio del cuaderno lleno de anotaciones. 

—Ese de Allí es mi tío Guillermo, ella es mi madre, y ella una amiga de la infancia— Alejandro se mostró apesadumbrado al instante, se notaba les extrañaba con solo verle. 

—¿Y este otro?— La chica mostró la foto de un hombre un poco alto y algo barrigón.

—Ese era Raul, también murió. 

—¿Un amigo? 

—Sí, un amigo, le debo mucho, me enseñó varias cosas, entre ella a manejar ciertas armas. 

—¿Puedo preguntar cómo murió?

—No me apetece hablar de eso, lo siento— Exclamó él moviéndose por el lugar para tomar una bolsa de papas fritas. 

—Perdón, no quería molestarte, solo me da curiosidad. 

—Descuida, de todas formas si quieres saber, está escrito en la bitácora. Es solo que de verdad no sé cómo explicarlo en palabras. Escribirlo a veces me parece más sencillo. 

—¿Lo escribiste?

—Es una forma de soltarlo todo. Pasé bastantes días solo, a veces uno siente que se va a volver loco si no habla con nadie. A veces colocaba la laptop con algo grabado, pero no es lo mismo, por eso me puse a escribir todo. 

—¿Te funcionó? 

—No aleja ni la soledad ni los pensamientos, pero terminó siendo muy útil, evita que olvides cosas importantes. Te permite repasar detalles relevantes, cosas que no notaste al inicio, puntos que pueden ser claves para sobrevivir. 

Entonces mientras Alicia hojeaba la bitácora sucedió algo impensable para ambos. El timbre del hogar sonó de pronto. En el primer instante Alejandro no dio crédito a sus oídos, pero al segundo ring un escalofrío subió recorriendo su cuerpo. Se atragantó al tiempo que observó a la chica que estaba pálida del susto. Se levantó de un salto, corriendo hasta su AR mientras su mente pensaba cómo era posible semejante situación ¿cómo el cable guía no activó la alarma? y de haber atravesado el jardín ¿era un zombie que burló el par de minas y se hallaba ahora pegado a la puerta?

Se acercó a la ventana y quedó perplejo a sus ojos. En el pórtico estaba un chico, su ropa era elegante, con camisa puesta y un pantalón de vestir. Tocaba el timbre nuevamente al tiempo que gritaba.

—¡Alejandro! ¡Soy Yoshua! ¡Ábrele a tu amigo!— Increíblemente Yoshua pulsaba el botón repetidas veces. Alejandro necesitó un par de segundos para discutirlo mentalmente hasta finalmente abrir la puerta.

—¡Buen día Alejandro!— Era increíble ver a un joven sin protección alguna sobre una bici, como si de un campamento se tratase. Su cuerpo apenas daba señales de haber atravesado un lugar repleto de muertos. Su ropa estaba ligeramente salpicada de puntos verdes, marrones y negros en diferentes secciones. Sin embargo, el resto de su apariencia sugería que aquel sujeto acababa de salir de las oficinas de Wall Street y había olvidado el maletín en alguna esquina. 

—¿Qué haces aquí Yoshua? Y deja de gritar o vendrán.

—¿Así me recibes? ¡Vamos Alejandro! ¡Ya estoy aquí! ¿Te cuesta tanto dejarme pasar?— Su apariencia era atemorizante, llevaba en su espalda un par de espadas, y atado a su pierna una pistola junto a un cuchillo— Y deja de preocuparte tanto, maté a todos los que estaban de camino con la espada, no disparé ni una bala. ¿Sabías que tienes la vía principal de allá atrás repleta? Justo donde hay un carro estrellado contra un pórtico. Tuve que eliminar como a cien de ellos— Sonreía como si eliminar muertos con una katana fuese rutinario.

Alejandro pensó seriamente antes de permitirle la entrada— Supongo no viniste a saludar—. Le dijo al tiempo que abría más la puerta y se apartaba, permitiéndole al chico ir al interior.

