CAPÍTULO 3. GUERRILLA

Alejandro despertó sobresaltado, al sentir el vibrar del celular contra su mesa de noche, aquel sueño le hizo vivir el octavo día de la infección con todo detalle, aquel día regresó sin su tío Guillermo, no le vería vivo nuevamente. Pasó su mirada hasta la AR y pensó que aquella era su mejor arma, la misma le había enseñado a estar alerta por primera vez en su vida.

El frio se colaba por la ventana de la habitación cubierta de plástico. Pequeñas gotas se escurrían por allí hasta el suelo. Todo estaba en silencio, los gritos quedaron en aquel sueño vívido. El recuerdo de uno de esos días que no deseaba recordar. La habitación estaba en penumbras, al punto de que un muerto pegado a la ventana no habría visto a Alejandro en el interior.

Revisó la ventana observando la calle, había un jadeante muy cerca de la casa, pero nada fuera de lo normal, un disparo del rifle bastaría para encargarse de aquel ser. Afuera reinaba un silencio extraño, pensó en despertar a la chica en un par de horas, después de todo ella no estaba acostumbrada a su ritmo. Tomó un cambio de ropa, tomaría una ducha, prepararía comida y saldría, pero al abrir la puerta de su habitación halló algo no esperado. Alicia estaba dormida sentada en el suelo apoyada contra la puerta de madera, daba la impresión de ser tan débil allí que al chico le daba miedo inclusive despertarla. Se imaginó que debió tener miedo y levantarse en medio de la madrugada, lo cual él no sintió.

—Alicia…— Tocó su hombro suavemente, le daba pena el hecho de despertarle, le daba pena haber sido tan tosco antes — Alicia, levántate, acuéstate un rato en la cama, quedarás cansada así…— La chica abrió los ojos mirándole con somnolencia — Ve, duerme un poco en la cama — Pero la chica mirándole negó con la cabeza.

—Tendré pesadillas — Se limitó a decir — Cuando me acuesto siento que estoy en el contenedor y hay muertos alrededor.

Alejandro le ayudó a levantarse, y ante de irse a la ducha se dirigió a la ventana del frente de la casa, donde estaba instalada su XM2010. Repasó la zona, al amigo jadeante se le había unido un mutilado a lo lejos arrastrándose por una acera, colocó su mirilla, cuando una idea pasó por su cabeza — ¿Quieres disparar? — La miró de reojo separándose un poco del arma. Quizás aquello le animaba.

—Yo no disparo — Respondió la chica volteando el rostro. Su tono fue cortante y serio.

—Podrías probar…

—Dios no acepta a las personas que quitan la vida de otras — Contestó ella, a lo cual Alejandro soltó una risita y volvió a colocarse frente al arma al tiempo que pensaba “¿Por qué no me extraña que lo diga?”

—Eso quiere decir que yo no seré aceptado en el cielo ni con pase especial ¿verdad? La verdad aun no me hago la idea de que alguien lograra sobrevivir setenta y tres días sin llegar a disparar un arma.

—No quiero hablar más de eso, yo creo que Dios debe tener un plan para cada ser vivo, incluyéndoles.

—¿Incluso para los muertos?

—Debe existir una buena razón, solo que nosotros no podemos verla.

—La extinción de la raza humana a mordiscos. El mejor motivo de un Dios que antes envió un diluvio y luego eliminó Sodoma y Gomorra.

—¡Dios no es cosa de juego Alejandro!

Alejandro se limitó a no responder ante aquello o terminaría perdiendo la razón, prefirió limitarse a visualizar la cabeza de su objetivo y jalar el gatillo, un leve sonido, y un pequeño golpe en su hombro derecho.

—Las religiones a veces pueden ser peligrosas.

—¿Qué quieres decir?

—Está bien tener fe en la existencia de un ser superior, sin embargo, la fe ciega mata más que un arma de fuego — La chica se mostró molesta ante el comentario — Hoy iré de nuevo al centro comercial — Cambió de tema.

—¡No! ¡No de nuevo!

—Necesito ir, allí había carne de cerdo y algunas otras cosas, si lograron sobrevivir al incendio y aún no están descompuestas serán suficientes como para un buen tiempo, además puede haber otros productos que nos hagan falta — Volvió a disparar — También mencionaste el grupo, si encuentro armas o municiones será como la lotería — Se separaba del arma, acomodándose sobre un mueble de la sala — ¿Sabes algo que siempre me he preguntado? ¿Será posible que el ganado vacuno sobreviviese? ¿Se habrá infectado? ¿O le sucedió como a los gatos y ratas? Que simplemente no fueron afectados por el virus, pero o les mató o fueron exterminados por los zombis, dime tu ¿Qué opinas?

—No sé qué responder —La chica volvió a verle— La verdad también me parece algo interesante, yo pensaba estudiar bioanalisis al igual que mi papá.

—En algún momento se acabarán los suministros, y no todos los centros contaban con plantas de emergencia, mucho menos con cámaras congeladas, lo cual me hace pensar que sería buena opción tener un sembradío, así como algo de ganado, cerdos, ya sabes… A la antigua, cuando las personas cultivaban lo que comían.

—Suena bien. A mí me gustaría tener un lugar donde plantar y todo eso, sería genial, serviría para alejarse de todo esto…

—Es más complicado de lo que parece — Alejandro bajó la mirada cortando la fantasía — Tenemos mucha distancia que recorrer si queremos llegar a un campo de ganado, sin saber cómo se encontrará el sitio, si el ganado sobrevivió y está el hecho de que proteger al mismo ganado ya sería de por si un reto — Alejandro hablaba seriamente como decepcionado ante la impotencia del caso, todo esto llevaba días enteros pensándolo, analizando cada parte de la información que disponía en su cerebro, buscando formas y dibujando planos de trampas y métodos de crías en papeles que terminaban en el basurero. Alicia se limitaba a observarle sin saber que decir — Lo siguiente que sucederá es que se acabarán los suministros, sin importar cuánto los ahorremos…

—Eso no suena bien.

