CAPÍTULO 3. EL DÉCIMO PRIMER CUMPLEAÑOS

Harry Potter despertó cerca de las diez de la mañana. Sobre la sábana se veía la consola de juegos en la cual pasó casi toda la noche desafiando a Gali. Sirius no había jugado con él como otros días, pero a Harry no le importaba mucho. Después de todo era difícil que alguno de los dos pudieran vencerle en la caza de asteroides y cometas, además se encontraba consciente le acompañaban para que no se sintiera solo. Aquello era algo que en cierta forma era inevitable, pues Harry Potter no tenía amigos, ni forma de salir de aquella enorme y lujosa casa. 

Si Harry preguntaba sobre el motivo de su encierro e imposibilidad de salir a la calle junto a otros niños, o incluso de ir a la escuela como los demás. La respuesta era breve pero muy concisa, “los seguidores del señor tenebroso pueden estar allí afuera Harry, no podemos darnos el lujo de entregarte a ellos. Aquí adentro estás a salvo”

Lo había intentado en un par de ocasiones siendo un tanto más chico. La primera vez esperó a que Sirius durmiese, en una tarde para escaparse a hurtadillas. Kreacher le detuvo apenas la puerta principal se abrió y obligó a regresar con sus usuales quejidos. La segunda vez organizó un revuelo en una habitación superior donde se hallaban un par de pinturas antiguas; esto lo aprovechó para tratar de salir por una ventana, pero Gali le atajó en la salida y con mucha pena lo regresó a su habitación, donde la ventana terminó sellada. Aparentemente los elfos tenían la tarea de vigilarle y obligarle a estar adentro, y con el uso de magia tan avanzada por ellos, era imposible para Harry burlar la seguridad. 

El chico se asomó por la ventana dejando que la luz llegase a la habitación. Desde allí podía ver a un grupo de muchachos jugando fútbol en plena calle, uno de ellos lloraba luego de haberse roto los pantalones y tener la rodilla sangrante. Harry se preguntó si ese día, por ser especial podría  tener permiso para jugar afuera un rato, aunque no era fanático del futbol, la sola idea de salir era alentadora. Con ese pensamiento se levantó de la cama, retiró los cables que iban al pequeño televisor y se movió hasta el baño para cepillarse.

Su habitación lucía como la de un chico normal, o al menos para cualquier chico mago, con posters de su equipo favorito que se movían saludando o tomando la copa de quidditch para alzarla al cielo. Un pequeño televisor junto a un Atari, lo cual era una consola de videojuegos bastante vieja. Harry deseaba un super nintendo, lo había visto un par de veces en revistas, pero era difícil explicarle a Sirius la diferencia entre una consola y otra. En una esquina estaba la posesión más preciada de Harry, una escoba voladora marca cometa firmada por el mismísimo Fabius Watkins, un famoso buscador de las Urracas. 

En la otra esquina se hallaba el pequeño escritorio donde solía estudiar y realizar toda la tarea que colocaba su tutor personal, el señor Tompson. Quien le visitaba los días miércoles y viernes, llenando su vida de una tortuosa cantidad de deberes. Pese a ello, ahora se hallaba en periodo de vacaciones y no debía preocuparse por las tareas. Ese día era distinto al resto, Sirius mismo le había dicho que había una sorpresa para él. Lo cual podía significar una cosa. Saldrían al exterior a montar escobas en algún terreno desolado, algo que a Harry le encantaba. 

Se terminó de vestir y salió de la habitación sintiendo que ese sería un gran día. 

Si una misma persona hubiese visto por una ventana del número doce de Grinmmauld place diez años antes, y en la actualidad. Se habría llevado una enorme sorpresa y pensado que no se trataba del mismo hogar.

