CAPÍTULO 27. EL CLUB

—¿Dónde estabas?— preguntó Harry cuando notó que Hermione entraba en el invernadero número tres, mismo donde estarían viendo las clases de ese periodo de herbología. 

—Afuera, conversaba con Daphne— se encogió de hombros la chica de cabello tupido. 

—Lo sé, pregunté a la profesora McGonagall por ti, me dijo te vió con ella. ¿Qué sucedió?

—Difícil de explicar Harry, han pasado muchas cosas, no creo que ninguna sea buena. 

—¿Viste la publicación del profeta?— inquirió él. 

—Y el panfleto, sin contar que Daphne no está muy bien que se diga— continuó ella. 

—¿Qué sucede? ¿Es por el escape de su tío? ¿Se comunicó con la familia?— Harry se acomodaba en un extremo alejado del invernadero junto a la chica, la intención era evitar miradas. Herbología no era una materia desagradable, al contrario, era de las mejores en su opinión. Pero ese día en particular deseaba comprender todo lo que sucedía con el escape de Azkaban y sus amistades. Siquiera las enormes flores que se hallaban colgando del techo le eran de interés.

—Eso en una parte, de hecho Daphne piensa que el escape de su tío quizás le saque de un embrollo o meta en otro más grande. No sé, está tan confundida como todos— se encogió de hombros su compañera. 

—No me estás explicando nada. 

—Es que no puedo hacerlo, le prometí que no te diría nada, así que solo puedo decir que no está bien. 

    —¿Te hizo prometer que no dirías nada? Pero eso es una tontería, es nuestra amiga. 

—Lo sé, pero ella piensa que nosotros no podemos hacer nada en su situación, y se negará a recibir ayuda de nuestra parte en ese sentido. Sabes que es obstinada. 

—¿No intentaste convencerla?— preguntó él cuando la profesora Sprout entraba en el invernadero. 

—¿Por qué crees que casi llego tarde? 

—¿Qué dijo su tío?— indagó él.

—No puedo decirte Harry, no vayas a insistir con el tema, si quieres respuestas, tendrás que pedirlas a ella. 

—Significa que su tío sí se comunicó con la familia, probablemente tomará el mando de los Greegrass ¿cierto?— Harry chasqueó con la boca. La profesora sprout se hallaba en la entrada, aparentemente conversando con el profesor Gilderoy de algún tema. Harry no prestó atención a aquello— ¿Por qué no podría conversar conmigo y explicarme algo? 

—No sé, quizás porque ella pertenece a una casa gris, su tío es un mortífago. Tu eliminaste al señor tenebroso y luchaste contra él al menos dos veces. Eres el niño que vivió, famoso por eso. Eres un Gryffindor y ella una Slytherin. Y esas son solo algunas de las que se me ocurren que podrían estar sobre la mesa. 

—Si, bueno. Yo no pedí ninguno de los títulos. De hecho creen que soy el niño que vivió, pero sería mejor llamarme el niño que no recuerda nada de ese momento. Digo, solo tenía un año de edad. 

—Harry, la profesora ya inició— Siseó Hermione abriendo muchos los ojos. 

—Hoy, como podrán observar, estaremos replantando mandrágoras. ¿Quién me puede decir como reconocer a las mandrágoras y sus propiedades? 

Hermione alzó la mano dejando a Harry hablando solo por un instante— La mandrágora posee hojas grandes verdes en toda su extensión, se reconocen bastante por ser un tipo de helecho que crece muy cerca de la tierra. Tienen la superficie arrugada y sueltan un aroma particular de sus flores. Sus hojas son altamente venenosas a la ingestión, y un ingrediente común en múltiples venenos y paralizantes. Por otra parte, la infusión hecha a partir de su raíz es uno de los ingredientes principales para rescatar a personas transformadas o encantadas. Básicamente cura muchos estados alterados, como parálisis, sueño profundo o petrificación. 

—Excelente, veinte puntos para Gryffindor por tan elocuente explicación— señaló la profesora Sprout con una pequeña sonrisa y mejillas bonachonas— En efecto, como dijo su compañera, la mandrágora es un tipo de planta bastante común que puede ser usada tanto para el bien como para el mal. Aun así, también es una planta extremadamente peligrosa por otras razones ¿Quién me dice esa razón particular además de la señorita Granger? 