—Moriremos de hambre. Todos…

—No creo que…

—Otro punto que me ha rondado son las plantas, la vegetación no ha dado señales de cambio, sigue creciendo a su ritmo normal. No entiendo como no se han visto afectadas, claro que no sé qué sucederá a nivel molecular, o la razón por la cual no están infectadas, la verdad no se mucho sobre esas cosas, solo estoy conjeturando…

—A mi papá le habrías agradado.

—¿Tu papá era religioso? — Preguntó él, a lo cual la chica negó con la cabeza.

—No, la verdad casi nunca mencionó a Dios, yo soy así es por parte de mi mamá. Mi mamá me enseñó todo sobre Dios.

—Yo me pregunto, ya que querías estudiar bioanalisis, si sabes que el creacionismo y Darwin no van de la mano…

—Pero Adán bien pudo ser un primate.

—Tú la verdad no tienes remedio — El chico se levantó rumbo a tomar su ducha matutina.

—¿En verdad saldrás de nuevo para allá? ¿Puedo ir contigo?

—Creo sería mejor si te quedas, me serás de más beneficio aquí — Fue a ducharse antes de tener que dar explicaciones, ya que pensaba que alguien que no estuviese dispuesto a disparar no le era de ayuda.

La mañana pasaba rápida a sus ojos, terminado de comer repasó su itinerario, y dejó a la chica en casa, llevándose él su par de Berettas y la XM2010 recién desinstalada y colocada en su espalada para darle comodidad. Pensó en dejarle la M75 versión compacta en la mano a la chica para que la usare en cualquier caso de emergencia, aunque de todas formas el resto de las armas estaba en la sala, pero conociéndola… El chico se desanimó, terminó por salir de la casa junto a su mochila. El tiempo afuera era frio y nublado. No pasó ni cinco minutos cuando debió sacar su arma larga y disparar al follaje de un árbol a menos de cien metros, pese a todo sabía que debía caminar con mucha cautela, una situación eran los muertos que deambulaban por la calle, pero otra muy distinta la gran cantidad que se escondían dentro de los hogares, callejones, edificios y tiendas. Al menor ruido que delatara su posición él se encontraría expuesto, ante una multitud que a corta distancia sería imposible detener.

En esta ocasión temía algo aun mayor, la lluvia, pocas veces desde el brote de infección se vio afectado por ella, pero desde la primera vez comprendió que la lluvia era un factor escalofriante cuando respecto a muertos se trataba. La razón era simple, aquellos seres que se veían atraídos por el sonido salían llenando las calles, dispersos, confundidos, caminando, corriendo sin patrón alguno. 

El cielo se nublaba, el chico caminaba lentamente, pensando en que después de pasar la zona del puente y la maleza se encontraba una urbanización. Aquello en medio del agua sonaba a desastre, decidió retroceder y tomar el otro camino, el más largo por la autopista, bordeando la zona — Quizás — Un pensamiento furtivo le inundó, no estaría mal ir en automóvil esta vez, con la lluvia no sería rastreado por los olfateadores, los jadeantes y mutilados de todas formas se hallarían afuera producto del agua al caer. De hecho, el vehículo en esta ocasión podría ser una ventaja, una defensa contra algún ataque, siempre y cuando no hiciese mucho ruido y fuese precavido con el camino a tomar, no tendría problemas. Así pues, comenzó a observar autos a su alrededor. Los había de todas formas y tamaños, pasaba de los deportivos, tal vez tenía un gusto especial por las camionetas, pero le daba la impresión de que esta sería de mayor beneficio a la hora de llevar algo de equipaje del centro comercial.

Para cuando tomó una camioneta negra la lluvia comenzaba a caer fuertemente, se resguardó dentro del auto y esperó. Tal cual pensaba los muertos comenzaban a salir de las residencias, atraídos por todo aquel alboroto en el exterior. Encendió suavemente el motor, sorprendido de no llamar la atención, aunque frente a si unos veinte muertos dispersos se movían. Por poco grita del susto cuando sintió la mano seguido del cuerpo de un mutilado dar contra el vidrio, por su expresión e insistencia en dar contra el auto comprendió que él si estaba consciente del vibrar del vehículo, decidió arrancar y partir de inmediato, aceleró lo más que pudo al salir, y se encaminó. En cuestión de segundos tenia a un par de jadeantes incrustados en la parte trasera del vehículo, pero gracias a toda el agua, era sencillo quitárselos de encima, lo que resultaba más estresante eran la cantidad de autos atravesados en la vía, golpeados, quemados, volcados. Por alguna razón el día de ayer aquello no le había dado problemas, quizás el factor adrenalina le ayudó en aquel instante.

En un par de ocasiones sintió como pasaba sobre cuerpos, y uno que otro jadeante se le atravesaba en el camino, al llegar al centro comercial se percató de que toda la zona trasera se encontraba destruida y ennegrecida, pero la zona del frente estaba en buenas condiciones, o al menos daba esa impresión, preparó su pistola y le disparó dos veces a un jadeante que escalaba azorado por el capó, observó su alrededor desde la ventanilla abajo del auto, y sacando el rifle apuntó a un muerto que se hallaba corriendo en círculos alrededor de un torrente del desagüe. Luego de un intento logró darle, se percató de que el ambiente se hacía cada vez más frío, y sus manos al contacto con el metal se entumecían. Al entrar a las instalaciones halló el desastre, la escalera mecánica cayó al suelo, el hollín cubría las paredes, el humo aún estaba presente dejándole un escozor en la boca y nariz. Decenas de cuerpos rellenaban el suelo, sin embargo, muchos establecimientos se encontraban cerrados e intactos a excepción de las marcas negras del humo. Comenzó a forzar uno por uno, tomando todo lo que se le atravesaba, dulces, ropa, libros, y llevándolos poco a poco hasta el auto, cada vez que salía necesitaba derribar a algunos muertos cercanos, pero ninguno que implicara una situación agobiante, recordó los paquetes que dejó el día anterior en un salón del centro, pero ahora el lugar era irreconocible, y no había señas de ayer.

