CAPÍTULO 24. CRONOEXPLOSIÓN

 

—Amo Harry— Gali tocó la puerta de la habitación notificando su presencia. El chico por su parte no se hallaba dormido, hasta media hora atrás estuvo jugando algunos videojuegos. Al día siguiente viajaría de regreso a Hogwarts, y no sería posible llevar la consola consigo. Por esa causa la habitación se hallaba bastante acomodada, a diferencia de días atrás. El baúl del colegio se encontraba cerca de la entrada con gran parte de la ropa, el magiometro original de Hermione, los libros reglamentarios y algunos otros escondidos en un compartimiento oculto. 

—¿Qué sucede?

—¿Es posible pasar?

—Adelante— señaló Harry. Gali tenía órdenes ahora de preguntar antes de entrar a la habitación. eso luego de un par de momentos donde casi lo pilla en situaciones un tanto indecorosas.

Gali avanzó dando pequeños pasos antes de observar toda la habitación— Amo Harry, Gali sabe que no debería molestar a esta hora de la noche. pero el amo Sirius no se encuentra en la casa a estas horas, y debía preguntar. 

—¿Dónde fue Sirius? 

—No lo sé señor, pero creo que salió con la señorita Karen. 

—Cierto, creo que hoy era día de teatro. Sirius va a querer morir hoy— El chico sonrió soltando un par de risas sonoras—. ¿Cómo puedo ayudarte Gali? 

—Es sobre Dobby señor. 

—¿Dobby? 

—Vino hoy señor, insiste en conversar con usted. Decidimos preguntar primero. 

—Que pase— Harry se levantó de la cama sentándose al borde de la misma. Dobby era un elfo de origen desconocido que ocasionó un alboroto en la casa Black al presentarse ese mismo verano para alertar a Harry de no ir al colegio ese año. Sirius no estaba muy contento con el misterioso elfo doméstico, en especial luego de tener que revelar el secreto de la magia a Karen de forma brusca. 

—Harry Potter, señor. Dobby está feliz que le permita hablar luego del accidente. 

—Hola Dobby ¿Cómo estás? 

—¿Qué cómo estoy? ¿Cómo estoy?— El elfo inició un chillido lamentándose de su suerte mientras jalaba sus largas orejas y secaba algunas lágrimas— Gali tiene mucha suerte, un amo como Harry Potter. 

—Si, si, Gali es afortunada, el resto de los elfos domésticos son muy desafortunados— replicó Harry. 

—El señor no lo entiende, no sabe cómo fueron los tiempos donde el señor tenebroso rondaba por las calles. Los magos tenían miedo, los elfos aún más, había amos muy malignos, las peticiones que hacían a los elfos eran irracionales. Los elfos eran tratados como basura, moríamos de a decenas en las calles, las leyes no aplicaban para nosotros. Claro que al pobre de Dobby todavía lo tratan como basura. 

—Dobby puede tener algo de razón señorito Harry— La voz de Gali era apenas un murmullo—. Gali ha escuchado horrores de los tiempos anteriores al señorito. A los elfos se les podía encomendar la muerte de un mago, y no acatar, o acatar la orden significaba la muerte del elfo igualmente. 

—Injusto— declaró el chico. 

—Mucho más que injusto. Harry Potter no se imagina, por eso Dobby vino el día de hoy. Harry Potter no debe ir mañana al colegio Hogwarts de magia y hechicería. 

—Volvemos con el mismo cuento— Harry tenía poca paciencia con el alocado elfo. No había forma en la cual él renunciara a un año en el colegio. Hogwarts era como su segundo hogar, sin contar que deseaba con toda su alma poder encontrarse nuevamente con sus amistades. 

—Hay planes señor, planes para hacer cosas escalofriantes. 

—Te mencioné que he estado entrenando con una auror. Mi núcleo mágico ha crecido bastante. 

—Dobby puede notarlo, sin embargo— El elfo parecía desesperado, apretaba sus orejas y luego movía los brazos lleno de nervios— es difícil de explicar señor, pero aún con su nivel Dobby no puede ver posibilidades para que el señor pueda sobrevivir. Claro que Dobby reconoce que Harry Potter sobrevivió al señor tenebroso y logró derrotarlo a pesar de ser solo un niño de un año. 