Solo dos alzaron la mano, uno de ellos era Neville— Quizás por su llanto. 

—¡Exacto! otros diez puntos para Gryffindor. Su llanto puede resultar fatal. Claro, esto pasa cuando las mandrágoras son adultas y sin hacer uso de un hechizo para silenciarlas. Las que transplantaremos el día de hoy son solo retoños pequeños. Aún así deberán tener cuidado con su llanto, pues podría dejarles inconscientes. Por eso son las orejeras que tienen frente a ustedes— La mujer señaló los utensilios que se hallaban repartidos sobre una mesa junto a una serie de macetas grandes. 

—¿Qué piensas del escape? 

—Pienso— Hermione respondió en tono mordaz—. Que nos van a quitar varios puntos si no dejas de conversar en clase. 

—¿No viste la misma noticia que yo? Aquí tengo el ejemplar de hoy. 

—Yo también estoy suscrita al diario Harry, si lo leí. Horrible, y hay mucho de qué hablar, pero definitivamente no aquí, no ahora— Hermione tomó sus orejeras y se las colocó frente a él, al menos hasta que la profesora empezó a hablar de nuevo y se las quitó. 

—Bravo, fantástico— él tomó las suyas. 

—Quiero que tomen y se coloquen bien sus orejeras, luego irán a las macetas que tienen esas hojas verdes con tintes violáceos. Son mandrágoras. Van a colocarse los guantes porque si las tocan con las manos desnudas tendrán hinchadas las manos por el resto de la semana. Tomarán la planta por el tallo, justo donde comienza a tener contacto con la tierra, escarbarán un poco, sea con la mano, o con ayuda de la palita que tienen cerca. Luego jalan con fuerza a la planta, esta saldrá y en ese instante deben tener bien puestas las orejeras, luego van a la maceta más grande que está a sus pies, colocarán la planta y la cubrirán con tierra y añadirán media jarra de agua sobre esta. Hay tierra abonada por allá, eso permitirá que la planta crezca más en un suelo lleno de nutrientes. 

La mujer hizo una señal y se colocó sus orejeras. Harry entonces se dispuso a realizar los pasos uno por uno, hasta que llegó al momento de sacar a la mandrágora de su maceta. Punto donde lanzó un grito de sorpresa. La raíz de la planta se hallaba viva, como si se tratara de un bebe lleno de barro y de aspecto horrible y arrugado. 

Nadie escuchó el grito del chico, ni notaron cuando la criatura lanzó una patada y un pedazo de tierra asqueroso llegó hasta la boca de Harry. Luego de atragantarse, escupir, maldecir y colocar aquella cosa en la maceta grande, el joven se dirigió hasta una esquina para arrastrar el saco de tierra y cubrirla. 

¿Qué pasaba con Hermione y Daphne? ¿Por qué no podrían decirle las cosas a él? No era un chismoso. Eso debían saberlo bien, si era algo secreto él no diría nada incluso si lo torturaban. 

La clase terminó luego de transplantar otras tres plantas. Se hallaba lleno de tierra y sudaba bastante, lo cual lo dejaba con dos opciones, un hechizo de limpieza o subir hasta los dormitorios por un cambio. Decantó por la primera opción, aunque no era muy bueno con el hechizo de limpieza y un par de manchas continuaron en sus pantalones. 

Hermione escapó de su mirada antes que él pudiera reaccionar. Obviamente evitaba la conversación pendiente. 