—¿Esa es la AR por la cual Verónica arma tanto escándalo? ¿Es una modificación cierto?— Alejandro aún la tenía en la mano, asintió con la cabeza— ¡Vaya! No sé, pero por alguna razón me la imaginé como un rifle antitanque con lanza granadas, rayos láser y lanzacohetes, ya sabes, teniendo en cuenta los gritos de ella y el alboroto. No para de escupir que te matará por robarle el arma. Es un tema frecuente si tienes alguna conversación con ella.

—No vienes por el arma— respondió Alejandro.  En ese momento Alicia entró en la sala, atraída por las voces.

—¡No tenía idea de tu compañía! y vaya que es una buena compañía, un placer dulzura, yo me llamo Yoshua Scheneider— agregó haciendo una caravana.

—Alicia.

—¡Alicia! Hermoso nombre, espero tengas curiosidad por el conejo blanco—. Soltó al tiempo que se degustaba con la vista de la chica.

—¡Yoshua!— Alejandro se exasperó rápido. Aquel sujeto definitivamente no era su amigo, y su sola presencia era una invitación a problemas— ¿A qué vienes? 

—¡Tenía tanto sin saber nada de ti! ¿Cuánto tiempo fue? ¿Un mes? ¿No puedo simplemente rondar por el vecindario y venir a saludar?

—No con miles de muertos en las calles. 

—Cierto, el asunto de los muertos, a veces lo olvido. Me la paso bastante ocupado a veces. 

—No recuerdo haberte dicho donde estaba mi casa— replicó Alejandro entrecerrando los ojos. ¿Cuando le siguió? ¿Lo sabía desde hace tiempo? Aquello era como una declaración abierta de: “sé donde vives y con quién estás”. Con Yoshua aquello no era buena señal.

—Tonterías, estoy seguro que alguna vez lo debiste mencionar. 

—No te veía desde el día veinte, y no estaba todavía en esta casa. 

—¿Los cuentas? El día veinte, si claro, en el centro comercial, si…— Yoshua se acercó hasta Alejandro y le preguntó en voz baja cerca del oído— Dime Alejandro, Alicia y tú ya…— Señaló a la chica mirándola en todo el recorrido de su cuerpo— porque si no, bueno tu sabes… nunca es malo tener algo de compañía femenina por las noches— A lo cual Alejandro se limitó a mirarle fríamente. Alicia permaneció en el lugar sin decir palabra. El sujeto en su opinión era intimidante, en especial con esas espadas.

—¿Te gustan?— Se quitó una de las enormes cuchillas de la espalda— Es una katana, realmente muy bonita y no dudes que efectiva. Si la sabes usar puedes cortar el tronco de una persona entero de un solo tajo, un corte sublime, sin dejar el menor rasguño en la hoja—. Tocaba el filo el cual brillaba tenuemente, el mango estaba manchado, delatando que fue usada en ciertas ocasiones. Alejandro intuía que la misma fue usada para llegar hasta allí—¿La quieres? Te la puedo dar, tengo otras dos, hay más de dónde salió esa.

La chica tomó la espada al ver como este la ofrecía con su mano extendida— Gracias—. Se limitó a decir.

—Para lo que quieras, si quieres luego te puedo enseñar a usarla, aunque no lo parezca soy muy bueno con las armas—. Se ofreció con una sonrisa maliciosa el chico.

—Alejandro me contó algo sobre eso.

—¿En serio? Me sonrojan, lo que sucede es que toda mi familia siempre estuvo en la milicia, yo practicaba paintball, y caza normalmente, así como algún que otro arte marcial abierto, cosas por el estilo, algunos entrenamientos en el exterior, lo usual.

—¿A qué viniste Yoshua?—. Alejandro le interrumpió.

—¿Sabes Alicia? Si en algún momento deseas venir conmigo, si te quedas sola, yo con gusto te recibiré. Hay espacio en nuestro campamento, estamos bien organizados. 

—¡Ya basta!— Alejandro se interpuso entre Yoshua y Alicia— ¡Mas te vale decir que haces aquí o te vas de inmediato! No tengo tanta paciencia como crees Yoshua.