—Dos veces Dobby, hace un par de meses logré sobrevivir a un segundo encuentro con Voldemort— El elfo lanzó un chillido al escuchar el nombre. 

—No debería decir su nombre— El elfo se acercó un poco más en la habitación poco iluminada— ¿Es verdad que Harry Potter volvió a enfrentarse al señor tenebroso en los calabozos de Hogwarts? 

—No ha recuperado su cuerpo todavía, pero comparte cuerpo con uno de sus seguidores. Aún así, si, lo ví y tuve que enfrentarlo— Mintió ligeramente. En su mente e intenciones en esos momentos no estaba de ninguna forma enfrentar a Voldemort, solo tomar la piedra y escapar. Aún así, se podía decir que de alguna forma le había enfrentado, aunque este fuese solo una sombra de su anterior poderío. 

—¿El señor Harry Potter aceptaría ayuda de un elfo doméstico? 

—¡Claro! No veo razón para jugar al héroe. Sirius me enseñó que cualquier ayuda en una pelea es siempre bien recibida— respondió lo más sincero que pudo. 

—Si necesita ayuda señor, no dude en llamar a sus elfos. Muchos fuimos abusados, pero Dobby ha conocido a la señorita Gali, es una elfina muy consciente que respeta y quiere tanto a su amo. Ella ha prometido ayudar al señor Harry Potter si este lo necesita. 

—La llamaré si la situación es necesaria. 

—Señor Harry Potter. 

—¿Si?

—Gracias señor. No hay muchos magos como usted, educados y que de verdad piensen que los abusos contra los elfos son algo malo. 

—Me gustaría pensar que hay varios más como yo Dobby. 

El elfo se retiró , no sin antes mirar hacía atrás de forma repetida. Parecía sufrir colapsos pequeños con sus propios pensamientos— Me iré señor. de verdad espero que no le suceda nada, debe cuidarse, nadie es de confiar. Se acercan tiempos oscuros, señor— Se retiró de la habitación junto a Gali. 

Harry se recostó en la cama pensando en los acontecimientos de las últimas semanas. Jamás habría imaginado que Voldemort, el antiguo lord tenebroso estuviese vivo compartiendo cuerpo con el traidor de Peter Pettigrew. ¿Qué podía hacer él? ¿Significaba eso que sus seguidores empezarían a moverse tramando alguna clase de plan? Por las palabras de Dobby cualquiera pensaría que la respuesta era afirmativa. No quería imaginarlo. Apenas iniciaba su segundo año en el colegio y no podía comprender las repercusiones de una nueva guerra civil mágica. 

Sirius le explicó cómo eran esos tiempos. Donde las personas desaparecían y solo a veces sabías que fueron eliminados por seguidores del señor tenebroso porque una marca con forma de calavera con lengua de serpiente se veía en el cielo. Donde las criaturas moraban en las esquinas y los muggles desaparecían a raudales. Con ataques constantes a los grupos que se oponían y al ministerio. Familias cuyos nombres eran borrados sin rastro alguno y solo aquellos allegados al señor de las tinieblas se hallaban tranquilos. Ciudades muggles fantasma, cuyos habitantes luego se observaban como inferis, muertos vivientes que avanzaban en decenas. 

Sin embargo, deseaba tanto regresar al colegio. Quizás debía conversar sobre aquello con Sirius, probable tendría un par de consejos o soluciones ante el peligro y la nueva visita del elfo doméstico. Con esos pensamientos el chico se quedó dormido; ninguno en la residencia Black notó que un grupo de chicas se hallaban en ese instante sobre el tejado de la casa, todas dentro de una tienda de campaña mágicamente ampliada en su interior. 

—¿Crees que el Dobby de este tiempo lo sepa? puedo buscarlo e interrogarlo. 

—No creo, lo más probable es que escuchase sobre el ataque a king cross y la fuga, debe estar preocupado. 

—Y tiene razones para hacerlo— Comentó la tercera tomando un poco de chocolate caliente.

—A mi me gustaría bajar y ver a Harry durmiendo un rato. Apenas tiene doce años, debe ser lindo— Entornó los ojos mirando a las otras cuatro, todas eran mayores a ella y mucho más maduras. 

—No creo, sería horrigble que Harry despegtara y viese a una chica en su dogmitorio. 