La siguiente clase fue con la profesora McGonagall, quien evitó las preguntas sobre el panfleto recién esparcido— No se quién o quiénes fueron los implicados, y no, no hay razones para pensar que la magia de los squibs fuese dada a los magos nacidos de muggles. No ha existido ninguna prueba de tal hecho, sin contar que no hay contacto o hechizos entre los implicados. A todas luces los nacidos muggles tienen magia en sus venas porque en sus árboles genealógicos en algún momento hubo algún mago que tuvo relaciones con un muggle. Algo bastante común a pesar de lo que algunas familias de sangre pura podrán decir. Siento herir su sensibilidad, pero a pesar de sus cortas edades deben comprender que si, todos, muggles y magos por igual mantienen relaciones carnales— expresó la mujer luego de observar a todos sus alumnos—. Ahora el tema de esta clase es completamente ajeno a ese asunto, y no creo pertinente profundizar en un punto tan controversial, si de verdad tienen tantas dudas dentro de sus cabezas, espero que pregunten a sus familiares o indaguen en la biblioteca del colegio— Alzó la ceja moviéndose por el aula—. El tema del día de hoy será la transformación de pequeños insectos en objetos comunes y de uso diario. En este caso particular entrenaremos convertirlos en botones y cepillos. Obviamente deberán repetir el hechizo pertinente luego de mi y empujar su magia para lograr la transformación solicitada. 

—¿Cómo podemos usar esto en nuestra vida diaria, profesora?— indagó un chico. 

—Probablemente nunca lo hagan, a menos que necesiten un botón. pero si no saben transformar adecuadamente un insecto, dudo que puedan avanzar para transformar algo del tamaño de su puño, ratas, perros y gatos, lo cual es mucho más útil sin duda. Los magos especialistas en el arte de la transformación son capaces de crear terrenos encantados con múltiples desafíos para cualquiera que entre en su territorio. O conjurar ejércitos de diferente índole que retan el intelecto de sus enemigos. Morgana era capaz de transformar un bosque normal, en uno lleno de diferentes vides y plantas que atacaban a sus enemigos. ¿Usted cree poder llegar a ese nivel de maestría sin primero transformar un insecto? 

—No señora. 

—Sin duda. Ahora pasemos a la página…

Harry no tuvo ningún problema en realizar su transformación, era una de las cosas que más había entrenado con Hermione. La chica de cabello tupido por su parte logró transformar en unos diez minutos cuatro botones con bastante entusiasmo, alzó los brazos para mostrárselo a Harry, pero luego pareció recordar que no debía hablar con él y se quedó tranquila en su asiento. 

Harry tomó el panfleto para leerlo nuevamente y tratar de comprender la seriedad del asunto antes de escribirle a Sirius. De seguro su padrino tenía algunos pensamientos sobre la situación y la situación. 

—¿Piensas evitarme siempre? ¿El año escolar entero? Hoy apenas es el primer día de clases, no me parece un buen plan— expresó Harry colocándose a un lado de Hermione en el gran comedor a la hora del almuerzo. 

—¡Harry! me diste un susto, no trato de evitarte, solo, no quiero fallar a la promesa que le hice a Daphne. 

—No preguntaré más sobre eso, le preguntaré a ella. Aunque no creo que existan razones para que se aleje de ese modo— comentó mirando en dirección a la mesa de slytherin. Daphne se hallaba en silencio comiendo a un lado de su hermana menor. 

—Creeme, las tiene. 

—¿Puedes hablar sobre la fuga y el panfleto? 

—Es horrible, es la primera vez que alguien escapa de Azkaban, y fue una fuga masiva. Sin contar el hecho de felix felicis y el polvo de giratiempo. Los del ministerio no la tienen fácil— Hermione suspiró— Creo que probablemente lo de hoy signifique que estamos entrando en una guerra.

—¿De verdad crees que sea una guerra? Digo, no veo gente matandose con varitas en un campo de batalla. 

—Me da miedo pensarlo, pero si. Lo del panfleto suena como un manifiesto de guerra. Están expresando sus ideales, que básicamente es que, la magia debería ser para los sangre pura, y los hijos de muggle robamos la magia de ellos— su voz se quebraba y Harry temió que la niña podía ponerse a llorar de pronto, por lo cual decidió no preguntar más sobre el punto. 

—Hola, ¿Eres Harry Potter, cierto?

Harry giró la cabeza para ver a un chico de primer año, pequeño y de cabello castaño sosteniendo una cámara fotográfica entre sus manos— Hola, si, soy yo. 

—¿De verdad? ¿Puedo tomarte una foto? Soy Colin, Colin Creevey— señaló alzando la cámara— Sería una sola foto, soy un fan, he leído todo sobre tí. 

—¿Todo? No debe ser mucho. 