La sala ya no llevaba decenas de cabezas de viejos elfos domésticos, y las paredes no estaban llenas de retratos de los viejos integrantes de la familia Black. Todas esas cosas fueron almacenadas en el sótano de la casa. En cambio se observaba una enorme foto de Sirius junto a su ahijado Harry tomado de un hombro, y más abajo, Gali y Kreacher, este último con mal semblante, como cuadro principal al subir las escaleras. Las paredes negras fueron tapizadas de blanco con ornamentos dorados, y en algunas esquinas se veían fotos de Harry montando una escoba y con la cara embarrada de pastel. Los enormes candelabros fueron retirados por lámparas menos suntuosas y más adecuadas para la época. Muchos muebles fueron retirados y los pasillos dejados para el libre tránsito en escoba. Una práctica que sucedía de forma bastante frecuente en la casa. Otras fotos mostraban al equipo de quidditch las “Urracas de Montrose” equipo al cual Harry apoyaba desde los cuatro años de edad, son sus característicos colores blanco y negro, al igual que la urraca que era su símbolo y mascota. Lo único que conservaba la distinguida casa Black era su escudo estampado en alfombras, paredes y mesa. Ello y la vieja habitación de Regulus, que nunca había sido tocada o modificada a lo largo de los años. 

Sirius podía quejarse del hecho de que su hermano fuese un mortífago y fiel seguidor de las artes oscuras, pero la verdad era que le tenía bastante aprecio, y cada cierto tiempo subía a aquella habitación y observaba todo con melancolía. Luego de varios minutos en los que solo miraba y caminaba por el lugar, cerraba la habitación y esta permanecía inamovible por semanas o meses enteros.

La principal causa para que la suntuosa casa Black ahora tuviese ese nuevo aspecto, era la presencia de un niño que ese mismo día  treinta y uno de Julio cumplía su onceavo año de vida. 

Harry apenas pudo dar un paso afuera de la habitación cuando sintió tropezar con algo blando. Bajó la mirada y encontró a Gali, la elfina doméstica, tirada en el piso, cubierta por su pequeña ropa rosada, misma que él había dejado deliberadamente tirada casi un año atrás para que la elfina pudiera usar, sin necesidad de liberarla. Los elfos domésticos eran criaturas muy poderosas, pero que se hallaban ligados mediante contrato mágico con ciertas familias de magos. La única forma de liberarles era entregarles en la mano una prenda de ropa, cualquiera que esta fuese. Por ese motivo la ropa para lavar se dejaba en cierto lugar, y, cuando se deseaba brindar alguna prenda al elfo, la mejor opción era decirle que esta no era necesaria y dejarla en algún lugar de la casa. Aquello fue algo que Sirius le enseñó a Harry desde muy pequeño. 

—¡Amo Harry!— la elfina se despertó moviéndose lento en el suelo donde se hallaba vuelta un ovillo. A Harry aquello le daba pena, pero era difícil quitarle a un elfo sus ideas sobre lo que debería o no debería hacer. 

—Hola Gali ¿qué hacías allí en el suelo?

—Gali sabía que el amo Harry cumple hoy años, así que le hizo un regalo— La pequeña elfo sacó una figura tallada en madera de un sujeto montado sobre una escoba y la alzó con los brazos extendidos. La figura se movía lentamente alzando su brazo adelante, y luego lo alzaba al aire en señal triunfante. 

—Gracias Gali, es algo muy lindo— Lo recibió notando los detalles— ¿Lo hiciste a mano?— Preguntó Harry, pero la elfina escondió las manos y salió corriendo por el pasillo bajando las escaleras.

—Kreacher también le trajo un regalo al amor Harry— El otro elfo, era él, sin ningún cambio en todo el tiempo. Arrastró las palabras, como si no quisiera decirlas pero se viese obligado a ellas. Alzó un calzoncillo sucio que Harry no supo identificar siquiera si era suyo.

Tomó el regalo con precaución y sonrió levemente— Gracias Kreacher— Si lo devolvía habría liberado al malcriado elfo, que según palabras de Sirius eran invaluables. 

—Kreacher vive y respira para servir a la noble casa Black— Se retiró chasqueando los dedos para que una escoba y un trapero pasaran por el suelo a su ritmo.  

Harry observó al viejo elfo y entró a su habitación para tirar en la basura aquel calzoncillo de color beige que hedía a viejo y hongo. Al jugador de madera lo colocó al lado de la cama en la repisa de noche. Sobre esta solo guardaba un reloj que Sirius le había dado y un retrato de sus padres que se movía con ellos bailando sonrientes. Habría querido conocerlos. 

Salió nuevamente y se movió por la casa rumbo al comedor desde donde venía un delicioso aroma a tarta de manzana con calabaza, uno de sus platos favoritos. Allí sobre la mesa principal notó un pastel con nata blanca en varias capas con líneas negras de chocolate que decían “feliz cumpleaños Harry”. Su padrino por su parte se hallaba sentado en el fondo de la habitación leyendo el diario cuando le vio entrar. 