—Ni tan horrible ¿Qué chico no quiere ver a una hermosa chica colándose por la ventana de su habitación? Lo conocí por estas épocas, está con las hormonas encendidas a mil, quizás te toma sin muchas preguntas— Sonrió a su compañera que realizó la sugerencia, la cual se sonrojó totalmente. 

—Seamos realistas y serias. Harry puede morir mañana. No creo que Dobby sepa de los mortífagos con giratiempos. de otra forma no veo como el que no debe ser nombrado no ha vuelto. 

—¿Crees que tenga ya de nuevo el tabú sobre su nombre?— Preguntó la mayor del grupo. 

—Sería una de las primeras cosas que yo haría, el tabú le permite saber quién está hablando de él, sea bueno o malo. Es una señal inequívoca, si tiene un enemigo es efectivo para rastrearlos. 

—¿Cómo hagemos mañana, como nos sepagagemos? 

—Lo estuve pensando, creo que ustedes dos podrán revisar la zona de King Cross donde está el expreso de Hogwarts, nosotras dos la zona de muggles. Después de todo no sabemos en qué sector se hallaba Harry, si de este lado o del otro. 

—No aparece entre la investigación, y todavía yo no tenía acceso a la zona de archivos. de hecho siquiera estaba en el equipo de aurores— Sonrió la mayor— Eso significa que yo iré a revisar y ayudar en lo posible en la zona de la fuga. No se preocupen por mí, soy la mejor de las cinco— Guiñó un ojo con confianza.

—Si ves que no puedes ayudar allí, te mueves a nuestra posición. La prioridad es mantener a Harry con vida. Todas las que estamos aquí le debemos la vida— Les recordó—. Prepárense lo mejor que puedan, todas. Podemos suponer que mañana atacarán con fuerza. 

—¿Por qué no viajaron aún más allá y atacaron a Harry cuando era un niño?— inquirió la menor del grupo. 

—Harry ha estado oculto bajo hechizo fidelio la mayoría del tiempo, en la casa de su padre y esta casa, no ha salido casi nunca. Y las pocas salidas ocasionales han sido fortuitas con Sirius. Mañana en cambio es un buen momento, el señor tenebroso hará su movimiento y saben dónde y en qué momento pueden atacarlo— Explicó la chica. 

—Recuerden, Sirius es un buen duelista, e irán en compañía de Gali. Tiene magia de elfo, pero es inexperta. Todos serán tomados por sorpresa. 

—¿Y por qué los mortífagos no van a un tiempo incluso más atrás? Podrían visitar al señor tenebroso e impedir que ataque a Harry, o ir nosotros, tomamos poción multijugos y nos escabullimos. Podríamos dejar un mensaje sobre su caída, e incluso salvaríamos a los padres de Harry— explicó la menor del grupo— O eliminar tanto torposoplos que hay en su habitación, de seguro le cuesta pensar con todos ellos. 

—Distorsionaríamos el flujo del tiempo y las cosas. Lo poco que sabemos que ocurrirá, los puntos en que Harry puede morir, cambiarían. Podrían matarlo a la edad de tres años y nosotros no estaríamos enteradas. Nuestros recuerdos también serían otros, Harry no nos salvaría en diferentes momentos y moriríamos, con lo cual no estaríamos aquí ninguna de nosotras. 

—Sin contar el hecho de que el Harry que conocemos es quien es debido a que creció junto a sirius. Fue su padrino quien le enseñó magia desde pequeño le inculcó los valores que actualmente apreciamos en él. Si por alguna razón distorsionamos el pasado y sus padres sobrevivieran, probablemente tendríamos a un niño mimado que no fuese capaz de las cosas que logró hacer— explicó la más seria y altiva del grupo. 

—Hay que sagva a Harry, ahora y luego. No podegmos degja que muera a manos de sus enemigos. No puedo imaginag alguien que puegda enfregtag a dos señores oscuros como él. 

—Descansemos un poco, es mejor dormir y estar concentradas mañana— puntualizó la cabecilla del grupo antes de apagar las lámparas dentro de la tienda y todas tomar sus camas para dormir. 



    Harry despertó temprano aquella mañana. El olor a tocino y huevos llenaba el hogar desde la cocina donde Gali tarareaba. Kreacher por su parte limpiaba los cuadros mientras una escoba y mopa se movían por el suelo. Sirius se movió por la instancia solicitando un poco de té para despejar la cabeza, la noche anterior tuvo mucha acción y su cuerpo ahora sentía las consecuencias. Nada que un hechizo relajante y una poción vigorizante no arreglase después. 