—Hay historias fantásticas creadas sobre tí, incluso una que habla que te enfrentaste a un grupo de duendes cuando tenías ocho años— comentó Hermione—. Yo también las leí, pero luego descubrí que bueno, no fue así jamás. 

—¿Hay historias así sobre mi? Debería preguntarle a Sirius si eso está bien. 

—¿Esa historia no es real?— preguntó Colin. 

—No, a los ocho apenas sabía lanzar un par de hechizos— comentó Harry—. Puedes tomar la foto. 

—¿De verdad Potter? ¿Ahora dejas que cualquiera tome fotos de tí? Podríamos tomar algunas y venderlas luego— Malfoy expresaba levantándose de su asiento pavoneándose junto a un grupo de su casa. Colin acababa de tomar la foto, una donde Harry fruncía el ceño debido al comentario del chico de la casa verde. 

—¿Quieres una Malfoy? Podría firmarla para ti— comentó moviendo el brazo como si lo viese frente a él—. Con asco, de Harry para Draco Malfoy, el mayor idiota de Slytherin— Hubo un par de risas y miradas interesadas en la disputa que se avecinaba. 

—¿Te crees muy inteligente Potter? Quizás debería decirte lo que sucedió hace un par de semanas, pero sería como darte una clase de astucia. ¿No te dio miedo el panfleto de hoy? ¿sabes lo que le sucederá a los mestizos y los sangre sucia? 

—No, ¿la tienes tú? porque sería interesante si confesaras que tu familia tiene algo que ver con esos papeles— expresó Harry. 

—Mejor cuida a tu novia, Potter. No necesitan investigarla para saber la pureza de su sangre.

—¡Harry!— Hermione le tomó de la túnica mientras señalando la entrada del gran comedor, donde el profesor Snape avanzaba alzando una ceja. 

—Espero que no estén peleando. 

—Escuchábamos al señor Malfoy, quien nos iba a explicar las repercusiones que tendrán los magos de sangre mestiza con el panfleto de hoy— comentó Harry. El profesor alzó una ceja y observó a Draco con interés durante un segundo, el chico de cabello rubio pareció atragantarse con la lengua en su boca antes de hablar. 

—Solo me burlaba de Potter, quien ahora reparte fotos y autógrafos. 

—Sugiero— Snape arrastró las palabras— Que ambos se dediquen a comer en el gran comedor y eviten molestias tontas que dañen a sus casas. Como podrán observar, no se encuentran en los mejores términos en este momento— Alzó la capa moviéndose hasta la mesa de profesores donde se dispuso a comer. A Harry el apetito se le vió bastante deteriorado. 

En horas de la tarde Gilderoy deseó tener un momento a solas con él para estrechar lazos y explicarle que ambos eran bastante semejantes. “Magos que buscaban el estrellato y la fama”. Punto que no mejoró cuando en su clase se vió obligado a contestar un cuestionario lleno de preguntas ridículas como: ¿Cuál es el perfume favorito de Lockhart?, ¿Cual es la más grande ambición de Gilderoy Lockhart?, ¿Por qué Lockhart ama el satén en sus sábanas de dormir?. Para luego tener que atrapar una legión entera de duendecillos que el profesor dejó escapar de una jaula antes de darse a la fuga a su recámara.

—Cualquiera pensaría que es un mago mediocre que no busca enseñarnos nada. A excepción de cómo cuidarnos el cabello. 

—Es un mago talentoso Harry, sus libros son increíbles. Quizás un poco ¿vanidoso?— explicó Hermione antes de inmovilizar un pequeño grupo de duendecillos revoltosos que revoloteaban tratando de tomarla del cabello. 

—Si llamas a ese, un poco vanidoso, no sé cuales son los límites. 

El resto de la semana fue deteriorándose de forma consecutiva. El ambiente en el colegio era tenso, con alumnos murmurando en cada esquina y cada quien señalando a aquellos que pensaban o sabían que eran hijos de muggles. Alguien incluso comenzaba a rumorear que por el colegio había una lista con los nombres de los mestizos y sangre sucia conocidos. Harry y Hermione estarían en los primeros nombres, estaba seguro.

El chico por otra parte se hallaba molesto por la indiferencia mostrada por Daphne durante toda la semana. Le había evitado, omitido o simplemente detenido con la frase— No tengo tiempo Potter. 