—Feliz cumpleaños Harry. 

—Gracias. 

—Ven, siéntate cerca de tu padrino. 

El chico se acercó en silencio, notó que Gali se hallaba nerviosa sirviendo un plato de salchichas y luego permaneció detenida a espaldas de su padrino. Sirius no era de mostrar su cariño conversando, era más de jugar o hacer travesuras; como la vez que hizo un agujero y colocó la alfombra sobre esta por donde Harry cayó. O como cuando lanzó un hechizo desorientador justo frente a la puerta de su habitación. Harry tardó casi media hora en poder tomar el pomo de la puerta, luego debió correr al baño a vomitar todo lo que tenía en el estómago. 

—¿Pasa algo Sirius?

—Te dije que hoy era un día especial ¿no?

—¿Vamos a salir a volar en escobas? 

—Si quieres podemos salir a volar en escobas, luego— Sirius le dedicó una mirada inquisitiva, luego sonrió complacido de que Harry fuese su ahijado y ese momento llegase. Lo había esperado con ansias durante años, no porque estuviese cansado del pequeño. Al contrario, era porque a partir de allí Harry podía crecer mejor y con más libertad que antes— pero lo que quiero hacer ahora es hablar un instante contigo. Hablar y entregarte esto— Sirius sacó un sobre de su chaqueta, la revisó con la vista y luego la extendió a Harry— es para ti. 

—¿Para mi? ¿Quién me escribió?

—¿Por qué no lo averiguas tú mismo?— Movió la carta, y Harry la tomó. Se podía ver claramente sus ojos llenos de intriga detrás de las gafas redondas y el pelo que cubría casi toda su frente. 

¿Quién podía ser? En todos sus años de vida jamás había recibido una carta, eso aunque Sirius recibía el periodico todas las mañanas debajo de la puerta. Las lechuzas del profeta, diario más respetado por el mundo mágico del reino unido, aparentemente no tenían problema con la ubicación oculta de la casa. El sobre era grueso y pesado, en una parte tenía una goma roja brillante con un sello estampado sobre un pergamino amarillento. 

En el otro lado vio algo que le dejó sin aliento, escrito con una hermosa tinta brillante de color esmeralda estaban las siguientes líneas:

Señor H. Potter

Quinta habitación 

Grimmauld Place, 12

Islington

Noreste de Londres

—¿Esto es lo que creo que es?— Los ojos de Harry se iluminaron de pronto y observó a Sirius con una enorme sonrisa, su corazón dio un vuelco y comenzó a latir muy fuerte. Sus manos empezaron a temblar y un par de lágrimas a bajar por su rostro. 

—Es justo lo que parece. Aparentemente fuiste aceptado en Hogwarts, colegio de magia y hechicería. Dumbledore me solicitó permiso hace unas semanas para poder enviar esa carta sin problemas del encantamiento. De hecho, creo que está escrita por él mismo. 

—¿De verdad?— Harry no podía con su felicidad. Sus padres habían estudiado en el colegio Hogwarts toda su adolescencia y juventud, era allí donde aprendieron todo sobre magia, y donde su padre James se hizo tan amigo de Sirius. Lo sabía todo muy bien, había interrogado a su padrino no menos de veinte veces sobre aquello, siempre deseando más detalles. Hogwarts era un enorme castillo encantado con un lago enorme en sus cercanías. Dumbledore era el director actual de aquella escuela, y uno de los magos más poderosos de todos los tiempos. 

—Pero no fue el único que me escribió con una petición de permiso para poder enviarte una invitación— De pronto sacó una caja de madera desde abajo de la mesa y la colocó sobre esta. 

Harry la miró tan extasiado como con la carta, la intriga nubló sus sentidos y se levantó para mover la caja y observarla mejor. Era de una madera oscura con un sello grabado en la zona superior, este mostraba la cabeza de dos aves que no supo identificar, probablemente eran dos fénix y el cráneo de un alce en la parte inferior. En la banderilla superior se leía Durmstrang. No tenía idea sobre aquel lugar, pero la caja pulida era muy hermosa, aunque no hallaba la apertura por ningún lugar. Era un trozo de madera cuadrado, pero sin lugar a duda aquello debía de ser una caja, Harry estaba seguro de eso. 