—Buen día— expresó Harry frente a la mesa. 

—Buen día. Debemos comer, luego toca que revises que lleves todo en el baúl, no quiero tener que enviar un par de libros o calzoncillos por correspondencia. O en serio, enviaré a un par de lechuzas para que lleven la prenda estirada. 

—No es gracioso Sirius. 

—Si lo es, se lo hicieron a uno de cuarto una vez mientras estaba en el colegio. No pudimos dejar de reírnos por casi una semana entera. Era difícil ver al pobre en las clases de pociones sin morir de la risa. Lastima que el pobre lo mataron durante la guerra, era un zopenco, pero muy bueno en transformaciones. 

Tengo entendido que mi permiso para usar la consola y equipo eléctrico en el castillo fue revocado.

—Cuando conversé con Dumbledore, este parecía bastante preocupado por el hecho que tu no pareces muy apegado a las reglas y a figuras de autoridad en el colegio. No dio permiso a que tengas tu consola. 

—Planeaba castigar a Daphne por haberse defendido, o a mí por lo mismo en los dormitorios— explicó el chico. 

—No dije que fuese justo. Creo que al director le gusta mantener el control sobre todo lo que puede, y no tener las cosas bajo sus líneas le exaspera un poco. Es quizás un mal luego de tener tanto tiempo siendo uno de los magos más poderosos. 

—No tengo muchas intenciones de seguirlo. No sé, sigo pensando mucho en que él no protegió a papá o mamá, o que no peleó contra Voldemort. Tampoco veo que haga mucho sobre las cosas que suceden en los dormitorios.

—No es extraño. Desde hace mucho los abusos en los dormitorios es algo común, pero nadie busca detenerlo. Como te dije, hay formas más creativas de persuadir a los imbéciles que creen que pueden aprovecharse. Además, la baja vigilancia en los dormitorios y ciertas zonas del castillo será algo que luego seguro agradecerás. ¿Te vas a unir al club de duelo? 

—¿Ustedes pertenecieron? 

—No, nuestro grupo no se unió, aunque James fue invitado, pero en ese momento estábamos muy metidos con el problema del lunático, ninguno tenía mucho tiempo para estar en un club. 

—¿Lunático? ¿por qué llamaban así a su otro amigo?— preguntó Harry recibiendo la comida de la elfina con un gesto de cariño. 

—Es un cuento muy largo, no te he contado mucho sobre Lupin. Lo invité para que venga pronto a casa, quizás en navidad o las próximas vacaciones. No está en el país actualmente, su condición es especial. 

—¿Especial? 

—Ya te lo explicará él a su debido momento. ¿Te unirás? 

—Creo que sí, me han dicho que el profesor Flitwick es un gran duelista. Eso sería bueno ¿no? 

—La mejor situación sería una donde no necesites usar clases de duelo, pero supongo que eso es mucho pedir— El hombre suspiró. 

—¿Alguna noticia sobre nuestro pedido por los vampiros?

—Escribí solicitando el uso de los vampiros específicamente para el trabajo pesado dentro de la compañía que montarás para poder producir los magiometros— Sirius se balanceaba ahora en la silla— Primero dijeron que si necesitábamos el uso de fuerza podíamos elegir entre cierta variedad de elfos domésticos. pero ante la insistencia, nos permitirán comprar cinco de ellos. Pedí expresamente quince, pero, no sé a quién más acudir. 

—Bueno, cinco es un comienzo. Hermione estaba que daba gritos cuando le comenté lo que vi en el ministerio. Quería que todos los trabajadores fueran vampiros si con eso nos permitían liberarlos. Daphne por otra parte me comentaba que eso es bastante normal. Me dijo algo muy semejante a lo que tu dijiste, que el gobierno intentaba mantener las apariencias por las recientes desapariciones. 

—No estarán exactamente libres Harry, pero tendrán techo y comida. Igual ustedes deben pensar mejor es en el hecho de la compañía. Serán cinco mil galeones de inversión solo para los primeros  tres meses, y sin contar los costos de envíos. Es mucho dinero, los duendes del banco siguen poco contentos con este movimiento. 