Por último revisó el mercado, tomó un par de carritos, los cuales llenó de víveres en general, por ultimo entró en la bodega, comenzaba a oler desagradable, algo increíble teniendo en cuenta que tan solo el día anterior al abrir esa puerta el frío se hallaba conservado, fue revisando uno por uno los ganchos de carne congelada. Se preguntó si habían usado un método de enfriado por gases, el cual era mejor que al vacío. Algunas piezas no sabía cómo comprobarlas, todas tenían un aspecto más oscuro que el normal, dado al hecho de haberse encontrado congeladas, así que decidió llevar solo las piezas que aún se hallaban frías en su interior, suponiendo una descongelación lenta y por ello conservación de las mismas.

Dejó el local, marchando con cinco carros de súper llenos de mercancía entre ellos cuatro piezas gigantes de carne y una de cerdo, víveres, cloro y alcohol, él sonreía ante aquello, indudablemente estaba feliz, aquella era la primera vez que podía llevar tanto de un lugar hasta su casa, antes se limitaba a lo que sus bolsos y fuerza le permitiera. Esta vez había dado con un botín el cual inclusive le costó subir al auto. Al terminar observó como la suspensión bajaba mucho, pero aquello no le importaba, no pensaba quedarse con el vehículo después de todo. Miró a su alrededor y observó a tres niños corriendo, la lluvia amainaba, y por consiguiente escucharían el ruido del arranque, tomó la Beretta y sin pestañear se acercó disparándoles, al cabo de una ronda, los tres pequeños terminaban tirados al suelo entre grandes lagunas de sangre oscura y despojos. Observó a uno de los pequeños denotando su cabello amarillo largo, era una niña, lo cual le recordó a su nueva compañera en su casa esperándole, pero aquello no implicaba algún sentimiento de remordimiento por su cabeza. Un mal recuerdo vino a su mente, el rostro de un pequeño destrozado, pero dejó de pensar en aquello, y se devolvió tomando el auto camino a casa.

No tenía necesidad de tales recuerdos. Tampoco de sentir humanidad y ganas de llorar tonta y silenciosamente en el interior de un auto. Golpeó el volante y un par de lágrimas bajaron en silencio.

¿Se había vuelto inhumano? ¿Desde cuando dispararle a unos niños era algo tan normal para él? No tenía las respuestas, tampoco importaba mucho, la realidad era cruda y en ese instante su felicidad era tal que inundaba y tapaba lo recién sucedido.

Alicia supo de su regreso pues escuchó los disparos a lo lejos, al llegar el chico estaba todo sudado, sonriente, con todos los vidrios del auto destrozados, debido a que el camino de regreso presentó las mismas complicaciones que el de ida, pero sin la lluvia feroz aquello se convirtió en una gran persecución. Terminó por meter el auto en el garaje. Alicia le traía un arma que había dejado sobre el mueble, la Champion. Con ella Alejandro disparó sin miramientos a otros tres jadeantes que se acercaban. Pese a todo el esfuerzo cuando entró a la casa estaba feliz, había olvidado cuántos muertos debió eliminar en el transcurso de la mañana, a los tres niños, el desastre del centro comercial, y el susto al tener que ir a baja velocidad de regreso a casa debido al peso del auto, solo pensaba en su botín de ensueño, algo que nunca imaginó poder hacer antes. Salió a regar algo de cloro en la entrada para alejar su aroma y entró con una gran sonrisa a la casa.

—¿Todo bien?

—Creo que mejor que nunca, traje suficiente carne, estaremos bien por un tiempo Alicia, estaremos bien…— El rostro de la chica se contagió por la sonrisa del chico, en ese instante se sentía como otro par de muertos se acercaban atraídos por el sonido, dando contra el enrejado del pórtico, a lo cual Alejandro se levantó raudamente y movió el sillón que había al lado de la puerta principal, descubriendo una tres baterías de auto y un interruptor el cual accionó, se escuchó un golpeteo y una chispa proveniente de la entrada, hasta que él apagó el sistema.

—Una trampa, algo a la antigua, pero bastante efectiva— Se limitó a decir, al tiempo que se dirigía a la cochera para descargar.

Agotado, era el precio de trabajar cargando todo aquello, pero ahora contaba con suministros suficientes para tres o cuatro meses, dependiendo de cómo los racionase y mantuviese. Era bastante en consideración con los escasos tres a cuatro kilos de carne que conseguía semanalmente, Alicia preparó un guiso y él se dio el lujo de destapar algo de vino, después de todo, no todos los días terminabas sintiéndote tan bien, sobre todo los días después del incidente, inclusive la chica estaba radiante, ella comprendía que aquel esfuerzo había valido la pena.

—¿Te gusta? — Le preguntó él a ella.

—Lo normal, es solo que después de lo que me dijiste hoy, teniendo en cuenta lo sucedido ayer, estaba preocupada, además mientras estuve con mi papá, bueno, últimamente…

—No consiguieron mucho que comer… tranquila lo entiendo, bueno, algo te puedo asegurar, mientras estés conmigo, tendrás siempre que comer, es mi principal preocupación para ser sinceros — El chico sonrió — Aunque no lo creas me gusta mucho el comer.