—¡Vale tigre! Calma…— Yoshua se sentó un instante— Espero realmente que esa AR valga la pena, porque como bien sabes eres bastante famoso Alejandro. Todos los grupos te están buscando, por alguna razón siempre lograste evadirnos, pasar desapercibido ante nosotros, excepto ayer. En mi opinión fuiste muy descuidado al llegarte hasta el furgón a rescatar a esta señorita ¡Mis disculpas contigo Alicia!— Yoshua cambió por un momento su semblante para luego continuar— Dejaste un carro empotrado en una casa muy cerca de aquí, así que buscarte no fue cosa de otro mundo, ni para mí, ni para los demás. Digamos que tu ubicación actual y exacta era algo de interés para algunas personas, en especial para la antigua dueña de esa AR— Yoshua señaló el arma.

Alicia se escondió detrás de Alejandro al tiempo que este respondía —Supongamos que me he preparado para ciertas eventualidades, incluso que supieran mi ubicación. Por lo que dices ya sabías de Alicia el el contenedor, lo cual me da varias ideas de cómo terminó allí. ¿Algo más que quieras decir?

—Inteligente, por eso es que me caes bien. La verdad, no saben con exactitud cuál es tu casa, pero no creo que sea difícil, ya me ves aquí— Sonrió—. Tan solo saben en qué sector te encuentras, ¿cuándo vendrán?, yo diría que en cuestión de ¿cinco horas? tal vez seis. Cuando caiga la noche estoy seguro habrá todo un gran grupo acá, la cuestión está en ¿qué harás? Porque tanto Verónica como mi grupo quieren venir a darte un agrado.

—¿Por qué me avisas? No te hagas el inocente conmigo Yoshua. No eres amigo ¿Qué ganarías con decirme sobre el resto? ¿Acaso no acabas de decir tu grupo vendrá?

—Me caes bien Alejandro. No todos los días conoces a alguien capaz de eliminar muertos como un profesional. Probablemente no comenzamos con buen pie ambos, pero viendo las cosas en retrospectiva, supongo que te admiro un poco. Tal vez estoy apostando por ti, tal vez pienso que me serás de utilidad en un futuro, quizás tengo mis propios planes. Quizás se cosas que tú no, quizás tengo mis propios pensamientos y teorías ¿Quién sabe? Lo que sí es cierto es que debo irme por ahora— Se levantó bruscamente dirigiéndose hasta la puerta—. Se supone que estoy haciendo una simple ronda de patrullaje—. Sonrió de una manera un poco macabra y justo en el momento que abría la puerta se detuvo, volteó para ver al chico, su mirada cambió al igual que el tono de su voz, esta vez sonaba serio—. Alejandro, te tengo una pregunta y agradeceré me seas sincero— Alejandro asintió— ¿Alguna vez has intentado abrir el cerebro de uno de esos muertos? ¿Sabes por qué se les mata apuntando a la cabeza? Sería interesante si lo descifraras, yo trabajo en eso actualmente, bueno, ¡Nos vemos amigo!— Con estas últimas palabras salió a la calle, un muerto se hallaba en una esquina al cual el chico pasaba a su lado tasajeándolo en un instante, dejando los pedazos esparcidos en el suelo, mientras tanto Alicia veía por encima del hombro de Alejandro, quien pensaba en todo lo dicho.

—¿Quién era él?— Alicia salió un poco, se hallaba curiosa ante la visita.

—Yoshua, te hablé de él. 

—El del grupo que mencionaste, lo sé. ¿Por qué vino a ayudarte?

—No creo que viniera a ayudarnos precisamente— contestó él dejando a la chica bastante contrariada. 

—Te acaban de decir que te atacarán.

—No conoces a Yoshua, algo debe de ganar. Algo le interesa. No vendría a decirme que me van a atacar si no fuese a ganar nada. ya lo ves, no le importa estar entre los muertos, sabe defenderse bien. No le interesan mucho los demás.

—¿Qué haremos?— preguntó ella, evidentemente algo le preocupaba.

—Movernos si queremos estar seguros— Observó a Alicia quien tenía la espada en la mano con su vaina puesta— ¿Serías capaz de usarla?— Señaló la katana.

La chica negó con la cabeza— Dios no acepta matar a los seres vivos. Y no sé cómo usarla.