—Todavía me quedaría suficiente dinero en el banco, e igualmente pondré tres mil galeones para el negocio que los duendes me recomendaron de raíces y plantas americanas. 

—Yo que tu colocaría un poco menos, quizás mil, eso ya es una muy buena inversión— sugirió su padrino—. Nunca puedes seguir cien por ciento las especificaciones de los duendes, y si todo falla el dinero invertido será el tuyo, ellos no pierden al hacer esas recomendaciones. 

—Con la de las escobas me apoyaste totalmente. 

—Porque creí que era un buen negocio, y te gustan las escobas, pero sobre plantas de América. Ni tú ni yo sabemos algo sobre plantas. Nos podrían poner grama al frente y decirnos qué es un árbol de oro y lo creeriamos. 

—Tienes razón— Lo pensaré un poco antes de firmar el consentimiento para el otro dinero—. Aunque era peor el negocio de las bolsas para vómitos extensibles ¿quien rayos vomita tanto que necesita bolsas de vómito extensible?— Ambos soltaron un par de carcajadas antes de terminar de comer. 

El chico se retiró a su habitación sintiendose un poco más confiado luego de conversar con su padrino, este tenía ese efecto en él. Si existían problemas, era capaz de minimizarlos a un punto manejable y comentarle sobre las cosas que se debían hacer y cuales no. Lo hacía parecer todo muy sencillo. 

Posterior se tomó una ducha caliente, revisó de nuevo las cosas y vistió listo para salir a la estación de trenes a veinte minutos para las once. El baul fue transportado por Gali hasta la zona inferior de la residencia con un chasquido de sus dedos, mientras que él debió descender por las escaleras. 

—¿Listo? 

—Me harás falta, la escuela sería perfecta si estuvieras allí. 

—Quizás se haga realidad tu sueño, como te dije, estaré en el consejo de la escuela. Espero que esto no sea una pesadilla ni para tí o para mi. Más para mi, la señora Longbottom puede ser un incordio cuando quiere llegar a algún punto, habla y habla por horas— Sirius observó al chico— ¿Estás listo?

—Lo estoy, le dije a Gali que nos podía acompañar en la estación de trenes— expresó Harry sonriéndole a la elfina que parecía estallar en alegría. 

—Bien. Vamonos— Con un crack los tres desaparecieron de la sala de la antigua casa Black para hallarse en el medio de la estación de trenes. 

—Siempre que nos aparecemos siento que me estiran como chicle, puedo entender que clase de personas querrían una bolsa de vómito extensible. podría botar todo el desayuno y la cena de anoche en este momento. 

—Procura mantener los intestinos y el estómago en su lugar genio, estamos a solo un par de pasos de la estación nueve y tres cuartos, el lugar puede hallarse lleno de muggles, pero también hay algunos cuantos magos. 

—Si, si, ya me tranquilizo— respondió el chico con la mano en su boca tratando de mantener la compostura.

—Todavía tenemos algunos minutos, podemos movernos un poco antes de entrar, pero tendrás que apresurarte para subir ese baúl al tren. 

—Siquiera sé cómo lo subiré, la última vez los gemelos Weasley me ayudaron. 

—Allí va la señora Weasley con Arthur— Señaló el hombre viendo como estos cruzaban la barrera para abordar el tren. 

—Gali puede hacerlo por usted señor, Gali estará feliz de…

Los presentes sintieron que la tierra a sus pies tembló de pronto. Sirius entró en estado de alerta, una vieja costumbre de los entrenamientos con James y las pequeñas batallas que tuvo en terrenos del colegio. sacó la varita y observó alrededor. Tres figuras aparecieron sobre un tren a la izquierda. 

Harry apenas logró erguirse antes de que un estruendo sacudiera el suelo y el aire. Siete vagones del tren cercano a ellos estallaron en pedazos de pronto. Decenas de personas de un segundo a otro fueron desmembradas y sus vidas cortadas por un estallido sorpresa. 

—¡Arresto momentum, protego maxima!— gritó Sirius mientras volaba por el aire con el chico tomado del cuello de la camisa

Harry reaccionó apenas un segundo después— ¡Impedimenta, scutum!— Una cúpula les protegió cuando cayeron dando vueltas sobre las vías de tren que se hallaban a su espalda. Ninguno de ellos notó que Gali había detenido gran parte del impacto inicial con un hechizo. 