—Ya lo puedo notar.

—No disfrutaba tanto una comida desde hace mucho tiempo— El chico masticó mientras observaba a la chica — Traje ropa, de chica quiero decir, busqué que fuese más o menos de tu talla, aunque no se bien que gustos tendrías, está por allí en un par de cajas. Eso y dulces, sé que no son exactamente nutrientes, pero, no sé, me pareció buena idea cuando los vi, aunque tampoco sé tus gustos con respecto a ello — La chica se levantó de la mesa hasta él, abrazándole — Unas gracias bastaba — Se sorprendió sonrojado, abrazándola a ella también — Procura comer, después revisas lo que traje y te pruebas lo que quieras, quizás después te quieras tomar unas fotos conmigo.

—¿Fotos? ¿Para qué? — Respondió ella y él se sintió apenado.

—Es tal vez una tontería mía, pero todos los días tomo fotos, de mí, hago un diario de lo ocurrido ese día, como una crónica, así puedo recordar muchos detalles, además, cuando estaba solo, eso me permitía relajarme, dejar de pensar un rato — Tragó un poco de comida y frunció la boca — Es una tontería.

—¿Llevas mucho tiempo solo?

—Algo, se podría decir que sí.

—¿Yo podría ver ese diario?

—Claro — Se detuvo un instante pensando en todo el permiso que le daba a la chica — Aunque no creo que te gusten muchas de las cosas que verás o leerás allí.

—¿Por qué?

—Tan solo digamos que yo no he sido tan buena persona como tú — Y con estas palabras bajó la cabeza tomando otro bocado de carne junto a un poco de arroz. Al terminar de comer buscó una caja donde había dulces diversos y tomó para sí una bolsa de papas — Increíble, aun después de todo me sigue dando placer el sabor del amarillo número cinco y el rojo número seis — Masticaba mientras Alicia reía.

Saboreó las papas crujientes como si fuese un regalo del cielo. Por un rato dejó de pensar en mutilados, jadeantes y olfateadores. Su mente se distrajo y las cosas más simples tomaron un papel protagónico.

Pasó una hora, Alejandro sacó de su habitación unas tres cámaras fotográficas, una de ellas dañada. La instantánea, una pieza gris y negra que compró de segunda mano un par de años atrás, junto a ellas, trajo tres cuadernos, Alicia recibió todo tal cual su dueño se los entregaba, como el mayor tesoro de la historia.

Luego de pedirle varias veces la chica terminó por acceder a ser fotografiada, aunque con la condición de que solo fuesen primeros planos, solo podía verse del busto para arriba, cosa la cual Alejandro accedió más sin comprender el porqué de tal petición considerando lo linda que resultaba ella. Dos o tres tomas con la chica como modelo única, luego se unió en una imagen compartida, quedando ambos grabados en la cinta de la cámara mecánica.

Estaba satisfecho y decidió comer una barra de chocolate, mientras la chica curioseaba los diarios, era obvio que rebosaba en preguntas — Adelante, pregunta lo que quieras — Terminó por aceptar mientras veía la cara pesarosa de ella mientras leía.

—¿Ellos son tu familia? — Preguntó mostrando una foto.

—Ella es mi mamá, ese es mi tío Guillermo, y ella es una amiga de la infancia — Alejandro observó la foto durante un par de segundos, ¿Cómo había sobrevivido sin ellos? Los extrañaba.

—¿Y este otro? — La chica mostró la foto de un hombre un poco alto y algo barrigón.

—Ese era Raul, también murió.

—¿Un amigo?

—Sí, un amigo, me enseñó muchas cosas.

—¿Puedo preguntar cómo…?

—No me apetece hablar de eso, lo siento — Exclamó él tomando otro puñado de papas a la boca.

—Perdón, no quería molestarte, solo me da curiosidad.

—Descuida, de todas formas, está escrito en la bitácora.

—¿Lo escribiste?

—Es una forma de soltarlo todo. Pasé bastantes días solo, a veces uno siente que se va a volver loco si no habla con nadie. A veces colocaba la laptop con algo grabado, pero no es igual, por eso me puse a escribir todo.

—¿Te funcionó?

—No aleja ni la soledad ni los pensamientos, pero terminó siendo muy útil, evita que nada se te olvide. Cosas como detalles que antes dejaba pasar por alto — Terminaba de comer.

La chica continuó hojeando, en ocasiones levantaba la vista, sin lugar a dudas intrigada, más no llegó a pronunciar palabra alguna, en ese momento el timbre de la casa sonó. En el primer instante Alejandro no dio crédito a sus oídos, pero al segundo ring un escalofrió subió recorriendo su cuerpo. Se atragantó al tiempo que observó a la chica que estaba pálida del susto. Se levantó de un salto, corriendo hasta su AR mientras su mente pensaba como era posible semejante situación ¿cómo el cable guía no activó la alarma? y de haber atravesado el jardín ¿cómo pudo burlar las minas improvisadas? Se acercó a la ventana y quedó perplejo a sus ojos. En el pórtico estaba un chico montado sobre una bicicleta, su ropa era suelta, con un suéter y una camisa sobre el mismo, unos jeans raídos y tenis de tela. Tocaba el timbre nuevamente al tiempo que gritaba.

—¡Alejandro! ¡Ábrele a tu amigo! — Increíblemente Yoshua pulsaba el botón repetidas veces. Alejandro necesitó un par de segundos para discutirlo mentalmente hasta finalmente abrir la puerta.

—¡Buen día Alejandro! — Era increíble ver a un joven sin protección alguna sobre una bici, como si de un campamento se tratase.