La miró de reojo— ¡No podrás huir de ello por siempre Alicia, yo no podré salvarte siempre, y en días como hoy creo que algo de ayuda sería beneficiosa!— La chica se dio vuelta, él le detuvo tomándole del brazo — ¡No te molestes! Es solo que… bueno, es difícil, entiéndelo— Trató de darse a entender— Sé que me considerarás un pecador y de los peores. Aunque la verdad creo que soy peor de lo que te puedas imaginar, pero por ahora te pediré que te prepares y traigas esa cosa que aceptaste como regalo, quizás nos sea de ayuda. Creo que debes pensar bien tus opciones, cada vez que estés afuera será un instante en el cual podrías morir, entonces es prudente que analices un poco la situación y no solo te centres en lo que dice la biblia. Analiza un poco esos pensamientos y las situaciones frente a ti—. Alejandro entraba en su habitación—. Saldremos en veinte minutos ¡Prepárate para pasar una noche afuera!

—¿Afuera?

—Colócate ropa abrigada y un par de camisas, piensa en que si lo peor llegase a suceder al menos no se lo colocarás fácil. Necesitas cubrir bien tus brazos y piernas, hay revistas que pueden servir para eso.

Alejandro cerró su puerta, ella se quedó pensando— Para mí sigues siendo un ángel— Expresó en un susurro—¿Adónde iremos?— preguntó en voz alta luego de unos segundos.

—Hay un grupo de sobrevivientes que me debe un favor.

—¿Un grupo?— Alejandro asintió desde su habitación, se escuchaba algo de ruido.

—Pero dijiste que eran peligrosos, mencionaste que competían entre sí— Mencionó ella alarmada al tiempo que Alejandro salía tomando todas las armas y municiones de las cuales disponía, repartiéndolas por su cuerpo, el resto en un bolso negro.

—Y lo son, pero por el mismo hecho de que compiten entre sí es que estoy seguro les interesará saber que los otros dos grupos vendrán a buscarme— Alejandro volteó a verla— ¡Verás Alicia! Armando, el líder del grupo más pequeño me debe un favor. Ellos son el grupo mejor armado y posiblemente el mejor organizado ofensivamente, teniendo en cuenta el hecho de que son ex oficiales, militares y su familia. Ya de por sí son pocos, creo que solo luchan cuatro o cinco de ellos. Pero hay un punto importante. Hemos estado en este infierno durante setenta y tres días, y todos los grupos se han encontrado los unos con los otros, en este punto todos hemos tenido discrepancias— Tomó el bolso negro cargado de armas en su espalda— Yo no podría luchar contra tanta gente, así que mi plan es hacer que ellos quieran luchar por mí, si los convenzo de que su mejor jugada es estar aquí esta noche, entonces las probabilidades estarán a mi favor.

—Suena como algo inteligente— expresó ella. Alejandro le hizo un ademán a la chica para que tomara la espada también— Pero, por lo que dices se van a matar. ¿Por qué crees que pelearían por tí?

El chico la observó seriamente pensando en qué respuesta debía decir, pasando por el obvio “¡si o los demás nos matarán!”— Alicia, siento tener que decirte que las reglas que diste por sentado en un pasado, se borraron completamente. Para mí en este momento la prioridad es pasar de esta noche, no solo yo, sino que tú también. Y aquí pensándolo un poco, es muy difícil que sobrevivamos si nos ataca un grupo grande. No los has visto como yo, pueden incluso llamar la atención de los muertos y moverlos— Repasó  visualmente tomando un par de vendas, algo de alcohol, una cartucho de balas sobre el mueble de la sala— Como te dije, se odian. Armando ha tenido un par de encuentros nada agradables con Verónica. La vieja tiene la mala costumbre de crear desastre y destruir todo a su paso, incluso sacrificando personas. Armando es un ex militar, no está muy de acuerdo con eso. No sé cómo ha sido su interacción con el grupo donde está Yoshua, pero te podrás imaginar su forma de actuar. 

—El grupo de Verónica parece peligroso. Yoshua parece peligroso. 

—Son peligrosos, trae de la cocina un termo con agua. La esperó en la sala apretando las vendas en sus brazos y colocando un par de guantes en las manos. No era mucha protección, pero era mejor que nada. 

—Listo— Alicia venía con un pequeño bolso en su espalda. 