Harry se levantó del suelo adolorido, solo para notar el desastre en el cual se convirtió la estación de trenes muggle. Millones de pedazos de techo, paredes, trenes y personas fueron expelidos en todas las direcciones y quedaron allí detenidos en el tiempo. 

—¡Glacius!— se escuchó desde algún lugar y segundo antes de que decenas de carámbanos de hielo fuesen lanzados en su dirección. Sirius ejecutó algún hechizo para disipar el hielo y desviar otros a los lados. 

—¡Cúbrete Harry, estamos bajo ataque! ¡Gali, la máxima prioridad es proteger a Harry!

—Entendido amo Sirius. 

—Apenas veas oportunidad y te encuentres fuera de vista del enemigo desaparece junto a Harry y llévalo a lugar seguro. 

—Imposible, amo Sirius, hay barreras para salir de la estación de trenes. 

—¿Qué es eso? ¿hechizo de combustión?— preguntó Sirius cuando todas las cosas que se hallaban flotando en el aire se encendieron en llamas de un segundo a otro. La temperatura del lugar subió rápidamente mientras que apenas algunos sobrevivientes corrían de un lugar a otro. Algunas de las bolas de fuego empezaron a moverse de forma errática pero a gran velocidad. 

—Lo siento, pero esto los supera en gran sentido, esto es magia avanzada— Una chica apareció frente al trío. Lucía alta y delgada con cabello marrón en grandes crespos que se movían con fuerza mientras que las bolas de fuego se dirigieron a ellos. La chica activó algún hechizo en silencio mientras movía las manos. Todas las llamas se extinguieron en un segundo. 

Una pared de tierra emergió del suelo deteniendo un par de proyectiles de metal— Un gusto conocerlo señor Sirius, y Gali, y a ti Harry Potter— Una segunda chica de cabello dorado y amplia sonrisa se apareció frente a ellos. No debía tener más de quince años, algo fácil de notar por los rasgos faciales y su estatura— Descuide, somos profesionales— explicó antes de girar la cabeza, mover su varita y arremangarse los brazos para mostrar una serie de marcas. 

—¿Aurores?— preguntó Harry, pero supo la respuesta al instante. Los aurores no vestían como muggles. De hecho a la derecha podía observarse a un hombre con traje siendo atravesado por una magia con sombras negras. Él debía ser un auror sin ninguna duda. 

—¡Expecto patronum, geminio, tutela terrae!— la chica de cabellos dorados gritó mientras alzaba su varita y tocaba el suelo. Cientos de conejos saltaron desde el suelo a todo su alrededor, algunos parecían hechos de humo blanco casi plateado, mientras que otros eran de algo semejante a la arcilla. Los roedores parecían tan emocionados como la chica que ahora saltaba de alegría. La otra le regañó. 

—¡Céntrate o nos matarán a todos!— La chica de cabello marrón ondulado, parecía poder conjurar sin necesidad de voz, solo movía los brazos como si orquestase una banda sinfónica. Ahora bloqueaba lo que eran proyectiles imbuidos en algo negro— ¡Se acercan hombres lobo, dos de ellos!

Sirius los podía ver desde su posición, de alguna forma ambos se transformaron en su apariencia más bestia y corrían a cuatro patas a pesar de ser apenas las once de la mañana— ¡Gali, hechizo de refuerzo físico, protocolo anti hombres lobo!

—¡A la orden amo!— La elfina movió su mano y Sirius sintió los músculos de su cuerpo contraerse a un punto sobrehumano. El mago salió disparado al encuentro de los dos enemigos, las garras de uno de ellos rozaron su rostro, Sirius esquivaba mientras golpeaba su plexo solar— ¡Desmaius!— expresó antes de moverse hacia atrás a gran velocidad evitando un zarpazo a su costado y la siguiente patada del otro contrincante— Un error enviar hombres lobo, si me conocieran siquiera un poco sabrían que toda mi experiencia de lucha desde los trece años ha sido contra hombres lobo. 

—Interesante— murmuró la chica de cabello marrón—. Me moveré adelante, tu protege a Harry— declaró la chica antes de correr en dirección a sus atacantes. 