—¿Qué haces aquí Yoshua? Y deja de gritar o vendrán…

—¿Así me recibes? ¡Vamos Alejandro! ¡Ya estoy aquí! ¿Te cuesta tanto dejarme pasar?— Su apariencia era atemorizante, llevaba en su espalda un par de espadas, y atado a su pierna una pistola junto a un cuchillo de caza.

Alejandro pensó seriamente antes de permitirle la entrada — Supongo no viniste a saludar — Le dijo al tiempo que abría más la puerta y se apartaba, permitiéndole al chico ir al interior.

—¿Esa es la AR por la cual Verónica arma tanto escándalo? — Alejandro aun la tenía en la mano, asintió con la cabeza — ¡Vaya! No sé, pero por alguna razón me la imagine como un rifle antitanque con lanza granadas, rayos laser y lanzacohetes, ya sabes, teniendo en cuenta los gritos de ella y el alboroto…

—No vienes por el arma — En ese momento Alicia entraba en la sala, atraída por las voces.

—¡No tenía idea de tu compañía!… y vaya que es una buena compañía, un placer dulzura, yo me llamo Yoshua Marceno — Agregó haciendo una caravana.

—Alicia.

—¡Alicia! Hermoso nombre, espero tengas curiosidad por el conejo blanco — Soltó al tiempo que subía su vista.

¡Yoshua! — Alejandro se exasperaba.

—¡Tenía tanto sin saber nada de ti! ¿Cuánto tiempo fue? ¿Un mes?

—Desde el día veinte.

—¿Los cuentas? El día veinte, si claro, en el centro comercial, si…— Yoshua se acercó hasta Alejandro y le preguntó en voz baja cerca del oído — Dime Alejandro, Alicia y tú ya… porque si no… bueno tu sabes…— A lo cual Alejandro se limitó a mirarle fríamente. Alicia miraba al extraño sin decir palabra

—¿Te gustan?— Se quitó una espada de la espalda — Es una katana, realmente muy bonita y no dudes que efectiva, si la sabes usar puedes cortar el tronco de una persona entero de un solo tajo, un corte sublime, sin dejar el menor rasguño en la hoja — Tocaba el filo el cual brillaba tenuemente, el mango estaba manchado, delatando que fue usada en ciertas ocasiones. Alejandro intuía que la misma fue usada para llegar hasta allí —¿La quieres? Te la puedo dar, tengo otras dos, hay más de donde salió esa.

La chica tomó la espada al ver como este la ofrecía con su mano extendida— Gracias— Se limitó a decir.

—Para lo que quieras, si quieres luego te puedo enseñar a usarla, aunque no lo parezca soy muy bueno con las armas.

—Me contaron algo sobre eso…

—¿En serio? Me sonrojan, lo que sucede es que toda mi familia siempre estuvo en la milicia, yo practicaba paintball, y caza normalmente, así como algún que otro arte marcial abierto, cosas por el estilo.

—¿A qué viniste Yoshua? — Alejandro le interrumpió.

—¿Sabes Alicia? Si en algún momento deseas venir conmigo, si te quedas sola, yo con gusto te recibiré…

—¡Ya basta! — Alejandro se interpuso entre Yoshua y Alicia — ¡Mas te vale decir que haces aquí o te vas de inmediato!

—¡Vale tigre! Calma…— Yoshua se sentó un instante — Espero realmente que esa AR valga la pena, porque como bien sabes eres bastante famoso Alejandro. Todos los grupos te están buscando, por alguna razón siempre lograbas evadirnos, pasar desapercibido ante nosotros, excepto ayer, en mi opinión fuiste muy descuidado al llegarte hasta el furgón a rescatar a esta señorita ¡Mis disculpas contigo Alicia! — Yoshua cambió por un momento su semblante para luego continuar — Dejaste un carro empotrado en una casa muy cerca de aquí, así que buscarte no fue cosa de otro mundo, ni para mí, ni para los demás…

Alicia se escondió detrás de Alejandro al tiempo que este respondía — ¿Ya saben dónde vivo? Por lo que dices, ya sabías de Alicia, pero dime ¿Cuándo estarán aquí?

—Inteligente, por eso es que me caes bien. La verdad, no saben con exactitud cuál es tu casa, pero no creo que sea difícil, ya me ves aquí — Sonrió — Tan solo saben en qué sector te encuentras, ¿cuándo?, yo diría que en cuestión de ¿cinco horas? Tal vez seis, cuando caiga la noche estoy seguro, la cuestión está en ¿qué harás? Porque tanto Verónica como mi grupo quiere venir a darte un agrado.

—¿Por qué me avisas? No te hagas el inocente conmigo Yoshua. No eres amigo ¿Qué ganarías con decirme sobre el resto? ¿Acaso no acabas de decir tu grupo vendrá?

—Me caes bien Alejandro, tal vez estoy apostando por ti, tal vez pienso que me serás de utilidad en un futuro, quizás tengo mis propios planes. Quizás se cosas que tú no, quizás tengo mis propios pensamientos y teorías ¿Quién sabe? Lo que sí es cierto es que debo irme por ahora — Se levantó bruscamente dirigiéndose hasta la puerta— Se supone estoy haciendo una simple ronda de patrullaje — Sonrió de una manera un poco macabra y justo en el momento que abría la puerta se detuvo, volteó para ver al chico, su mirada cambió al igual que el tono de su voz, esta vez sonaba serio — Alejandro, te tengo una pregunta y agradeceré me seas sincero — Alejandro asintió — ¿Alguna vez has intentado abrir el cerebro de uno de esos muertos? ¿Sabes por qué se les mata apuntando a la cabeza? Sería interesante si lo descifraras, yo trabajo en eso actualmente, bueno, ¡Nos vemos amigo! — Con estas últimas palabras tomó su bicicleta y salió a la calle, un muerto se hallaba en una esquina al cual el chico pasaba a su lado tasajeándole en un instante, dejando los pedazos esparcidos en el suelo, mientras tanto Alicia veía por encima del hombro de Alejandro, quien pensaba en todo lo dicho.