—¿Durmstrang?

—Es otro colegio de magia. Creo que queda muy cerca de Noruega, es un lugar lujoso y con una reputación tan grande como la de Hogwarts— Expreso Sirius notando las expresiones de su ahijado. 

—Pero yo nunca he escuchado hablar de Durmstrang. 

—Eso porque yo en particular no lo conozco. Pero es un colegio de magia de mucho renombre, ha dado a magos poderosos y de fama. 

—¿Pero es igual a Hogwarts?

—Creo que no— Sirius se levantó de la mesa y buscó una salchicha para comer— Tengo entendido que Durmstrang es mucho más abierto con la enseñanza de las artes oscuras, lo cual supongo es un punto muy grande a su favor. Mi padre habría estado encantado de enviarme a Durmstrang en vez de a Hogwarts. 

—¿Hogwarts no enseña artes oscuras?— Inquirió el chico repasando tanto el sobre como la caja con la mirada. 

—Me temo que no, tiene muchos años sin enseñar artes oscuras, en cambio tiene una clase de defensa— Repuso sirius intentando mostrarse calmado y apacible. Dumbledore estaba en desacuerdo, pero él tenía la idea de que era Harry quién debía decidir su propio futuro. Así lo habría querido James. Después de todo, a pesar de que él mismo no usaba artes oscuras, conocía algunos hechizos, y se hallaba consciente que ese conocimiento era poder. Uno que no iba mal a la hora de moverse por el mundo, o de enfrentar a otro mago. 

Luego de un momento de silencio el chico realizó una pregunta— ¿debo elegir? ¿Cuál es mejor escuela? 

—Ambas son buenas Harry, ambas te enseñarán todo lo necesario y te guiarán para ser un hombre de bien, y uno de los más grandes magos que existen. 

—¿Voy a ser un gran mago?

—Y allí entramos en el siguiente tema de este día Harry— Su padrino se acercó hasta su lado y sentó rodando una silla para hallarse frente al chico— La muerte de tus padres no fue una muerte normal. 

—Fueron asesinados, me lo contaste. 

—Si, asesinados por quien no debe ser nombrado. 

—El del nombre raro

—Voldemort, ese mismo. El punto es lo que sucedió previo a la muerte de tus padres. Verás Harry, hace muchos años hubo un mago tenebroso llamado Grindelwald, este fue derrotado por Dumbledore, y las personas no pensaban que pudiese haber otro mago tenebroso por aquellos días, así que nadie estaba preparado para Lord Voldemort. Este tenía ideas bastante radicales sobre la magia. 

—Que solo las familias de sangre pura debían tener magia. Me lo mencionaste una vez. 

—Exacto, familias como la mía, los Black estaban muy ligados con esa idea, y finalmente muchos le siguieron, mientras hubo otras personas que no. Hasta aquí probablemente conozcas un poco de esta historia. Pero lo que sucedió fueron aproximadamente unos diez años donde los muertos se veían por todos lados, cada semana varias familias eran atacadas y los muggles morían en las calles por decenas. Otros simplemente desaparecían. Al final fueron miles los que nunca volvieron a sus hogares, muchos se fueron del país buscando algo más pacífico. Las casas vacías se hicieron algo muy normal en esos momentos. Hubo un pequeño grupo que se formó para luchar contra Voldemort en aquellos tiempos, aunque para ser sincero no fue más que una locura, y lo tomábamos como una muestra de valor más que como algo real. 

Harry notó que su padrino ahora se movía como si estuviera nervioso, pero continuó con su relato, él prestó atención. Había muchos huecos de información en su mente, y cosas que le resultaban difíciles de entender, como por ejemplo cómo las personas podían despreciar a los magos nacidos de muggles— O al menos así fue en un inicio, pero pronto las peleas se volvieron más cruentas y varios de nuestras filas morían. Allí nos dimos cuenta que de verdad se trataba de una guerra. El que no debe ser nombrado nos veía como sus enemigos directos. No te voy a mentir Harry, para finales de los años setenta él estaba ganando, el ministerio dejó de luchar, los muertos dejaron de aparecer en los periódicos y los que nos opusimos éramos muy pocos. En ese instante y por cosa fortuita sucedió algo que nadie esperaba, Dumbledore se hallaba un día en un lugar y una adivina realizó una profecía frente a él. 