Hermione aún se negaba a conversar sobre el tema, las clases de pociones eran eternas, las de defensa una burla para cualquier intelecto superior a un ratón, historia tan aburrida como nunca, y las antiguas prácticas de hechizos ahora solo se hallaban compartidas por Hermione y él. La chica además parecía comportarse como una siniestra dominadora que deseaba sus núcleos mágicos crecieran a pasos agigantados. 

A pesar de todo, las cosas no eran tan negativas. Sirius y al menos otros cuatro representantes miembros del consejo habían escrito solicitando que sus representados tuviesen una educación de calidad en el área de defensa contra las artes oscuras, o tomarían acciones contra la escuela y el profesor. Wood concretó entrenamientos para la segunda semana, y el regalo de Hermione ya se hallaba a salvo en su baúl. 

Decantó por un par de libros antiguos de aritmancia y runas que costaron cerca de cuarenta galeones, y una pequeña biblioteca expandible portátil. Este último artilugio trataba de un objeto semejante a una billetera, la cual se podía desdoblar varias veces hasta extenderse y permitir incluir unos veinte libros en hilera. estaba seguro que solo alguien como Hermione apreciaría un regalo como ese. 

La reunión con el director para la venta del magiometro no fue difícil, al contrario, este apenas los vio entrar comentó deseaba cinco unidades del magiometro. Harry estaba un poco decepcionado, deseaba hacer una demostración y permitir que el hombre mayor midiese su magia.

 El ministerio comenzaba a realizar un par de pedidos y dos academias, una de USA y otra de Francia tenían solicitudes similares. Hermione se hallaba particularmente muy feliz, porque para el día viernes una unidad estaba instalada en la sala común y era la sensación del momento. 

—No podrías ganarme, esto lo demuestra, soy mejor que tú por diez puntos— Expresó Fred a su hermano gemelo. 

—Ambos sabemos que lo importante no es el potencial mágico, sino el cómo sepas usarlo ¿Cierto Angelina?— comentó George. 

—Te patearé en la entrepierna, y haré que tu núcleo mágico baje unos trescientos puntos si vuelves a insinuar algo como eso— respondió la chica.

 —Yo estoy seguro que debe tener algo defectuoso, no puede ser que Dean y Neville tengan núcleos más grandes que el mío— se quejó Ron Weasley subiendo nuevamente a la máquina, esta arrojó de vuelta un cuatrocientos trece. 

—Se supone que es para alentar nuestra competencia dentro de la misma casa y entre nuestros compañeros, pero nada cambia si suben y bajan de la máquina cada cinco segundos— Una chica de sexto curso se hallaba de brazos cruzados frente al artilugio, que tenía una muchedumbre alrededor para medirse casi todo el día. 

—Te lo dije, es una mina de oro lo que inventaste— sonrió Harry a un lado de Hermione mientras sacaba un segundo pergamino para la redacción de poción de la risa y sus efectos en diferentes criaturas— Solo avísame si hay algo más que quieras crear. 

—Sabes que eso se me vino a la cabeza de forma fortuita, además, estamos en clases ¿En qué momento pensarías que inventaré algo? 

—¿El fin de semana? no todos los planes deben ser leer sesenta libros antes de retomar el lunes con alguna otra clase. 

 —Te recuerdo, mandaste a pedir dos libros de defensa contra artes oscuras y hechizos por lechuza, no deberías ser quien dijese eso— alegó la chica de cabello tupido recargando de tinta su pluma. 

—Planeo hacerme el muerto el resto de clases de Gilderoy, no me extrañaría que en la siguiente clase libere un grupo de pixies, o alguien le permita traer una banshee— Harry soltó una risa, a lo cual la chica frunció el ceño. Por alguna causa parecía que el profesor Gilderoy de verdad era de su agrado, o atención. 

—Están siendo injustos, te lo juro, los de Hufflepuff de primer año dijeron que fue una buena clase la que tuvieron con él. 

—No voy a discutir contigo, pero no se como alguien que no sabe inmovilizar a un duendecillo puede derrotar a una banshee. 

—Tú tampoco sabías el hechizo Harry— Se quejó Hermione. 