—¿Quién era él? — Alicia salió un poco, se hallaba curiosa ante la visita.

—Yoshua, te hablé de él.

—¿Por qué vino a ayudarte?

—No creo que viniera a ayudarnos precisamente — Contestó algo contrariado.

—Te acaban de decir te atacarán.

—No conoces a Yoshua, algo debe de ganar. Algo le interesa.

—¿Qué haremos? — Preguntó ella, evidentemente algo le preocupaba.

—Movernos si queremos estar seguros — Observó a la chica quien tenía la espada en la mano con su vaina puesta — ¿Serías capaz de usarla?

La chica negó con la cabeza — Dios no acepta el matar a los seres vivos.

La miró de reojo — ¡No podrás huir de ello por siempre Alicia, yo no podré salvarte siempre, y en días como hoy creo que algo de ayuda sería beneficiosa! — La chica se dio vuelta, él le detuvo tomándole del brazo — ¡No te molestes! Es solo que… bueno, es difícil, entiéndelo — Cerró la puerta — Sé que me considerarás un pecador y de los peores, aunque la verdad creo que soy peor de lo que te puedas imaginar, pero por ahora te pediré te prepares y traigas esa cosa que aceptaste como regalo, quizás nos sea de ayuda — Alejandro entraba en su habitación — Saldremos en veinte minutos ¡Prepárate para pasar una noche afuera!

—¿Afuera?

—Colócate ropa abrigada y un par de camisas, piensa en que si lo peor llegase a suceder al menos no se lo colocarás fácil.

Alejandro cerró su puerta, ella se quedó pensando — Para mí sigues siendo un ángel — Expresó en un susurro —¿Adónde iremos?

—Hay un grupo de sobrevivientes que me debe un favor.

—¿Un grupo? — Alejandro asintió a la pregunta de ella con la cabeza.

—Pero dijiste que eran peligrosos, mencionaste que competían entre sí— Mencionó ella alarmada al tiempo que Alejandro tomaba todas las armas y municiones de las cuales disponía, repartiéndolas por su cuerpo, el resto en un bolso negro.

—Y lo son, pero por el mismo hecho de que compiten entre sí es que estoy seguro les interesará saber que los otros dos grupos vendrán a buscarme — Alejandro volteó a verla — ¡Verás Alicia! Armando, el líder del grupo más pequeño me debe un favor. Ellos son el grupo mejor armado y posiblemente el mejor organizado ofensivamente, teniendo en cuenta el hecho de que son ex oficiales, militares, familia y ya de por si son pocos, creo que solo luchan cuatro o cinco de ellos. Pero hay un punto importante. Hemos estado en este infierno durante setenta y tres días, y todos los grupos se han encontrado los unos con los otros, en este punto todos hemos tenido discrepancias — Tomó el bolso negro cargado de armas en su espalda — Yo no podría luchar contra tanta gente, así que mi plan es hacer que ellos quieran luchar por mí, si los convenzo de que su mejor jugada es estar aquí esta noche, entonces las probabilidades estarán a mi favor.

Alejandro le hizo un ademán a la chica para que tomara la espada también — Pero, por lo que dices se van a matar…

El chico la observo seriamente pensando en que respuesta debía decir, pasando por el obvio “¡si o los demás nos matarán!” — Alicia, siento tener que decirte que las reglas que diste por sentado en un pasado, se borraron completamente, y para mí en este momento la prioridad es pasar de esta noche, no solo yo, sino que tú también — Comenzó a caminar con ella siguiéndole, aunque le consiguió ropa linda le mandó a usar para esta ocasión un suéter y chaqueta a pesar del calor tropical. El suelo a sus pies estaba húmedo y encharcado, el vapor ascendía a pesar de que la tarde se iba rápidamente. La lluvia dejó a muchos muertos en la calle desorientados, buscando presas.

—¿Nos iremos a pie o en el carro?

—Estoy pensándolo, la verdad yo antes no solía usar carro, es demasiado peligroso pues llama mucho la atención, solo estoy intentando pensar en cuanto tiempo nos tomaría llegar hasta allí a pie.

—¿Es lejos?

—Veinte minutos a pie, quizás menos si corremos — Alejandro observó nuevamente a la chica.

—¡Oye no me veas así! ¡Yo soy buena corriendo, incluso he competido! — Puntualizó, a lo cual el chico rio al ver como adivinaban sus pensamientos.

—Entonces será a pie — Comenzó a caminar pasando por cuidado el frente de su casa, tomando la vía de la derecha — Tomaremos la vía que atraviesa la montaña, es la más corta, intenta mantenerte cerca. No los mires a los ojos, y si ves alguno a lo lejos tan solo tócame la espalda, procura no gritar ni hacer movimientos excesivamente bruscos ¿está bien? — Ella asentía sin decir nada más, Alejandro apenas cruzó su calle divisó lo que era una vía principal, a lo largo de ella se agitaban varios seres carnívoros, por lo cual sacó su AR de su espalda y apuntando fue disparando.

—¿Eso no los alerta?

—En cierta forma sí. El sonido, aunque use un silenciador pueden escucharlo, y normalmente salen más, pero sería peor tener que enfrentarnos o correr con un par de jadeantes u olfateadores atrás, y si nos vemos rodeados por mutilados será la misma historia.

—Yo me podría haber quedado en la casa, siento que soy una carga para ti.

Estuvo cerca de asentir con la cabeza, pero era descortés. Ya había sido mordaz, sarcástico, cortante y molesto en veinticuatro horas. Sin contar además la verdadera razón para llevarla. Le daba miedo los planes ocultos de Yoshua, probablemente raptaran a Alicia y él tuviese que ayudarla.