—Vamos entonces— expresó Alejandro abriendo la puerta de la casa— Mantén silencio lo más posible, si necesitas decir algo, toca mi camisa o susurra de ser posible—. El suelo a sus pies estaba húmedo y encharcado, el vapor ascendía a pesar de que la tarde se iba rápidamente. La lluvia dejó a muchos muertos en la calle desorientados, buscando presas. Alicia pronto tocó su brazo para decir algo en voz baja.

—¿Nos iremos a pie o en el carro?

—Estoy pensándolo, la verdad yo antes no solía usar carro, es demasiado peligroso pues llama mucho la atención. Solo estoy intentando pensar en cuánto tiempo nos tomaría llegar hasta allí a pie.

—¿Es lejos?

—Depende del camino, si vamos por áreas verdes quizás sean  cuatro horas y media, pero es una cuesta, así que será complicado. Por el camino principal, un poco más  de cuatro horas y media, quizás menos si corremos. El problema no es el tiempo, es atravesar la urbanización— Alejandro observó nuevamente a la chica.

—¡Oye no me veas así! ¡Yo soy buena corriendo, incluso he competido!  Nunca he ganado, pero he llegado a correr y trotar— Puntualizó ella. Alejandro tan solo sonrió asintiendo con la cabeza.

—Entonces será a pie— Comenzó a caminar pasando por cuidado el frente de su casa, tomando la vía de la derecha— Tomaremos la ruta de la vía principal, y como a cuarenta minutos hay una vía nueva que rodea la montaña, Después de eso serán casi dos horas subiendo, pero es la zona más segura. Si agarramos la zona de la autopista llegaríamos mucho más rápido, pero hay una sección donde suelen haber hordas, y es un área abierta, si nos ven y corretean allí. No escaparemos, no importa cuánto entrenamiento tenga ninguno de los dos. No los mires a los ojos, y si ves alguno a lo lejos tan solo tócame la espalda. Procura no gritar ni hacer movimientos excesivamente bruscos ¿está bien?— Ella asentía sin decir nada más, Alejandro apenas cruzó su calle divisó lo que era una vía principal, a lo largo de ella se agitaban varios zombies, por lo cual sacó su AR de su espalda y apuntando fue disparando.

—¿Eso no los alerta?

—En cierta forma sí. El sonido, aunque use un silenciador pueden escucharlo, y normalmente salen más, pero sería peor tener que enfrentarnos o correr con un par de jadeantes u olfateadores atrás, y si nos vemos rodeados por mutilados será la misma historia. Para pasar hay que eliminar algunos, no hay opción. preferible eliminar a los que pueden correr como desgraciados— señaló él.

—Yo me podría haber quedado en la casa, siento que soy una carga para ti.

Estuvo cerca de asentir con la cabeza, pero era descortés. Ya había sido mordaz, sarcástico, cortante y molesto en veinticuatro horas. Sin contar además la verdadera razón para llevarla. Le daba miedo los planes ocultos de Yoshua, probablemente raptarían a Alicia y él tuviese que ayudarla. O incendiar toda la zona o colocar algo de música a gran volumen y llamar a todos los muertos en un kilómetro a la redonda. En este último caso sería imposible sacarla. 

—Prefiero tenerte cerca, te convertirás en una carga si alguien llega a la casa mientras yo no estoy allí— Un nuevo disparo, y obtenía la atención de varios de aquellos seres, por lo cual debía apuntar más apresuradamente—. Hazme un favor, saca el arma larga que tengo en mi bolso y tenla lista. Cuando te diga toma una caja que diga siete punto sesenta y dos, que son las municiones.

La chica prestó atención, al tiempo que volteaba para no tener que ver aquello, estaba alerta de su alrededor, pero el ver como caían aquellos seres con forma humana le escocía y un escalofrío recorría su espalda. Ver a los lados con cuidado era lo mejor que podía hacer. Señaló a su compañero un muerto que se acercaba por un lateral, y otro que se asomaba desde una casa — ¿No te dan miedo? ¿No te da sentimiento el quitarles la vida?— Preguntaba mientras tomaba el bolso y sacaba el arma. Avanzaban lentamente por la segunda calle y entraban a la tercera. 