—Pero yo tengo solo doce y no estoy dando clases. 

Helbert de sexto año acababa de tomar su medición y recibió aplausos cuando su medición llegó a los doce mil puntos— Deberías pararte en la máquina frente a ellos. Los dejarías en ridículo. 

—Probablemente se sientan mal y no quieran usarlo más, y eso significarían menos ventas. Estoy seguro que un par de ellos escribirán a sus familias para un magiometro en casa. 

—¿Quién te enseñó tanto sobre ventas? 

—Sirius vendía y compraba las tareas escolares. Aparentemente era bueno en transformaciones, encantamientos e historia de la magia, pero como yo, apestaba en pociones— El chico se encogió de hombros. 

—No debería darles orgullo eso, apenas pueda voy a comprar un libro de pociones decente. Si pusieras más empeño podrías estar entre los alumnos con mayores notas en todas las clases. 

—Me tendría que despedir de las prácticas de quidditch. Wood quiere entrenar unas dos veces por semana al menos, quiere repetir la copa de quidditch este año. Dice que el anterior apenas lo obtuvimos por suerte.

—Pero no fue por falta de habilidad, fue más el hecho de hallarte castigado y casi no poder jugar— Al final del año anterior Harry estaba castigado por ir a buscar la piedra por su cuenta, justo cuando los partidos decisivos se disputaban. Afortunadamente McGonagall abogó por su presencia en el partido, pues su equipo no tenía suplente para su posición. 

—Aún así no puedo ponerme a discutir el asunto, parece que McGonagall lo está presionando, luego que a Ron le quitaran los puntos por llegar al colegio en un coche volador. Y Wood nos presiona a nosotros en respuesta. 

—No puedes saltarte los entrenamientos de hechizos que tenemos— la chica frunció el — Estamos avanzando, tu núcleo creció mucho estas vacaciones. Yo apenas lograré pasar los mil puntos. 

—Y aún así estarás por encima de la mayoría de los estudiantes de segundo año— respondió él. 

—¿Cuánto entrenaste Harry? Digo, no logras esa cantidad solo haciendo un par de veces un hechizo— indagó la chica levantando la vista del pergamino. 

—¿Quieres la respuesta verdadera, o la versión oficial aprobada por mi padrino? 

—¿Me mentirías Harry?

—¿Quieres la respuesta verdadera, o la versión aprobada por mi padrino?— repitió él. 

—¿Me quieres ver molesta, Harry? 

—No— razonó—. Sirius un día llegó y me sentó, debía tener como seis o siete. No sé. Estábamos por salir a volar en escoba, como imaginarás yo estaba que saltaba, y se sentó conmigo en el comedor.  Me confesó que mis padres fueron asesinados por un mago tenebroso y que había una gran cantidad de seguidores locos de ese mago tenebroso persiguiéndome. Estaba aterrado, casi no podía dormir, volé pésimo. Sirius entonces al día siguiente me comentó había un hechizo que mi padre gustaba de usar cuando alguien lo atacaba: protego. 

—Es uno de tus hechizos favoritos. Protego, scutum y expeliarmus. 

—Sirius comentó que mi madre usaba scutum, pero eso me lo reveló recientemente. Aquellos días, me la pasaba aplicando protego todo el día y noche. En especial en la noche, me daban miedo los seguidores del señor oscuro, así que, muchas veces me quedaba hasta tarde aplicando protego. Supongo que en algún momento me agotaba mágicamente y me quedaba dormido. 

—¿Ese es el secreto para tener el protego mas fuerte de la historia? supongo que podría hacerlo— Hermione le dió un pequeño empujón— gracias, supongo no es algo fácil de conversar, no sueles hablar sobre tu infancia, o tus padres. 

—Sirius es como mi padre, pero a veces sí me pregunto ¿Cómo sería si ellos estuvieran? 

—Podría inventar una máquina que mostrase los, y si. Como el espejo de Oesed, pero creando futuros posibles.

—¿De verdad podrías? 

—No. Sería una locura, sin contar que no tengo la menor idea como funciona la arena del tiempo. Nadie lo sabe, es un misterio. 