—Prefiero tenerte cerca, te convertirás en una carga si alguien llega a la casa mientras yo no estoy allí — Un nuevo disparo, y obtenía la atención de varios de aquellos seres, por lo cual debía apuntar más apresuradamente — Hazme un favor, saca el arma larga que tengo en mi bolso y tenla lista, y cuando te dé esta toma una caja que diga siete punto sesenta y dos, que son las municiones.

La chica prestó atención, al tiempo que volteaba para no tener que ver aquello, estaba alerta de su alrededor, pero el ver como caían aquellos seres con forma humana le escocía y un escalofrío recorría su espalda. Ver a los lados con cuidado era lo mejor que podía hacer. Señaló al chico un muerto que se acercaba por un lateral y otro que se asomaba desde una casa — ¿No te dan miedo? ¿No te da sentimiento el quitarles la vida? — Preguntaba mientras tomaba el bolso y sacaba el arma.

—¿Miedo? Siempre da miedo, no se puede huir del miedo, pero llega un momento en el cual se hace parte de ti, te hace permanecer alerta, si logras conservar tu respiración, se hace más fácil el actuar aun con miedo — Un nuevo disparo rápido, seguido de otro más — Con respecto a lo segundo, no, dejé de sentir algo por ellos cuando me di cuenta de que dejan de actuar como humanos. También creo que el pensar que son ellos o tú, aligera la tensión sobre ello.

—¿No son humanos? Pero aún tienen vida.

—No son humanos Alicia, es más que obvio al verles. No sienten dolor, no hay sentimientos allí adentro.

—De una forma u otra tienen vida.

—¿Vida? Yo no tomaría eso como un criterio, creo que solo estás viendo un lado de la historia — Le hizo señas de que le pasara la XM2010, guardó silencio un par de segundos antes de continuar hablando, su respiración se entrecortaba por instantes — De seguro tienes en la cabeza la idea de que jamás has matado ningún ser vivo, pero verás, estás equivocada, miles de seres vivos han muerto para que tú puedas seguir con vida — Le hizo una seña a la chica para que avanzare junto con él, iban agachados hasta llegar a un callejón, Alejandro observó el lugar detenidamente, era peligroso a simple vista. Empezó a considerar la posibilidad de ir por los techos de las casas en vez del medio de la calle, así se adelantó por el callejón verificando, le hizo señas a la chica de que le siguiera. Él subió primero, lanzando el bolso con armas, luego escalando por una verja. Después tomó la mano de ella ayudándole a subir, cuando estuvieron arriba la situación era más calmada — Estaremos bien mientras no corramos o nos escuchara cualquier ser que se encuentre abajo — La miró seriamente. Por un instante al chico le pareció divisar una sombra que pasaba por un callejón contiguo, era algo rápido, quizás más que cualquier muerto. No hubo ruido subsecuente y nada sucedió. Alejandro se tranquilizó un poco. 

—Continuaron caminando, retomando el tema — De seguro eres una chica que inclusive dice amar a los animales, pero desde que naciste te has alimentado, miles de vacas muertas, cerdos, peces, todos para alimentarte, indirectamente. Sin embargo, lo comías, verduras, hortalizas, frutas, has probado todo aquello miles de veces ¿Nunca te has puesto a pensar en que también son otra forma de vida? Por otra parte, te has enfermado durante toda tu vida, pero no te has dado cuenta de que todas aquellas enfermedades que tu consideras inofensivas ahora, fueron problemáticas en un pasado, y que ahora eres inmune gracias a que miles o millones murieron a lo largo de los años para que tu pudieras vivir. Así que, si lo ves de cierta manera, has matado millones de veces, inclusive desde que naces, creo que lo que la perspectiva que deberías tomar es, si algo pierde la vida por tu mano, o no, y de perderla por tu mano, entonces deberías cuestionarte si lo has hecho con un fin, o solo por satisfacción, yo por mi parte creo que solo la última es lo que se podría ver como algo malo, el matar por tan solo matar.

Alicia guardó silencio juntando toda aquella información. Posaba sus pies con cuidado por los techos al avanzar.

Alejandro pensó por instante si había sido demasiado brusco en sus palabras, pero ya no tenía tiempo para aquello, a lo lejos observaba un jadeante entre un par de tanques de agua, aun sin percatarse de la existencia del par de chicos. Colocó su mira en posición, pero en ese instante un olfateador subió como una araña por la pared, llegando al techo y corriendo en dirección a la chica. Por reacción volteó sacando la pistola. El muerto se abalanzó sobre la joven sin darle tiempo, él corrió hasta ella, su corazón daba saltos, observaba como la chica se defendía entre gritos y manotazos. Su cerebro trabajaba como una maquina a toda velocidad, razonó en milisegundos que si disparaba bañaría a la chica en sangre contaminada, así que primero debía apartarlo. Apoyó sus pies y le propinó al olfateador una patada con todas sus fuerzas, luego sin titubear disparó, una, dos, tres y cuatro veces. Al terminar todo quedó en silencio, Alicia se levantaba, y él estaba temblando, nuevamente una multitud de recuerdos vinieron a su mente — ¿Estás bien? ¡Alicia! ¿Estás bien Alicia? — Jadeaba sin querer, sudaba y su pecho subía y bajaba con locura. Aquello estuvo más cerca de lo que él habría imaginado.

Ella temblaba mirando a su alrededor, una lágrima bajaba de su rostro, en un salto se lanzó sobre él a llorar — ¡Fue horrible! ¡Alejandro allí viene! — El jadeante al cual había apuntado antes se hallaba casi encima de ellos, Alejandro volvió a disparar un par de veces. Limpió a la chica de un par de gotas de sangre en la mejilla. Fue en ese momento cuando su cuerpo reaccionó a todo lo que acababa de suceder.