—¿Por qué Dumbledore no luchó contra el que no debe ser nombrado?— Preguntó el chico.

—No lo sé Harry. Muchos de nosotros nos preguntamos lo mismo, parecía que lo evitaba, algunos pensaban que el señor tenebroso le tenía miedo, pero Dumbledore no se acercó a los lugares de ataque de Voldemort tampoco. Pero ese no es el punto actual, mi punto es la profecía que fue dicha ese día. 

—¿La profecía? 

—Eso, en la profecía se decía que iba a nacer un niño con el poder para eliminar a Voldemort. Cuando Dumbledore habló sobre la profecía, James y Lily sabían que aquello podía ponerte en peligro, y por ello se ocultaron apenas naciste. Pero un partidario del señor tenebroso también escuchó la profecía, así que este te buscó, halló a tus padres y los mató, y luego lo intentó contigo. 

—Y me dejó la cicatriz. 

—La maldición por alguna razón rebotó Harry, y lo mató, o eso parece que sucedió. El punto es que ninguna maldición asesina rebota de esa forma, no tiene sentido que ocurra. Lo cual llevó a muchos a pensar que no fue que la maldición rebotó, sino que tú, de alguna forma tuviste mayor poder que el señor tenebroso y lo mataste incluso con un año de edad. 

—¿Yo qué? 

—¿Entiendes el punto? Muchos consideran que eres el mago que asesinó al último señor tenebroso de toda europa, y lo hiciste cuando apenas tenías un año de edad. 

—Pero yo no lo hice— Harry se levantó de la mesa. Gali se hallaba asustada y Kreacher asomaba su cabeza por la puerta del comedor para escuchar la historia— ¿O si Sirius? 

—No lo sabemos Harry. No logro comprender cómo lograste sobrevivir ese día, pero estoy feliz de que sucediera, no importa como fuese. 

—Pero muchos pueden estar pensando que yo soy un asesino. 

—El asesino de un señor tenebroso, por lo cual nadie siquiera te culparía de ello. El punto para ellos es que creen que eres un mago poderoso, y se acercarán a ti con ese pensamiento en la mente. 

—¿Qué debo hacer?

—Lo que tú quieras hacer Harry. Creo que tienes un abanico de oportunidades frente a ti, y si, probablemente existan opciones que sean mejores que otras. 

—¿Por eso me buscan los seguidores, los mortífagos? ¿Creen que yo lo maté? 

—Pues esa noche el señor tenebroso desapareció, y si, tu eres el causante más evidente. Ahora, ciertamente los seguidores de Voldemort desaparecieron hace rato. Sin embargo, el peligro está allí afuera. 

—¿Por eso es que yo no debía salir en ningún momento? 

—Por eso y porque eres famoso. Apenas te reconocieran sabrían donde estarías, te podrían lanzar un hechizo de seguimiento, encontrarte en cualquier lugar. Incluso aquí, usar magia para confundirnos, quitarnos la memoria o controlarnos. Cualquier cosa para matarte.

—¿Y cómo iré al colegio así?— Preguntó el menor.

—Las escuelas de magia tienen sus propias protecciones, y ningún niño allí adentro es un mortífago. Salvo un hechizo desmaius, o un confundus, dudo que exista algo peor que puedan hacerte algunos. O eso al menos por parte de los de tu mismo grado, pero, existen otros de grados mayores, con más malicia. Por eso es que te he enseñado algunos hechizos a lo largo de los años. ¿Cuales manejas bien Harry? 

—Todos los que me has enseñado Sirius: confundus, protego, desmaius, expeliarmus, reducto. 

Sirius no necesitó preguntarle si sabía manejar bien aquellos hechizos, lo sabía de primera mano. Lo había entrenado bastante bien en sus salidas ocasionales, y Harry los practicó hasta casi agotar su magia muchas veces— ¿Cuales otros conoces que yo no te enseñé? 

Harry hizo silencio, luego admitió— Reparo, fregotego, tergeo y fricare— Luego recordó y mencionó— Ah, y diffindo. 

—¿Aprendiste diffindo?— Preguntó Sirius, notando que, mientras los antes mencionados eran hechizos para limpiar, diffindo de trataba de un hechizo de corte. 