—¿Qué puedo hacer?— preguntó Harry observando la lucha a su alrededor, se sentía un poco intutil desde su posición. No poseía patrones de ataque tan elaborados, de hecho su experiencia en batalla contra otros magos de ese calibre era nula. 

—Solo quédate tranquilo y deja que nosotros nos encargamos— Expresó la chica de cabellos dorados. Su compañera por su parte esquivaba diversos hechizos lanzados contra su persona mientras ella corría. Luego vio como esta activaba un hechizo incarcerous y lo usaba para sujetar a uno de sus atacantes de los pies y lanzarlo varios metros por el aire a su derecha. Harry nunca vio a alguien usar ese hechizo de esa manera. 

Sirius a su espalda ahora se hallaba convertido en su forma animaga de perro con pelaje negro azabache corriendo mientras era perseguido de cerca por dos hombres lobo. Los conejos se movían por ordenes de la mago de cabello dorado, interponiéndose entre los múltiples proyectiles que eran lanzados en su dirección. Cuando una bola de escombros enorme, que parecía ser un pequeño auto en el pasado, fue lanzada en su dirección. Un centenar de conejos de tierra se juntaron en un enorme conejo que recibió el impacto del vehículo. 

Mientras la chica de cabello tupido era herida en un hombro por un hechizo perforante mientras que ella conjuraba de alguna forma el hierro de la estación como si fuesen cuerdas para atar a sus captores. 

La lucha se detuvo un segundo después de forma abrupta. La chica de cabello tupido desapareció de su posición para reaparecer junto a su compañera— Ya vienen, nos vamos. 

—Fue un placer verte Harry Potter— Comentó la de cabellos dorados, mientras que la otra solo le miró con un rostro lleno de afecto. El sintió que su corazón dio un vuelco mientras sus miradas cruzaban. Al instante siguiente ambas chicas desaparecieron y en la estación de trenes el millar de objetos detenidos en el aire cayeron al suelo mientras cientos de aurores y agentes del ministerio de magia aparecían apuntando con sus varitas.

—¡Desmaius!— se escuchó el coro de varias voces en diferentes direcciones. Sin embargo, los perpetradores parecían ser tan diestros como las chicas en reconocer cuando la barrera anti desapariciones fue desactivada, pues ya no se hallaban en el lugar. 

—Quiero un perímetro de cinco kilómetros alrededor de esta zona. Todos deben ser desmemorizados, si alguien incluso vio algo por una ventana o tomó una foto instantánea quiero saberlo y que en media hora se encuentre sin recuerdos del incidente. Si alguien pregunta hubo un accidente entre trenes— Se trataba de un sujeto alto y delgado con un largo saco negro sobre sus hombros. Luego giró la cabeza para ver a Harry y Sirius, ambos se hallaban sentados en el suelo, bastante contrariados ante todo lo sucedido en el lapso de un par de segundos. 

Sirius se hallaba terriblemente cansado, tenía tiempo sin necesitar un hechizo de refuerzo corporal, sus años de lucha contra hombres lobo habían terminado hace mucho. Aquella magia agotaba sus energías en solo un par de segundos. Harry por otra parte estaba llorando por impotencia. Sentía que a su alrededor se desarrolló una cruenta batalla y él no pudo siquiera levantar su varita y hacer algo. Tanto sus contrincantes como aliados se hallaban en una liga muy por encima de la suya. 

Un par de aurores se detuvieron frente a ellos, curaron sus heridas e interrogaron. Ninguno supo bien qué responder. No llegaron a identificar a sus atacantes, ni pudieron reconocer varios hechizos que fueron puestos en escena durante la batalla. Las preguntas rodaban entre los presentes cuando aparentemente lograron reabrir el paso por el anden nueve y tres cuartos a la sección de partida del expreso de Hogwarts. Del otro lado el caos fue igual o mayor, las familias de magos se hallaban titiritando de frío y gritando sobre mortífagos y el regreso del señor oscuro. 

Ninguno de los presentes se imaginaba que en el ministerio de magia el desastre era aún mayor. El asunto del ataque simultáneo en la estación de trenes de King cross era solo la guinda del pastel. El problema principal se hallaba muy lejos, en el mar del norte, donde la prisión de Azkaban acababa de ser atacada y casi destruida hasta los cimientos, y sus ocupantes más peligrosos, fugados. 

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