Estaba preocupado por ella, y al segundo siguiente su cerebro le otorgó toda la información necesaria de su alrededor, como en una película sintió el silencio cayendo sobre él. Frunció el entrecejo comprendiendo su error —Corre…— La miró, parecía estar bien, más aquello ahora no importaba, su voz había sonado apagada — Corre…. ¡Corre! ¡Rápido tenemos que…! — Un grito ensordecedor inundó el ambiente, seguido de rugidos y alaridos en todo el alrededor. Sujetó a la muchacha por el brazo arrancando a correr por encima de los techos, saltando los tejados.

Los muertos salieron de las casas a sus pies como hormigas llamadas a cenar. Sus cuerpos escalaron las paredes hasta los techos. Los rugidos se hicieron sentir cuando observaron al par de chicos corriendo por los techos. El grito de una decena de olfateadores se hizo sentir y los jadeantes adyacentes se alzaron para perseguirles.

—¡Nos llegan! ¡Son demasiados! — Ella gritaba al tiempo que él tan solo corría tomándole de la mano, esquivando y saltando todo lo que observaba a su paso. No se atrevía a voltear atrás a ver cuán cerca estaban, tan solo notaba como los cuerpos subían raudos desde todas las direcciones. En cuestión de segundos les rodeaban, su mente no hallaba solución alguna de aquel aprieto, tan solo corría con todas sus fuerzas.

Respiraban a tanta prisa como sus piernas lograban correr, los techos en algunas casas eran blandos y en otros duros y sonoros. A pesar de ello ambos corrían saltando de un hogar al otro. Incluso saltaron sin percatarse una calle pequeña que dividía dos sectores. Nada importaba, los tanques de agua, las tuberías, los cables y árboles. Todo pasaba como un rayo al lado de ellos y los muertos corriendo a toda velocidad.

Una sensación empezó a fluir por los poros del joven. Miedo.

No había solución para esa situación, debían perseguirle unos cien muertos como mínimo. Si tropezaban, si se cansaban, si se detenían por un simple segundo estaban muertos.

Alicia iba a su par corriendo como toda una profesional al tiempo que chillaba y gritaba volteando a su alrededor. Alejandro observó como un par de jadeantes se lanzaban a por ellos, les esquivó por mera intuición, su cuerpo parecía moverse solo. Sintió un grito, de aquellos que tantas veces escuchó antes, que helaba la sangre a un punto sin igual, en plena carrera apuntó atrás sin ver y disparó dos veces al aire sin saber si llegó a dar en algo, pero algún ser llegó a tocar su mano y su arma cayó al suelo soltando un nuevo disparo. Ambos bajaron la cabeza sin dejar de correr, así Alejandro perdía su Champion en medio de la huida. Pero no era momento de preocuparse por ello, observó un montículo de tierra por el cual bajar, al tiempo que apartaba a un ser de aquellos de su camino. Haló a la chica junto con él, cayendo por la tierra amontonada, rodando y continuando en la carrera. Pero ahora el camino estaba tapeado por los muertos que corrían hacia él, los esquivaba, les golpeaba mientras andaba con todas sus fuerzas, con todas sus ganas. Ambos gritaban, él sabía bien que luego de subir la cuesta que estaba enfrente se hallaba una calle que surcaba la hendidura entre las montañas, y allí era donde quería llegar, pero era imposible, les cerraban el paso decenas de ellos, Alicia apretaba su mano — ¡Alejandro! ¡Nos tienen!

—¡No así! ¡No después de tanto luchar! — Pensó en voz alta, mientras empujaba con todas sus fuerzas uno de aquellos seres que casi se montaba sobre si, un niño se atravesó y arremetió contra el tirándole, pasándole por encima. Sacó la pistola de su pantalón y disparó las balas restantes, dándole a un par de jadeantes a su paso. Sintió como rasgaban parte de su chaqueta en un intento por tomarle.

Entre sus pies observó rodar un par de latas que expulsaban un humo blanco denso, volteó a su lado y al menos de otros cuatro lugares brotaba la misma especie de humo. Golpeó a un muerto sobre él, tomaba de la mano fuerte a Alicia quien tenía un pie atrapado. En medio de la desesperación se lanzó al suelo junto a ella, dando de lleno contra el pavimento, todo le resultó un caos, ahora observaba como un par de jadeantes retrocedían al ser impactados en su cabeza. Volteó la cara contra el suelo, a su lado estaba Alicia con rostro horrorizado, sollozando. Comenzó a gatear en medio de aquel desastre, escuchaba el silbar de las balas y el golpe de los cadáveres contra el suelo, hasta sentir como una mano lo arrastraba por la espalda colocándolo de pie.

—¡Vaya Alejandro, jamás esperé verte en esta situación! — Un hombre alto, corpulento y cara cuadrada le sujetaba — ¡Nunca vi antes correr a alguien tan rápido como ustedes dos! ¡Y vaya que he visto personas corriendo! ¿Verdad chicos? — Se acercaban un par de hombres vestidos de verde, armados y con máscaras en sus rostros — Vamos síganme, creo que si viniste hasta aquí a verme pasando todo eso, será por algo importante que tengas que decir.

Alejandro estaba impactado, no se atrevió a decir palabra alguna, Armando le soltó dejándole en pie. Todo su cuerpo estaba en shock, aun había mucho humo alrededor el cual llenaba sus pulmones escociéndole la vista y ahogándole. La impresión de lo sucedido y estar vivo le impidió caminar, hasta que sintió el abrazo fuerte de Alicia quien lloraba en su hombro, él se limitó a sujetarle fuerte contra sí. Con la misma sensación en su pecho, más no hubo lágrimas en su rostro.

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