—¿Miedo? Siempre da miedo, no se puede huir del miedo, pero llega un momento en el cual se hace parte de ti, te hace permanecer alerta, si logras conservar tu respiración, se hace más fácil el actuar aun con miedo— Un nuevo disparo rápido, seguido de otro más— Con respecto a lo segundo. No, dejé de sentir algo por ellos cuando me di cuenta de que dejan de actuar como humanos. También creo que el pensar que son ellos o tú, aligera la tensión sobre ello.

—¿No son humanos? Pero aún tienen vida.

—No son humanos Alicia, es más que obvio al verlos. No sienten dolor, no hay sentimientos allí adentro. ¿Crees que alguno de ellos dudaría en morder o matar a alguno de sus seres queridos? Eso debería decirte claramente que no están pensando, no sienten. 

—De una forma u otra tienen vida.

—¿Vida? Yo no tomaría eso como un criterio, creo que solo estás viendo un lado de la historia— Le hizo señas de que le pasara la XM2010, guardó silencio un par de segundos antes de continuar hablando, su respiración se entrecortaba por instantes—. De seguro tienes en la cabeza la idea de que jamás has matado ningún ser vivo, pero verás, estás equivocada. Miles de seres vivos han muerto para que tú puedas seguir con vida.

Alejandro indicó continuarían por un callejón brevemente, debido a que al frente se podían observar más de diez muertos detenidos a mitad de la calle. Observó el lugar detenidamente, era peligroso a simple vista. Empezó a considerar la posibilidad de ir por los techos de las casas en vez del medio de la calle, así se adelantó por el callejón verificando. Luego de un instante tenso, señaló a la chica para que le siguiera.

Él subió primero, lanzando el bolso con armas, luego escalando por una verja. Después tomó la mano de ella ayudándole a subir. Cuando estuvieron arriba la situación era más calmada— Estaremos bien mientras no corramos o nos escuchara cualquier ser que se encuentre abajo. Fija bien donde pisas. Las casas con techo de concreto son más seguras, pero aquellas que ves con láminas en la parte superior, evítalas, hace ruido y podrías caer—. La miró seriamente. Por un instante al chico le pareció divisar una sombra que pasaba por un callejón contiguo, era algo rápido, quizás más que cualquier muerto. No hubo ruido subsecuente y nada sucedió. Alejandro se tranquilizó un poco. 

Continuaron caminando, retomando el tema— De seguro eres una chica que incluso dice amar a los animales, pero desde que naciste te has alimentado, miles de vacas muertas, cerdos, peces, todos para alimentarte,  directa o indirectamente. Sin embargo, lo comías, verduras, hortalizas, frutas, has probado todo aquello miles de veces ¿Nunca te has puesto a pensar en que también son otra forma de vida? Por otra parte, te has enfermado durante toda tu vida, pero no te has dado cuenta de que todas aquellas enfermedades que tu consideras inofensivas ahora, fueron problemáticas en un pasado. Solo que ahora eres inmune gracias a que miles o millones murieron a lo largo de los años para que tú pudieras vivir. Así que, si lo ves de cierta manera, has matado millones de veces, desde que naces. Creo que lo que la perspectiva que deberías tomar es, si algo pierde la vida por tu mano o no. Y si muere por tus acciones, entonces deberías cuestionarte si lo has hecho con un fin, o solo por satisfacción. Yo por mi parte creo que solo la última es lo que se podría ver como algo malo, el matar por tan solo matar.

Alicia guardó silencio juntando toda aquella información. Posaba sus pies con cuidado por los techos al avanzar. Se movían por una orilla donde las casas apenas se unían. Alicia desconocía que gran parte de esa sección estaba relativamente limpia por la misma presencia constante de Alejandro. Otro porcentaje de los muertos se hallaban en el interior de los hogares, muchos encerrados por rejas y paredes. 

Llevaban avanzadas casi tres cuadras lentamente sobre los techos cuando el muchacho se detuvo de forma brusca señalando debían agacharse.  A lo lejos observaba un jadeante entre un par de tanques de agua aun sin percatarse de la existencia del par de chicos. 

Levantó su rifle con cuidado apoyandolo sobre un par de bloques alzados en el lugar. Apoyó la culata ligeramente contra el hombro y estaba a poco de observar por la mira, pero logró ver como un olfateador subió como una araña por la pared, llegando al techo y corriendo en dirección a la chica. Por reacción volteó sacando la pistola de la cintura. 