—Da igual, tampoco me gustaría saberlo. Podría ser divertido verlos, pero, Sirius no sería como es conmigo. Probablemente fuese un artista de rock bastante excéntrico con treinta y dos novias— Ambos sonrieron y continuaron con la tarea mientras el resto de la sala común discutía sobre el crecimiento de sus núcleos mágicos. 

Sin embargo la mayor sorpresa se la llevó el día domingo. El club secreto de duelo indicó debía presentarse en el quinto piso ala oeste, en el salón detrás del cuadro gigante de un caballero de armadura negra y espada de igual tamaño. Se levantó temprano esa mañana, desayunó y fingió sentirse un poco mal y encerrarse en el dormitorio para no tener que mentirle a Hermione sobre la invitación que recibió por lechuza. 

Se movió por los pasillos con la seguridad de su capa de invisibilidad, agradeciendo que Hermione expresara quería extender su ensayo sobre los diferentes núcleos de varitas. La mayoría de los estudiantes de años superiores, al igual que algunos maestros, se hallaban en ese momento en Hogsmeade. Un poblado cercano al castillo donde muchos deambulaban los fines de semana. Claro que, los permisos para ir al pueblo solo estaban disponibles a partir del tercer año. 

Para él aquello tampoco era el fin del mundo. Hizo un trato con Lee Jordan para que este trajera dulces y un par de objetos de la tienda de juegos y bromas. Sin contar que eso facilitaba su salida al club de duelos. Llegó a las diez de la mañana como estaba estipulado al recuadro. Alzó su varita y bajó su cabeza como le fue indicado. El caballero movió su espada y el cuadro le brindó acceso a una enorme puerta de madera. Sin palabras o contraseñas. 

Al abrir la puerta percibió que del interior llegaba un aroma a galletas y algo de calor, punto que contrastaba con el aire frío de los pasillos aquella mañana. Al frente de una sala con asientos mullidos y una chimenea crepitante, se hallaba el profesor Filius Flitwick sonriendo. 

—Señor Potter, venga y únase a nosotros. Es el último del grupo en llegar— el hombrecillo señaló a los asientos circundantes. Harry entonces reconoció un par de rostros, dos chicas de Slytherin de años superiores, quizás sexto o séptimo año, no sabía sus nombres. Cedric Diggory, quien se hallaba en el quinto de Hufflepuff y era bastante famoso en el colegio por ser buscador de su equipo de quidditch. Luego se hallaba un chico de Ravenclaw desconocido, que apenas reconocía de vista en el comedor y biblioteca, y finalmente dos rostros muy conocidos. Hermione y Daphne, quienes miraban con curiosidad. 

—Estabas en la biblioteca estudiando— señaló Harry mirando a Hermione. 

—La carta decía era un club secreto, sin contar que tu dijiste sentirte enfermo— respondió ella. 

El giró un poco la cabeza para saludar a la otra chica— Daphne. 

—Potter— Devolvió el saludo ella apenas alzando una ceja. 

—Tres nuevos aspirantes este año— comentó el profesor— Como sabrán la intención del club de duelo es poder entrenar y mejorar las habilidades de sus miembros como duelistas con la finalidad de poder participar en las clasificaciones nacionales y mundiales si la oportunidad se nos presenta. Como muchos ya sabrán, soy Filius Flitwick, ex tri campeon mundial de duelo. Más allá de ser jefe de una casa, dejenme decirles que soy un fanático entusiasta de los duelos, y me tomaré personal la tarea de entrenarles y convertirles en los mejores duelistas. Este año estoy seguro que tenemos un equipo fuerte— estas últimas líneas las dedicó a los convocados de años anteriores, con quienes obviamente el profesor tenía mayor confianza— El señor Potter tiene hechizos de defensa muy potentes que seguro serán la envidia de muchos de nosotros. La señorita Granger posee un almacen de hechizos y encantamientos que rivaliza con los de Fraun— señaló al chico de ravenclaw, y la señorita Daphne ha hecho uso de uno de los hechizos de congelamiento más potentes que he presenciado. 

—¿Podemos ponerlos a prueba profesor?— preguntó Cedric. 

—Estaría decepcionado si no fuera así, vamos a la sala de entrenamiento— exclamó el más bajo moviéndose hasta una sala contigua junto al resto. 

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