—Lo escuché— Admitió el menor. 

—Bien, tendrás que practicar todos los hechizos que conoces hasta que los hagas incluso dormido— Mencionó— Pero, no debes decirle a nadie que sabes hacer algunos hechizos para cuando llegues a Hogwarts. Se supone que hay leyes para evitar que los niños realicen magia, y todos tienen un detector para saber si hay magia siendo realizada a tu alrededor. Pero como hay dos elfos y un mago a tu lado, nadie te ha dicho nada hasta ahora. Pero compréndelo bien, nada de decir que sabes hacer hechizos. 

—No diré nada Sirius. 

—Bien. Probablemente también traten de enseñarte a montar una escoba. 

—¡Pero yo sé cómo montar una escoba!— Se molestó el chico. 

—Ese es otro secreto que debe quedar entre tu y yo. 

—¿Algo más que deba recordar no decir?— Preguntó Harry cruzándose de brazos. No estaba molesto, pero aparentemente su salida al colegio llevaba consigo varias reglas.

Hubo silencio, luego más indicaciones— Probablemente nada de decir sobre los escapes a montar escobas. 

—¡Entendido!

—¿Y bien? ¿Por qué no abres tus invitaciones? — Señaló Sirius tomando asiento nuevamente en su lugar para comer un poco. 

—¿Podré ir? ¿No habrá problema en cual elija? 

—¡Claro que podrás ir! ¡Eres hijo de un par de prodigiosos magos! sería un deshonor que no fueses a una escuela. Pero será totalmente tu decisión a cual ir— Indicó señalando la caja y la carta sobre la mesa— Intenta colocar ambas manos sobre la caja y di “alohomora” es un hechizo para abrir cosas— le guiñó un ojo. 

Harry tomó la caja y pronunció el encantamiento de forma lenta. Una ligera ranura se formó en la caja y se abrió con soltura al instante. En el interior se hallaba un par de pergaminos, una pluma, un tintero, una sortija y un pin que se colocaba sobre una prenda de ropa con el sello del colegio. 

—Varias cosas— Susurró Sirius viendo el interior. Harry por su parte tomó el pergamino y leyó: 



COLEGIO DURMSTRANG DE ESTUDIO DE ARTES MÁGICAS

Director: Igor Karkarov. 

Señor Harry Potter, en el colegio Durmstrang de estudio de ciencias y artes mágicas se ha abierto una plaza disponible para su curso de estudios. Para ello necesitará adquirir libros y elementos que vienen enumerados en el pergamino adjunto. 

Informamos además que su respuesta debe ser firmada en esta carta y depositada en la caja para que su matrícula sea exitosa. Debe realizar este proceso antes del día 1 de Agosto, siendo el inicio de clases el día 1 de Septiembre. 

Honor, fuerza y gloria

Klauss Aleksieva

Profesor. 

—Bueno, es ostentoso, pero podemos cubrir esto sin problemas— Sirius tomó el siguiente pergamino donde se se hallaba la lista de libros y materiales— Fíjate, además de una varita se te requiere un bastón mágico. Eso es interesante, he escuchado que son mucho más poderosos, pero nunca he probado alguno. 

Sin embargo Harry se hallaba abriendo el sobre con el sello rojo para leer su interior:

COLEGIO HOGWARTS DE MAGIA Y HECHICERÍA

Director. Albus Dumbledore

(Orden de Merlín, Primera Clase,

Gran hechicero, jefe de magos, 

jefe supremo, Confederación 

Internacional de Magos).




Querido señor Potter:
Tenemos el placer de informarle que dispone de un puesto en el colegio Hogwarts de magia. Por favor, observe la lista de libros y equipo necesario. Las clases comienzan el 1 de Septiembre. Esperamos su lechuza antes del 31 de Julio. 

Albus Percival

Wulfric Brian Dumbledore.

Director.

Harry sonrió complacido y revisó de forma detallada ambos pergaminos— Debo contestar hoy, debo decidir. 

—Correcto. La primera de muchas decisiones que deberás tomar en un futuro. A partir de hoy mucha de la protección que tienes en esta casa, ya no estará. Tendrás que salir y vivirás gran parte del tiempo en la escuela que elijas. 