El muerto se abalanzó sobre la joven sin darle tiempo, él corrió hasta ella. Alicia tenía los ojos abiertos y a poco de gritar, su brazo se hallaba en el cuello del muerto impidiendo la mordida.  

El cerebro del chico trabajaba como una máquina a toda velocidad, razonó en milisegundos que si disparaba bañaría a la chica en sangre contaminada, así que primero debía apartarlo. Apoyó sus pies y le propinó al olfateador una patada con todas sus fuerzas, luego sin titubear disparó, una, dos, tres y cuatro veces. Al terminar todo quedó en silencio, Alicia se levantaba, y él estaba temblando, nuevamente una multitud de recuerdos vinieron a su mente— ¿Estás bien? ¡Alicia! ¿Estás bien Alicia?—. Aquello estuvo más cerca de lo que él habría imaginado.

Ella temblaba mirando a su alrededor, una lágrima bajaba de su rostro, en un salto se lanzó sobre él a llorar— ¡Fue horrible! ¡Alejandro allí viene!— Señaló ella en dirección a su espalda. El jadeante al cual había apuntado antes se hallaba casi encima, Alejandro volvió a disparar un par de veces. Limpió a la chica de un par de gotas de sangre en la mejilla. Fue en ese momento cuando su cuerpo reaccionó a todo lo que acababa de suceder.

Estaba preocupado por ella, y al segundo siguiente su cerebro le otorgó toda la información necesaria de su alrededor. Como en una película sintió el silencio cayendo sobre él. Frunció el entrecejo comprendiendo su error— ¡Corre…! — La miró, parecía estar bien, más aquello ahora no importaba, su voz había sonado apagada— Corre…. ¡Corre! ¡Rápido, tenemos que…!— Un grito ensordecedor inundó el ambiente, seguido de rugidos y alaridos en todo el alrededor. Sujetó a la muchacha por el brazo arrancando a correr por encima de los techos, saltando los tejados.

Los muertos salieron de las casas a sus pies como hormigas llamadas a cenar. Sus cuerpos escalaron las paredes hasta los techos. Los rugidos se hicieron sentir cuando observaron al par de chicos corriendo por los tejados. El grito de una decena de olfateadores se hizo sentir y los jadeantes adyacentes se alzaron para perseguirlos.

—¡Nos llegan! ¡Son demasiados!— Ella gritaba al tiempo que él tan solo corría tomándole de la mano, esquivando y saltando todo lo que observaba a su paso. No se atrevía a voltear atrás a ver cuán cerca estaban, tan solo notaba como los cuerpos subían raudos desde todas las direcciones.

 En cuestión de segundos les rodeaban, su mente no hallaba solución alguna de aquel aprieto, tan solo corría con todas sus fuerzas. 

Respiraban a tanta prisa como sus piernas lograban correr, los techos en algunas casas eran blandos y en otros duros y sonoros. A pesar de ello ambos corrían saltando de un hogar a otro. Incluso saltaron sin percatarse de una calle pequeña que dividía dos sectores. Nada importaba, los tanques de agua, las tuberías, los cables y los árboles. Todo pasaba como un rayo al lado de ellos y los muertos a toda velocidad.

Un techo se vino abajo por el peso de los muertos. Se sintió el estruendo de la caída estrepitosa, y un grupo de alaridos que llamaron más muertos en los alrededores. 

Una sensación empezó a fluir por los poros del joven. Miedo. 

Un jadeante frente a él se lanzó con los brazos abiertos justo al frente, ambos le esquivaron por centímetros y continuaron sin reducir la velocidad.

No había solución para esa situación, debían perseguirle unos cien muertos como mínimo y no paraban de aparecer decenas más de los lados y frente. Si tropezaban, si se cansaban, si se detenían por un simple segundo estaban muertos. 