—¿Crees que es necesario estudiar artes oscuras?— Preguntó Harry observando la caja y el anillo dentro de este. Este último era particularmente atractivo. 

—No depende de lo que yo crea— Sirius alzó una ceja, pero ante la inconformidad de su ahijado decidió continuar y explicarse— Si el Sirius de tu edad hasta los diecisiete te hablara, te diría firmemente que no, que usar artes oscuras es una aberración al mundo y solo causa mal. Que solo los magos oscuros usan artes oscuras— Suspiró profundamente— Pero no te mentiré, luego de eso me di cuenta que las artes oscuras existen, no importa si las conoces o no, eso no borra la realidad que hay allí afuera. Aprenderlas te ayuda a comprenderlas y protegerte. No puedes ocultar un hipogrifo debajo de la alfombra Harry. Y lo que hace a un señor de las sombras, a un lord tenebroso, no es que sepa artes oscuras, sino el cómo hace uso de ellas. 

Harry asintió y se quedó en silencio observando ambas invitaciones mientras Sirius terminó de comer. Pasó los minutos sin decir una palabra pensando en qué debía elegir. 

Había escuchado a los elfos y a su padrino comentar la fuerza sobre las artes oscuras, y Durmstrang ofrecía esa ventaja. Por otra parte quería con todo su corazón poder conocer Hogwarts. Había escuchado historias toda su infancia sobre aquel lugar donde su padre y padrino jugaban travesuras a otros estudiantes. Soñó con eso tantas noches, con el lago, las clases de magia, los jardines… 

Durmstrang era una aventura total, un lugar desconocido donde podría brillar y convertirse en un gran mago. Usaría sus conocimientos para el bien y podría conocer a gente nueva y divertida. Personas que de otra forma nunca conocería. 

Finalmente hizo una pregunta— ¿Hay forma de aprender cosas que no enseñan en Hogwarts? Quiero decir, ¿se puede estudiar cosas apartes?

—Hay muchas escuelas de magia alrededor del mundo, yo solo conozco de mención unas cinco. Además de eso siempre puedes estudiar en un colegio pequeño sobre algo en específico. Hay escuelas de vuelo y de glifos. Si te refieres a estudiar algo aparte dentro de una escuela, solo te puedo decir que en Hogwarts hay una biblioteca bastante extensa, y en el sótano de acá hay una pequeña biblioteca con libros, muchos de ellos son oscuros. 

—¿Aquí hay una biblioteca?

—¡Espera muchacho!— le detuvo al notar que estaba a poco de levantarse de la mesa— No podrás obtener esos libros por ahora. Son parte de la casa Black, y puedo dejar que los tengas para que los lleves a la escuela, pero deberás tenerlos escondidos. Antes de eso, no puedo dejar que leas nada de eso, es peligroso que aprendas magia oscura antes que los encantamientos básicos, además que no tiene sentido, no podrás hacer nada de lo que allí dice si no tienes los fundamentos básicos. 

—¿Los puedo leer en el colegio?

—No veo razón para negarme a eso— Comentó Sirius cruzándose de brazos. 

—Bien, entonces iré a Hogwarts. Estudiaré allí. 

—¿Seguro muchacho?

—Quiero ir a Hogwarts desde hace años Sirius. Si puedo estudiar otras cosas por aparte, no veo razón para irme a Durmstrang— Se encogió de hombros. 

—Bien, entonces necesitas enviar una lechuza diciendo que asistirás a Hogwarts y firmar con tu negativa a Durmstrang. 

Harry lo hizo de inmediato. Firmó el papel comentando se negaba al colegio noruego, al hacerlo y meter la carta a la caja esta desapareció al instante dejando un pequeño pergamino que decía: “Lamentamos no asista a nuestra escuela. Durmstrang siempre será un lugar abierto a magos poderosos como usted. Honor, fuerza y gloria”

Lo observó y sonrió. Luego debió escribir con su mejor letra su carta de aceptación a Hogwarts y pedir a Gali que alistase una lechuza para enviar su carta. Así vio partir su respuesta mientras su corazón latía como bomba. No sentía tanta alegría llenar su pecho desde que recibió su escoba voladora firmada y pudo probarla en vuelo. Su mente se hallaba viajando muy lejos, en un castillo que no conocía pero que añoraba más que nada. 

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