Alicia iba a su par corriendo como toda una profesional al tiempo que chillaba y gritaba volteando a su alrededor. Alejandro observó como un par de jadeantes se lanzaban a por ellos, les esquivó por mera intuición, su cuerpo parecía moverse solo. Sintió un grito, de aquellos que tantas veces escuchó antes, que helaba la sangre a un punto sin igual, en plena carrera apuntó atrás sin ver y disparó dos veces al aire sin saber si llegó a dar en algo, pero algún ser llegó a tocar su mano y su arma cayó al suelo soltando un nuevo disparo. Ambos bajaron la cabeza sin dejar de correr, así Alejandro perdió su Champion en medio de la huida. 

No era momento de preocuparse por perder un arma, observó un montículo de tierra por el cual bajar, al tiempo que apartó a un ser de aquellos de su camino. Tomó a la chica junto con él, cayendo por la tierra amontonada, rodando y continuando en la carrera. Pero ahora el camino estaba tapeado por los muertos que corrían hacia él. Los esquivaba, les golpeaba mientras andaba con todas sus fuerzas, con todas sus ganas. Ambos gritaron en medio de la desesperación. Él sabía bien que luego de subir la cuesta que estaba enfrente se hallaba una calle que surcaba la hendidura entre las montañas, y allí era donde quería llegar, pero era imposible, les cerraban el paso decenas de ellos, Alicia apretó su mano— ¡Alejandro! ¡Nos tienen!

—¡No así! ¡No después de tanto luchar!— Pensó en voz alta, mientras empujó con todas sus fuerzas uno de aquellos seres que casi se montó sobre él. De la nada apareció un niño zombie que se atravesó y arremetió contra Alejandro, pero chocó con el otro que se hallaba sujetando el hombro y ambos cayeron rodando. 

Sacó la pistola de su pantalón y disparó las balas restantes a los que observó al frente y los lados, dándole a un par de jadeantes a su paso. Sintió como rasgaban parte de su chaqueta en un intento por tomarle— ¡Corre, no te detengas por ninguna razón!— gritó a pesar de sentir que los músculos en sus piernas estallaban por el esfuerzo. 

Sin saber su procedencia, entre sus pies observó rodar un par de latas que expulsaban un humo blanco denso, volteó a su lado y al menos de otros cuatro lugares brotaba la misma especie de humo. Golpeó a un muerto sobre él, tomó de la mano fuerte a Alicia quien tenía un pie atrapado. En medio de la desesperación se lanzó al suelo junto a ella, dando de lleno contra el pavimento. Todo le resultó un caos, ahora observaba como un par de jadeantes retrocedían al ser impactados en su cabeza. Volteó la cara contra el suelo, a su lado estaba Alicia con rostro horrorizado, sollozando. Comenzó a gatear en medio de aquel desastre, escuchaba el silbar de las balas y el golpe de los cadáveres contra el suelo, hasta sentir como una mano lo arrastraba por la espalda colocándolo de pie.

—¡Vaya Alejandro, jamás esperé verte en esta situación!— Un hombre alto, corpulento y cara cuadrada le sujetaba—. Debo admitirlo ¡Nunca vi antes correr a alguien tan rápido como ustedes dos! ¡Y vaya que he visto personas corriendo! ¿Verdad chicos?— Se acercaban un par de hombres vestidos de verde, armados y con máscaras en sus rostros— Vamos síganme, creo que, si viniste hasta aquí a verme, será por algo importante que tengas que decir.

Alejandro estaba impactado, no se atrevió a decir palabra alguna, Armando le soltó dejándole en pie. Todo su cuerpo estaba en shock, aún había mucho humo alrededor el cual llenaba sus pulmones escociéndole la vista y ahogándole. Los muertos se hallaban igual de confundidos por la cortina de humo mientras varios disparos daban contra sus cabezas y una bomba cegadora les desorientaba aún más. 

La impresión de lo sucedido y estar vivo le impidió caminar, hasta que sintió el abrazo fuerte de Alicia quien lloraba en su hombro, él se limitó a sujetarle fuerte contra sí. Con la misma sensación en su pecho, más no hubo lágrimas en su rostro. De alguna forma se hallaba vivo, aunque no entendía bien  la situación. Abordó un vehículo sin rechistar notando que la cantidad de muertos en el lugar aumentaba, algunos gritaban, pero se detenían y revolcaban en el suelo en la sección donde el humo bloqueaba el paso.

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